Ecolatina

Carrera desigual: los ajustes salariales quedan rezagados frente a la velocidad de la inflación

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El Índice de Precios al Consumidor Ecolatina de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires creció 3,7% en el segundo mes del año. Así, mostró un alza de 50,4% respecto al mismo período de 2018 y acumula una variación de 6,5% en lo que va del año.
Durante febrero, a pesar de la estabilidad cambiaria y la rígida política monetaria del BCRA, la inflación se aceleró (en enero había exhibido una suba de 2,6%), cortando con una racha de 4 meses consecutivos a la baja. El motivo de la aceleración del IPC GBA Ecolatina fue el impulso de algunos capítulos que, sumados a un piso elevado por efecto de la inercia inflacionaria, dinamizaron el índice. Estos rubros fueron Vivienda y servicios básicos, por el aumento en la tarifa de electricidad, Atención médica y gastos para la salud, debido a aumentos en los servicios de medicina prepaga y a subas en los precios de medicamentos, y Alimentos y bebidas, por la suba en el precio mayorista de la carne. Estos capítulos incluyen tanto precios regulados por el Gobierno, que tiene intención de concentrar los aumentos del 2019 antes del inicio del período electoral, como movimientos propios del sector privado, motivados por dinámicas sectoriales particulares.
En los próximos meses habrá nuevas subas de Regulados (por aumentos en las tarifas de electricidad, gas y agua y alzas en los precios de la nafta, el transporte público y el teléfono). De esta forma, la inflación persistirá elevada. Por el contrario, durante el segundo semestre, la dinámica de los precios obedecerá mucho más a los movimientos del dólar que a las decisiones gubernamentales.

 
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Fuerte caída del salario real en 2018

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¿Cuánto cayó el salario real en 2018?

 

El año pasado, la inflación nacional rozó 48% y los salarios treparon casi 30%. En consecuencia, el salario real cayó 12,2% a lo largo de 2018, señala un estudio de Ecolatina. En promedio, la caída del poder adquisitivo de los salarios alcanzó 6,3% respecto de 2017. Esta contracción fue homogénea a todas las modalidades de contratación: el año pasado el salario real del sector no registrado cayó en promedio 6,5%, levemente por encima del retroceso medio del salario real de los registrados (-6,2% i.a.). Dentro de este grupo, el salario real de los trabajadores del sector privado sufrió una merma algo más acotada que la del sector público (5,8% i.a. vs 7% i.a., respectivamente). 

Var. Salario Real I) Privado Formal (50%) II) Privado Informal (20%) III) Sector Público (30%) Nivel General (I-III)
Prom. 2018 Vs Prom. 2017 -5,8% -6,5% -7,0% -6,3%
Dic. 2018 Vs Dic. 2017 -11,7% -13,9% -11,8% -12,2%
Fuente: Ecolatina en Base a INDEC      

 

¿A qué se debe este retroceso?

 

Esta dinámica responde a dos factores. En primer lugar hay que destacar que incluso con el brote inflacionario de comienzo de año (debido a aumentos de tarifas e inestabilidad cambiaria), las negociaciones paritarias se cerraron originalmente en torno al 20%, en línea con la voluntad del Ejecutivo. El segundo es que al momento de otorgarse nuevos aumentos en función de una mayor suba de precios, tuvo lugar el salto cambiario de fines de agosto, que se tradujo en una aceleración de la inflación que sepultó el poder adquisitivo de los trabajadores. Las recomposiciones que llegaron en los últimos meses no fueron suficientes para torcer el rumbo en un contexto de inflación elevada. De hecho, en el último trimestre el salario del sector registrado –quienes lograron una mejora salarial vía paritarias- creció 8,5% contra un alza de 11,5% del nivel de precios. 

 

¿Qué esperamos para 2019?

 

Como quedó demostrado el año pasado, el salario real fluctuará en función de lo que suceda en mercado cambiario que se verá afectado por la incertidumbre del proceso electoral. Bajo nuestro escenario más probable,la inflación no se disparará (prevemos que crezca en torno a 35%) pero bajará a un ritmo menor del que supone el oficialismo (incialmente prevía 23% pero dicha estimación se esta revisando al alza). No obstante, si el gobierno trata de coordinar la suba de las paritarias en torno a una cifra optimista, que subestime la inflación, los aumentos salariales podrían acumular subas cercanas al 35% en 2019 gracias a la activación de las cláusulas de renegociación a inicios de año.

