Se trata de Richard Schunke, el jugador que milita en Independiente del Valle de Ecuador fue naturalizado ciudadano por el propio presidente Lenín Moreno, a través de un decreto “por sus méritos deportivos”.
El oriundo de 25 de Mayo, de 28 años, fue una de las piezas claves que tuvo “los rayados” en la obtención de la última edición de la Copa Sudamericana, título que logró luego de vencer a Colón de Santa Fe en Asunción. Con el condimento especial de levantar un trofeo por primera vez en su carrera profesional.
Su alto
rendimiento en el fútbol ecuatoriano, país en el que juega desde 2017 y en 2019
llegó en Independiente del Valle, lo posicionaron como un deportista de élite.
Por eso, a Richard Schunke se le otorgó el martes 7 de enero la
nacionalidad ecuatoriana por sus méritos deportivos, informó la Presidencia de
la República a través del decreto 966.
Ahora el zaguero, hermano de Jonatán – jugador de Estudiantes La Plata – libera un cupo de extranjero ya que fue reconocido como ciudadano y de aquí en más, podrá ser convocado para integrar la Selección ecuatoriana de fútbol.
El documento
fue publicado en la página oficial de la Presidencia de la República,
refiere que Schunke, además de desempeñarse actualmente como deportista de alto
rendimiento, en la disciplina de fútbol, “ha realizado acciones
relacionadas con la educación, disciplina, fortaleza mental y otras, en favor
de atletas con discapacidad pertenecientes a Olimpiadas Especiales
Ecuador”; ha contribuido con el desarrollo psicológico, educativo y
emocional de los estudiantes de la Unidad Educativa para la Formación Deportiva
Integral Independiente del Valle”; y, “que durante el tiempo que ha
vivido en el país, ha demostrado suficiente sentido de pertenencia a la
sociedad ecuatoriana”.
El 2019 está culminando con un clima de inestabilidad en América Latina. Protestas en Ecuador, Bolivia y Chile; inestabilidad política en Perú y una fuerte crisis económica en Argentina, agravada por la incertidumbre que generan las elecciones presidenciales.
Sin dudas, hay grandes diferencias entre estos países, tanto en su economía como en las estructuras sociales, cultura, recursos naturales y territorio. Sin embargo, es posible encontrar ciertos paralelismos en cada una de las circunstancias por las que atraviesan.
Muchos podrían pensar que estos episodios de protestas y descontento popular podrían deberse a algún tipo de conspiración o que se encuentran impulsadas a partir de grupos con diferentes ideologías políticas.
Sin embargo, las crisis tienen su nacimiento razones más profundas; en esos problemas estructurales que se definieron a partir de la historia y que a pesar del paso de los años no se han podido solucionar.
La desigualdad social
La desigualdad es una característica histórica y estructural de las sociedades latinoamericanas. Aunque en los últimos años hubo muchos avances para corregir estas desigualdades a través de un gasto social que permite la redistribución de los ingresos, América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo.
Tal vez usted se pregunte: si la desigualdad es un problema que existió siempre ¿por qué es un factor determinante en las crisis actuales? La respuesta tiene que ver con el panorama económico actual: desde el año 2015, debido a un enfriamiento de la economía global y la baja en los precios de los productos primarios (granos, minerales y todos aquellos productos que tengan que ver con extracción de recursos naturales) en los mercados internacionales, las economías de los países latinoamericanos están creciendo menos. Al crecer menos, comienza a subir el desempleo y la pobreza. A su vez, los países tienen déficit fiscales elevados casi inmanejables, que no les permiten incrementar el gasto para hacer frente a las demandas sociales.
En el siguiente gráfico se puede apreciar cómo comenzaron a aumentar la pobreza y la pobreza extrema en la región a partir de 2015, lo cual da cuenta del complejo panorama social.
Economías basadas en la Producción Primaria
Este, tal vez, podría ser el origen de muchos otros problemas económicos de los países de Latinoamérica; y también es estructural y prácticamente determinado por la historia. Los países latinoamericanos nacen como colonias de las potencias europeas y con la función de proveer materias primas y alimentos a las grandes metrópolis.
A pesar de la independencia política, la base de la economía latinoamericana nunca cambió: seguimos siendo lo productores de materias primas y dependemos fuertemente de las exportaciones de las mismas. Pero el mercado de estos productos tiene ciertas características que hacen a las economías muy frágiles:
Los países no pueden incrementar mucho la oferta de productos porque el factor principal son los recursos naturales y son fijos;
Los productores de materias primas tampoco controlan el precio de sus productos, ya que tienen poco valor agregado que los diferencie y el precio se fija en los mercados internacionales. Si los precios son altos, entra más dinero a la economía y esta crece; si bajan los precios, la economía comienza a tener problemas. La mayor dificultad es que no se puede prever cuándo los precios estarán altos y cuando caerán.
