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El Banco Central acelera compras de dólares y supera el 63% de la meta anual

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) volvió a intervenir con fuerza en el mercado y compró más de 235 millones de dólares en una sola jornada, en el Mercado Libre de Cambios (MLC), consolidando una secuencia de 71 ruedas consecutivas con saldo positivo. Con este movimiento, la autoridad monetaria ya superó el 63% de la meta de acumulación de reservas prevista para 2026, fijada en US$ 10.000 millones.

El dato no es menor: se inscribe en la “fase 4” del programa monetario impulsado por el Gobierno y expone una prioridad clara en la hoja de ruta oficial. La pregunta que se abre es si este ritmo de compras consolida un nuevo equilibrio cambiario o si depende de condiciones que podrían modificarse en el corto plazo.

El marco del programa y la lógica de acumulación

La estrategia de acumulación de reservas se convirtió en uno de los pilares del esquema económico vigente desde comienzos de año. Desde enero, el BCRA ya compró US$ 6.386 millones en el mercado mayorista, una cifra que lo posiciona por encima del umbral intermedio del objetivo anual.

El programa contempla, además, una meta flexible: los US$ 10.000 millones podrían ampliarse hasta US$ 17.000 millones si la demanda de dinero crece. Esa cláusula introduce una variable política y económica relevante, ya que vincula la acumulación de reservas con la evolución del consumo, la confianza y la actividad.

En paralelo, las reservas internacionales alcanzaron los US$ 45.779 millones tras subir US$ 32 millones en la jornada. Aunque por debajo del pico de US$ 46.905 millones registrado en febrero, el nivel actual mantiene una tendencia de fortalecimiento gradual.

El respaldo externo también juega su parte. En su última revisión, el Fondo Monetario Internacional (FMI) valoró la “acumulación incipiente de reservas” y destacó la mejora en la capacidad de respuesta ante crisis, en un contexto donde Argentina aparece como exportador neto de energía.

Impacto político y económico: entre respaldo técnico y presión real

La dinámica de compras posiciona al Gobierno en una zona de mayor previsibilidad financiera, al menos en términos formales. La acumulación de reservas funciona como señal hacia los organismos internacionales y como herramienta de estabilización frente a eventuales tensiones cambiarias.

Sin embargo, el dato también expone una tensión estructural: el ritmo de acumulación convive con una economía real que todavía enfrenta desafíos en términos de actividad y demanda. La propia arquitectura del programa —que condiciona la meta máxima al aumento de la demanda de dinero— refleja esa dependencia.

En el plano político, el respaldo del FMI fortalece la narrativa oficial sobre la consistencia del programa, mientras que la continuidad de las compras refuerza la idea de disciplina monetaria. Pero ese equilibrio requiere sostener condiciones de mercado favorables, algo que no depende exclusivamente de decisiones locales.

Un proceso en construcción

El sendero de acumulación de reservas muestra consistencia en los números, pero abre interrogantes sobre su sostenibilidad. La continuidad de las compras, el comportamiento del mercado cambiario y la evolución de la demanda de dinero serán variables clave en las próximas semanas.

Por ahora, el BCRA consolida un objetivo central del programa económico. Lo que todavía no está del todo definido es si este proceso marca un cambio estructural o si responde a una ventana de oportunidad que deberá ser validada en un escenario más exigente.

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El BCRA redefine la tasa de interés con un corredor y empuja a la baja el rendimiento de las Lecaps

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El Banco Central de la República Argentina activó un nuevo esquema de política monetaria al establecer un corredor de tasas que fija un piso del 20% y un techo del 25% nominal anual. La decisión, que convive con una fuerte inyección de pesos por compra de dólares, está generando un efecto inmediato: las Lecaps de corto plazo comprimen sus rendimientos y se acercan al límite inferior del rango. El movimiento no es técnico. Redefine cómo se forman las tasas en la economía y abre una pregunta clave: ¿hasta dónde puede bajar el costo del dinero sin tensionar el equilibrio cambiario?

Un cambio de lógica: del control directo al arbitraje de mercado

El corredor de tasas funciona como un marco de referencia. El Central absorbe liquidez a través de pases pasivos al 20% y presta a los bancos mediante pases activos al 25%, aunque estos últimos operan bajo condiciones acotadas —solo media hora diaria— como herramienta de contingencia.