  

El avance del salario real llegaría a terreno positivo justo en la previa electoral. Sin embargo, la mejora del cierre del año no será suficiente para compensar el poder adquisitivo perdido y como resultado, caerá alrededor de 4% promedio durante 2019.

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La peor recesión desde 2009

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A comienzos de 2018 el consenso de mercado elaborado por el BCRA proyectaba un crecimiento cercano al 3%. Se esperaba romper la maldición de los años pares gracias a un buen inicio del año y al elevado arrastre estadístico positivo que dejaba 2017. Lamentablemente, la sequía, la corrida cambiaria y la aceleración de la inflación derrumbaron las expectativas, señala un estudio de la consultora Ecolatina.
En el segundo trimestre se sintió el impactó pleno de la sequía (el sector agropecuario cayó más de 30% i.a.) y los primeros cimbronazos del mercado cambiario (hubo una depreciación del Peso cercana al 30% en el período). A ello se sumaron aumentos tarifarios que terminaron por acelerar la inflación aún más (acumuló 16% en el primer semestre, ya por encima de la meta establecida por el gobierno para la totalidad del año). Esto implicó un nuevo golpe al poder adquisitivo (en pesos y dólares) y retrajo el ya alicaído consumo de las familias.
Sin embargo, lo peor estaba por venir. Hacia fines de agosto la inestabilidad cambiaria volvió a escena y el dólar pegó un salto de casi 33% en pocos días. Esta dinámica y la incertidumbre sobre el rumbo económico impactaron significativamente en la actividad económica y, a través de una creciente e inesperada inflación, sobre el poder adquisitivo de la población. Además, derivó en un segundo acuerdo con el FMI que implicó una aceleración en el recorte del gasto público y la adopción de un esquema de metas de agregados monetarios (emisión cuasi-nula) y bandas cambiarias para estabilizar el frente externo.
El costo de este esquema, que rápidamente llevó la tasa de interés a niveles muy elevados, fue un enfriamiento de la actividad que implicó una caída de 6,3% i.a. en el último trimestre del año. A la caída de la producción de bienes (-5,3% i.a. en el primer semestre y -5,9% i.a. en el segundo semestre), que venía debilitada por la sequía, el freno en la construcción y la suba de los costos en la industria, se le sumó el deterioro en los servicios (pasó de crecer 2% i.a. en el primer semestre a retroceder 3,8% i.a. en el segundo semestre). Esta dinámica obedeció en buena medida a la caída en el comercio (superior al 15% i.a. en el último trimestre del año), producto de la estrepitosa caída del salario real: 12% i.a. en el cuarto trimestre, la más profunda desde la crisis del 2002.
En este marco, la actividad sufrió la recesión más profunda desde 2009 al caer 2,6%, contracción que dejará un arrastre estadístico negativo en torno al 3% para este año. Comparando con el pico de actividad de la era Macri (primer trimestre de 2018) la economía se desplomó 7% en términos desestacionalizados para volver a niveles de 2010.
¿Qué esperamos para 2019?
Considerando el negativo arrastre estadístico que deja el año pasado y la incertidumbre política ante las elecciones presidenciales, la recuperación de la economía será lenta. En este sentido, esperamos para 2019 este año una mayor cosecha agrícola –se espera que aporte algo más de un punto de crecimiento- y un repunte de la mayoría de los sectores transables (traccionados por la mejora de la competitividad cambiaria y las expectativas de crecimiento de la economía brasileña).
Sin embargo, el resto de las actividades (dependientes de la demanda doméstica) seguirán en retroceso producto del desplome del mercado interno.
De hecho, los dos componentes de la demanda interna, consumo e inversión, se mantendrán debilitados.
El consumo sufrirá los aumentos tarifarios y la inestabilidad cambiaria que le pondrán un techo a la recuperación del salario real, el cual recién comenzará a mostrar mejoras en la previa electoral. Pero esta recomposición no será suficiente para compensar el deterioro previo y el año cerrará con una caída del salario real promedio del orden de 3,5%. Adicionalmente, la necesidad de cumplir con el objetivo de equilibrio fiscal no permite pensar en novedades positivas por el lado del consumo público.
En este sentido, la inversión también sufrirá debido a que, a diferencia de otros años electorales, el aporte del sector público en materia de infraestructura será limitado. Este recorte no será compensado por el sector privado en tanto las tasas de interés reales positivas se mantengan y la incertidumbre política no se reduzca.
Si esperamos una mejora considerable por el lado de las exportaciones y que continúe la contracción de las importaciones.
En suma, durante 2019 la actividad volvería a caer cerca de 1%, encadenando dos años recesivos por primera vez desde el bienio 2001-2002. De todas formas, en términos desestacionalizados habría una recuperación parcial de la actividad (+3% a lo largo del año).

