Diarios de Misiones

La reunión con el Club de Paris queda a la espera de designación de nuevo ministro de Economía

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Las negociaciones para cerrar un acuerdo de reestructuración de la deuda por US$ 2.400 millones que el país mantiene con el Club de París, quedan a la espera de la designación del nuevo titular del Palacio de Hacienda, tras la renuncia presentada hoy al cargo por el ministro de Economía, Martin Guzmán, quien tenía previsto viajar a Francia el lunes.

La reunión formal con los representantes del Club de Paris estaba prevista para el próximo miércoles 6 de julio.

El funcionario durante el primer año de gestión con la presidencia de Alberto Fernández tuvo a su cargo la reestructuración de la deuda con los bonistas privados que culminó con un canje histórico del 99,75%, y posteriormente logró una renegociación del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional por US$ 44.000 millones.

Guzmán tenía previsto viajar a París con la aprobación de la primera revisión de ese programa logrado este año con el FMI y la modificación de las metas para el segundo trimestre – sin tocar las metas anuales- a raíz del impacto de la guerra en Ucrania.

El acuerdo con el Fondo y su cumplimiento es clave para el Club de Paris, que ya había dado señales en marzo último de cooperación con el país.

Días antes de que se aprobara el acuerdo con el Fondo, Guzmán y el presidente del Club de París, Emmanuel Moulin, habían acordado una nueva extensión del entendimiento alcanzado en junio del 2021, que otorgaba plazo para encarar una nueva reestructuración, a cambio de pagos parciales de intereses, y que posponía la negociación hasta finales de junio.

Este pacto, asimismo, incluía garantías financieras por parte del Club de París en respaldo al programa de Facilidades Extendidas que tiene una duración de treinta meses, permitiéndole a la Argentina asegurar las fuentes financieras identificadas en el acuerdo con el FMI.

Las garantías financieras otorgadas establecen que, durante la vigencia del programa, Argentina realizará pagos parciales a los miembros de Club de manera proporcional a los que efectúe a otros acreedores bilaterales, de acuerdo con los términos establecidos en el entendimiento de junio de 2021.

La negociaciones de la Argentina con el Club de París adquieren singular importancia en el actual contexto internacional, particularmente por la aceleración de las eventuales inversiones extranjeras directas en el área energética, deslizaron fuentes cercanas a las negociaciones.

El Gobierno había llegado a un acuerdo a fin del mes pasado con el Club de París para diferir los pagos de deuda hasta el 30 de septiembre de 2024, mientras se avanza en un entendimiento que contemple un nuevo mecanismo de repago de los compromisos.

De todas formas, el objetivo del Gobierno es alcanzar una renegociación en el que se incluyan nuevas condiciones de tasas de interés, plazos e incorporación de los US$ 430 millones ya abonados en dos pagos en febrero de 2022 y julio de 2021.

El presidente Alberto Fernández, durante su reciente gira en Alemania, se reunió con los líderes del G7, muchos de los cuales tienen un peso directo en las negociaciones con el Club de París.

Hasta hoy, el Gobierno estaba trabajando en negociaciones con cada uno de los países acreedores y con las autoridades del Club para llegar a un esquema de nuevo esquema de repago.

Según el cronograma heredado de las gestiones anteriores, la Argentina debía afrontar el 31 mayo de 2021 un pago cercano a los US$ 2.450 millones -correspondientes a 40 créditos otorgados por 14 países y en ocho monedas distintas- en los términos del Acuerdo firmado en 2014, el cual contemplaba un periodo de gracia de 60 días.

El acuerdo del 2022 permitió posponer los pagos de deuda hasta 2024 para no caer en default, y dar tiempo para pactar una nuevo esquema de pago de intereses y renegociación de tasas, como pretende el Gobierno.

