Ecolatina

¿La desaceleración de la inflación es sostenible?

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Un informe de la consultora Ecolatina analiza la economía de los primeros meses de Alberto Fernández como presidente.

¿Qué sabemos de la inflación en lo que va del año?

El resultado de las PASO y el consecuente salto cambiario llevó la inflación a la zona del 4% mensual en el último cuatrimestre de 2019. En gran parte, esto se correspondió al impacto que tiene la propia dinámica del dólar en el nivel de precios, aunque también ayudó un comportamiento precautorio de las empresas ante la posibilidad de un acuerdo de precios y salarios tras el cambio de gobierno.

Si bien los lineamientos generales en materia económica están atados a la reestructuración de la deuda, las primeras decisiones dieron cuenta que controlar la inflación, al menos en el corto plazo, es un objetivo no menor para el gobierno. En este sentido, se anunció el congelamiento de las tarifas de Servicios Públicos hasta junio, del Transporte Público hasta mayo, a la vez que se mantuvo estable la cotización del dólar oficial durante los primeros días de la gestión. Asimismo, se suspendieron aumentos en prepagas y, tras negociar con laboratorios, se alcanzó una baja en el precio de los medicamentos (que revirtió parcialmente el aumento de casi 10% en la previa del acuerdo). Por el contrario, las presiones sobre los costos siguen vigentes a través del aumento salarial otorgado por decreto ($4000 a asalariados registrados del sector privado), que implicaría una suba de 5,5 % del costo laboral, según estimaciones del Ministerio de Trabajo.

La combinación de los incrementos precautorios en el cierre del 2019 y la vuelta al ancla tarifaria y cambiaria en los primeros 45 días de este año trajo buenos resultados en materia de precios. La inflación nacional se desaceleró a 2,3% en enero -en parte ayudada por la salida del índice de los bonos pagados en diciembre a los encargados de edificios y personal doméstico- y, según el IPC GBA Ecolatina, la tendencia continuaría a la baja: el avance de los precios fue de 2,2% entre la primera quincena de febrero e igual período de enero.

No obstante, un hecho significativo es que la inflación en alimentos no cede. A contramano de lo que sucedió con el nivel general, las subas de los alimentos y bebidas durante el primer mes y medio de 2020 es superior al de los últimos meses del año pasado. Una de las principales causas de esta dinámica fue la reimposición del IVA en algunos alimentos de la canasta básica, que por su significativo peso traccionaron el índice. Asimismo, también se observó durante enero un avance en el precio de la carne, que por cuestiones asociadas al ciclo ganadero pospuso el traslado a precios del salto del tipo de cambio.

En este sentido, tras la disparada del dólar de agosto pasado, la inflación en el último cuatrimestre del año fue de 11,7%, levemente por encima del avance de los alimentos y bebidas (+11,3%), cuyo precio es muy sensible a la dinámica cambiaria. En cambio, pese a la estabilidad en la cotización de la divisa durante los primeros dos meses del año, el aumento de los alimentos duplicaría el del nivel general (8% vs 4,5%, según nuestras estimaciones preliminares) en este período.

Esta reversión refleja la regresividad del proceso inflacionario perjudicando en mayor medida a los hogares más vulnerables, quienes ocupan una mayor proporción del gasto en alimentos. Este fenómeno también podría limitar el efecto expansivo sobre el consumo de la política de ingresos progresiva -priorizando aumentos de sumas fijas en lugar de porcentuales-que está llevando a cabo el gobierno justamente en favor de los sectores más postergados.

¿Desaceleración transitoria o permanente?

La reciente baja en la inflación aparece como una buena noticia de cara a las próximas negociaciones paritarias, un instrumento clave para lograr contener la nominalidad de la economía. Sin embargo, el uso del ancla cambiaria y tarifaria en pos de este objetivo también desprende otros interrogantes.

En primer lugar, muestra que la calma cambiaria es central para moderar la suba de precios. Esto no es ninguna novedad, pero pone de manifiesto que complicaciones en las negociaciones de la deuda presionarían sobre dólar oficial imponiendo un límite al proceso de desinflación. En este sentido, el deslizamiento del tipo de cambio en las últimas ruedas, especialmente si se sostiene en las próximas semanas, es una prueba de fuego para la dinámica inflacionaria: una depreciación lenta pero sostenida evita el atraso cambiario impidiendo que la inflación mensual perfore el 2%.

