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Malvinas: Milei prepara una ley contra empresas que operen sin aval argentino

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Javier Milei prepara un nuevo movimiento sobre la cuestión Malvinas y podría anunciar este jueves el envío al Congreso de un proyecto de ley para sancionar a empresas que desarrollen actividades económicas en el archipiélago sin autorización de la Argentina. La iniciativa, según fuentes cercanas al Gobierno citadas por la Agencia Noticias Argentinas, estaría vinculada con el avance del proyecto petrolero offshore Sea Lion, impulsado por la británica Rockhopper Exploration y la israelí Navitas Petroleum.

El anuncio está previsto para las 21, durante una cadena nacional que el Presidente dedicará a la cuestión de la soberanía. El Gobierno mantiene un fuerte hermetismo sobre el contenido definitivo del mensaje, pero en las últimas horas tomó fuerza la versión de que Milei presentará medidas destinadas a limitar la participación de empresas argentinas en actividades vinculadas con la explotación de recursos naturales en las islas y sus aguas circundantes.

El proyecto Sea Lion es el principal trasfondo económico de la discusión. El desarrollo de hidrocarburos offshore en aguas próximas a las Malvinas vuelve a colocar en primer plano una cuestión que combina soberanía, recursos estratégicos, actividad empresaria y relaciones internacionales. Para la Argentina, cualquier explotación unilateral de recursos en el área en disputa se desarrolla sin su autorización y constituye un punto de conflicto con el Reino Unido.

De acuerdo con la información difundida, la iniciativa oficial contemplaría sanciones para empresas argentinas que presten servicios o apoyo logístico a compañías que desarrollen actividades en las islas sin autorización del Estado argentino. El alcance concreto de las penalidades y el mecanismo de aplicación dependerán, sin embargo, del texto que finalmente llegue al Congreso.

La eventual medida se inscribe en una política que ya tuvo antecedentes. La Argentina cuenta desde 2011 con legislación destinada a establecer restricciones y sanciones sobre actividades hidrocarburíferas no autorizadas en la plataforma continental argentina. Por eso, uno de los puntos que deberá observarse es si el nuevo proyecto modifica sustancialmente ese marco o busca reforzarlo y actualizarlo frente al avance de nuevos proyectos offshore.

La decisión de Milei llega después de una declaración de Donald Trump que generó expectativa en Buenos Aires. Consultado sobre la posibilidad de revisar la posición estadounidense respecto de Malvinas, el presidente de Estados Unidos respondió que “siempre reviso todas las posiciones” y que la cuestión de las islas es “apenas una entre muchas”.

La frase tuvo impacto político porque Estados Unidos históricamente mantuvo una posición favorable a la continuidad de las negociaciones sobre la disputa de soberanía, pero sin reconocer la soberanía argentina sobre las islas. El comentario de Trump fue interpretado por el Gobierno como una señal que podía abrir un margen diplomático, aunque especialistas advierten que su alcance concreto todavía es limitado.

Alejandro Corbacho, director del Observatorio de Seguridad y Defensa de la UCEMA, consideró que la declaración de Trump debe interpretarse con cautela. Según su análisis, puede responder a otros intereses estratégicos de Washington y no implica, por sí misma, un cambio de posición estadounidense sobre la soberanía de Malvinas.

El punto es relevante porque una eventual modificación de la postura norteamericana tendría consecuencias diplomáticas importantes, mientras que una revisión discursiva o circunstancial no necesariamente modificaría el equilibrio internacional sobre el archipiélago. En ese sentido, el verdadero alcance de la señal de Trump dependerá de si Washington transforma esa declaración en una posición sostenida y formal.

El escenario internacional agrega además un componente geopolítico que excede al conflicto bilateral entre Argentina y Reino Unido. El Atlántico Sur, el acceso a la Antártida y las rutas marítimas convierten al área en un espacio de interés estratégico para Estados Unidos y otras potencias. El desarrollo de recursos energéticos offshore suma una dimensión económica a esa disputa.

Para la Argentina, ese escenario plantea una dificultad doble. Por un lado, busca sostener el reclamo de soberanía por la vía diplomática y evitar cualquier escalada que contradiga esa estrategia. Por otro, procura impedir que la explotación de recursos naturales en el área en disputa avance sin consecuencias para las empresas que participen directa o indirectamente.

