dólar

Déficit récord en el sector externo como telón de fondo de la suba del dólar

Compartí esta noticia !
    • En la última década, el saldo de Cuenta Corriente (CC) evidenció un deterioro significativo, pasando de un superávit de 2,8% del PBI en 2006 a un déficit de 2,7% del PBI el año pasado. Esto se produjo principalmente por la pérdida de competitividad cambiaria.
    • Los datos del primer trimestre de 2017, mostraron un incremento de casi 40% del rojo en la cuenta corriente, respecto al resultado del mismo período de 2016, alcanzando el mayor déficit para el período en análisis de los últimos años.
    • La profundización del déficit en el primer trimestre del año estuvo explicada por el deterioro del saldo de bienes y servicios y los mayores pagos (netos) de intereses. La novedad fue que este último componente trepó 62% i.a. alcanzando US$ 1.910 millones.

    La cuenta corriente: un deterioro de larga data

    La escalada que sufrió el dólar en las últimas semanas, responde en parte a factores coyunturales (ligados a las definiciones políticas pre-electorales) pero también al desequilibrio del tipo de cambio real. La persistente inflación en un contexto de dólar planchado profundizó el atraso cambiario en los primeros meses del año, lo que tuvo impacto en el saldo de la Cuenta Corriente (CC). La CC contabiliza las operaciones corrientes con el resto del mundo. Sus principales componentes son: el saldo comercial de Bienes, de Servicios, y de Rentas (utilidades de las empresas y pago de intereses).

    En la última década nuestro país sufrió un deterioro progresivo de la CC, al pasar de un superávit de 2,8% del PBI en 2006 a un déficit de 2,7% del PBI el año pasado, perdiendo 5,5 p.p. Lo que explica este deterioro fue principalmente el atraso cambiario (la baja del precio internacional de la soja y la desinversión en energía también tuvieron su impacto).

    Tras la salida de la convertibilidad, el superávit en el intercambio de Bienes permitía financiar el déficit de Servicios y de la cuenta Renta. Sin embargo, el punto de inflexión se produjo en 2010, cuando dicho superávit comenzó a reducirse sin lograr compensar los déficits que se producían en servicios y rentas (ese año se registró el primer rojo de CC). Más aún, en 2015 hasta el saldo de bienes se volvió negativo algo que se repetiría este año.

    Al deterioro del intercambio de Bienes se sumó, por el mismo motivo, el creciente rojo del saldo de Servicios. Si bien históricamente fue deficitario (entre 2006-2010 promedió un rojo del 0,5% del PBI), desde 2011 incrementó sostenidamente su peso dentro del PBI hasta llegar a un rojo de 1,6% del PBI el año pasado, duplicando el superávit de Bienes conseguido el año pasado tras la devaluación y la eliminación del cupo y derechos a las exportaciones.

    A contramano de estas dos líneas, la cuenta Rentas mostró una tendencia decreciente desde 2010. Sin dejar de ser deficitaria: el rojo pasó de 3,4% del PBI en 2010, a 2,2% en 2016.

    Parte de esta “mejora” obedeció a la reducción de la carga de intereses pagados al exterior, como resultado del aislamiento de los mercados financieros internacionales durante el último mandato kirchnerista: en 2006 este concepto era de 1,2% del PBI, y en 2015 alcanzó un mínimo de 0,7% del PBI. Pero lo que redujo significativamente el déficit fueron los menores dividendos generados: pasaron de 2,5% del PBI en 2010, a 1,2% del PBI en 2016.

    El esquema económico actual de mayor apertura comercial y endeudamiento externo obliga a seguir de cerca la evolución de la CC y, en particular, del saldo Rentas. Los números de la del primer trimestre de 2017 muestran una clara profundización del déficit. Veamos.


    Empeoran todos los componentes de la Cuenta Corriente en 2017

    Conforme a los datos de Balanza de Pagos (BP) recientemente publicados por el INDEC, en el primer trimestre de 2017 el déficit de la Cuenta Corriente (CC) alcanzó poco más de US$ 6.800 millones, lo que significó un incremento de casi 40% respecto del rojo de los primeros tres meses del año pasado, convirtiéndose así en el mayor déficit de los últimos años para el período bajo análisis (tanto en términos del PBI como en millones de dólares).

