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La actividad económica cayó 0,9% en el segundo trimestre y complica el repunte de 2026

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La economía argentina cerró el segundo trimestre de 2026 con una contracción de 0,9% respecto del trimestre anterior, en términos desestacionalizados, según el último informe de la consultora INVECQ. Se trata de la primera caída trimestral de la actividad económica desde el segundo trimestre de 2024 y marca un límite para la recuperación que había comenzado a consolidarse durante 2025.

La actividad económica cerró el segundo trimestre con una caída de 0,9% t/t desestacionalizada, la primera contracción trimestral desde el segundo trimestre de 2024. Aun así, el acumulado del primer semestre se mantiene positivo, con un crecimiento de 1,9% i.a., en parte explicado por el efecto arrastre del último trimestre de 2025 y acompañado por el crecimiento del agro (+9,9% i.a.), que aportó 1,3 p.p. al crecimiento del semestre, y por la explotación de minas y canteras, que contribuyó con 0,7 p.p. (+14,4% i.a.).

El dato de junio evitó un cierre de trimestre más adverso. Tras caer 1,6% en abril y 0,6% en mayo, la economía rebotó 0,8% m/m, por encima de lo esperado. La composición del dato mostró que los sectores catalogados como “perdedores”, pero con mayor peso en el empleo —industria, construcción y comercio—, mostraron variaciones positivas por primera vez en el trimestre.  E      n la comparación interanual, 12 de los 15 sectores crecieron, y la industria, con +1,9% i.a., aportó crecimiento después de varios meses de restar.

Aun así, el crecimiento interanual sigue mayormente traccionado por los sectores “ganadores”: explotación de minas y canteras fue la de mayor incidencia, con una variación de +15,6% i.a., seguida por agro (+4,6% i.a.), actividades intensivas en capital, generadoras de divisas y de baja absorción de empleo. La mejora de los sectores rezagados, en cambio, todavía es marginal y parte de niveles deprimidos, por lo que aporta más a la estabilización del piso que al ritmo de crecimiento.

Para 2026 proyectamos un crecimiento en torno al 2%-2,5%, aunque el sendero para alcanzarlo es exigente. Para llegar al 2,5%, la actividad debería crecer en promedio 0,75% mensual entre julio y diciembre, frente a un primer semestre que promedió una caída de 0,2% mensual; alcanzar el 2% requiere un crecimiento promedio de 0,5% mensual. Más desafiante aún luce el 2,7% proyectado por el REM del BCRA, que supone un ritmo mensual de 0,85%. Si bien esperamos una mejora gradual durante la segunda mitad del año (de la mano de un salario real que se podría recuperar en el margen dada la desaceleración de la inflación y un crédito que empieza a recuperarse levemente), una aceleración de esta magnitud todavía no se observa en los indicadores de alta frecuencia.

La evolución del crédito será una variable clave para determinar si la actividad logra despegar en la segunda mitad del año. Tras el estancamiento de comienzos de 2026, los préstamos al sector privado en pesos comenzaron a mostrar una recuperación en junio y julio, más marcada en empresas que en familias. Si esta tendencia se consolida, ayudada por el freno en la suba de la morosidad —cuyos indicadores adelantados ya muestran cierta moderación—, podría contribuir a sostener una recuperación gradual de la actividad en la segunda mitad del año y que el año cierre como estimamos en torno al 2/2,5%.

Finanzas y mercados

Esta semana el riesgo país volvió a superar los 500 p.b., reflejando un deterioro en la percepción de riesgo sobre los activos argentinos. Si bien el tipo de cambio esta semana tuvo una suba acotada, de cara a la próxima podrían observarse mayores niveles de volatilidad, especialmente el día del fixing del instrumento dollar-linked.

Esta semana, el riesgo país continuó en ascenso y llegó a rozar los 530 p.b. -algo que no se veía desde mayo- explicado en gran parte por una actividad económica débil (Ver sección Economía) e índices de confianza que no logran repuntar. En comparación con finales del mes anterior, el riesgo país argentino aumentó 94 puntos porcentuales, mientras que el riesgo de la región se mantuvo sin variaciones. Como se observa en el gráfico, se trató de un movimiento de carácter principalmente local, que implicó un desacople respecto del resto de los mercados latinoamericanos especialmente en lo que va del mes de agosto. La otra cara en la suba del riesgo país local fue la corrección de los bonos hard-dollar, particularmente aquellos bajo legislación local. A comienzos del mes pasado, cuando el riesgo país había alcanzado un mínimo de 403 p.b., estos instrumentos ofrecían rendimientos de entre 7,5% y 9%, según su duration, mientras que actualmente la mayoría vuelve a ubicarse en rendimientos por encima del 10%. Esta corrección mejora los puntos de entrada y, en caso de que el riesgo país retome la trayectoria descendente -en un contexto de mayor confianza-, deja un mayor upside para estos activos. La curva en pesos también reflejó una mayor tensión especialmente esta semana: las tasas fijas mostraron subas promedio superiores a los 200 p.b.- aunque esta presión tendió a moderarse hacia la última rueda de la semana. – y con la TAMAR avanzando también más 200 p.b. en la semana (de 24,2% a 26,5% en la semana), evidenciando el uso de la tasa para disciplinar al tipo de cambio.

