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Estudio asegura que se redujo 3% la participación de los asalariados en el PBI

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Las profundas transformaciones en la política económica que desplegó la alianza Cambiemos no solo provocaron una importante recesión en 2016 sino también alteraciones sustanciales en el régimen económico. Si bien el examen de los cambios estructurales es prematuro en cuanto a su profundidad no lo es en lo que concierne a su naturaleza y orientación. Por ello, la evaluación del primer año de gobierno resulta sumamente útil como para advertir el nuevo esquema de “ganadores” y “perdedores” que se tiende a configurar en la economía argentina y, consiguientemente, la orientación del modelo de acumulación de capital que se busca establecer.

Al respecto, lo primero que cabe señalar es que las medidas adoptadas (devaluación, quita o baja de retenciones a las exportaciones, aumento de las tarifas de los servicios públicos, apertura comercial, liberalización del movimiento de capitales, suba de la tasa de interés, etc.) generaron una profunda transferencia de ingresos del trabajo al capital. A tal punto que la participación de los asalariados en el ingreso cayó del 37,4% al 34,3% entre 2015 y 2016, lo que equivale a una apropiación por parte del capital de aproximadamente 16.000 millones de dólares.

Sin embargo, las intensas pugnas por la distribución del ingreso no solo se entablaron entre el trabajo y el capital sino también en el plano intra-capital. Se trata de transferencias de ingresos que emanan tanto de la punción en el salario real como de las rentabilidades relativas sectoriales. Así es que en el marco de la aceleración inflacionaria de 2016, y en forma consistente con la nueva política económica, los sectores que pudieron aumentar sus precios relativos por encima del promedio fueron el agro (83,9%), la intermediación financiera (60,9%), electricidad, gas y agua (57,4%) y minas y canteras (49,9%).

Las ramas que, en cambio, se ubicaron dentro del segmento de los “perdedores” son, en lo fundamental, la industria, la construcción y el comercio. En la generalidad de los casos, estas actividades estuvieron afectadas por la caída del consumo, el incremento de los costos de los servicios públicos y la apertura comercial (que fue muy escasamente compensada por la suba del tipo de cambio real). Este cambio de precios relativos se desplegó en un marco internacional complejo, caracterizado por la intensificación de la lucha competitiva que se reflejó en una importante caída de los precios externos.

En ese marco, el eje ordenador de la economía argentina se desplazó de la economía real y el consumo hacia la especulación financiera, reprimarizándose asimismo la canasta exportadora del país. De hecho, el único componente de la demanda agregada que experimentó un crecimiento en 2016 fueron las exportaciones por efecto del comportamiento de las ventas primarias. En tanto que se redujo el consumo privado, en virtud de la caída del salario real y el aumento del desempleo, y se derrumbó la inversión productiva.

Al respecto, cabe apuntar que la tasa de inversión cayó desde el 16% hasta el 13,9% del PIB entre 2015 y el cuarto trimestre de 2016, mientras que la radicación de inversiones extranjeras directas se redujo a la mitad. Sin embargo, la supuesta lluvia de inversiones pretendidas por el gobierno tuvo su manifestación en un masivo ingreso de capital especulativo a partir de los altos rendimientos en dólares que posibilitaron fundamentalmente las Lebac. Así es que las inversiones de cartera, que habían sido negativas en 2015, treparon a USD 44.585 millones en 2016. En ese marco, la fuga de capitales al exterior, medida a través del método residual de la balanza de pagos, aumentó de USD 7.505 a 11.666 millones entre 2015 y 2016 y, como contrapartida, el ratio de la deuda externa pública se elevó del 13,3% al 23,4% del PIB.

En efecto, el marcado descenso de las inversiones orientadas a la economía real constituye un indicador relevante de que si, efectivamente, existe reactivación de la actividad en 2017 será esencialmente por efecto del “rebote estadístico”, con escaso impacto en la economía real y el empleo y, lo que es más importante aún, no sostenible en el tiempo. De todos modos, los últimos indicadores de coyuntura aún no permiten advertir un cambio de tendencia en este sentido.

