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A 11 años de Ni Una Menos, en Misiones se registraron tres femicidios y 51 intentos en lo que va de 2026

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Once años después de aquella multitudinaria movilización que transformó la lucha contra la violencia de género en una causa nacional, los números vuelven a exhibir una realidad que resiste el paso del tiempo y los cambios de gobierno. En Misiones, el Observatorio de Mujeres, Disidencias y Derechos de Mumalá registró tres femicidios y 51 intentos de femicidio entre el 1 de enero y el 30 de mayo de 2026, una estadística que refleja la persistencia de una problemática estructural que atraviesa a toda la Argentina.

Los datos fueron difundidos en el marco del 11° aniversario del movimiento Ni Una Menos y forman parte de un informe nacional que contabilizó 105 femicidios y más de 420 intentos de femicidio en los primeros cinco meses del año. Desde que comenzó el relevamiento nacional en 2015, Mumalá contabiliza 3.096 víctimas de femicidio en el país, una cifra que equivale a una mujer asesinada cada 35 horas.

En diálogo con Radio Open 101.7, la coordinadora de Mumalá Misiones, Carla Talavera, advirtió que detrás de cada número existen historias truncadas, familias atravesadas por el dolor y comunidades afectadas por una violencia que continúa reproduciéndose en los ámbitos más cercanos a las víctimas.

Según explicó, el patrón predominante sigue siendo el mismo que se observa desde hace años: los agresores suelen ser parejas o exparejas. La violencia extrema se produce mayoritariamente dentro de vínculos de confianza y cercanía, lo que vuelve más compleja la detección temprana y la intervención preventiva.

Sin embargo, uno de los indicadores que más preocupación genera en las organizaciones especializadas es el derrumbe en los niveles de denuncia. El informe nacional revela que apenas el 9% de las víctimas de femicidio había denunciado previamente a su agresor, el registro más bajo desde que comenzaron las mediciones. El promedio histórico de los últimos once años alcanzaba el 17%.

Para Talavera, este fenómeno no puede interpretarse como una reducción de los hechos de violencia sino como una creciente desconfianza hacia las instituciones encargadas de brindar protección. Muchas mujeres que intentan denunciar continúan encontrando barreras burocráticas, cuestionamientos y revictimización en los organismos que deberían garantizar respuestas rápidas y efectivas.

La dirigente sostuvo que existe una combinación de factores que explican esta situación. Por un lado, persisten prácticas institucionales que desalientan las denuncias mediante interrogatorios centrados en las conductas de las víctimas en lugar de enfocarse en el agresor. Por otro, cuestionó el contexto político nacional y el desmantelamiento de programas específicos de asistencia y prevención de la violencia de género.

En ese sentido, remarcó que la eliminación de organismos nacionales especializados y la reducción de recursos destinados a políticas de género generaron una sensación de desprotección que impacta directamente sobre quienes atraviesan situaciones de violencia.

El informe difundido por Mumalá también aporta otros datos que permiten dimensionar la complejidad del fenómeno. El 60% de los femicidios registrados en 2026 fueron cometidos por parejas, exparejas o familiares de las víctimas. Además, el 40% de las mujeres asesinadas eran madres y al menos 73 niñas, niños y adolescentes quedaron sin madre como consecuencia de estos crímenes.

La radiografía nacional expone además una fuerte vulnerabilidad institucional. El 75% de las víctimas que habían denunciado contaban con medidas de restricción vigentes y apenas el 12% tenía acceso a un botón antipánico. Los datos refuerzan un debate recurrente en torno a la eficacia de los mecanismos de protección existentes.

En Misiones, la problemática adquiere una relevancia especial. La provincia figuró durante 2025 entre las jurisdicciones con mayores tasas de femicidios del país en relación con su población, una situación que mantiene en alerta a organizaciones sociales, organismos de derechos humanos y sectores del Poder Judicial.

En este contexto, el aniversario de Ni Una Menos vuelve a funcionar como una instancia de movilización y reflexión colectiva. Este 3 de junio, organizaciones feministas, sindicales, estudiantiles y sociales marcharán en Posadas bajo las consignas “Ni una menos por el ajuste” y “Ni una menos por la violencia machista”.