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El gasto primario en su nivel más bajo desde la incorporación de la AUH

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Se sobreestimaron las estimaciones de ingresos reales en el Presupuesto 2019

El acuerdo stand by firmado con el FMI postula que este año el sector público Nacional deberá llegar al equilibrio primario, anulando el déficit de 2,7% del PBI registrando en 2018. Dado que este objetivo es central para acceder a los desembolsos, el esfuerzo fiscal será muy significativo. Para cumplir con la ambiciosa meta, el Ministerio de Hacienda presentó en el Presupuesto 2019 (oficializado en septiembre pasado) una estimación de sus recursos y, en base a eso, calculó cuánto debería recortar el gasto primario.

 

Con los datos de 2018 cerrados, se observa que las proyecciones oficiales no se cumplieron. Una vez más, las estimaciones del Sector Público “pecaron” de optimistas: mientras que según el informe del Poder Ejecutivo los ingresos del Sector Público Nacional no Financiero alcanzarían 19% del PBI en el acumulado anual, terminaron en 18% del PBI. En consecuencia, mostró una baja de casi 1 p.p. frente a 2017, en lugar del alza proyectada por el Poder Ejecutivo.

 

El panorama no cambia para 2019: conforme a nuestras estimaciones, los ingresos del Palacio de Hacienda estipulados en el Presupuesto están sobreestimados. Suponiendo que no se incorporan nuevos impuestos, este año los recursos del Sector Público Nacional oscilarían 18,5% del PBI, lejos del 20% del PBI proyectado por el Poder Ejecutivo. En consecuencia, el recorte necesario del gasto primario real deberá ser mayor al postulado. Veamos entonces qué partidas podrían sufrir nuevos recortes, y si es factible alcanzar el equilibrio primario.

 

Poco margen para recortar gastos primarios, mucho ajuste automático por inflación pasada

El gasto primario pasó de 24% del PBI en 2016 a 20,5% del PBI en 2018 y para este año se estipuló que alcance 20% del PBI. Si la performance de los ingresos será peor a la prevista, ¿dónde se hará el recorte adicional necesario para alcanzar el equilibrio primario?

 

En primer lugar, vale remarcar que seis de cada diez pesos que salen del Estado Nacional se ajustan de manera automática por la inflación pasada: la Ley de Movilidad fijó la actualización de las jubilaciones y pensiones a la suba de precios y salarios registrados dos trimestres atrás. Con una lenta desaceleración de la inflación, el peso de las erogaciones de seguridad social en el PBI será mayor o igual al de 2018. Por ende, el recorte adicional caerá sobre el 40% restante.

 

Analizando las demás partidas, poco menos del 15% del gasto primario responde a salarios de trabajadores públicos. Resultado de paritarias que cerraron muy por debajo de la inflación y un plan reducido de contrataciones –donde no se reemplazan las bajas- esta línea del gasto primario se contrajo 10% en términos reales durante 2018. Dado el esfuerzo ya realizado y el hecho de que este es un año electoral, no estimamos un recorte adicional significativo sobre esta partida.

 

Por su parte, los subsidios económicos representan algo menos del 10% del gasto primario. Esta partida atravesó dos momentos opuestos en 2018: mientras que en el primer semestre, con un dólar mayormente calmo, retrocedió 15% i.a. en términos reales, en la segunda mitad redujo su caída a un tercio producto de la escalada de la divisa. Como resultado, esta partida acumuló una contracción de 9% i.a. en términos reales el año pasado, quedando lejos del objetivo inicial y obligando a ajustar en otras líneas.

 

En 2019, el escenario será intermedio entre ambos extremos. Durante la primera mitad, las tarifas sufrirían ciertos ajustes para ayudar a la meta fiscal. Sin embargo, a medida se aproximen las elecciones, las mismas se atrasarían en la búsqueda por afectar el humor social lo menos posible (y las chances de reelección del oficialismo). Por último, vale recordar el traspaso de los subsidios al transporte a la Provincia de Buenos Aires y Ciudad Autónoma, que también permitirán relajar este gasto. Como resultado, los subsidios económicos pasarían de representar 2% del PBI en 2018 a 1,5% este año.

