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Oleaginosas de invierno ganan lugar en la rotación agrícola

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La expansión de carinata, camelina y colza empieza a mover algo más que la agronomía. En la Argentina de 2025, estas oleaginosas invernales dejaron de ser un cultivo marginal para convertirse en una pieza cada vez más visible de una discusión más amplia: cómo intensificar los sistemas agrícolas, capturar parte del negocio global de la bioenergía y traducir ventajas ambientales en renta concreta para el productor. El dato más elocuente es el salto de superficie: según estimaciones citadas en el informe, el área total implantada con oleaginosas invernales rondó las 170.000 hectáreas en 2025, muy por encima de las 30.000 hectáreas estimadas apenas tres años atrás. La pregunta de fondo ya no es si estos cultivos pueden crecer, sino bajo qué condiciones logran consolidarse como una alternativa estable dentro del esquema agrícola y energético.

Un cambio de escala que empieza en el barbecho, pero no termina ahí

El informe de la Bolsa de Comercio de Rosario ubica a estas oleaginosas en un punto de cruce entre productividad, sustentabilidad y demanda industrial. La colza, la camelina y la carinata ganan terreno como parte de rotaciones agrícolas que buscan aprovechar el barbecho invernal, sumar una etapa productiva adicional y generar ingresos en períodos que antes quedaban ociosos.

Ese movimiento tiene una implicancia concreta: el sistema agrícola deja de mirar el invierno como un paréntesis y empieza a tratarlo como una ventana económica. En regiones con amplias superficies en barbecho, especialmente alejadas de la influencia marítima, estos cultivos encuentran su nicho. La colza y la carinata se adaptan mejor a barbechos más largos, mientras que la camelina, por su ciclo más corto, encaja en ventanas más ajustadas.

No es un detalle técnico. En un contexto donde la rentabilidad del agro se define cada vez más por eficiencia, diversificación y manejo de riesgos, incorporar cultivos que agregan valor sin desplazar necesariamente a los esquemas principales modifica la lógica de uso del suelo. También reordena decisiones empresariales y tecnológicas.

Bioenergía, certificaciones y una demanda que ya no viene solo del mercado alimentario

El crecimiento de estas oleaginosas no responde solo a una mejora agronómica. Está asociado, sobre todo, a la expansión de mercados energéticos que demandan aceites certificados con baja huella ambiental. Ahí aparece uno de los motores más relevantes del fenómeno: el avance del biodiésel convencional, el Aceite Vegetal Hidrotratado (HVO) y, especialmente, el Combustible Sostenible de Aviación (SAF).

El SAF ocupa un lugar estratégico en ese esquema. Según el informe, puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta en un 80% respecto de los combustibles fósiles tradicionales. Además, ya existen más de 300 proyectos de desarrollo de SAF en 40 países, con Estados Unidos concentrando aproximadamente el 35% de la capacidad proyectada. Ese dato ordena la escena global: la demanda no es especulativa ni marginal, sino parte de una transformación regulatoria e industrial en marcha.

En esa línea, el acuerdo firmado en agosto de 2025 entre YPF y Essential Energy para crear Santa Fe Bio, una biorrefinería destinada a producir HVO y SAF en Argentina, agrega una señal doméstica relevante. No implica por sí solo una consolidación del negocio, pero sí muestra que la discusión dejó de estar solo en el lote y empezó a bajar a la infraestructura industrial.

El valor político del nuevo agro no está solo en la producción, sino en la cadena

La novedad no es únicamente que estos cultivos crezcan, sino que obligan a pensar al agro como parte de una cadena más sofisticada, donde la trazabilidad, la certificación y la articulación con la industria energética pasan a ser condiciones de acceso. Ahí se juega una parte sustancial del poder económico del proceso.

El desafío local, según el informe, consiste en convertir los beneficios ambientales de estos cultivos en valor económico concreto para el productor. Esa frase resume una tensión central: sin esquemas de certificación y sin una conexión efectiva entre producción primaria, industria aceitera y biocombustibles, el atractivo agronómico puede quedar limitado.

Eso supone algo más que sembrar. Exige materiales genéticos mejor adaptados, acompañamiento técnico, continuidad de oferta e infraestructura industrial y logística. Dicho de otro modo, el crecimiento de carinata, camelina y colza depende menos del entusiasmo coyuntural y más de la capacidad de ordenar una cadena que todavía está en etapa de construcción.

