elecciones 2027

La Corte Suprema toma el caso Insfrán y vuelve a poner límites a la reelección en Formosa

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La Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró su competencia originaria en la causa que cuestiona la reforma constitucional de Formosa y, con ella, la posibilidad de que Gildo Insfrán vuelva a postularse como gobernador en 2027. El máximo tribunal asumió así el control directo de una controversia que excede la disputa electoral provincial: pone nuevamente bajo análisis los límites constitucionales a la permanencia en el poder y el principio de alternancia republicana.

La demanda fue promovida por la Confederación Frente Amplio Formoseño, cuyos apoderados, Agostina Villaggi y Rodolfo Basques, solicitaron que se declare inconstitucional la Cláusula Transitoria Cuarta de la Constitución provincial. La norma fue incorporada durante la última reforma constitucional y establece que el mandato del gobernador y del vicegobernador que se encontraban en funciones al momento de la sanción debe computarse como su “primer mandato”.

La consecuencia política de esa disposición es determinante. Aunque la nueva Constitución limita a una sola reelección los mandatos de gobernador y vicegobernador, el mecanismo transitorio permite que Insfrán considere como primer mandato el actual y quede habilitado para competir nuevamente en 2027, en busca de un nuevo período que se extendería hasta 2031. El mismo criterio alcanzaría a Eber Solís, actual vicegobernador, quien podría aspirar nuevamente a uno de los dos principales cargos ejecutivos provinciales.

La Corte, integrada en esta resolución por Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti, dispuso correr traslado de la demanda a la Provincia de Formosa por 60 días. La decisión no implica todavía un pronunciamiento sobre la validez de la cláusula cuestionada, pero abre formalmente el proceso que deberá determinar si la reforma provincial logró adecuarse al orden constitucional nacional o si, por el contrario, creó una vía para eludir los límites establecidos por el propio tribunal.

El antecedente inmediato es especialmente relevante. En diciembre de 2024, la Corte Suprema había declarado inconstitucional el artículo 132 de la Constitución formoseña, que permitía la reelección indefinida del gobernador. En aquella oportunidad, el tribunal sostuvo que una permanencia sin límites podía otorgar a quien ejerciera el poder ventajas incompatibles con una competencia electoral equilibrada.

El argumento de fondo de la oposición ahora vuelve a apoyarse en ese precedente. Villaggi y Basques sostienen que la nueva cláusula transitoria no constituye una solución al problema señalado por la Corte, sino una forma de sortearlo mediante una nueva ingeniería constitucional. Según el planteo, al contabilizar el mandato vigente como el primero, la reforma permite que las actuales autoridades dispongan de una nueva oportunidad electoral que, en los hechos, prolongaría su permanencia en el poder.

La discusión jurídica se apoya además en los artículos 1, 5 y 123 de la Constitución Nacional y en el artículo 23 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. El eje del planteo no es solamente si una provincia puede establecer sus propias reglas electorales, sino hasta dónde llega su autonomía cuando esas reglas entran en tensión con los principios republicanos que integran el orden constitucional federal.

Ese punto convierte al expediente en algo más que una controversia sobre la candidatura de un gobernador. La cuestión de fondo es quién fija los límites de la autonomía provincial cuando una reforma constitucional local redefine las condiciones de acceso y permanencia en el poder. La respuesta de la Corte podría establecer un criterio con efectos que trasciendan a Formosa y funcionen como referencia para futuras reformas constitucionales y disputas sobre reelecciones en otras provincias.

El caso también vuelve a colocar en primer plano una tensión histórica del federalismo argentino. Las provincias tienen autonomía para organizar sus instituciones, elegir a sus autoridades y establecer sus sistemas electorales, pero esa autonomía no es absoluta: debe ejercerse dentro de los principios, derechos y garantías establecidos por la Constitución Nacional.

Para el sistema político formoseño, el proceso adquiere una dimensión inmediata. La eventual candidatura de Insfrán para 2027 queda ahora vinculada a una definición judicial que podría condicionar el escenario electoral provincial antes de que se formalicen las candidaturas. Para la oposición, la intervención de la Corte representa la posibilidad de que el máximo tribunal vuelva a revisar una fórmula que, a su criterio, contradice el espíritu de su fallo anterior. Para la provincia, en cambio, el proceso reabre el debate sobre el alcance de su poder constituyente y su autonomía institucional.

