dólar

La inversión y el crecimiento siguen transitando en la incertidumbre

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Transcurridos 18 meses desde la asunción de la nueva administración encabezada por #MACRI, estos coinciden con la apertura de la campaña electoral correspondiente a los nuevos comicios legislativos a desarrollarse entre las PASO de Agosto y las elecciones generales de Octubre. Ello abre una nueva instancia para el gobierno ya que tendrá su primer test electoral para conocer en las urnas el termómetro de la calle y más importante aún, si el curso del programa económico que tiene en mente llevar a cabo, se sustenta en la legitimidad que reciba de los resultados.

En este año y medio de gobierno, los pros quedaron del lado del blanqueo, la salida del cepo, el arreglo con los fondos buitres y la inserción con el mundo. Por el lado de los contras, sin dudas el crecimiento y la inversión siguen transitando un camino de mucha incertidumbre aun en año impar y electoral, donde la inflación si bien bajará a la mitad respecto de 2016, todavía sigue lejos de haber sido domada. A ello debe sumarse que el gasto público se acerca a los 50 puntos del PBI y la presión tributaria no soporta más un solo aumento, lo que representa sin dudas el mayor de los escollos (hay otros más por supuesto) para que la Argentina resulte tentadora a la hora de poner un peso para inversión.

En ese contexto, sumado a la suba del dólar que tuvo un fuerte rally alcista durante el último mes posicionándose con un nuevo piso, el acuerdo final con los docentes en la provincia de Buenos Aires, los casos de corrupción por las coimas de la constructora brasilera Oderbrecht que salpican a toda la política y al de la ex presidente #CFK al decidir participar de las elecciones legislativas, es que llegamos a esta mitad del 2017 donde la campaña ya arranca y seguramente las decisiones más profundas como necesarias que le urgen al país serán pospuestas para después de noviembre o principios de 2018 como si el país pudiera darse el lujo de esperar semejante tiempo.

Situación actual

 Con la mirada más en lo coyuntural, y respecto al #DOLAR es importante comenzar explicando que a partir de la salida del cepo se determinó un nuevo mecanismo de flotación cambiaria donde la divisa es fijada libremente por el efecto de la oferta y la demanda aunque dentro de ciertos límites. Por consiguiente, los efectos internos y externos pasan a jugar un papel distinto en la cotización a diferencia de los que sucedía durante el cepo donde el efecto de una suba lo podíamos observar en la brusca caída de reservas para poder mantener el tipo de cambio. Por otro lado también es cierto que desde el último del cepo hasta las últimas 3/4 semanas, el dólar no había experimentado grandes fluctuaciones, excepto algunos chispazos que ocasionara el Brexit con una suba del 8%, como la victoria de Trump con un +4%. De hecho recién en mayo último el efecto Brasil cuando Temer parecía un presidente destituido, produjo un aumento del 3% e inclusive la sorpresa que significo que el MSCI el pasado 20 de Junio no elevara al país a la categoría de país emergente, también produjo un pequeño salto de la divisa. Pero con cada uno estos sucesos externos, a los pocos días apareció la oferta y la divisa retrocedió al mismo nivel anterior. Sin embargo, el cierre de listas del pasado 24 de Junio produjo un movimiento interno político donde la moneda experimentó una volatilidad inusual y luego de seis meses de cotizar en torno a los $16 pesos sumó varias ruedas de suba en las que acumuló un avance de casi el 8% en 10 días, encontrando inclusive un nuevo piso más cerca de $17.

Por otro lado, cabe recordar que durante este último año mucho se habló de que el dólar venía bastante atrasado producto en gran parte de la inflación, luego por la fuerte toma de deuda para financiar el déficit fiscal y también ayudado por las liquidaciones del campo. De hecho si tomáramos como base los $13,95 como valor del dólar desde la salida del cepo y el inicio de la flotación cambiaria, el mismo aumento hasta estos días solo un 25% cuando en el mismo periodo experimentamos una inflación de casi el 54%, es decir que de todos los bienes de la economía, el dólar fue de los que menos vio aumentar su precio desde la salida del cepo. Es cierto que la coyuntura electoral siempre plantea incertidumbres, ello se traduce en dolarización de carteras. Sin embargo, esta volatilidad con la ayuda de la oferta encontrará pronto un nuevo equilibrio, siempre y cuando se establezca dentro de los límites que el BCRA considere aceptable, de lo contrario tiene reservas suficientes (casi USD 48mil millones) para salir a contener cualquier suba extra. Pero es necesario comprender que el sistema de flotación que tenemos tiene estos vaivenes.