El saldo de capital, los plazos e intereses se definirán en la negociación en la que Argentina ahora avanza de forma paralela con las autoridades del Club y los 16 países integrantes, que quedará fijada en los términos de un nuevo acuerdo, que ya no tendrá como base el entendimiento de 2014.

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Tras enterarse de la renuncia de Guzmán, Cristina Fernández afirmó: “Hay dirigentes que le gusta ir por Ezeiza porque es cómodo, otros vamos por la selva”

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La vicepresidenta volvió al escenario luego de la renuncia del ministro de Economía y habló para la militancia. “Hay dirigentes que le gusta ir por Ezeiza porque es cómodo, otros vamos por la selva”, señaló.

Tras enterarse de la renuncia de Martín Guzmán, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner volvió a hablar de cara a la militancia, que esperaba frente al escenario exterior de Ensenada, en el marco del acto por el 48° aniversario de la muerte de Juan Domingo Perón.

En su segundo discurso de la tarde, la vicepresidenta redobló la presión contra Alberto Fernández: “En el 2019, hice todo lo que tenía que hacer para que el peronismo sea gobierno, espero que los que hoy tienen responsabilidades más altas que yo, vuelvan a hacer lo mismo que hice: hacer ganar al peronismo”.

En la previa a esa frase del discurso, Cristina elevó la temperatura recordando una frase de Perón: “Hay dirigentes que les gusta manejar por Ezeiza en doble mano porque es cómodo y otros que vamos por la selva para abrir el camino como sabemos hacer los argentinos”.

“Quiero pedir que militemos mucho, que discutamos y debatamos. Estoy convencida de que tenemos razón, de que nuestras convicciones son reales. Pero no hay que negar a los otros”, agregó en su discurso para la militancia.

“Ya sabemos lo que les pasa a los argentinos y argentinas que deciden comprometerse con los intereses del pueblo y gobernar a favor del pueblo, nos va mal después. Pero no importa, no importan las repercusiones”, agregó.

En el breve discurso también mencionó a Milagro Sala, a quien Alberto Fernández fue a visitar durante la semana.

“Hay muchos movimientos sociales en la Argentina, pero nunca vi algo como lo que hizo ella. A Milagro le pasó lo mismo que nos pasó a los dirigentes políticos comprometidos con organizar el pueblo en serio. Milagro es mujer, negra e india, tenía todos los números comprados para la persecución”, apuntó la expresidenta.

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Alberto Fernández convocó a una reunión de urgencia con sus colaboradores tras la renuncia de Martín Guzmán

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El Presidente sopesará el rumbo a seguir en medio del cimbronazo que provocó la dimisión del ministro de Economía, vapuleado hasta última hora por Cristina Kirchner

La sorpresiva renuncia de Martín Guzmán al Ministerio de Economía -le avisó a Alberto Fernández poco antes de anunciarlo públicamente por Twitter-, obligó al Presidente a convocar a una reunión urgente en Olivos con algunos de sus colaboradores más cercanos -el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello, y la portavoz, Gabriela Cerruti-, y con el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. La presencia del tercer fundador del Frente de Todos en la residencia oficial constituye una señal cuando la principal duda sobre el futuro del Gobierno gira en torno, ahora, al nombre del sucesor del ministro, que aún no fue confirmado. Y es que el tigrense viene presionando, con apoyo del kirchnerismo, para ocupar ese lugar.

La renuncia de Guzmán se conoció por Twitter apenas pasadas las 18, justo mientras Cristina Kirchner brindaba otro efusivo discurso, esta vez en Ensenada, donde lo mencionó por el apellido, a diferencia de otras veces, en las que lo cuestionó de manera indirecta. El ministro se lo había comunicado antes al Presidente, pero pocos en el Gobierno lo sabían. Inclusive cerca del propio Massa aseguraron que no tenía idea, y que se enteró mientras se encontraba en la cancha viendo un partido de Tigre.