¿Cómo se soluciona este problema? Desarrollando la industria, invirtiendo en actividades productivas con mayor valor agregado.
Pero… no es tan fácil como parece: para desarrollar la industria necesitamos los dólares de las exportaciones de los productos primarios (y con esto volvemos al problema inicial).
Instituciones débiles y gobiernos personalistas
Los países latinoamericanos se caracterizan por tener una situación política y económica peligrosamente inestable: democracias jóvenes (algunos países aún hoy tienen dictaduras), corrupción, desequilibrio de poderes y sistemas de gobiernos muy personalistas.
Si bien este punto no se puede clasificar como económico, es seguro que si no tenemos instituciones fuertes, la economía no va a funcionar bien. Si observamos a los países desarrollados, vamos a notar un profundo respeto por las leyes e instituciones de un país, así como también consecuencias serias para aquellos que no las respetan.
Sin embargo América Latina tiene muchos problemas en este punto. Una de las características más notorias son los gobiernos fuertemente presidencialistas, donde pareciera que el poder legislativo y judicial cumplen un rol secundario. Además de ello, son sistemas muy personalistas: la mayoría de las sociedades ven la solución a los problemas políticos en la persona de algún funcionario, más que en la democracia y en el sistema de gobierno en su conjunto. Tal vez esta visión de las cosas tenga una fuerte raíz cultural, pero pensar que una persona (ya sea un presidente o candidato) tiene todas las soluciones para los problemas de un país es un poco iluso (o se sobrestima la capacidad de una persona o se subestiman los problemas).
Más allá de ello, la importancia de la división de poderes justamente radica en el equilibrio y en el control del poder que se les da a nuestros representantes. El hombre tiende a ser egoísta y ambicioso por naturaleza y el poder puede ser un arma de doble filo. Por más buenas intenciones que tenga un candidato, el poder lo puede corromper. Por lo tanto, es imperiosa la necesidad de cambiar la visión que, como pueblo, tenemos de nuestros sistemas de gobierno y exigir que se respeten las leyes e instituciones.
Tal vez, sea el último punto de análisis de este artículo, pero debería ser el primero por donde comenzar a cambiar las cosas.
En la Residencia Oficial, la televisión devuelve en silencio las imágenes de la revuelta popular en Chile y es el primer disparador para hablar de las convulsiones en el barrio, que sacuden el lejano oeste americano, pero que al mismo tiempo están tan cerca como la movilizada Cataluña en su pelea por la autodeterminación.
El gobernador Hugo Passalacqua sostiene que en Ecuador hubo un estallido similar al de la Argentina del 1 a 1, en el no tan distante 2001, pero sorprende cuando revela que la crisis de Chile no lo sorprendió.
“Como decía Umberto Eco: “La forma más inteligente de mentir es con la estadística”. Si yo me adjudico 30 mil dólares por año, y vos ganas uno, da un promedio de 15 mil, pero yo gano 30 y vos 1, así los promedios de muchas cosas en Chile eran muy buenos, pero a la hora de la realidad, el reparto era inequitativo, te daba mal. El uno por ciento, concentra el 50 por ciento de las riquezas, el resultado siempre va a ser el mismo. Tenés indicadores macroeconómicos muy solventes, pero con sectores populares, que seguían muy postergados. Hace unos años la joven Camila Vallejo sorprendió cuando pedía educación pública porque el cien por ciento de la educación superior es paga y muy cara. De ahí en más tenés muchos cortes sociales, se privatizó todo, así que no, no me sorprende. No estoy diciendo que Chile es un desastre, digo solo que socialmente está muy fragmentado y con una inequidad que en algún momento iba a estallar. El 4% de suba de subte armó un lío bárbaro. Chile es muy lindo, pero si tocás por debajo la pobreza se siente”, explica en diálogo con Economis.
Pero es un modelo que ofrecían como espejo en el que mirarse…
Hay algunas tentaciones, de algunos sectores de verse reflejados, yo nunca lo hice por ningún modelo. El copiar modelos, el imitar modelos de izquierda o de derecha a mí no me mueve, el seguir los pasos de otro no me parece porque ningún país se parece al otro. Nada se parece a nada, en realidad.
Tomando estos dos casos, incluso yendo más lejos Cataluña, que defiende su autodeterminación… Por ahí la parte más baja de la sociedad, se está cansando del tema de ajustes, de recortes.