La instancia que comienza ahora tendrá, por lo tanto, una doble dimensión. En el corto plazo, deberá resolver si la cláusula transitoria que permite computar el mandato vigente como primero es compatible con la Constitución Nacional. En una perspectiva más amplia, la Corte tendrá la oportunidad de precisar hasta dónde puede llegar una reforma constitucional provincial cuando sus efectos pueden modificar las condiciones de alternancia en el poder.

El resultado será relevante para Formosa, pero también para el federalismo argentino. En definitiva, el expediente vuelve a poner frente al máximo tribunal una pregunta central para cualquier democracia constitucional: cómo garantizar que la voluntad popular se exprese libremente sin que las reglas diseñadas para organizar una elección terminen convirtiéndose en instrumentos para hacer indefinida la permanencia de quienes ya gobiernan.

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Passalacqua crece tras el terremoto político y se encienden señales de alarma para Milei

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El escenario político empieza a parecerse demasiado a la previa de 2023. Los gobernadores vuelven a construir una fortaleza propia mientras el poder presidencial atraviesa un ciclo de desgaste. Y cuando ambas curvas se separan, el calendario electoral deja de ser una cuestión administrativa para convertirse en una herramienta política.

La encuesta de agosto de CB Global Data ofrece una señal particularmente relevante para Misiones. Hugo Passalacqua quedó tercero entre los 24 gobernadores del país, con 53,4% de imagen positiva, solamente detrás de Rolando Figueroa, de Neuquén, con 55,7%, y Osvaldo Jaldo, de Tucumán, con 55,1%.

Pero el dato no está solamente en la posición. Está en el movimiento. Passalacqua tenía 52,6% en julio y llegó a 53,4% en agosto, una mejora de 0,8 punto porcentual. La medición se realizó entre el 10 y el 14 de agosto, sobre 1.059 casos en Misiones.

Es decir, la encuesta alcanzó a registrar los primeros efectos del terremoto político que modificó el tablero del oficialismo misionero, con Passalacqua tomando distancia de Carlos Rovira y construyendo el Movimiento por lo que Viene.

La primera evidencia demoscópica disponible indica que el sacudón no erosionó al Gobernador. Al contrario: Passalacqua salió fortalecido.

La ruptura produjo incertidumbre hacia adentro de la política, pero no aparece -al menos en esta primera medición- trasladándose como incertidumbre hacia la sociedad. El Gobernador mejora su valoración y permanece en el podio nacional.

La segunda fotografía misionera aparece en Posadas. Leonardo “Lalo” Stelatto sigue siendo uno de los intendentes mejor valorados de la Argentina: ocupa el tercer lugar nacional con 56,4% de imagen positiva, detrás de Susana Laciar, de San Juan capital, con 57,1%, y Jorge Jofré, de Formosa, con 56,8%.

Sin embargo, la tendencia es inversa a la de Passalacqua. Stelatto venía de 58,5% en julio y cayó a 56,4% en agosto: 2,1 puntos menos en un mes. La encuesta municipal se realizó sobre 499 casos en Posadas.

Los dos dirigentes misioneros continúan, de todos modos, en un lugar excepcional: Passalacqua es tercero entre los gobernadores y Stelatto tercero entre los principales intendentes relevados por CB.

El regreso de los gobernadores

La fotografía nacional es todavía más sugestiva. El peor gobernador del ranking de CB es Gildo Insfrán, de Formosa, con 40,7% de imagen positiva. Lo anteceden Ricardo Quintela, con 42,6%, y Axel Kicillof, con 44,2%.

Mientras tanto, Javier Milei cayó en agosto al 35,1% de aprobación a nivel nacional, contra 36,8% en julio. Su imagen negativa escaló a 62,8%. En el ranking latinoamericano de CB Global Data quedó 15º entre 18 presidentes, apenas por encima de José Raúl Mulino, Bernardo Arévalo y Delcy Rodríguez.

