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El dólar mayorista cerró la semana por encima de los $1.500 y el mercado mira el cierre de 2026

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El dólar mayorista cerró una semana clave con una nueva suba y superó el nivel de los $1.500, en una señal de flexibilización de la estrategia cambiaria que el equipo económico venía sosteniendo durante las últimas semanas. Este viernes, la cotización mayorista avanzó $1 y se ubicó en $1.513 para la venta, mientras el mercado comenzó a recalibrar sus expectativas para los próximos meses.

El movimiento adquiere relevancia porque implica el quiebre del techo de los $1.500, un nivel que había funcionado como referencia en la administración del tipo de cambio. La cotización, sin embargo, todavía se mantiene por encima de un 24% del límite superior de la banda cambiaria, establecido en $1.876,5.

La dinámica de esta semana estuvo atravesada por una presión específica vinculada al denominado fixing, es decir, la fijación del tipo de cambio de referencia utilizada para el pago de títulos dólar linked. El mecanismo cobró especial importancia ante vencimientos por casi US$ 2.600 millones previstos para fin de mes.

Esa presión se trasladó con mayor intensidad al mercado de cobertura y terminó marcando el ritmo de las operaciones del jueves. El episodio expuso, de ese modo, cómo las necesidades de cobertura y los compromisos financieros en moneda extranjera pueden condicionar la dinámica cambiaria aun cuando el esquema de bandas continúa vigente.

La señal más relevante no pasa solamente por el valor puntual del dólar, sino por el cambio en la administración de la cotización. Después de varias semanas en las que el Gobierno buscó contener la depreciación del peso, la aceptación de un tipo de cambio mayorista por encima de los $1.500 muestra un margen mayor para que el precio se desplace dentro de la banda.

En el segmento minorista, el dólar operó estable en $1.485 para la compra y $1.535 para la venta en el Banco Nación. Con ese valor, el dólar tarjeta se ubicó en $1.995 para las compras realizadas en el exterior.

Los dólares financieros también mostraron movimientos moderados. El dólar blue permaneció en $1.555 para la venta, mientras que el MEP avanzó 0,2%, hasta $1.538,88, y el contado con liquidación (CCL) subió 0,1%, hasta $1.602,8.

La fotografía de los distintos segmentos muestra que, pese al avance del mayorista, no se produjo un salto homogéneo en todas las cotizaciones. La brecha entre los diferentes tipos de cambio continúa siendo un dato relevante para empresas, importadores, ahorristas y agentes que necesitan definir posiciones de cobertura.

En paralelo, los contratos de dólar futuro operaron con mayoría de bajas leves en los tramos correspondientes a 2026. El mercado proyecta que el tipo de cambio se ubicará en $1.511,5 en agosto y llegará a $1.627 al cierre de diciembre.

La diferencia entre la cotización actual y esa expectativa de fin de año ofrece una lectura sobre el escenario que descuentan los operadores: una depreciación gradual, antes que una corrección abrupta, dentro del régimen cambiario vigente. El dato central será si esa trayectoria puede sostenerse frente a las necesidades de cobertura, los vencimientos en dólares y la evolución de la demanda de divisas.

Para la economía real, el movimiento cambiario tiene consecuencias que exceden la pantalla financiera. Un dólar mayorista más elevado modifica los costos de importación, las referencias de precios de bienes transables y las condiciones de competitividad de los sectores exportadores. Al mismo tiempo, una trayectoria previsible del tipo de cambio puede facilitar decisiones de inversión y planificación si logra evitar saltos disruptivos.

El desafío para el equipo económico queda planteado en ese equilibrio: permitir que el tipo de cambio absorba las presiones del mercado sin que el movimiento se transforme en una aceleración de las expectativas. El cierre de esta semana muestra que el techo informal de los $1.500 dejó de operar como límite efectivo, mientras las proyecciones de futuros colocan el foco en cómo evolucionará el dólar hasta diciembre.

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Finanzas logró un rollover de 96% y captó $12,16 billones en la licitación

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La Secretaría de Finanzas adjudicó este jueves $12,16 billones en una nueva licitación de instrumentos del Tesoro Nacional, frente a ofertas por $13,18 billones. El resultado implicó un rollover de 95,96% sobre los vencimientos de la jornada y dejó al Gobierno con una cobertura prácticamente total de las obligaciones que debía afrontar en pesos.

La operación reunió 4.610 ofertas y combinó instrumentos a tasa fija, títulos ajustados por CER y una alternativa dólar linked. Del total adjudicado, $11,75 billones correspondieron a instrumentos denominados en pesos y otros $417.824 millones a títulos vinculados al dólar, expresados en moneda local al tipo de cambio de referencia del Banco Central del 26 de agosto.