En ese marco, el eventual proyecto de Milei busca trasladar la disputa de soberanía también al terreno económico. La amenaza de sanciones a empresas argentinas que colaboren con actividades no autorizadas apunta a cerrar canales de servicios, logística y asistencia que podrían facilitar proyectos hidrocarburíferos en las islas.

El impacto dependerá de cómo quede redactada la norma. Si el Congreso avanza con un régimen más estricto, las empresas argentinas que trabajen con compañías involucradas en proyectos vinculados con Malvinas deberán evaluar nuevos riesgos regulatorios, comerciales y jurídicos. También podría aumentar la presión sobre proveedores de servicios vinculados con la industria energética y logística.

La cuestión política tampoco es menor. Milei definió Malvinas como “la causa más importante y sagrada” de los argentinos y busca presentar su iniciativa como parte de una estrategia de reivindicación de la soberanía por medios diplomáticos. El Gobierno pretende, además, capitalizar el giro de atención generado por las declaraciones de Trump.

Pero existe una tensión que acompaña al Presidente desde antes de su llegada a la Casa Rosada: su conocida admiración por Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la Guerra de Malvinas. Durante la campaña presidencial, Milei la calificó como una de las grandes líderes de la humanidad y posteriormente defendió públicamente su valoración de la política conservadora británica.

La contradicción reapareció en las últimas horas porque una imagen de Thatcher en el escritorio presidencial volvió a circular mientras crece la expectativa por la cadena nacional. El Gobierno deberá administrar esa dimensión simbólica al mismo tiempo que intenta darle contenido concreto a su política sobre las islas.

El verdadero desafío será transformar una oportunidad diplomática circunstancial en una estrategia sostenida. Las declaraciones de Trump pueden abrir una conversación, pero no modifican por sí solas la situación jurídica ni la relación de fuerzas sobre la soberanía. Del mismo modo, una nueva ley de sanciones puede aumentar los costos para quienes participen en actividades no autorizadas, pero tampoco reemplaza la negociación diplomática.

La cuestión Malvinas vuelve así a cruzar tres agendas que hasta ahora avanzaron por carriles diferentes: soberanía, geopolítica y recursos naturales. El desarrollo de Sea Lion agrega una urgencia económica a una disputa histórica, mientras que el nuevo escenario internacional obliga a la Argentina a definir cuánto puede convertir en política de Estado una oportunidad que, por ahora, sigue siendo principalmente una señal política.

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EE.UU. avanza sobre el petróleo venezolano y asegura acceso a 65.000 millones de barriles

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Estados Unidos avanzó sobre una porción estratégica de las reservas petroleras de Venezuela mediante un acuerdo que combina inversión privada, participación directa del gobierno estadounidense y derechos preferenciales sobre la producción. El esquema, anunciado por la Casa Blanca el 31 de agosto, contempla el desarrollo de 17 campos con reservas probadas de aproximadamente 65.000 millones de barriles y concesiones por 100 años para North American Blue Energy Partners (NABEP).

La magnitud del acuerdo explica por qué Washington lo presenta como una pieza central de su estrategia energética. Los campos involucrados representan cerca de una quinta parte de las reservas probadas venezolanas y, según los términos difundidos por la Casa Blanca, el gobierno estadounidense tendrá una participación del 35% en la compañía matriz de NABEP a través de la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono. Además, Estados Unidos contará con acceso preferencial a parte del crudo producido.

El diseño del pacto no se limita a garantizar petróleo. Washington tendrá poder de veto sobre la designación de integrantes de la junta directiva de NABEP y la mayoría de ese órgano deberá estar integrada por ciudadanos estadounidenses. El Departamento de Estado también tendrá derecho de primera opción para comprar el 80% restante de la producción, después del 20% que Estados Unidos podrá adquirir a precio de costo.

La estructura convierte a NABEP en el vehículo empresarial de una nueva arquitectura energética entre ambos países. La compañía, controlada por el empresario venezolano Alejandro Betancourt, recibió nuevos contratos para operar campos que anteriormente estaban vinculados con compañías de China y Rusia. De acuerdo con funcionarios estadounidenses citados por Reuters, cinco de los proyectos habían sido operados por empresas chinas y uno por una firma rusa.

El desplazamiento tiene una lectura geopolítica evidente. Venezuela había construido durante las últimas décadas una relación energética particularmente estrecha con Beijing y Moscú. El nuevo esquema permite a Washington recuperar posiciones en una industria estratégica y, al mismo tiempo, reducir el espacio de influencia de sus principales competidores globales en América Latina.

