economía regional Misiones

Andresito pierde $64.800 millones por año por el derrumbe del precio de la yerba

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La crisis que atraviesa la producción yerbatera ya no se refleja únicamente en los ingresos de los productores. En Comandante Andresito, uno de los principales polos yerbateros del país, el derrumbe del precio de la hoja verde comienza a medirse en términos de desarrollo local, actividad económica y capacidad de generación de riqueza.

Un informe elaborado por el Ministerio del Agro y la Producción de Misiones revela que la diferencia entre los aproximadamente $250 por kilo que actualmente reciben los productores y los $700 por kilo que el organismo considera necesarios para cubrir costos y garantizar la sustentabilidad de la actividad provoca una pérdida anual de $64.800 millones para la economía de Andresito.

La magnitud del número adquiere otra dimensión cuando se lo compara con las finanzas públicas del municipio: equivale a casi 14 presupuestos municipales completos que cada año dejan de circular dentro de la localidad.

Una economía que deja de girar

El análisis toma como referencia las cerca de 18.000 hectáreas cultivadas con yerba mate en Comandante Andresito, cuya producción ronda los 144 millones de kilos de hoja verde anuales.

Con el precio actual, esos volúmenes generan ingresos por alrededor de $36.000 millones. Sin embargo, si la materia prima se comercializara a $700 por kilo, el ingreso anual ascendería a $100.800 millones.

La diferencia, de $64.800 millones, representa recursos que hoy no llegan a los productores ni se vuelcan al circuito económico local.

Para una localidad cuya actividad gira en torno a la producción primaria, semejante caída tiene un efecto multiplicador sobre prácticamente todos los sectores.

El impacto supera ampliamente a las chacras

Desde el Ministerio del Agro advierten que la pérdida no termina en el productor.

Menores ingresos implican menos contratación de tareferos, menor demanda de servicios rurales, reducción en la compra de fertilizantes, agroquímicos, combustible y maquinaria, además de una caída del movimiento comercial en talleres mecánicos, estaciones de servicio, corralones, supermercados y pequeños comercios.

Cada peso que deja de percibir un productor es un peso que tampoco circula en la economía de Andresito.

El fenómeno termina afectando el consumo, la inversión privada y también la recaudación de distintos niveles del Estado, profundizando el deterioro económico de una región cuya matriz productiva depende fuertemente de la yerba mate.

Una pérdida que se replica en toda Misiones

El informe también amplía la mirada hacia el conjunto de la provincia.

Tomando una producción anual cercana a los 900 millones de kilos de hoja verde, la diferencia entre el precio actualmente percibido y el valor considerado necesario para sostener la actividad implica que Misiones deja de incorporar alrededor de $405.000 millones por año a su economía.

Ese dinero, sostienen desde la cartera agraria, podría traducirse en mayor inversión productiva, más empleo rural, mayor consumo interno y una mayor capacidad de crecimiento para las economías regionales.

La desregulación, en el centro del debate

El estudio fue difundido en un contexto de fuerte tensión dentro de la cadena yerbatera.

Desde la entrada en vigencia del DNU 70/2023, el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) perdió la facultad de fijar precios mínimos para la hoja verde y la yerba canchada, modificando el esquema de regulación que había funcionado durante más de dos décadas.

La desregulación derivó en una fuerte dispersión de valores pagados a los productores y profundizó el conflicto entre los distintos eslabones de la cadena.

Mientras el Gobierno nacional sostiene que el mercado debe definir los precios, el Gobierno de Misiones, cooperativas, asociaciones de productores y trabajadores rurales vienen reclamando mecanismos que permitan recomponer el valor de la materia prima y evitar el deterioro de las economías regionales.

Para el Ministerio del Agro, el caso de Andresito muestra con claridad que la discusión excede al sector yerbatero: el precio de la hoja verde termina definiendo el nivel de actividad económica de localidades enteras.

Cuando el ingreso del productor cae, también se resiente el empleo, el comercio, los servicios y la inversión. En municipios cuya economía depende casi exclusivamente de la yerba mate, el precio de la materia prima deja de ser un dato sectorial para convertirse en un factor determinante del desarrollo local.