Otra situación para destacar es la creación del IPC Nacional que comenzó a regir con la publicación del Indec de la #INFLACION de junio, el cual pasara a ser la nueva brújula que el BCRA utilizará para tomar decisiones de política monetaria a partir de ahora. El mismo marcó un 1,2% de suba mensual, acumulando un aumento del 11.8% en lo que va del año lo cual muestra una inflación anualizada del 25%, todavía lejos de la meta del 17% propuesto, sobre todo porque el mes de julio será difícil en materia de precios de los bienes regulados con la última suba oficializada de combustibles, prepagas, cigarrillos, etc. Los índices de precios más altos en el mes se muestran tanto en el Gran Buenos Aires como en la región del NEA con 1,4%, los sigue el área patagónica con 1,1% y luego con 1% Cuyo y la región pampeana, siendo la región del NOA la menos afectada por los precios con 0,9%.

Por el lado de la inflación núcleo que excluye a los regulados y estacionales, dio un poco más arriba en la mensual con 1,3%, pero acumula un 10,7% en el semestre que anualizado llega al 22,5%. De todas formas la entidad monetaria se muestra optimista de cara al último semestre e inclusive espera un cuarto trimestre con subas de 1% en el índice general. En resumen, 22,4% es la tasa de inflación interanual registrada en el mes de junio para el promedio nacional. Y constituye la tasa de aumento de precios más baja desde febrero del año 2010, hace exactamente 7,4 años. Sin embargo, la meta anual sigue estando lejos y la inflación núcleo muestra una mayor resistencia a la baja por lo que el Banco Central permanece alerta y con una política monetaria que deberá endurecer, sobre todo porque sigue girando dinero emitido al tesoro y eso contrarresta el objetivo.

Respecto a la #ACTIVIDAD, se informó el primer cuarto del año y la economía ya acumula tres trimestres seguidos en alza. El crecimiento fue de +1,1% respecto al último trimestre de 2016 y la variación fue del +0,3% en relación al mismo periodo del año anterior, por encima de las estimaciones privadas. En la descomposición del análisis, por el lado de la Oferta Global hubo un aumento del 4,3% en las importaciones de bienes y servicios reales. En la Demanda global se observó un alza de 3% en la formación bruta de capital fijo. El consumo público registró una suba de 1%, mientras que el consumo privado creció 0,9%; y las exportaciones de bienes y servicios reales registraron una variación de -1,8%. El valor agregado más importante se dio en el sector de la pesca donde se observó un crecimiento interanual de 31,1% pero la construcción a través de la obra pública principalmente también viene mostrando buenos números durante todo 2017.

Perspectivas

A pocos meses de cumplirse la mitad del mandato de este gobierno, es ciertamente preocupante observar que las medidas más fundamentales que el país está necesitando hace ya demasiado tiempo, solo se comenten en conferencias de prensa o vía twitter, a la vez que no solo no se avanzan sobre ella sino que se deterioran con más impuestos y regulaciones. Este gobierno asumió con la firme convicción de volver al mundo, de comerciar con todos, de combatir el narcotráfico, de bajar la inflación y reflotar el mercado de créditos hipotecarios. Además, de reformar el sistema impositivo, fiscal, laboral y previsional, todas medidas necesarias para atraer inversiones, crecer y salir de un estancamiento que lleva casi 6 años sin generar empleo en el sector privado.

Sin embargo el único foco por el que se lo vio hasta el momento atacar con toda su artillería fue para terminar con el cepo cambiario, para generar un blanqueo de capitales que sin dudas fue tan exitoso como la salida del cepo, pero sobre todo cuando solucionó rápidamente el problema con los fondos buitres. El gobierno anterior, a quien los mercados internacionales le dieron la espalda, se encargó de vaciar al Banco Central y utilizó la maquinita como herramienta para financiar el déficit fiscal, generando una inflación feroz y por supuesto distorsionando todos los precios de la economía, lo que sin dudas en 2016 se pagó.