La apuesta económica también es de gran escala. NABEP proyecta inversiones cercanas a US$100.000 millones para reconstruir infraestructura y ampliar la producción petrolera venezolana. La empresa plantea llevar su extracción por encima del millón de barriles diarios y desarrollar proyectos tanto en el lago de Maracaibo como en la Faja del Orinoco.

Para Venezuela, la promesa es recuperar una industria que perdió capacidad productiva después de años de falta de inversión, deterioro de infraestructura y restricciones financieras. La compañía asegura que ya elevó su producción desde unos 18.000 barriles diarios hasta más de 200.000 mediante inversiones propias y que actualmente emplea directamente a más de 5.000 personas y sostiene otros 10.000 puestos entre contratistas.

El Estado venezolano también espera una importante fuente de ingresos fiscales. La Casa Blanca estima que NABEP pagará unos US$200.000 millones en regalías e impuestos durante los primeros 25 años. Esa proyección constituye uno de los argumentos centrales para presentar el acuerdo como una vía de reconstrucción económica, aunque su concreción dependerá de que las inversiones se ejecuten, la producción aumente y el esquema contractual permanezca vigente durante las próximas décadas.

Ahí aparece una de las principales zonas de incertidumbre. Washington describe las concesiones como acuerdos de 100 años, mientras que desde Caracas se ha señalado una vigencia de 25 años para el acuerdo. La diferencia no es menor: modifica la lectura sobre el horizonte de explotación, el control de los activos y la distribución intertemporal de los beneficios.

La cuestión de la soberanía también queda en el centro del debate. El gobierno venezolano sostiene que el país conserva el control sobre sus recursos y que el nuevo esquema permitirá modernizar la industria sin renunciar a sus derechos sobre los hidrocarburos. Sin embargo, el alcance de la participación estadounidense —35% del vehículo empresarial, capacidad de veto y derechos preferenciales sobre la producción— plantea interrogantes sobre cuánto poder efectivo tendrá Washington en las decisiones estratégicas del negocio.

El acuerdo además enfrenta una discusión sobre su sostenibilidad política. La inversión petrolera requiere horizontes largos y previsibilidad jurídica, mientras que Venezuela atraviesa una etapa de transición institucional. Analistas y exasesores estadounidenses citados en los reportes sobre el pacto advirtieron que futuras administraciones de cualquiera de los dos países podrían cuestionar sus términos, lo que agrega riesgo a proyectos cuyo retorno requiere varios años.

El impacto sobre el mercado petrolero tampoco será inmediato. El propio presidente Donald Trump reconoció que podría pasar tiempo antes de que el aumento de la producción venezolana tenga efectos visibles sobre los precios de los combustibles en Estados Unidos. La recuperación de yacimientos deteriorados exige infraestructura, equipos, capital y capacidad logística antes de transformar reservas bajo tierra en barriles efectivamente disponibles.

La dimensión estratégica excede, por lo tanto, el precio del barril. Si NABEP logra concretar las inversiones previstas y elevar sustancialmente la producción, Estados Unidos podría asegurarse durante décadas una fuente adicional de crudo en su propio hemisferio, mientras Venezuela recuperaría capacidad exportadora e ingresos fiscales. Al mismo tiempo, China y Rusia perderían posiciones en una de las mayores reservas petroleras del planeta.

La Asamblea Nacional venezolana respaldó el acuerdo el 1 de septiembre, un paso que fortalece su viabilidad institucional inmediata. En paralelo, Estados Unidos profundiza su regreso al sector petrolero venezolano: Chevron prepara una ampliación de sus operaciones y otras compañías internacionales evalúan nuevos proyectos.

El resultado será una de las mayores reconfiguraciones del mapa energético latinoamericano de los últimos años. Venezuela aporta el recurso y la posibilidad de reactivar una industria deteriorada; Estados Unidos aporta capital, tecnología, mercado y, en este caso, una participación directa en la estructura de control. El punto decisivo será si esa combinación consigue transformar reservas gigantescas en producción sostenible, empleo e ingresos para Venezuela sin convertir la recuperación energética en una nueva dependencia estratégica.