Tal como anticipamos en la edición anterior, el mercado comenzó a incrementar la búsqueda de cobertura cambiaria ante un segundo semestre que suele presentar una mayor volatilidad del tipo de cambio. En este contexto, será relevante la próxima licitación del Tesoro, en la que vencen $13,9 bn en instrumentos en pesos y el equivalente a $3,9 bn en dollar-linked, que representan 28% del total de vencimientos. Del monto restante, 52% corresponde a instrumentos TAMAR y 20% a tasa fija. En particular, los vencimientos dollar-linked inicialmente alcanzaban aproximadamente $6 bn. Luego del canje realizado por el Tesoro esta semana -sexta operación del año- por unos $2 bn, el monto remanente se redujo a $3,9 bn, aunque continúa siendo elevado. El Tesoro buscó anticiparse a esta licitación mediante un canje de las letras dollar-linked con vencimiento el 31 de agosto (D31G6), ofreciendo instrumentos con vencimientos posteriores. En la operación se adjudicaron USD 1.354 M de la D30S6, con vencimiento en septiembre, y USD 141 M de la D30O6, con vencimiento en octubre.

Sin embargo, la tasa de aceptación fue de apenas el 34,1%, la menor del año y ubicándose, además, por debajo del promedio anual del 59%. Dado que estos instrumentos vencen el lunes 31 de agosto de 2026 y toman como referencia el tipo de cambio A3500 -el cual acumuló una suba semanal del 0,6%-, fijado el miércoles 26 es esperable que durante la próxima semana se observe una mayor presión sobre el mercado cambiario a medida que se aproxime dicha fecha. Cabe recordar que, en la última licitación del mes pasado, la jornada del fixing de la letra dollar-linked fue el único día en el año en el que el BCRA no logró comprar divisas en el MULC debido a la tensión de la demanda (incluso, el Tesoro vendió USD 150 M esa jornada). Con un vencimiento remanente sensiblemente mayor ($3,9 bn vs. $2,2 bn en la licitación previa), salvo que aparezca una oferta genuina de volumen, es probable que la presión cambiaria vuelva a intensificarse.

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El peso argentino está 19% sobrevaluado frente al dólar: qué revela el Índice Big Mac sobre el atraso cambiario

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Argentina vuelve a aparecer en una discusión conocida, aunque esta vez el termómetro no surge de las reservas, el comercio exterior ni de las cotizaciones financieras. Surge del precio de una hamburguesa.

La última actualización del Índice Big Mac, elaborado por The Economist y correspondiente a julio de 2026, estima que el peso argentino está sobrevaluado un 19% frente al dólar cuando la comparación se ajusta por las diferencias de ingreso entre países.

El resultado aporta otra señal a uno de los debates centrales de la economía argentina: cuánto se encareció el país en dólares y hasta qué punto el tipo de cambio acompaña el aumento que acumularon los precios internos.

La particularidad es que el indicador ofrece dos fotografías diferentes.

Si se observa únicamente el precio de mercado, Argentina todavía aparece como un país ligeramente más barato que Estados Unidos. Un Big Mac cuesta US$5,91 en Argentina frente a US$6,22 en Estados Unidos, una diferencia del 5%.

Pero esa comparación cambia cuando se incorpora una variable decisiva: el ingreso por habitante.

Según el cálculo de The Economist, por la diferencia de PIB per cápita entre ambos países, la hamburguesa debería costar en Argentina 20,2% menos que en Estados Unidos. Como la brecha real es de apenas 5%, el resultado es que el peso argentino aparece sobrevaluado en 19%.

Argentina se encareció en dólares

El dato no significa que el dólar necesariamente deba subir 19% ni constituye una proyección sobre el futuro del tipo de cambio. Pero sí ofrece una referencia interesante para medir cuánto se modificaron los precios relativos de la economía argentina.

El Índice Big Mac nació en 1986 como una manera sencilla de representar la teoría de la paridad del poder adquisitivo (PPA). La idea es que, a largo plazo, los tipos de cambio deberían tender hacia niveles que permitan que una misma canasta de bienes tenga precios similares entre diferentes países.