Eso es bastante universal, no es nuevo, desde los faraones, el Imperio Romano, el Medioevo, siempre los sectores dominantes generan los sectores populares inmensos. Por fortuna en el siglo XX, sobre todo después de la segunda guerra, un poco se fueron achicando las desigualdades, aunque aún son muy grandes, pero no es lo que era, porque hubo un mejoramiento social, lento, pero existe. Pero hay lugares donde la presión sistémica, la presión de los sectores dominantes, de todo tipo, político, financiero, lo que fuere, mete mucha presión sobre la gente, y eso en algún momento pone a la gente muy mal, por eso siempre hay que estar al lado de la gente. No dar dádivas, sino crear políticas proactivas.
¿De contención?
Es más que la contención, es generar políticas proactivas, la contención es más para emergencias, pero no podés vivir en emergencia. También tenés que tener políticas de proacción, de estímulo, de inversión. Haciendo una abstracción de lo que hay acá, muy modesta muy chiquita con los “Ahora”, a nuestra escala.
Que no hay que minimizar, porque para una familia el ahorro es importante.
Es una inversión grande para el Estado, pero para una familia cambia mucho, si te metés en todos los “Ahora” que podés, el sueldo se te duplica bastante. Hay un esfuerzo del Estado proactivo para el sostenimiento de empleo, que circule más rápido el dinero, que se vaya afuera lo menos posible. Es lo que llamamos un modelo misionerista, tratamos de hacerlo. Hay cosas que nos cuesta vencer, el sistema impositivo es muy perverso. Escuchaba a un candidato en el debate presidencial, no importa quién sea (N de la R: fue José Luis Espert), que decía: “Si no cobramos IVA no tenemos porqué hacer coparticipación en las provincias”. Y yo: ¡¡Hola!!!! Como que en las provincias no somos personas, hay cosas que resultan un escándalo y pasan, yo apagué la tele en el debate. Después volví a prender, pero me enfurecí porque no hay lugar para tanta barbaridad. Es una visión muy del país central, del puerto, donde las provincias somos un accidente geográfico, no somos personas, y somos una carga, para ellos es un esfuerzo enorme soportarnos a nosotros, cuando la realidad es inversa porque somos nosotros los que lo sostenemos. Es una visión muy metida esa del país central, hay que hacer un esfuerzo para romper con eso.
Mauricio Macri empieza su gestión con una foto con todos los gobernadores el 12 de diciembre de 2015, y termina ahora prácticamente con todos enfrentados en la Corte Suprema justamente por este tema, cuando el Presidente anunció el plan de eliminación del IVA en algunos alimentos y los cambios en Ganancias después de la derrota electoral...
Sí. A la Corte fuimos dos veces, una para que no nos quiten lo que nos corresponde al pueblo… En el escrito yo le agregué la palabra pueblo, como para que se entienda que la coparticipación es para el pueblo de la provincia de Misiones.
Para que sea menos abstracto.
Sí, para encarnar, para porque no es de la Provincia, o de los gobernadores, como si fuéramos señores feudales. Por eso fuimos dos veces a la Corte a defender la coparticipación: Cuando nos la quitaron y después cuando la Corte ordena devolver, no lo hicieron, entonces volvimos a litigar, nos volvieron a dar la razón y acá estamos, en lo mismo.
No hay novedades.
No. Considero que los montos acumulados nos tendrán que devolver. No es fácil hacer cálculos del pasado, desde septiembre, pero la orden fue deja de quitar la coparticipación y darla entera, pero eso sin embargo no pasó. Pero en medio del desbarajuste de las elecciones, más no podemos hacer, porque parece que estamos en rebelión.
¿Cree que el respeto al federalismo está en juego en estos días?
Hay una cosa que a mí me da mucha fe en Alberto, que es su visión del país federal, viste que a él no se le escapa ni en un reportaje. Aunque hablen de petróleo, hablen de educación, siempre lo tiene metido, tiene metido en su visión que el país es uno, que el que nació en Atacama tiene que tener las mismas opciones que el que nació en Palermo, que el que nació en Tobuna. Las mismas opciones, y las mismas oportunidades que hoy le son negadas, pero no desde ahora, sino desde 1810. Su visión federal cuando lo dice, y yo le creo, es que va a gobernar con 24 gobernadores, no es un dato chico, sobre todo para las provincias del norte que somos las más postergadas. Es música para el oído de todos. Él tiene la oportunidad de ser uno de los grandes presidentes federales del país. Más allá de salvar la grieta, a mí me interesa lo federal, porque si la patria somos todos, nosotros tenemos la visión que creo correcta, histórica, que las provincias son preexistentes a la Nación.