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Wall Street arranca septiembre en rojo castigado por el petróleo y la suba de tasas

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Por Damián Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL. Las bolsas de Nueva York iniciaron el noveno mes del año con pérdidas generalizadas, tropezando en el arranque del período estadísticamente más complejo para la renta variable. El apetito por riesgo se vio fuertemente erosionado por una nueva escalada bélica entre Estados Unidos e Irán en el Estrecho de Ormuz, que disparó los precios del crudo a máximos de cinco semanas, sumado al endurecimiento en los rendimientos de la deuda soberana global tras la lectura cautelosa del mercado laboral (vía datos JOLTS) y el mensaje hawkish de Kevin Warsh.

En el mercado local, los activos argentinos lograron abstraerse del adverso clima internacional para la deuda emergente y registraron alzas en la apertura de mes. Apoyados en un rebote técnico de los títulos públicos hard dollar, el indicador de Riesgo País interrumpió el sesgo bajista externo y recortó 4 unidades hasta los 508 puntos básicos. En la renta variable, las acciones de empresas energéticas lideraron los avances tanto en la bolsa porteña como en los ADRs en Nueva York.

Wall Street abre septiembre a la baja: el salto en el crudo y los rendimientos soberanos presionan a las bolsas

Los principales índices estadounidenses finalizaron la sesión en terreno negativo, interrumpiendo el optimismo de la semana previa. El tecnológico NASDAQ Composite cedió un 1,03%, mientras que el benchmark S&P 500 retrocedió un 0,70%. Por su parte, el promedio industrial Dow Jones cayó un 0,79%.

  • Volvió la venta de bonos: Los rendimientos de la deuda del Tesoro Norteamericano alcanzaron máximos ante las persistentes presiones inflacionarias. La tasa del bono del Tesoro de EE. UU. a 10 años escaló al 4,78% (su nivel más elevado desde principios de 2025), mientras que en Europa el rendimiento del Bund alemán a 10 años tocó el 3,29% (máximos desde 2011) y la deuda japonesa superó la barrera del 3%.
  • Mercado laboral resiliente y apuestas de tasas: El informe JOLTS mostró que las vacantes de empleo en EE. UU. subieron a 7,27 millones en julio (frente a los 7,18 millones de junio). La resistencia del mercado laboral confirmó las perspectivas de que la Reserva Federal mantendría o ajustaría la tasa de interés en su reunión del 16 de septiembre, con las probabilidades de una suba de 25 pb afianzadas en torno al 68%.

El petróleo se dispara más de un 5% y roza los USD 95 tras nuevos ataques aéreos de EE. UU. a Irán 

El mercado internacional de materias primas energéticas registró un abrupto salto diario que llevó a las cotizaciones a sus niveles más altos en más de un mes.

  • Ataques cruzados en Ormuz paralizan el flujo tanquero: El petróleo trepó con fuerza luego de que el Comando Central de EE. UU. (CENTCOM) confirmara nuevos ataques aéreos masivos contra objetivos de la Guardia Revolucionaria en Irán, respondiendo a la colocación de minas en el Estrecho de Ormuz y a los ataques con misiles iraníes contra bases estadounidenses en Jordania. La escalada volvió a congelar el tránsito marítimo comercial en el paso estratégico, opacando los incrementos marginales de producción anunciados por la OPEC+.
  • Precios de referencia: El barril de petróleo Brent saltó un 4,60% cerrando en USD 94,65 (tras picos intradiarios de USD 95,30), mientras que el WTI de Texas avanzó un 5,20% situándose en USD 90,22. En paralelo, los futuros de diésel se dispararon a máximos de 52 meses.

Mercado Local: Los bonos se desmarcan del sesgo emergente, el Riesgo País cede a 508 puntos y el Merval sube un 0,6% 

La plaza financiera local experimentó un respiro operativo al margen de la liquidación de activos observada en otros mercados en desarrollo.

