Martín Varsavsky auguró triunfo de LLA en octubre que abrirá camino a reformas y afirmó que la gente no confía en el peso por “memoria y confianza”.
El presidente Javier Milei mantuvo una cena en la Quinta de Olivos con el influyente empresario tecnológico argentino radicado en España, Martín Varsavsky, quien tras el encuentro compartió una dura radiografía sobre la relación de los argentinos con su moneda y vaticinó que un triunfo del oficialismo en las próximas elecciones abrirá el camino a la dolarización. “El peso no es una moneda, es una herida”, sentenció el magnate en una publicación que se viralizó rápidamente.
Varsavsky, un admirador declarado del mandatario libertario, se mostró confiado en que un resultado favorable para La Libertad Avanza en las legislativas del 26 de octubre abrirá el camino a las reformas estructurales y, finalmente, a la dolarización de la economía.
“El peso no es una moneda, es una herida”
Tras la cena con el Presidente, el fundador de Jazztel y Fon expuso en sus redes sociales un análisis crudo sobre la cultura económica argentina. “En Argentina hasta quienes están más en contra de dolarizar, viven dolarizados”, afirmó.
Según Varsavsky, la desconfianza en la moneda nacional trasciende cualquier lógica financiera. “Hoy se ofrecen tasas del 50% anual, y aun así nadie cambia sus dólares por pesos“, explicó. Puso como ejemplo que quien hubiera vendido sus dólares en diciembre de 2023 y los hubiera puesto en un plazo fijo, hoy tendría un 70% más en dólares, pero advirtió: “No lo hacen. Porque no se trata de retornos financieros sino de memoria y confianza. El peso no es una moneda, es una herida“.
Una “población turista en su propio país”
El empresario destacó los logros del gobierno en materia fiscal, pero señaló que no han sido suficientes para revertir la mentalidad de los argentinos. “El gobierno ha logrado lo que ningún otro logró, superávit fiscal y dejó de imprimir pesos y ni así la gente los quiere. Pedir dinero prestado para defender el peso es inútil”, argumentó.
En una de sus frases más contundentes, Varsavsky describió la particular psicología del argentino frente a su economía: “El argentino es el único ciudadano que sueña a diario con que su propia moneda se vaya al tacho para poder llegar más lejos con sus dólares. Es como una población turista en su propio país”.
En un mundo económico cada vez más globalizado, la competencia entre monedas y el papel de la banca central son temas de gran relevancia. En Argentina, las propuestas del economista Javier Milei han resurgido el debate sobre la dolarización de la economía y la posibilidad de una banca privada que compita en un entorno más libre. Este artículo explorará la competencia de monedas, el concepto de “Banca a la Simons”, el cepo cambiario y las reservas internacionales, así como las ideas contemporáneas de Milei en este contexto.
Competencia de Monedas
La competencia de monedas se refiere a la coexistencia de diferentes monedas en un mismo mercado, donde los ciudadanos pueden elegir con qué moneda realizar sus transacciones. Este concepto, defendido por economistas como Friedrich Hayek, sugiere que permitir que las personas elijan su moneda puede fomentar la estabilidad económica y reducir la inflación. En Argentina, donde la inflación ha sido un problema crónico, la idea de permitir que los ciudadanos opten por monedas más estables, como el dólar estadounidense, ha ganado adeptos. Proponentes de la competencia de monedas argumentan que esto podría llevar a un mayor control sobre la inflación, mayor inversión extranjera y un entorno económico más predecible.
Banca a la Simons
La “Banca a la Simons” hace referencia a las ideas del economista estadounidense Henry Simons, quien abogaba por un sistema bancario que limitara la creación de dinero por parte de los bancos comerciales. Simons propuso que la banca debería estar restringida a actividades de intermediación financiera, y que el dinero debería ser emitido exclusivamente por el estado. Esta propuesta busca evitar crisis financieras al reducir el riesgo de sobreendeudamiento y la especulación. En este marco, la banca a la Simons enfatiza la necesidad de un sistema financiero más sólido, donde los bancos operen de manera más conservadora y responsable. La idea es que, al limitar la capacidad de los bancos para crear dinero de la nada, se puede evitar la inflación y fomentar un entorno de confianza en la moneda.
El Cepo Cambiario y las Reservas Internacionales
El cepo cambiario es un conjunto de restricciones impuestas por el gobierno argentino para controlar la compra y venta de divisas, particularmente el dólar. Implementado en 2011 y endurecido en años posteriores, el cepo busca evitar la fuga de capitales y proteger las reservas internacionales del país. Sin embargo, sus efectos han generado un mercado paralelo de divisas, conocido como “dólar blue”, que opera a un precio significativamente más alto que el dólar oficial. Las reservas internacionales, por otro lado, son los activos en moneda extranjera que posee el Banco Central y que sirven como una especie de colchón financiero para el país. Las reservas son cruciales para mantener la estabilidad del tipo de cambio y respaldar la deuda externa. Sin embargo, la presión sobre las reservas ha aumentado debido a la alta inflación, la fuga de capitales y la falta de confianza en la política económica del país. El cepo cambiario ha generado críticas, ya que se considera que limita la libertad económica de los ciudadanos y afecta negativamente la inversión. Además, el acceso restringido a divisas ha llevado a un aumento en la demanda de dólares, lo que a su vez alimenta la brecha entre el dólar oficial y el dólar blue.
Las Ideas Actuales de Javier Milei
Javier Milei, economista y político argentino, ha sido un defensor ferviente de la dolarización y la liberalización económica. Sus propuestas incluyen la eliminación del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y la adopción del dólar como moneda oficial. Milei argumenta que la dolarización podría estabilizar la economía argentina, reducir la inflación y fomentar la inversión. Milei también ha criticado el sistema bancario actual y el cepo cambiario, sugiriendo que la competencia de monedas y un sistema bancario menos regulado podrían dar lugar a una mayor eficiencia y estabilidad. En lugar de un BCRA que emita dinero de forma discrecional, Milei propone un sistema donde la moneda sea elegida por los ciudadanos, promoviendo así la competencia y la disciplina fiscal.
En resumen; La competencia de monedas, el cepo cambiario y la propuesta de una banca a la Simons se insertan en un debate más amplio sobre cómo lograr un sistema económico más estable y eficiente. Las ideas de Javier Milei, aunque controvertidas, reflejan un anhelo por un cambio radical en la política económica argentina. La posibilidad de adoptar el dólar y permitir una mayor competencia en el sistema bancario podría ofrecer una solución a los problemas crónicos de inflación y desconfianza en la economía. Sin embargo, estas propuestas no están exentas de críticas. Los detractores argumentan que la dolarización podría limitar la capacidad del país para manejar su política monetaria y que un sistema bancario menos regulado podría incrementar la vulnerabilidad ante crisis financieras. Asimismo, la eliminación del cepo cambiario sin un plan estructurado podría generar aún más inestabilidad en un contexto de escasas reservas internacionales. En última instancia, el futuro económico de Argentina dependerá de un delicado equilibrio entre estabilidad, competencia y responsabilidad fiscal. A medida que el debate avanza, será crucial evaluar las implicaciones de estas propuestas en el contexto de un mundo que se enfrenta a desafíos económicos cada vez mayores.