El presidente más federal…
Quiero creer. No lo va a hacer en un rato. Vendrán varios presidentes, pero lo creo, eso de trazar un rumbo y volver a la fuente, que es quien quiera presidente de este país, tenga que hilvanar las voluntades, los deseos y esperanzas de todas las provincias de la Argentina, que son las mandantes, son las dueñas del país, en el sentido histórico. Ahora resulta que para el país central somos una carga, pero yo le creo a Alberto cuando dice que él está en camino de recuperar los sueños de las provincias, hacia un papel protagónico, darles protagonismo de las provincias.
¿Cómo se construyó tan rápido una relación con Fernández, cuando tiene sus propios candidatos en Misiones?
La relación con Carlos (Rovira) es de hace tiempo. Personalmente, con Fernández nos conocemos hace poco, con la Renovación sí se conocen hace bastante, pero es una persona muy afable, que escucha mucho, tiene ideas sólidas y al mismo tiempo flexibles, no es tozudo, no es caprichoso. Si hay algo que modificar, la modifica, si hay que trabajar lo hace. No es perezoso. Le toca a Oscar (Herrera Ahuad), ser su colega no, y enseguida se entendieron, forjaron una amistad, eso vale oro en una relación de alguien que está gobernando una provincia con el presidente. A lo que hay que agregarle el tema de los diputados, hay cosas que se lo dijimos a él: “Nosotros somos la Renovación, no somos el Frente de Todos, lo acompañamos, como acompañamos en su momento a Néstor, a Scioli, a Cristina, cien por ciento desde nuestro lugar, desde los Renovadores”. Por eso pedimos la boleta corta con corta, desde Nación a Fernández y en la provincia a la nuestra, con el misionerismo, la gente que está con la gente. Es una suma de energía muy fuerte lo nacional con lo provincial. Un poco toda esta cuestión histórica se traduce en el voto, aunque es la primera experiencia.
Usted decía que quería que se instale esto de la boleta corta provincial…
Es mi visión, muy a título personal. Como ciudadano, por los siglos de los siglos, quisiera que los diputados nacionales vayan junto con las elecciones provinciales. Porque es una trampa semántica, porque los diputados nacionales, son de la provincia ante la Nación, no son de la Nación. Es un error tremendo creer que son de Nación. Para que en la Nación se discutan nuestros intereses, tienen que estar nuestros diputados que nos defiendan allá, junto con los gobernadores, vicegobernador, tiene que estar en el mismo paquete. Después se elige el presidente, por supuesto que se pueden desdoblar las fechas, eso es secundario. Después está lo nacional, que pasa por el Poder Ejecutivo, por la fórmula de presidente y vice, donde sí hay un distrito único donde tu voto se junta con el de Zapala y el de Zapala con el de Pozo Azul.
¿Qué le preocupa más de este momento económico, de pobreza, educación?
Todo, es una situación muy dura, porque hasta el que tiene empleo, hablamos con Cristina cuando vino, de las estadísticas, de los índices de empleo, de desempleo. Hay un 60% de la gente empleada, pero abrís ese bloque y de ese 60% la inmensa mayoría está con miedo de perder el trabajo. Es decir, tener trabajo no es tener seguridad. Cuando estás en incertidumbre, el pequeño empresario, el medio, el bolichero, el que levanta la basura, el periodista tiene inseguridad, eso produce una angustia muy grande. El que tiene empleo está con incertidumbre, no sabe si gasta en la moto, si pone la parrilla, si festeja un cumpleaños, si va de vacaciones, se pone tenso el ambiente.
¿Qué análisis hace del Gobierno de Cambiemos?
Nosotros no hicimos juicios de valor al principio de la gestión y mantuvimos la gobernabilidad y a relación institucional. Era la primera vez que la Renovación gobernaba con un signo político nacional distinto, por eso había que cambiar los parámetros comportamentales porque éramos otro espacio político, entonces tuvimos esa frase: “Gobernabilidad, con gobernabilidad se paga”, que en términos institucionales, tomamos una posición correcta, porque en democracia así debe ser. Las veces que nos sentamos a hablar con el señor Presidente casi nunca coincidimos, pero le dije las cosas en la cara, él también lo hacía, diferíamos mucho en sus visiones de roles del Estado, su visión impositiva.
Recuerdo el cruce que no salió mucho a la luz, pero fue en Iguazú, sobre la yerba mate.
En Iguazú sí, tuvimos nuestros altercados, pero nunca quitándole gobernabilidad, porque la gente lo había votado, no había que entorpecerlo, como no nos gustaría que nos quieran entorpecer, pero con una diferencia muy grande en el medio, tan grande que es casi insalvable. Porque tener una visión distinta del Estado, te hace pretender cosas distintas. Si vos sos un Estado que cobra los impuestos y sos eficiente, hacés caminos, hacés escuelas, entonces es bienvenido, pero si no, la realidad marca que no sirve.
Ese pacto fiscal firmado hace menos de dos años, no sirvió.