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De un tren sin regreso a una marca propia: la historia de la yerba Familia Zaragoza

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En la industria yerbatera abundan por estos días los números en rojo. Productores que venden por debajo de los costos, molinos que ajustan márgenes y un mercado que atraviesa una de las crisis más profundas de los últimos años. Sin embargo, entre ese escenario de incertidumbre todavía aparecen historias que recuerdan que la economía también se mueve por decisiones personales, afectos y apuestas que desafían toda lógica.

La de Familia Zaragoza es una de ellas.

No comenzó en un yerbal ni en un secadero. Empezó mucho antes, arriba de un tren que salió desde Buenos Aires rumbo a Misiones.

En 2008, Carla Zaragoza tomó una decisión que, vista desde afuera, parecía una locura. Dejó atrás la seguridad -aunque fuera precaria- de la gran ciudad, tomó a sus dos hijos y viajó hacia un destino donde no tenía trabajo, contactos ni familiares que la esperaran.

Solo tenía una certeza: necesitaba empezar de nuevo. Oberá fue la ciudad que eligió para reconstruir su vida.

“Vinimos de vacaciones invitados por una amiga. A mí me fascinó desde el primer día y a mamá le dio la certeza de que era el lugar donde podíamos crecer”, recuerda Santiago Paz, uno de sus hijos y hoy uno de los impulsores de la marca.

Volvieron a Buenos Aires, acomodaron las cosas que tenían y, pocos meses después, emprendieron el viaje definitivo.

“Mi hermano era un bebé y yo tenía apenas siete años. Oberá nos conquistó por su tranquilidad, por la naturaleza, por los cerros y, sobre todo, por la calidad humana de su gente. Sentimos que ahí podíamos construir otra vida”.

Empezar desde cero

Como ocurre con la historia misma de Misiones y la de miles de familias que migran buscando oportunidades, los primeros años estuvieron lejos de cualquier comodidad. Había que sobrevivir.

Carla hacía artesanías, cosía ropa, recorría ferias y vendía productos de limpieza puerta a puerta. Cada ingreso servía para sostener la casa.

No existían horarios. Tampoco fines de semana. Solo trabajo.

Los años pasaron hasta que apareció un golpe inesperado.

A Carla le diagnosticaron una artritis degenerativa. La enfermedad comenzó a limitarle los movimientos y el esfuerzo físico que había sostenido durante tanto tiempo dejó de ser posible.

Fue entonces cuando sus hijos entendieron que era momento de devolverle una parte de todo lo que ella había hecho por ellos.

Un homenaje que terminó convirtiéndose en empresa

La yerba mate no fue el primer emprendimiento de la familia. Tampoco nació como un gran proyecto empresarial.

Surgió como una forma de darle a Carla una actividad que pudiera desarrollar sin exigir físicamente a un cuerpo castigado por la enfermedad.

Santiago trabajaba desde hacía años en una empresa yerbatera y conocía el negocio. Vio una oportunidad.

“Queríamos que tuviera algo propio. Un proyecto que nadie pudiera quitarle”, cuenta.

Así nació Familia Zaragoza.

El nombre nunca estuvo en discusión.

“Hay personas que merecen ser homenajeadas en vida. Gracias a mi madre, Carla Zaragoza”, resumen Santiago y Damián, los fundadores de la marca.

Cada integrante encontró naturalmente su lugar. Carla atiende desde su casa a sus clientes por teléfono. Damián organiza el armado de los paquetes y los despachos desde Oberá. Santiago mantiene el vínculo con productores, coordina el trabajo con el molino y desarrolla la marca, además de comercializar en Puerto Iguazú.

Los tres viven en ciudades distintas, pero el emprendimiento funciona como una sola familia. Porque, en definitiva, eso es.

Elegir lanzar una nueva marca de yerba en 2026 parece ir a contramano del contexto.

La cadena yerbatera atraviesa una crisis de precios, rentabilidad y consumo que golpea a todos los eslabones. Sin embargo, los Zaragoza eligieron mirar el largo plazo.

Hace casi tres años comenzaron a desarrollar el proyecto y recién en enero de este año obtuvieron el Registro Nacional de Producto Alimenticio (RNPA), que les permitió comercializar oficialmente con marca propia.

El crecimiento fue deliberadamente lento.