Ahora, este gobierno, si bien tomo las riendas decidido a eliminar la inflación, no ataco el déficit y encima lo aumentó, es decir mutamos de emisión monetaria a deuda externa como método adicional a la terrible presión impositiva para seguir financiando un gasto aún mayor. Por consiguiente, a través del BCRA comenzó un enorme trabajo de absorción de pesos a través de colocación de LEBACs a tasas sumamente elevadas a fin de generar una contracción monetaria tal como los libros lo indican para producir una desinflación y equiparar la cantidad de dinero con su demanda. Pero aquí el problema es que esta política en forma aislada jamás puede tener éxito si no es acompañada por una disminución del gasto público. Así, alternamos meses con una inflación del 3% o 4% a otros con 1% o menos y cuando pensamos que lo peor pasó y comenzamos a bajar la tasa, en seguida rebrotan los precios y mientras tanto la base de LEBACs se transformó en una peligrosa bola de nieve cortoplacista que tiene el mismo tamaño que la base monetaria y para colmo genera déficit cuasi fiscal a través de los intereses que se deben pagar por la colocación. No obstante ello, sin dudas la inflación bajará casi a la mitad este año respecto de 2016, pero a costa de permanecer demasiado tiempo sin palpar resultados reales.

Y tal como viene sucediendo con todos los gobiernos últimamente, se someten a un testeo de su gestión a través de las elecciones de medio término de octubre y por ende, las decisiones de mayor envergadura parecen quedar otra vez a la espera de los resultados de los comicios. El problema de esta metodología tan utilizada, es que también los inversores terminan dilatando proyectos a la espera de los resultados. Y el gobierno termina perdiendo tiempo preciado a cosas que urgen puesto que la presión impositiva y los costos laborales en el mientras tanto fulminan a las pymes, a las economías regionales y a todo el sector privado que soporta la carga de un gasto publico insostenible para lo que este país hoy produce. Es decir, no hay decisión política de atacar un problema del cual todos o casi todos estamos convencidos de que existe, pero por cobardía, falta de ideas, de un plan integral o simplemente por falta de convicción, no se llevan adelante mediante excusas como el costo social, como si los costos sociales de no hacerlo no fueran los suficientemente graves para el trabajador en su vida cotidiana o para el empresario a la hora de sostener fuentes de trabajo.

Conclusión

La economía creció sólo +0,4% en los primeros 4 meses del año, un pobre y magro rebote económico luego de la caída de -2,2% en 2016. Ahora bien, mirando sector por sector los datos permiten anticipar que durante mayo y junio la economía aceleró su tasa de crecimiento a no menos del +2,0% interanual. Se reactivó la construcción desde marzo y se sumó el repunte de la industria desde mayo. Además la recaudación tributaria al cierre del primer semestre acumuló una suba de +30,7% respecto a 2016, lo cual permite anticipar la reactivación del demorado consumo, el cual se verá reforzado sin dudas con el aguinaldo y el cierre de las paritarias pendientes.

Todos estos indicadores permiten prever que la economía llegará creciendo a un ritmo del +3% al momento de las elecciones. Sin embargo, dicho crecimiento no llegará ni en la magnitud, ni en los tiempos o en la calidad esperada por el gobierno. Por supuesto que el rebote económico es siempre bienvenido para una administración que a pesar de errores propios, desde que asumió apaga incendios macroeconómicos heredados, esquiva con deuda la calamitosa realidad de Santa Cruz, y quiere llegar creciendo a las elecciones. Pero Argentina es un país que fue potencia en los inicios del siglo XX, cayó a emergente ya para mediados del siglo pasado, y se hundió a la condición de frontera en la última década. En el camino, el país dejó de ser uno de los países que lideraba la globalización, para terminar encerrado y escondido detrás del INDEC. Por eso, la mirada del mundo no está en las cuentas públicas, aun cuando se heredó un desmadre fiscal. No está en el stock de reservas, pese a que este gobierno recibió un BCRA vaciado que vendió a futuro lo que ya no había. La mirada está puesta en un paso anterior. Está en saber si la sociedad con su voto ratifica o rectifica la decisión de una economía con mayores libertades y procurar un Estado compatible con una economía abierta.

Con demasiadas décadas de frustraciones a cuesta, es claro que mientras el mundo apostó a las libertades y a la globalización para el desarrollo de sus sociedades, la Argentina apostó a encerrarse y al Estado presente. Ahora resulta que para tocar los precios de economías globalizadas nos agolpamos mayormente en la frontera paraguaya o chilena para comprar todo tipo de productos baratos y variados, inclusive en el resto de los países limítrofes, los cuales están decididos a insertarse en el mundo. Las elecciones de octubre próximo le permitirán a la Inversión saber si los argentinos quieren ser parte del mundo o si todavía les tienta la idea del mito de Vivir con lo Nuestro e inventar sus propias reglas. Tengamos claro que el mundo apostará por el país, si antes nosotros apostamos a las ideas que antes nos hicieron potencia.