Dónde crecen y qué muestran los números del nuevo mapa productivo

En términos territoriales, el informe identifica una distribución con focos definidos. Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, la colza se concentra en Tucumán, Chaco y Santiago del Estero, con presencia adicional en Santa Fe y Córdoba. En la provincia de Buenos Aires conviven la colza y la camelina en zonas centro, norte y sudeste, mientras que en el sudoeste bonaerense la camelina gana relevancia.

Entre Ríos aparece como la provincia con mayor superficie implantada con oleaginosas invernales del país. De acuerdo con estimaciones de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, en la campaña 2025/26 alcanzó 31.200 hectáreas y una producción total de 48.620 toneladas.

Para la campaña 2024/25, la colza registró una superficie sembrada de 35.147 hectáreas y una producción de 58.379 toneladas. Sus rindes promedio rondan las 2 toneladas por hectárea, aunque con diferencias regionales marcadas: desde 1,6 t/ha en Córdoba hasta valores cercanos a 3,5 t/ha en el sudeste bonaerense.

En camelina y carinata todavía no hay estadísticas oficiales consolidadas, pero las estimaciones basadas en empresas y acopios ubican superficies superiores a las 35.000 hectáreas en cada cultivo para la campaña 2025/26. Los rindes actuales se ubican entre 0,6 y 1,2 t/ha en camelina y en torno a 1,4 t/ha en carinata.

Intensificación con renta: la promesa que seduce al productor

Uno de los conceptos más fuertes del informe es el de “cultivos de servicio con renta” o “puentes verdes”. La idea sintetiza bien la apuesta de estas oleaginosas: no solo mejoran el funcionamiento del sistema agrícola, sino que además ofrecen la posibilidad de capturar ingresos donde antes solo había barbecho.

Las ventajas productivas y ambientales aparecen bastante definidas. Investigaciones de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) destacan que sus raíces profundas y pivotantes favorecen la descompactación biológica, mejoran la aireación del suelo y aumentan la infiltración de agua. También generan biomasa, aportan al balance de carbono y, en el caso de la camelina, ofrecen un efecto alelopático que ayuda al control de malezas.

En zonas con malezas resistentes, donde los barbechos largos resultan costosos, esa contribución deja de ser solo ambiental y pasa a tener impacto económico directo. La diversificación de rotaciones, además, se alinea con los enfoques de manejo promovidos por la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid.

Mejoramiento genético, actores privados y un mercado que todavía se está armando

El desarrollo de estas cadenas también abre una lectura institucional. La expansión territorial de estos cultivos necesita acompañamiento genético, y ahí ya se observa una aceleración. Según el informe, de acuerdo con datos de INASE, más del 50% de los cultivares disponibles de estos tres cultivos se inscribió en los últimos dos años. En colza, además, más de un tercio de los registros de la última década corresponde a 2025.

El mapa de actores revela un predominio empresarial, aunque con participación pública y privada. En camelina, la mayoría de los registros desde 2016 fue solicitada por firmas extranjeras con representación local. En carinata, el 75% de los cultivares fue inscripto por una empresa nacional radicada en Santa Fe, con un programa de investigación en Venado Tuerto y ensayos a campo en todo el territorio agrícola. En colza, de 54 cultivares registrados, 46 corresponden a empresas extranjeras, 6 a una firma nacional y 2 fueron solicitados por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.

Ese dato introduce otra dimensión de poder: el negocio no se ordenará solo por superficie sembrada, sino por quién domina genética, tecnología, certificación y acceso a mercados. La competencia por capturar valor en estas cadenas ya empezó, aunque todavía se exprese en una escala moderada.

Repercusiones: quién gana con este movimiento y qué queda en disputa

En términos de correlación sectorial, el avance de estas oleaginosas fortalece a los actores que puedan integrarse más rápido a cadenas de valor diferenciadas: productores con capacidad técnica, empresas semilleras, nodos industriales ligados a bioenergía y esquemas de investigación capaces de acelerar adopción y adaptación territorial.