Si bien en enero el nivel de actividad había registrado un incremento interanual del 1,1%, en la comparación mensual se contrajo 0,5%, interrumpiendo la tendencia de los meses previos. Por el lado de la oferta, la industria y la construcción registraron en febrero caídas interanuales superiores a las de enero (-6% y -3,4% respectivamente). Por el lado de la demanda, el nivel de consumo, que no había tenido un buen desempeño en enero, profundizó su contracción en febrero en virtud de la aceleración inflacionaria, en tanto que las cantidades exportadas registraron caídas significativas. En ese marco, el único dato relativamente positivo, pero con escasa capacidad de tracción sobre el conjunto de la economía, provino por el lado del gasto en obra pública, que se duplicó en febrero y arrastró el incremento de los despachos de cemento en marzo.

Bajo estas circunstancias, cada vez queda más claro que el eje de la política económica no tiene como objetivo prioritario el de apuntalar el nivel de actividad sino el de contener la inflación, que devino en la principal apuesta electoral del gobierno.

En ese marco, el reciente incremento de las tasas de interés tiene el propósito de “secar la plaza” con el objetivo de restarle presión al dólar y, consiguientemente, al nivel de precios. Cabe señalar que ello ocurre en un contexto de elevados vencimientos de las Lebac cuyo stock asciende a $ 773.989 millones (equivalente a las reservas totales del Banco Central).

 En ese escenario, existe la posibilidad de que ante una modificación de las expectativas cambiarias los inversores privados, que tienen ahora una elevada presencia en las Lebac, dolaricen su cartera. El gobierno reduce, así, su margen de maniobra y se torna más dependiente de mantener las altas tasas de interés y acceder al endeudamiento externo -una vez pasados los efectos extraordinarios del blanqueo de capitales-, realimentando el proceso de valorización financiera.

El otro punto neurálgico para reducir el nivel de precios es el de la represión salarial. De allí que la negociación paritaria, tal como lo indica el caso testigo de los docentes, constituye la madre de todas las batallas. Sus resultados dependen de las relaciones de fuerza y de la acción del movimiento sindical, al cual pretenden doblegar con políticas dirigidas a desprestigiar a su dirigencia más activa frente al ajuste económico.

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Mientras cae el consumo masivo hay un fuerte crecimiento en las ventas de bienes dolarizados

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El primer trimestre del año mostró señales mixtas. Por un lado, el consumo masivo sigue cayendo. Por el otro, la compra de bienes dolarizados crece fuertemente producto del creciente atraso cambiario en un contexto de mayor apertura comercial.