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El dólar sube hoy y alcanza un nuevo máximo histórico

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El dólar sigue subiendo en el día de hoy con un incremento de unos 18 centavos en el promedio de las pizarras de las casas de cambio de la city porteña, alcanzando los $17,57 un nuevo máximo histórico.

Siempre hay que poner en contexto que cuando se habla de un máximo histórico se trata del valor nominal. En términos reales (es decir, en poder adquisitivo) el dólar sigue estando muy barato (o retrasado) para todos los análisis.

La dolarización de carteras sigue firme a pesar de que el Banco Central subió un poco ayer la tasa que paga a los inversores en LEBACs, buscando justamente que esa enorme masa de dinero (ayer vencían unos 500.000 millones de pesos) no se vaya a la moneda nortemamericana.

El Banco Central elevó las tasas de las Lebac al 26,5% anual (para el plazo más corto) en la licitación mensual y terminó inyectando $81.000 millones. Es decir, se liberó un monto de dinero que presionó sobre la cotización del dólar.

Hay que tener en cuenta que para las elecciones todos preven que la moneda norteamericana se mantenga firme y/o pueda subir más.

En ese marco, la divisa mayorista de bancos escala 11 centavos a $ 17,39, por lo que anota un nuevo récord.

Héctor Cosentino, asesor financiero de empresas, destacó al portal Ambito.com que “tras la decisión del Banco Central de ayer, el dólar mostrará tendencia a la suba en una primera instancia pero luego, con el poder de fuego de la autoridad monetaria, se mantendrá entorno a los $ 17,40 hasta las PASO”.

El especialista comentó que “el análisis pasa hoy por qué sucederá con el tipo de cambio después de las elecciones primarias, aunque los dos resultados posibles en octubre convergen en la misma actitud frente al dólar. Si el gobierno gana, se sentirá fuerte como para devaluar el peso facilitando la reactivación económica, y si pierde, ya sin elecciones a la vista, buscará cambiar su actitud y también terminará devaluando, siendo enero un mes propicio para este tipo de operaciones”.

En tanto, en la principal casa de cambio del centro posadeño, el dólar se vendía a $18,40.

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Amplían emisión del Bonar 2024 por u$s 210 millones para pagar acuerdo en Ciadi

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El Gobierno dispuso ampliar por u$s 210 millones la emisión del Bonar 2024, con el fin de cancelar un acuerdo que alcanzó en el tribunal del Ciadi por un fallo adverso contra la empresa Total SA.

Vale recordar que el Centro Internacional de Arbitrajes (Ciadi), que depende del Banco Mundial, rechazó en 2016 un último recurso de la Argentina y confirmó que nuestro país debía pagarle a la petrolera francesa Total SA.

Para hacer efectivo el crédito, la empresa se presentó ante un tribunal argentino, la Cámara Federal en lo Contencioso Administrativo, que certificó el laudo extranjero que la beneficia para, así, poder cobrar esa suma.

La causa se inició en 2001, cuando a raíz de la emergencia económica, la empresa demandó por ruptura del equilibrio económico financiero del negocio que desarrollaba.

Ahora, de acuerdo con la Resolución 112-E/2017 del Ministerio de Finanzas, publicada en el Boletín Oficial, se aprobó el acuerdo de pago, y se dispuso la ampliación de la emisión del Bonar 2024 por u$s 210 millones con el fin de cumplir con el pago.

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Déficit récord en el sector externo como telón de fondo de la suba del dólar

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    • En la última década, el saldo de Cuenta Corriente (CC) evidenció un deterioro significativo, pasando de un superávit de 2,8% del PBI en 2006 a un déficit de 2,7% del PBI el año pasado. Esto se produjo principalmente por la pérdida de competitividad cambiaria.
    • Los datos del primer trimestre de 2017, mostraron un incremento de casi 40% del rojo en la cuenta corriente, respecto al resultado del mismo período de 2016, alcanzando el mayor déficit para el período en análisis de los últimos años.
    • La profundización del déficit en el primer trimestre del año estuvo explicada por el deterioro del saldo de bienes y servicios y los mayores pagos (netos) de intereses. La novedad fue que este último componente trepó 62% i.a. alcanzando US$ 1.910 millones.