Por otro lado, incluso en un escenario favorable en términos de la renegociación, el congelamiento tarifario -a priori vigente hasta mayo/junio- resulta difícil de sostener. Eventualmente, el gobierno deberá permitir que los Servicios Públicos y los combustibles suban a un ritmo similar al de los costos, a fin de evitar que el peso de los subsidios económicos crezca. Además, considerando que en el año próximo se celebran las elecciones de medio término, es probable que el oficialismo quiera concentrar estos ajustes durante el segundo semestre de 2020.

Estos elementos reflejan que la tregua inflacionaria es frágil. Incluso en el mejor de los casos -éxito en la renegociación y estabilidad cambiaria- se vería afectado por la necesidad de mostrar austeridad fiscal limitando los subsidios económicos, al menos en la segunda mitad del año.

A fin de contrarrestar el impacto directo y de segunda ronda de estos eventuales aumentos, el gobierno cuenta con dos cartas. Por un lado, todavía mantiene caudal político y buenas relaciones con los sindicatos, por lo que de mantenerse una inflación “aceptable”, sin bruscas aceleraciones, podría transitar el año sin demandas salariales que presionen excesivamente sobre los costos empresariales. En segundo lugar, la baja del costo del financiamiento tras la aparición de líneas de crédito subsidiadas para empresas podría colaborar en un contexto de lenta recuperación de las ventas.

En definitiva, considerando los riesgos y limitaciones del uso del ancla cambiaria y tarifaria para atacar la inflación se deberá echar mano a otras herramientas para continuar con un proceso sostenible de desaceleración de la inflación. En cambio, el exceso en la utilización de alguno de los elementos disponibles será más un impedimento que un facilitador para alcanzar la estabilidad nominal en el futuro.

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Latinoamérica crecerá sólo 1,2% en 2020

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Según la Alianza Latinoamericana de Consultoras Económicas (LAECO, por sus iniciales en inglés) estima que el PIB latinoamericano habría caído 0,7% el año pasado y proyecta una magra expansión para el 2020 (+1,2%).  LAECO reúne a las principales firmas de consultoría económica independiente de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, que explican el 95% del PIB regional.

Aunque de poca magnitud (+1,2%), la expansión prevista para Latinoamérica sería el mayor desde 2013, explicada por una aceleración del crecimiento en Brasil, Bolivia y Perú. Además, se vería una recuperación en Paraguay, México y Uruguay, y una tendencia constante del crecimiento de Colombia, que compensarían las recesiones en Ecuador, Argentina y Venezuela.

De acuerdo con las estimaciones de los integrantes de la Alianza LAECO, las proyecciones de actividad económica latinoamericana serán menores a las previstas por distintos organismos internacionales. Por caso, el Fondo Monetario Internacional, en su reciente actualización del World Economic Outlook (enero de 2020), publicó que la expansión latinoamericana habría sido de 0,1% en 2019 y sería de 1,6% en 2020 (versus el indicador PBI LAECO 12 que estima una variación de la actividad de -0,7% y 1,2%, respectivamente). 

Por último, cabe remarcar que el crecimiento regional se verá nuevamente afectado por la grave crisis de Venezuela. Aislando la evolución de este país, la estimación para el PIB regional habría sido un crecimiento de 0,6% en 2019 y se prevería una nueva expansión de 1,5% en 2020 (en comparación al -0,7% en 2019 y +1,2% en 2020). 

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Superávit récord en 2019: ¿vamos por más en 2020?

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El último informe de Ecolatina plantea que en diciembre de 2019, la balanza comercial arrojó un súper-superávit de USD 2.250 millones, alcanzando un máximo nominal para este mes del año. En la misma línea, el saldo mostró un avance de 70% respecto de igual mes del 2018.

Más allá de estas buenas noticias, la mejora respondió a un desplome de las importaciones (-20% i.a.), que desde septiembre de 2018 arrojan caídas interanuales de dos dígitos en tanto las exportaciones crecieron menos de 1% i.a. en el mes. Dicho esto, corresponde notar que entre septiembre -mes posterior a las PASO- y noviembre del año pasado, las ventas externas treparon a tasas superiores al 10% i.a., producto de que se apuró la liquidación de granos en pos de evitar la suba de retenciones, efectivamente concretada en el último mes de 2019. Este avance acelerado de los envíos al resto del mundo en los meses de la transición ejecutiva conspiró contra el resultado de diciembre, ya que redujo el stock disponible.