El dato central para el mercado es que el Tesoro consiguió renovar casi la totalidad de los vencimientos, aunque el rollover quedó por debajo del 100%. La diferencia entre lo adjudicado y las obligaciones que vencían implica que una porción de los pesos que estaban en instrumentos del Tesoro no fue refinanciada mediante esta licitación.

Tasas en torno al 30% anual

La mayor parte de la operación se concentró en títulos a tasa fija. La LECAP con vencimiento el 30 de noviembre de 2026 recibió una adjudicación por $6,09 billones, con una tasa efectiva mensual de 2,19% y una tasa interna de retorno efectiva anual (TIREA) de 29,75%.

La LECAP que vence el 29 de enero de 2027 captó $2,38 billones, con una TEM de 2,25% y una TIREA de 30,60%. En tanto, el BONCAP con vencimiento el 31 de mayo de 2027 recibió $2,45 billones, a una TEM de 2,26% y una TIREA de 30,69%.

La estructura de tasas muestra que el mercado continúa exigiendo rendimientos nominales cercanos al 30% anual para financiar al Tesoro en los plazos considerados. Al mismo tiempo, la concentración de las adjudicaciones en instrumentos de corto y mediano plazo refleja la estrategia de administración de vencimientos y de construcción de una curva de deuda en pesos.

En el segmento CER, Finanzas adjudicó $834.350 millones de una Letra con vencimiento en enero de 2027, con una TIREA de 6,25% sobre inflación. La demanda había alcanzado $914.515 millones de valor nominal ofertado.

También hubo participación en el segmento dólar linked. El Tesoro adjudicó US$279 millones de valor nominal de una Letra con vencimiento el 30 de octubre de 2026, por un valor efectivo equivalente a $417.824 millones, con una TIREA de 7,64%.

Qué muestra la demanda

La licitación exhibió una demanda superior al monto finalmente colocado: las ofertas alcanzaron $13,18 billones, mientras que la adjudicación se ubicó en $12,16 billones. Esa diferencia permitió al Tesoro seleccionar condiciones de corte dentro de los instrumentos ofrecidos.

En términos nominales, las ofertas por títulos en pesos alcanzaron un valor efectivo de $12,63 billones, de los cuales se adjudicaron $11,75 billones. En los instrumentos vinculados al dólar, las propuestas representaron $549.288 millones y se adjudicaron $417.824 millones.

Uno de los datos relevantes aparece en la reapertura de la LECAP S30N6. Se adjudicaron $5 billones de valor nominal sobre ofertas por $5,40 billones al precio de corte, con un prorrateo de 51,46% para las órdenes adjudicadas a ese precio.

La operación vuelve a colocar en primer plano la capacidad del Tesoro para refinanciar sus vencimientos en el mercado doméstico. Un rollover de 95,96% significa que Finanzas logró evitar una renovación significativamente inferior a las obligaciones inmediatas, aunque también muestra que el financiamiento neto obtenido en esta instancia no alcanza para cubrir la totalidad de los vencimientos.

Para el Gobierno, el resultado ofrece una señal de continuidad en la estrategia de financiamiento en moneda local: sostener el acceso al mercado, administrar los perfiles de vencimiento y distribuir la oferta entre instrumentos que permiten captar demanda con diferentes coberturas frente a inflación y movimientos del tipo de cambio.

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El dólar mayorista cerró por encima de los $1.510

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El dólar mayorista volvió a subir y se consolidó por encima de los $1.500, un nivel que durante las últimas semanas había funcionado como referencia informal para el mercado y que el Gobierno había intentado contener mediante una combinación de intervención cambiaria, operaciones de cobertura y administración de la liquidez. La cotización cerró en $1.511,50, con un incremento de $1,50, y marcó un nuevo máximo nominal.

El movimiento tuvo relevancia menos por su magnitud diaria que por el cambio de comportamiento frente a una zona que el mercado había identificado como un límite de corto plazo. El avance se produjo pese a la intervención oficial y dejó en evidencia que la defensa de ese nivel comenzaba a enfrentar costos crecientes sobre el mercado de pesos.

El mayorista quedó así a $361,58 del techo de la banda cambiaria, establecido actualmente en $1.873,08. La distancia equivale al 23,92%, por lo que el salto por encima de los $1.500 no implica, por sí mismo, una ruptura del esquema formal de bandas. Lo que cambió es el margen que el Gobierno parece dispuesto a otorgarle al tipo de cambio dentro de ese corredor.