En Argentina, la señal resulta particularmente significativa por el fuerte movimiento de los precios internos. El propio análisis que acompaña al índice advierte que el país pasa de una ligera subvaluación en la comparación directa a una sobrevaluación cuando se incorpora el nivel de ingresos, un fenómeno asociado al avance de los precios domésticos.

En términos simples: Argentina puede seguir siendo algo más barata que Estados Unidos en dólares, pero resulta cara para el nivel de ingresos que genera su economía.

Y esa diferencia es relevante.

Porque el problema de un país que se encarece en dólares no se limita al turista argentino que encuentra más conveniente viajar al exterior. También impacta sobre empresas que deben competir con productos importados, industrias exportadoras cuyos costos se pagan en pesos pero se traducen a dólares y economías regionales que venden su producción en mercados internacionales.

El contraste regional

Argentina no es, sin embargo, la economía con mayor sobrevaluación de América Latina según este indicador.

El caso extremo es Uruguay. Allí un Big Mac cuesta US$8,94, 43,7% más que en Estados Unidos. Cuando se ajusta la comparación por PIB per cápita, el peso uruguayo aparece 77,4% sobrevaluado frente al dólar.

Le sigue Colombia, donde el peso aparece sobrevaluado 63,6% ajustado por ingresos. Costa Rica registra 38,1% y México, 25,4%.

Argentina, con su 19%, aparece después de ese grupo.

En niveles inferiores se encuentran Honduras, con 7,7%; Chile, con 6,1%; Nicaragua, con 5,9%; y Perú, prácticamente en equilibrio, con una sobrevaluación de apenas 0,5%. En sentido contrario, Brasil conserva una mayor competitividad cambiaria: el real aparece subvaluado alrededor de 6%, mientras que el quetzal guatemalteco registra una subvaluación del 9%.

La comparación con Brasil resulta especialmente significativa para Argentina por tratarse de su principal socio comercial y de un competidor directo para numerosas actividades industriales.

Mientras el Índice Big Mac ubica al peso argentino 19% por encima de su valor de equilibrio ajustado por ingresos, el real brasileño aparece 6% por debajo.

No constituye por sí sola una medición de competitividad bilateral, pero la diferencia ilustra dos estructuras de precios que se mueven en direcciones distintas.

La otra cara del dólar barato

Una moneda apreciada tiene beneficios evidentes para determinados sectores de la economía. Abarata en términos relativos los bienes importados, los viajes internacionales, la maquinaria y determinados insumos provenientes del exterior.

Pero también tiene costos.

Una moneda sobrevaluada encarece al país para el turismo receptivo y resta competitividad a las exportaciones, mientras que una moneda subvaluada produce el efecto inverso: vuelve al país relativamente más barato para extranjeros y mejora las condiciones de quienes venden al exterior.

La discusión adquiere una dimensión particular para provincias exportadoras como Misiones.

Yerba mate, té, madera y productos forestales compiten en mercados internacionales y tienen una parte importante de sus costos determinada dentro de la economía argentina. Si esos costos aumentan en dólares más rápido que los precios internacionales de los productos, los márgenes se comprimen aunque las exportaciones continúen creciendo en volumen.

Por eso, detrás de la curiosidad estadística de una hamburguesa aparece una discusión mucho más profunda: qué dólar necesita una economía que busca estabilizar sus precios sin perder capacidad para producir, exportar y competir.

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El dólar oficial cerró a $1.520

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El dólar oficial del Banco Nación cerró la primera jornada de la semana en los 1.470 pesos para la compra y 1.520 pesos para la venta, mientras que el blue superó la marca de los 1.530 pesos para la venta y escaló por encima de los 1.550 pesos para la venta.

En lo que fue el último lunes del séptimo mes del año, el dólar oficial del Banco Nación abrió la jornada a $1.468,03 para la compra y $1.518,86 para la venta.

¿Cómo fue la jornada para el resto de las divisas estadounidenses?

Por su lado, el dólar blue superó la barrera de los $1.500 en ambas operaciones. Para la compra se consiguió en los $1.540 al cierre de la jornada y quedó en $1.560 para la venta. Ambos ganaron 0,98% este lunes.

¿Cómo cerraron la ronda del lunes el dólar MEP, contado con liquidación y el dólar tarjeta?

Primero, por el lado del dólar MEP, la compra se cotizó en los $1.527,90 y cerró el día en el orden de los $1.535,80 para la venta. Esta última cotización finalizó de manera negativa con una pérdida de 0,09 por ciento.