  • El gasto en los bienes asociados al consumo masivo (necesidades básicas) continúa mostrando deterioro. Esto podría explicarse porque los sectores vulnerables tienen un peso muy elevado en el consumo de dichos productos (asignan la mayor parte de sus ingresos al mismo) y su situación no muestra aún mejorías. Además, se está percibiendo con creciente intensidad el cambio en el patrón de consumo de las familias de ingresos medios y altos, donde el atraso cambiario está impulsando la compra de numerosos bienes dolarizados.
  • Respecto del primer punto, cabe mencionar que según datos Kantar Worldpanel, el consumo masivo registró una merma de 3,5% en los primeros dos meses del año (último dato disponible). Además, se observó una baja en las ventas minoristas de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) de 3,2% i.a. en el primer trimestre, donde todos los rubros mostraron deterioros marcados. Esto se corrobora con una confianza del consumidor débil: conforme a los datos de UTDT, en el primer trimestre, la misma registró un descenso de 14,6% i.a.
  • Resulta interesante observar que la confianza en los hogares más vulnerables se encuentra muy por debajo que la de los sectores de ingresos altos, y que buena parte de la brecha se explica por una mejora en las perspectivas de los segundos para adquirir bienes durables e inmuebles (rubro donde se registró el mayor deterioro en los sectores de ingresos bajos). Estos productos están altamente relacionados con el tipo de cambio: el sector inmobiliario y los autos son dos claros ejemplos.
  • De hecho, en el primer trimestre de 2017 se observó un boomen la compra de bienes “dolarizados”. Al igual que el año pasado, nos encontramos ante un escenario de mayor apertura comercial y con posibilidad de adquirir dólares para atesoramiento, a lo que se suma un creciente atraso cambiario (e incluso el blanqueo) que potencian aún más el gasto en estos productos.
  • En los primes tres meses del año el patentamiento de autos 0 km importados trepó 73% i.a. mientras que la venta de 0 km nacionales subió sólo 8% i.a. en el acumulado a marzo. Asimismo, en el primer bimestre del año, el turismo emisivo aumentó 12% i.a. (cantidad de viajeros argentinos que tomaron un avión al exterior) mientras que el turismo receptivo se mantuvo estable (visitantes extranjeros).
  • Además, el primer trimestre del año el crédito con tarjeta en dólares creció 40% i.a. (por encima de la inflación) pero en pesos sólo aumentó 28% i.a. (por debajo de la inflación), evidenciando nuevamente la influencia del atraso cambiario en las decisiones de compra de las familias. También se observaron incrementos significativos en el sector inmobiliario, donde las escrituras en CABA crecieron cerca de 62% i.a., tras subas considerables en 2016. Por último, la compra minorista de dólares (menos de 10.000 U$S) alcanzó niveles récord en el primer trimestre (US$ 3.403 millones).
  • Otro fenómeno que está cobrando cada vez más relevancia y genera efectos negativos en las ventas locales es el descenso más marcado del gasto en ciudades linderas a otros países, debido a que muchos residentes optan por cruzar la frontera para hacer compras. La merma de ventas en provincias limítrofes y los embotellamientos automovilísticos para cruzar a Chile durante los feriados largos son las dos caras de la misma moneda.
  • Por caso, según lo informado por CAME, todos los comercios minoristas vieron reducidas sus volúmenes de venta en lo que va del año, pero con fuertes disparidades entre provincias, donde las más afectadas fueron aquéllas próximas a países vecinos (por ejemplo, en Mendoza, las ventas se redujeron 11% i.a. en marzo, muy por debajo de la caída total, de 4% i.a.).
  • Estos datos se corroboran con las cifras oficiales brindadas por organismos chilenos. Según la Cámara Nacional de Comercio, en 2016 se habría duplicado el gasto en tarjetas de argentinos en dicho país. Además, la Subsecretaría de Turismo del país vecino, informó que la cantidad de turistas provenientes de Argentina pasó de representar un 57% del total de visitantes latinoamericanos en 2015 a 65% en 2016 y 79% en enero de 2017 (último dato disponible). Esto significa que la entrada de turistas argentinos creció 49% i.a. el año pasado y 46% i.a. en el primer mes de 2017.
  • Esperamos una recuperación del gasto de los hogares en 2017 producto de la tenue mejora del mercado laboral, la suba del ingreso real y el crédito sin cuotas de interés (impulsados por el gobierno tras el naufragio del plan precios transparentes).
  • Si bien una parte del consumo está reactivándose, el dólar “barato” y una política de comercio internacional más abierta está generando que el incremento del gasto de las familias se destine a bienes dolarizados, por lo que el efecto positivo del consumo sobre el aparato productivo es acotado.
  • Esta situación se está manifestando en varios sectores. Por ejemplo, en el primer trimestre 2017 las ventas a concesionarias de unidades importadas trepó 36% i.a. mientras que las ventas nacionales cayeron 16% i.a. Asimismo, por el elevado costo salarial en dólares, algunas empresas multinacionales mudan sus centros de atención (call centers) a otros países de habla hispana. 
  • Es por ello que, además de una suba en los ingresos reales de las familias, resulta sumamente necesario que se lleven adelante políticas que fomenten el consumo de productos argentinos, como Ahora 12, o el proyecto de ley Compre Nacional, que el oficialismo estaría por enviar al Congreso.
  • En síntesis, prevemos que este año se concrete la tan esperada mejora de la demanda interna. Sin embargo, producto del atraso cambiario y las menores restricciones comerciales, el repunte del consumo privado traccionará más sobre las importaciones que sobre la producción interna.
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Diego Hartfield: “Hoy hay que aprovechar las tasas en pesos”

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Diego Harftield, el mejor tenista de la historia de Oberá, hace un tiempo largó las raquetas y ahora está pendiente del repiqueteo de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y otros mercados como el Rofex. Hartfield es productor y asesora a empresas e inversores en mecanismos para obtener financiamiento barato o colocar ahorros.