En los últimos días, corrían fuertes rumores sobre una salida de Guzmán y de un reemplazo por Massa, aunque también había otros nombres en la balanza. Sin embargo, el miércoles el Presidente decidió volver a respaldarlo, a través de una entrevista con C5N, donde le restó responsabilidad por el principal problema que enfrenta hoy el Gobierno, la inflación.

Sin embargo, la presión del kirchnerismo pudo más. La última muestra contundente del malestar con el ala dura del Frente de Todos fue hace dos semanas, con el discurso de la vicepresidenta en Avellaneda, donde denunció que hay un “festival de importaciones”. Tanto Economía y como el Banco Central reaccionaron con la instauración de una suerte de supercepo a las importaciones, que exacerbó las presiones sobre el dólar y llevó al riesgo-país por encima los 2.400 puntos básicos, un nivel casi de default.

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Cooperativismo en la Argentina: desde el vino más vendido hasta bandas de rock

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Por María Aguirre – El vino más vendido en el país, cuatro de las diez yerbas más consumidas por los argentinos, la aseguradora Sancor y las bandas de rock Nonpalidece y la Bersuit Vergarabat tienen algo en común: son cooperativas y forman parte del universo asociativo de la Argentina, diseminado en los 24 distritos y que representa el 8% de las exportaciones agropecuarias y el 5% del comercio exterior global.

En tiempos de debate en torno a la economía popular, este tipo de organizaciones productivas y de servicios suman 15.082 cooperativas y 3.785 mutuales, vigentes en el 90% de las localidades del país, según un informe elaborado por el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes), con motivo de celebrarse hoy el Día Internacional del Cooperativismo.

La historia de la organización de las cooperativas se remonta a principios del siglo XX y como referente emblemático aparece “El Hogar Obrero (EHO)” -con la matrícula Nº1 del Inaes-, fundado el 30 de julio de 1905 y compuesto por 19 asociaciones.

En sus primeros ocho años como cooperativa de ahorro y de crédito para la edificación, aquella entidad posibilitó la construcción de 160 casas y 2 barrios obreros en las ciudades bonaerenses de Ramos Mejía y Turdera y actualmente está recuperando su actividad, bajo la conducción de Adriana Kreiman, primera presidenta mujer en la historia de EHO, tras sortear su etapa más difícil en la década del `90.

Pese a los azotes de un capitalismo global cada vez más voraz, la economía social tiene peso propio y continúa conquistando podios en el país. Por ejemplo, los pilotos de carreras de automovilismo reciben atención médica de la Asociación Argentina de Volantes, presidida por el excorredor Juan María Traverso.

Esa mutual es parte de un conjunto que presta cobertura de salud al 8% de la población del país.

Otro logro del asociativismo en el último tiempo fue el desarrollo por parte de cuatro cooperativas de la aplicación Detectar, masivamente utilizada en los momentos más críticos de la Covid-19: Nayra (desarrollo digital); Fiqus (software); Gcoop (software) y Cambá (tecnología) trabajaron en la versión web de la app.

En el país, el 76% de las cooperativas son de trabajo y un 4,8% del total se dedica a la actividad agropecuaria. En ese segmento se ubican, por ejemplo, los productores de yerba que elaboran Playadito, Piporé, Aguantadora y Andresito, cuatro de las diez marcas más consumidas por los argentinos.

Además, el 28% de la producción cerealera está en manos de este tipo de organizaciones, que además es responsable del 8% de las exportaciones del sector agropecuario, de acuerdo con el relevamiento realizado por el Inaes.

Algo similar ocurre con Toro, “el vino del laburante argentino”, tal como definieron en 1890 el suizo Bautista Gerónimo Gargantini y el italiano Juan Giol cuando empezaron la actividad con sólo tres toneles en una bodega alquilada.

Bajo el formato de una cooperativa, aquel espíritu permanece 122 años después en los sucesores de los fundadores y así está expuesto en la página web de la empresa: “Con mucho trabajo duro, honradez y sencillez, Toro sigue vigente en el mercado como el vino más elegido por los argentinos, aquellos que se identifican con los valores de la marca: los laburantes, como Bautista Gerónimo Gargantini y Juan Giol”.