La convocatoria partirá desde el Mástil de Posadas a las 16.30 y culminará en la Plaza 9 de Julio, donde se realizará el acto central. Previamente, Mumalá presentará una encuesta socioeconómica provincial destinada a relevar el impacto de la situación económica sobre mujeres y diversidades, una iniciativa que busca aportar nuevos indicadores para comprender cómo la crisis social y económica se vincula con las distintas formas de violencia.

A once años del primer grito colectivo que sacudió a la Argentina, el desafío sigue siendo el mismo: transformar la indignación social en políticas públicas capaces de prevenir, proteger y garantizar que las estadísticas no continúen sumando nombres.

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Hallan una nueva especie de dinosaurio raptor en Santa Cruz

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Un equipo de investigadores de Argentina y Japón identificó una nueva especie de dinosaurio raptor en las cercanías de El Calafate, en Santa Cruz. 

Con el descubrimiento de Kank australis se amplía el registro fósil de los dinosaurios unenlágidos en el hemisferio sur, tendiendo un ‘puente geográfico’ entre los ejemplares hallados en la Patagonia y otras partes del mundo, informó el gobierno provincial.

Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinasel hallazgo se produjo en la estancia La Anita, donde en 2019 se había recuperado un fragmento de garra que sugería la presencia de un raptor. En expediciones posteriores, particularmente en 2024, se encontraron vértebras cervicales y dientes que permitieron confirmar la identidad de una nueva especie.

El dinosaurio se fue reconstruyendo pieza por pieza durante sucesivas expediciones. Los fósiles fueron analizados mediante tomografía computada y microscopía electrónica, técnicas que revelaron rasgos anatómicos únicos.

La investigación fue publicada en la revista Journal of Vertebrate Paleontology y estuvo liderada por el paleontólogo Matias Motta, junto a un equipo que trabaja en el Museo Molina, el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN-CONICET), la Fundación de Historia Natural “Félix de Azara”, y el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Japón.

Cómo era Kank australis, el “gran Ñandú”

“Kank” proviene de la mitología del pueblo originario aonikenk o tehuelche, y hace referencia al “gran Ñandú” creador de la constelación Choiols, conocida como la Cruz del Sur. “Australis” significa “del sur”, en alusión a la latitud extrema donde fueron hallados los restos. 

El animal habría tenido un tamaño mediano, similar al de un ñandú grande, con unos 27 kilos de masa corporal, caminaba sobre dos patas y portaba la característica garra curva en el segundo dedo del pie.

“La descripción de Kank australis es importante porque sumamos una nueva especie de la familia de los unenlágidos, una familia poco representada en el registro fósil ya que sus huesos son muy gráciles y difíciles de preservar”, explicó Motta y agregó: “Este dinosaurio se diferencia claramente de los raptores del hemisferio norte, como Velociraptor, por sus dientes cónicos con pequeñas estrías y por las particularidades únicas de sus vértebras cervicales”.

El dinosaurio fue hallado en rocas del Cretácico Superior y esto es importante porque demuestra que los unenlágidos ya estaban ampliamente distribuidos justo antes del impacto del meteorito, hace 66 millones de años.

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“Más sommeliers que restaurantes: eso no es un problema, es una oportunidad enorme”

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Por Dolores Lavaque* – El mapa profesional de la Sommellerie atraviesa una transformación que redefine las habilidades que hoy demanda la industria del vino. Frente a un mercado donde los restaurantes de alta gama representan solo una parte de las oportunidades posibles, Dolores Lavaque reflexiona sobre los nuevos espacios que ocupa la profesión, desafíos y posibilidades.

El sommelier sigue siendo una figura central en la sala de un restaurante. Lo fue siempre y lo seguirá siendo: ese momento de encuentro entre una persona, una copa y alguien que sabe cómo unirlos es insustituible. Pero quedarse solo con esa imagen sería perder de vista algo mucho más grande que está pasando en la industria.

La Sommellerie nació para el servicio y la comunicación del vino, y esa esencia no cambia. Lo que sí se amplió —y de manera notable— es el mapa de lugares donde esa esencia cobra vida. Hoy el sommelier ocupa un lugar estratégico en importadoras, distribuidoras, bodegas, retail, consultoría, prensa especializada, educación y hospitalidad en sentido amplio. Está presente en cada punto de contacto donde el vino y las personas se encuentran. Y el mercado no solo lo permite: lo necesita.

No hay suficientes restaurantes de alta gama para incorporar a todos los sommeliers que se gradúan por año. Eso no es un problema: es una oportunidad enorme, si la formación acompaña el cambio.