Desde ese rol, Hartfield sigue atentamente el movimiento de la economía y opina que hoy por hoy, la mejor inversión es la que garantice una rentabilidad en pesos.

“La discusión en este país es si compramos dólares o invertimos en pesos. La última licitación de Lebacs a 28 días tuvo un corte en 24,25 por ciento anual y eso lleva a que haya poca euforia por comprar dólares”, explica a Economis.

El misionero sostiene que los inversores conservadores “suelen comprar dólares”, pero “los más agresivos, pueden ir a una tasa en pesos por lo menos en los siguientes tres meses”.

La clave está en las tasas altas que mantiene el titular del Banco Central, Federico Sturzenegger, quien “tiene como objetivo tener un rendimiento positivo del ahorro de la gente, esto es que inviertas y que la tasa sea más alta que la inflación”.

“Eso desalienta la compra de dólares y por eso se plancha la moneda extranjera”, señala Hartfield.

El otro motivo es que el déficit fiscal se cubre con toma de deuda. “Son dólares que entran y hay una presión vendedora de dólares constantes”.

El tercer punto a tener en cuesta es el inicio de la cosecha de soja, que arrancó el jueves y puede ser un fuerte indicador de ingresos de divisas.

 

“Son tres motivos que indican que el dólar seguirá planchado. Porque hay mucha presión a la venta, a lo que se suman los ingresos por el blanqueo”, indica el ex tenista que supo plantarle cara al mismísimo Roger Federer .

Para Hartfield, “hoy los que compran dólares son los que viajan o compran en el exterior y el ahorrista minoritario que no mueve la aguja”.

Para el misionero, la jugada de Sturzenegger al anunciar que el Banco Central saldrá a comprar dólares para elevar 25 por ciento el nivel de reservas  fue “pour la gallerie”. “Si lo anuncia es porque no está apurado en comprar, sino para empujar el mercado a que suba el dólar.

“Nadie hace un anuncio así porque tira el precio para arriba y puede provocar una corrida devaluatoria. Se consiguió el efecto de reactivación un poco, pero enseguida volvió a bajar el dólar”, sentenció.

Hartfield sostiene que hoy un ahorrista “estaría cómodo en pesos”, aunque si tuviera dólares, no los vendería a estos valores. Lo mejor, entiende, es comprar Letes que rinden 3 por ciento anual en dólares y se pueden comprar en pesos. Incluso, señala, a través de la Bolsa de Valores se puede comprar en dólares a un precio menor al de mercado, a 15,60 pesos o incluso, a 15,30 comprando a futuro.

“Las tasas altas en pesos le ganarán al dólar”, insiste.

En cuanto al Merval, explica, hoy está más acorde a inversiones agresivas. “Está en niveles máximos. Pero hay que tener cautela, porque no todas las subas son lineales. Puede haber un “descanso”. Yo hoy no estoy comprado en ninguna acción pero estoy monitoreando oportunidades. Solo si es inversor de largo plazo. Por ejemplo, se puede apostar a las acciones de empresas de construcción por el impulso de los créditos hipotecarios”.

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Promesas anticipadas

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Argentine Finance Secretary Luis Caputo gestures during a news conference in Buenos Aires, Argentina, February 29, 2016. Picture taken February 29, 2016. REUTERS/Marcos Brindicci

El ministro de Finanzas, Luis Caputo explicitó, en Nueva York, ante el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, la plataforma política con la que el Gobierno intentará ser ratificado en las elecciones de octubre. Prometió más ajuste, pero después del domingo dedicado a las urnas.

Nosotros queremos ganar las elecciones para profundizar nuestro programa económico. Por eso no se puede encarar ahora el problema fiscal. Si atacamos el déficit, habrá más piquetes y la vida será imposible en Argentina”, transparentó.

Y fue por más. “La prioridad es ganar las elecciones y convalidar las propuestas de Gobierno. Después vamos a encarar las asignaturas pendientes”.

