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Gerardo Alonso Schwarz: “La salida del cepo es un paso hacia la normalización, pero el equilibrio fiscal es la verdadera clave”

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El economista jefe de la Fundación Mediterránea en la región NEA, Gerardo Alonso Schwarz, consideró que el acuerdo alcanzado con el Fondo Monetario Internacional y la decisión de levantar el cepo cambiario representan señales positivas para la economía argentina, pero advirtió que su efectividad dependerá de la consistencia fiscal del Gobierno. En diálogo con Economis, remarcó que el tipo de cambio más competitivo puede beneficiar a las economías regionales y a los sectores exportadores, aunque llamó a la cautela en las expectativas de corto plazo.

“Esto estaba bastante demorado. Estábamos expectantes de cuál era la letra chica de ese acuerdo con el Fondo. Ya se sabía hace algunos días que se había llegado a un preacuerdo con el staff, o a nivel técnico, pero faltaba la letra chica y ayer lo escuchamos. Así que, en primer lugar, una buena noticia que se haya logrado ese acuerdo con el Fondo que estaba demorando y generando incertidumbre, sobre todo en la economía argentina”, señaló Alonso Schwarz.

Además, subrayó que el escenario internacional también suma presión. “El contexto mundial claramente en las últimas dos semanas se enrareció bastante. Las medidas de Trump generaron un vuelo hacia activos de calidad por parte de los inversores, lo que hizo subir el riesgo país de Argentina hasta los 1000 puntos. Esta medida y este acuerdo con el Fondo despejan un poco las nubes y dan mayor previsibilidad, por lo menos por los próximos meses, a la economía argentina.”

Respecto al levantamiento del cepo, evaluó que “la primera reacción es: finalmente empezamos a salir de esto, más allá de que había sido una promesa de campaña del actual presidente. La verdad es que se estaba demorando. Este cepo comenzó en sus primeras versiones allá por 2011, cuando las personas tenían que empezar a pedir autorización a la AFIP. No sé si se acuerdan de esa autorización que se pedía por sistema, por internet, y la AFIP te decía cuánto podías comprar. Nunca quedó claro cuál fue la ecuación utilizada”.

El economista remarcó que las restricciones se endurecieron desde 2019 y que el cepo terminó afectando no solo a las empresas que necesitaban girar utilidades o pagar importaciones, sino también a quienes percibían beneficios sociales y no podían acceder al mercado de divisas.

“Todo esto comienza finalmente a desandarse y eso es una buena noticia porque comienza a normalizarse también la economía argentina. Aunque si la pregunta es si esto significa que el lunes a las 9 de la mañana, cuando estén todos los mercados abiertos, vamos a estar en Suiza… claramente no. Pero sí es un paso hacia esa normalización y hacia la solución de algunos de los problemas que veníamos acumulando ya por casi 15 años.”

Impacto en Misiones y tipo de cambio

Consultado por el efecto en las economías del NEA, Alonso Schwarz fue claro: “El dólar, la modificación del tipo de cambio, hace más competitiva a todas las economías que están integradas con competidores extranjeros. Y esto no solo es válido para el sector forestal o el tealero que exporta a Estados Unidos o Asia, sino también para el comercio de Posadas, de Iguazú, de Bernardo de Irigoyen, que compite con Encarnación, Foz de Iguazú o Dionisio Cerqueira”.

Por eso, opinó que el nuevo esquema podría beneficiar las ventas minoristas y el comercio fronterizo “por lo menos en el cortísimo plazo”. Pero enfatizó que “habrá que ver cómo sigue la evolución de ese tipo de cambio”.

Al ser consultado sobre cuánto puede valer el dólar tras la unificación, fue enfático: “Es imposible saberlo. Cualquiera que te diga tal número o tal otro simplemente está teniendo una corazonada, pero no tiene ningún tipo de análisis. Es muy difícil saber cómo van a actuar todos los agentes económicos: grandes bancos de inversión, multinacionales, pequeños ahorristas… Los exportadores van a comenzar a liquidar los granos de la zona núcleo, pero no se sabe cuándo. Puede pegar primero una pequeña subida, pero no creo que se estabilice muy lejos de un valor intermedio entre los dos extremos actuales.”

¿Por qué esta vez sería diferente?

Alonso Schwarz fue tajante al identificar la clave que sostiene el nuevo modelo económico impulsado por Javier Milei: “La gran diferencia, y creo que es la clave del Plan Económico Nacional, es el equilibrio fiscal o el superávit fiscal. Esa es la clave de estas políticas económicas”.