Pero el cooperativismo también tiene una presencia fuerte en proyectos culturales. Ese es el caso de las bandas Nonpalidece y Bersuit Vergarabat, que el año pasado recibieron su matrícula del Inaes.

Más allá de los aciertos productivos y económicos, el rasgo distintivo del sector es que las cooperativas y mutuales están “fundadas en el esfuerzo de sus miembros y la solidaridad para organizarse, producir bienes y brindar servicios”, a partir de la decisión de un grupo de personas de “unirse para hacer frente a sus necesidades y a sus aspiraciones económicas, sociales y culturales”.

Así lo resume el Inaes, conducido por Alexandre Roig y desde donde se da asistencia a las asociaciones tanto para agilizar y digitalizar su constitución, como para desarrollar luego la gestión administrativa de las cooperativas.

Moratorias para quienes tienen deudas y aspiran a volver a producir o para aquellas personas con propuestas culturales independientes y autogestivas de la economía social son otras de las herramientas que ofrece el instituto, que además brinda apoyo técnico, financiero y capacitaciones.

El cooperativismo tiene una larga trayectoria en el país e innumerables muestras de organización, como el caso de Sancor Cooperativa de Seguros y la Cooperativa de Trabajo Amanecer de los Cartoneros, dos emprendimientos con el mayor número de personas asociadas.

Además, en algunos casos, las cooperativas tienen un rol clave en las provincias: algo más de 600 cooperativas brindan servicios eléctricos en 15 provincias a casi 2 millones de hogares, es decir, según el Inaes, a un 15% de la población nacional.

Pero además, garantizan la prestación del 70% de la electrificación rural y otras 700 cooperativas ofrecen servicios de agua corriente, sanitarios y gas natural por red en el país.

No menor es el aporte que hacen al movimiento de las economías regionales, en el que las cooperativas representan el 11% del crédito no bancario y el 1% del crédito total disponible en el país.

El Banco Credicoop, con 274 filiales, es uno de los ejemplos más conocidos y quizá algunas de sus premisas, descriptas en su página web, sintetizan una mirada común extensible al resto de las cooperativas.

“Aspiramos a contribuir al progreso económico nacional y a la construcción de una sociedad solidaria con equidad distributiva para garantizar una vida digna a todos los argentinos”, señala la entidad sobre su “misión”.

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El tablero mundial del eje OTAN-G7

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Los últimos días del mes de junio encontraron a Occidente bajo la necesidad de diagramar y trazar políticas conjuntas a futuro. Lógicamente, esto sucede en el contexto de incertidumbre generado por el avance de las tropas rusas en Ucrania, y con las consecuencias económicas evidentes relacionadas a este suceso. Las potencias occidentales y capitalistas tuvieron la ardua tarea de poder empezar a pensar en los distintos panoramas sobre como salir de esta situación, con el menor riesgo colateral posible para ellos. En consecuencia, la cumbre del G7 en Alemania y la cumbre de la OTAN en España han dejado bosquejo de la reconfiguración geopolítica del globo, desde la perspectiva de los intereses occidentales.

Ucrania en la agenda de los grandes

No es una novedad el hecho de que el país dirigido por Volodimir Zelenski se ha transformado en un tema recurrente, no solo en las esferas académicas, diplomáticas o militares, sino que inclusive en cualquier charla cotidiana. En parte se explica esto por la reacción generada en una sociedad que, en occidente, nunca vivió ni padeció una guerra. Lejos quedan las problemáticas de Siria, Myanmar, Cisjordania y Yemen. Asimismo, la generación de la comunicación inmediata se ha hecho eco de la guerra en Ucrania y, de igual manera, han ayudado a su difusión. Ahora bien, donde la situación mundial se dirime es en la mesa de las grandes potencias representadas por sus máximos mandatarios. 