El dato político-económico es otro: el BCRA deja de imponer una tasa de referencia rígida y permite que el tramo corto de las Lecaps actúe como señal para todo el sistema. Si ese segmento baja, arrastra al resto de las tasas.

A esto se suma un factor determinante: la compra sostenida de divisas. Cada intervención del Central inyecta pesos en el mercado. Parte de esa liquidez se esteriliza, pero no en su totalidad, lo que genera presión descendente sobre las tasas.

Tasas en baja: liquidez, expectativas y menor presión inflacionaria

Las Lecaps cortas ya operan con tasas mensuales de entre 1,50% y 1,74%, y una TNA promedio cercana al 20%, en línea con el piso del corredor. La dinámica responde a varios elementos que confluyen: mayor disponibilidad de pesos, menor oferta de instrumentos de corto plazo y un mercado que se siente más cómodo en horizontes inmediatos.

Según lo expresado por analistas del mercado, el BCRA no está resistiendo esa baja, sino convalidándola. El resultado es un reacomodamiento general del sistema financiero hacia tasas más bajas, en un contexto donde las expectativas inflacionarias muestran señales de desaceleración.

Otro dato operativo refuerza esa tendencia: la flexibilización de encajes bancarios. El Central redujo la integración mínima diaria del 75% al 65% y amplió los activos elegibles, lo que incrementa la liquidez disponible.

Crédito, dólar y control inflacionario

El nuevo esquema favorece al Gobierno en un punto sensible: tasas más bajas impulsan el crédito y, por esa vía, la actividad económica. También reducen el costo financiero del Estado.

Sin embargo, el equilibrio es delicado. Más pesos en circulación pueden presionar sobre el tipo de cambio si se canalizan hacia la demanda de dólares. El propio funcionamiento del corredor sugiere que el BCRA busca evitar saltos bruscos en las tasas, pero no elimina el riesgo de tensiones en otros frentes.

En ese marco, la estabilidad del dólar aparece como una variable crítica. Mientras se mantenga contenida, el esquema puede sostenerse. Si se altera, el margen de maniobra se reduce.

Entre la desinflación y el riesgo cambiario

La estrategia del Central parece apostar a un escenario de continuidad en la desinflación y abundante liquidez, al menos en el corto plazo. Factores como la liquidación de exportaciones y la dinámica del mercado de pesos serán determinantes.

Habrá que observar si la compresión de tasas se profundiza o encuentra un límite, y cómo reacciona la demanda de activos en pesos frente a ese nuevo equilibrio.

El corredor de tasas no solo ordena el presente. También define los márgenes de acción futuros en una economía donde cada punto de tasa impacta sobre inflación, crédito y tipo de cambio.

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El agro proyecta US$ 35.375 millones en divisas y refuerza el frente externo del Gobierno

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El sector agroexportador proyecta una liquidación de divisas por US$ 35.375 millones en 2026, según la última estimación de GEA-BCR, lo que implica un aumento cercano a US$ 1.000 millones respecto de la previsión del mes anterior. El ajuste responde a mejores precios internacionales y a un mayor volumen exportable, especialmente de maíz, en un escenario donde el Gobierno busca consolidar la estabilidad cambiaria y fortalecer reservas.

La proyección de la Bolsa de Comercio de Rosario se conoce en un momento en que la dinámica del ingreso de dólares vuelve a estar en el centro de la estrategia económica, tras un primer trimestre con liquidaciones por US$ 5.735 millones, por debajo de los US$ 6.200 millones del mismo período de 2025.

Más maíz y mejores precios: el ancla de la proyección

En su último informe mensual de estimación de producción nacional, de la Bolsa de Comercio de Rosario elevó sus previsiones para maíz 2025/26 a 67 Mt (+5 Mt vs. marzo) producto de un ajuste en las estimaciones de superficie implantada. Esta mayor oferta se traduce en un aumento en la proyección de exportaciones del cereal a 43 Mt para la campaña (vs. 41 Mt hace un mes), un aumento en el uso forrajero (+0,7 Mt) y un incremento en los stocks finales de la campaña (+2,3 Mt). 

Las 43 Mt de exportaciones de maíz ya representarían un récord para el país, pero cabe mencionar que este número puede sufrir ajustes en los próximos meses de acuerdo a cómo se acomode la oferta en los otros dos grandes países exportadores (EE.UU. y Brasil) hacia la segunda mitad del ciclo argentino 2025/26. 