“Si se mantiene el equilibrio fiscal, esto le da confianza a todos los agentes económicos, y van a confiar también en el tipo de cambio. Si se llegase a erosionar eso, vuelven todos los temores acerca de devaluaciones cíclicas, competitivas, etcétera, y entramos nuevamente en ese ciclo vicioso”, advirtió.

Para concluir, señaló que “sí, hay algo distinto esta vez, y tiene que ver con ese superávit fiscal que se logró el año pasado y que se estaría también logrando este año. Más allá de que en las últimas dos semanas por ahí no hubo tan buenas noticias, porque creció un poquito más el gasto público, lo importante van a ser los valores de todo el año. Esperemos que se mantengan en esa línea, porque es la clave del modelo”.

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Adolfo Safrán: “No es la salida ideal, pero es mejor que lo que veníamos transitando”

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El ministro de Hacienda de Misiones, Adolfo Safrán, evaluó con cautela la salida del cepo cambiario y consideró que, aunque no se trata de una solución perfecta, representa una mejora respecto del escenario anterior, marcado por una fuerte recesión y un tipo de cambio desajustado que perjudicaba a las economías regionales, el turismo y el comercio fronterizo. En diálogo con Economis, Safrán destacó que la medida se inscribe en un paquete más amplio que incluye un nuevo préstamo del Fondo Monetario Internacional y la instauración de una banda cambiaria.

“En realidad es la liberación del cepo más el préstamo del Fondo Monetario Internacional —que no está claro aún en cuanto a los tramos y la libre disponibilidad— más la banda cambiaria”, explicó el funcionario provincial, que remarcó que el salto en la cotización del dólar era previsible.

“La verdad es que la fluctuación del dólar era previsible. No se soportaba más esta situación con un programa económico que se había vuelto muy recesivo. Para sostener el dólar y vender dólares, debían sacar pesos de circulación, lo que resentía la economía”, advirtió.

Safrán agregó que el impacto negativo de ese esquema se sentía en múltiples planos de la actividad: “Sumado a un comercio desfavorable en todos los ámbitos —fronterizo, turismo y comercio exterior— esta salida, si bien no es la ideal, es mejor de lo que veníamos”.

Sobre los posibles efectos locales, el ministro se mostró optimista: “Posiblemente el puente se incline un poco hacia nosotros ahora, el sector exportador tenga mejores perspectivas y el turismo extranjero levante”. Y aunque reconoció que podría haber algún traslado a precios, minimizó su impacto: “Algo irá a precios, pero no creo que tanto”.

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Desde este lunes se podrá comprar dólar libre en Banco Macro a través de canales digitales

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En un movimiento largamente esperado por el mercado, Banco Macro confirmó que este lunes 14 de abril comenzará a vender dólares libremente a todos los clientes que cumplan con los requisitos establecidos por el Banco Central de la República Argentina (BCRA). La operatoria estará disponible desde las 10 de la mañana y podrá realizarse de manera completamente digital.

“Banco Macro informa que ya tiene todos sus sistemas listos para, a partir del lunes 14 a las 10 hs., vender dólares a todos los clientes habilitados según la operatoria dispuesta por el BCRA. La compra podrá realizarse a través de los canales digitales de Banco Macro”, anunció la entidad en un comunicado oficial.

Este anuncio se da en el marco del levantamiento del cepo cambiario que venía restringiendo la compra de divisas extranjeras desde 2011, y marca un paso decisivo hacia la unificación del tipo de cambio.

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¿Qué fue el cepo cambiario?

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El cepo cambiario es una serie de restricciones al acceso a las divisas extranjeras, que se aplican en Argentina desde 2011. Estas restricciones tienen como objetivo controlar la salida de divisas del país y evitar la especulación con el dólar. Desde el lunes 14 de abril será levantado, según anunció el ministro Luis Caputo.

Qué es el cepo cambiario

Las restricciones del cepo cambiario incluyen:

  • Limitaciones a la compra de dólares por parte de personas físicas y jurídicas.
  • Requisito de autorización previa para la compra de dólares para viajes al exterior.
  • Limitaciones a la venta de dólares por parte de las empresas.