  • Mejora en los títulos públicos en dólares: A contramano de la caída global de los bonos soberanos, los títulos hard dollar argentinos registraron ganancias de hasta 0,8%, encabezadas por el Global 2029 (GD29), Global 2030 (GD30) y Global 2046 (GD46). De esta manera, el indicador de Riesgo País elaborado por el JP Morgan recortó 4 unidades hasta los 508 puntos básicos, aunque manteniéndose por encima de la zona de contención de los 500 puntos.
  • Renta variable: El índice S&P Merval sumó un 0,6% en pesos alcanzando las 3.056.367 unidades (escalando un 0,8% en dólares CCL hasta los 1.916 puntos). En Nueva York, los certificados de empresas argentinas operaron mayoritariamente en verde impulsados por el sector de servicios y energía: Central Puerto (+1,98%), Pampa Energía (+1,94%), YPF (+1,75%) y Cresud (+1,48%) lideraron las ganancias de la sesión.
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Caputo se reunió con Bessent, que respaldó el programa de Milei y trazó una agenda común

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El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, se reunió con el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, en el marco de la agenda bilateral que Argentina y Washington buscan profundizar bajo las administraciones de Javier Milei y Donald Trump. El encuentro se produjo luego de las sesiones del G20 de Finanzas y tuvo como objetivo avanzar sobre una agenda común en materia económica y financiera.

La reunión adquiere relevancia por el respaldo público que Bessent había expresado previamente al programa económico argentino. Antes del encuentro con Caputo, el funcionario estadounidense sostuvo que la Argentina “está liderando una oportunidad histórica en el hemisferio occidental” y destacó los resultados obtenidos por la administración de Milei.

Bessent señaló que las medidas adoptadas por el Gobierno argentino enfrentaron inicialmente dudas sobre su viabilidad, pero que los resultados comenzaron a hacerse visibles. En particular, destacó la reducción de la inflación y la mejora de las condiciones económicas.

“Dijeron que no podía hacerlas y ahora vemos que la inflación ha bajado y las circunstancias económicas también”, sostuvo el secretario del Tesoro estadounidense.

El funcionario de la administración Trump también vinculó la transformación argentina con un proceso político más amplio en la región. Al analizar la última elección de Milei, afirmó que sectores de menores ingresos y jóvenes que anteriormente se inclinaban por la izquierda respaldaron al Presidente argentino.

“Argentina está liderando una oportunidad histórica en el hemisferio occidental”, remarcó Bessent, al tiempo que señaló cambios políticos en Bolivia, Colombia, Chile y Ecuador y anticipó que podrían observarse procesos similares en otros países.

Caputo interpretó las declaraciones como un reconocimiento internacional al rumbo adoptado por el Gobierno. “Es un reconocimiento al proceso de transformación que está llevando adelante el presidente Javier Milei”, expresó el ministro en su cuenta de X.

Una reunión con contenido económico y geopolítico

El encuentro bilateral no se limitó al respaldo estadounidense al programa de estabilización argentino. Caputo y Bessent también abordaron la situación internacional y sus posibles efectos sobre los mercados y las economías nacionales.

Uno de los temas analizados fue la crisis en Medio Oriente, particularmente por sus consecuencias sobre el mercado energético global. La evolución del conflicto y las tensiones en torno al estrecho de Ormuz constituyen una variable relevante para los precios internacionales de la energía y, por extensión, para las cuentas externas y fiscales de los países.

Bessent tiene un papel central en la estrategia económica de Washington frente a Irán y anticipó durante el G20 nuevas medidas de presión financiera contra Teherán. El secretario del Tesoro aseguró que Estados Unidos mantiene una política de “tolerancia cero” y adelantó nuevas sanciones bancarias.

La ofensiva estadounidense busca limitar las fuentes de financiamiento del régimen iraní, mientras la permanencia del conflicto mantiene abierto uno de los principales focos de incertidumbre para el mercado energético internacional.

En ese escenario, Bessent también destacó un dato de particular interés geopolítico: sostuvo que existen puntos de convergencia entre Washington y Beijing respecto de Irán. “Tenemos más en común con los chinos respecto a Irán de lo que discrepamos”, afirmó.

La alianza Milei-Trump como activo económico

La reunión entre Caputo y Bessent profundiza una relación que el Gobierno argentino considera estratégica para su programa económico. La cercanía política entre Milei y Trump funciona como marco para una agenda que excede el intercambio comercial y alcanza cuestiones financieras, inversiones, energía y posicionamiento internacional.

En paralelo, Caputo había defendido durante las sesiones generales del G20 el programa de ajuste implementado por la Argentina. El ministro sostuvo que la inversión privada y una menor intervención estatal deben constituir los principales motores del crecimiento.

La coincidencia con el diagnóstico de Bessent fortalece la narrativa internacional del Gobierno argentino, que busca presentar la estabilización macroeconómica como el primer paso hacia una etapa de expansión basada en inversión privada, apertura y competitividad.