Lo veo todos los días, tanto desde mi rol como formadora en CAVE como desde Dolores Lavaque Studio, donde trabajo en la búsqueda y selección de talento para la industria del vino y la hospitalidad. La base técnica es innegociable —sin ella todo lo demás se cae— pero el diferencial real está en otra parte: en la capacidad de leer a la persona que tenés enfrente, de traducir el vino en valor, de generar una experiencia que el otro no va a olvidar.

Hay una frase de Maya Angelou que repito siempre, porque resume mejor que cualquier currículum lo que busca la industria hoy: “La gente olvidará lo que dijiste, pero nunca olvidará cómo la hiciste sentir”. El futuro del vino está en la experiencia que genera. Y quien tiene las herramientas para crear esa experiencia —en una vinoteca, en una presentación comercial, en una cata, en un restaurante de alta gama o en un supermercado— es el sommelier bien formado.

En ese contexto, las nuevas generaciones de profesionales aportan algo que no hay que subestimar: una mirada fresca sobre cómo comunicar el vino. Son nativos digitales que entienden intuitivamente cómo construir comunidad alrededor de una botella, cómo traducir la técnica en contenido accesible, cómo convertir una marca en tema de conversación real. No reemplazan la experiencia acumulada —la necesitan, la buscan— pero la renuevan. El desafío real es aprender a combinar esas miradas en lugar de ponerlas en tensión.

Y ahí aparece una pregunta que la industria todavía no termina de responder: ¿estamos formando a los profesionales del vino para comunicar en este nuevo escenario? No alcanza con saber de vino. Hay que saber construir relato, generar vínculo, entender cómo funciona el ecosistema digital, cómo se comporta el consumidor actual, qué hace que una marca genere agenda. Eso ya no es marketing táctico: es comunicación como construcción cultural.

Eso implica también que todos —nuevos y veteranos— conozcan la realidad del mercado argentino de verdad. Entender y respetar todos los vinos, incluyendo los que mueven la economía de la industria.

Según datos del INV, entre el 64% y el 68% del vino comercializado en el mercado interno argentino corresponde a vinos sin mención varietal. En paralelo, el consumo de vino en Argentina atraviesa mínimos históricos: en 2025 cayó a 15,7 litros per cápita. Entender al consumidor real ya no es opcional para la industria: un sommelier que ignora o subestima ese segmento tiene un punto ciego enorme —y se cierra puertas que no tendría por qué cerrar.

La Sommellerie es hoy una profesión con un mapa de posibilidades más amplio que nunca. La sala del restaurante sigue siendo un escenario noble y exigente. Pero es solo uno de los muchos lugares donde un sommelier puede —y debería— hacer la diferencia. Lo que viene ahora es aprender a ocupar todos esos espacios con la misma convicción y con las herramientas que el momento exige.

*Dolores Lavaque. Directora de Dolores Lavaque Studio, formadora de Sommeliers y Coordinadora Tercer Año CAVE, es docente titular y coordinadora de tercer año en CAVE, Wine MBA graduada con distinción por KEDGE (Francia), coach ontológica empresarial certificada por Newfield Consulting y la Universidad Torcuato Di Tella, y cuenta con formación en Neurociencias aplicadas al Liderazgo por la Universidad de San Andrés.

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Café de especialidad hecho en Misiones: una apuesta emprendedora que mira al futuro

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Mientras Misiones comienza a dar sus primeros pasos en la producción local de café tras la reciente reglamentación de la actividad, algunos emprendedores ya imaginan el próximo eslabón de la cadena de valor: transformar ese grano en un producto con identidad propia y valor agregado. En Apóstoles, el emprendimiento Bangwa se posiciona como uno de esos casos. Nacido a partir de una vieja tostadora familiar y años de experimentación artesanal, hoy produce café de especialidad y proyecta convertirse en uno de los primeros aliados de los futuros productores misioneros.

Detrás de la marca está María José Leonardo, arquitecta de profesión y emprendedora por vocación, quien junto a su familia transformó una tradición doméstica en una pequeña empresa dedicada al tostado, molienda y comercialización de café premium.

La historia comenzó mucho antes de que el café volviera a instalarse como tema de agenda productiva en Misiones. Hace más de dos décadas, el padre de María José había intentado desarrollar una iniciativa vinculada al café en la provincia. El proyecto no prosperó, pero dejó una herencia inesperada: una tostadora artesanal que permaneció guardada hasta que la nueva generación decidió darle una segunda oportunidad.