    La cuenta corriente: un deterioro de larga data

    La escalada que sufrió el dólar en las últimas semanas, responde en parte a factores coyunturales (ligados a las definiciones políticas pre-electorales) pero también al desequilibrio del tipo de cambio real. La persistente inflación en un contexto de dólar planchado profundizó el atraso cambiario en los primeros meses del año, lo que tuvo impacto en el saldo de la Cuenta Corriente (CC). La CC contabiliza las operaciones corrientes con el resto del mundo. Sus principales componentes son: el saldo comercial de Bienes, de Servicios, y de Rentas (utilidades de las empresas y pago de intereses).

    En la última década nuestro país sufrió un deterioro progresivo de la CC, al pasar de un superávit de 2,8% del PBI en 2006 a un déficit de 2,7% del PBI el año pasado, perdiendo 5,5 p.p. Lo que explica este deterioro fue principalmente el atraso cambiario (la baja del precio internacional de la soja y la desinversión en energía también tuvieron su impacto).

    Tras la salida de la convertibilidad, el superávit en el intercambio de Bienes permitía financiar el déficit de Servicios y de la cuenta Renta. Sin embargo, el punto de inflexión se produjo en 2010, cuando dicho superávit comenzó a reducirse sin lograr compensar los déficits que se producían en servicios y rentas (ese año se registró el primer rojo de CC). Más aún, en 2015 hasta el saldo de bienes se volvió negativo algo que se repetiría este año.

    Al deterioro del intercambio de Bienes se sumó, por el mismo motivo, el creciente rojo del saldo de Servicios. Si bien históricamente fue deficitario (entre 2006-2010 promedió un rojo del 0,5% del PBI), desde 2011 incrementó sostenidamente su peso dentro del PBI hasta llegar a un rojo de 1,6% del PBI el año pasado, duplicando el superávit de Bienes conseguido el año pasado tras la devaluación y la eliminación del cupo y derechos a las exportaciones.

    A contramano de estas dos líneas, la cuenta Rentas mostró una tendencia decreciente desde 2010. Sin dejar de ser deficitaria: el rojo pasó de 3,4% del PBI en 2010, a 2,2% en 2016.

    Parte de esta “mejora” obedeció a la reducción de la carga de intereses pagados al exterior, como resultado del aislamiento de los mercados financieros internacionales durante el último mandato kirchnerista: en 2006 este concepto era de 1,2% del PBI, y en 2015 alcanzó un mínimo de 0,7% del PBI. Pero lo que redujo significativamente el déficit fueron los menores dividendos generados: pasaron de 2,5% del PBI en 2010, a 1,2% del PBI en 2016.

    El esquema económico actual de mayor apertura comercial y endeudamiento externo obliga a seguir de cerca la evolución de la CC y, en particular, del saldo Rentas. Los números de la del primer trimestre de 2017 muestran una clara profundización del déficit. Veamos.


    Empeoran todos los componentes de la Cuenta Corriente en 2017

    Conforme a los datos de Balanza de Pagos (BP) recientemente publicados por el INDEC, en el primer trimestre de 2017 el déficit de la Cuenta Corriente (CC) alcanzó poco más de US$ 6.800 millones, lo que significó un incremento de casi 40% respecto del rojo de los primeros tres meses del año pasado, convirtiéndose así en el mayor déficit de los últimos años para el período bajo análisis (tanto en términos del PBI como en millones de dólares).

    De esta manera, tomando el acumulado de los últimos cuatro trimestres, el rojo de la CC alcanzó 3% del producto, vs. 2,7% del PBI en 2016. El aumento del déficit de la CC respondió a un deterioro de sus tres principales componentes: el saldo de Bienes, de Servicios y de Rentas, que empeoraron su resultado respecto a lo ocurrido en el primer trimestre de 2016.

    El incremento del déficit entre el primer trimestre de 2017 respecto de dicho período del año pasado fue de US$ 1.944 millones. Esto respondió al deterioro de los saldos de Bienes               (US$ -681 millones), de Servicios (US$ -672 millones) y de Rentas (US$ -798 millones). El ingreso neto de transferencias corrientes permitió compensar mínimamente este resultado ya que la diferencia fue positiva en US$ 208 millones respecto al primer trimestre de 2016.