En este sentido, resalta la caída de 5,6% i.a. en valores de las exportaciones de productos primarios, producto de un deterioro de 6% i.a. en los precios y volúmenes casi estancados. Por su parte, los envíos de manufacturas de origen industrial acumularon una contracción de 10% i.a. en el último mes de 2019, consecuencia de la caída de las cantidades (-10,5% i.a.) dado que los precios se mantuvieron estables.

A contramano, las manufacturas de origen agropecuario -aquellas sobre las que ya posaban las mayores retenciones, de modo que el incremento de los aforos externos probablemente iba a ser menor, lo que efectivamente terminó pasando- mostraron un salto de 12,5% i.a. a lo largo del mes pasado, superando incluso la tasa de crecimiento de noviembre (+9,5% i.a.).

Por el lado importador, se siguió la tendencia de los últimos meses: todos los usos económicos arrojaron resultados en rojo. Concretamente, las peores caídas se registraron en vehículos livianos (-29% i.a.), bienes intermedios (-24% i.a.), seguido de bienes de capital (-19% i.a.) y por último bienes de consumo (-3% i.a.). Con el endurecimiento de las Licencias No Automáticas de Importación -las mismas pasaron de abarcar un quinto de las compras externas a casi un tercio de las mismas-, y su foco en “la cola” del proceso productivo, es probable que la caída de las importaciones cambie de sentido: aunque en el agregado podrían continuar en terreno negativo, las peores performances quedarán para los bienes finales mientras que las restricciones al ingreso de bienes de capital y de insumos productivos deberían, a priori, ser menores.

Con estos números, 2019 cerró con un superávit comercial cercano a USD 16.000 millones, el mayor en la última década y, obviamente, más que revirtiendo el déficit de USD 3.700 millones acumulado en 2018. Más allá de esto, vale notar que, al igual que en diciembre, la recuperación obedeció más al deterioro importador (-25% i.a., totalizando poco más de USD 49.100 millones el año pasado) ya que las exportaciones avanzaron “tibiamente” a lo largo del año pasado (+5,5% i.a., apenas superando los USD 65.100 millones).

Para 2020, el superávit comercial acumularía otro récord, pero los crecimientos espectaculares de dos dígitos habrían quedado atrás. En este sentido, proyectamos un resultado positivo cercano a los USD 17.000 millones, producto de exportaciones prácticamente estancadas (un avance en torno a +1% i.a.), en un contexto de mayor competitividad cambiaria en el promedio anual y mayor demanda brasileña -pese a las tensiones políticas, el gigante sudamericano seguirá siendo nuestro principal socio comercial- pero una menor cosecha agropecuaria producto de un deterioro en el ciclo climático. Por su parte, las importaciones seguirán en retroceso, aunque a una tasa mucho menor (también cercana al 1% i.a.) producto no solo de la menor actividad interna y el encarecimiento relativo de los productos importados sino también de una política comercial más agresiva.

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La recaudación finalizó el año en línea con la inflación, pero crecerá en 2020

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El análisis de Ecolatina sobre el informe de la AFIP, sobre la recaudación muestra que en el último año de gestión macrista perdió contra la inflación y son positivos de cara al 2020.

¿Qué pasó con la recaudación tributaria en diciembre?

En el último mes del 2019, la recaudación tributaria creció 53,9% respecto a diciembre del año previo. De esta manera, se ubicó en línea con la inflación (que terminó el año en 54,0%, según el IPC GBA Ecolatina).

Se destacaron nuevamente los derechos de exportación, el tributo más dinámico del año, que se cuadruplicaron respecto al mismo mes del 2018. A su vez, el Impuesto a los Bienes Personales trepó casi 360% i.a., debido a la modificación del calendario de pagos y a los cambios en el esquema impositivo. Por el contrario, el Impuesto al Valor Agregado sólo varió 35% i.a. (26% por ventas internas y 81% en su tramo aduanero), reduciéndose 12% i.a. en términos reales. Esta caída se debió a que el nivel de actividad parece no encontrar todavía su piso. Por último, los recursos de la Seguridad Social subieron 47% i.a., cayendo 5% i.a. en términos reales.

Con este dato, la recaudación anual superó los ARS 5,0 billones incrementándose 48,5% en comparación con el 2018, pero ubicándose significativamente por debajo del aumento promedio de los precios. Así, exhibió un deterioro de 3,6% en términos reales.

¿Cómo finalizaron las cuentas fiscales en 2019?