La comparación entre encuestas no debe hacerse como si fueran una única muestra -los relevamientos tienen universos y fechas diferentes-, pero políticamente deja una señal difícil de ignorar: hasta el gobernador ubicado último en el ranking argentino tiene cinco puntos más de valoración positiva que Milei en la medición presidencial nacional de CB.

Es una situación que recuerda a 2022 y 2023. Cuando la marca del Gobierno nacional comienza a convertirse en una carga, los gobernadores buscan provincializar la discusión. Separan gestión provincial de administración nacional, enfatizan agendas territoriales y, cuando el sistema institucional se los permite, separan también las urnas.

Eso ocurrió masivamente en 2023: la gran mayoría de las provincias desacopló sus comicios locales de la elección presidencial.

Si esta brecha entre gobernadores y Presidente se sostiene, desdoblar las elecciones probablemente vuelva a convertirse en la regla de 2027 y no en la excepción.

La dificultad para Milei es adicional porque su fortaleza electoral de 2023 tuvo una característica particular: construyó una mayoría presidencial prácticamente sin poder territorial propio.

La Libertad Avanza llegó a la Casa Rosada sin gobernadores. Milei pudo nacionalizar completamente aquella elección porque encarnaba el voto contra el sistema político existente.

Cuatro años después, si busca la reelección, la ecuación será distinta. Será el Presidente en ejercicio frente a gobernadores que pueden exhibir gestión, territorio, estructura y -según las mediciones actuales- mejores niveles de valoración personal.

La comparación regional agrega presión. En marzo Milei todavía aparecía octavo en el ranking latinoamericano de CB, con 46,8% de imagen positiva. Ahora registra 35,1% y ocupa el puesto 15.

En agosto perdió otros 1,7 puntos porcentuales respecto de julio.

Misiones, un territorio difícil para Milei

En Misiones, donde Milei ganó sin pisar el territorio, esa dificultad venía apareciendo antes de agosto. La medición provincial de CB difundida en junio ubicaba a Milei con 36,2% de imagen positiva y 60,4% negativa en la provincia. Dentro del NEA, Corrientes registraba 38,5% de aprobación presidencial, Entre Ríos -incluido en aquella comparación regional ampliada- 37,6%, Chaco 33,1% y Formosa apenas 21,2%.

Passalacqua llega a agosto con 53,4% y tendencia ascendente, mientras la última medición provincial localizada de Milei mostraba un respaldo considerablemente menor.

Eso condiciona cualquier estrategia libertaria para 2027.

Misiones fue históricamente un distrito donde la política provincial logró diferenciar el voto local del nacional. El elector puede acompañar una opción para la Presidencia y otra completamente distinta para la Gobernación. Con una administración provincial que conserva niveles altos de aprobación, esa capacidad de desacople vuelve a adquirir valor.

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“La gente no se equivocó”: el peronismo federal aterrizó en Misiones con autocrítica, internas y la mira puesta en 2027

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“La gente no se equivocó en 2023. Los equivocados fuimos nosotros”.

La frase, pronunciada por Juan Manuel Olmos durante el encuentro del peronismo federal en Posadas, condensa probablemente el dato político más relevante de la jornada. No fue una defensa de la derrota ni una explicación retrospectiva sobre por qué Javier Milei llegó a la Casa Rosada. Fue algo más incómodo: una admisión de responsabilidad.

El peronismo que desembarcó en Misiones decidió no hablarle a la sociedad desde el lugar de quien espera que el gobierno de Milei fracase para recuperar el poder. El planteo fue otro: si quieren volver a gobernar en 2027, primero tienen que entender por qué perdieron en 2023.

Y ahí aparece la autocrítica.

Olmos, presidente del PJ porteño, fue directo. Admitió que las peleas internas, las diferencias al momento de gobernar y la incapacidad para resolver esas discusiones contribuyeron a que el oficialismo de entonces perdiera la posibilidad de continuar. “Si nosotros pensamos que la gente se equivocó, los equivocados somos nosotros”, insistió.

Para el dirigente, el peronismo cometió un error político elemental: confundió la representación de su propia estructura con la representación de la sociedad. El resultado fue un espacio que conservaba militancia, dirigentes y aparato, pero que había perdido capacidad para explicar hacia dónde quería llevar al país.

Ese diagnóstico tiene una consecuencia inmediata: no alcanza con esperar el desgaste de Milei.