Hoy venden en Oberá, Puerto Iguazú y Posadas, además de realizar envíos a todo el país mediante pedidos que llegan desde redes sociales y WhatsApp.

No buscan todavía ingresar a supermercados. Prefieren crecer despacio.

“Queremos cuidar la calidad y mantener el trato personal. Aunque el primer contacto sea por redes, del otro lado siempre estamos alguno de nosotros”.

La filosofía del barbacuá

Si el nombre homenajea a la familia, el producto también refleja su historia.

Eligieron elaborar una yerba barbacuá, un sistema tradicional que prácticamente desafía los tiempos industriales. Mientras un secado convencional puede completarse rápidamente mediante calor industrial, el método barbacuá requiere entre diez y dieciocho horas de secado lento utilizando calor de leña.

Después llega otra espera. La yerba reposa entre dieciocho y veinticuatro meses antes de llegar al consumidor. El tiempo termina haciendo su trabajo.

El resultado es una yerba de perfil ahumado, cuerpo intenso, sabor equilibrado y baja acidez.

Pero para Santiago existe una explicación mucho más simple. “Nos enamoró desde el primer mate. Tiene una personalidad única. Pero además sentimos que representa nuestra propia historia. El barbacuá necesita paciencia, dedicación y tiempo. Nuestra familia también se construyó así: paso a paso y a fuego lento”.

La comparación aparece una y otra vez durante la conversación. No parece casual. La historia de los Zaragoza tampoco tuvo atajos.

La materia prima proviene de productores locales y de un molino artesanal con el que trabajan de manera tercerizada. No poseen plantaciones propias por ahora.

“Elegimos este esquema porque nos permite seleccionar cuidadosamente la hoja verde y sostener el estándar de calidad que buscamos”, explica Santiago.

El sueño, sin embargo, ya tiene un próximo capítulo. Tener sus propios yerbales. También proyectan nuevas presentaciones y productos vinculados al universo matero.

Pero siempre bajo una condición. “No queremos crecer a cualquier costo. Si algún día perdemos la esencia, deja de tener sentido”.

En cada paquete de Familia Zaragoza hay hojas secadas lentamente con leña. Hay casi dos años de estacionamiento. Hay productores, molinos y un proceso artesanal que desafía la velocidad de estos tiempos. Pero también hay algo que no figura en ninguna etiqueta. Está la madre que decidió empezar de nuevo cuando todo parecía perdido. Están dos hijos que transformaron ese sacrificio en un proyecto propio. Y está la convicción de que incluso en una actividad golpeada por la crisis todavía existen oportunidades para quienes encuentran una identidad diferente.

Porque, al final, la verdadera materia prima de Familia Zaragoza nunca fue solamente la yerba. Fue la perseverancia.

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El té sintió el peso del clima y la competencia global: la zafra cayó 16% y las exportaciones retrocedieron 11%

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Si la yerba mate atraviesa uno de sus momentos más delicados, el té no escapó a un año complejo. La cadena tealera misionera atravesó durante la campaña 2025-2026 una de esas temporadas que condensan todos los factores de riesgo que enfrenta una economía regional exportadora. El clima jugó en contra, los costos crecieron muy por encima de los ingresos, la demanda internacional perdió fuerza y la competencia de los grandes productores asiáticos volvió a ganar terreno. El resultado fue una zafra con una caída del 16% en la productividad y un retroceso del 11% en las exportaciones, en un sector que sigue siendo uno de los principales generadores de divisas de Misiones.

El informe elaborado por la Dirección General de Yerba Mate y Té del Ministerio del Agro y la Producción ofrece una radiografía detallada de una actividad que, aunque mantiene fortalezas estructurales, comenzó a sentir con mayor intensidad las tensiones del mercado global.

Misiones continúa siendo el corazón de la producción tealera argentina. La provincia concentra el 95% del té que produce el país, reúne unas 29.000 hectáreas en producción, alrededor de 2.500 productores y cerca de 60 industrias elaboradoras, que destinan aproximadamente el 95% de su producción al mercado externo. Esa fuerte dependencia de las exportaciones convierte a la cadena en una de las economías regionales más sensibles a los cambios de la demanda internacional.

