DOLARES

El Central sumó reservas y el dólar blue sigue en caída libre

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La cotización del dólar oficial finalizó hoy en $ 84,95 en promedio, con una suba de 32 centavos respecto del cierre del jueves -último día hábil por el feriado bancario del viernes- en una jornada en la que el Banco Central sumó a las reservas más de 113 millones de dólares, el monto más importante desde el 11 de junio pasado.

De esta forma, en los últimos cinco días hábiles de noviembre la entidad monetaria concretó compras netas por un monto total de US$ 179,1 millones.

En lo que respecta a los dólares bursátiles, el contado con liquidación (CCL) opera con un leve avance avance de 0,6%, a $ 147,89; mientras que el denominado dólar MEP sube 0,1%, en $ 141,67 por unidad.

En el segmento mayorista la cotización de la divisa estadounidense ganó 25 centavos respecto a la víspera, en $ 79,35.

Así, el dólar con el recargo de 30% -contemplado en el impuesto País-, marcó un promedio de $ 110,43 por unidad; y con el anticipo a cuenta del Impuesto a las Ganancias de un 35% sobre la compra de divisas, el valor promedio fue de $ 140,17.

En tanto, el denominado dólar informal o “blue” marcó un nuevo descenso de seis pesos, a $ 151 por unidad, con lo que esta forma el billete verde acumula una caída de 44 pesos desde el máximo de $195 alcanzado el 23 de octubre.

Al analizar la operatoria de la jornada, Gustavo Quintana, analista de PR Corredores de Cambio, indicó que fue una rueda de bajo volumen de negocios, en la que la debilidad de la demanda y la mejor disponibilidad de la oferta permitieron otra rueda positiva para la actividad oficial.

Desde el Banco Central confirmaron que la entidad cerró la jornada con un saldo positivo de US$113 millones y que en los primeros cinco días hábiles del mes en curso sumaron un total de US$179,1 millones.

De esta forma. noviembre se convirtió en el primer mes con resultado positivo para los primeros cinco días de operaciones, desde julio en adelante.

En julio pasado el Banco Central vendió US$258,3 millones de dólares en los primeros cinco días hábiles; en agosto, US$ 477,2 millones; en septiembre, US$492,9 millones y en octubre, US$386,3 millones.

Al resaltar el resultado de los primeros cinco días hábiles de noviembre, desde el Central subrayaron que “están funcionando los filtros para prevenir que no se importe en forma anticipada ni se cancelen deudas antes de tiempo”.

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Multimillonarios apuestan a la innovación y a la RSE para impulsar la reconstrucción pos pandemia

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El informe anual “Billionaires Insights 2020” publicado por UBS1 y PwC, revela cómo los multimillonarios que han apostado por la innovación, principalmente en sectores tales como tecnología y salud, están contribuyendo a cambiar la economía a un ritmo más rápido que nunca. Según el estudio, la mayoría de los multimillonarios en sectores de tecnología (94%) y salud (71%) se encuentran entre los considerados disruptivos o innovadores, aunque también pueden encontrarse en industrias más tradicionales. Dentro del sector industrial, UBS y PwC identificaron al 54% de los multimillonarios como innovadores. 

“Es un momento clave en la historia económica global ya que las fortunas se polarizan a medida que innovadores despliegan tecnología disruptiva para estar entre los líderes de la revolución económica actual. Durante 2018, 2019 y el primer semestre del 2020, emprendedores de sectores tecnológicos, industriales y de la salud, aumentaron su riqueza en un 17% hasta alcanzar los US$ 5,3 billones, mientras que la riqueza de los multimillonarios tradicionales aumentó un 6% hasta alcanzar los U$$ 3,7 billones. La tormenta Covid-19 aceleró las diferencias”, comenta Martín Barbafina, socio de PwC Argentina líder de la práctica de mercado de capitales. 