También pone presión sobre la política sectorial. Si el crecimiento depende de certificaciones, infraestructura y continuidad de oferta, el margen para que el proceso quede librado sólo al mercado parece acotado. No porque se necesite una política declarativa, sino porque hay una cadena emergente que exige coordinación. La investigación de FAUBA, las inscripciones en INASE, la participación del INTA y la inversión privada muestran que ya existe una base, aunque fragmentada.

En términos económicos, la oportunidad es clara: Argentina cuenta, según el informe, con una ventaja comparativa real por la disponibilidad de superficie libre en invierno y por las buenas prácticas de labranza. Esa combinación podría darle al país un rol más relevante en la producción de materias primas sostenibles para biocombustibles. Pero el salto depende de que esa ventaja agronómica se convierta en una ventaja comercial e industrial.

Un cambio silencioso que puede volverse estructural

La expansión de carinata, camelina y colza todavía no reconfigura por sí sola el núcleo duro del agro argentino. Pero sí anticipa un cambio de lógica. El invierno deja de ser solo descanso; la sustentabilidad deja de ser solo discurso; la bioenergía deja de ser una promesa lejana. Todo eso empieza a converger en cultivos que, hasta hace poco, ocupaban un lugar lateral.

Lo que viene no parece ser un reemplazo del complejo oleaginoso tradicional, sino una ampliación del menú productivo y de negocios. Habrá que seguir de cerca la evolución de la comercialización, la formación de precios, la respuesta de la industria y la capacidad del sistema para sostener escala con trazabilidad. Porque el potencial ya está descripto. Lo que todavía está en disputa es quién logra capturar el valor de esa transformación y con qué velocidad logra convertirla en un negocio duradero.

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Generando millonarios, la Poceada premió a un posadeño con casi 30 millones

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Por tercer día consecutivo entregando premios, la Poceada Misionera sorprendió nuevamente a un apostador posadeño con 29.486.188 pesos del primer premio.

Fue durante el Sorteo Matutino N° 4795, de este 21 de marzo. El ticket fue confeccionado en la Agencia 214. El segundo premio quedó vacante. En el tercero hubo dos ganadores y en el cuarto 28.

El pozo estimado para el próximo sorteo será  superior de 32.850.000 pesos.

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Campeonato de Wakeboard: el domingo será la competencia oficial, pero este sábado continúa la fiesta musical

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Por las condiciones climáticas, con el fuerte viento sostenido que complicaba la práctica deportiva en el río Paraná, se postergó la instancia de clasificación del Campeonato Argentino de Wakeboard que debía realizarse este sábado 21 de marzo.

Según explicaron desde la Federación Argentina de Esquí Náutico y Wakeboard, el motivo de la decisión se debe a la necesidad de cuidar la seguridad de los competidores.

De ese modo, todas las etapas, incluidas las clasificaciones, repechajes, finales y premiaciones se llevarán a cabo este domingo 22 de marzo, a partir de las 11 de la mañana, en El Pontón de Posadas.

La música vibra en El Pontón

Cabe aclarar que el cronograma de actividades culturales y recreativas se mantiene vigente. Así, este sábado, desde las 18 horas, El Pontón se enciende con un line up ideal para disfrutar el atardecer y la magia nocturna al borde del río Paraná.

La jornada iniciará con DJ Manuela y Maka Picarschi, seguidos por el set b2b de Mati Méndez y Braian Schuster. Schuster, fundador del sello Void Forest, aportará su vasta cultura musical que recorre el techno y el minimal.

Luego, la noche ganará profundidad con Ana Hagen, curadora y residente de Avant Garten en Buenos Aires, conocida por su estilo auténtico que navega entre el techno y el electro. El broche de oro del sábado será para Rotate 12, el dúo compuesto por Matías Weird y Mario. Los creadores del ciclo LIMBO buscarán reivindicar el formato vinilo con una selección exquisita de su tienda Plastik Beats, fusionando minimal, house y breaks.

Mientras que las performances musicales del domingo comenzarán a las 18:00 con el ritmo de Tanino, una propuesta orgánica que combina la voz de Itzel Rojas con una potente banda en vivo. Su fusión de Indie y R&B, junto al invitado especial Pali Alvarez, será el marco ideal para la Premiación de los atletas a las 19:00.