Las asignaturas pendientes, según el modelo bendecido por el FMI, son profundizar el recorte de gastos para bajar el déficit fiscal y achicar el Estado, al que el presidente Mauricio Macri definió como “un aguantadero” heredado.

El ajuste prometido tiene sus excepciones. Si bien el grueso del gasto presupuestario son subsidios a la energía, el transporte y los planes sociales, Macri incrementó 25 por ciento promedio la estructura del Estado, pese a haber prometido una reducción y a haber despedido 11.000 contratados.

Es cierto, como admite Caputo, que un ajuste mayor ahora sería insoportable. Pero no solo por los piquetes, sino porque terminaría por secar los tímidos brotes verdes que se registran en algunos sectores de una economía que tarda más de lo esperado en recuperarse.

Los datos oficiales de pérdida de empleo y cierre de empresas ratifican que hay apenas una tímida reactivación que todavía está lejos de compensar lo perdido. Solo en el sector formal, se esfumaron casi 45 mil puestos de trabajo durante 2016, aunque la caída es más brusca si se compara el cuarto trimestre con el mismo período de 2015: hay 68.314 trabajadores menos.

Hay 4.462 empresas registradas menos en el último trimestre del año pasado, en relación con el último de 2015 y la tendencia no cede. Son 829 menos que en el tercer trimestre de 2016.

El ajuste “moderado”, no es entonces una cuestión de sensibilidad, sino de pragmatismo político. El objetivo es llegar a octubre con oxígeno suficiente para ratificar el programa económico comprometido con los organismos financieros que siguen prestando dinero para sostener el rumbo, pese a que prácticamente ninguno de los objetivos se ha cumplido. Argentina está ahora tercera en el ranking global de inflación, lo que trae aparejado un sensible recorte en el consumo. En febrero, en términos reales, las ventas en los supermercados cayeron alrededor de 18% (inflación menos suba en términos nominales), y más del 20 por ciento en los shopping.

El consumo no es lo único que retrocede. La producción industrial sufrió una caída interanual del 9 por ciento con una herida profunda en el sector automotriz, que sufrió un bajón de 29,7%. 

Pese al esfuerzo del Gobierno por evitar parecerse a los años más oscuros de la historia, cuando se destruyó el aparato productivo y se produjo una brutal apertura de las importaciones, está pasando algo similar, aunque los efectos todavía no pueden analizarse en toda su dimensión. La deuda externa tomada en los primeros quince meses de Macri es de más de 40.500 millones de dólares, casi el mismo monto que la deuda emitida durante la última dictadura, especialmente para financiar importaciones que destruyeron la industria nacional.

Un informe, realizado por las consultoras Ecolatina y Key Market, sostiene que el 2016 registró una pérdida del poder adquisitivo de los salarios, aumento de las tasas de interés, deterioro del mercado de trabajo y el desplome de los salarios en dólares.

En consecuencia, el consumo privado se redujo significativamente. Particularmente en el caso de los electrodomésticos la caída alcanzó el 19 por ciento, siendo la línea blanca la más afectada con una retracción del 21,5 por ciento anual.

Los datos son elocuentes. Profundizar el ajuste ahondaría los indicadores negativos, pese a que el Gobierno está siendo corrido por “derecha”.

Los economistas del establishment reclaman más mano dura para controlar el déficit fiscal y hasta acusan a Macri de ejercer un “kirchnerismo soft”.

El más duro fue Miguel Ángel Broda, un economista de los más duros. “Acá no hay plan A ni B y esto es insostenible en el largo plazo”.

Macri no es kirchnerista ni soft. Pero entiende -aquí uno de los pecados de quienes lo subestimaron- que si no gana en octubre, se quedará a medio camino en su promesa de refundación. La política ordena hoy ser “gradualista”, aunque los efectos del ajuste ya están a la vista. Ir a fondo enojaría incluso a aquellos que hoy toleran el ajuste todavía disfrutando del aire de cambio.

Todo está pensado en clave electoral. La declaración de Caputo, excusándose ante el FMI y el Banco Mundial por no ir más rápido es una muestra.