    De esta manera, tomando el acumulado de los últimos cuatro trimestres, el rojo de la CC alcanzó 3% del producto, vs. 2,7% del PBI en 2016. El aumento del déficit de la CC respondió a un deterioro de sus tres principales componentes: el saldo de Bienes, de Servicios y de Rentas, que empeoraron su resultado respecto a lo ocurrido en el primer trimestre de 2016.

    El incremento del déficit entre el primer trimestre de 2017 respecto de dicho período del año pasado fue de US$ 1.944 millones. Esto respondió al deterioro de los saldos de Bienes               (US$ -681 millones), de Servicios (US$ -672 millones) y de Rentas (US$ -798 millones). El ingreso neto de transferencias corrientes permitió compensar mínimamente este resultado ya que la diferencia fue positiva en US$ 208 millones respecto al primer trimestre de 2016.

    Por el lado del intercambio de Bienes, en el primer trimestre de 2017 se observó un crecimiento de las importaciones (+7,4% i.a.) por encima del de las exportaciones (+1,8% i.a.). De esta forma, el superávit de US$ 180 millones conseguido a comienzos del año pasado tras la devaluación, quita/reducción de retenciones y cupos a las exportaciones, se convirtió en un déficit de US$ 500 millones durante los primeros tres meses de 2017[1].

    En lo que respecta al saldo Servicios, el déficit alcanzó los US$ 3.215 millones en los primeros tres meses de 2017, registrando un crecimiento del 26,4% respecto de igual período del año pasado y más que duplicando del rojo observado en los primeros tres meses de 2015 (US$ -1.520 millones). De esta forma, la brecha entre los ingresos y egresos de la cuenta de servicios alcanzó un nuevo record: si tomamos el acumulado de los últimos cuatro trimestres, el rojo trepó a 1,6% del PBI, cuando en 2016 el déficit había sido de 1,1% del PBI y entre 2006-2010, el saldo de Servicios promedió un rojo anual de 0,5% del PBI.

    Si bien las ventas de servicios al exterior aumentaron en el primer trimestre de 2017 (+11% i.a.), los egresos por esta cuenta lo hicieron a un mayor ritmo (+17,5% i.a.). Entre enero y marzo se acumuló una pérdida record de US$ 6.900 millones, equivalente a 52% de las importaciones de bienes (entre 2006-2016 no superó un tercio de las compras de bienes).

    El deterioro de la cuenta de Bienes y de Servicios no es una novedad respecto de la tendencia que se venía mostrando en los últimos años, sobre todo teniendo en cuenta el contexto de profundización del atraso cambiario, mayor apertura comercial y recuperación de la actividad en los primeros tres meses de 2017. Lo más novedoso tiene que ver con las mayores pérdidas de divisas por Rentas: US$ 3.676 millones se pagaron al exterior en forma neta en los primeros tres meses del año, casi 28% más que en igual período de 2016.

    El saldo Rentas está compuesto por el pago de intereses, y las utilidades/dividendos (de acuerdo a la metodología del BP, se computan las utilidades generadas, independientemente de que se remitan al exterior o reinviertan). Si bien ambos conceptos tienen un peso similar dentro del saldo Rentas, lo que explicó la profundización del déficit en el primer trimestre del 2017 fueron los mayores intereses netos. Estos treparon 62% respecto de los primeros tres meses de 2016 (alcanzando US$ 1.910 millones) mientras que las utilidades netas sólo crecieron 4,5% i.a. en el primer trimestre de 2017.

    De esta manera, la carga de intereses netos acumulada en los últimos cuatro trimestres llegó a 1,1% del PBI, cuando en 2015 había representado 0,7% del PBI. La estrategia del gobierno actual de reabrir la cuenta capital (CK) está comenzando a reflejarse dentro de la CC, abultando la pérdida de divisas por intereses, fenómeno que la anterior administración había revertido por el canje de deuda y el aislamiento externo.