El primer golpe llegó desde los propios lotes. Entre enero y marzo, el déficit hídrico redujo significativamente el desarrollo del cultivo. A la falta de lluvias se sumó una mayor incidencia de ácaros y un fenómeno que refleja el deterioro de la rentabilidad: muchos productores disminuyeron las aplicaciones de fertilizantes por el fuerte incremento de sus precios. La combinación de esos factores provocó una caída estimada del 16% en la productividad respecto de campañas anteriores. La cosecha finalizó con 302.000 toneladas de brotes y un rendimiento promedio de 10.400 kilos por hectárea.

LA ZAFRA TEALERA 2025-2026 EN NÚMEROS

Indicador Dato
Producción de brotes302.000 toneladas
Caída de productividad-16%
Rendimiento promedio10.400 kg/ha
Superficie en producción29.000 ha
Productores2.500
Superficie certificada Rainforest Alliance20.000 ha (69%)
Precio garantía brote$100/kg
Precio referencia té elaborado$650/kg

Paradójicamente, mientras la producción cayó, la cadena avanzó en uno de los aspectos más valorados por los compradores internacionales: la certificación ambiental. Durante la campaña, la superficie certificada bajo el estándar Rainforest Alliance alcanzó las 20.000 hectáreas, equivalentes al 69% del área cultivada, mientras que la cantidad de establecimientos certificados aumentó un 22%. Es un indicador de competitividad de largo plazo, porque mejora el posicionamiento del té misionero en mercados cada vez más exigentes.

Pero el verdadero desafío de la campaña estuvo en la estructura de costos. Los fertilizantes nitrogenados aumentaron un 47%, los fertilizantes un 27%, los herbicidas un 25% y el combustible subió un 24,6% medido en dólares. A ello se agregó un incremento del 22,5% en el costo del transporte hasta el puerto de Buenos Aires, una variable crítica para una actividad cuya producción se exporta casi en su totalidad. Mientras el dólar exportador permaneció prácticamente estable, los costos siguieron creciendo en moneda dura, deteriorando la competitividad de la cadena.

La presión sobre la rentabilidad coincidió además con un escenario internacional menos favorable. Entre mayo de 2025 y abril de 2026 Argentina exportó 61.267 toneladas de té seco por 66,9 millones de dólares FOB, frente a las 68.474 toneladas y 73,8 millones de dólares del período anterior. 

Las exportaciones retrocedieron 11% en volumen y 9% en valor, mientras que el precio promedio apenas mejoró un 1%, pasando de 1,08 a 1,09 dólares por kilo. Esa leve recuperación no alcanzó para compensar la pérdida de ventas.

La explicación no estuvo en la calidad del producto, sino en el comportamiento de los mercados. Estados Unidos, que absorbe cerca de dos tercios de las exportaciones argentinas de té, redujo sus compras alrededor de un 10%. También disminuyeron las ventas hacia Malasia e India, mientras que el informe atribuye buena parte de esa retracción a la menor demanda de grandes operadores internacionales y al avance de competidores como Vietnam y Kenia, capaces de ofrecer precios considerablemente más bajos.

No todo el mapa comercial mostró retrocesos. Chile aumentó sus compras un 25%, Polonia un 33%, Perú un 53% y Brasil un 48%, aunque esos mercados todavía no tienen el volumen suficiente para compensar la caída de Estados Unidos. El saldo comercial terminó siendo negativo.

Misiones produce el 95% del té argentino.
.-.-

EXPORTACIONES DE TÉ: MENOS VOLUMEN, MENOR FACTURACIÓN

Indicador 2024/25 2025/26 Variación
Volumen exportado 68.474 t 61.267 t -11%
Valor FOB USD 73,8 millones USD 66,9 millones -9%
Precio promedio USD 1,08/kg USD 1,09/kg +1%

Principales destinos

Mercado Variación
Estados Unidos-10%
Chile+25%
Polonia+33%
Perú+53%
Brasil+48%
Malasia-39%
India-34%
La mayor competencia de Vietnam y Kenia y la menor demanda de Estados Unidos explican el retroceso exportador.

Entre las noticias positivas de la campaña sobresale la consolidación de la Indicación Geográfica Té Argentino. Durante 2025 se realizaron las primeras exportaciones con este sello, que alcanzaron 1.174 toneladas. El reconocimiento permite diferenciar el origen del producto, agregar valor y acceder a un reintegro adicional del 0,5% sobre el valor FOB, un incentivo que puede cobrar mayor importancia en un escenario internacional cada vez más competitivo. También continuaron las exportaciones de té orgánico, destinadas principalmente a Estados Unidos y Canadá.