Lo están sufriendo incluso los socios menores dentro de la alianza gobernante. El radicalismo no encuentra más espacios por una sencilla razón, explicitada en cada una de las provincias. El objetivo de octubre es fortalecer al Presidente, lo que no necesariamente implica robustecer “democráticamente” a Cambiemos. Por eso, los candidatos han sido cuidadosamente seleccionados por un verticalismo que baja de la mesa chica y que habrá de respetarse.

Ante los lastímeros reclamos del radicalismo, la respuesta, lacónica de los operadores macristas es que los socios reclaman democracias solo en aquellas provincias donde no encabezarán las listas. En donde sí, todos contentos con el “consenso”.

Misiones es una de las provincias donde está en duda el acuerdo por la ambición de un grupo de radicales, que tienen la ilusión de ganarse espacio en las Primarias enfrentando a Luis Pastori, quien fue premiado para que busque su reelección.  Alex Ziegler es la primera víctima de esa verticalidad. Aunque todavía no es oficial, ya está fuera del esquema de Cambiemos y buscando espacios con otros sectores. El eldoradense se inclinaría por un frente inédito, con la confluencia de jóvenes de diversas facciones políticas. Pero ahí sí, él a la cabeza.

El PRO tiene claro que el candidato a senador debe ser Humberto Schiavoni, uno de los hombres de confianza de Macri e integrante de la mesa chica. Ya lo imaginan como eventual presidente del Senado. Es que gane quien gane, no se modificará sustancialmente la relación de fuerzas en el Congreso y el Presidente necesita de lealtades, pero también de muñeca política para poder avanzar en las leyes que requiera. Schiavoni tiene a favor sus vínculos con el peronismo y un conocimiento más cabal de las realidades políticas del interior, de la que hasta ahora carece la conducción parlamentaria.  

La gobernabilidad, de cualquier modo, está sostenida por los mandatarios de todo el arco político, aunque se encargan de marcar sus diferencias, sobre todo con el ala dura que maneja la economía del país.

De paso por Misiones, el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti dejó claro que el rumbo no le gusta. “Hay en el manejo de la economía una situación que es contradictoria, porque hay una política fiscal que es laxa y no hay una reducción del régimen fiscal, y una política monetaria constrictiva con tasas de interés altísimas que hace que no haya reactivación y penaliza el consumo”, indicó.

Schiaretti pidió la unidad de los gobernadores para evitar una crisis mayor. Es que el ajuste llega a todos por igual, más allá de la riqueza de cada provincia en particular. Ninguno quiere enredarse en un conflicto como el que vive hoy Santa Cruz, con atrasos de sueldos, sin giros nacionales y la imposibilidad de endeudarse para salir del paso.

La Justicia Social, no viene por la “teoría del derrame, sino por la opción del Estado que es el que fija las reglas de juego y toma las medidas”, sentenció Schiaretti al lado del gobernador Hugo Passalacqua, con quien firmó un inédito acuerdo que posiciona a Misiones a la vanguardia de la biotecnología en el país: Córdoba comprará tres millones de plantines forestales generados en la Biofábrica para repoblar zonas devastadas en esa provincia por el avance de la explotación sojera.

La Biofábrica es otro de los resultados de políticas de largo plazo que se encararon en Misiones. Denostada por la oposición –hoy en la alianza nacional- como laboratorio “fantasma”, se ha convertido en referencia del desarrollo y el conocimiento genético. El acuerdo con Córdoba, por 20 millones de pesos iniciales, abrirá nuevos mercados en los que también se incluirá a actores privados.  

Passalacqua es uno de los principales sostenes de la gobernabilidad nacional y pretende que los representantes de Misiones en el parlamento sigan en la misma senda aún en tiempos electorales.

Pero en el arranque del tiempo “político”, se desmarcó con sutileza del mensaje que baja Macri. Rechazó la idea de que se considere al Estado un “aguantadero”, como lo calificó el Presidente y recordó que en Misiones él mismo congeló nuevos nombramientos, pese a que es una de las que menos estatales tiene en relación con otras provincias.