Guillermo Michel, diputado nacional y uno de los dirigentes que busca darle forma a una construcción peronista federal, lo puso en otros términos. “El peronismo todavía es visto como oposición, no como alternativa”. Y mientras permanezca en ese lugar, puede acumular críticas pero no necesariamente votos.

La salida que propone es bastante menos épica y mucho más difícil: volver a hablar con la gente.

No con los propios. No con las estructuras. No con las internas. Con la gente.

Michel planteó que los problemas que atraviesan a las familias son bastante más concretos que las discusiones partidarias: tarifas, combustible, empleo, caída del consumo, importaciones y pérdida del poder adquisitivo. El desafío consiste en demostrar que el peronismo tiene respuestas para esos problemas y no solamente argumentos para cuestionar al Gobierno nacional.

La diferencia entre oposición y alternativa empieza exactamente ahí.

Porque decir que Milei está equivocado puede ser políticamente sencillo. Explicar qué haría el peronismo en su lugar es bastante más complejo.

Olmos planteó, en ese sentido, una secuencia que puede convertirse en la hoja de ruta del espacio: primero discutir un programa, después construir propuestas concretas y finalmente definir quién está en mejores condiciones de representarlas. Incluso defendió la utilización de una primaria abierta como mecanismo para seleccionar candidaturas y otorgar legitimidad.

La idea es casi una impugnación a la vieja política de acuerdos cerrados. El dirigente reconoció que las PASO muchas veces no fueron utilizadas porque las estructuras partidarias prefirieron resolver candidaturas mediante acuerdos internos. El problema, según su lectura, es que esa metodología puede garantizar unidad entre dirigentes, pero no necesariamente legitimidad frente a la sociedad.

En otras palabras: primero el programa, después el candidato.

Y recién después, el voto.

Misiones, en el radar

La elección de Posadas para esta escala del peronismo federal tampoco es un detalle menor.

La delegación estuvo integrada por Victoria Tolosa Paz, Guillermo Michel, Juan Manuel Olmos, Federico Achával y Emir Félix, y mantuvo reuniones tanto con el gobernador Hugo Passalacqua como con la nueva conducción del PJ Misiones, encabezada por Christian Humada.

No hubo anuncio de una alianza electoral. Tampoco podía esperarse eso en esta etapa.

Pero hubo algo políticamente más interesante: reconocimiento mutuo y apertura de canales.

Para el peronismo nacional, Misiones tiene una particularidad que la diferencia del resto del mapa: un oficialismo provincial con identidad propia, una estructura política consolidada y una histórica capacidad para negociar con Buenos Aires sin quedar subordinado completamente a los grandes espacios nacionales.

Para el PJ misionero, en tanto, la visita sirve para reposicionarse dentro de la conversación nacional y mostrar que su reorganización no ocurre aislada de lo que sucede en el resto del país.

Christian Humada lo dejó claro: el objetivo es recuperar territorio, completar la estructura partidaria y preparar al PJ para 2027. Según explicó, ya hay más de 50 consejos municipales conformados y el partido trabaja para completar los restantes.

Pero además dejó una puerta abierta que será observada con atención en la política provincial: “el peronismo misionero mantiene su vocación frentista” y no descarta construir una alianza electoral amplia.

Ahí aparece una de las preguntas que inevitablemente sobrevoló la jornada: ¿puede haber un acercamiento entre el PJ y el gobierno de Passalacqua?

La respuesta oficial fue prudente. No hubo conversaciones formales, aunque Humada admitió que eventualmente habrá que sentarse a hablar con todos los actores.

La política misionera, como suele suceder, parece transitar por carriles propios.

De la rosca al problema concreto

Tolosa Paz buscó correr la discusión del terreno estrictamente electoral y puso el acento en la reconstrucción partidaria. Su diagnóstico fue que el PJ perdió participación interna, afiliados y capacidad de debate.

La apuesta consiste en volver a abrir el partido, incorporar militantes, formar cuadros y recuperar una estructura que no aparezca únicamente cuando hay elecciones.

También defendió la construcción de una agenda federal y destacó iniciativas que involucran directamente a Misiones.