Por el lado de nuestro país vecino, la CONAB viene ajustando a la baja sus estimaciones de producción de zafrinha, que compite directamente con el maíz tardío argentino; a la vez que prevé un aumento en la demanda doméstica, apuntalado por una mayor producción de bioetanol. 

En cuanto a EE.UU., el USDA prevé una disminución en la superficie sembrada de maíz para la próxima campaña 2026/27 ante los elevados costos de fertilizantes y el impacto en los márgenes. 

De reducirse efectivamente la oferta para la nueva campaña en ambos países competidores y dejando un menor saldo exportable, se podría abrir una oportunidad para que Argentina continúe con un programa de embarques sólido durante prácticamente toda la campaña local, dando margen a elevar la estimación total de exportaciones para el ciclo maicero 2025/26. Sin embargo, este es un elemento para monitorear en el transcurso de la campaña, y la proyección actual se ubica en 43 Mt.

Este ajuste al alza en las estimaciones de las exportaciones de maíz a 43 Mt desde los 41 Mt previstos hace un mes; sumado a un programa de embarques más acelerado de semillas de girasol y precios levemente mayores a los vigentes hace un mes producto del conflicto bélico en Medio Oriente dejan a la actualización en la estimación de liquidación de divisas del agro en US$ 35.375 millones para 2026, lo que significa un incremento de casi US$ 1.000 millones respecto de marzo. 

Normalización del flujo de dólares

En los primeros 3 meses del año el agro liquidó un estimado de US$ 5.735 millones, por debajo de los US$ 6.200 del primer trimestre del año pasado. Una de las explicaciones de esto se encuentra en el programa de eliminación temporaria de retenciones vigente durante septiembre 2025, que dejó como saldo un adelantamiento en el volumen de dólares ingresado durante ese mes y el impacto de un menor ingreso en los meses subsiguientes. 

Sin embargo, se estima que ese fenómeno encontró su fin en marzo, y hacia adelante el flujo de dólares del agro al mercado cambiario se normalizará. La diferencia entre el monto de dólares ingresado al MLC y las exportaciones devengadas informadas por INDEC se encuentran prácticamente equilibradas. Desde mayo 2025, el “saldo a favor” de las exportadoras, es decir la diferencia entre los dólares ingresados al MLC y los despachos al exterior, se fue incrementando hasta llegar a un máximo de US$ 7.700 millones en septiembre, mes de vigencia del mencionado programa de eliminación temporaria de DEX. A partir de allí, ese saldo a favor fue retrocediendo y la estimación de marzo marca un equilibrio, lo que hace suponer que las exportadoras ya agotaron los dólares ingresados bajo el programa. 

Por este motivo, tal como se aprecia en el siguiente gráfico, se estima que el flujo de divisas del agro se incremente notoriamente a partir de abril, manteniéndose por encima del promedio del último lustro para todos los meses que restan del 2026. Entre abril y diciembre se estima que la liquidación de divisas acumule US$ 29.600 millones: US$ 16.500 millones de soja y derivados, US$ 7.500 millones de maíz, US$ 2.200 millones del complejo trigo, US$ 2.400 millones del complejo girasol, US$ 500 millones del complejo cebada, US$ 300 millones de sorgo y US$ 600 en otros cereales y oleaginosas.

Qué mirar en los próximos meses

La proyección de US$ 35.375 millones marca un escenario más favorable para el frente externo, pero su consolidación dependerá de múltiples variables.

Entre ellas, la evolución de la cosecha local, la oferta global de granos, los precios internacionales y la capacidad del sector exportador para sostener el ritmo de liquidación. También será clave monitorear si el flujo de divisas efectivamente se acelera desde abril, como anticipa el informe.

El ingreso de dólares del agro vuelve a ser una pieza central del tablero económico. Su comportamiento definirá, en buena medida, el margen de maniobra del Gobierno en los próximos meses.