Dos economistas analizan la propuesta de Javier Milei y su apuesta por la dolarización
Javier Milei, mantiene su aspiración de dolarizar la economía del país. Si bien al inicio de su mandato se mostró abierto al debate sobre la “competencia de monedas”, recientes declaraciones suyas reafirman su persistente interés en la dolarización. Incluso ha denominado la última fase de su plan monetario como una “dolarización endógena”.
Emilio Ocampo y Alfredo Romano se han convertido en figuras clave en el impulso de la dolarización en Argentina. Ocampo, (inicialmente considerado para liderar el Banco Central, cargo que finalmente fue ejercido por Santiago Bausili), en una entrevista con el medio Bloomberg Línea con motivo de la publicación del libro: “Argentina Dolarizada” analizaron la viabilidad del esquema propuesto por Milei y sus potenciales beneficios.
Ocampo recuerda que la dolarización se puede hacer de múltiples maneras y que cada país la hace según las restricciones que enfrente. Aun así, considera que lo ideal sería que el peso deje de existir porque “si el peso sobrevive, quedaría un régimen monetario muy vulnerable al embate de un político populista”. Y al respecto, advirtió: “Mientras sobreviva el peso y no haya libertad monetaria, la estabilidad de precios será una quimera”.
Romano, por su parte, señala que para implementar la dolarización se necesitarían entre 7 y 10 mil millones de dólares, provenientes preferiblemente de las reservas netas del Banco Central y no de préstamos externos. Enfatiza que un sistema bimonetario sería insuficiente y vulnerable a pesificaciones compulsivas.
Críticas a esquemas bimonetarios y falta de disciplina fiscal
En contraste con los esquemas bimonetarios adoptados por países vecinos como Perú o Uruguay, los autores argumentan que las condiciones institucionales y la historia económica de Argentina hacen improbable la efectividad de una medida similar. Critican la falta de disciplina fiscal e institucional en el país, elementos esenciales para el éxito de cualquier régimen monetario.
Ocampo, sostuvo: “con el grado de anomia institucional que existe en la Argentina creer que vamos a tener un banco central independiente porque lo dice una ley del Congreso (o se propone una enmienda constitucional) es delirante. Desde hace años tenemos un banco central independiente de jure, pero de facto es una agencia dependiente del Poder Ejecutivo. Basta ver lo que ocurre ahora”.
Romano, en tanto completó: “la indisciplina monetaria de Argentina extendida durante décadas no nos permite ya compararnos con países como Uruguay y Perú, quienes hace más de 30 años decidieron optar por estos modelos bimonetarios y los llevaron adelante de manera exitosa”.
Dudas sobre la “dolarización endógena”
En cuanto al concepto de “dolarización endógena” promovido por Milei, Ocampo y Romano expresan sus dudas sobre la viabilidad de depender de la voluntad de la sociedad para remonetizar la economía con dólares.
En palabras de Ocampo: “Una dolarización oficial no tiene sentido si no se adopta el dólar como moneda de curso legal. Tampoco tiene sentido si el peso sobrevive en el sistema bancario. No hay que eliminar el peso. Hay que darle curso legal al dólar y convertir todos los activos y pasivos del sistema bancario a dólares, dejándole a la gente la libertad de elegir con que moneda quiere operar. Este es el sistema que funcionó muy bien en El Salvador”.
Por su parte, Romano enfatizó: “creo que es fundamental ofrecer de manera voluntaria el canje del circulante en primera instancia, para luego terminar de dolarizar de manera completa la economía con el paso del tiempo, cómo lo hizo El Salvador. La sociedad terminara de optar por la moneda fuerte, pero esto se dará en un plazo de tiempo más prolongado.
Preocupaciones sobre la credibilidad del Banco Central y la fuente de dólares
Los autores abordan las preocupaciones sobre la capacidad del Banco Central de Argentina para reconstruir su credibilidad y la fuente de los dólares necesarios para la dolarización, frente a posturas del FMI que favorecen la competencia entre monedas.
Romano, con respecto a la credibilidad expresa que: “Hay que mirar el futuro y entender que nuestra historia está allí para enseñarnos, y no para volver a caer en las mismas trampas populistas que nos aquejan cada 5 o 10 años en la Argentina”.
Enfocándose sobre la fuente de dólares, en tanto, Romano señala: “Si se decide avanzar con la dolarización que vengo proponiendo desde hace años, únicamente es necesario avanzar con el canje voluntario del circulante, que hoy ronda, dependiendo el tipo de cambio, en 7 a 10 mil millones de dólares. Siempre he sido enfático que esos dólares tienen que provenir de reservas netas de nuestro BCRA y no deben ser dólares prestados cómo una señal de confianza”.
La pobreza y el déficit, dos variables claves para el futuro:
Ambos autores reflexionan sobre el futuro, con una mirada esperanzadora con respecto al buen uso de las herramientas económicas, señalando que históricamente no se han empleado correctamente, por ello aún son positivos con el futuro.
En palabras de Ocampo, no hay que pensar que esto aumentaría la pobreza: “No hay razón para que una dolarización aumente la pobreza como argumentan algunos de sus detractores. La pobreza solo se puede reducir con crecimiento económico sostenido. Es imposible que la economía crezca con una inflación alta, persistente y volátil. Y mientras sobreviva el peso y no haya libertad monetaria, la estabilidad de precios será una quimera mientras la sociedad argentina siga adicta al populismo”.
Cuando el autor habla con respecto al déficit fiscal, señala: “Obviamente la dolarización no necesariamente implica su eliminación. Lo que elimina es la posibilidad de que el gobierno fuerce al banco central a emitir dinero para financiarlo. La dolarización implica un cambio de régimen monetario y fiscal. Monetario porque la variación de la oferta monetaria dependerá de la actividad económica y los flujos netos de divisas. Fiscal porque los gobiernos no podrán recurrir a la maquinita para financiar sus déficits. Es decir, elimina el mecanismo de financiamiento del gasto más pernicioso que existe y que nos condena a tener la inflación más alta del mundo”.
Finalmente, Ocampo concluye con que: “La Argentina es adicta al populismo y bajo el populismo la política cambiaria nunca amortigua los shocks externos, sino que los agudiza. Sus políticas económicas son esencialmente pro-cícilicas y temporalmente inconsistentes. Los procesos de apreciación más fuerte del tipo de cambio real de los últimos cincuenta años han ocurrido con un régimen cambiario semi-flexible y discrecional. En la medida que la sociedad argentina siga adicta al populismo, es irrealista esperar que las cosas cambien en el futuro. La idea de que nos estamos quedando sin una herramienta valiosa para estabilizar la economía es absurdo. Nunca hemos empleado bien esa herramienta! En la Argentina, la política económica no se guía por lo que dicen los manuales de texto sino por lo que deciden los políticos, siempre adictos al gasto”.
En una entrevista en profundidad, el economista y ex Gerente General del Banco Central de Ecuador explica el proceso que condujo a la dolarización en su país y las consecuencias a corto, mediano y largo plazo.
Eva Sacco: Por la propuesta de uno de los candidatos a la presidencia en Argentina se está hablando mucho de dolarización. Queremos entender un poco desde tu visión —fuiste gerente del Banco Central de Ecuador entre el 2013 y el 2015 durante la presidencia de Rafael Correa— cómo fue la experiencia y cómo fue gestionar política monetaria en un país con una economía dolarizada. En nuestro país se habla que se va a dolarizar la economía, como una herramienta para frenar la inflación, y ese sería el principal objetivo. Por otro lado, tiene una gran problemática, y es que no tiene dólares actualmente en sus reservas. De hecho, el tipo de cambio implícito al cual habría que dolarizar, obviamente depende del momento en que se dolarice, sería alrededor de $3000 ARS y $7000 ARS, dicen diversos especialistas. Entonces, ¿nos podrías comentar un poco cómo nació la dolarización en Ecuador? ¿Cuáles fueron los motivos y si resultó?
Mateo Villalba: Muchas gracias por darme este espacio para compartir un poco la experiencia de Ecuador con todos los presentes. El tema de la dolarización en Ecuador es bueno comprenderlo en la historia de su contexto monetario. Ecuador es un país que, como todos los países de América Latina, logró su independencia en la primera mitad del siglo XIX, y vivió un caos monetario hasta que creó una moneda nacional en 1884, el sucre. Las primeras décadas de nuestra moneda fueron bastantes estables, porque en esa época existía una dominancia, primero del patrón bimetálico y después del patrón oro hasta 1914, la Primera Guerra mundial. En Ecuador se acabó el patrón oro en 1914, y surge una etapa muy inestable en el manejo de la moneda hasta la creación del Banco Central en 1928. Luego empezó una etapa de estabilidad de la moneda, y el país no vivió episodios de inflaciones altas. Hubo unos pequeños episodios muy esporádicos de inflación de 2 dígitos, pero jamás hiperinflaciones, y ese período se dio entre 1928 y el año 1980. Al mismo tiempo, para que tengan una idea de la estabilidad del sucre, en 1928 el tipo de cambio eran 5 ECS por dólar de los Estados Unidos y para mediados de los años setenta eso había subido a 25 ECS por dólar, es decir, había perdido cuatro veces su valor, en el transcurso de cerca de cincuenta años. La moneda ecuatoriana era muy estable, y la economía y la sociedad ecuatoriana estaban acostumbradas a eso. Sin embargo, los años ochenta y noventa fueron muy diferentes. El país fue afectado por las crisis que afectaron no solo a Ecuador, sino a toda América Latina. La crisis de la deuda, por ejemplo; también hubo fenómenos propios de Ecuador como terremotos, que provocaron la ruptura de los oleoductos de petróleo. El petróleo es un producto muy importante en la canasta de exportaciones de Ecuador. Tuvo dos guerras no declaradas con el Perú, una en la década de los ochenta y otra en la década de los noventa. Al mismo tiempo hubo dos procesos muy críticos, el primero fue e los años noventa, que se llamó la sucretización de la deuda privada, en la cual, una serie de empresarios ecuatorianos, gente muy pudiente que se había endeudado en dólares en el extranjero, y que, con la crisis de los años ochenta, la subida de la tasa de interés internacional y la escalada del tipo de cambio, se les hizo muy difícil pagar esas deudas. En ese rato, el gobierno ecuatoriano tuvo presión de esta élite económica local, desde adentro, pero por fuera también presionaron los organismos multilaterales de crédito y los acreedores de esas deudas, que habían colocado esas deudas asumiendo un riesgo y conociendo el riesgo que tenía. Sin embargo, la presión fue tal que finalmente el estado terminó asumiendo esas deudas privadas a través de un mecanismo que en Ecuador se conoció como la sucretización de la deuda privada. El Banco Central daba un tipo de cambio especial, un tipo de cambio subsidiado y mediante mecanismo asumía la gran mayoría de esos pasivos privados que tenía. Obviamente, esto se hizo en Ecuador emitiendo una cantidad enorme de sucres en la década de los ochenta y esto empezó a presionar la inflación al alza, y el tipo de cambio al alza, entonces fue como el primer gran golpe.
En los inicios de los años noventa, hubo una reforma, en línea de lo que sucedía en toda América Latina con las reformas inspiradas por el consenso de Washington, en donde se aprobó una ley en 1994, para desregular el sistema financiero y facilitar la expansión de la actividad financiera y las entidades financieras. Esto al inicio dio un empuje a la economía, porque obviamente al tener mayor facilidad del acceso al crédito, hubo inversión, la tasa de crecimiento empezó a mejorar, pero pronto aparecieron los problemas. Hubo una colocación enorme de cartera, que no siempre tuvo buenas prácticas en la gestión de riesgo, y pronto los bancos empezaron a entrar en problemas de liquidez, que además evidenciaron prácticas tremendamente cuestionables, como créditos vinculados. Muchos dueños de bancos generaban créditos desde empresas que eran también de su propiedad y obviamente, estas empresas nunca repagaban sus carteras, y el problema de liquidez se convertía en problemas de solvencia.
A finales de los años noventa, una porción importante de los bancos privados mas grandes del Ecuador entró en una tremenda crisis y solicitaron ayuda al Banco Central, el que tenía un dilema, y decidió financiar con emisión monetaria la asistencia del Estado a través del Banco Central a la Banca privada, y lo hizo de manera masiva. Esta asistencia no sirvió de mucho, a finales de la década el 70% de la banca privada, en términos de patrimonio, había quebrado y terminó en manos del Estado. La cantidad de asistencia que había hecho el Banco Central elevó los niveles de emisión monetaria y disparó brutalmente la inflación.
Las décadas del ochenta y del noventa fueron muy traumáticas por una explosión de la inflación y del tipo de cambio. El sucre nunca había tenido este tipo de comportamiento desde que el Banco Central empezó a funcionar (se creó en 1927), porque había podido gestionar una moneda bastante estable. En la década del noventa, la gente naturalmente empezó a buscar un refugio para que sus tenencias monetarias no pierdan valor, y el refugio natural era el dólar, al ser Estados Unidos el socio comercial mas grande de Ecuador, en términos de comercio internacional, de influencia política y de muchos otros factores. Entonces, para que tengan una idea, en nuestro país, a inicios de esta década la cantidad de depósitos, que en esa época la ley ya permitía que los bancos nacionales pudieran captar depósitos en dólares de los EE. UU, no era mayor del 5%, del total y los bancos también podían colocar en dólares, pero ni siquiera alrededor del 3% de la cartera de los bancos privados se colocaba en dólares. Es decir, el sucre a inicio de los noventa todavía era una moneda muy fuerte. A finales de la década y antes de la dolarización oficial, esta cifra había cambiado, mas del 55% de los depósitos y más del 70% de la cartera estaba en dólares. En realidad, el dólar se dolarizó de facto, antes de tomar la decisión oficial.
Nosotros tuvimos un proceso improvisado, la dolarización de Ecuador no fue un proceso planificado en el que se tomó la decisión, sino que renunció el presidente de la junta monetaria y la gerenta general de entonces por estar en desacuerdo, y se nombró provisionalmente a unas personas que de manera improvisada empezaron a tratar de implementar la dolarización, es decir, pasar de una situación de facto a una situación de jure, y esto se hizo a inicios del año 2000. El tipo de cambio en Ecuador estaba tremendamente volátil, había muchísima especulación y oscilaba de manera muy volátil, pero, podías conseguir por 7000 ECS un dólar, y en el peor de los casos por 15000 ECS un dólar, la especulación en un momento llegó a 20000 ECS. Al momento de cerrar la dolarización en este proceso improvisado, el tipo de cambio se quedó en 25000 ECS por dólar, lo que básicamente licuó todas las tenencias monetarias de la gente que tenía ahorros en sucres, es decir, sus ahorros se volvieron nada, una pequeña cantidad en dólares y esto fue un proceso extremadamente traumático.
Una vez implementada la dolarización, en los primeros años en Ecuador, no funcionó para contener la inflación, se siguió experimentando inflación extremadamente alta, ahora en dólares, durante el año 2000. La inflación fue todavía importante en el año 2001 y 2002, y recién en el año 2003, es decir, fue un proceso de convergencia que tardó 3 años, la inflación empezó ya a bajar. Posteriormente, durante los años 2007 y 2008, la inflación volvió a tener un repunte y fue un tema de preocupación. Después de la crisis financiera global de esos años, finalmente la inflación convergió realmente a niveles bajos y no volvió a ser un problema en Ecuador.
Entonces, ¿qué te podría decir yo sobre la dolarización? Primero que el proceso de ajuste para que una economía se dolarice no es un proceso inmediato, hay un tiempo de ajuste, los precios relativos deben ajustarse, los actores económicos también tienen presiones e intereses. Hay una economía política de ganadores y perdedores que hace que la dinámica de precios sea muy distinta. Me imagino que en Argentina no va a ser igual que en Ecuador, pero aquí la experiencia es que costó unos años que baje la inflación, hubo grandes ganadores, grandes perdedores y finalmente la inflación convergió a la baja. Sí podemos decir que, en términos generales, para contener la inflación después de sufrir ese largo proceso traumático, la dolarización sí funciona en Ecuador. ¿Cuál es el problema que tiene la dolarización? El problema que tiene es que el Estado pierde muchas herramientas o pierde grados de libertad en herramientas de política monetaria, y también tiene impactos serios en la política fiscal, a través de las relaciones que existen entre el ejercicio de la política fiscal y monetaria. Al tener menos de instrumentos o menos grados de libertad en el ejercicio de sus instrumentos de política económica, Ecuador ya no tiene instrumentos con los cuales mitigar la volatilidad del ciclo económico y tampoco tiene instrumentos para enfrentar grandes choques externos que pueden venir por causas de exógenas, cómo fue la crisis financiera de los años 2007-2008, o el COVID, o en el caso de Ecuador que también tuvo un terremoto importante en el año 2016.
Hay muchos estudios de diferentes colegas y hay evidencia que apunta hacia que el problema de la dolarización es que hace mucho más difícil estabilizar el ciclo económico, enfrentar choques exógenos y, por lo tanto, sostener tasas de crecimiento. Entonces, el costo que se paga sí sirve para contener la inflación, con un coste inicial muy alto y un proceso de sacrificio muy duro, pero al final funciona. Aunque el sacrificio que se paga es el crecimiento a mediano y largo plazo. La tasa de crecimiento de Ecuador, incluso, a pesar de haber sido favorecida por un boom de los commodities, de haber tenido una época en que la inversión privada y la inversión pública fueron muy altas y tuvieron una época de auge, si miras a Ecuador entre el año 2010 y el año 2014 vas a encontrar un auge económico, pero incluso en el auge, las tasas de crecimiento de la economía ecuatoriana que eran positivas, estaban muy por debajo de varios países de América Latina. En buena medida, el tener una moneda tan dura, que mantiene su valor en el mercado internacional, genera este problema. Cuando tienes problemas, por ejemplo, de grandes choques económicos, países vecinos como Colombia o Perú, que además son competencia directa en ciertos mercados de exportación, inmediatamente toman decisiones que permiten que sus monedas nacionales se deprecien. Entonces sus exportaciones se vuelven más competitivas en términos de precio, y van a poder de alguna manera mitigar el choque exógeno. Ecuador no puede hacer eso, porque no tiene ninguna influencia sobre el tipo de cambio del dólar con el resto de monedas del mundo, y esa es una de las limitaciones que tiene. Sin embargo, dentro de la dolarización hay un espacio para hacer política monetaria, el cual ha sido muy polémico en Ecuador, porque en ciertos momentos se utilizaron instrumentos monetarios de cierta manera, que permitieron dar holgura al sector fiscal, por ejemplo; pero en otro momento, el uso de esos instrumentos no se atuvo a reglas de sostenibilidad y generó cuestionamientos. Finalmente, hubo un proceso político muy convulso, de cambios de tendencia, que terminó eliminando por ley, muchas de las herramientas que el Banco Central tenía para gestionar su política monetaria, y actualmente cumple una función casi de caja de conversión, donde no puede ejercer política monetaria. Ecuador tiene que sufrir los choques exógenos que han venido de diferentes motivos: caídas del precio del petróleo o la misma pandemia del COVID, que ha complicado muchísimo este tema. Si tú miras las tasas de crecimiento de la economía ecuatoriana en los últimos años, particularmente desde el año 2016, vas a encontrar un resultado pobrísimo. De hecho, hay que analizar un tema, Ecuador a partir del año 2016, cuando sufre un terremoto, empieza a registrar un fenómeno que nunca había pasado en la economía ecuatoriana, y que son episodios deflacionarios, es decir, empieza a tener episodios de deflación, lo cual hace que la economía entre en un espiral recesivo y deflacionario que se sostiene hasta el día de hoy. Ecuador ha tenido un decrecimiento de su economía en promedio desde el año 2016 hasta hoy, y en buena medida, eso se explica por la falta de instrumentos que tiene. Entonces, la dolarización no es gratis, sirve para frenar la inflación, pero se tiene que pagar un alto costo de ajuste al inicio del cambio, y luego un alto costo de mediano y largo plazo en la tasa de crecimiento de la economía.
ES: Dijiste que hubo al principio ganadores y perdedores. Me meto más en una cuestión socioeconómica. El proceso de dolarización, ¿cómo afectó al empleo, al desarrollo productivo del país, al nivel de vida de los ecuatorianos, a la desigualdad? En Argentina hay una gran segmento de población que se considera clase media. ¿Cómo afecto a la clase media la dolarización?, lo que se denomina los estratos de ingresos medios y los estratos de ingresos bajos. ¿Y quiénes fueron los ganadores y los perdedores que nombraste?
MV: Sí, al inicio, como te comenté, el proceso licuó las tenencias monetarias de la gente que había ahorrado en sucres, mucha gente perdió todos los ahorros de toda si vida. La gente que tenía ahorros, que tenía tenencias monetarias en sucres fueron grandes perdedores. También había un grupo de actores de económicos importantes que, por ejemplo, habían contraído deudas en dólares, y el rato que el tipo de cambio cerró a 25.000ECS, que fue el tipo de cambio oficial para cerrar la dolarización de la economía, sus deudas se volvieron simplemente impagables, y quebraron. Entonces, la gente que se endeudó en dólares, la gente que tenía credenciado o había ahorrado en Sucres fueron grandes perdedores. Al mismo tiempo, el sector exportador pasó a tener su estructura de costos de una moneda dura, pagar salarios en dólares, entonces, este sector fue también otro gran perdedor en ese proceso, y el ganador era básicamente el sector importador. También hubo cosas positivas porque la estabilidad de precios que vendría después del año 2003, permitió un ambiente más de confianza, donde la economía de la especulación fue cediendo espacio a la economía productiva, y ese sí fue un aspecto positivo de la dolarización.
ES:Pero se tardó dos años en llegar a ese punto.
MV: Casi tres años costó para llegar a eso. Si tú veías el Ecuador en los años noventa, había una economía de especulación que era terrible, porque las empresas estaban todo el tiempo moviendo sus capitales, el gerente financiero tenía un poder enorme, porque si tu movías de dólares a sucres y apostabas bien con el tipo de cambio, podías hacer más ganancias en el área financiera de la empresa que en la gerencia productiva. Entonces, había una economía de la especulación que mermaba la capacidad de planificación y desarrollo productivo de todo el sector económico. Esto sí mejoró a partir del año 2003, hubo estabilidad, confianza en la moneda y ese fue un impacto positivo. Por ese lado sí se ganó, pero los costos que se pagaron también fueron muy grandes. Al inicio, los ajustes del tipo de cambio y todo llevó a que los niveles de pobreza y desigualdad crezcan enormemente. Ecuador tuvo una migración masiva de conciudadanos que salieron al extranjero ante la falta de oportunidades en el país a inicios del siglo XXI, y eso se sostuvo los primeros cuatro años. La época de prosperidad de Ecuador vino con el boom de los commodities a partir del año 2004, con un pequeño bache por la crisis financiera internacional en 2008- 2009, y obviamente, luego una época de auge, entre 2010 y 2014. El 2015 fue un año de transición. Desde el año 2016 el Ecuador ha caído en un espiral con episodios deflacionarios, y un desempeño del crecimiento muy pobre, que ha costado otra vez, revertir los indicadores que se habían ganado. Desde el año 2016 hacia acá, la desigualdad está avanzando, la pobreza ha crecido, y luego vino el golpe de la pandemia que ha sido terrible. Así que, la dolarización tiene sus pros y sus contras. ¿Sirve para contener la inflación? Si, sirve, con un costo de ajuste inicial muy grande, que hay que estar dispuesto a pagar. Los costos que se debe pagar no solo es el ajuste del inicio, sino el problema que vas a tener luego al tener una política económica con menos grados de libertad, una economía mucho más vulnerable a los choques exógenos y a la volatilidad del ciclo económico, y eso se va a traducir en una tasa de crecimiento de mediano y largo plazo. Es bien complicado, además, que la dolarización al tener una moneda tan dura, beneficia a unos sectores y perjudica a otros. Por ejemplo, los negocios que están en torno a la importación, pueden ganar mucho con el tema del comercio, y los bienes importados se vuelven muy fácil importar cuando tienes una moneda dura, pero los exportadores van a ser duramente golpeados, al tener una estructura de costos de una moneda dura, y el precio de sus exportaciones, siempre que el dólar se aprecie, se puede complicar.
ES: Uno de los argumentos en mi país, acerca de la posibilidad de la dolarización, es que el gobierno pierde la posibilidad total de financiar el déficit mediante emisión monetaria. Esta característica, ¿cómo influyó en la economía ecuatoriana? Y esto, ¿contribuyó a la estabilidad fiscal?
MV: Primero, ese argumento es falso. Esto se conoce en política monetaria, como monetización del déficit fiscal, y es básicamente que, a través de su capacidad de emisión, la banca central puede financiar parte del déficit, en dolarización eso se puede hacer. De hecho, el Ecuador lo hizo de manera indirecta a partir del año 2009, y de manera directa desde el año 2014 hasta el año 2018. Así que, es absolutamente falso que no lo puedes hacer en dolarización, lo puedes hacer, el problema es que depende de cómo lo hagas, las consecuencias pueden ser complejas. Si tú tienes un esquema de institucionalidad muy fuerte, donde se respetan reglas de sostenibilidad, puedes darle cierta flexibilidad a la política monetaria que te permite hacer operaciones de monetización del déficit fiscal, pero si no respetas las reglas de sostenibilidad, pronto vas a perder reservas internacionales, vas a reducir la capacidad operativa del Banco Central para garantizar el esquema monetario de dolarización, y puedes salir expulsado del esquema monetario dolarización. Es una discusión bien compleja, pero en principio es falso, es decir, el hecho que te dolarices no asegura la disciplina fiscal, eso es falso, tampoco es que borra la herramienta de acierto de monetización del déficit. Cuando te dolarizas, no solo el Banco Central, todo el sistema financiero, obviamente, se atiene a usar una moneda extranjera y los bancos centrales, que son los emisores de la moneda soberana, pierden la posibilidad de emisión primaria, es decir, no pueden imprimir billetes ni acuñar monedas y eso pasó en Ecuador. Pero, el sistema financiero en su conjunto conserva su posibilidad de emisión secundaria, se expanden los balances de las entidades financieras para otorgar crédito, eso hace crecer la liquidez total a través del crecimiento de los depósitos y de todas las formas de cuasi dinero. En Ecuador, al inicio de la dolarización eso fue una bendición, porque el hecho de que el sistema financiero y más tarde el propio Banco Central, puedan hacer operaciones de emisión secundaria que expandan la liquidez más de allá de los dólares emitidos por la Reserva Federal de los Estados Unidos, que están disponibles en la economía, estiraron la liquidez total del M2 lo suficiente como para que la economía pueda tener un respiro y pueda funcionar. Entonces, por un lado, es algo necesario, pero por otro lado es súper riesgoso, porque si la emisión secundaria crece demasiado y el Banco Central no tiene las capacidades, sobre todo las reservas internacionales, que le permitan garantizar la disponibilidad de efectivo y el pago de los giros netos al exterior, el esquema monetario puede entrar en riesgo. La disciplina fiscal no viene como una consecuencia de la dolarización, y más bien se enfrenta a otro dilema, que es el problema de que una vez que estás dolarizado, si no tienes disciplina fiscal, puede entrar en caminos de insostenibilidad que pueden llevarse abajo el propio esquema de dolarización, con consecuencias complejas. Porque la dolarización es dura de entrar, pero si tienes la suficiente reserva de dólares disponible y estás dispuesto a pagar un tipo de cambio muy, muy alto, se puede hacer y Ecuador es muestra de eso. Con sacrificio puedes entrar, pero salir de la dolarización es un tema mucho más complicado, porque una vez que la gente tiene dólares en el bolsillo, tiene una moneda estable, contarle una historia a la gente y decirle: “te voy a sacar los dólares para darte una nueva moneda”, gente que además, tiene un trauma con la historia más reciente de haber sufrido la pérdida del valor de su moneda frente al dólar y altísimas inflaciones, nadie va a ceder, y vas a entrar a una economía de la especulación que te puede llevar a un desastre económico. Ese es el dilema de Ecuador. Una vez que dolarizaste, en mi opinión, debes aprender a vivir con ese problema, porque la dolarización es en buena medida, una restricción. Tiene algunas ventajas, la estabilidad de precios, una moneda dura, pero tiene un montón de desventajas también, y tienes que buscar las herramientas para gestionar un sistema monetario tan rígido de manera que le permita a la economía tener buenos resultados en el sector real: en el crecimiento, en la creación de empleo. Es un enorme desafío que en Ecuador no se ha solucionado bien, y sobre todo en estos últimos años, donde ha tenido episodios deflacionarios, tasas de crecimiento muy pobres, incluso períodos con promedios negativos, que han empeorado toda la situación económica de los ecuatorianos: la pobreza, la desigualdad, el empleo, que hoy son temas de gran preocupación a nivel nacional.
ES: ¿Qué lecciones podríamos extraer de la experiencia ecuatoriana otros países como Argentina, que están considerando la opción de una moneda dura como la que adoptaron ustedes?
MV: Primero, hay que entender la situación de Argentina actualmente. Argentina tiene una economía mucho más grande que Ecuador, en términos de tamaño. Si uno mide el indicador de apertura comercial, es decir, si toma las exportaciones mas las importaciones y divide para el PIB, es una economía mucho mas cerrada que Ecuador. Esto de alguna manera te dice que las lecciones de Ecuador para Argentina no son fácilmente extrapolables, el proceso argentino de una dolarización sería muy diferente al de Ecuador, sin embargo, vas a tener los mismos dilemas. En Argentina, buena parte de la actividad económica esta dolarizada ya, la gente guarda dólares, la gente se defiende en dólares. No conozco el sistema financiero en Argentina, no sé si el sistema financiero transa en dólares, descuenta en dólares, da créditos en dólares.
ES: Está prohibido, porque nosotros ya hemos tenido una experiencia cuasi dolarizadora, que fue la convertibilidad, que era una caja de conversión, pero no habíamos eliminado la moneda, y paso lo que nos contabas de Ecuador, se expandió el crédito y no había dólares para responder a esa convertibilidad. A partir de ahí, cuando se devaluó la moneda, se prohíbe que el sistema financiero otorgue créditos dólares, porque fue un proceso muy traumático salir del proceso de convertibilidad, salvo el caso de los exportadores, que tienen el ingreso de dólares asegurado.
MV: Entiendo, es lógico. Entonces las lecciones no son tan extrapolables. Argentina es un país muy distinto, la estructura de la economía es muy distinta a la de Ecuador. Sin embargo, salvando esas diferencias se pueden sacar ciertas lecciones. La primera es que la solución no viene de los gobiernos ni de la política, es la propia gente esta buscando una moneda dura para poder defender el poder adquisitivo de sus tenencias monetarias, entonces, la dolarización entra primero de facto no de jure. No es una decisión, no es una política, es una consecuencia de haber manejado mal la política monetaria, y permitir que la moneda nacional haya perdido valor y haya experimentado muchísimas inflaciones. Hay que entender la dolarización no es una medida política-económica, es sobre todo una consecuencia de una pésima gestión de política monetaria durante un largo periodo de tiempo, que en el caso de Ecuador fueron dos décadas, los ochenta y los noventa, habría que ver cuánto tiempo duró en Argentina.
Segundo, la dolarización con un sacrificio muy grande, en un periodo de ajuste que puede durar varios años, si funciona para contener la inflación, pero hay que pagar un costo y luego vas a enfrentar un problema y es que vas a tener una política económica con menos grados de libertad y mucho más vulnerable, que va a ser muy difícil que enfrentes la volatilidad del ciclo económico y los choques externos que deben enfrentar las economías. Argentina es una economía más cerrada que Ecuador, también tiene un sector exportador muy importante, y creo que eso puede cambiar algunas cosas; en tal caso es una decisión dura de tomar, con grandes costos que poner sobre la mesa antes de tomarla, pero lamentablemente con un peso muy fuerte, porque Argentina está dolarizada de facto. Ese es un hecho que también sucedió en Ecuador, y revertir eso es un proceso complicado, no imposible, pero que hay que ver cómo se puede lograr. Hay otros países que han sufrido hiperinflaciones: Bolivia, Perú, Uruguay, que han logrado mantener su moneda nacional, y volver a controlar la inflación. Habría que investigar todos los caminos. La dolarización oficial es uno. Lamentablemente, mientras más largo haya sido el período de tener una moneda inestable con altísimas inflaciones y pérdidas de poder adquisitivo frente al dólar, el grado de dolarización de facto es mayor, y yo creo que el caso de Argentina es así. La gente está acostumbrada a defenderse con dólares. Y eso hace que se vuelva, de alguna manera, como un camino natural para transitar hacia allá, pero antes de dar ese salto hay que evaluar los costos y los beneficios sobre la mesa y, sobre todo, las implicaciones a mediano y largo plazo, no que no son sencillas.
ES: Una última pregunta, Ecuador —al igual que Argentina— está atravesando una crisis económica y social. En el caso de Ecuador, además, es una crisis política. ¿Podría describir el proceso económico que está experimentando Ecuador en la actualidad y cuál es el papel de la dolarización en esta situación?
MV: Sí, en este momento Ecuador, desde el año 2016 atraviesa un ciclo de episodios deflacionarios y de comportamiento recesivo de la economía, que han venido echando al suelo el ingreso per cápita y el bienestar económico de las personas, lo que además se ha sumado a un aumento enorme de la violencia y la criminalidad, que es una de las preocupaciones más graves hoy. Y básicamente, eso ha causado que ahora haya una convulsión en el ámbito político. El presidente actual, el señor Guillermo Lasso, de hecho, no va a poder terminar su periodo presidencial. Hemos empezado ya con el tema de la volatilidad política. El equilibrio al que hemos llegado en términos de política económica es un equilibrio bastante negativo, porque se ha cuestionado el uso de instrumentos de política monetaria y de política fiscal. Ahora tenemos un estado que no hace nada frente a un desempeño pésimo de la economía, y hay un enorme descontento que ahora se traduce en una crisis política. Entonces, la situación de Ecuador es muy compleja en ese sentido, y sabemos que el panorama político se va a volver muy convulso en estos próximos años para tratar de buscar una solución, pero nadie está contento con la política económica; y menos con el desempeño económico que tenemos actualmente, así que creo que hay mucho por hacer. Además, tenemos que hacerlo lidiando con un esquema monetario que tiene ciertas ventajas al mantener una estabilidad de precios, pero enormes desventajas al no tener instrumentos para enfrentar la volatibilidad del ciclo económico y los choques externos.
En las elecciones de este domingo se enfrentan dos visiones políticas, pero particularmente, económicas, que ineludiblemente tendrán un impacto en Misiones distinto al resto del país. La oposición propone la dolarización o un bimonetarismo, propuestas similares al modelo de la década de los 90, con consecuencias que se sintieron en todo el país, pero distintas en Misiones, una provincia de frontera.
“Lo que voy a decir no es ningún invento, ni estoy maquinando una fantasía, sino tomando la experiencia de lo que le pasó a Misiones en la Convertibilidad, que fue una dolarización porque teníamos un peso convertible con un dólar, con un tipo de cambio fijo. ¿Y cuál fue la consecuencia? La consecuencia fue que pasamos a ser caros, nos transformamos en una provincia cara con respecto a Paraguay y Brasil. Los locales de los comercios en zonas fronterizas estaban cerrados. Iguazú era un pueblo fantasma en la década del 90, y no había comercios porque era imposible competir con los precios de Foz de Iguazú. Lo mismo pasaba aquí, con Posadas-Encarnación y en general, eso también se replicaba en todo el resto de la provincia. Entonces una provincia que no era competitiva en materia de precios, donde los argentinos iban a Paraguay o Brasil, y los paraguayos y brasileños no podían venir a Misiones porque no teníamos precios baratos, los comercios cerraban y despedían a sus empleados, teníamos alta tasa de desempleo. Lo que venimos diciendo hace un tiempo atrás de que el puente se va a dar vuelta. Hoy tenemos una provincia inundada de brasileños, paraguayos, extranjeros gastando, dejando su dinero en la provincia, generando fuente de trabajo, y esto se va a dar vuelta. Y también va a pasar con las empresas exportadoras, es decir, hoy una empresa que exporta derivados de la industria forestal, el papel, el té, el tabaco, no van a poder exportar porque no habrá un buen precio competitivo. Eso va a generar graves inconvenientes en las empresas que exportan, van a tener que despedir personal, con lo cual, evidentemente la dolarización no es positiva. Miremos también a la experiencia de otros países, de Ecuador, de Panamá, del Salvador, también es lo mismo.
En paralelo se habla también de abrir importaciones…
Sí, y no hay que irse muy lejos. Cuando se abrió la importación de fenólicos brasileños en el año 2016, preguntémosle a cualquier industrial de la madera cómo estuvieron seis meses, ocho meses parados, cuando no se podía vender la producción porque entraba un fenólico barato de Brasil, porque en ese momento el dólar estaba muy barato. Lo mismo pasó en su momento con la fábrica Dass, que quedó con 300 empleados solamente, porque se inundaban de zapatillas importadas y era imposible competir en ese momento. Entonces, una dolarización, sumada a una apertura de la economía realmente puede ser fatal para cualquier industria, para cualquier comercio de Misiones.
La experiencia de la convertibilidad duró 10 años, con resultados muy malos para Misiones… ¿Imagina ese mismo escenario? Sí, es que va a ser así. Cuando uno toma, por ejemplo, inclusive lo que pasó con Ecuador, con Panamá, con El Salvador, que son economías dolarizadas, no son economías industrializadas. Ninguna industria puede existir porque no son competitivas. Panamá depende del canal, el 25% del PBI es los ingresos que genera el canal de Panamá y después alguna industria agrícola que puede ser el maní o la exportación de banana, que es alguna producción que pueda tener, pero ninguna industria que genere valor agregado puede desarrollarse en esos países. Los trabajadores de Ecuador se van, se mudan a Colombia, a los países vecinos a trabajar porque en Ecuador o en Panamá o El Salvador no se consigue trabajo.
Los dos principales candidatos de la oposición hablaron del turismo. Una calificó como “plancito” al Previaje y el otro quiere eliminar el Ministerio del Turismo. ¿Qué podría pasar en una actividad clave como es el turismo para Misiones con estas decisiones?
La economía de Misiones tiene una participación del turismo muy importante, arriba del 10% del producto bruto. Estamos hablando de una actividad de mucha relevancia en nuestra economía. Sacar el Previaje, como proponen tanto Bullrich como Milei, va a tener un efecto muy negativo, porque hoy muchas familias de todo el país utilizan el programa, en especial en los feriados largos o en épocas especiales. Y vemos la ocupación hotelera que tenemos, no solamente en Iguazú, sino en Posadas, en Oberá, en El Soberbio, en cualquier localidad de la provincia, tenemos muy buena ocupación hotelera a partir de un programa turístico que realmente fomenta una actividad que hay que aprovechar.
No es el caso de Misiones que no depende tanto de la coparticipación, pero sí de otras provincias. Habla también de eliminar la coparticipación. ¿Qué significa eso en la práctica? ¿Qué impacto podría tener en la economía de las provincias?
La consecuencia de eso puede ser terrible, pero para la economía en general. ¿Cómo pagamos a los policías, a los maestros, a los trabajadores de la salud? En realidad, las provincias quedamos liberadas de la ley de Coparticipación. Porque la ley de Coparticipación es una ley convenio, donde la Nación se sentó con todas las provincias y dijeron bueno los impuestos directos son de las provincias, los indirectos son impuestos compartidos, pero hacemos un pacto que para que no haya sobrecarga de impuestos a la actividad privada. Que la Nación cobre estos impuestos, que la provincia cobre éstos, y de esa forma distribuimos el reparto de los recursos. Ahora, sí de manera unilateral el Estado nacional te corta la coparticipación, las provincias quedamos liberadas y podemos empezar a cobrar otros impuestos que, nosotros no queremos, pero nos veremos obligadas para compensar una quita unilateral que haga el Estado Nacional.
Pero muchas provincias se funden.
Sí, sí, hay provincias que sí. A nosotros, por ejemplo, un régimen así nos va a beneficiar porque nuestra actividad económica genera más impuestos de lo que recibimos. Es decir, Misiones hoy genera tres veces más de impuestos que se lleva la AFIP y después vuelve solamente un tercio de eso. Si Misiones los recaudara, nos quedaríamos con tres veces de ese impuesto. Para otras provincias va a ser muy distinto. Otras provincias, reciben más de lo que producen y ahí sí van a tener algún tipo de problemas para poder financiarse.
¿Por qué cree que vuelve esa idea de la ola privatizadora nuevamente al debate de la economía de la Argentina?
No creo que sea un tema que la sociedad esté planteando, porque si uno le pregunta a la gente si está de acuerdo con privatizar Aerolíneas, o YPF, o cualquier sociedad importante del Estado, la gran mayoría de los argentinos no está de acuerdo con eso. Creo que entra como parte de un programa electoral, como parte de “liberar” la economía y reducir la participación del Estado. Pero la verdad que no es un tema que tenga tanto consenso en la sociedad. Tal vez, cuando fue allá la década 90, cuando se privatizó Entel, que era una empresa ineficiente, o Aerolíneas, que también era una empresa ineficiente, podía tener consenso la sociedad, porque la verdad que el Estado no prestaba buenos servicios en esas empresas, pero hoy tenemos buenos servicios, o sea, hoy tenemos abastecimiento de combustible, tenemos buenas líneas aéreas en todo el país, y si se privatizan estos servicios, la verdad que la calidad puede llegar a caer.
¿Por qué cree que habría que votar a Sergio Massa este domingo? Porque usted es uno de los que se ha puesto, si quiere, la campaña al hombro y me gustaría que lo diga. ¿Cuál es la clave de por qué elegir a Massa?
Es muy difícil hacer una campaña hoy con Sergio Massa porque le toca estar a cargo del ministerio de Economía, en un proceso donde se está viviendo una de las más altas tasas de inflación de los últimos años. Pero, en realidad no es culpa de él. Si hubiera sido Bullrich, Milei o cualquiera ministro de Economía de este tiempo, sería igual. La inflación de la Argentina tiene que ver con la escasez de dólares. O sea, una brutal sequía en La Pampa húmeda, la más grande de los últimos 50 años, que generó una escasez de 20.000 millones de dólares, está provocando que el dólar sea escaso y esta disparada del tipo de cambio que arrastra los precios de la economía. Entonces, Massa está haciendo bien, los deberes en materia de bajar el gasto público, en materia de no emitir para financiar el déficit fiscal, pero esto ya fue un tema externo a él que no lo pudo, por supuesto, nadie lo pudo haber resuelto. Massa en cambio, para el futuro tiene, para su gobierno, y ya estamos cerrando el año que viene, un programa económico para generar los dólares que faltan en la Argentina, y que genere el crecimiento sostenido, con un programa exportador para que las economías regionales se exporten, para que La Pampa húmeda vuelva a exportar, para que Vaca Muerta genere los dólares que hoy el país necesita y con eso estabilizar la economía. Con un buen programa fiscal y monetario y los dólares que el país hoy no tiene y que va a tener con esto que quiere hacer Sergio Massa, la economía va a volver a crecer. Qué es lo que le hace falta al país. Las otras recetas parten de un error de diagnóstico, es decir, creer que hoy la inflación de la Argentina es porque se gasta mal o porque se emite, es equivocado. Va a llegar Milei a la presidencia, va a bajar el gasto público, va a recortar la emisión y la inflación va a seguir porque no está resolviendo el tema de fondo que son los dólares que la Argentina hoy no tiene. Entonces, el único que nos garantiza un programa de crecimiento sostenido es Sergio Massa.
¿Cuánto hay que esperar? ¿Un año? para que se estabilice la economía.
Y el año que viene, porque el año que viene ya vamos a tener mejores ingresos de Vaca Muerta, ahorro de dólares por la importación de energía también por Vaca Muerta y la cosecha gruesa que va a empezar los primeros meses del año que viene. Entonces, a partir de los primeros meses del año que viene, cuando ya los dólares se comiencen a generar, ahí el tipo de cambio se va a estabilizar y todo va a empezar a transitar de manera mucho más normal. Hay que darle un plazo de gracia, pero hay que entender, esto es como la medicina, si el médico te diagnóstica mal, te da un remedio que no te hace bien, te va a perjudicar. Entonces tanto Milei, como Bullrich están haciendo un error diagnóstico de la economía de la Argentina. Están diciendo que la inflación es por el mal gasto de la economía, por la emisión monetaria, cuando el problema está en que no tenemos dólares.
El lunes pasado, en la sede de la Cámara de Comercio e Industria de Posadas, el ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, mantuvo una reunión con Manuel Amores, presidente de la CCIP; Jorge Lindheimer, vicepresidente; y Fernando Vely, prosecretario de la entidad, para abordar una agenda de acciones que permitan seguir fortaleciendo al sector comercial posadeño.
Con respecto a los Programas Ahora, las autoridades de la CCIP propusieron la puesta en marcha de un nuevo programa, Ahora PyME, destinado a fomentar la compra entre empresas misioneras a través de financiación sin interés con el apoyo del Banco Macro y el Gobierno provincial. Desde la CCIP también solicitaron la implementación de un nuevo programa dedicado exclusivamente a la compra de neumáticos que mejore las condiciones de financiación y reintegro que actualmente ofrecen los programas Ahora Misiones y Ahora Misiones +21%.
Por otra parte, coincidimos en la necesidad de continuar impulsando acciones de capacitación en Educación Financiera, Marketing, Administración, Control de liquidación de Tarjetas, y otras herramientas comerciales cuya difusión permite seguir potenciando el comercio local; y abordamos la agenda de trabajo con respecto a la organización del programa especial Posadas Mágica, que se realizará en el mes de diciembre.
“También analizamos la coyuntura política a nivel nacional, destacando la importancia de la elección a Presidente del próximo domingo y las consecuencias que podría tener para Misiones. Sergio Massa asegura la continuidad y el fortalecimiento del programa Ahora Misiones +21%, una herramienta que con certeza no seguirá en vigencia bajo un Gobierno nacional encabezado por candidatos como Javier Milei, que está en contra de los subsidios, o Patricia Bullrich, que no tiene previsto implementar programas de fomento al consumo”, señaló el ministro de Hacienda.