     

    Sostenibilidad del déficit de Cuenta Corriente en el mediano plazo

    El déficit de Cuenta Corriente (CC) suele verse como una demanda interna que supera la producción interna (en contraposición al aumento del ahorro nacional). Asimismo, el deterioro de la CC responde a un mayor ritmo de expansión de la inversión y el consumo respecto de la oferta local. Un aumento del déficit es sostenible si y sólo si permite generar en el futuro un excedente para repagar el financiamiento externo recibido.  

    Cuando analizamos el saldo Bienes en detalle, se observa que el incremento de las importaciones ha venido más por el lado de los bienes de consumo y automóviles (+26% i.a. en el acumulado de los primeros cinco meses del año), que de bienes de capital e intermedios (+6,5% i.a.). De manera análoga, en el primer trimestre del año los pagos de los residentes por viajes al exterior aumentaron cerca de 21% i.a. (crecieron en US$ 670 millones, prácticamente lo mismo que incremento del déficit de servicios).

    Por lo tanto, el uso de los recursos que hoy se obtienen del exterior parecen dirigirse más a la adquisición de bienes y servicios de consumo que a la de aquellos que potencian la capacidad de repago de la economía (ampliación de la capacidad exportable). A esto se suma un creciente pago de intereses que surge del financiamiento externo del déficit de sector público. Como se ha dicho en varias oportunidades, el endeudamiento no es malo ni bueno per sé, la clave es para que se use. Lo que sí es nocivo es aumentar las colocaciones de deuda en el exterior sin generar un salto exportador (de bienes y/o servicios).

    [1] La metodología del BP excluye los costos de fletes y seguros dentro de las importaciones (se incluyen dentro de la cuenta de servicios), lo cual hace que este saldo de bienes sea mayor al que informa también el INDEC en el ICA, donde las importaciones incluyen estos costos (CIF).

Compartí esta noticia !

El verdadero brote verde

Compartí esta noticia !

En estos últimos días y lo que es sin dudas algo muy habitual en nuestra Argentina adolescente, el dólar vuelve a estar en boca de todos demostrando una vez más, que el billete verde puede permanecer bastante tiempo en penumbras, sin embargo el menor aleteo político, lo pone nuevamente en primera plana. Ahora bien, ¿Es para preocuparnos este rally alcista que lleva varias jornadas?

Es importante comenzar explicando que a partir de la salida del cepo en diciembre de 2015, cuando se produjo más un sinceramiento que una devaluación en el valor del dólar en el orden del 42% (de $9.84 a $13.95), se determinó un nuevo mecanismo de flotación cambiaria donde la divisa es fijada libremente por el efecto de la oferta y la demanda aunque dentro de ciertos límites no establecidos por el Banco Central de la República Argentina. Por consiguiente, los efectos internos y externos pasan a jugar un papel distinto en la cotización a diferencia de los que sucedía durante el cepo donde el efecto de una suba se veía en la caída de reservas para mantener el tipo de cambio en caso de que la divisa intentara escaparse.

Si bien es cierto que desde el 17 diciembre de 2015, el dólar no había experimentado grandes fluctuaciones, tanto el Brexit con una suba del 8%, como la victoria de Trump con un otra de 4%, ya habían puesto a la divisa a trotar.

De hecho en mayo último el efecto Brasil con la casi salida de Temer del poder, produjo un aumento del 3% e inclusive la sorpresa que significo que el MSCI el pasado 20 de Junio no elevara al país a la categoría de país emergente, también produjo un pequeño salto de la divisa.

Pero a pesar de todos y cada uno de estos sucesos externos, a los pocos días nuevamente apareció la oferta y la divisa retrocedió.

Sin embargo, el cierre de listas del pasado 24 de Junio sobre todo luego de que se dieran a conocer los nombres de los candidatos, entre los cuales figura la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner, produjo un movimiento interno político donde la moneda experimentó su propio brote verde, y luego de seis meses de cotizar en torno a los $16 pesos sumó varias ruedas de suba en las que acumuló un avance de casi el 5% en los últimos 10 días.