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El Banco Central flexibiliza el cepo para personas humanas y exportaciones: una apertura selectiva del mercado de cambios

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El Banco Central activó el 9 de abril una batería de cambios en el régimen de “Exterior y Cambios” que modifica reglas clave para exportadores, ahorristas y operadores financieros. A través de la Comunicación A 8417, la autoridad monetaria eliminó la obligación de liquidar divisas para personas humanas en exportaciones de bienes bajo ciertas condiciones, extendió beneficios ya vigentes para servicios y amplió plazos y márgenes operativos en el mercado cambiario. La medida entra en vigencia desde el 10 de abril y plantea una pregunta de fondo: ¿es el inicio de una liberalización progresiva o un ajuste táctico dentro del cepo?

Un giro técnico con impacto político

El núcleo de la decisión pasa por un cambio sensible: las personas humanas que exporten bienes ya no estarán obligadas a liquidar sus divisas, siempre que ingresen los fondos por el mercado oficial dentro de los plazos establecidos y cumplan condiciones equivalentes a las exportaciones de servicios.

La medida amplía además esa lógica a todos los servicios, consolidando una excepción que hasta ahora tenía alcance más limitado. En paralelo, el Banco Central ajustó otros engranajes del sistema: elevó a 365 días el plazo de liquidación para determinados bienes, flexibilizó pagos financieros y eliminó restricciones para retiros de efectivo en el exterior con tarjetas.

El paquete no es homogéneo, pero tiene un hilo conductor: reducir fricciones operativas sin desmontar completamente el esquema de control. La regulación sigue exigiendo ingreso de divisas, pero relaja la obligación de liquidarlas inmediatamente.

Reglas nuevas sobre una arquitectura vigente

Las modificaciones se insertan en el texto ordenado de “Exterior y Cambios”, que sigue siendo el marco central del control cambiario. No hay derogación del sistema, sino ajustes en puntos específicos.

Entre los cambios más relevantes, se destaca la ampliación del plazo para exportaciones entre empresas vinculadas, con un límite de aplicación para exportadores que no hayan superado los USD 200.000.000 en ventas externas el año previo. También se habilita el acceso anticipado —hasta tres días hábiles antes del vencimiento— al mercado de cambios para pagos de títulos, y se flexibilizan condiciones para cancelar deudas con contrapartes vinculadas, siempre que se cumplan requisitos de plazo y refinanciación.

A la vez, se incorporan nuevas exigencias de control. Por ejemplo, para transferencias al exterior se requerirá una declaración jurada que compromete al cliente a no operar con títulos en moneda extranjera durante 90 días, salvo excepciones puntuales. Además, el Banco Central prevé la implementación de un sistema online obligatorio para registrar estas operaciones.

El esquema, así, combina apertura con monitoreo más fino.

Impacto y señales al mercado

Desde el punto de vista económico, la flexibilización apunta a sectores específicos: exportadores individuales, prestadores de servicios y operadores con necesidades financieras puntuales. La eliminación de la obligación de liquidar divisas puede mejorar incentivos para canalizar ingresos por vías formales, especialmente en actividades donde la retención de moneda extranjera es habitual.

Al mismo tiempo, la extensión de plazos y la flexibilización en pagos financieros alivian tensiones de flujo para empresas con operaciones internacionales. No se trata de una liberalización total, pero sí de una reducción de costos regulatorios.

En términos de correlación de fuerzas, el Banco Central mantiene el control del sistema, pero cede margen en segmentos donde la rigidez podía generar desincentivos o desvíos. La medida no requiere intervención del Congreso, lo que refuerza la capacidad del Poder Ejecutivo de ajustar la política cambiaria por vía regulatoria.

Entre la apertura y el control

El paquete deja un mensaje dual. Por un lado, se amplían libertades operativas en exportaciones y finanzas. Por otro, se refuerzan mecanismos de seguimiento y compromisos formales, como las declaraciones juradas y los registros obligatorios.

La clave estará en la implementación. La efectividad del nuevo sistema online, el cumplimiento de los compromisos de los clientes y la reacción del mercado frente a estas señales serán variables a observar en el corto plazo.

El Banco Central mueve piezas en un tablero delicado. Relaja sin desmontar. Abre sin soltar del todo. Y deja planteado un interrogante que excede esta norma: hasta dónde puede avanzar la flexibilización sin alterar el equilibrio del régimen cambiario.