Entre ellas aparece el proyecto para reducir el IVA sobre la mandioca y sus derivados, impulsado por el diputado misionero Oscar Herrera Ahuad. Los legisladores del espacio anticiparon su acompañamiento, convirtiendo una demanda productiva provincial en un ejemplo concreto de la agenda que pretenden llevar al Congreso.

El gesto tiene una lectura política evidente: para que el federalismo no quede reducido a una consigna, tiene que traducirse en proyectos que impacten sobre la economía real de las provincias.

Y en Misiones, la agenda económica tiene una palabra inevitable: energía.

Humada planteó que el costo energético constituye uno de los principales obstáculos para la producción y la radicación industrial, especialmente porque la provincia no está conectada a la red nacional de gas.

La discusión sobre tarifas, energía y competitividad puede convertirse así en uno de los puntos donde una eventual agenda federal encuentre terreno común.

Achával y el problema de fondo: trabajar y seguir siendo pobre

Federico Achával llevó la discusión hacia otro terreno: el trabajo.

El intendente de Pilar planteó una contradicción que atraviesa buena parte de la discusión económica actual. Si una persona trabaja 15, 16 o 18 horas y aun así no consigue llegar a fin de mes, el problema deja de ser únicamente cuánto gana: se rompe la idea misma del trabajo como mecanismo de movilidad social.

Para el dirigente, esa ruptura también afecta la transmisión de valores hacia las nuevas generaciones.

La reconstrucción peronista, sostuvo, debería volver a colocar en el centro el trabajo y la educación, pero no como consignas históricas sino como instrumentos concretos para reconstruir movilidad social.

Es allí donde el peronismo intenta encontrar una nueva narrativa: no regresar al pasado, sino explicar qué quiere hacer con el futuro.

El dirigente del Centro de Empleados de Comercio, Benigno Gómez, aportó desde el sindicalismo una lectura todavía más cruda del cambio social. Señaló que la situación económica ya no puede analizarse solamente desde indicadores macroeconómicos y advirtió sobre el impacto del endeudamiento de las familias, la pérdida de capacidad de consumo y las dificultades para afrontar gastos cotidianos.

Ese cambio en la percepción social también explica por qué la nueva estrategia peronista busca recuperar la militancia territorial. Michel lo resumió al señalar que para ganar elecciones no alcanza con la discusión partidaria: hay que volver a caminar las calles y escuchar a los vecinos. La prioridad, sostuvo, debe ser hablar de los problemas de la gente.

La verdadera autocrítica

El dato político de la visita a Posadas no es que dirigentes peronistas hayan criticado a Milei. Eso era previsible.

Tampoco es que hayan comenzado a preparar 2027. Eso también era inevitable.

Lo que cambia el tono es otra cosa.

Por primera vez con una claridad poco habitual, parte del peronismo empieza a decir que el problema de 2023 no estuvo exclusivamente en el adversario, en los medios, en la economía o en el votante. Estuvo también dentro del propio peronismo.

La sociedad no estaba obligada a votar al peronismo.

Y mucho menos a hacerlo para evitar que ganara Milei.

Ese reconocimiento puede ser políticamente más potente que cualquier encuesta.

Porque si la derrota fue responsabilidad de otros, no hay nada que corregir. Pero si los errores fueron propios, entonces hay trabajo por delante.

Y ese trabajo empieza por dejar de hablarle al peronismo para empezar a hablarle nuevamente a la sociedad.

Michel lo sintetizó con otra definición: el espacio debe salir de la “rosca partidaria” y volver a caminar las calles. Olmos agregó la otra parte de la ecuación: discutir un programa, construir soluciones y elegir al candidato mediante un mecanismo que tenga legitimidad.

Es una apuesta ambiciosa.

También es una apuesta obligada.

Porque el peronismo puede aprovechar el desgaste de Milei y aun así perder 2027 si la sociedad no lo considera una alternativa confiable.

En Posadas, entonces, no solamente se discutió la reconstrucción de un partido.

Se discutió algo bastante más incómodo: cómo hacer para que quienes votaron contra el peronismo en 2023 vuelvan a considerar que el peronismo puede gobernar.

Y para eso, el primer paso parece ser admitir que aquellos votantes no se equivocaron.

Los que tienen que cambiar son ellos.