La cumbre de los 7, conocida como el G7, tuvo lugar en Alemania entre el 26 y el 28 de junio. Este grupo de países, potencias políticas, militares y económicas, está integrado por Estados Unidos, Canadá, Alemania, Inglaterra, Italia, Francia y Japón. Particularmente siempre se invita a la Unión Europea, y en esta ocasión, Argentina fue el único representante latinoamericano, por invitación directa de Olaf Scholz para la presidencia argentina. En esta edición también fueron invitados los jefes de Estado de India, Indonesia, Senegal y Sudáfrica. Si bien, este grupo de grandes países de economía de libre mercado e industrializados, funciona desde 1975, esta edición tuvo un agregado más que importante: la guerra ruso – ucraniana. 

Esta cumbre del G7 partió de la base de las sanciones a Rusia. Se intensificaron, con el aval de los líderes políticos occidentales, una batería de sanciones in crescendo para el país de Vladimir Putin. En principio, la limitación con tendencia prohibitiva hacia la exportación del oro ruso, uno de los principales motivos de generación de excedentes. Ante esto, la reacción en cadena es predecible, sobre todo con los problemas financieros que se evidencian en la cuestión plasmada en la falta de pago de deuda externa a la que ha incurrido Rusia. El primer posible default en un siglo. Asimismo, otro “cepo” económico propuesto desde el G7 giró en torno a la industria militar rusa. En este sentido, es entendible que esto afectaría directamente a la capacidad bélica del Kremlin, la cual pareciera no tener fin, comprendiendo el poderío armamentístico de Moscú. Claro está, que la condena hacia el preconcepto del crimen de guerra al cual se lo juzga a Rusia fue tema de debate, entendiendo el rearmado diplomático que se daría cuando cese la guerra, triunfe Putin o triunfe Zelenski. 

Sacando la situación de la guerra en Ucrania, el G7 no se salió de su molde. Reactivación económica a partir de paquetes monetarios emitidos por los grandes países hacia los de economía emergente o crónica. Lógicamente que, con esto se da el posicionamiento de grandes potencias como EEUU, como los acreedores del mundo. Paralelamente, la presencia de países invitados marca el rumbo de las alianzas políticas. La presencia argentina es fundamental, sobre todo entendiendo el contexto de refinanciamiento de la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional. En este sentido, la diplomacia juega un papel clave a la hora de poder establecer una red de países que sirvan de soporte o apoyo a las decisiones financieras argentinas con un plan de pago que pueda mantener una economía sostenida.

Por otro lado, aparece la otra gran cumbre. Hablamos de la reunión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que tuvo lugar en España entre el 28 y el 30 de junio. Esta cumbre reunió a gran parte de los países que formaron parte de la reunión del G7, aunque con la salvedad del tópico militar como presencia estelar. Ante esto, fue nuevamente la cuestión ucraniana la que se posicionó como la vedette de dicha cumbre.

Aquí sí, con total claridad se puede resumir que, a partir de la invasión en territorio de Ucrania, Putin y su país se transformaron en la amenaza de la OTAN. Esto se da porque, básicamente, con una mínima acción belicista de Moscú, se puso en jaque el sistema de seguridad occidental. El punto real para la Alianza Atlántica no es, principalmente, la situación de Ucrania en sí, sino lo que puede pasar a raíz de eso. Es decir, el temor de la OTAN es tener que enfrentar militarmente a Rusia, por el poderío que representa Putin, como así también por las alianzas armamentísticas que ha generado el Kremlin con el correr de los años. Ante la activación del protocolo de emergencia y actuación de la OTAN, es sabido que detrás de la potencia militar heredada de la Unión Soviética, aparecerá la figura de China, Irán y Corea del Norte. Todos los países que podrían participar de este enfrentamiento hipotético podrían acarrear una guerra de dimensión monumental. Este es lo que genera el verdadero sentido de mesura por parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. 