Frente a este escenario, el Gobierno provincial sostuvo distintas herramientas para amortiguar el impacto sobre la actividad. La bonificación del 20% en la tarifa eléctrica benefició a más de 60 secaderos, mientras que la línea de descuento de cheques diferidos permitió gestionar más de 1.750 operaciones por aproximadamente 2.500 millones de pesos. A ello se sumó una línea de prefinanciación de exportaciones de hasta 200.000 dólares por empresa, con una tasa anual del 2,5%, destinada a fortalecer la capacidad exportadora de las industrias misioneras.

La campaña deja, además, una conclusión que trasciende el resultado de una sola zafra. El té argentino conserva ventajas competitivas vinculadas a su calidad, sus certificaciones y la diferenciación por origen, pero enfrenta un mercado internacional donde la competencia por costos es cada vez más intensa. El propio informe oficial sostiene que la diversificación de mercados, la reducción de los costos logísticos y el fortalecimiento de las herramientas de financiamiento serán determinantes para sostener la competitividad del sector. En una actividad donde el 95% de la producción se exporta, el desafío ya no pasa solamente por producir más, sino por vender mejor en un mundo cada vez más competitivo.

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Café de especialidad hecho en Misiones: una apuesta emprendedora que mira al futuro

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Mientras Misiones comienza a dar sus primeros pasos en la producción local de café tras la reciente reglamentación de la actividad, algunos emprendedores ya imaginan el próximo eslabón de la cadena de valor: transformar ese grano en un producto con identidad propia y valor agregado. En Apóstoles, el emprendimiento Bangwa se posiciona como uno de esos casos. Nacido a partir de una vieja tostadora familiar y años de experimentación artesanal, hoy produce café de especialidad y proyecta convertirse en uno de los primeros aliados de los futuros productores misioneros.

Detrás de la marca está María José Leonardo, arquitecta de profesión y emprendedora por vocación, quien junto a su familia transformó una tradición doméstica en una pequeña empresa dedicada al tostado, molienda y comercialización de café premium.

La historia comenzó mucho antes de que el café volviera a instalarse como tema de agenda productiva en Misiones. Hace más de dos décadas, el padre de María José había intentado desarrollar una iniciativa vinculada al café en la provincia. El proyecto no prosperó, pero dejó una herencia inesperada: una tostadora artesanal que permaneció guardada hasta que la nueva generación decidió darle una segunda oportunidad.

“Empezamos tostando para consumo familiar. Somos una familia muy cafetera y nos gustaba probar distintos granos, hacer mezclas y experimentar”, recuerda Leonardo. Lo que comenzó como una afición terminó despertando el interés de amigos y conocidos, que empezaron a preguntar por aquel café elaborado en casa. Así nació Bangwa.

El nombre no es casual. Hace referencia a una antigua tribu de Etiopía, considerada por muchos historiadores como una de las regiones originarias del café. Según explica la emprendedora, Bangwa era la denominación vinculada a las mujeres de la nobleza a quienes se les reservaba esta bebida en sus primeros tiempos, una conexión simbólica con la historia y la cultura cafetera mundial.

Actualmente, el emprendimiento trabaja con granos importados provenientes de Colombia y Brasil. Ambos son tostados en Apóstoles mediante procesos artesanales que buscan preservar las características originales del producto.

La producción es deliberadamente pequeña. Cada tostada permite procesar entre dos y dos kilos y medio de café y requiere entre veinte y treinta minutos de trabajo. Luego comienza una etapa clave para los especialistas: el reposo o estacionamiento del grano, que puede extenderse entre siete y diez días antes de ser molido o comercializado.

La lógica detrás de este modelo se aleja de los esquemas industriales tradicionales. El objetivo no es almacenar grandes volúmenes sino ofrecer un producto fresco, recién tostado y con trazabilidad completa. “La idea es que la gente consuma un café que fue tostado hace pocos días y no un paquete que lleva meses en una góndola”, explica Leonardo.