 

Por último, resta analizar el curso que seguirán los gastos de capital; casualmente, la partida sobre la que pesa el mayor margen de maniobra. En este sentido, la inversión en obra pública persiste en rojo desde 2015 y en 2019 acentuaría su baja. Por caso, pasó de ARS 208.000 millones en 2017 a ARS 210.000 millones el año pasado, registrando una mínima suba nominal en un contexto de elevada inflación. Esta línea del gasto sería la que realizará el mayor ajuste, no solo por la discrecionalidad de sus erogaciones, sino también por la velocidad con que pueden recortarse.

 

Teniendo en cuenta los esfuerzos necesarios, proyectamos que este año los gastos de capital retrocederían nominalmente 12% i.a. y casi 40% i.a. en términos reales. De este modo, implicarían poco más de 1% del PBI, marcando una baja de 0,6 p.p. frente a 2018.

 

En base a este análisis, proyectamos que el gasto primario rondaría 19% del PBI este año, marcando un retroceso de 1,5 p.p. frente a 2018 y marcando un mínimo desde la incorporación de la Asignación Universal por Hijo hace ya diez años. Sin embargo, no bastaría para alcanzar el equilibrio primario: el rojo antes del pago de intereses rondaría 0,5% del PBI. No obstante, dado que este resultado estará contemplado dentro de los ajustadores pautados con el FMI (por un máximo de ARS 71.600 millones) permitirá destrabar los desembolsos.

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La venta de electrodomésticos en el menor nivel de los últimos cuatro años

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¿Cómo cerró el 2018 la venta de electrodomésticos?

La caída en la venta de electrodomésticos y artículos para el hogar se profundizó en el último trimestre de 2018. Los datos publicados por el INDEC exhiben una retracción en términos nominales del 5% i.a., a pesar de que los precios del rubro crecieron 52% i.a. promedio en el periodo, según el IPC-GBA Ecolatina. De esta forma, en términos reales el consumo de estos bienes durables se desplomó 37% i.a. en los últimos tres meses de 2018 y 7,7% en el total del año. Quitando el efecto mundialista que incentivó la venta de televisores en el primer semestre, la caída del sector hubiese sido mayor al 13% anual.

 

¿Qué factores determinaron la dinámica durante 2018?

El sector transitó dos semestres claramente diferentes. En la primera mitad del año, el volumen de ventas creció 20% i.a. y alcanzó un récord histórico. La buena performance obedeció al impulso del consumo de televisores en el marco de un año mundialista, pero también al abaratamiento relativo del rubro, explicado por la eliminación de aranceles a la importación y de impuestos internos.

En cambio en el segundo semestre, el volumen de ventas experimentó una caída mayor al 30% i.a. a raíz del adverso contexto macroeconómico. El deterioro del poder adquisitivo en dólares y en pesos, el encarecimiento y desaparición del crédito y la incertidumbre reinante durante el periodo, frenaron fuertemente la demanda por bienes durables. 

La abrupta caída de la demanda interna en la segunda parte del año se dio a pesar de que los comercios hicieron un esfuerzo por no trasladar completamente a precios el salto en el tipo de cambio. En este sentido, los productos del rubro no se encarecieron en términos relativos  al resto de los bienes de la economía, siendo que un gran porcentaje de electrodomésticos son importados y/o presentan un alto componente de piezas provenientes desde el exterior. En esta línea, mientras que el dólar duplicó su valor en el acumulado de los 12 meses de 2018 y el IPC Nivel General trepó 48% i.a., los precios del rubro subieron “solo” 50%.

 

¿Cuáles son las perspectivas para 2019?

Las ventas del rubro volverían a colocarse en terreno negativo. Los salarios no experimentarían mejoras en términos reales hasta la segunda parte del año y ese crecimiento no alcanzaría para compensar el terreno cedido durante 2018. De manera adicional, el ingreso disponible de las familias se mantendrá acotado debido al encarecimiento relativo de bienes y servicios relativamente inelásticos al cambio de precios, tales como electricidad, combustibles, educación, salud, etc. Por último, la persistencia de altas tasas de interés continuará desalentando la demanda de electrodomésticos en un contexto de creciente incertidumbre electoral.

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