El simple hecho que nos haya quitado el Fondo Federal de la Soja, fue un golpazo para los municipios que nos obligó a salir a asistir. Después hubo unas devoluciones, que eran derechos de la provincias. Pero veo un momento bisagra que fue ir al Fondo Monetario, cuando llegó lo del Fondo, hubo una urgencia del déficit cero y empieza a pasar el rastrillo a las provincias, la quita de subsidios, las tarifas de la luz.
Me dijo que no le sorprendió lo de Chile, ¿Lo sorprendieron estos resultados?
¿Los de las PASO? No. Pensaba que iba a ser menor, porque uno ve las encuestas, que decían una cosa, pero la realidad dijo otra. Pero viendo el diario del lunes, no era algo que sorprenda, por la falta de empleo, con los sectores populares que se hunden, la clase media que se hunde, no era una sorpresa.
¿Y para Misiones, cuál es el pálpito suyo para el domingo?
Creo que vamos a hacer una elección muy buena, estoy seguro de eso, lo importante es tratar de meter una gran cantidad de diputados, vemos que estamos en el camino correcto de juntar lo nacional con lo misionerista. No digo que los otros diputados sean malos, no personalizo, cualquier ciudadano que pone su nombre en una boleta, ya hace mucho, porque pones en juego tu historia, tus ganas, tenés que hablar al público, lo hacés porque tenés ganas, el simple hecho de estar en cualquier espacio, es significativo. Yo jamás fui irrespetuoso, suficiente tiene la gente con las dificultades cotidianas, como para encima ver a los políticos a los tortazos en la televisión.
El misionerismo en las raíces
Passalacqua cambia el semblante cuando recuerda los días que pasó junto a los deportistas misioneros en los Juegos Evita de Mar del Plata. Los acompañó desde su primer año de gestión y asegura que hay una “diferencia enorme” entre 2016 y este año. “En defender los colores, corear a la provincia, ir por la calle todos juntos, que van a defender al equipo de su provincia, hinchando juntos por la camiseta, sean de vóley, de fútbol, o de lo que sea, yo estuve con ellos en el almuerzo del hotel, es hermoso ver como corean, cantan, el ver al misionerismo”.
¿Lo refresca un poco ver eso, porque eso también es política?
Esto está fuera de la política partidaria, es una política más alta, de fortalecer la sociedad, de unirla, porque para mí las sociedades que progresan son las que tienen el tejido social más sólido, donde son más solidarios, donde hay hermandad, donde uno está en problemas y lo estás vos, porque sos mi hermano, por eso yo suelo hablar de la gran familia misionera. Esta gurisada, que eran 815, con un comportamiento ejemplar, son buenísimos, con algo histórico como traer 73 medallas, que antes estaban concentradas en un puñado de municipios. Y eso también tiene que ver con una política de Estado, las medallas antes se concentraban en Posadas, Oberá, Eldorado, ahora tenés de todos lados, de Andresito, de Ruiz de Montoya, de donde mires, eso tiene que ver con expandir el deporte, proteger al tejido social. De estar al lado de la gente, a través de la educación, del deporte, de un discurso amigable, presente. No se puede hacer una sociedad sin valores, no existe, las sociedades exitosas tienen valores. Uno ve los modelos soñados, el danés, el finlandés, ellos tienen un sentido de valores muy fuerte, en la escuela los machacan mucho en ser solidarios, en ser trabajadores.
Y el Estado no está ausente…
Está recontra presente. La sociedad tiene instalado que da mucho, porque sabe que el Estado también da mucho. Cuando hablamos con los que se llaman liberales, hablamos de los impuestos y les decimos ¿3% es mucho, o es poco? Dicen es mucho, pero en realidad, depende del servicio que te da el Estado. Si el Estado no te da nada, 0,1 es mucho. Depende de lo que te dan, si te dan caminos, o viviendas, lo que puedan con los recursos que tienen, sin endeudarse, de a poco, sin dejar en banda a las 50 mil familias que viven de obra pública, además de los amigos albañiles que viven de eso. Nosotros, a la nuestra, lo fuimos haciendo.
