dolar futuro

El dólar superó los $1.500 por tercera jornada consecutiva y el Banco Central intensifica su intervención

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El mercado cambiario volvió a enviar una señal de tensión al Gobierno. Por tercera rueda consecutiva, el dólar oficial registró una suba y consolidó su cotización por encima de los $1.500, mientras el Banco Central reforzó su estrategia de intervención indirecta mediante ventas de contratos de dólar futuro y títulos dollar-linked para evitar que el movimiento derive en una mayor volatilidad y, eventualmente, en un traslado a los precios.

La cotización minorista del Banco Nación cerró en $1.510 para la venta, con un incremento diario de $10, mientras que el dólar mayorista avanzó hasta los $1.489, apenas tres pesos por debajo del máximo nominal alcanzado el 24 de octubre pasado. El dólar blue también acompañó la tendencia y finalizó en $1.525, mientras que el contado con liquidación se ubicó en torno a los $1.577, su valor más elevado desde fines de octubre.

El movimiento estuvo acompañado por un elevado volumen de operaciones. En el mercado mayorista se negociaron más de USD 820 millones, confirmando una demanda sostenida de divisas que comenzó a intensificarse en las últimas jornadas y que coincide con una menor oferta proveniente del sector exportador.

Aunque el tipo de cambio continúa lejos del techo de la banda cambiaria fijado por el Gobierno —que actualmente supera los $1.800—, la velocidad del ajuste comenzó a generar inquietud en el equipo económico, que busca preservar el proceso de desaceleración inflacionaria.

El Banco Central intervino con futuros y bonos atados al dólar

A diferencia de otros episodios de tensión cambiaria, la autoridad monetaria evitó vender reservas de manera directa en el mercado spot. En cambio, desplegó una estrategia basada en instrumentos financieros para moderar las expectativas de devaluación.

Operadores del mercado señalaron que el Banco Central incrementó significativamente la venta de contratos de dólar futuro, principalmente en los vencimientos de julio, al tiempo que ofreció importantes cantidades de letras dollar-linked, títulos emitidos por el Tesoro que ajustan según la evolución del tipo de cambio oficial.

La operatoria alcanzó volúmenes inusuales. Solo en el mercado de futuros se negociaron contratos equivalentes a unos USD 1.700 millones, mientras que las operaciones con instrumentos atados al dólar superaron los USD 500 millones diarios, muy por encima del promedio habitual.

La lógica detrás de esta estrategia consiste en ofrecer cobertura cambiaria sin necesidad de desprenderse de reservas internacionales, retirando al mismo tiempo pesos del mercado y reduciendo la presión sobre la demanda de dólares.

Analistas coinciden en que el objetivo oficial no es defender un valor específico del tipo de cambio, sino evitar movimientos bruscos que puedan alterar las expectativas inflacionarias.

Menor liquidación del agro y mayor demanda privada

La suba del dólar encuentra explicación en una combinación de factores estacionales y financieros.

Por un lado, comenzó a reducirse la liquidación de divisas del complejo agroexportador luego del pico registrado durante la cosecha gruesa. Si bien durante junio las cerealeras liquidaron más de USD 3.000 millones, esa cifra representó una caída del 18% respecto del mismo mes del año anterior.

Además, distintos informes privados detectaron una mayor retención de granos por parte de los productores, que esperan mejores condiciones de precios antes de desprenderse de sus exportaciones.

Al mismo tiempo, la demanda privada de divisas ganó protagonismo. Portfolio Personal Inversiones (PPI) sostuvo que el agro mantuvo prácticamente estable su ritmo de liquidación diaria respecto de mayo, por lo que la menor capacidad compradora del Banco Central obedeció principalmente a un incremento en la demanda de dólares por parte de empresas, bancos e inversores.

También influyeron mayores giros de utilidades al exterior y una menor oferta proveniente de la cuenta financiera, luego del fuerte ingreso de capitales registrado durante mayo.

En paralelo, operadores detectaron un cambio en la estrategia de los bancos comerciales. Varias entidades pasaron de mantener posiciones vendidas en dólares a incrementar sus compras para abastecer una mayor demanda minorista, impulsada en parte por el cobro del medio aguinaldo.

Reservas arriba de los USD 47.000 millones, pero con compras moderadas

En ese contexto, el Banco Central volvió a comprar divisas, aunque en un volumen considerablemente inferior al observado durante abril y mayo.

La autoridad monetaria adquirió apenas USD 25 millones durante la primera rueda de julio, equivalente a cerca del 3% del volumen total operado en el mercado oficial.