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El riesgo país volvió a 500 puntos

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El riesgo país argentino volvió a tocar los 500 puntos básicos y marcó un brusco cambio de clima para los activos locales. El indicador elaborado por JP Morgan avanzó 3,5% durante la rueda, frente a los 489 puntos del cierre anterior, y acumuló una suba superior al 17% en agosto. El dato adquiere relevancia porque apenas semanas atrás el mercado especulaba con una compresión hacia los 400 puntos y una eventual reapertura del financiamiento internacional.

La corrección no responde a un único factor. La mayor aversión global al riesgo, la prolongación de la tensión geopolítica en Medio Oriente, el incremento de las tasas largas de los bonos del Tesoro de Estados Unidos y un escenario doméstico atravesado por la proximidad electoral confluyen para elevar la prima que los inversores exigen para mantener deuda argentina.

A nivel local, el deterioro de los bonos soberanos constituye uno de los principales canales de transmisión. Los Bonares y Globales registraron bajas de hasta 2,4% en la jornada y acumularon retrocesos de hasta 4,3% durante agosto. Al mismo tiempo, el rendimiento de los bonos estadounidenses a 30 años superó el 5%, elevando la tasa libre de riesgo que funciona como referencia para la valuación de los activos emergentes.

El mercado también comenzó a incorporar con mayor intensidad una variable que hasta hace algunos meses parecía lejana: el riesgo político asociado al proceso electoral de 2027. La discusión ya no pasa solamente por la capacidad del Gobierno para sostener el equilibrio fiscal, sino por la posibilidad de mantener el actual programa económico y su respaldo político después de las elecciones.

Gabriel Bagattini, asesor financiero de Finanzas con Gabriel, planteó que confluyen un escenario internacional más adverso y factores propios de Argentina, entre ellos la cercanía de las elecciones y las dudas sobre la velocidad con la que el país podrá recuperar plenamente el acceso al financiamiento internacional.

Alejandro Bianchi, CEO de AsesorDeInversiones.ar, sostuvo que el mercado comenzó a incorporar nuevamente el riesgo político-electoral. Según su lectura, los inversores adelantaron varios meses una discusión que originalmente podía esperarse para comienzos de 2027: cuál será el respaldo político al Gobierno y, en consecuencia, qué probabilidad existe de continuidad del esquema económico luego de las elecciones.

El deterioro de los indicadores de confianza agrega una señal de alerta. El Índice de Confianza en el Gobierno elaborado por la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella se ubicó en julio en 1,94 puntos sobre una escala de 0 a 5, con una caída mensual de 6,5% y el registro más bajo de la actual gestión. A su vez, un informe del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA señaló que el 61% de los encuestados apoyaba un cambio de gobierno para 2027.

La otra variable doméstica que observa el mercado es el ritmo de acumulación de reservas. Durante agosto continuaron las compras del Banco Central, pero a un ritmo considerablemente inferior al de julio: el promedio diario se ubicó en torno a los US$28 millones, frente a los US$103 millones del mes anterior, con un acumulado de US$249 millones hasta el jueves señalado en el análisis de mercado.

Ese menor ritmo de compras importa porque las reservas constituyen uno de los principales respaldos que los inversores utilizan para evaluar la capacidad de pago futura. Argentina mantiene vencimientos significativos de deuda en moneda extranjera, particularmente concentrados hacia 2027, mientras todavía no recuperó plenamente el acceso normal a los mercados internacionales de capitales.

Rafael Di Giorno, de Proficio, resumió esa lectura al señalar que el Banco Central dejó de comprar dólares a un ritmo significativo como el observado hasta un mes atrás y que, en el escenario actual, desapareció parte de los factores que habían impulsado la compresión del riesgo país.

La dimensión internacional amplifica el movimiento. El incremento de las tasas largas de los Treasuries estadounidenses encarece el costo de oportunidad de invertir en activos emergentes y reduce el atractivo relativo de instrumentos de mayor riesgo. Para Argentina, cuyo mercado soberano continúa presentando una elevada sensibilidad a los cambios en el apetito global, ese movimiento tiene un impacto mayor.