    Por el lado del intercambio de Bienes, en el primer trimestre de 2017 se observó un crecimiento de las importaciones (+7,4% i.a.) por encima del de las exportaciones (+1,8% i.a.). De esta forma, el superávit de US$ 180 millones conseguido a comienzos del año pasado tras la devaluación, quita/reducción de retenciones y cupos a las exportaciones, se convirtió en un déficit de US$ 500 millones durante los primeros tres meses de 2017[1].

    En lo que respecta al saldo Servicios, el déficit alcanzó los US$ 3.215 millones en los primeros tres meses de 2017, registrando un crecimiento del 26,4% respecto de igual período del año pasado y más que duplicando del rojo observado en los primeros tres meses de 2015 (US$ -1.520 millones). De esta forma, la brecha entre los ingresos y egresos de la cuenta de servicios alcanzó un nuevo record: si tomamos el acumulado de los últimos cuatro trimestres, el rojo trepó a 1,6% del PBI, cuando en 2016 el déficit había sido de 1,1% del PBI y entre 2006-2010, el saldo de Servicios promedió un rojo anual de 0,5% del PBI.

    Si bien las ventas de servicios al exterior aumentaron en el primer trimestre de 2017 (+11% i.a.), los egresos por esta cuenta lo hicieron a un mayor ritmo (+17,5% i.a.). Entre enero y marzo se acumuló una pérdida record de US$ 6.900 millones, equivalente a 52% de las importaciones de bienes (entre 2006-2016 no superó un tercio de las compras de bienes).

    El deterioro de la cuenta de Bienes y de Servicios no es una novedad respecto de la tendencia que se venía mostrando en los últimos años, sobre todo teniendo en cuenta el contexto de profundización del atraso cambiario, mayor apertura comercial y recuperación de la actividad en los primeros tres meses de 2017. Lo más novedoso tiene que ver con las mayores pérdidas de divisas por Rentas: US$ 3.676 millones se pagaron al exterior en forma neta en los primeros tres meses del año, casi 28% más que en igual período de 2016.

    El saldo Rentas está compuesto por el pago de intereses, y las utilidades/dividendos (de acuerdo a la metodología del BP, se computan las utilidades generadas, independientemente de que se remitan al exterior o reinviertan). Si bien ambos conceptos tienen un peso similar dentro del saldo Rentas, lo que explicó la profundización del déficit en el primer trimestre del 2017 fueron los mayores intereses netos. Estos treparon 62% respecto de los primeros tres meses de 2016 (alcanzando US$ 1.910 millones) mientras que las utilidades netas sólo crecieron 4,5% i.a. en el primer trimestre de 2017.

    De esta manera, la carga de intereses netos acumulada en los últimos cuatro trimestres llegó a 1,1% del PBI, cuando en 2015 había representado 0,7% del PBI. La estrategia del gobierno actual de reabrir la cuenta capital (CK) está comenzando a reflejarse dentro de la CC, abultando la pérdida de divisas por intereses, fenómeno que la anterior administración había revertido por el canje de deuda y el aislamiento externo.

     

    Sostenibilidad del déficit de Cuenta Corriente en el mediano plazo

    El déficit de Cuenta Corriente (CC) suele verse como una demanda interna que supera la producción interna (en contraposición al aumento del ahorro nacional). Asimismo, el deterioro de la CC responde a un mayor ritmo de expansión de la inversión y el consumo respecto de la oferta local. Un aumento del déficit es sostenible si y sólo si permite generar en el futuro un excedente para repagar el financiamiento externo recibido.  

    Cuando analizamos el saldo Bienes en detalle, se observa que el incremento de las importaciones ha venido más por el lado de los bienes de consumo y automóviles (+26% i.a. en el acumulado de los primeros cinco meses del año), que de bienes de capital e intermedios (+6,5% i.a.). De manera análoga, en el primer trimestre del año los pagos de los residentes por viajes al exterior aumentaron cerca de 21% i.a. (crecieron en US$ 670 millones, prácticamente lo mismo que incremento del déficit de servicios).

    Por lo tanto, el uso de los recursos que hoy se obtienen del exterior parecen dirigirse más a la adquisición de bienes y servicios de consumo que a la de aquellos que potencian la capacidad de repago de la economía (ampliación de la capacidad exportable). A esto se suma un creciente pago de intereses que surge del financiamiento externo del déficit de sector público. Como se ha dicho en varias oportunidades, el endeudamiento no es malo ni bueno per sé, la clave es para que se use. Lo que sí es nocivo es aumentar las colocaciones de deuda en el exterior sin generar un salto exportador (de bienes y/o servicios).

