dólar argentina 2026

Las reservas del BCRA rozaron los USD 51.000 millones

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Las reservas internacionales brutas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) volvieron a marcar un máximo durante la gestión de Javier Milei y quedaron a las puertas de los USD 51.000 millones. La autoridad monetaria cerró la jornada con tenencias por USD 50.912 millones, luego de sumar USD 136 millones en un solo día, en un proceso de acumulación que combina compras de divisas y la valorización de los activos que integran el stock, especialmente el oro.

El nuevo máximo llega mientras el BCRA sostiene una racha de 19 jornadas consecutivas con saldo comprador en el mercado cambiario. Este martes incorporó otros USD 9 millones, una cifra considerablemente menor al ritmo de compras observado en meses anteriores, pero suficiente para extender una secuencia que se volvió una de las principales señales de fortalecimiento del balance de la autoridad monetaria.

Desde el inicio de la cuarta fase del programa monetario, en enero, el Banco Central acumuló USD 13.813 millones mediante sus operaciones de compra. En agosto, sin embargo, el ritmo se moderó y las adquisiciones suman USD 486 millones en lo que va del mes.

La dinámica permite observar una diferencia relevante entre el flujo de compras y el stock de reservas. Aunque el BCRA compró apenas USD 9 millones este martes, las reservas brutas aumentaron USD 136 millones. La explicación está, en parte, en la evolución de los activos que componen las tenencias, entre ellos el oro, cuya cotización incrementó el valor contabilizado del stock.

El nivel alcanzado también supera el anterior máximo de la administración actual, registrado el lunes en USD 50.776 millones. La cifra de este martes representa, además, el mayor nivel de reservas brutas desde septiembre de 2019, según los datos consignados.

La acumulación de reservas se convirtió en uno de los objetivos centrales de la estrategia monetaria y cambiaria del Gobierno. Para este año se había establecido una meta de entre USD 10.000 millones y USD 17.000 millones, que el BCRA ya alcanzó a principios de junio. El equipo económico, sin embargo, considera posible llegar al extremo superior del objetivo.

La trayectoria no fue lineal. Durante el primer trimestre, las necesidades de financiamiento del Ministerio de Economía limitaron la capacidad del Banco Central para intervenir comprando divisas. Posteriormente, el esquema monetario buscó compatibilizar la acumulación de reservas con la intervención cambiaria y el manejo de la liquidez en pesos.

En ese proceso, el BCRA incrementó la emisión monetaria sin recurrir a mecanismos de esterilización, mientras que el Tesoro absorbió parte del excedente de liquidez mediante colocaciones de deuda en moneda local. La coordinación apunta a evitar que la acumulación de activos externos se traduzca en una expansión monetaria que presione sobre el tipo de cambio y los precios.

El objetivo excede, además, la fotografía actual del balance. El Gobierno necesita fortalecer su posición externa para afrontar los vencimientos de deuda previstos para 2026 y 2027 y, al mismo tiempo, contar con mayor capacidad de respuesta frente a episodios de volatilidad cambiaria.

La acumulación de reservas se complementa con los acuerdos de swap con Estados Unidos y China, que funcionan como instrumentos adicionales dentro del esquema de respaldo externo. Para el equipo económico, una posición de reservas más sólida permite enfrentar con mayor margen eventuales movimientos de demanda de dólares, particularmente en períodos de incertidumbre política y financiera.

El mercado cambiario mostró, mientras tanto, una variación acotada. El volumen operado en el segmento de contado alcanzó los USD 421,4 millones y el dólar mayorista avanzó $1,50, equivalente a 0,1%, hasta los $1.511,50. El tipo de cambio oficial volvió así a su máximo nominal y acumuló tres ruedas consecutivas de subas.

En agosto, el dólar mayorista registra un incremento de $26,50, equivalente al 1,8%, mientras que desde el comienzo de 2026 el aumento llega a $56,50, un 3,9%. La evolución se mantiene dentro de un rango que el mercado sigue de cerca por su relación con la inflación y con las expectativas sobre la política cambiaria.

El BCRA elevó además el techo de su esquema de bandas cambiarias hasta $1.873,08. Con el mayorista en $1.511,50, el tipo de cambio oficial se encuentra $361,58, o 23,9%, por debajo de ese límite.