No obstante el efecto interno mencionado, también existía la sensación de que el dólar en los valores previos a esta suba, venía bastante atrasado producto en gran parte de la fuerte toma de deuda para financiar el déficit fiscal, ayudado por una no menor liquidación de cosecha gruesa que tiene su periodo fuerte en el segundo trimestre de cada año.

Adicionalmente y a modo muy simplista, si tomáramos como base los $13,95 como valor del dólar desde la salida del cepo y el inicio de la flotación cambiaria, el mismo aumento hasta estos días solo un 25% cuando en el mismo periodo experimentamos una inflación de casi el 54%, es decir que de todos los bienes de la economía, el dólar fue de los que menos vio aumentar su precio desde la salida del cepo.

Ahora bien, tengamos muy presente que la coyuntura electoral siempre plantea incertidumbres, ello se traduce en dolarización de carteras y nuestro sistema electoral plantea elecciones cada dos años lo cual claramente no ayuda. Sin embargo, esta volatilidad actual con la ayuda de la oferta encontrará un nuevo equilibrio, siempre y cuando se establezca dentro de los límites que el BCRA considere aceptable, de lo contrario tiene reservas suficientes (casi USD 48mil millones) para salir a contener cualquier suba extra.

Recordemos también que el tipo de cambio establecido por el presupuesto para este año es de $18 y muy probablemente este sea su valor para fines de año o al menos hasta las elecciones de fines de octubre.

Finalmente, sin lugar a dudas el resultado electoral marcará un nuevo camino para la divisa estadounidense. Si el oficialismo no logra una buena elección, una nueva dolarización de carteras plantearía un nuevo cambio de tendencia puesto que pondría en serias dudas la posibilidad de mantener el programa económico actual. Por el contrario, si el gobierno logra consolidarse, la calma se apoderará de la cotización del billete verde en el corto plazo.

Compartí esta noticia !

La suba del dólar, con poco sustento en la teoría electoral

Compartí esta noticia !

Desde la cuarta semana de junio, cuando se estaban cerrando las listas de los candidatos que competirán en las legislativas de octubre, el precio del dólar contra el peso subió 5,5 %. Hay quienes rotulan este comportamiento como “efecto Cristina”, pero si hubiera tanto temor por el efecto negativo sobre la economía de esta postulación, el precio de las acciones bursátiles tendría que haberse derrumbado, y ha ocurrido lo inverso, ya que el Merval ha subido casi un 7 % desde entonces. Tampoco los indicadores de riesgo país muestran anomalías significativas. Más bien, las últimas fluctuaciones tendrían que ser encuadradas como una corrección dentro del nuevo régimen de flotación, en el que los reacomodamientos de la paridad se dan por saltos, en la búsqueda de nuevos equilibrios. El sector externo ofrece suficientes argumentos como para encontrar explicaciones técnicas, antes que políticas.

En esencia, lo que parece haber ocurrido en las últimos semanas es la constatación de una economía argentina más dependiente del financiamiento externo, con datos que anticipan un ensanchamiento del déficit comercial y del de cuenta corriente de la Balanza de Pagos, en un momento en el que el real brasileño se debilitaba por la prolongación de la crisis política, y que las tasas de interés de largo plazo en los Estados Unidos se ajustaban esperando mayor inflación en el futuro, lo que puede hacer más costoso el endeudamiento. Las novedades externas sirvieron para llamar la atención sobre el significativo desfase de precios relativos ocurrido en la Argentina en el último año, con un tipo de cambio que había subido sólo un tercio de lo que lo habían hecho el promedio de los componentes de la canasta familiar.