Las empresas tecnológicas de larga trayectoria están revolucionando sus sectores desde dentro, gigantes del software como Microsoft y Oracle, tras haber generado varios multimillonarios, se están moviendo hacia la inteligencia artificial, la nube y el software como servicio. Desde la impresión 3D, nanotecnología o la biotecnología, los científicos y empresarios están apenas comenzando a aplicar y desarrollar productos y servicios radicalmente nuevos que tienen el potencial de remodelar la economía mundial y crear cientos de miles de nuevos puestos de trabajo, a medida que el mundo se reconstruye después de la pandemia.

La investigación de UBS y PwC también pone en evidencia que los multimillonarios están donando más que en cualquier otro momento de la historia. Unos 209 de ellos han comprometido públicamente un total de US$ 7.200 millones entre marzo y junio de 2020 para hacer frente a la pandemia y están intentando lograr un impacto social y ambiental positivo. De las diez principales empresas controladas por millonarios clasificadas por su rendimiento en materia de sostenibilidad, nueve realizan donaciones y siete invierten también en tecnologías limpias.

En cuanto al impacto en la riqueza, el número de multimillonarios individuales se redujo a 2.058 (-43) con respecto al año anterior. Resistiendo la tendencia de perdidas, la riqueza de la industria de la salud ascendió un 10,2% en el mismo período. La rápida aplicación de nuevas tecnologías también permitió a este sector y la industria aumentar su riqueza en un 0,8% y 4,8% respectivamente. Por el contrario, los multimillonarios de materiales e inmobiliarios experimentaron las mayores pérdidas, reflejando una caída en los precios de las materias primas y en el valor de los negocios inmobiliarios. Su riqueza total cayó un 17,8% y un 16,6% respectivamente.

“Como ya es sabido, 2020 es excepcional en muchos sentidos y para comprender mejor sus preocupaciones y expectativas en estos tiempos, los diálogos de PwC con los multimillonarios reflejan que parecen haber tomado la pandemia como un estímulo para reconsiderar dónde están, cuáles son sus valores y para repensar su propio futuro y el de sus familias. Muchos han reconocido la fragilidad de sus logros y ahora se centran más en asegurar la estabilidad y sostenibilidad a largo plazo y, en última instancia, en dejar un legado para sus familias, empresas y la sociedad en su conjunto” concluyó Martín Barbafina. 

Acceso al reporte completo “Billonaires Insights 2020, Riding the Storm” https://pwc.to/3oAuvgE

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Frazada corta

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A pesar de una incipiente recuperación económica luego del colapso de actividad observado en el segundo trimestre del año, la economía argentina transita días complicados. Hay varios factores a señalar.

Por un lado, el mejor desempeño en mortalidad cada millón de habitantes que mostraba la Argentina en relación con los países más afectados empieza a diluirse. A finales de julio, por ejemplo, con 73 muertos por millón, la Argentina tenía alrededor del 20% de la mortalidad de Estados Unidos, de 8 países europeos con diferente éxito sanitario y de 6 países Latinoamericanos[1]. A finales de septiembre, y sin considerar la reciente corrección realizada por la Provincia de Buenos Aires, la mortalidad había trepado a 365 que era alrededor del 60% de la observada en Estados Unidos y de los países latinoamericanos incluidos en la comparación, y ya alcanzaba al 85% del promedio de los 8 países europeos mencionados.

En segundo lugar, la caída interanual en el PIB y en el empleo observada en el segundo trimestre del año es de las más altas de los países incluidos en el Gráfico 1. La prohibición de despidos y la duplicación en la indemnización no podían atenuar el impacto de la recesión en el segmento de la población donde se sabía que el riesgo era mayor: informales y cuentapropistas.  Este problema es general en otros países de Latinoamérica con la información disponible para ambas variables, como puede verse en ese gráfico. Los datos de Brasil sugieren que sólo una menor caída del PIB fue efectiva para moderar la caída del empleo.