Tras conocerse los ganadores, la música retomará protagonismo con Frank OG, seguido por el desembarco del groove de Lenni Funk, cuyas influencias de soul y hip hop garantizan un cierre vibrante. La edición 2026 del campeonato culminará con la presentación de Pablo Castelli.

Entradas disponibles

Las entradas para formar parte del encuentro entre el deporte con la cultura y la naturaleza, están disponibles en la página de El Pontón y en los puntos de venta de El Pontón Bar, 24 Kilates, Nativus, Corte Pizza, y Farmacia Grenon.

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Milei en la CPAC de Hungría refuerza su alianza ideológica con Orbán en plena batalla cultural

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Javier Milei llegó a Budapest para participar en la cumbre de CPAC y convirtió esa escala en algo más que una actividad de foro: la usó para consolidar su inserción en la red de la derecha global, exhibir sintonía con Viktor Orbán y profundizar una narrativa que ya forma parte de su identidad política. En la antesala de su discurso, el Presidente se reunió con su par húngaro, Tamás Sulyok, y con el primer ministro de Hungría, con quien anticipó uno de los ejes de su exposición: el respaldo a la política migratoria del gobierno húngaro. La escena no fue menor. Ocurre en un momento en que Milei busca amplificar su liderazgo fuera de la Argentina y convertir su discurso de “batalla cultural” en una plataforma de acumulación política internacional. La pregunta que sobrevuela no es solo cuánto rédito externo puede obtener, sino cómo esa construcción impacta sobre su centralidad interna y su estrategia de poder.

Budapest como vidriera política de una identidad en construcción

La visita de Milei a Hungría tuvo un formato breve, pero políticamente cargado. Antes de hablar en el cierre de la Conferencia de Acción Política Conservadora, el mandatario mantuvo un encuentro bilateral con Tamás Sulyok en el Palacio Sándor y luego se reunió con Viktor Orbán en el Monasterio Carmelita de Buda, sede del gobierno.

No se trató de reuniones protocolares sin contenido. En su conversación con Orbán, Milei adelantó que en su discurso en la CPAC iba a mencionar la “correcta visión” del gobierno húngaro en materia migratoria. Y fue más allá: planteó que cuando la inmigración “no se adapta culturalmente al lugar donde va, deja de ser inmigración para convertirse en invasión”. Esa definición no solo ordena el contenido de su exposición, sino que lo ubica dentro de una conversación ideológica más amplia, donde migración, identidad y cultura aparecen como ejes de confrontación política.

Orbán, a su vez, le dio a la visita una dimensión simbólica. Remarcó que era “la primera vez en la historia” que un presidente argentino visita Hungría y subrayó el carácter excepcional del encuentro. El gesto diplomático tuvo además una lectura política explícita: el primer ministro húngaro presentó a Milei como una figura central dentro del universo conservador internacional y lo definió como una “estrella mundial de los valores occidentales”.

La CPAC como plataforma: del discurso local a la red internacional de afinidades

La participación de Milei en la CPAC no aparece aislada, sino en continuidad con una estrategia más amplia. Su presencia en Budapest se inscribe en una agenda de viajes y apariciones que lo conectan con espacios políticos, académicos y económicos afines a su narrativa. El dato relevante es que esa acumulación no gira únicamente alrededor de la gestión o de la política exterior tradicional. También busca construir un lugar propio dentro de una corriente ideológica transnacional.

En ese marco, la CPAC funciona como una vidriera. Reúne a referentes y dirigentes de partidos de derecha a nivel internacional, y le ofrece a Milei un escenario donde su discurso no se traduce ni se atenúa: se amplifica. La “batalla cultural”, que en Argentina le sirve para ordenar aliados y adversarios, en Europa le permite ingresar a un ecosistema que comparte ese mismo léxico político.

La apertura de la conferencia, a cargo de Orbán, fue en esa dirección. El líder húngaro habló de una “lucha por el alma del mundo occidental”, celebró que “la censura progresista terminó” y cuestionó lo que definió como “propaganda de género”. En esa puesta en escena, Milei no quedó como un invitado periférico. Orbán lo presentó como parte de ese núcleo emergente, un dirigente que ya no solo dialoga con esa agenda, sino que pretende encarnarla desde América Latina.