Misiones se destaca además porque es una de las pocas que no ha tomado y tiene escasa deuda pública…Hacele un reportaje a los otros gobernadores para ver cómo están. Nosotros tenemos la certeza que podemos pagar todos los salarios por mes, esa certeza genera la segunda fase económica, que se denomina de confianza, porque el policía va al verdulero y le dice fíame un kilo de papa, un día antes de fin de mes, el verdulero le va a fiar porque sabe que al otro día cobra, el verdulero va al kioskero le dice que le fíe otra cosa, le fían. Esa es la economía de confianza que aparece, porque saben que la plata va a estar, eso pasa por la vida del empleado público, del policía, el enfermero, la maestra, pero inyecta en la economía privada, real, todos los días. Eso hace que Misiones se fortalezca, porque es una de las poquísimas provincias donde se sabe que se puede pagar todos los sueldos a fin de mes. Encima si combinas, una provincia que paga en el mes, con una que no, que vive endeudada… Pero la sociedad nos empuja a eso, y no nos permitiría que nos endeudemos, porque no les gusta la idea. Porque es lo mismo que ir al prestamista para llenar la heladera y al mes no tengo la comida y no tengo la heladera. Entonces en esa los misioneros nos medimos, somos muy rigurosos, somos austeros, tratamos de ser inteligentes con los gastos, hicimos inversión muy productiva, y sobre todo no hicimos del Estado una bolsa de trabajo. En comparación de las provincias más grandes, Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires, el empleo privado es enorme, donde el Estado es un actor de tercer o cuarto lugar, acá lejos es el primero, pero sin embargo no nos llenamos de deudas. Misiones crece el 1,5% mensual a nivel demográfico, mientras me tocó gobernar a mí, la población de Misiones creció un 6%, que es una cifra gigantesca, donde el Estado tiene que acompañar con escuelas y policías. Pero nosotros crecimos en planta permanente, en contratados con relación, el 0,6, son 500 y pico de personas en toda la provincia. Básicamente la mayoría son policías, no convertimos al Estado en una bolsa de empleo. No lo hicimos. Eso lo digo con orgullo, no echamos, no hicimos una bolsa de trabajo, no paramos la obra pública, no nos dejamos endeudar, generamos los Ahora.
Durante la primera quincena de octubre el país experimentó una catarsis colectiva insólita. Fue así, no sólo por su desenlace, sino también por su alcance e intensidad. Las lecturas sesgadas y confusas son la mayoría, un poco de precisión conceptual ayudaría mucho. Todavía hay una bruma que tardará en disiparse, producto de los relatos que cada sector esgrime para justificar su accionar. Lo más incomprendido es la protesta como acción política colectiva. Por eso, aquí propongo algunos elementos para construir una radiografía política de la protesta de octubre. Recuerde que comprender no es justificar, pero sin comprender no se puede juzgar.
El levantamiento indígena, liderado por la CONAIE, y el paro nacional convocado junto a otros sectores desencadenó protestas polifacéticas, lo que les dio una envergadura inédita. Las formas de protesta se multiplicaron valiéndose de un amplio repertorio táctico. A los enfrentamientos con la fuerza pública, mediante el uso de piedras por parte de los manifestantes, se sumaron: (a) la multiplicación de calles bloqueadas en la ciudad –y en el país–; (b) el ataque a dos empresas de comunicación (Teleamazonas y diario El Comercio); (c) el hostigamiento a un cuartel militar (en Sangolquí); (d) el incendio del edificio de la Contraloría General del Estado y de vehículos de la fuerza pública (patrulleros, blindados y motocicletas); (e) la retención de policías y militares por parte de los manifestantes; los (f) saqueos y asaltos a locales comerciales y negocios; así como (g) la ocupación de tres gobernaciones (en Cañar, Chimborazo y Bolívar); entre las principales acciones.
La incomprensión de esta condición polifacética de la protesta de octubre conduce a dos errores de interpretación. El primero es el afán por discriminar las acciones de protesta “ilegítimas”, calificándolas como actos vandálicos, subversivos o hasta terroristas. Como lo explican Donatella Della Porta y Mario Diani (2015: 215), la protesta se vale de formas no rutinarias para influir en los procesos políticos, sociales y culturales. La innovación en las formas de protesta es la regla, no la excepción.
La protesta desencadena acciones que son de cuestionable legitimidad precisamente porque alteran el orden público. Al hacerlo, los movimientos sociales que protagonizan la protesta crean incertidumbre, lo que constituye una ventaja sobre sus oponentes más poderosos. Si una protesta no planteara un desafío a las normas establecidas no sería tal. Por ello resulta equivocado calificar la política de la protesta con criterios criminógenos, evadiendo comprenderla como parte de una conflictividad mayor.
Algo semejante ocurre con la pretendida categorización de los manifestantes. Intentar diferenciar a los manifestantes que actuaron de forma vandálica o criminal implica concebir que existe un «tipo ideal» de manifestante: el “manifestante normal”. Nada más alejado de la realidad. La protesta es violenta por definición. Como también lo es la represión policial y militar. En ese contexto, la protesta desarrolla una espiral de violencia incontrolable. Hablar de “infiltrados” significa pensar que la protesta opera como un sistema cerrado en el que es posible impedir la participación de alguien o que es factible detectarla. La protesta opera como un sistema abierto y su entropía genera destrucción. No solo es un desafío colectivo al orden público, es la negación del orden constituido.