    [1] La metodología del BP excluye los costos de fletes y seguros dentro de las importaciones (se incluyen dentro de la cuenta de servicios), lo cual hace que este saldo de bienes sea mayor al que informa también el INDEC en el ICA, donde las importaciones incluyen estos costos (CIF).

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El verdadero brote verde

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En estos últimos días y lo que es sin dudas algo muy habitual en nuestra Argentina adolescente, el dólar vuelve a estar en boca de todos demostrando una vez más, que el billete verde puede permanecer bastante tiempo en penumbras, sin embargo el menor aleteo político, lo pone nuevamente en primera plana. Ahora bien, ¿Es para preocuparnos este rally alcista que lleva varias jornadas?

Es importante comenzar explicando que a partir de la salida del cepo en diciembre de 2015, cuando se produjo más un sinceramiento que una devaluación en el valor del dólar en el orden del 42% (de $9.84 a $13.95), se determinó un nuevo mecanismo de flotación cambiaria donde la divisa es fijada libremente por el efecto de la oferta y la demanda aunque dentro de ciertos límites no establecidos por el Banco Central de la República Argentina. Por consiguiente, los efectos internos y externos pasan a jugar un papel distinto en la cotización a diferencia de los que sucedía durante el cepo donde el efecto de una suba se veía en la caída de reservas para mantener el tipo de cambio en caso de que la divisa intentara escaparse.

Si bien es cierto que desde el 17 diciembre de 2015, el dólar no había experimentado grandes fluctuaciones, tanto el Brexit con una suba del 8%, como la victoria de Trump con un otra de 4%, ya habían puesto a la divisa a trotar.

De hecho en mayo último el efecto Brasil con la casi salida de Temer del poder, produjo un aumento del 3% e inclusive la sorpresa que significo que el MSCI el pasado 20 de Junio no elevara al país a la categoría de país emergente, también produjo un pequeño salto de la divisa.

Pero a pesar de todos y cada uno de estos sucesos externos, a los pocos días nuevamente apareció la oferta y la divisa retrocedió.

Sin embargo, el cierre de listas del pasado 24 de Junio sobre todo luego de que se dieran a conocer los nombres de los candidatos, entre los cuales figura la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner, produjo un movimiento interno político donde la moneda experimentó su propio brote verde, y luego de seis meses de cotizar en torno a los $16 pesos sumó varias ruedas de suba en las que acumuló un avance de casi el 5% en los últimos 10 días.

No obstante el efecto interno mencionado, también existía la sensación de que el dólar en los valores previos a esta suba, venía bastante atrasado producto en gran parte de la fuerte toma de deuda para financiar el déficit fiscal, ayudado por una no menor liquidación de cosecha gruesa que tiene su periodo fuerte en el segundo trimestre de cada año.

Adicionalmente y a modo muy simplista, si tomáramos como base los $13,95 como valor del dólar desde la salida del cepo y el inicio de la flotación cambiaria, el mismo aumento hasta estos días solo un 25% cuando en el mismo periodo experimentamos una inflación de casi el 54%, es decir que de todos los bienes de la economía, el dólar fue de los que menos vio aumentar su precio desde la salida del cepo.

Ahora bien, tengamos muy presente que la coyuntura electoral siempre plantea incertidumbres, ello se traduce en dolarización de carteras y nuestro sistema electoral plantea elecciones cada dos años lo cual claramente no ayuda. Sin embargo, esta volatilidad actual con la ayuda de la oferta encontrará un nuevo equilibrio, siempre y cuando se establezca dentro de los límites que el BCRA considere aceptable, de lo contrario tiene reservas suficientes (casi USD 48mil millones) para salir a contener cualquier suba extra.

Recordemos también que el tipo de cambio establecido por el presupuesto para este año es de $18 y muy probablemente este sea su valor para fines de año o al menos hasta las elecciones de fines de octubre.

Finalmente, sin lugar a dudas el resultado electoral marcará un nuevo camino para la divisa estadounidense. Si el oficialismo no logra una buena elección, una nueva dolarización de carteras plantearía un nuevo cambio de tendencia puesto que pondría en serias dudas la posibilidad de mantener el programa económico actual. Por el contrario, si el gobierno logra consolidarse, la calma se apoderará de la cotización del billete verde en el corto plazo.

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