Brasil también aparece como una variable regional a seguir. El real mantiene una evolución favorable en el año, pero comienza a incorporar mayor incertidumbre frente a su propio proceso electoral y a las dudas sobre la trayectoria fiscal futura. Para los activos argentinos, una mayor aversión global al riesgo puede amplificar la volatilidad precisamente por la elevada sensibilidad del crédito soberano.

En paralelo, las acciones argentinas que cotizan en Wall Street acompañaron el deterioro general. Corporación América cayó 5,5%, BBVA retrocedió 3,8% y Edenor perdió 3,2%, mientras Globant avanzó 1,9% y Mercado Libre 1%. En la Bolsa porteña, el índice Merval cedió 1,2% hasta los 2.914.141,17 puntos y, medido en dólares, retrocedió 1,7%, hasta los US$1.844,56.

Entre las acciones locales, BBVA registró una caída de hasta 4,2%, mientras YPF se movió en sentido contrario y avanzó 2,5%. La dispersión entre papeles muestra que el ajuste no afecta de manera homogénea a todas las compañías y que factores específicos de cada empresa continúan teniendo peso aun dentro de un escenario financiero adverso.

La pregunta central para el mercado es si los 500 puntos representan una interrupción transitoria de la tendencia descendente o el comienzo de una recomposición más persistente de la prima de riesgo. Bagattini consideró que el nivel actual no implica todavía un cambio estructural, dado que Argentina continúa muy por debajo de los registros de riesgo observados años atrás. La señal relevante, en cambio, será la capacidad del indicador para estabilizarse o continuar escalando.

Bianchi coincide en que el movimiento no implica necesariamente un deterioro sustancial de los fundamentos fiscales. Argentina conserva una posición fiscal y externa más ordenada que en períodos anteriores y, además, Fitch y S&P elevaron recientemente la calificación soberana desde CCC+ hasta B-. Sin embargo, con un riesgo país en torno a 500 puntos, el mercado comienza a mirar menos el ajuste ya realizado y más la capacidad política e institucional para sostenerlo durante 2027.

Ese cambio de foco es posiblemente el dato más relevante de la rueda. La discusión financiera argentina empieza a desplazarse desde la corrección de los desequilibrios heredados hacia la credibilidad de su continuidad. Para el Gobierno, sostener la estabilidad macroeconómica ya no alcanza por sí solo: el mercado exige señales sobre reservas, financiamiento, deuda y, cada vez más, sobre la capacidad de convertir el programa económico en una política sostenible más allá del calendario electoral.

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Caputo anticipó inversiones por hasta US$50.000 millones y aseguró que no habrá tensión cambiaria en 2027

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El ministro de Economía, Luis Caputo, eligió la Bolsa de Comercio de Córdoba para transmitir una señal de confianza sobre el horizonte económico argentino: anticipó nuevos anuncios de inversiones bajo el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) por hasta US$50.000 millones y aseguró que el flujo de dólares permitirá atravesar 2027, un año marcado por las elecciones presidenciales, sin las tensiones cambiarias que caracterizaron otros ciclos electorales.

La magnitud del anuncio permite dimensionar el rol que el Gobierno pretende asignarle al RIGI. Caputo explicó que hasta ahora fueron aprobados 23 proyectos por US$49.766 millones, sobre un universo de 43 iniciativas presentadas por US$148.229 millones. Es decir, los proyectos aprobados representan aproximadamente un tercio de las inversiones postuladas, según los datos expuestos por el ministro.

“Esto es solamente de los RIGI que hemos aprobado, que son un tercio de la totalidad”, sostuvo Caputo ante empresarios cordobeses. Y anticipó que próximamente se conocerán nuevos proyectos que podrían llevar el monto de inversiones a una escala de hasta US$50.000 millones adicionales.

El dato relevante para la economía argentina no reside solamente en el volumen anunciado, sino en su potencial efecto sobre el flujo futuro de divisas. El Gobierno busca que las grandes inversiones vinculadas a energía, minería, infraestructura y otros sectores estratégicos generen una oferta de dólares capaz de acompañar el crecimiento de la actividad sin reproducir los ciclos de escasez cambiaria que históricamente terminaron en restricciones, devaluaciones o crisis externas.