El producto se comercializa tanto en grano como molido y ya puede encontrarse en algunos puntos de venta de Posadas, además de distribuirse mediante pedidos directos y entregas a domicilio.

Pero el verdadero horizonte del proyecto está puesto en otro lugar: el café misionero.

La reciente sanción de la normativa que impulsa el desarrollo de plantaciones en la provincia abrió una expectativa inédita para quienes conocen el negocio desde adentro. Leonardo observa con atención los primeros ensayos productivos que se desarrollan en distintas zonas de Misiones, especialmente en áreas de mayor altitud como Cerro Corá.

La gran incógnita es qué tipo de café podrá producir la provincia. Tradicionalmente, el mercado premium está asociado al grano arábica, cultivado en zonas elevadas de Colombia, Perú y Centroamérica. Sin embargo, la experiencia reciente de Paraguay genera expectativas diferentes.

“En Paraguay están logrando cafés de muy buena calidad a partir de variedades robusta, que históricamente se destinaban a otros usos. Eso demuestra que todavía hay mucho por descubrir”, sostiene.

Desde Bangwa ya imaginan el próximo paso: ofrecer su tostadero para procesar los primeros lotes experimentales producidos en Misiones y comenzar un trabajo de prueba y aprendizaje conjunto con los futuros caficultores locales.

La posibilidad de cerrar el circuito completo —desde la producción hasta la transformación industrial— aparece como una oportunidad estratégica para agregar valor dentro de la provincia y construir una identidad propia en un mercado donde la diferenciación es clave.

El fenómeno también se inscribe en una tendencia global. El consumo de café de especialidad crece sostenidamente en todo el mundo y cada vez más consumidores buscan conocer el origen del producto, los métodos de producción y las características específicas de cada grano.

En ese contexto, Misiones podría encontrar una nueva alternativa para diversificar su matriz productiva, sumando al té, la yerba mate y los cultivos tradicionales una actividad con alto potencial de valor agregado.

Por ahora, el café misionero todavía es una promesa. Pero emprendimientos como Bangwa ya trabajan pensando en el día después. Cuando lleguen los primeros granos locales, la infraestructura, la experiencia y el conocimiento para transformarlos en un producto competitivo ya estarán esperando.

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La Exposición Agroindustrial de Oberá tuvo con alto impacto y los empresarios ya miran a 2027

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La Exposición Agroindustrial Oberá no fue solamente una feria de stands ni una simple vidriera empresarial. Fue, sobre todo, una declaración de principios: Oberá quiere consolidarse como una ciudad que produce, invierte y genera negocios reales. Con más de 100 empresas participantes, una fuerte presencia de sectores industriales, agropecuarios, comerciales y de servicios, y un respaldo institucional clave del municipio, del Gobierno de Misiones y de las distintas entidades organizadoras que integran el ecosistema productivo local, la edición 2026 dejó una conclusión difícil de discutir: el evento fue un éxito y ya comienza a proyectar una versión todavía más fuerte para 2027.

Los números de la encuesta de satisfacción realizada entre los expositores permiten medir con precisión lo que muchas veces queda solo en la percepción: la exposición funcionó, generó resultados concretos y dejó una sensación general de crecimiento.

Uno de los datos más contundentes aparece en la evaluación general de resultados. El 41,8% de los expositores aseguró que su participación “superó ampliamente” las expectativas iniciales, mientras que otro 40% sostuvo que los resultados fueron “mejores de lo esperado”. Esto significa que más de ocho de cada diez empresas terminaron la feria con una valoración superior a la que habían proyectado antes de participar.

Solo el 16,4% consideró que los resultados fueron acordes a lo esperado, y apenas una porción mínima los calificó por debajo.

En un contexto económico nacional donde cada inversión exige retorno concreto y donde las empresas miden con extrema cautela cada decisión comercial, ese nivel de satisfacción no es un dato menor. Habla de una feria que dejó resultados palpables, oportunidades reales y un fuerte saldo positivo.

Pero una exposición productiva no se mide únicamente por la facturación inmediata. Uno de los mayores valores de este tipo de encuentros está en la posibilidad de abrir puertas que después se transforman en negocios sostenidos en el tiempo. En ese sentido, la encuesta fue todavía más reveladora: el 61,8% de los participantes afirmó que el evento les permitió abrir algunos nuevos canales de comercialización, mientras que otro 30,9% aseguró haber abierto varios.