Más allá de esto, las medidas tomadas en Madrid por parte de la OTAN, son las de reforzar el flanco militar este de Europa, con una frontera cercana a Ucrania, que también pone en alerta al mismísimo Vladimir Putin. Sin embargo, lo que le quita el sueño al líder político ruso, son los posibles nuevos miembros de la OTAN. Hablamos de Suecia y Finlandia. Los países nórdicos desde hace semanas confirmaron su necesaria adhesión a la Alianza Atlántica, con el fin de tener resguardo militar y político ante un posible avance de las tropas rusas sobre su territorio. Esto sería un verdadero revés para las intenciones de equilibrio político en Europa por parte de Rusia, entendiendo que esta forzando un proceso de ingreso a la OTAN de países con los que tiene un comercio fluido, además de una historia militar en común. No obstante, y más allá de la anulación del veto turco, la propia dinámica de las alianzas geopolíticas conlleva a rearmar el tablero global, y sobre todo en el viejo continente, territorio donde hace décadas no se ve tan agitado en términos de inestabilidad. 

Otro punto de vital importancia para comprender, a manera de resumen, lo acontecido por los representantes de la OTAN en la última cumbre de Madrid, es el abordaje sobre China. Stoltenberg y los jefes de Estado fueron claros respecto a este país de vital importancia. Para ellos, el gigante rojo de Asia representa un desafío. Esto se entiende desde la perspectiva económica y el brutal afianzamiento financiero y de generación de excedentes que mantiene a un ritmo galopante el régimen de Xi  Jinping. De hecho, la preponderancia económica lo lleva a China a ser la potencia mundial por excelencia, y además es la razón por la cual, el país asiático no busca involucrarse de manera directa en el enfrentamiento bélico entre Ucrania y Rusia. Cierto es, que China es un aliado de Moscú, aunque el afán por mantener la aceleración en la rueda de consumo es mucho más grande. Una guerra enfriaría la economía global donde China impera, es por esa razón que Xi Jinping solo mira de reojo lo que acontece en el este de Europa. La OTAN sabe eso, y es la razón por la cual no se lo considera una amenaza como sí es considerada Rusia.

Empero, hay otra cuestión por la cual China es un reto para la Alianza Atlántica. Tiene que ver con el abultado ejército a disposición que tiene Beijing, y los intereses geopolíticos que se encuentran alejados del viejo continente. En base a esto, conocida es la vieja disputa entre China y Taiwán, y la constante tensión vivida en esa zona del globo a partir de amenazas de Beijing dirigidas hacia la isla taiwanesa. De igual forma, los intereses económicos de China se ven reflejados, geopolíticamente hablando, en el cinturón de perlas hecho alrededor de India, con el fin de establecer un comercio marítimo prácticamente directo con África. Dicho esto, es predecible ver que los ánimos de China se encuentran lejos de Europa, aunque cerca de sus aliados. Con esto último, es menester hablar de la posición dominante que el gigante asiático busca tener en los archipiélagos de Oceanía, sobre todo centrado en Islas Salomón. Xi Jinping ha demostrado en más de una ocasión su intención de mantenerse cerca de los países oceánicos y esto fue advertido en reiteradas situaciones por Australia, el país que mantiene bajo su control, la hegemonía de Oceanía. Es así, que Sídney, además de haber sido una colonia inglesa, sigue perteneciendo a la Commonwealth, y tiene una relación más que cercana con los intereses de la OTAN y el G7. 

2022, una cachetada a Europa

Una de las premisas que se esgrimen como síntesis de supina importancia al hablar de las últimas cumbres que han tenido lugar en el viejo continente, es el hecho de que Europa se dio cuenta que perdió la batalla de modelos políticos. Más que Europa, hablamos de la Unión Europea. ¿Por qué se dice esto? Básicamente porque la UE se había posicionado como el modelo político nacional y regional de funcionamiento ideal de las democracias liberales, la socialdemocracia, el libre mercado y las dinámicas políticas en base a la diplomacia total desde el comienzo del siglo XXI. Pero Europa se equivocó, no solamente eso, sino que se equivocó y perdió. Este año le dio un baldazo de agua fría, propinado por Rusia y también por EEUU.