“Empezamos tostando para consumo familiar. Somos una familia muy cafetera y nos gustaba probar distintos granos, hacer mezclas y experimentar”, recuerda Leonardo. Lo que comenzó como una afición terminó despertando el interés de amigos y conocidos, que empezaron a preguntar por aquel café elaborado en casa. Así nació Bangwa.

El nombre no es casual. Hace referencia a una antigua tribu de Etiopía, considerada por muchos historiadores como una de las regiones originarias del café. Según explica la emprendedora, Bangwa era la denominación vinculada a las mujeres de la nobleza a quienes se les reservaba esta bebida en sus primeros tiempos, una conexión simbólica con la historia y la cultura cafetera mundial.

Actualmente, el emprendimiento trabaja con granos importados provenientes de Colombia y Brasil. Ambos son tostados en Apóstoles mediante procesos artesanales que buscan preservar las características originales del producto.

La producción es deliberadamente pequeña. Cada tostada permite procesar entre dos y dos kilos y medio de café y requiere entre veinte y treinta minutos de trabajo. Luego comienza una etapa clave para los especialistas: el reposo o estacionamiento del grano, que puede extenderse entre siete y diez días antes de ser molido o comercializado.

La lógica detrás de este modelo se aleja de los esquemas industriales tradicionales. El objetivo no es almacenar grandes volúmenes sino ofrecer un producto fresco, recién tostado y con trazabilidad completa. “La idea es que la gente consuma un café que fue tostado hace pocos días y no un paquete que lleva meses en una góndola”, explica Leonardo.

El producto se comercializa tanto en grano como molido y ya puede encontrarse en algunos puntos de venta de Posadas, además de distribuirse mediante pedidos directos y entregas a domicilio.

Pero el verdadero horizonte del proyecto está puesto en otro lugar: el café misionero.

La reciente sanción de la normativa que impulsa el desarrollo de plantaciones en la provincia abrió una expectativa inédita para quienes conocen el negocio desde adentro. Leonardo observa con atención los primeros ensayos productivos que se desarrollan en distintas zonas de Misiones, especialmente en áreas de mayor altitud como Cerro Corá.

La gran incógnita es qué tipo de café podrá producir la provincia. Tradicionalmente, el mercado premium está asociado al grano arábica, cultivado en zonas elevadas de Colombia, Perú y Centroamérica. Sin embargo, la experiencia reciente de Paraguay genera expectativas diferentes.

“En Paraguay están logrando cafés de muy buena calidad a partir de variedades robusta, que históricamente se destinaban a otros usos. Eso demuestra que todavía hay mucho por descubrir”, sostiene.

Desde Bangwa ya imaginan el próximo paso: ofrecer su tostadero para procesar los primeros lotes experimentales producidos en Misiones y comenzar un trabajo de prueba y aprendizaje conjunto con los futuros caficultores locales.

La posibilidad de cerrar el circuito completo —desde la producción hasta la transformación industrial— aparece como una oportunidad estratégica para agregar valor dentro de la provincia y construir una identidad propia en un mercado donde la diferenciación es clave.

El fenómeno también se inscribe en una tendencia global. El consumo de café de especialidad crece sostenidamente en todo el mundo y cada vez más consumidores buscan conocer el origen del producto, los métodos de producción y las características específicas de cada grano.

En ese contexto, Misiones podría encontrar una nueva alternativa para diversificar su matriz productiva, sumando al té, la yerba mate y los cultivos tradicionales una actividad con alto potencial de valor agregado.

Por ahora, el café misionero todavía es una promesa. Pero emprendimientos como Bangwa ya trabajan pensando en el día después. Cuando lleguen los primeros granos locales, la infraestructura, la experiencia y el conocimiento para transformarlos en un producto competitivo ya estarán esperando.

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SENASA elimina restricciones históricas para la producción de margarinas

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Una resolución del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) modificó una normativa que llevaba casi seis décadas vigente y eliminó una serie de requisitos técnicos aplicados a la elaboración de margarinas en Argentina. Aunque se trata de un cambio regulatorio específico, la decisión apunta a reducir procesos considerados obsoletos por la evolución tecnológica de la industria alimentaria y podría traducirse en menores costos operativos para fabricantes de grasas y derivados.