La jornada registró operaciones por unos USD 421 millones. Parte de la presión pudo estar vinculada al vencimiento de instrumentos dólar linked previsto para el 31 de agosto. En el mercado señalaron que el denominado “fix” de este miércoles constituye una referencia relevante para determinar el valor de pago de esos instrumentos y podría haber contribuido a concentrar demanda en el mercado cambiario.

Durante las últimas semanas, los operadores habían identificado distintas señales de intervención destinadas a evitar que el mayorista atravesara los $1.500. Entre ellas aparecieron ventas de contratos de dólar futuro, colocaciones de bonos dólar linked y una menor participación compradora del Banco Central en el mercado de cambios.

La percepción de que existía un techo informal comenzó a consolidarse hacia fines de julio, cuando el mercado detectó movimientos compatibles con ventas oficiales para contener el tipo de cambio. Poco después, el balance diario del Banco Central mostró una reducción de USD 145 millones en los depósitos en moneda extranjera del Tesoro entre el 28 y el 29 de julio, en coincidencia con una jornada en la que el mayorista se había aproximado a esa zona.

A esa dinámica se sumó el corte de una racha de 135 jornadas consecutivas con compras de divisas por parte del BCRA. La interrupción ocurrió precisamente cuando el tipo de cambio oficial funcionaba como referencia para instrumentos dólar linked, lo que reforzó la lectura de que el Gobierno estaba utilizando distintas herramientas para administrar la trayectoria cambiaria.

Ahora, la ruptura de los $1.500 comienza a ser interpretada por parte del mercado como una flexibilización de ese límite de facto. La hipótesis central es que sostenerlo mediante mayores tasas en pesos estaba generando un costo financiero que podía terminar siendo más relevante que permitir una depreciación moderada del tipo de cambio.

El economista Lucio Garay Méndez, de EcoGo, señaló que el Gobierno utilizó durante este período distintas herramientas para contener el dólar y que esa estrategia implicó resignar compras del Banco Central, además de utilizar junto con el Tesoro instrumentos dólar linked y futuros para ofrecer cobertura.

Según su lectura, esa política también generó “un estrés sobre las tasas del mercado” que incrementó tanto el costo de fondeo de los bancos como el costo de la liquidez. Al considerar que la presión dejó de ser transitoria, el Gobierno habría decidido modificar la estrategia.

Gabriel Caamaño, director de Outlier, planteó una interpretación similar. A su juicio, una flexibilización del techo de $1.500 debería contribuir a reducir la tasa en pesos y su volatilidad. La lógica es que una defensa más flexible del tipo de cambio disminuye la necesidad de utilizar tasas elevadas como mecanismo para desalentar la demanda de cobertura cambiaria.

El punto central de la estrategia pasa entonces por administrar tres variables al mismo tiempo: dólar, liquidez y tasas. Una defensa rígida de un determinado nivel cambiario puede contener la cotización en el corto plazo, pero también incrementar el costo del dinero, encarecer el financiamiento y aumentar la volatilidad del mercado de pesos.

Por eso, distintos operadores consideran que el movimiento no necesariamente representa un cambio de régimen cambiario. La interpretación predominante es la de una mayor flexibilidad dentro del esquema vigente, con un Gobierno dispuesto a tolerar un tipo de cambio más alto si eso permite reducir la presión financiera sobre las tasas.

Los otros segmentos del mercado ya habían superado ampliamente la referencia de $1.500. El dólar oficial minorista cerró en $1.530 para la venta en Banco Nación, mientras que el blue se ubicó en $1.560. En los dólares financieros, el MEP operó en torno a $1.543,60 para la venta y el contado con liquidación llegó a $1.600,90.

En el mercado de futuros, las variaciones fueron acotadas. Para diciembre, los contratos reflejaron un tipo de cambio de $1.626,50, una referencia que permite observar que los operadores todavía no están descontando una aceleración abrupta de la depreciación cambiaria, aunque sí un nivel nominal superior al actual.

La cotización mayorista también debe leerse en relación con las reservas. El Banco Central viene acumulando divisas y recientemente alcanzó niveles de reservas brutas cercanos a los USD 51.000 millones. Esa posición le otorga mayor capacidad de intervención, pero no elimina la disyuntiva entre utilizar reservas para contener el dólar o permitir una mayor flexibilidad para preservar las condiciones monetarias.

La señal que deja esta jornada es, por lo tanto, más estratégica que cambiaria. El Gobierno parece haber aceptado que los $1.500 dejaron de ser un límite infranqueable y busca administrar el costo de sostener ese nivel sobre las tasas y la liquidez. El desafío será evitar que esa flexibilización se transforme en una aceleración de las expectativas de devaluación.