El desafío, sin embargo, se encuentra en transformar ese respaldo político y financiero en condiciones concretas para la economía argentina. La estabilidad de precios, el acceso al financiamiento, la llegada de inversiones y la capacidad de las empresas argentinas para competir serán las variables que determinarán si el nuevo alineamiento internacional se traduce en resultados sostenibles.

El encuentro entre Caputo y Bessent dejó así una señal política clara: Washington observa con respaldo el proceso económico argentino y ambos gobiernos buscan profundizar una agenda común. Para Milei, esa relación constituye un activo estratégico en la búsqueda de consolidar la estabilización y abrir una nueva etapa de crecimiento.

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Carne vacuna: la apertura de EE.UU. puede diluir la ventaja que ganó Argentina

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El mercado estadounidense se convirtió en 2026 en uno de los principales motores del crecimiento de las exportaciones argentinas de carne vacuna. En los primeros siete meses del año, Argentina colocó 67.118 toneladas en Estados Unidos, tres veces más que las 22.188 toneladas exportadas en igual período de 2025. El salto modificó el mapa de destinos y elevó el peso estratégico de la relación comercial bilateral.

El crecimiento adquiere mayor dimensión al observar el total exportado, explica un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Según datos del INDEC, Argentina despachó 403.100 toneladas de carne vacuna entre enero y julio, un 6,7% más que durante el mismo período del año pasado. Estados Unidos absorbió el 17% de ese volumen, frente al 6% registrado un año atrás, y se consolidó como el segundo destino detrás de China.

La pregunta que ahora enfrenta el sector no es solamente cuánto puede seguir creciendo ese mercado, sino qué ocurrirá con la ventaja relativa que Argentina consiguió durante 2026 si Washington abre de manera extraordinaria el ingreso de carne proveniente de otros grandes productores.

¿Cuánto erosiona este cambio la ventaja comercial que atesora Argentina?

En lo que va de 2026, Estados Unidos se convirtió en uno de los principales dinamizadores de las exportaciones argentinas de carne vacuna.

El crecimiento de los embarques hacia ese mercado no solo modificó el mapa de destinos para nuestras exportaciones, sino que también elevó la importancia estratégica de la relación comercial bilateral.

Según datos del INDEC, durante los primeros siete meses del año Argentina exportó a todos los destinos 403.100 toneladas de carne vacuna, un 6,7% más que en igual período de 2025.

Dentro de ese total, Estados Unidos adquirió 67.118 toneladas, triplicando las 22.188 toneladas registradas un año atrás. De esta manera, se consolidó como el segundo destino de la carne argentina, detrás de China. Su participación sobre el volumen total exportado pasó del 6% al 17% en apenas un año.

El crecimiento responde, en parte, a la mayor necesidad de abastecimiento externo que enfrenta el mercado estadounidense, pero también a un cambio sustancial en las condiciones de acceso para la carne argentina.

Actualmente, Argentina dispone de una cuota de 100.000 toneladas anuales para ingresar carne vacuna a Estados Unidos con arancel preferencial: 20.000 toneladas correspondientes a la cuota establecida por tratado comercial y otras 80.000 toneladas autorizadas para 2026 por decisión de la administración Trump.

De acuerdo con los datos informados a través de la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE), al 31 de julio Argentina había certificado 61.050 toneladas, equivalente al 61% de la cuota total.

Si se consideran exclusivamente las 20.000 toneladas correspondientes a la cuota establecida por tratado comercial, las estadísticas de la Aduana estadounidense mostraban, al 3 de agosto, un nivel de ejecución del 72,5%, con 14.500 toneladas utilizadas.

De esta manera, sobre las 61.050 toneladas certificadas por las autoridades argentinas, 14.500 corresponderían a la cuota de 20.000 toneladas, mientras que las 46.550 restantes se encuadrarían dentro del cupo adicional de 80.000 toneladas, habilitado en tramos trimestrales de 20.000 toneladas.

La lectura de estos números permite inferir que los dos primeros tramos adicionales ya fueron ejecutados en su totalidad, mientras que el tercero alcanzó casi un 33%. En consecuencia, quedarían unas 13.450 toneladas por ejecutar durante agosto y septiembre.

Hasta aquí, el escenario resulta favorable para Argentina. El problema aparece con la nueva decisión anunciada por el presidente Donald Trump.

