economías regionales 2026

Las economías regionales marcaron un récord exportador: superaron los US$ 4.000 millones en cinco meses

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Las economías regionales argentinas alcanzaron durante los primeros cinco meses de 2026 el mejor desempeño exportador de las últimas dos décadas, consolidando un proceso de recuperación que combina mayores volúmenes comercializados, mejores precios internacionales y una creciente diversificación de mercados. Entre enero y mayo, las exportaciones de los 37 complejos productivos regionales totalizaron 4.032 millones de dólares, el valor más alto registrado para ese período desde que existen estadísticas comparables, en 2004.

Los datos oficiales difundidos por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía, elaborados sobre información del INDEC y procesados por la Subsecretaría de Economías Regionales y Pequeños y Medianos Productores, muestran además que el sector exportó 3.124.835 toneladas, el mayor volumen para un acumulado enero-mayo desde 2013.

El desempeño refleja una mejora simultánea tanto en cantidades como en precios. En comparación con el mismo período de 2025, las ventas externas crecieron 13,3% en valor y 8,5% en volumen, mientras que el precio promedio de exportación se ubicó en 1.290,2 dólares por tonelada, un incremento interanual del 4,4%.

La combinación de estos tres factores permite observar una consolidación del perfil exportador de las producciones regionales, un segmento que durante los últimos años ganó protagonismo dentro de la estrategia de generación de divisas por fuera de los tradicionales complejos cerealero y oleaginoso.

Entre las actividades con mejor desempeño sobresalen Acuicultura y Pesca, Apicultura, Aromáticas, Especias y Otros, y Hortalizas Pesadas, que registraron el mejor resultado para un período enero-mayo desde 2004. En términos interanuales, las exportaciones de estos complejos crecieron 22,9%, 86,8%, 6,6% y 14,4%, respectivamente, confirmando la expansión de sectores con creciente inserción en mercados internacionales.

Desde la perspectiva del aporte absoluto al incremento de las exportaciones, el crecimiento estuvo impulsado principalmente por los complejos de Acuicultura y Pesca, Legumbres, Apicultura, Cítricos Agrios, Ovinos, Hortalizas Pesadas, Algodón y Tabaco, que en conjunto generaron 517,7 millones de dólares adicionales respecto del mismo período del año anterior.

Más allá de los números, el resultado refleja una transformación gradual de la matriz exportadora de las economías regionales. La mayor demanda proveniente de Brasil, China y Estados Unidos, los tres principales destinos de estas producciones, permitió sostener el crecimiento de sectores intensivos en valor agregado y con fuerte presencia de pequeñas y medianas empresas distribuidas en las distintas provincias argentinas.

Para el Gobierno nacional, estos indicadores muestran una estructura exportadora que gana robustez y competitividad a partir de una mayor diversificación productiva y geográfica. El crecimiento simultáneo de múltiples complejos regionales evidencia además que la expansión no se concentra en un único sector, sino que alcanza a actividades vinculadas con alimentos, fibras, productos pesqueros y especialidades agroindustriales.

El récord alcanzado durante el acumulado enero-mayo de 2026 representa, además, una señal positiva para las economías del interior, cuya capacidad de generar divisas adquiere una relevancia creciente en un contexto donde la ampliación de las exportaciones constituye uno de los principales objetivos de la política económica. La mejora en cantidades exportadas, acompañada por precios internacionales favorables y una demanda sostenida de los principales socios comerciales, fortalece las perspectivas para que las producciones regionales continúen ampliando su participación en el comercio exterior argentino durante el resto del año.

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Semáforo de economías regionales: la yerba sigue en rojo y la mandioca se suma al grupo en crisis

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El arranque de 2026 confirma una tendencia que ya venía consolidándose: las economías regionales atraviesan un escenario de creciente fragilidad, con más actividades en terreno negativo y un deterioro sostenido en los ingresos de los productores. En ese mapa, Misiones aparece especialmente expuesta. La yerba mate permanece en rojo y, como dato nuevo, la mandioca se suma al grupo de actividades en crisis, mientras que el sector forestal continúa en zona amarilla, sin lograr consolidar una recuperación.