Pese a ello, las reservas internacionales brutas mostraron una fuerte recuperación y cerraron por encima de los USD 47.000 millones, tras aumentar más de USD 2.180 millones.

El rebote respondió, fundamentalmente, a la reversión de movimientos contables y de encajes registrados en el cierre de junio, por lo que los analistas no interpretan la mejora como un cambio estructural en la capacidad de acumulación de reservas.

Las compras netas del Banco Central durante 2026 ya superan los USD 11.000 millones, aunque el ritmo de incorporación de divisas comenzó a desacelerarse desde junio.

El mercado descarta una devaluación abrupta

Pese al repunte del dólar, el consenso entre economistas y operadores continúa descartando un salto discreto del tipo de cambio.

La expectativa predominante es la de un proceso de depreciación gradual, acompañado por una menor oferta de divisas estacional y por un escenario internacional menos favorable para los mercados emergentes.

Sin embargo, la preocupación comenzó a trasladarse hacia otro frente: el posible impacto que esta aceleración del dólar pueda tener sobre la inflación durante el segundo semestre.

Ese riesgo también explica el fuerte protagonismo del Banco Central en los mercados de futuros y de deuda indexada al tipo de cambio. El Gobierno procura evitar que un movimiento más acelerado del dólar termine alterando las expectativas de precios y reduzca uno de los principales activos políticos de la administración de Javier Milei: la desaceleración de la inflación.

Mientras tanto, el mercado seguirá observando dos variables centrales durante julio: la capacidad del Banco Central para recomponer reservas sin aumentar significativamente su intervención y la evolución de la demanda privada de divisas, que comenzó a convertirse en el principal factor de presión sobre el mercado cambiario.

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Sturzenegger admitió intervención del BCRA en dólar futuro y el FMI reveló monto millonario

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El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, reconoció que el Banco Central intervino en el mercado de dólar futuro para contener la volatilidad cambiaria, aunque calificó esos montos como “marginales”. Sin embargo, un informe reciente del Fondo Monetario Internacional (FMI) situó la posición vendida del organismo en torno a USD 5.000 millones, cifra que contrasta con la minimización oficial.

En declaraciones a Radio Mitre, Sturzenegger respaldó la estrategia del ministro de Economía, Luis Caputo, quien aseguró que el BCRA “no interviene” desde la salida del cepo cambiario, salvo en los límites de la banda de flotación.

“No ha habido ningún movimiento con las reservas. Es el sector privado que demanda y ofrece divisas”, afirmó el funcionario. Sin embargo, ante una pregunta directa sobre la operatoria en dólar futuro, admitió: “Sí, pero son valores muy marginales”.

El reconocimiento rompe con el discurso más rígido del equipo económico, que había sostenido la idea de una flotación cambiaria pura desde el cambio de régimen monetario y cambiario.

El staff report del FMI, publicado tras la primera revisión del acuerdo vigente, dedicó un apartado específico a la política cambiaria argentina. El organismo señaló que la transición hacia el abandono del tipo de cambio como ancla nominal “ha avanzado relativamente bien”, pero remarcó que las intervenciones en el mercado de futuros se aplicaron para “abordar desórdenes” y mitigar “volatilidad inusualmente alta” en las tasas de interés, especialmente tras la liquidación de las LeFi.

El documento fue categórico: “Las intervenciones en el mercado de futuros deberían ser temporales y limitarse a situaciones de condiciones de mercado desordenadas, y no deberían sustituir a otras herramientas de política monetaria para la gestión de la liquidez y la volatilidad de las tasas de interés”.

La cifra que marca la diferencia: USD 5.000 millones

Aunque Sturzenegger habló de “valores marginales”, el FMI consignó en una nota al pie que la posición neta abierta del BCRA en el mercado de NDF (Non-Deliverable Forward) alcanzó aproximadamente USD 5.000 millones. Este monto sugiere que la intervención tuvo una magnitud significativa en términos de exposición financiera, más allá del impacto inmediato sobre el mercado spot.

El reconocimiento se da en un escenario de liberalización parcial del mercado cambiario tras la eliminación de buena parte de las restricciones para personas físicas. El esquema vigente contempla una banda inferior de referencia —ajustada a la baja— y una banda superior —ajustada al alza— dentro de un sistema de flotación administrada.

Desde la implementación del nuevo régimen, el BCRA ha buscado acumular reservas sin intervenir de forma directa en el mercado spot, aunque la operatoria en futuros se presenta como un mecanismo indirecto de estabilización frente a shocks de volatilidad.