A pesar de los esfuerzos realizados en este sentido, el resultado fiscal primario no alcanzará el equilibrio pautado. La recesión, con la consecuente caída de las ventas y desplome de la masa salarial formal (principales bases imponibles de la recaudación nacional) hicieron que los ingresos tributarios del Tesoro resultaran menores a los esperados. Así, el desbalance operativo (previo al pago de intereses) terminaría el año en torno al 0,7% del PBI. De esta manera, con el acceso a los mercados virtualmente cerrado y una demanda de dinero muy deteriorada que no brinda la posibilidad de monetizar una brecha fiscal significativa, la consolidación fiscal en marcha deberá ser continuada por la nueva gestión económica.

¿Cómo se encarará una reducción del déficit en 2020?

El nuevo gobierno, consciente de la falta de fuentes de financiamiento, envió al Congreso un proyecto de Ley de Solidaridad Social que establece modificaciones en impuestos y gastos para mejorar el balance operativo. Por el lado de los ingresos, se estableció el impuesto PAIS, que gravará los consumos en dólares en el exterior (realizados con tarjetas de crédito) y la compra de divisas para atesoramiento con una alícuota del 30%. Esperamos que la recaudación de este tributo aporte 0,6 p.p. del PBI en 2020. En segundo lugar, se reforzaron los derechos de exportación: en 2020 se eliminan los topes fijos de ARS 3 y ARS 4 por dólar exportado y se pasa a un esquema de alícuotas porcentuales. Las ventas externas de porotos de soja quedaron gravadas al 33%, las de aceite y pellets de soja al 30%, las de otros productos primarios agrícolas al 15%, las de carnes y lácteos al 9%, las de energía al 8% y las de productos industriales, agroindustriales y servicios al 5%. De esta manera, proyectamos que las retenciones recaudarán 2,2% del PBI, 0,3 p.p. más que en 2019 -y bastante más que si se mantenía el esquema de ARS 3 y 4 fijos por USD exportado-. La ley incrementó también la tasa del impuesto a los Bienes Personales. Este tributo representa una porción pequeña de los ingresos fiscales, además de ser coparticipado con las provincias. De cualquier manera, podría recaudar hasta 0,1 p,p. más del PBI que en 2019. Por último, se incrementó la tasa estadística a las importaciones, que alcanzará el 3% durante el año próximo en carácter de “emergencia”. Esto podría aumentar 0,1 p.p. del PBI los ingresos del Tesoro.

Por el lado del gasto, se establecieron dos medidas principales: el congelamiento de las tarifas de servicios públicos hasta junio y la modificación de las actualizaciones del sistema previsional. La primera medida apunta a disminuir las tensiones inflacionarias, aunque con un costo en términos fiscales que podría aumentar el peso de los subsidios en 0,4% del PBI. En el segundo caso, la controversial medida congela por 180 días el incremento de las prestaciones sociales, suspendiendo el aumento correspondiente a marzo. Luego de este plazo, se presentaría una nueva fórmula de actualización. En el período intermedio, se darán bonos compensatorios (a los jubilados de las menores escalas) e incrementos discrecionales. Lo mismo sucederá con los beneficiarios de asignaciones y pensiones. Aunque no se conocen aún los detalles de la nueva fórmula ni de los incrementos transitorios, esta medida podría ahorrar hasta 1 p.p. del PBI para el fisco respecto a la fórmula anterior. Así, sería la medida que más contribuya con la consolidación fiscal.

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Control de cambios, de las cosas malas y buenas

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La consultora Ecolatina emitió el siguiente informe sobre la semana cambiaría y como impacta el control de cambio.

Producto del control de cambios, el dólar alcanzó su tercera semana en calma al hilo y permaneció en la zona de 56 ARS/USD. Por otro lado, el Banco Central aprovechó esta virtual estabilidad para recortar levemente su tasa de interés de referencia, que cerró la semana en 83%, dando la pauta de que, en esta oportunidad, la corrida se habría frenado vía un ajuste de cantidades y no solo de precios.

Ahora bien, toda esta calma se obtuvo al costo de restringir la demanda de moneda dura y de reperfilar los vencimientos de letras de corto plazo. Como respuesta, el riesgo país persiste en zona de default (2.000 puntos básicos), pero este nivel no tendría impacto en el mercado cambiario oficial, por lo menos en el corto plazo.

En igual sentido, el recorte de 0,25 p.p. en la tasa de interés de referencia de la Reserva Federal de Estados Unidos, que en otro contexto podría haber relajado algunas restricciones de dólares, en este marco casi no tendrá impacto sobre nuestro país (al menos por el lado financiero), al igual que la suba del precio del petróleo.

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