El segundo error consiste en confundir la dimensión polifacética de la protesta con un movimiento insurreccional, lo que obliga a pensar en un promotor de la insurrección. La protesta es un proceso disruptivo contra las élites, las autoridades u otros grupos o códigos culturales. Es una expresión de contrapoder que rara vez se encuentra bajo el control de un líder o una sola organización. Como lo explica Sidney Tarrow (2016: 40) en la protesta «los individuos necesitan darse cuenta de las oportunidades políticas y sentir una conexión emocional con sus reivindicaciones, antes de estar convencidos de participar en acciones colectivas a lo mejor arriesgadas y seguramente costosas». Esto toma tiempo, no es inmediato. En la protesta de octubre las redes sociales digitales facilitaron tal conexión emocional.
Como ya ocurrió durante la «primavera árabe», las redes sociales digitales posibilitaron que los manifestantes desplieguen un proceso de comunicación autónoma, libre del control del poder institucional. Como lo advierte Manuel Castells (2013: 27) «las redes sociales digitales ofrecen la posibilidad de deliberar y coordinar acciones sin trabas». Pero no se agota ahí. La protesta social se concreta mediante la ocupación de espacio urbano y edificios simbólicos. Así el desafío al orden institucional se materializa y la protesta se retroalimenta.
La dinámica de la protesta de octubre generó innovaciones en ambos sentidos. Por una parte, es la primera vez que en Ecuador las redes sociales digitales juegan un rol central en las protestas, programando y conectando diversas redes políticas. Esto multiplicó los canales de (des)información y amplificó la percepción de beligerancia en la protesta. Por su alineamiento editorial, Teleamazonas y diario El Comercio fueron percibidos como parte de ese control mediático. De ahí que los ataques a sus instalaciones se inscriben en la acción colectiva.
A esto hay que añadir un movimiento táctico que provocó una reconfiguración de las acciones de protesta. El traslado de la sede gubernamental a Guayaquil le dio oxígeno al gobierno, evadiendo la presión social sobre el palacio de Carondelet. Pero obligó a replantear la ocupación de espacios públicos y tuvo un efecto inesperado. La protesta se diseminó por toda la ciudad al no contar con un punto de gravitación política como lo es la plaza de la Independencia. En definitiva, la probabilidad de que se configure un acto insurreccional se incrementó más por la ineptitud política del gobierno, antes que por la intencionalidad de los manifestantes.
La naturaleza política de la protesta exige pensar en la correlación de fuerzas que le subyace antes, durante y después. Todos los actores políticos organizados intervinieron en ella. Ya sea por acción u omisión, por oportunismo o por convicción. Para entender la dinámica de la protesta hay que observar también las acciones de las élites, los oponentes y las autoridades.
Siendo un proceso sociopolítico tan complejo simplificar su análisis es contraproducente para comprender sus consecuencias. La protesta de octubre marcó un punto de inflexión que requiere una mayor comprensión. La lógica tecnocrática y populista que llegó a su clímax durante la “revolución ciudadana” (con Correa y Moreno) finalmente se resquebrajó. Pero no hay que cantar victoria. Como ocurre tras el paso de un huracán, hay escombros institucionales que deben ser reconstruidos. O construimos un orden auténticamente democrático o la vorágine de la violencia se impondrá como el nuevo orden político.
Las noticias internacionales se hacen eco de una nueva crisis en un país de América Latina. Al parecer, esta vez es el turno de Ecuador. El 1 de Octubre el presidente Lenín Moreno anunció un paquete de medidas de ajuste denominado “el paquetazo”, que desató actos de protestas en todo el país y generó un fuerte conflicto social bajo el lema “no queremos ser Argentina”.
Cronología de la crisis en Ecuador y sus similitudes con Argentina
Si bien los hechos más conflictivos tuvieron lugar luego del anuncio del paquete de medidas de ajuste del pasado 1 de Octubre, las causas de la crisis de Ecuador datan de mucho tiempo antes. Al igual que Argentina, todo comenzó en los años de bonanza, cuando los precios de los comodities eran altos y los países como Ecuador y Argentina obtenían importantes ingresos a causa del comercio internacional. En ese momento el entonces presidente de Ecuador, Rafael Correa, incrementó significativamente el gasto público, que pasó de un 25% del PIB a un 44%. Si bien, ese incremento fue muy bueno para el pueblo ecuatoriano (ya logró reducir la desigualdad, bajar la pobreza en un 38% y la indigencia en un 47%), con la baja del precio de los comodities, el nivel de gasto se hizo insostenible y el déficit fiscal alcanzó el 7% del PBI.