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Finanzas sale al mercado con una nueva licitación de deuda: ofrece LECAP, BONCAP, CER y dólar linked

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La Secretaría de Finanzas volverá al mercado este jueves 27 de agosto con una nueva licitación de instrumentos del Tesoro Nacional, en una operación que combina deuda en pesos a tasa fija, títulos ajustados por CER y una alternativa dólar linked. La recepción de ofertas comenzará a las 10 y finalizará a las 15, mientras que la liquidación de las operaciones adjudicadas está prevista para el lunes 31 de agosto.

La oferta contempla cinco instrumentos. Entre ellos se encuentra una nueva LECAP con vencimiento el 29 de enero de 2027, junto con la reapertura de una LECAP que vence el 30 de noviembre de 2026 y de un BONCAP con vencimiento el 31 de mayo de 2027. El menú se completa con una LECER ajustada por CER, con vencimiento en enero de 2027, y una LELINK vinculada al dólar estadounidense, que vence el 30 de octubre de 2026.

La nueva LECAP S29E7 constituye una de las principales novedades de la convocatoria. Será emitida el 31 de agosto y tendrá vencimiento el 29 de enero de 2027. Se colocará a $1.000 por cada valor nominal de $1.000 y pagará una tasa efectiva mensual capitalizable mensualmente, que será determinada durante la licitación.

El esquema permite al Tesoro captar pesos mediante un instrumento de corto plazo, mientras que para los inversores introduce una alternativa cuya rentabilidad quedará definida por la tasa efectiva mensual que surja de la competencia entre las ofertas.

En el segmento de títulos a tasa fija también se ofrecerán la LECAP S30N6, con vencimiento el 30 de noviembre de 2026, y el BONCAP T31Y7, que vence el 31 de mayo de 2027. Ambos constituyen reaperturas y tendrán precio de colocación determinado en la propia licitación.

La estrategia incorpora además cobertura frente a la inflación y al movimiento cambiario. La LECER X29E7, con vencimiento el 29 de enero de 2027, estará ajustada por CER, mientras que la LELINK D30O6, con vencimiento el 30 de octubre de 2026, estará vinculada a la evolución del dólar estadounidense.

En el caso del instrumento dólar linked, la suscripción se realizará en pesos utilizando como referencia el tipo de cambio de la Comunicación “A” 3500 del Banco Central correspondiente al día hábil previo a la licitación, es decir, el 26 de agosto. El precio será expresado en dólares por cada valor nominal de USD 1.000.

La licitación se realizará mediante indicación de precio para los instrumentos ya emitidos, sin precio mínimo ni máximo. La excepción será la nueva LECAP de enero, para la cual los inversores deberán indicar la tasa efectiva mensual que capitalizará hasta el vencimiento.

Finanzas mantendrá además la división entre tramos competitivo y no competitivo. En este último podrán participar personas físicas y jurídicas que requieran el asesoramiento de una entidad especializada, con una única oferta por inversor. Para los instrumentos en pesos, el límite será de $50 millones de valor nominal por inversor, mientras que para el título denominado en dólares será de USD 50.000.

Los inversores que participen del tramo competitivo deberán presentar sus ofertas a través de agentes de liquidación y compensación o agentes de negociación registrados ante la Comisión Nacional de Valores. Para las personas físicas y jurídicas, el mínimo competitivo será superior a $50 millones de valor nominal en los instrumentos en pesos y a USD 50.000 en el caso del dólar linked.

La operación se produce en un momento en que la administración financiera mantiene como eje la renovación de vencimientos y la administración de la deuda en moneda local. La combinación de instrumentos a tasa fija, CER y dólar linked permite distribuir el menú entre distintos escenarios de inflación, tasas y evolución cambiaria, aunque el resultado final dependerá de los precios y tasas que el mercado convalide durante la jornada.

La liquidación está prevista para el 31 de agosto, dos días hábiles después de la recepción de las ofertas. Para el Tesoro, la licitación será otra instancia para obtener financiamiento en el mercado doméstico y administrar sus compromisos de corto y mediano plazo; para los inversores, el atractivo de cada alternativa quedará condicionado por la tasa efectiva que finalmente surja y por las expectativas sobre inflación, pesos y dólar hacia el cierre de 2026 y comienzos de 2027.