Las declaraciones de Sturzenegger y el señalamiento del FMI abren un debate sobre el grado real de independencia del tipo de cambio en el nuevo esquema monetario. Para la oposición, la admisión constituye una contradicción con la promesa de “no intervención” y un reconocimiento de que la política cambiaria sigue bajo control discrecional del BCRA.

En los mercados, el dato del FMI sobre la magnitud de la posición vendida podría generar especulación sobre el margen de maniobra del Central en caso de un aumento de la presión cambiaria.

De cara a los próximos meses, el Gobierno deberá administrar la transición hacia una flotación más limpia bajo la supervisión del FMI, que exigirá que la intervención en futuros se limite a episodios extraordinarios. Esto implicará calibrar con mayor precisión las herramientas de absorción de liquidez y gestión de tasas para evitar un impacto sobre las reservas y la credibilidad del régimen cambiario.

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Dólar futuro: el BCRA vendió casi USD 2.000 millones en mayo para contener expectativas de devaluación

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Intervención récord del BCRA en el mercado de futuros: USD 1.950 millones para frenar expectativas de devaluación. En mayo, la mesa de operaciones del Central ejecutó la mayor intervención en lo que va del gobierno de Javier Milei, con ventas récord para evitar sobresaltos cambiarios

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) cerró mayo con una posición vendida en el mercado de futuros de dólar por casi USD 1.950 millones, marcando así la mayor intervención desde el inicio de la gestión de Javier Milei. La cifra oficial —compuesta por USD 1.947 millones en posiciones cortas y solo USD 1 millón en posiciones largas— confirma las estimaciones del mercado que advertían sobre un fuerte accionar oficial para contener expectativas de devaluación.

Este volumen cuadruplica el registrado en abril, cuando el BCRA había intervenido con USD 409 millones, y representa un salto significativo respecto de los USD 376 millones de marzo, lo que indica una escalada en el uso de futuros como herramienta de política monetaria.

El 7 de mayo, una jornada clave que anticipó la magnitud de la intervención

La mayor presión se concentró el 7 de mayo, cuando el mercado cambiario mostró un comportamiento atípico: el dólar oficial (A3500) cayó 4,2%, y el dólar spot retrocedió 6,6%, con bajas generalizadas en todos los segmentos —incluidos el MEP y el CCL— y un derrumbe de entre 5,7% y 9,7% en los contratos de dólar futuro.

Ese día se registró un volumen operado en futuros de USD 4.261 millones, el más alto en toda la presidencia de Milei, según datos de operadores. A su vez, el “interés abierto” —indicador de la cantidad de contratos vigentes— se disparó en USD 869 millones en una sola jornada, especialmente en el contrato de diciembre, que saltó USD 486 millones. Este comportamiento fue interpretado como una señal clara de intervención oficial, dado que los contratos más largos, usualmente poco operados, concentraron la mayor parte del volumen.

La intervención en futuros de dólar no afecta directamente las reservas internacionales, ya que no implica entrega física de divisas, sino compensaciones en pesos al vencimiento. Si el tipo de cambio al vencimiento supera el precio pactado, el Central compensa la diferencia. Por eso, el impacto es monetario, no cambiario, aunque el objetivo sí es incidir en las expectativas sobre el tipo de cambio.

Fuentes del mercado coinciden en que estas intervenciones buscan anclar las expectativas de devaluación, especialmente en los tramos largos de la curva, y sostener la estrategia de carry trade, donde los inversores apuestan a la tasa en pesos bajo el supuesto de estabilidad cambiaria.

Las operaciones de marzo coincidieron con el cierre del nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que introdujo un régimen de flotación administrada dentro de bandas cambiarias. En ese contexto, la intervención oficial estaba justificada como un mecanismo de ordenamiento transitorio.

Sin embargo, las intervenciones de abril y mayo generaron sorpresa en el mercado. Aunque no están explícitamente prohibidas en el programa con el FMI, los analistas interpretaban que el Gobierno se había comprometido informalmente a no abusar de esta herramienta, lo que añade incertidumbre sobre la consistencia del nuevo régimen cambiario.

Los analistas ven en estas intervenciones una apuesta del BCRA a ganar tiempo sin usar reservas, en un contexto donde la acumulación de divisas sigue siendo prioritaria. Al intervenir sobre el mercado de futuros y empujar a la baja las tasas implícitas, la entidad busca alinear el precio del dólar a las bandas definidas y reducir presiones sobre el contado con liquidación y el MEP.

La incógnita es cuánto margen queda para seguir utilizando esta herramienta sin que ello comprometa la credibilidad del esquema de flotación, especialmente si el volumen de contratos sigue creciendo y la expectativa de devaluación se reactiva.

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