En el segmento minorista, el dólar se mantuvo en $1.530 para la venta en Banco Nación, mientras que el dólar blue retrocedió $5, hasta $1.560. En futuros, las operaciones también mostraron variaciones reducidas: se negociaron contratos equivalentes a USD 1.108,2 millones y las posiciones con vencimiento a fines de agosto fueron las más operadas, con una cotización de $1.514.

La señal que deja la jornada combina dos variables que el Gobierno considera estratégicas: un Banco Central que mantiene una racha sostenida de compras y un stock de reservas que vuelve a crecer hasta niveles no vistos desde 2019. El desafío hacia adelante será transformar esa mejora patrimonial en un respaldo suficientemente sólido para atravesar los vencimientos de deuda y eventuales episodios de tensión cambiaria sin trasladar el costo a precios ni comprometer la estabilidad monetaria.

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La mayoría de los dólares que entran van al colchón

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La estabilidad del dólar en la Argentina empieza a mostrar un costado incómodo. Mientras el tipo de cambio se mantiene relativamente calmo, la inflación sigue corriendo en torno al 3% mensual, generando una apreciación cambiaria progresiva que ya impacta sobre la competitividad de la economía. Detrás de esa aparente calma, se esconde un fenómeno más profundo: los dólares que ingresan al país no se transforman en inversión ni en mayor actividad, sino que terminan mayoritariamente en el ahorro de las familias.

El informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) pone números a esta dinámica. Entre enero y febrero de 2026, la balanza comercial arrojó un superávit de 4.000 millones de dólares y el sector privado recibió préstamos del exterior por otros 3.800 millones. Sin embargo, lejos de dinamizar el circuito productivo, esos ingresos de divisas fueron absorbidos por el atesoramiento: las personas humanas demandaron 4.900 millones de dólares para ahorro.

El dato no es menor: el ahorro en dólares supera incluso a las principales fuentes de ingreso de divisas. En otras palabras, la economía genera dólares, pero no logra canalizarlos hacia la producción.

Este comportamiento se da en un contexto de tipo de cambio que, medido en términos reales, se va encareciendo. En octubre de 2025 el dólar oficial había superado los $1.400, mientras que en marzo de 2026 se ubica en torno a los $1.370. En el mismo período, la inflación acumuló un 15%, lo que implica que, para mantener el mismo nivel de competitividad, el dólar debería ubicarse hoy por encima de los $1.600.

La consecuencia es una economía cada vez más heterogénea. Mientras el agro, la energía y la minería continúan mostrando dinamismo, los sectores urbanos —industria, comercio, hoteles y restaurantes— evidencian caídas en su actividad. Esta divergencia no es neutra: los sectores que se contraen son, precisamente, los que más empleo generan.

El impacto ya se percibe en el mercado laboral. Aumenta el desempleo, cae el empleo asalariado formal, crece el cuentapropismo informal y los salarios reales permanecen estancados, en niveles similares a los de fines de 2023. El modelo actual logra estabilizar variables macro, pero no consigue traducirse en mejoras concretas para amplios sectores de la población.

En este esquema, la calma cambiaria se sostiene sobre bases frágiles. Por un lado, el superávit comercial responde en buena medida a la contracción de importaciones más que a un salto exportador. Por otro, el ingreso de dólares por endeudamiento externo alimenta una dinámica que no se derrama sobre la economía real. Ambos factores terminan financiando la demanda de divisas para ahorro.

El trasfondo es conocido: la incertidumbre y las malas experiencias acumuladas llevan a los argentinos a refugiarse en el dólar. Pero el problema es que este comportamiento, generalizado, limita la capacidad de recuperación económica.

Frente a este escenario, el debate de política económica vuelve a girar en torno al régimen cambiario. Desde IDESA plantean la necesidad de acelerar la normalización, eliminando los remanentes del cepo, permitiendo mayor libertad en las transacciones y dejando que el tipo de cambio y las tasas se determinen por el mercado. El objetivo es evitar una apreciación cambiaria prolongada y generar condiciones para que el crédito fluya, tanto en pesos como en dólares.

El riesgo, advierten, es que una liberalización más rápida pueda generar tensiones en el corto plazo, especialmente sobre la inflación. Sin embargo, sostienen que se trataría de un fenómeno transitorio, siempre y cuando se mantenga el equilibrio fiscal y el orden monetario.

La pregunta de fondo es si la economía puede sostener este equilibrio donde los dólares entran, pero no circulan. Por ahora, la respuesta parece clara: la estabilidad existe, pero no alcanza.

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