Que impacto tuvo el cepo cambiario

El cepo cambiario ha tenido un impacto significativo en la economía argentina. Ha dificultado el acceso a las divisas extranjeras para las empresas, lo que ha reducido la inversión y la producción. También ha aumentado el costo de vida para los argentinos, ya que ha generado una escasez de dólares y ha elevado el precio de los bienes importados.

Cuándo se levantará el cepo cambiario

“Desde este lunes se termina el cepo cambiario”, dijo Caputo, quien agradeció al presidente Javier Milei por su “liderazgo, generosidad y valentía”.

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La devaluación no es una solución al endeudamiento

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Escribe Daniel Lacalle / Mises Institute – Devaluar el dólar estadounidense: cómo hacer que Estados Unidos vuelva a ser más pobre

En los últimos días, hemos leído numerosos artículos sobre un posible acuerdo entre la administración estadounidense y sus principales socios comerciales para devaluar el dólar estadounidense. Se le ha llamado “El Acuerdo de Mar-A-Lago”, un concepto inspirado en el Acuerdo Plaza de 1985, que tenía como objetivo devaluar el dólar estadounidense para abordar los desequilibrios comerciales. Ese plan fracasó.

El objetivo, según los medios financieros, sería debilitar el dólar estadounidense, impulsar la competitividad de las exportaciones estadounidenses y reequilibrar el comercio mundial. Otra propuesta consiste en reestructurar la deuda estadounidense mediante el intercambio de las obligaciones existentes por bonos a más largo plazo, como los bonos del Tesoro a 100 años, para aliviar las presiones fiscales. Sin embargo, esta sería una idea peligrosa y potencialmente contraproducente.

El concepto del Acuerdo de Mar-A-Lago parte de dos premisas equivocadas, que son creer que las exportaciones estadounidenses no son lo suficientemente grandes debido a una moneda fuerte y que la deuda es demasiado alta debido a la fortaleza del dólar estadounidense. Ambas son simplemente incorrectas.

Las exportaciones de Estados Unidos son relativamente bajas en comparación con otras naciones, con un 11 por ciento del PIB, en comparación con el 42 por ciento de Alemania, el 29 por ciento del Reino Unido o el 21 por ciento de Japón, por ejemplo. Sin embargo, las principales razones de las exportaciones relativamente pequeñas de Estados Unidos no tienen nada que ver con la moneda. Estados Unidos es un mercado enorme y las empresas nacionales no necesitan exportar para fortalecer sus ganancias y ventas. También es rica en recursos naturales, lo que la hace relativamente autosuficiente, lo que reduce la necesidad de importaciones y, por extensión, limita el incentivo a la exportación. Estados Unidos es el mayor productor de petróleo y gas del mundo, y el valor estimado de sus recursos naturales es de aproximadamente 45 billones de dólares. Además, con 331 millones de personas en 2023, el gasto de los consumidores representa aproximadamente el 70 por ciento del PIB de EE. UU.

Estados Unidos es uno de los mercados más grandes del mundo, pero lo más importante es que es el más rico. La mediana del gasto de los consumidores individuales es mucho mayor que en países como China o India, y el tercio superior de la distribución del ingreso representa alrededor del 56 por ciento del gasto. Con 5 billones de dólares en 2024, es el mayor mercado minorista del mundo. Además, la economía de los Estados Unidos es principalmente una economía de servicios. Los servicios, incluidos los servicios profesionales y empresariales, son más difíciles de exportar, y el tamaño y la riqueza del mercado interno hacen que en la mayoría de los casos no sea necesario vender en el extranjero.

La manufactura en los Estados Unidos no es pequeña, del 10 por ciento del PIB, debido a la fortaleza de la moneda nacional, sino a las cargas impuestas por la regulación a las industrias. Además, reducir artificialmente los costos con una moneda más débil es una fórmula perdedora, ya que siempre hay alguien más dispuesto a destruir su moneda más rápido.

La manufactura estadounidense no puede competir en el extranjero destruyendo el poder adquisitivo de la moneda. Significa pobreza inmediata para los estadounidenses. Debe competir en productos de valor agregado, como lo han demostrado la tecnología y otros sectores.

Canjear la deuda existente a corto plazo por bonos a largo plazo también es una pésima idea porque crearía el incentivo para que el gobierno aumente el endeudamiento y no aborde su problema de gasto estructural. Reestructurar la deuda forzando una depreciación artificial del dólar estadounidense también asustaría a los inversores en bonos, que temerían, con razón, que otras administraciones recurrieran al mismo truco en el futuro. ¿Por qué compraría un bono a 100 años de una nación que puede devaluar su moneda regularmente cada vez que regresan esos desafíos de deuda? Esta propuesta no es una herramienta para mantener al dólar estadounidense como moneda de reserva mundial, sino una garantía de pérdida de su estatus global.