También mostró su desencanto con el “poco esfuerzo” que hizo el gobierno nacional por sostener los recursos necesarios para el Fondo Nacional de Incentivo Docente, que ahora deben ser cubiertos por la Provincia. En la misma línea, insistió en que la Nación debe comprar viviendas con madera de Misiones, aún si se concreta la compra de viviendas chinas. 

El mandatario misionero, que el próximo lunes dará su mensaje a la Legislatura, donde se esperan fuertes definiciones de carácter político, confirmó esta semana la convocatoria a elecciones para el próximo 22 de octubre.

Aunque faltan varios meses, incluso para el inicio formal de la campaña, la Renovación está decidida a jugar fuerte para defender el modelo misionerista y hacer frente a los embates de la oposición.

Esta semana fue intensa en reuniones políticas.

Cambiemos mantuvo un encuentro con el ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, mientras intentaba disimular el escándalo por la intervención al Incaa y la sospecha de los artistas de que se intenta desfinanciar el cine nacional. El funcionario nacional pidió dejar de lado “diferencias” entre los partidos integrantes de la alianza para fortalecer al Gobierno nacional.

El massismo también está activo. Hubo acercamientos entre quienes quieren conformar el frente del camino del medio, con una coincidencia. Cada sector debe estar representado en alguna de las listas en disputa. Camioneros, el radicalismo de Vanguardia y Trabajo y Progreso de Claudio Wipplinger son los más cercanos a firmar el acuerdo. Todavía resta saber qué hará Héctor “Cacho” Bárbaro, quien coquetea con ser candidato “por la suya”.

La Renovación comenzó a movilizar la tropa. En la Casa de Gobierno, primero entre los funcionarios de primera línea y en el Centro de Convenciones el viernes, donde se encontraron más de mil encargados de agrupaciones, el mensaje compartido fue el de fortalecer la Renovación desde la participación de cada uno.

En el Centro de Convenciones el encuentro fue presidido por el vicegobernador Oscar Herrera Ahuad, secundado por el subsecretario de Gobierno, Ricardo Wellbach y la presencia de varios de los legisladores provinciales y nacionales. “Hay un equipo alineado y empezamos a calentar motores”, definió uno de los dirigentes que lideró la asamblea renovadora.

Los candidatos de la Renovación se conocerán a mediados de junio. Los nombres todavía están bajo estudio, pero habrá aire fresco mezclado con la experiencia de los líderes y conocedores del concepto misionerista.

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Impulsan la prórroga de la ley 25080 para incentivar la implantación de bosques

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La ley 25080 vence el 1 de enero de 2018. Por eso, con antelación, en Misiones comenzó a debatirse qué acciones tomar para seguir sosteniendo los recursos de promoción a las inversiones en bosques cultivados. El diputado nacional Maurice Closs, el ministro del Agro, José Luis Garay y el de Bosques, Juan Gauto, se reunieron el viernes con empresarios del sector forestal para analizar cómo plantear el debate sobre la continuidad de la ley.

En la sede de la Apicofom se acordó que los legisladores nacionales por Misiones impulsarán la prórroga de la ley y en paralelo, los empresarios harán el reclamo por más fondos al gobierno nacional.

El presupuesto para este año ronda los 200 millones de pesos y el año pasado se cumplió bastante bien con lo estipulado previamente. Sin embargo, hay un atraso considerable en los últimos meses, que afecta el desarrollo de nuevas plantaciones.

“Como este es un año casi parado en el Congreso, coincidimos en impulsar el debate porque no debería haber mucha oposición para la prórroga”, explicó Closs en declaraciones a Economis.

Se acordó impulsar el pedido de prórroga ya este año para que se incluyan los recursos en el presupuesto nacional de 2018 y también se planteará la necesidad de incrementar los recursos asignados.

Para más adelante se dejó la idea de impulsar una reforma general de la ley, con algunas correcciones que el sector considera necesarias para una mejor aplicación de los fondos. Una de las propuestas que se barajó es que se fije en el presupuesto un valor equivalente a la plantación de cien mil hectáreas en Misiones o Corrientes.

En el encuentro participaron la Amayadap, Apicofom, Colegios Forestales y el Gobierno misionero.   

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