De la bilateral institucional al alineamiento ideológico

La reunión con Sulyok aportó la dimensión institucional de la visita. El encuentro en el Palacio Sándor funcionó como el tramo formal de una agenda que luego se desplazó a un terreno más político con Orbán. Esa secuencia no parece casual. Primero, la foto entre jefes de Estado. Después, la validación ideológica con el dirigente que hoy concentra el poder político real en Hungría.

Ahí se concentra una de las claves del viaje. Milei no fue a Budapest solamente a cumplir una escala diplomática. Fue a insertarse en una estructura de relaciones donde la afinidad doctrinaria pesa tanto como la representación institucional. En términos de lectura de poder, el valor de la visita no está sólo en la bilateral, sino en el mensaje que deja la combinación de ambas escenas: el Presidente argentino busca interlocución estatal, pero también legitimación dentro de una comunidad política internacional que le ofrece reconocimiento, visibilidad y un lenguaje común.

Repercusiones: Milei fortalece su perfil externo sin desatender la disputa interna

La actividad en Hungría ocurre además mientras Milei sostiene una agenda de alto voltaje político. El texto base lo muestra transitando una secuencia intensa: desde la Argentina Week en Estados Unidos, pasando por Chile y por la ciudad de Córdoba, hasta desembarcar en Budapest. El patrón es claro: no se trata solo de viajes, sino de intervenciones en escenarios que refuerzan distintos planos de su posicionamiento.

En paralelo, el Presidente mantiene en el frente interno un discurso de confrontación con la oposición. En San Miguel de Tucumán, durante el Foro Económico del NOA, afirmó que trabaja “intensamente” para que el gobierno del Frente de Todos (2019-2023) haya sido “el último de la historia”. También volvió a ligar a sus adversarios con el déficit fiscal y la emisión monetaria. Ese contraste ayuda a leer la lógica general: hacia afuera, Milei busca consolidarse como referencia ideológica; hacia adentro, mantiene la polarización como herramienta de orden político.

Ese doble movimiento tiene efectos. En el plano internacional, fortalece su vínculo con actores que comparten su visión cultural y económica. En el plano doméstico, le permite alimentar una narrativa de liderazgo singular, con proyección global y sin mediaciones tradicionales. Pero también plantea un desafío: cuanto más se apoya en ese perfil de figura internacional de una derecha en red, más expuesto queda a que cada viaje sea leído en clave de construcción política personal y no sólo de agenda de Estado.

Europa, migración y valores occidentales: un mensaje pensado para más de una audiencia

El eje migratorio que Milei anticipó ante Orbán no es un detalle lateral. Es una señal política precisa. Al tomar como referencia la política húngara y al plantear que la inmigración deja de ser tal cuando no se adapta culturalmente, el Presidente se ubica de lleno en uno de los temas más sensibles de la agenda conservadora europea.

Ese posicionamiento le habla a varias audiencias al mismo tiempo. A la CPAC, porque lo muestra alineado con uno de los debates centrales del foro. A Orbán, porque valida una de las banderas más características de su gobierno. Y a su propio electorado, porque refuerza la idea de que su batalla no se limita a la economía ni a la administración del Estado, sino que alcanza un plano civilizatorio y de valores.

En esa clave, la referencia a Europa también importa. Milei no llegó a Budapest como un visitante neutral. Llegó a intervenir en una discusión continental sobre migración, cultura política y reconfiguración ideológica. Y lo hizo desde una posición que lo acerca más al lenguaje de los liderazgos conservadores que al repertorio clásico de la diplomacia presidencial.

Un movimiento táctico con proyección, pero todavía en desarrollo

La visita a Hungría puede leerse como un movimiento táctico dentro de una estrategia mayor. Milei fortalece su relación con líderes y foros afines, gana centralidad en una red política internacional y exporta una narrativa que ya probó electoralmente en Argentina. Al mismo tiempo, el viaje le permite mostrar consistencia: no adapta su discurso al escenario europeo, sino que lo profundiza.

Sin embargo, el alcance real de ese movimiento todavía está en construcción. Habrá que observar si esta secuencia de actividades termina consolidando una alianza política más estable con espacios de la derecha global o si funciona, por ahora, como un esquema de validación simbólica. También habrá que mirar cómo convive esa proyección con las exigencias del frente interno, donde la disputa por gobernabilidad, oposición y resultados de gestión sigue marcando el pulso.