Ninguno de los desafíos de exportación y deuda de Estados Unidos mejoraría con una devaluación del dólar estadounidense, y uno crucial se deterioraría: la inflación.

Estados Unidos ya sufre una inflación elevada debido a las políticas fiscales y monetarias equivocadas. La inflación acumulada del 24 por ciento sufrida por los estadounidenses en los últimos cuatro años provino precisamente de las medidas intervencionistas sobre la cantidad y el precio del dinero, que inflaron el gasto público y la deuda, lo que llevó a un crecimiento récord de la oferta monetaria en décadas y, con él, a las actuales presiones inflacionarias. Con una devaluación, los precios subirían inmediatamente en dólares estadounidenses y el poder adquisitivo de los salarios disminuiría.

La devaluación no mejora la productividad ni el valor agregado industrial, por lo que cualquier disminución en los costos se traduciría en el empobrecimiento de los trabajadores y ahorradores estadounidenses.

La devaluación es un default de facto y la manifestación de la insolvencia de una nación.

No se puede esperar devaluar la moneda al mismo tiempo que se controla la inflación y la deuda. La devaluación hace que el gobierno abandone el ajuste necesario de sus hábitos de gasto, y el problema de la sostenibilidad de la deuda resurge en un corto período de tiempo. Los salarios reales sufren, el consumo real se debilita, toda la economía se empobrece artificialmente en dólares estadounidenses a medida que aumenta la inflación, y solo los sectores clientelas y el gobierno se benefician porque pueden perpetuar sus ineficiencias y desequilibrios en una moneda cada vez menos valiosa.

La devaluación no es una solución al endeudamiento. Incentiva un mayor endeudamiento en un gobierno que ya es adicto al gasto. Además, empeora el efecto de desplazamiento, ya que la deuda pública desplaza al crédito del sector privado, que se encarece a medida que la moneda se debilita y la inflación aumenta.

Si la devaluación de la moneda fuera una medida real de competitividad, Argentina y Venezuela serían las naciones más competitivas del planeta.

La devaluación zombifica a unos pocos sectores clientelares poco competitivos y a un gobierno fiscalmente irresponsable a costa de empobrecer a todos los demás.

Un dólar estadounidense fuerte reduce las presiones inflacionarias y mantiene bajas las tasas de interés. Ambos efectos son positivos para los ahorradores, los trabajadores y las familias a medida que la economía privada se fortalece y los salarios reales mejoran. Un dólar estadounidense fuerte también es positivo para el gobierno y las empresas. El capital y la inversión extranjera directa fluyen hacia los EE.UU., y los costos de endeudamiento de las empresas y el gobierno se mantienen bajos debido al aumento de la demanda. Las empresas también pueden realizar adquisiciones internacionales a un costo más barato, tanto en tasas más bajas como en ajustes cambiarios.

Una política monetaria sólida y una moneda fuerte también son esenciales para mantener el estatus de moneda de reserva mundial. Si una pequeña proporción de los sectores económicos de EE.UU. sufre de un dólar fuerte, es un precio que vale la pena pagar a cambio de ser la nación más rica del mundo, con la moneda más utilizada, una reserva de valor y una inversión digna para el resto del mundo.

El mayor error que puede cometer la administración Trump es seguir políticas de devaluación de empobrecer al vecino para disfrazar un desequilibrio estructural del gobierno.

La devaluación no es una herramienta para las exportaciones. Es una herramienta para el amiguismo y siempre termina con la desaparición de la moneda como reserva valiosa.

Los problemas de los Estados Unidos son complejos y no hay una solución fácil. Necesita abordar su excesiva regulación e impuestos que agobian a los fabricantes, pero también necesita frenar el gasto público y la interminable flexibilización monetaria que erosiona el poder adquisitivo de los salarios y hace sufrir a las familias y las pequeñas empresas.

Si la administración actual trabaja para defender los empleos estadounidenses, los salarios de los trabajadores y las familias, un dólar estadounidense fuerte es prueba de que está logrando sus objetivos.

Una economía fuerte no necesita una moneda débil.

Daniel Lacalle economista y gestor de fondos, profesor de economía global en el IE Business School de Madrid.

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