Esto se explica por el proceso de otanización que lleva adelante Europa, con una rigidez política mucho más evidente que durante los años de proliferación de las diplomacias europeizantes. El concepto otanización fue propuesto por el mismísimo Joe Biden. El máximo mandatario de Estados Unidos aclaró que Europa está atravesando por ese proceso de inclusión a la OTAN por culpa de las decisiones de Vladimir Putin y las ambiciones de mayor defensa nacional de Rusia. He aquí un claro ejemplo en donde una invasión rusa y una respuesta estadounidense fueron suficientes para ponerle un punto a las prácticas políticas institucionales de la Unión Europea. 

Vayamos más a fondo, el G7 y la OTAN entendieron que el avance militar ruso no trae consigo solamente una cuestión plenamente territorial, sino que detrás viene el afianzamiento de un modelo político puesto a disposición en el personalismo de un líder carismático. De hecho, si se hace un breve proceso de revisión de la historia rusa, verá que sus épocas de apogeo económico estuvieron en manos de personajes y líderes, no así de modelos concretos. Aquí podríamos nombrar a Pedro el Grande, Catalina, Stalin y el mismísimo Vladimir Putin. Es decir, que tan solo el avance de Rusia sobre Ucrania puso en jaque todo un modelo de prácticas políticas que la Unión Europea había construido durante décadas. 

Por otro lado, hablamos de EEUU. En este sentido, Washington y su intransigencia o posición cuasi dubitativa también dejaron a la Unión Europea en un limbo. Curiosamente, Joe Biden condenó la operación militar rusa en Ucrania desde el primer momento, ejecutó sanciones económicas, apoya a Ucrania con envío de armamentos y de paquetes monetarios, pero no se metió en suelo ucraniano a combatir al “enemigo”. Pareciera ser que EEUU perdió esa fiereza que tuvo durante la Guerra Fría, en donde junto a la Unión Soviética, transformaron al mapa mundial en un juego táctico. Hace falta recordar lo que sucedió en la península de Corea, Vietnam, Afganistán y la crisis de los misiles cubanos. Ahora bien, Biden sabe que no es momento de actuar de esa manera, por las razones previamente establecidas como la equivalencia de fuerzas bélicas y el debilitamiento del sistema económico que ya viene desguarnecido por la pandemia de COVID – 19. Por otro lado, el eterno defensor de la democracia ha tomado la postura de la defensa indirecta, resguardando sus intereses y con un contexto nacional particular. La adhesión social en EEUU no es algo homogéneo en su mayoría, y además cabe recordar el avance de los extremismos en su sociedad, marcada por los tiroteos masivos y por el funesto episodio del asalto al Capitolio en 2021. Con esto se quiere decir que Estados Unidos tiene asuntos que resolver en su patio trasero antes de salir a pasear por el barrio. 

En el medio de esta discordia, la Unión Europea se encuentra entre fuego cruzado y con una amenaza constante y total. Por esa razón, personajes como Macron o Scholz han buscado el diálogo constante con Putin, entendiendo que esa vía es la indicada al no tener un contexto favorable para otro tipo de ultimátum. Por otro lado, las sanciones económicas a Rusia, no parecen afectarle en demasía, como si lo hace el bloqueo del petróleo y el gas del Kremlin, que están causando una verdadera crisis energética en el viejo continente. Efectos casi nunca padecidos: altas tasas inflacionarias, previsiones a futuro aún más elevadas, aumento del precio de combustible y caída del nivel de vida. Ante esto, la Unión Europea se dio cuenta del golpazo que le están propinando Rusia y EEUU, y también que su modelo puede entrar en crisis en cualquier momento. 