De acuerdo con lo comunicado hasta el momento, Estados Unidos habilitaría, por un período de 90 días, una cuota de hasta 300.000 toneladas de carne vacuna destinada a molienda y libre de aranceles, con el objetivo de aumentar rápidamente la oferta disponible en el mercado interno y contener el precio de la carne picada.

Trump aseguró, además, que existe un compromiso para que ese producto llegue al consumidor a un precio 25% inferior a los valores actuales de mercado. Sin embargo, hasta el momento no se conocen con precisión los mecanismos mediante los cuales se implementaría esta condición.

Para Argentina, la medida plantea una situación particular. Hasta ahora, el país contaba con una posición relativamente privilegiada entre los proveedores que podían acceder al mercado estadounidense bajo condiciones arancelarias preferenciales. La apertura de un volumen extraordinario por fuera de las cuotas habituales puede diluir parte de esa ventaja, especialmente si genera una mayor competencia entre proveedores.

Y es precisamente en este punto donde aparece Brasil.

Más allá de los acuerdos vigentes con Australia y Nueva Zelanda, que en conjunto disponen de una cuota preferencial superior al millón de toneladas, Argentina se había convertido en uno de los principales beneficiarios de las nuevas condiciones de acceso al mercado estadounidense.

Uruguay, por su parte, mantiene una cuota de 20.000 toneladas, mientras que Brasil y Paraguay comparten una cuota para terceros países de 52.000 toneladas, prácticamente agotada en los primeros meses del año.

En este contexto, Brasil aparece como uno de los países con mayor capacidad para aprovechar esta nueva ventana de importación.

La situación comercial de Brasil ayuda a explicar por qué la decisión estadounidense adquiere especial relevancia para el gigante sudamericano.

Actualmente, Brasil se encuentra virtualmente fuera de China, tras haber prácticamente agotado su cupo anual de 1.106.000 toneladas otorgado bajo el régimen de salvaguardia, quedando expuesto, para lo que resta del año, a ingresar con un arancel de prácticamente el 76,5%

Al mismo tiempo, también enfrenta dificultades para sostener el acceso a la Unión Europea. Si nada cambia en lo inmediato, a partir del próximo mes podría quedar restringido su acceso al bloque, luego de las observaciones realizadas sobre los controles vinculados al uso de productos antimicrobianos en su ganadería.

Es por ello que una apertura extraordinaria del mercado estadounidense representa una alternativa especialmente atractiva y oportuna para la industria brasileña.

Para Argentina, en cambio, el anuncio de Trump puede terminar generando un efecto paradójico: mientras el país busca consolidar su presencia en Estados Unidos y negociar la renovación del cupo adicional de 80.000 toneladas, una apertura más amplia del mercado podría favorecer a competidores con una mayor capacidad exportadora, como Brasil

La pregunta, entonces, es si este anuncio representa realmente una buena noticia o una amenaza para el mercado exportador.

La respuesta depende de la situación de cada proveedor.

Para Brasil, que en los próximos meses deberá afrontar mayores costos para colocar carne en China o incluso una eventual disrupción de sus envíos a la Unión Europea, una ventana de 90 días sin aranceles en Estados Unidos puede representar una oportunidad significativa.

Para Argentina, en cambio, el escenario es diferente. El país ya dispone de condiciones preferenciales para ingresar al mercado estadounidense y, al mismo tiempo, mantiene una fuerte presencia en China. Por eso, una apertura generalizada podría llegar a erosionar parcialmente la ventaja arancelaria conseguida durante este año, especialmente en lo que respecta al saldo del cupo adicional, cuya utilización se concentra mayoritaria mente en carne de menor valor comercial, destinada al procesamiento industrial.

Y aquí aparece una última variable que no debería perderse de vista: la política.

En un año atravesado por procesos electorales tanto en Brasil como en Estados Unidos, no sería extraño que las decisiones de los principales jugadores del mercado respondan no solo a las necesidades de abastecimiento y a la necesidad de reorientar sus flujos comerciales, sino también a objetivos políticos.

Para Argentina, el desafío será entonces doble: aprovechar la oportunidad que todavía ofrece el mercado estadounidense y, al mismo tiempo, evitar que una apertura extraordinaria termine diluyendo la ventaja comercial conseguida durante este año, especialmente de cara al próximo ciclo.

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