Ahora, con el dólar en el entorno de los 17 pesos, hay sólo una corrección parcial de aquel desfase. La variación del tipo de cambio en doce meses es de 11 %, la mitad o menos de lo que han subido los precios minoristas (22 %) y los salarios privados (24 %) en el período. Por ende, más que un fenómeno destinado a repercutir en la inflación, el ajuste del dólar es, hasta aquí, un movimiento de compensación. Ver al respecto, “Poco margen para que el peso se siga apreciando” publicado en Clarín el 22 de mayo de 2017.

¿Por qué ocurrió ahora?. Lo bueno que tiene el régimen de flotación es que sus movimientos suelen ser impredecibles, aunque “ex post” puedan ser racionalizados. El 22 de junio, por ejemplo, se supo, por vía del INDEC, que la balanza comercial de mayo había sido deficitaria en 642 millones de dólares, acumulando en los cinco primeros meses del año un rojo de 1950 millones. Así, el déficit comercial para 2017 pasó a proyectarse por encima de 5000 millones de dólares, mientras servicios y rentas (el resto de los items de la cuenta corriente del balance de pagos) van en igual dirección, aunque a ritmo más pausado.

En la Argentina, los años de reactivación acentúan los desequilibrios externos. Por ejemplo, en 2015 el déficit de cuenta corriente aumentó más de 1 punto, ya que pasó de 1,4 % del PIB en 2014 a 2,5 % ese año. El tema es que, esta vez, el punto de partida es más elevado, ya que el rojo de 2016 fue de 2,8 % del PIB. Y, cuando el déficit de cuenta corriente supera los 3,5 puntos del PIB (algo factible este año), las condiciones del financiamiento externo deben ser chequeadas en forma frecuente. Por eso no pasó inadvertida la suba de la tasa de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años, de 2,16 % a 2,35 % en los últimos treinta días. Por más que los datos de inflación resulten tranquilizadores, la tasa de desempleo sigue bajando en los Estados Unidos y se aproxima a un umbral en el que los salarios habrán de reaccionar.

Mientras tanto, en la Argentina, la divergencia entre importaciones y exportaciones puede durar algún tiempo más. El nivel de actividad sigue recuperando y esa variable es clave en la dinámica de las compras al exterior. Obsérvese que la recaudación de impuestos asociados a la demanda interna subió un 3,5 % interanual en términos reales entre abril y junio, revirtiendo en 5 puntos porcentuales el dato negativo del primer trimestre. En cambio, las exportaciones deben sobreponerse a Brasil y a precios internacionales estancados, sin olvidar los problemas de competitividad acumulados en los últimos tres quinquenios. Aun así, alguna reacción puede esperarse, ya que los chacareros han guardado bastante munición a lo largo del primer semestre: unos 2 mil millones de dólares pendientes de liquidación.

Para que, en el corto plazo, la suba del precio del dólar provoque efectos negativos en la macro, tendría que darse un traspaso a la inflación que obligue al Banco Central a subir las tasas de interés, como forma de aplacar las expectativas. Ese escenario no parece estar planteado, aunque obviamente la autoridad monetaria tampoco será audaz a la hora de bajar las tasas, ya que el objetivo es llevar la inflación al andarivel de 1 % mensual antes que termine el año, bastante ambicioso, por cierto.

De lo comentado hasta aquí no debería inferirse que los mercados habrán de ignorar la contienda electoral. Por supuesto que importa, pero son pocas las combinaciones que podrían llegar a desestabilizar. La pulseada de Buenos Aires es taquillera, pero hay que prestarle mucha atención a los incentivos de gobernadores e intendentes al mando de aquí a 2019, que tendrían poco para ganar y mucho para perder si se dedicaran a apostar por la implosión de la economía.

Compartí esta noticia !

El dólar sigue en alza: subió 22 centavos y llegó a los $17,40

Compartí esta noticia !

Cerró a $ 16,95 para la compra y $ 17,40 para la venta, según el precio promedio de las entidades relevadas por el Banco Central de la República Argentina.

En el Banco Nación la divisa estadounidense subió 17 centavos para cerrar en $ 16,93 para la compra y $ 17,33 para la venta, mientras que en el segmento mayorista avanzó 21 centavos para cerrar en $ 17,04 y $ 17,14 en las puntas compradora y vendedora, respectivamente.