En otras palabras, más del 92% encontró nuevas oportunidades comerciales. Incluso entre quienes no concretaron ventas inmediatas durante los días de feria, el balance siguió siendo positivo. Muchos señalaron que, aunque no cerraron operaciones en el momento, sí generaron contactos valiosos, reuniones futuras, oportunidades de expansión y vínculos estratégicos.

Ese es justamente uno de los principales activos de la Exposición Agroindustrial Oberá: no se trata solamente de vender durante tres días, sino de construir relaciones comerciales que pueden transformarse en negocios durante todo el año.

El regreso asegurado: 100% volvería a participar

Hay una pregunta que, por sí sola, resume el éxito del evento. Cuando se consultó a los expositores si volverían a participar en una próxima edición, la respuesta fue absoluta: el 100% respondió que sí. No hubo respuestas negativas. No hubo dudas. No apareció el “tal vez”.

Ese dato, por sí solo, explica la potencia que alcanzó la Exposición Agroindustrial Oberá y confirma que dejó de ser una experiencia puntual para transformarse en una plataforma consolidada dentro del calendario económico regional. Cuando todos quieren volver, el evento deja de ser una apuesta para convertirse en una certeza.

La valoración positiva también alcanzó a la organización general. El 88,9% calificó como “excelente” la atención brindada por el equipo organizador durante el evento, mientras que el 11,1% restante la consideró “buena”. No hubo respuestas negativas.

La logística, la infraestructura, los servicios, el acompañamiento previo y la asistencia durante la exposición también recibieron valoraciones mayoritariamente altas.

Entre los aspectos más destacados aparecieron de manera recurrente la entrada gratuita, la facilidad de acceso, el estacionamiento, el orden general del predio y la correcta distribución de los espacios.

Muchos expositores también remarcaron el valor simbólico y estratégico de haber contado con un espacio donde la industria y la producción regional pudieron mostrarse con verdadero protagonismo, algo que no siempre ocurre en otros formatos feriales.

Otro de los puntos más valorados fue la política de acceso libre al público. Los expositores destacaron especialmente que la entrada gratuita favoreció una mayor convocatoria y permitió un mejor flujo de visitantes durante toda la exposición. Para la mayoría, esa decisión amplió el alcance del evento y facilitó una llegada más diversa, más amplia y más efectiva.

La conclusión es clara: la exposición no solo logró convocar empresas, sino también atraer al público correcto. Y eso impacta directamente en los resultados, porque una feria productiva necesita volumen, pero también necesita calidad en la circulación de personas. Y en ese punto, la estrategia funcionó.

Oberá como ciudad que apuesta a la producción

Detrás del éxito del evento hay una lectura más profunda que excede lo estrictamente ferial.

Oberá viene consolidando desde hace años un perfil económico que combina industria, agro, comercio, servicios y una fuerte apuesta al emprendedurismo. La exposición funciona como una síntesis perfecta de esa identidad productiva.

La ciudad ya no aparece solamente como un centro comercial importante del interior misionero, sino como un nodo estratégico capaz de articular inversiones, innovación, agregado de valor y desarrollo territorial. Ese posicionamiento no ocurre por casualidad.

Requiere planificación, visión política y una articulación constante entre el sector público y el privado.

Por eso, en esta edición fue determinante el acompañamiento del Gobierno de la Provincia y del gobierno local, junto al trabajo conjunto de cámaras empresarias, entidades productivas, instituciones intermedias y toda la comisión organizadora que sostuvo la feria desde su diseño hasta su ejecución.

Allí radica una de las claves del éxito: cuando la producción deja de ser un discurso y se convierte en una agenda compartida, los resultados aparecen. En ese esquema, la Exposición Agroindustrial Oberá funciona también como una verdadera política de desarrollo.

Cuando una feria logra que todos quieran volver, la próxima edición empieza a construirse al día siguiente del cierre. Y eso es exactamente lo que ocurre hoy con la Exposición Agroindustrial Oberá.

Las expectativas para 2027 son altas: más empresas, mayor integración regional, fortalecimiento de las rondas de negocios, más innovación y una profundización del perfil agroindustrial que distingue a Oberá dentro de Misiones.

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