Fuente: Elaboración Propia en base a datos de Datos Macro
Para financiarse, el actual gobierno comenzó a endeudarse para cubrir el déficit fiscal recurrió al FMI. Como condición para desembolsar los préstamos, el Fondo le pide al país que aplique un plan de ajustes económicos para reducir el déficit y mejorar las cuentas fiscales (Cualquier parecido con Argentina NO es pura coincidencia).
Dentro de las medidas de ajuste anunciadas por el gobierno ecuatoriano, la más conflictiva fue la quita de subsidios al combustible, lo que generó un alza de 120% en el precio de este insumo fundamental, incrementando el precio del transporte y generando escasez en los comercios de todo el país. Pero además de ello, se anunciaron las siguientes medidas:
Baja salarial de hasta el 20% en los contratos temporales de la administración pública;
Reducción de las vacaciones de los empleados públicos;
Un impuesto mensual equivalente a un día de trabajo a los empleados públicos;
Contribución especial de las empresas con ingresos superiores a los U$S10 millones anuales
También incrementaron los montos de los planes sociales y ampliaron el número de beneficiarios.
¿La culpa la tiene el Fondo Monetario Internacional?
Al parecer, no solo los argentinos sentimos terror al escuchar “Fondo Monetario Internacional”. Sin dudas, las recetas neoliberales de ajuste que propone dicha institución se repiten en todos los países que llegan a él. Es por esta razón que el pueblo ecuatoriano salió a las calles bajo el lema “no queremos ser Argentina”, ya que como la historia lo ha demostrado, estas recetas no funcionan muy bien y los ajustes se hacen sentir fuerte en los bolsillos del pueblo.
Si bien el Fondo Monetario Internacional fue creado con el objetivo de ayudar a los países a de evitar estas profundas crisis económicas, con sus recetas parece empeorarlas.
¿Por qué:
El sector externo, las crisis de los 90 y las recetas de FMI
Las economías de América Latina tienen un problema estructural generado por la debilidad del Sector Externo. Para poder lograr el desarrollo económico, es necesario que los países puedan importar bienes de capital y tecnología, invertir en infraestructura y mejorar la equidad interna. Para lograr todo esto se necesitan dólares, los cuales vienen de las exportaciones. Pero, como las exportaciones, básicamente, se componen de materias primas, existen dos inconvenientes:
La oferta de productos primarios (comodities) es muy difícil de expandir;
Los precios no lo fijan los países vendedores, sino que se fijan en el mercado internacional por el juego de la oferta y la demanda.
Estas características hacen que la cantidad de dólares con la que puede contar un país no sea previsible en el tiempo y no hay nada que se pueda hacer como para controlar esa situación. Hasta aquí el problema estructural, pero ahora viene la explicación sobre cómo el FMI empeora las cosas: si bien la razón de ser del organismo debiera ser evitar las crisis externas, es el principal impulsor de la liberalización del mercado de capitales, lo que hace que los países queden más vulnerables a las corridas de capitales (como sucede ahora en Argentina).
Ante eventos externos como una suba de tasas de interés, por ejemplo en Estados Unidos o ante algún hecho que genere desconfianza, los inversores comienzan a retirar sus inversiones y llevarlas a los países con economías más fuertes, generando grandes problemas en las economías de países en desarrollo como Argentina o Ecuador. Entonces, el país debe seguir contrayendo deuda para financiar estas fugas, cuyos intereses se acumulan y los compromisos de pagos se vuelven cada vez más difíciles de cumplir, hasta que terminan en default.
En el proceso, se ajusta más y más el gasto público tratando de erradicar el déficit fiscal por un lado, pero por el otro lado se acumulan los intereses de deuda. Entonces se llega a un punto donde el país ya no puede cumplir con sus obligaciones de deuda y puede terminar en default. Esta es la historia de la mayoría de las crisis que sufrieron los países en desarrollo desde la década de los 70.
Conclusión:
Para hacerla corta, luego de casi 50 años ya deberíamos haber aprendido la lección: recurrir al Fondo Monetario Internacional no nos ayudará a salir de la crisis. Pero para no depender de este organismo, tenemos que aprender a ser ordenados, sobre todo en las épocas de bonanza y resistir a la tentación de incrementar el gasto de manera insostenible. En este sentido, hubo algunos países que lograron superar estos círculos viciosos, entre ellos se encuentra Chile. Para ello, se tuvieron que tomar medidas claras; leyes que obligan al gobierno de turno a cumplir con estricto control del déficit fiscal y también a ahorrar en tiempos de superávit, lo que les permitió encontrar una senda de crecimiento sostenido.
Como moraleja de esta historia que se repite una y otra vez, hay que saber que es preferible ir más lento en la senda de desarrollo y no retroceder cada 8 o 10 años.