Gustavo Quintana, analista de PR Corredores de cambio, describió que en el tramo final de la rueda el tipo de cambio mayorista alcanzó un techo de $ 17,17 por unidad, para luego retroceder 3 centavos y terminar por debajo del máximo intradiario. Según Quintana, las razones que motivaron la firme suba de las últimas dos semanas están vinculadas a “una aceleración del cambio de moneda en los inversores, una baja estacional del agro y la incertidumbre que generan las próximas elecciones”.

Consultado por Télam sobre el nivel que puede alcanzar en diciembre, el analista indicó que “es muy difícil definir el techo”, aunque advirtió que en el mercado minorista se le agrega una demanda estacional de julio producto del aguinaldo y por compra de divisas para las vacaciones de invierno.

Hoy, el volumen negociado en el segmento de contado alcanzó los US$ 550,2 millones y en el de futuros del MAE se hicieron US$ 16 millones.

Compartí esta noticia !

El dólar tocó $17,70 en las pizarras de Posadas pero se enfrió la demanda en la plaza local

Compartí esta noticia !

El dólar subió hoy otros 6 centavos en las casas de cambio de la city porteña y en la pizarra de la principal casa de cambios de Posadas tocó los 17,70 pesos para la compra.

Al mediodía, en la casa de cambios Mazza, en pleno centro posadeño, el dólar cotizaba $17 para el que iba a vender y $17,70 para el que iba a comprar. En el Banco Macro, la pizarra marcaba $16,60 para el que quiere vender y $17,20 para el que quiere atesorar billetes. Otros bancos, como el ICBC mostraban valores de $16,70-$17,25.

Cabe recordar que la adquisición en los bancos es con acreditación en caja de ahorro en dólares, ya que el comprador no se lleva el billete fisico cuando realiza la transacción.

El dato para destacar es el achicamiento de la brecha entre el dólar en la principal casa de cambios y los bancos (apenas 50 centavos), que cuando es menor a 1 peso está indicando una menor demanda de divisas del comercio intrafronterizo.

Esto es así porque el dólar en los bancos se mueve según las cotizaciones de Buenos Aires más un plus por el transporte de los billetes fisicos. En cambio, en la única casa de cambio local la cotización refleja también la fuerte demanda de dólares por parte de argentinos que compran en paraguay o paraguayos que cruzan el puente para cambiar los pesos que les dejó el comercio.

En tanto, en Cambios Chaco de Encarnación, el dólar se estaba pagando a $17,20 (la entidad lo vende a $18,20). Algunos analistas también miden la brecha entre lo que paga la principal casa de cambios local por la moneda norteamericana y una de las prinicipales entidades encarnacenas, que hoy es de apenas 20 centavos.

También, otro indicio de que se frenó un poco la sobreoferta de pesos buscando cambiarse por billetes verdes.

Hoy es feriado en los Estados Unidos (Día de la Independencia) y las operaciones en el mercado mayorista de cambios local, el que veraderamente mueve la “aguja”, son muy acotadas. No obstante, en las casas de cambio el precio corrigió hacia arriba.

Mientras esto sucede, en Buenos Aires los políticos siguen debatiendo sobre la suba de la divisa. Marcos Peña el jefe de Gabinete salió a poner paños fríos y avisó que era previsible que subiera.

Puesto en contexto, los hechos le dan la razón al funcionario, ya que el dólar sigue exhibiendo una mejora desde comienzos del año de apenas el 6 por ciento tomando los valores de ayer de las pizarras de la city porteña. Es apenas la mitad del 12,6% que acumula la inflación en lo que va de 2017.

Epigrafe: al mediodía de hoy las cotizaciones de Mazza mostraban un dolar de 17,70 y 18,20 en Cambios Chaco (para adquirir divisas en esos lugares). Los bancos del microcentro posadeño vendían la divisa a 17,20. El dólar subió, pero motorizado más por la escalada nacional, la mayor demanda. El sobreprecio propio del comercio fronterizo se achicó.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin