Donald Trump

El hijo de Trump apuesta a la yerba mate en Estados Unidos

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El hijo menor del presidente Donald Trump, Barron, ha constituido una nueva empresa de bebidas con base en la yerba mate, según revelan documentos comerciales revisados por Newsweek.

De acuerdo con los registros de inscripción empresarial presentados en Florida y Delaware en enero, Barron Trump y otras cuatro personas figuran como directores de una compañía llamada Sollos Yerba Mate Inc., que uno de los directores describió como una “empresa de bebidas de yerba mate”.

Presentaciones ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) muestran que la empresa cuenta con un capital de 1 millón de dólares, obtenido a través de una colocación privada.

La empresa está registrada en una dirección cercana a la residencia de los Trump en Florida, y dos de los directores asistieron a la misma escuela secundaria que Barron Trump. La creación de la compañía también se produce tras emprendimientos empresariales previos del estudiante de segundo año de la Universidad de Nueva York, de 19 años.

A medida que avanza el mandato presidencial, las actividades empresariales de los familiares más cercanos de Donald Trump generan escrutinio, en parte debido a posibles cuestiones de influencia política.

No hay indicios de que el presidente Trump esté influyendo o financiando el emprendimiento de Barron Trump. Donald Trump tiene una amplia trayectoria empresarial y posee bienes raíces, hoteles y clubes de golf, la mayoría gestionados a través del holding Trump Organization. Al asumir el cargo en enero de 2025, la Trump Organization anunció que Donald Trump no participaría en la gestión de su empresa inmobiliaria durante su segundo mandato. Designó además a un asesor externo en ética, el abogado William Burck, republicano de larga trayectoria, para evitar conflictos de interés.

Sollos Yerba Mate Inc. fue constituida en Delaware el 3 de diciembre de 2025. Posteriormente, fue registrada en Florida el 12 de enero de 2026 como corporación extranjera con fines de lucro, es decir, una entidad constituida bajo las leyes de otro estado que se registra para operar en Florida.

Delaware es conocido por ser un estado favorable para los negocios. No aplica impuesto estatal sobre la renta corporativa y existe el denominado “vacío legal de Delaware”, que permite a las empresas reducir su carga impositiva trasladando a ese estado las ganancias generadas en otros.

Los datos de registro muestran que inicialmente la empresa se llamó SOULSTICE, INC., pero el Departamento de Estado de Florida, División de Corporaciones, rechazó ese nombre por no estar disponible.

La empresa también fue registrada ante la SEC con los mismos directores bajo el nombre SOULSTICE, INC., el 23 de enero de 2026.

Además de Barron Trump, los directores que figuran son Rudolfo Castello, Valentino Gomez, Stephen Hall y Spencer Bernstein. SPI Agent Solutions Inc., firma que brinda servicios de cumplimiento corporativo y asesoramiento legal, figura como agente registrado de la compañía.

Hall, quien asistió junto a Barron Trump a la escuela Oxbridge Academy en Palm Beach, es estudiante de la Universidad de Notre Dame. En una publicación en LinkedIn, señaló que llevaba nueve meses “trabajando en una empresa funcional de bebidas de yerba mate” y que la compañía se preparaba para lanzarse al mercado en primavera.

Bernstein, estudiante de la Universidad de Villanova, describió en LinkedIn a la firma como “una marca de bebidas de estilo de vida construida en torno a ingredientes limpios y funcionales”. También asistió a Oxbridge Academy junto a Barron Trump. En enero indicó que la empresa “alcanzó un hito importante y cerró su ronda semilla”.

Sollos Yerba Mate Inc. está registrada en una vivienda privada de cinco dormitorios en Palm Beach, Florida, cercana al club Mar-a-Lago de Trump. Según datos de valoración inmobiliaria de Zillow, la propiedad está valuada en más de 16 millones de dólares.

Por su parte, la embotelladora North Florida Bottling publicó un video en Instagram en el que afirmó estar “colaborando con” Sollos Yerba Mate. No está claro si esta empresa es socia oficial de Sollos Yerba Mate Inc. Newsweek se comunicó por correo electrónico con North Florida Bottling para obtener comentarios.

Barron Trump ya había incursionado previamente en el mundo empresarial. En 2025, Newsweek informó que había constituido una empresa inmobiliaria en julio de 2024, la cual fue disuelta en noviembre tras la victoria electoral de Trump.

Barron Trump también figura como cofundador del emprendimiento de criptomonedas World Liberty Financial.

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Bad Bunny rompió el Super Bowl: récord de audiencia, identidad latina y choque político

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Si de cultura pop se trata, el calendario global está escrito casi de memoria: entre enero y marzo, la temporada de premios; junio, el Mes del Orgullo; septiembre, los Emmy; octubre, Halloween; noviembre y diciembre, el ritual navideño; y en febrero, el Super Bowl. Pero -más allá del deporte- el mundo mira otra cosa: el show de medio tiempo. Este domingo, Bad Bunny le agregó a ese ritual una dimensión poco habitual en el actual clima estadounidense: unidad.

En un contexto político áspero, con el inmigrante nuevamente ubicado en el centro del conflicto discursivo y una retórica de ultraderecha en ascenso, el artista puertorriqueño eligió un camino sin consignas explícitas ni slogans militantes. Su mensaje fue más sofisticado: identidad, pertenencia y celebración. Un gesto cultural que funcionó tanto como abrazo simbólico para millones de latinos como incomodidad abierta para los sectores más conservadores.

La cita tuvo lugar en el Levi’s Stadium, escenario del Super Bowl que enfrentó a los New England Patriots y los Seattle Seahawks, pero el partido quedó rápidamente relegado a un segundo plano. La palabra que atravesó todo el espectáculo fue una sola: latinidad. No fue casual. Bad Bunny, ganador de seis premios Grammy y recientemente consagrado con el Álbum del Año por “DeBí TiRAR MáS FOTos”, es el primer artista en lograr ese galardón con un disco íntegramente en español. Ese hito cultural fue llevado, sin traducciones ni concesiones, al evento deportivo más visto del planeta.

En la semana más triunfal de su carrera, el músico había anticipado que “el mundo va a bailar”. Y cumplió. Con una puesta alegre, precisa y cuidadosamente diseñada para una audiencia global, recorrió distintas etapas de su discografía en un medley pensado tanto para sus fans como para los más de cien millones de espectadores que lo veían por primera vez. El acompañamiento de figuras como Lady Gaga, Ricky Martin y agrupaciones tradicionales reforzó el cruce entre mainstream global y raíces caribeñas.

La escenografía replicó el espíritu de su residencia “No Me Quiero Ir de Aquí” en Puerto Rico y transformó el campo de juego en una vecindad isleña: barbería, licorería y la ya emblemática casita, ese espacio íntimo desde el cual Bad Bunny recibe invitados durante sus shows. Lejos del folclore vacío, la puesta funcionó como una reivindicación concreta de la vida cotidiana, la memoria familiar y el trabajo rural, con referencias visuales a plantaciones de caña y plátano que también atraviesan la estética de su último álbum.

El espectáculo sumó capas de impacto con apariciones de celebridades y escenas que desbordaron el formato tradicional: bailarines ocupando el campo, una pista gigante y hasta una boda real celebrada en vivo. Pero el momento de mayor densidad simbólica llegó sin palabras. En pantalla apareció un fragmento del discurso de Bad Bunny en los Grammy y la imagen de un niño que muchos asociaron con casos recientes de detenciones migratorias. El gesto fue mínimo —ofrecer el premio, compartir el plano— y por eso mismo potente.

El cierre terminó de ordenar el mensaje. “God bless America”, dijo Bad Bunny, una frase históricamente leída en clave nacionalista. Pero inmediatamente comenzó a nombrar, uno por uno, a los países de América del Norte, Central y del Sur, mientras una consigna se iluminaba sobre el estadio: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”. No hubo insultos ni confrontación directa, pero sí una redefinición del concepto de América: no como país, sino como continente.

Para la industria del deporte y el entretenimiento, el show confirmó varias tendencias. El Super Bowl ya no es solo una final deportiva, sino una plataforma cultural y política de escala global. La música latina dejó de ser un nicho y se consolidó como motor de audiencia, conversación y valor de marca. Y Bad Bunny, sin levantar la voz, dejó una señal clara: en el negocio del espectáculo global, la identidad también cotiza alto.

Récord de audiencia global

El show de medio tiempo del Bad Bunny en el Super Bowl 2026 marcó un antes y un después en la historia del evento deportivo más visto de los Estados Unidos. Con 142,3 millones de espectadores, la presentación se convirtió en la más vista de todos los tiempos, superando cualquier registro previo del espectáculo central de la NFL.

Los datos, atribuidos a NFL Football Operations, confirman no solo un récord de audiencia televisiva, sino también un impacto amplificado por redes sociales y plataformas digitales, donde el contenido se multiplicó en YouTube, TikTok, X y Facebook, extendiendo el alcance mucho más allá de la transmisión tradicional. Para la industria del entretenimiento y el deporte, el fenómeno reafirma el valor estratégico del show de medio tiempo como activo global de marca.

Desde el plano cultural, la actuación tuvo un fuerte contenido simbólico. Bad Bunny utilizó mayoritariamente el español en un escenario históricamente dominado por el inglés, convirtiendo el espectáculo en una declaración de identidad latina frente a una audiencia global. La puesta en escena, atravesada por referencias a Puerto Rico y a la cultura caribeña, consolidó al artista como un actor central en la conversación cultural de los Estados Unidos.

El impacto, sin embargo, no se limitó al entretenimiento. El show derivó rápidamente en un debate político y cultural, luego de que el presidente estadounidense Donald Trump criticara públicamente la presentación, calificándola como “una de las peores de la historia” y cuestionando tanto el idioma utilizado como la coreografía. Las declaraciones, difundidas en redes sociales, alimentaron aún más la viralización del evento.

Lejos de dañar la repercusión, la controversia potenció la visibilidad del espectáculo y reforzó su centralidad en la agenda mediática. Analistas del sector coinciden en que el Super Bowl volvió a demostrar su doble condición: no solo como final deportiva de la NFL, sino como plataforma cultural, política y económica de escala global, donde música, identidad, audiencia y poder blando se entrecruzan.

En términos de negocio, el récord de audiencia consolida al Super Bowl como el evento televisivo más valioso del planeta, y confirma que la música latina dejó de ser un nicho para convertirse en un driver central de audiencias, conversación y monetización en el mercado estadounidense.

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Lula advierte: “No queremos otra Gaza en Sudamérica”

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió que la política mundial atraviesa “un momento muy crítico”, marcado por el avance de la ultraderecha, el debilitamiento del multilateralismo y el creciente alineamiento de algunos países sudamericanos con la agenda de los Estados Unidos, en particular durante el nuevo gobierno de Donald Trump.

Durante un acto realizado la semana pasada en el estado de Bahía, Lula llamó a observar con atención la situación política de la región y mencionó explícitamente a países como Chile, Argentina, Venezuela, Paraguay y Ecuador. “Vivimos un momento muy crítico en la política global”, sostuvo ante el auditorio, al tiempo que alertó sobre el impacto regional del giro político en Washington.

Según consignó el medio brasileño Brasil de Fato, el mandatario remarcó que Sudamérica ha sido históricamente una zona de paz y contrastó esa condición con los actuales conflictos internacionales. “No tenemos armas nucleares ni bombas atómicas. Tenemos gente pobre que quiere trabajar, vivir, comer y estudiar. No queremos guerra”, afirmó. Y agregó: “Puede que no tengamos armas, pero tenemos carácter y dignidad, y no bajaremos la cabeza ante nadie, sea quien sea”.

En su discurso, Lula cuestionó además acciones militares impulsadas por Estados Unidos en la región, en referencia a la captura del ex presidente venezolano Nicolás Maduro, y vinculó ese tipo de intervenciones con un clima de creciente tensión geopolítica.

Enfriamiento regional y señales políticas

El presidente de la mayor economía de América Latina dejó entrever que este escenario explica el enfriamiento de las relaciones con algunos mandatarios sudamericanos. En el caso de Paraguay, Lula no asistió en enero pasado a la firma del acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea, realizada en Asunción, pese a haber sido Brasil uno de los principales impulsores del tratado y a la invitación formal del presidente paraguayo Santiago Peña.

Si bien al inicio de su mandato en 2023 Peña mantenía una relación cercana con Lula —incluso participando de eventos de alto perfil como la cumbre del G20—, en el último año su gobierno, al igual que el del presidente argentino Javier Milei, mostró una mayor sintonía con la agenda política y estratégica de Washington.

Gaza, multilateralismo y advertencia global

En otro tramo de su exposición, Lula cuestionó los anuncios del gobierno de Trump sobre la reconstrucción de Gaza tras el cese del fuego con Israel. “No queremos otra Guerra Fría. No queremos otra Gaza en Sudamérica”, advirtió. Y fue más allá: “¿Han visto la foto de lo que planean hacer en Gaza? Un complejo turístico. Lo destruyeron todo, mataron a más de 70.000 personas, y ahora dicen que lo convertirán en hoteles de lujo. ¿Dónde vivirán los pobres que sobrevivieron?”, se preguntó.

Finalmente, el presidente brasileño alertó que Trump pretende “crear una nueva ONU” bajo su control y sostuvo que el orden global atraviesa una mutación profunda. “El multilateralismo está siendo reemplazado por el unilateralismo y prevalece el gobierno del más fuerte”, concluyó.

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EE.UU. negocia con Milei un acuerdo para deportar migrantes de terceros países a la Argentina

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Revelado por The New York Times, el entendimiento en análisis permitiría a la administración de Donald Trump enviar a la Argentina migrantes de otras nacionalidades detenidos en la frontera estadounidense. La iniciativa expone la profundidad del alineamiento político de Javier Milei y abre interrogantes económicos, institucionales y de seguridad.

Un acuerdo sensible en negociación y su relevancia estratégica

Los gobiernos de Estados Unidos y la Argentina mantienen negociaciones avanzadas para firmar un acuerdo bilateral de deportaciones que habilitaría a la administración de Donald Trump a enviar a la Argentina inmigrantes de otras nacionalidades latinoamericanas, detenidos tras ingresar de manera ilegal a territorio estadounidense. La información fue revelada este 30 de enero de 2026 por The New York Times, que citó dos personas familiarizadas con las tratativas y documentos oficiales del gobierno norteamericano.

El eventual acuerdo, aún no confirmado formalmente por la Casa Rosada, se inscribe en la campaña masiva de deportaciones impulsada por Trump desde el inicio de su segundo mandato y refleja el alineamiento político y estratégico del gobierno de Javier Milei con Washington. Al mismo tiempo, plantea implicancias institucionales, operativas y políticas para la Argentina, que podría convertirse en un “tercer país receptor” de migrantes expulsados de Estados Unidos.

Deportaciones, alineamiento político y negociaciones reservadas

Según el reporte del diario neoyorquino, las conversaciones se desarrollan bajo estricto hermetismo y forman parte de una estrategia más amplia de la Casa Blanca para acelerar las expulsiones de migrantes ilegales, una de las principales promesas de campaña de Trump. El plan incluye el despliegue de miles de agentes de inmigración de distintas agencias federales y la firma de acuerdos con países aliados, como ya ocurrió con El Salvador, cuyo presidente Nayib Bukele mantiene una estrecha relación con el mandatario republicano.

Fuentes del oficialismo argentino reconocieron a LA NACION que la subsecretaría de Defensa de Estados Unidos realizó sondeos al Ministerio de Seguridad, aunque durante la gestión de Patricia Bullrich esos contactos no derivaron en un acuerdo concreto ni en su instrumentación. En ese momento, las dudas giraron en torno a las posibles reacciones internas frente a la llegada de detenidos de otras nacionalidades, en un país con una idiosincrasia diferente a la de otros Estados que aceptaron este tipo de pactos.

De acuerdo con The New York Times, la iniciativa habría sido un pedido de Estados Unidos, y no una propuesta surgida desde Buenos Aires. Desde la embajada norteamericana en la Argentina y el Departamento de Estado, las respuestas oficiales fueron idénticas: “No haremos comentarios sobre los detalles de nuestras comunicaciones diplomáticas con otros gobiernos”.

Un vocero del Departamento de Estado agregó que “Implementar las políticas de inmigración de la administración Trump es una prioridad principal (…) mantenemos nuestro firme compromiso de poner fin a la inmigración ilegal y masiva y reforzar la seguridad fronteriza de Estados Unidos”.

Migrantes de terceros países y rol de la Cancillería

Según los documentos del gobierno estadounidense citados por el medio, el subsecretario de Política Exterior argentino, Juan Manuel Navarro, presentó a principios de este mes una propuesta para concretar un acuerdo de deportación con un tercer país. El artículo añade que el canciller Pablo Quirno se habría comprometido ante autoridades estadounidenses a firmar dicho acuerdo.

El esquema bajo análisis prevé que la Argentina acepte personas detenidas cerca de la frontera estadounidense poco después de ingresar ilegalmente, según indicó un funcionario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) citado por The New York Times. Posteriormente, a esos migrantes se les ofrecerían vuelos para regresar a sus países de origen, utilizando a la Argentina como escala administrativa y logística.

Desde la Cancillería, la respuesta oficial fue cauta. “Por política institucional, la Cancillería no realiza comentarios sobre conversaciones o eventuales negociaciones diplomáticas”.

Quirno, además, tiene previsto viajar a Washington la próxima semana para participar el 4 de febrero de una reunión sobre minerales críticos, convocada por el secretario de Estado Marco Rubio, lo que refuerza la intensidad del vínculo bilateral en múltiples agendas estratégicas.

Seguridad, migración y señales al electorado

La revelación del posible acuerdo se produce cuatro días después de que el Gobierno argentino anunciara un incremento significativo en las inadmisiones y expulsiones de extranjeros en los pasos fronterizos. Según el Ministerio de Seguridad Nacional, entre diciembre y enerocasi 5000 personas no pudieron ingresar al país o fueron expulsadas”. La ministra Alejandra Monteoliva atribuyó el dato al refuerzo de controles en aeropuertos, puertos y corredores fronterizos.

En ese marco, el eventual entendimiento con Estados Unidos podría leerse como una señal de coherencia discursiva con la política de endurecimiento migratorio que impulsa el gobierno de Milei, aunque también expone tensiones internas: aceptar deportados de terceros países podría generar costos políticos, administrativos y de seguridad, además de debates jurídicos y operativos.

Para Washington, en cambio, estos acuerdos cumplen una doble función. Por un lado, buscan enviar un “mensaje disuasorio” a potenciales migrantes. Trump sostiene que, gracias a esta estrategia, los cruces ilegales alcanzaron un mínimo histórico durante el primer año de su segundo mandato. Por otro, permiten deportar ciudadanos de países con los que EE.UU. enfrenta dificultades diplomáticas o documentales para concretar expulsiones directas.

El alcance de la política migratoria de Trump

Según un análisis de datos federales realizado por The New York Times, durante el último año Estados Unidos deportó aproximadamente 230.000 personas arrestadas dentro del país, 270.000 detenidas en la frontera y otras 40.000 que optaron por la “autodeportación”. Aunque el total quedó por debajo de la promesa de Trump de alcanzar un millón de expulsados en un año, la cifra supera todo lo registrado durante los cuatro años de la administración de Joe Biden.

En paralelo, la Argentina ya fue destino de vuelos de deportación desde Estados Unidos durante el año pasado, aunque en esos casos solo con migrantes de origen argentino. La diferencia central del acuerdo en negociación es que ampliaría el rol del país como receptor transitorio de migrantes de otras nacionalidades, una decisión con impacto regional y potencial escrutinio legal.

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Trump impondrá aranceles a quienes vendan petróleo a Cuba

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la imposición de aranceles adicionales a los países que vendan o suministren petróleo a Cuba, al declarar una emergencia de seguridad nacional vinculada al rol del régimen cubano en la política regional. La medida, formalizada mediante una orden ejecutiva firmada el jueves, se conoció el mismo día en que la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó una reforma legal clave para abrir su industria petrolera a empresas extranjeras, en una señal directa de alineamiento con las demandas de Washington tras la captura de Nicolás Maduro a comienzos de enero.

El doble movimiento —presión económica sobre Cuba y flexibilización hacia Venezuela— redefine el tablero energético y geopolítico del Caribe, con impacto directo sobre los flujos de crudo, las inversiones internacionales y las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con América Latina.

Apertura petrolera en Venezuela y giro estratégico hacia Estados Unidos

La Asamblea Nacional venezolana aprobó por unanimidad, en segunda lectura, una reforma legal que permitirá una mayor participación de empresas extranjeras en la explotación petrolera, hasta ahora dominada por la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). La norma habilita a las compañías foráneas a administrar yacimientos bajo su propio riesgo y costo, un cambio estructural en el modelo energético del país.

La reforma fue impulsada por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien sostuvo que el objetivo es maximizar el potencial de un país que posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. “Esta ley nos permite dar un verdadero salto cualitativo histórico para convertir esas reservas de petróleo, las más grandes del planeta, en la mayor felicidad que pueda tener un pueblo”, afirmó durante un acto público tras la votación.

El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, reforzó ese enfoque al señalar que la iniciativa “impulsará el sector energético, promoviendo la producción de petróleo en campos no desarrollados”. La ley deberá ser firmada y publicada para entrar en vigencia.

La apertura legislativa se produce luego de que Trump dejara en claro su intención de que empresas estadounidenses inviertan en Venezuela, tras la captura de Maduro en un operativo militar estadounidense realizado el 3 de enero. En paralelo, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió una licencia general que flexibiliza algunas sanciones, autorizando a empresas estadounidenses a realizar operaciones vinculadas a la exportación, compra, venta, almacenamiento y transporte de petróleo venezolano.

Sin embargo, persisten dudas en el sector privado. El director ejecutivo de ExxonMobil calificó recientemente a Venezuela como “ininvertible” en su estado actual, mientras que fuentes citadas por CNN indicaron que la administración Trump evalúa el uso de contratistas militares privados para proteger activos energéticos en el país.

Orden ejecutiva de Trump y presión arancelaria sobre Cuba

El mismo jueves, Trump firmó una orden ejecutiva que habilita a Estados Unidos a imponer aranceles adicionales a las importaciones de cualquier país que “directa o indirectamente proporcione petróleo a Cuba”. Según el texto oficial, las políticas del Gobierno cubano constituyen una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense.

El documento menciona, entre otros fundamentos, la alineación de Cuba con Rusia, su presunto rol como refugio de grupos terroristas transnacionales como Hezbollah y Hamas, la persecución de opositores políticos, la supresión de libertades civiles y la corrupción estatal.

Pese a la dureza del decreto, Trump afirmó que no busca “estrangular” la economía cubana. “Cuba es una nación en decadencia, y hay que compadecerse de Cuba. No creo que Cuba pueda sobrevivir”, declaró ante la prensa, al tiempo que sostuvo que el país no podría subsistir sin el petróleo venezolano.

La Casa Blanca remarcó que el nuevo esquema arancelario es una herramienta de presión para acelerar un cambio político en la isla, una expectativa compartida por el secretario de Estado, Marco Rubio.

Impacto regional y reacción de los países proveedores

Cuba enfrenta crecientes tensiones con Washington desde la captura de Maduro, quien durante su mandato fue un aliado estratégico de La Habana y sostuvo el suministro de crudo. Actualmente, México aparece como uno de los principales proveedores: en 2025, aportó alrededor del 44 % del petróleo importado por Cuba, según estimaciones citadas por especialistas.

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, defendió esta semana el envío de crudo al país caribeño como “una decisión soberana” y explicó que se realiza tanto a través de contratos de Pemex como en el marco de ayuda humanitaria. La Casa Blanca no se refirió específicamente a México, aunque el alcance del decreto incluye a cualquier país que mantenga ese tipo de vínculos energéticos con La Habana.

Mientras tanto, Cuba reafirmó su “posición antimperialista e inclaudicable” frente a Estados Unidos y evitó responder de inmediato a los señalamientos incluidos en la orden ejecutiva, según confirmó CNN.

En este contexto, la estrategia de Trump combina presión comercial, reconfiguración energética y señales selectivas de apertura, con Venezuela como potencial socio económico y Cuba como principal blanco de sanciones. El alcance real de las medidas dependerá de la reacción de los países involucrados y de la disposición del sector privado a asumir riesgos en un escenario político aún inestable.

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