El problema de fondo es común a la mayoría de las actividades en retroceso: los precios que reciben los productores crecen por debajo de la inflación, mientras los costos operativos -insumos, logística, mano de obra- siguen en alza. El resultado es un deterioro persistente de la rentabilidad que, en muchos casos, empieza a impactar en las decisiones productivas y en la continuidad de la actividad.

En Misiones, la situación se vuelve particularmente delicada. La yerba mate, principal cultivo de la provincia, continúa mostrando señales de desgaste estructural desde el eslabón productivo, mientras que los escalones más altos atraviesan una bonanza, particularmente el sector exportador. El precio de la hoja verde de yerba mate se ubica en torno a los $220.000 por tonelada, pero en términos reales implica una caída cercana al 27%, en un contexto donde los costos no dejan de subir. A esto se suma una producción que cayó 8% en el último año, reflejando un menor dinamismo de toda la cadena.

Semáforo de Economías Regionales

Rojo: Yerba mate, mandioca, arroz, papa, vino, hortalizas, algodón, maní, leche

Amarillo: Forestal, tabaco, cítricos, aves, porcinos, peras y manzanas

Verde: Bovinos, ovinos, granos, miel

Pero el dato que enciende nuevas alarmas es el deterioro de la mandioca. Aunque el precio mostró mejoras nominales, en términos reales acumula una caída del 41% desde fines de 2023. Este desfase golpea directamente al productor, desincentiva la comercialización y comienza a generar efectos en cadena: menor área sembrada y problemas de abastecimiento en la industria, con plantas de fécula que incluso debieron interrumpir su actividad por falta de materia prima.

El sector forestal, otro de los pilares de la economía misionera, tampoco logra despegar. Se mantiene en zona amarilla, con señales mixtas: los precios crecieron apenas 18% interanual, claramente por debajo de la inflación, mientras que las exportaciones cayeron 19%. En paralelo, las importaciones aumentaron, configurando un escenario de pérdida de competitividad en un sector clave para la generación de empleo y divisas.

A nivel general, el semáforo de las economías regionales muestra un avance de las actividades en rojo. Allí se ubican, además de la yerba y la mandioca, el arroz, la papa, el vino y mosto, las hortalizas, el algodón, el maní y la leche. En todos estos casos, el patrón se repite: ingresos rezagados frente a la inflación, costos elevados y dificultades para sostener márgenes positivos.

En zona amarilla aparecen sectores como el forestal, el tabaco, los cítricos dulces, las carnes aviar y porcina y algunas economías frutícolas. Son actividades que muestran cierta estabilidad, pero con recuperación lenta y sin lograr consolidar mejoras estructurales. 

Participación del productor en el precio final

Yerba mate: 13% (vs 23% histórico)

Vino: 14% (vs 24%)

Papa: 25% (vs 34%)

Leche: 25% (vs 29%)

Arroz: 16% (vs 20%)

En contraste, el semáforo en verde se reduce a pocos casos: bovinos, ovinos, granos y miel, donde los precios lograron superar la inflación y los mercados acompañaron.

Sin embargo, incluso en este contexto, el desempeño exportador muestra una fuerte concentración. En el primer bimestre del año, las economías regionales exportaron 9.322 millones de dólares, pero el 78% de ese total estuvo explicado por el complejo granario. Muy por detrás quedaron el sector bovino, la lechería y el maní. 

Esta estructura limita el peso relativo de producciones como las del NEA y, en particular, las de Misiones, que dependen de cadenas con menor escala exportadora.

Uno de los indicadores más reveladores del deterioro es la pérdida de participación del productor en el precio final. En la yerba mate, por ejemplo, el productor capta hoy apenas el 13% del valor en góndola, cuando históricamente esa participación rondaba el 23%. La caída es significativa y refleja un problema estructural en la cadena: mayor concentración en los eslabones intermedios, aumento de costos y pérdida de poder de negociación en el origen.

Este fenómeno se repite en otras economías regionales, como el vino, la papa o las hortalizas, donde la distancia entre el precio de origen y el precio final se amplía, dejando al productor en una situación cada vez más vulnerable.

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