Gráfico 1

En una situación económica con desafíos inéditos no había espacio para que conflictos políticos deterioraran aún más la confianzaClick to Tweet

La estrategia oficial respecto de la pandemia genera dudas que se suman a las tensiones políticas dentro de la coalición de gobierno. En una situación económica con desafíos inéditos no había espacio para que conflictos políticos deterioraran aún más la confianza. Algunos ejemplos de decisiones políticas que agravan las desconfianza  son los cambios sin fundamento técnico en las reglas de juego sectoriales, las declaraciones contradictorias de miembros del gobierno sobre diversos temas, los vaivenes en las regulaciones cambiarias y el llamado impuesto a las grandes fortunas (que en verdad es un desprolijo gravamen a tasas elevadísimas sobre activos productivos y bonos que, en el caso de los radicados en el país, sufrieron pérdidas de valor inusuales por la pandemia y la frágil macroeconomía).

En ese contexto no debe llamar la atención que la renegociación favorable de la deuda en moneda extranjera calmara las aguas sólo un par de semanas y que el proyecto de presupuesto no haya servido como una señal de ordenamiento fiscal y monetario.

Respecto del presupuesto, hay varios interrogantes. Por un lado, la reducción proyectada del déficit primario a la mitad del que habría este año es algo menor a la que arroja un cálculo de política fiscal neutra (ajustada por el ciclo). La intención de aumentar la inversión pública en porcentaje del PIB explica en parte esto.

Pero, además, se supone que se podrá financiar la mitad del déficit primario proyectado con endeudamiento adicional por encima de los vencimientos de capital e intereses que habrá el año próximo. No parece que haya espacio en el mercado local para eso.

Y, finalmente, hay dudas respecto a si se podrá cumplir con el presupuesto en un año electoral. Por ejemplo, se prevé reducir el peso de los subsidios a la energía y transporte, pero eso requiere aumentos de tarifas algo por encima de la inflación proyectada y que los costos no aumenten. Sin embargo, la inflación seguramente será mayor que el 29% previsto en el presupuesto, pero no es claro si la mejora nominal en la recaudación que genera una mayor inflación se utilizará para reducir el déficit primario respecto del proyectado o si ampliarán las partidas de gasto.

El déficit primario proyectado para lo que resta de 2020 y para todo el 2021 (1.1 billones de pesos en el último cuatrimestre del año y 1.6 billones para el año próximo) representan alrededor del 120% de la Base Monetaria de agosto. Si no se consigue colocar deuda para financiar una parte de este desequilibrio y dadas las restricciones para continuar con la esterilización, la emisión resultante sería importante: equivale a un promedio de 5% mensual hasta finales de 2021. Si se puede colocar deuda por el 20% del déficit primario (o esterilizar), la emisión sigue siendo alta (algo más de 4% mensual de promedio).

Nótese que colocar deuda o esterilizar más (que en el contexto actual es financiar al Tesoro con los depósitos de las entidades financieras a través del BCRA) requiere mejorar la confianza y ello parece estar fuera del alcance del gobierno.

Una visión económica alejada de lo que quienes ahorran e invierten suponen que funciona, la falta de credibilidad en el programa fiscal y monetario, y una apuesta a que controles cambiarios cada vez más intrusivos podrán resolver el problema de credibilidad es una combinación letal para la normalización de la economía. En el pasado, las extravagancias en la visión económica de la coalición política a cargo del gobierno podían compensarse o bien con elevadas reservas netas en el BCRA o bien con superávits gemelos (ver Gráfico 2). Hoy se cumple sólo con una condición: alto excedente de dólares, pero hay muy pocas reservas y el déficit fiscal es alto y, para peor, se financia en gran parte con emisión.

Gráfico 2

En este contexto, el gobierno enfrenta el típico dilema de la frazada corta. La verdadera solución pasa por agrandar la frazada. Ello es posible o bien si mejora (mucho más) el precio internacional de la soja, o si la coalición gobernante deja de lado las extravagancias económicas y se encolumna detrás de un programa fiscal y monetario austero bajo el paraguas del FMI.

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