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Caputo viaja a EE.UU. para destrabar USD 1.000 millones y redefine con el FMI la meta de reservas

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El ministro de Economía, Luis Caputo, viajará la próxima semana a Washington D.C. para participar en las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, en un contexto donde la Argentina aún no logra cerrar la segunda revisión del acuerdo vigente. El dato central: está en juego la aprobación de un desembolso por USD 1.000 millones que impactaría directamente sobre las reservas.

La delegación argentina —integrada también por el viceministro José Luis Daza y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili— llegará a Estados Unidos con una negociación abierta desde hace dos meses y con un punto crítico en discusión: la dificultad para transformar compras de dólares en acumulación efectiva de reservas.

La negociación: reservas en el centro del acuerdo

El eje técnico de la revisión no pasa por el frente fiscal ni monetario, sino por la dinámica de reservas. Según lo informado, el Banco Central compró cerca de USD 5.000 millones en lo que va del año, aproximadamente la mitad de la meta prevista para 2026.

Sin embargo, ese volumen no se tradujo en un fortalecimiento equivalente de las reservas netas. Parte de esos dólares fue absorbida por el Tesoro para afrontar pagos y obligaciones en moneda extranjera, lo que limita el impacto sobre el stock del BCRA.

Este punto se convirtió en el principal foco de discusión con el FMI: no se trata solo de generar divisas, sino de retenerlas.

Metas flexibles y posible “waiver”

El escenario se completa con un probable pedido de “waiver” (dispensa) por el incumplimiento de la meta de reservas en 2025. En paralelo, el Gobierno busca redefinir los objetivos futuros.

Tras la primera revisión, las metas trimestrales quedaron establecidas en niveles más bajos: reservas netas de USD -3.100 millones al cierre del primer trimestre, USD 1.600 millones para el segundo y USD 8.400 millones hacia fin de año.

Caputo plantea modificar esa lógica. Según expresó, el equipo económico propone reemplazar metas trimestrales por objetivos anuales, bajo el argumento de que el flujo de divisas depende de variables difíciles de anticipar, como el comportamiento de exportadores.

Menos rigidez y foco en la dinámica real de dólares

La negociación apunta a introducir mayor flexibilidad en el esquema de seguimiento del acuerdo. El cambio de metas implicaría reducir la presión sobre el corto plazo y trasladar la evaluación hacia un horizonte más amplio.

Al mismo tiempo, el Gobierno enfrenta restricciones externas: sin acceso pleno al mercado internacional de deuda —en un contexto donde el riesgo país se ubica en torno a los 550 puntos básicos—, la estrategia depende casi exclusivamente del superávit comercial y de la intervención en el mercado cambiario.

El FMI condiciona el ritmo del programa

El viaje de Caputo también tiene una dimensión política. La presencia conjunta con Daza y Bausili busca mostrar cohesión del equipo económico ante el FMI y los países miembros del organismo.

El Fondo, por su parte, mantiene capacidad de condicionamiento sobre el ritmo del programa económico. La aprobación del desembolso no solo implica liquidez, sino también una señal de respaldo institucional.

En ese equilibrio, la discusión sobre reservas se convierte en el punto donde se cruzan credibilidad, financiamiento y sostenibilidad del esquema cambiario.

Reservas, estabilidad y expectativas

El resultado de la negociación tiene efectos concretos sobre la economía. La acumulación de reservas es un factor clave para sostener la estabilidad cambiaria y reducir la incertidumbre financiera.

Si el desembolso se concreta, el BCRA podría fortalecer su posición, aunque el desafío estructural —retener los dólares— seguiría vigente.

Efectos indirectos sobre actividad y consumo

Para economías como Misiones, el impacto aparece por vía indirecta. La estabilidad cambiaria y la disponibilidad de divisas influyen sobre precios, costos logísticos y nivel de actividad, variables sensibles en una provincia con fuerte dependencia del comercio y las cadenas productivas regionales.

Sin datos específicos en el texto base, el efecto se vincula principalmente a la evolución macroeconómica general.

Negociación en curso y variables críticas

La segunda revisión del acuerdo sigue abierta. Entre las variables a observar se destacan la definición de nuevas metas, la eventual aprobación del “waiver” y la decisión final del FMI sobre el desembolso.

También será clave el margen que obtenga el Gobierno para flexibilizar el esquema de seguimiento sin comprometer la credibilidad del programa.

El resultado de las reuniones en Washington marcará el ritmo financiero de las próximas semanas.

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