En segundo término, el denominado dólar contado con liquidación terminó la rueda del lunes en los $1.597,90 para la compra y se finalizó en los $1.599,20 para la venta, con un alza de 0,28 por ciento.

Por último, la cotización del dólar tarjeta se ubicó en los $1.976 para la venta.

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Ravier abrió el debate cambiario: admitió que el dólar podría llegar a $1.800

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El Gobierno nacional volvió a colocar al tipo de cambio en el centro de la escena. Esta vez no fue por una medida económica, sino por las declaraciones del vocero presidencial, Adrián Ravier, quien aseguró que un dólar ubicado entre los $1.700 y $1.800 “en los próximos meses es una posibilidad”, al considerar que ese nivel se encuentra dentro de los márgenes esperados del actual régimen cambiario.

Las afirmaciones, realizadas durante una entrevista en un canal de streaming, generaron una inmediata reacción en el mercado y en redes sociales, donde economistas y analistas debatieron si el mensaje constituye simplemente una descripción del funcionamiento del esquema de bandas cambiarias o una señal que podría modificar las expectativas de los agentes económicos.

Ravier buscó transmitir tranquilidad y descartó un escenario de sobresaltos financieros. Sostuvo que el Gobierno no observa riesgos de una corrida cambiaria y defendió la estrategia económica implementada por el Ministerio de Economía y el Banco Central. En ese sentido, afirmó que la acumulación de reservas internacionales y el superávit de la cuenta corriente respaldan la consistencia del programa económico y permiten absorber una eventual suba gradual del tipo de cambio.

Sin embargo, el reconocimiento de que la cotización podría ubicarse cerca de los $1.800 abrió un nuevo debate sobre el efecto que una depreciación cercana al 20% podría tener sobre la inflación y el poder adquisitivo, especialmente en una economía donde el dólar continúa funcionando como una referencia para la formación de precios.

Las repercusiones no tardaron en aparecer. El analista financiero Carlos Maslatón cuestionó públicamente las declaraciones y consideró que fijar un valor esperado para la divisa puede incentivar una mayor demanda de cobertura cambiaria. En la misma línea, la economista Natalia Motyl sostuvo que cuando un funcionario menciona un precio objetivo para el dólar “establece un nuevo piso para las expectativas”, lo que podría alterar el comportamiento del mercado.

Por su parte, el economista Christian Buteler planteó una mirada más técnica. Explicó que un dólar de $1.800 puede ser compatible con el esquema de bandas administradas por el Banco Central, aunque advirtió que una corrección cambiaria de esa magnitud inevitablemente tendría efectos sobre los precios internos y, por consiguiente, sobre la inflación.

El episodio vuelve a poner de relieve el papel que cumplen las expectativas en la política económica. Más allá de que el Gobierno insista en que la evolución del tipo de cambio responde a un esquema previamente diseñado, las declaraciones oficiales tienen capacidad para influir sobre decisiones de consumo, ahorro e inversión.

Para provincias con fuerte perfil exportador como Misiones, la evolución del dólar tiene implicancias directas sobre sectores como la forestoindustria, el té, el tabaco y la yerba mate, aunque también impacta sobre los costos de insumos importados y sobre el comportamiento del comercio fronterizo con Brasil y Paraguay. En ese contexto, la estabilidad cambiaria continúa siendo uno de los factores más observados tanto por el sector productivo como por los consumidores.

Mientras el Gobierno busca consolidar su programa económico y sostener el proceso de desaceleración inflacionaria, el desafío seguirá siendo administrar las expectativas. En mercados altamente sensibles, las palabras de los funcionarios pueden convertirse en un factor tan relevante como las propias decisiones de política económica.

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El dólar volvió a subir y el minorista llegó a $1.510

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En el segmento minorista, el dólar en el Banco Nación subió $5 este jueves hasta los $1.510 para la venta, mientras que el promedio informado por el Banco Central cerró en $1.510,79.

El mercado cambiario volvió a mostrar firmeza en medio de la fuerte incertidumbre mundial con un precio del barril de crudo que llegó a los USD 100.

El mayorista subió 0,4% a hasta los $1.489. 

En paralelo, el blue avanzó a $1.555 para la venta, un nuevo récord nominal.

La brecha entre el precio de compra del sistema bancario y el mercado informal continúa incentivando la venta de dólares billete en las cuevas y agencias informales.

En los tres primeros días de esta semana el tipo de cambio mayorista subió $5, muy por encima de la caída de $13,50 registrada en idéntico lapso de la semana anterior.

Pese al repunte de las últimas ruedas, el tipo de cambio oficial acumula una suba de apenas $1 en julio, mientras que en todo 2026 avanza $28 (1,9%), muy por debajo de la inflación acumulada durante el primer semestre.  

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