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El dólar superó los $1.500 y el mercado mira ahora las tasas y la actividad

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El dólar mayorista cerró este lunes en $1.510 y superó por primera vez la barrera de los $1.500, en una jornada que dejó una señal relevante para el mercado: el Gobierno permitió una mayor corrección del tipo de cambio, aunque hacia el final de la rueda apareció intervención oficial para contener la cotización. El movimiento volvió a colocar en el centro de la escena la relación entre dólar, tasas de interés y actividad económica.

La suba fue de $11 respecto del cierre previo, equivalente a 0,7%, y representó el avance diario más importante para un lunes en varias semanas. El dólar oficial en el Banco Nación terminó en $1.480 para la compra y $1.530 para la venta, mientras que el blue cerró en $1.545 y $1.565, respectivamente. El MEP se ubicó en $1.539,70 para la venta y el contado con liquidación llegó a $1.600,40.

El dato central, sin embargo, no estuvo únicamente en el nuevo precio del dólar. Los operadores observaron desde el comienzo de la rueda una menor presencia oficial en el mercado de futuros, una señal que fue interpretada como un relajamiento de la estrategia utilizada durante las semanas anteriores para evitar que el tipo de cambio perforara el techo informal de $1.500.

Gabriel Caamaño, de Outlier, señaló que por primera vez desde el martes anterior la variación diaria del interés abierto en futuros de dólar Rofex resultó negativa, con una reducción de 34.782 contratos. La lectura del mercado fue que el Banco Central habría reducido su participación mediante este mecanismo.

La intervención, de todos modos, no desapareció. Según reportes citados por el mercado, la presencia oficial se hizo visible hacia el cierre para defender el nivel de $1.510. PPI, además, observó un fuerte incremento en la negociación de la letra dólar linked más corta, que movilizó US$168 millones, frente a los US$77 millones del viernes, lo que podría indicar participación del Banco Central en el mercado secundario de estos instrumentos.

El cambio de estrategia adquiere relevancia porque durante las últimas semanas el Gobierno había utilizado distintas herramientas para moderar la presión cambiaria. A las operaciones en futuros y dólar linked se sumaron intervenciones puntuales del Tesoro y una política de tasas que buscó absorber liquidez y contener la demanda de dólares.

Ahora aparece una tensión diferente. Una tasa elevada puede contribuir a sostener la estabilidad financiera y cambiaria, pero también encarece el crédito, dificulta la refinanciación de empresas y familias y puede retrasar la recuperación de sectores con menor capacidad de acceso al financiamiento.

Por eso, el mercado empieza a observar el movimiento del dólar no solo como una cuestión cambiaria sino como parte de una ecuación más amplia. Gustavo Ber planteó que una estabilización de las tasas en pesos resulta necesaria para que la economía pueda recuperar dinamismo. En esa lectura, una menor presión para sostener artificialmente el dólar en $1.500 podría abrir margen para una relajación de los rendimientos financieros.

El costo de defender ese nivel cambiario ya había sido advertido por la consultora 1816. La discusión pasa ahora por determinar cuánto puede desplazarse el tipo de cambio sin trasladar presión significativa a precios y expectativas, y cuánto espacio existe para reducir las tasas sin reactivar una demanda de dólares que vuelva a tensionar el mercado.

El calendario financiero agrega otro elemento. Esta semana vence la D31G6 por US$2.595 millones, el mayor vencimiento de este tipo durante la gestión de Javier Milei, por encima de los US$2.247 millones correspondientes al vencimiento de julio. PPI recordó que, ante el vencimiento anterior, el Banco Central no compró dólares y el Tesoro llegó a vender US$150 millones para mantener el tipo de cambio por debajo de $1.500.

La señal que deja la rueda es, entonces, más compleja que un simple salto del dólar. El Gobierno parece haber tolerado un movimiento alcista acotado, mientras conserva herramientas para intervenir si la cotización amenaza con desbordarse. En paralelo, el mercado empieza a descontar que una menor presión sobre el tipo de cambio podría permitir una reducción de las tasas.

Ese eventual cambio sería relevante para la economía real. La construcción, entre otros sectores que enfrentaron mayores dificultades durante esta etapa, podría beneficiarse de condiciones financieras menos restrictivas. También podrían mejorar las posibilidades de refinanciación para empresas y hogares, siempre que la reducción de tasas no vuelva a alimentar una presión cambiaria que obligue a revertir la estrategia.

La jornada dejó así un nuevo precio de referencia, pero sobre todo una pregunta de política económica: cuánto puede dejar correr el Gobierno al dólar para aliviar las tasas sin perder el control sobre las expectativas cambiarias. La respuesta tendrá impacto directo sobre el crédito, la inversión y la velocidad de recuperación de la actividad.

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