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Ecolatina: la actividad arroja señales de lenta recuperación

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Los datos de Cuentas Nacionales del IV Trimestre de 2016 publicados hoy por el INDEC confirman que el PBI cayó 2,3% en 2016 en línea con el Estimador Mensual de Actividad Económico (EMAE) conocido a fines del mes pasado.

Cabe destacar además, que la inversión (Inversión Interna Bruta Fija) terminó cayendo 5,5% el año pasado. La baja respecto a 2015 se explica principalmente por la caída del componente construcción (-12,8%), y en menor medida por Maquinaria y equipo (-1,1%). El único componente que mejoró el año pasado fue Equipo de transporte (+10,3%) gracias al importado (+32%).

De esta forma, el ratio inversión producto retrocedió el año pasado. A precios constantes dicho cociente pasó de 19,6% del PBI en 2015, a 19% en 2016 (a precios corrientes el ratio IIBF/PBI bajó de 15,8% del PBI en 2015, a 14,8% en 2016).

En cuanto al consumo, el año pasado se observó un retroceso producto de un menor gasto de las familias. De hecho, el consumo privado cayó 1,4% mientras que se observó una mínima expansión del consumo público (+0,3%).

Por ende, la demanda interna (consumo + inversión) cayó casi 2% el año pasado.

Asimismo, el componente externo mostró un mayor dinamismo ya que tanto las exportaciones como las importaciones de bienes y servicios treparon respecto de 2015 (+3,7% y +5,4% respectivamente). Esta dinámica responde en buena medida al levantamiento de las restricciones cambiarias a fines de 2015.

La expectativa de devaluación y levantamiento del cepo paralizó las exportaciones en el cuarto trimestre de 2015 pero durante el primer trimestre se vendieron los stocks retenidos. Por el lado de las importaciones, la sustitución del régimen para las compras externas (se sustituyó las DJAI por el SIMI) fue clave para apuntalar los volúmenes importados,  más allá del encarecimiento de las compras externas por la devaluación (que a lo largo del año la inflación termino licuando parcialmente).

Datos desestacionalizados

El dato desestacionalizado del PBI  muestra un crecimiento trimestral de 0,5% en el cuarto trimestre de 2016, por debajo de la cifra que arrojaba el EMAE (+0,9% trimestral desestacionalizado).

Además, la serie desestacionalizada del PBI para trimestres anteriores se modificó levemente. En particular, la variación del tercer trimestre de 2016 fue modificado al alza: pasó de -0,2% en el comunicado de cuentas Nacionales de diciembre 2016 a +0,1%. Si bien este ajuste es mínimo (dicha variación es prácticamente nula y puede volver a ser negativa con futuras revisiones), le permite al gobierno decir que el PBI creció dos trimestres consecutivos (+0,1% en el 3º Trim. 2016 y +0,5% en el 4º Trim. 2016), por lo que “técnicamente” la economía local salió de la recesión a fines del año pasado. A nuestro entender la interpretación más correcta es decir que la actividad se estabilizó en el 3º  Trim. 2016 y comenzó a dar señales de recuperación en el 4º Trim. 2016.

Por último, el arrastre estadístico* para el 2016 que arroja el comunicado del INDEC es ínfimamente negativo (-0,1%). Esto significa que para crecer al 3,5% en 2017 (meta oficial) la economía tendrá que trepar en términos desestacionalizados casi 1,5% por trimestre (casi 6% entre puntas), un crecimiento que luce muy ambicioso.

El arrastre estadístico es aún  más negativo para el consumo (-1,3% el privado y -1,1% el público). Por último, preocupa lo observado con el principal driver del crecimiento planteado por el actual gobierno: en términos desestacionalizados la inversión interna bruta fija (IIBF) cayó a fines del año pasado por quinto trimestre consecutivo, dejando un arrastre estadístico negativo de 2,3% para 2017.