La Resolución 475/2026 derogó tres exigencias incluidas en el Reglamento de Inspección de Productos, Subproductos y Derivados de Origen Animal, aprobado originalmente en 1968. Según argumenta el organismo sanitario, los avances en los sistemas de producción, control de calidad y trazabilidad vuelven innecesarias determinadas obligaciones que habían sido diseñadas para prevenir adulteraciones y fraudes en una industria muy diferente a la actual.

La medida no modifica los estándares de inocuidad alimentaria ni los controles sanitarios vigentes, pero sí elimina barreras regulatorias que el propio SENASA considera superadas por la tecnología disponible.

La actualización elimina tres disposiciones vinculadas a la elaboración de margarinas.

Por un lado, desaparece la obligación de incorporar determinadas sustancias testigo utilizadas históricamente para identificar posibles adulteraciones. También se elimina una restricción relacionada con el uso de manteca de leche en determinados procesos industriales y se deroga una exigencia específica incorporada décadas atrás como mecanismo de prevención de fraude comercial.

La argumentación oficial es clara: los métodos modernos de control permiten garantizar la autenticidad y composición de los productos mediante herramientas más precisas que las previstas por una regulación diseñada en los años sesenta.

Para la industria, esto implica simplificar procesos productivos, reducir intervenciones innecesarias y mejorar atributos de calidad del producto final sin afectar los mecanismos de fiscalización sanitaria.

Qué impacto puede tener sobre la cadena alimentaria

Aunque la resolución está dirigida específicamente al segmento de margarinas y grasas industriales, sus efectos alcanzan a una cadena mucho más amplia.

Las margarinas son un insumo utilizado por industrias panificadoras, fabricantes de galletitas, productos de pastelería, alimentos procesados y gastronomía industrial.

Cuando una regulación reduce costos de producción o elimina procesos redundantes, el beneficio no queda exclusivamente en el fabricante primario. También puede mejorar la competitividad de los sectores que utilizan esos insumos como materia prima.

En un escenario donde la industria alimentaria continúa buscando eficiencia para sostener márgenes de rentabilidad, cualquier reducción de costos regulatorios adquiere relevancia.

La medida forma parte de una tendencia observada durante los últimos meses en distintas áreas del Gobierno nacional: revisar normativas históricas para eliminar requisitos considerados incompatibles con las tecnologías actuales de producción y control.

A diferencia de los grandes centros industriales, donde existe una elevada integración productiva, las economías regionales suelen absorber con mayor intensidad los costos regulatorios debido a menores escalas de producción.

En provincias como Misiones, donde el sector alimenticio está compuesto principalmente por PyMEs, cooperativas y empresas familiares vinculadas a la molienda, panificación, elaboración de alimentos y gastronomía, cualquier reducción de costos en insumos industriales termina impactando sobre la estructura de costos de múltiples actividades.

No se trata de un efecto inmediato ni necesariamente visible para el consumidor final, pero sí de una mejora incremental en la competitividad de la cadena alimentaria.

Además, la decisión ratifica una señal regulatoria que el sector privado sigue de cerca: la disposición de los organismos nacionales a actualizar marcos normativos que habían quedado desfasados respecto de la realidad tecnológica.

Una regulación menos rígida para una industria más moderna

La resolución del SENASA no implica una desregulación sanitaria. El organismo mantiene intactas sus facultades de fiscalización y control sobre la inocuidad de los alimentos.

La diferencia es que cambia el enfoque. En lugar de exigir procedimientos específicos diseñados para otra época, la normativa pasa a apoyarse en tecnologías modernas de control de calidad y trazabilidad.

Para los fabricantes, esto representa una mayor flexibilidad productiva. Para los consumidores, el objetivo declarado es mantener los mismos estándares de seguridad alimentaria con productos de mejor aceptación y procesos más eficientes.

Lo que habrá que observar en los próximos meses es si esta actualización normativa se replica en otros segmentos de la industria alimentaria. Existen numerosos reglamentos técnicos construidos bajo parámetros productivos del siglo pasado que hoy podrían estar generando costos sin aportar mejoras reales en materia sanitaria.

La competitividad industrial ya no depende solamente de impuestos o financiamiento. También está vinculada a la capacidad del Estado para adaptar las regulaciones a las tecnologías que utiliza el sector productivo.

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