G7 y OTAN en la periferia 

Mucho se habló de lo acontecido en el viejo continente y de lo meramente relacionado a la Guerra en Ucrania. Sin embargo, hay países considerados emergentes que han participado de dichas cumbres, en forma de invitados. Previamente se habló de Argentina, y en este apartado cabe recordar que el país conducido por Alberto Fernández quedó medianamente bien posicionado en la última Cumbre de las Américas. Esto podría servir para Argentina, por razones de pagos externos, pero también para las potencias, entendiendo que, si la economía argentina goza de un leve despegue en los próximos meses o años, puede ser una oportunidad de invertir en Sudamérica. 

Más allá de esto, India se presenta como un país interesante que tuvo invitación al G7. La importancia de este gran país asiático radica en que forma parte del BRICS. Es decir, la alianza conformada también por Brasil, Rusia, China y Sudáfrica. Es decir, son países con economías emergentes, con relaciones bilaterales estratégicas. El acercamiento de India a las problemáticas que guardan relación con Europa puede servir como una especie de termómetro, si es que se posiciona como interés de la India, para con Vladimir Putin. No pareciera ser de suma importancia para Nueva Delhi, el hecho de ser un mediador en esta guerra. Caso contrario al de Turquía. 

Erdogan sigue haciendo de la OTAN, una novela en donde él mismo es el guionista. Con idas y vueltas para con Suecia y Finlandia. Más, sin embargo, habría que empezar a pensar en un actor importante que no ha aparecido en escena en estas cumbres, pero que tiene intereses de mediador y de dominador regional tal y como lo busca Turquía: hablamos de Israel. El país de Medio Oriente cumple un papel fundamental en las cercanías de la medialuna de las tierras fértiles, un rol preponderante como aliado de los intereses de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. El control de las sublevaciones o los afianzamientos de movimientos islámicos y, sobre todo, palestinos, es de vital importancia para mantener los intereses petroleros de la región. Israel, a su vez, no ha tenido participación directa en estas cumbres, aunque se conoce su postura al respecto de las problemáticas tratadas. A esto hay que agregarle, que Tel Aviv está pasando por un proceso de fragilidad institucional más que evidente. En los últimos días, Israel disolvió su parlamento y llamó a elecciones anticipadas para noviembre del corriente año. Será la quinta elección en cuatro años en dicho país. 

Luego de lo previamente expuesto, pareciera ser que África vuelve a ser ignorada y dejada de lado por las grandes potencias. El G7 y la OTAN solo tuvieron una escasa aproximación a un paquete económico de ayuda humanitaria en el continente más afectado por la pobreza y la enfermedad. Además de esto, la siempre complicada situación de Melilla en el norte africano fue material de comentarios en los pasillos alemanes y españoles, pero no más que eso. Nuevamente, el continente africano queda afuera de las políticas globales, sin tener en cuenta su galopante y preocupante nivel de pobreza, indigencia, falta de educación, crisis sanitarias por enfermedades y bajísimo nivel de vida. 

Finalmente, las políticas medio y socio – ambientales ocuparon un breve espacio, sobre todo en la cumbre del G7. Con el fin de continuar un proceso de saneamiento de la naturaleza y preservación de la naturaleza y la biodiversidad a partir de políticas a largo plazo. Inclusive, la Unión Europea aprobó el abandono de los vehículos a combustión para 2035, pero no más que eso. Es decir, antes de la guerra en Ucrania, la agenda global se encontraba plenamente abocada a las políticas ambientales. Hoy, la OTAN y el G7 tienen preocupaciones de mayor envergadura, las cuales han sido identificadas y tienen claros destinatarios: el avance militar de Rusia con el declive político de Europa, y la mega – maquinaria económica y financiera de China, manejada por un régimen con mano dura como el de Xi Jinping.

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