Por lo pronto, Budapest dejó una foto elocuente: Milei no fue solo a hablar en una conferencia. Fue a ocupar un lugar. Y en ese gesto, entre la bilateral institucional y el aplauso ideológico, empezó a dibujar una escena que excede la coyuntura del viaje y se conecta con una ambición política más amplia, aunque todavía abierta.

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Desde queso crema hasta el queso azul, cómo se consume en Argentina

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Cada 27 de marzo se celebra el Día Internacional del Queso, una iniciativa que nació en Europa —impulsada por productores de Francia e Italia— y que con el tiempo se extendió a nivel global para poner en valor a uno de los alimentos más antiguos de la humanidad.

En este marco, San Ignacio —empresa santafesina con 87 años de trayectoria— destaca su recorrido en la elaboración de quesos, una categoría que forma parte de su historia productiva junto con su tradicional dulce de leche. Así como la marca es ampliamente reconocida por este último, también desarrolla una línea de quesos que refleja el mismo foco en la calidad y en la mejora de sus procesos productivos.

Venimos trabajando hace años en mejorar continuamente ‘cómo hacemos lo que hacemos’, revisando procesos y ampliando el portfolio para acompañar las distintas formas de consumo”, señala Alejandro Reca, CEO de San Ignacio.

Tres productores, distintos momentos de consumo

Dentro de su portfolio, la compañía cuenta con tres propuestas que reflejan distintos usos y perfiles:

Queso azul: elaborado en su planta de Hipatia, este producto —inspirado en el paladar francés— se caracteriza por su textura cremosa y su sabor intenso y levemente picante. Actualmente, la compañía es el segundo exportador de queso azul de la Argentina.

Blancrem clásico y light: un queso crema pensado para el consumo cotidiano, que se adapta tanto a preparaciones dulces como saladas. Ideal para desayunos y meriendas, pero también para cocinar, desde rellenos y salsas hasta recetas de pastelería. Disponible tanto en su versión tradicional, como light (bajo en grasas).

Blancrem sin lactosa: una alternativa que responde a nuevas demandas del mercado, pensada para personas con intolerancia a la lactosa que buscan mantener el sabor y la funcionalidad del queso crema tradicional. Es la principal marca que ofrece este tipo de propuesta y que supo adaptar a las necesidades del mercado actual.

Todos los productos cuentan con la certificación sin gluten, lo que amplía las posibilidades de consumo, tanto para celíacos como para quienes prefieren evitar el gluten como parte de su alimentación saludable.

El consumo de queso en Argentina

En Argentina, el queso ocupa un lugar central en la alimentación cotidiana: el consumo se mantiene en torno a los 12 kilos por persona al año, uno de los niveles más altos de América Latina, según datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA).

Las preferencias muestran una fuerte inclinación por los quesos blandos —como el queso crema—, seguidos por los semiduros y, en menor medida, los duros. En tanto, variedades como el queso azul vienen ganando interés entre quienes buscan sabores más intensos.

El queso es un producto muy incorporado en la mesa de los argentinos y con usos cada vez más amplios. Hoy conviven el consumo cotidiano con variedades más intensas, que empiezan a ganar espacio en nuevas ocasiones”, agrega Reca.

Con plantas en Sauce Viejo y Hipatia, San Ignacio continúa desarrollando su línea de quesos, en un trabajo sostenido que combina experiencia, tecnología y adaptación a las nuevas demandas.

Un alimento milenario y en constante evolución

El queso es uno de los alimentos más antiguos de la historia: se estima que su origen se remonta a más de 7.000 años. A lo largo del tiempo, cada cultura desarrolló sus propias variantes, dando lugar a una enorme diversidad de estilos, texturas y sabores.

En el caso del queso azul, su característica distintiva proviene del desarrollo del hongo Penicillium, responsable de sus vetas y de su perfil aromático. Además, se trata de un alimento con alto contenido de calcio, vitaminas y minerales.

El queso crema, por su parte, tiene un origen más reciente: fue desarrollado en Estados Unidos en el siglo XIX y se convirtió en un ingrediente clave por su textura suave y su versatilidad en la cocina.

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