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La presión tributaria bajó por primera vez desde 2002

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• Con los cambios dispuestos por el nuevo gobierno, la presión tributaria (impuestos nacionales y provinciales) pasó de representar 32% del PBI en 2015 a 31,4% el año pasado, aunque si descontamos el blanqueo de capitales, este porcentaje se reduce a 30,1% del PBI, señala un informe de la consultora Ecolatina.
• De esta forma, la presión tributaria bajó por primera vez desde 2002, a contramano del crecimiento constante registrado en los últimos años producto de la incorporación de nuevos tributos, la falta de actualización de las escalas impositivas en un contexto de elevada inflación, y el crecimiento en las alícuotas.
• Así, en 2015 se registró una presión tributaria récord: alcanzó 32% del PBI, trepando casi 14 puntos porcentuales (p.p.) respecto a 2002, cuando tocó 18,4% del PBI.
• Otro de los hechos estilizados de la última década en materia de la recaudación, fue la creciente tendencia a la centralización, es decir, a la mayor participación de la Nación sobre el total de los recursos tributarios obtenidos. Las provincias, que en la década del ’90 recibían alrededor del 44% de la presión tributaria consolidada, vieron disminuir su participación hasta tocar un mínimo en 2010 (35%).
• La baja verificada el año pasado respondió exclusivamente a la menor presión por el lado de los impuestos nacionales ya que la recaudación por tributos provinciales habría permanecido estable en relación al producto (5,4% del PBI).
• La reducción de la presión tributaria descontado los aportes del blanqueo (-1,9 p.p. del PBI) se explica, en primer lugar, por la baja en Ganancias (-1,1 p.p. del PBI), debido a la suba del Mínimo No Imponible y a que la AFIP dejó de percibir automáticamente anticipos por gastos en moneda extranjera.
• En segundo lugar, se encuentran los Derechos de exportaciones que explicó otro 0,6 p.p. del PBI de la reducción en la presión tributaria. Las retenciones representaron alrededor de 2,2% del PBI durante la última década, pero ya venían perdiendo participación (en 2015 equivalían a 1,3% del PBI).
• En 2016 no sólo se registró una baja en la presión consolidada, sino que también hubo varios factores que alteraron el reparto de la misma en favor de las provincias. Entre estos factores se destacan principalmente el principio de devolución del 15% de la masa coparticipable bruta con destino a la seguridad social, el fallo de la Corte Suprema por el cual no se le realiza esta detracción ni el financiamiento a AFIP a las provincias de Córdoba, Santa Fe y San Luis, y el incremento de la alícuota que recibe la Ciudad de Buenos Aires (de 1,4% a 3,75%). De hecho, por estos factores, las provincias percibieron en 2016 el 55% de la masa coparticipable bruta, frente al 50% en 2015.
• Sin embargo, incluyendo los fondos del blanqueo (que sólo engrosaron las arcas de la ANSES), las provincias recibieron el 38% de la recaudación consolidada, el mismo porcentaje percibido en 2015. El monto que el sector público Nacional resignó en favor de las provincias (por la devolución parcial del 15% de la masa coparticipable que percibía ANSES) fue compensando por los ingresos extraordinarios del sinceramiento fiscal.
• Más allá de la disminución en la presión tributaria, cabe destacar dos aspectos. Por un lado, ésta continúa en niveles muy elevados: descontando el blanqueo, fue igual a la observada en 2012 (12 p.p. por encima de 10 años antes). Por otro, pese a su elevada magnitud, aún es insuficiente para financiar el gasto (la recaudación sin blanqueo sólo cubrió 72% del gasto primario en 2016). Además, la estructura impositiva continúa teniendo las mismas características negativas previas: es distorsiva, regresiva, elevada en impuestos indirectos, al comercio y al trabajo, y reducida en la grabación a las propiedades y rentas.
• Para el año en curso, no prevemos mayores cambios en la presión tributaria puesto que la necesidad de disminuir el déficit reduce al mínimo la posibilidad de resignar recursos. Asimismo, esperamos que las provincias reciban en 2017 una mayor porción de los ingresos recaudados.

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