Sobre ese punto, Caputo fue categórico al descartar un escenario de turbulencias cambiarias en 2027. “El flujo de dólares es cada vez más alto, esto garantiza que no vamos a tener problemas en el tipo de cambio, como supimos tener en el pasado”, afirmó. Para el ministro, el ingreso creciente de inversiones permitirá que la economía llegue al próximo proceso electoral con una posición externa diferente a la de otros años electorales.

La apuesta supone, de todos modos, una condición central: que los proyectos anunciados se transformen efectivamente en desembolsos, producción, exportaciones y generación de empleo. La diferencia entre capital comprometido y capital efectivamente invertido será uno de los indicadores determinantes para evaluar si el RIGI consigue convertirse en una herramienta estructural de expansión de la capacidad productiva argentina.

Caputo también utilizó su exposición para abordar uno de los problemas menos visibles de la economía argentina: la persistencia de la desconfianza. A 25 años del corralito, el ministro sostuvo que aquella experiencia todavía influye en las decisiones financieras de los hogares y explicó que una parte de los argentinos mantiene dólares fuera del sistema bancario por temor a que una nueva crisis vuelva a restringir el acceso a sus depósitos.

“Nos han estado haciendo bullying por años”, resumió, al referirse a una cultura económica construida alrededor del miedo a la moneda nacional, los bancos y las instituciones. Su diagnóstico es que la dolarización de los ahorros no puede entenderse únicamente como una preferencia financiera, sino también como el resultado acumulado de crisis, confiscaciones, controles y cambios abruptos en las reglas de juego.

La reconstrucción de esa confianza aparece así como uno de los desafíos centrales de la política económica. Una economía puede estabilizar determinadas variables macroeconómicas, pero si los hogares y las empresas continúan actuando bajo la premisa de que las reglas pueden cambiar de manera repentina, el ahorro permanece fuera del sistema, el crédito se encarece y la inversión pierde profundidad.

En su lectura, las crisis argentinas tampoco fueron exclusivamente fenómenos económicos. Caputo sostuvo que detrás de cada desequilibrio que terminó en una crisis hubo decisiones políticas que evitaron abordar los problemas estructurales. Desde esa perspectiva, el objetivo oficial consiste en modificar esa dinámica mediante estabilidad macroeconómica, disciplina fiscal y reglas que permitan recuperar previsibilidad.

El ministro trasladó esa misma lógica al debate sobre la industria, aunque con una interpretación que vuelve a generar controversia. Cuestionó el desempeño del sector durante los años de tarifas subsidiadas y sostuvo que, pese a los niveles de protección y subsidios, la industria cayó alrededor de 10%, al igual que otros sectores como el comercio y la construcción.

La discusión plantea una cuestión que excede la disputa política sobre si la industria está creciendo o cayendo: qué modelo productivo puede sostenerse cuando los costos internos se encuentran desacoplados de los precios internacionales y qué condiciones necesita la producción argentina para competir sin depender indefinidamente de subsidios.

Caputo argumentó que durante años se utilizaron recursos equivalentes a cerca de 15 puntos del Producto Interno Bruto sin que ese esfuerzo se tradujera en una infraestructura acorde. Su crítica apunta a que el gasto público no logró generar una plataforma suficiente para reducir costos logísticos y mejorar la productividad.

El Gobierno pretende modificar esa ecuación mediante una mayor participación privada en infraestructura. Caputo anticipó que en los próximos dos años podría registrarse un cambio significativo en la infraestructura nacional a partir de las concesiones de rutas y del financiamiento de organismos multilaterales canalizado en conjunto con las provincias.

El vínculo con los gobernadores ocupa un lugar creciente en la estrategia del ministro. Después de las elecciones legislativas de 2025, Caputo reconoció la necesidad de involucrarse más directamente en la negociación política y comenzó a participar con mayor frecuencia de las reuniones de la mesa política de Casa Rosada y de actividades en el interior del país. La visita a Córdoba y el viaje previsto a Catamarca junto al jefe de Gabinete, Diego Santilli, forman parte de esa nueva dinámica.

El dato político no es menor: la construcción de infraestructura requiere coordinación con provincias que, en muchos casos, están gobernadas por dirigentes de espacios opositores al Gobierno nacional. Caputo destacó precisamente esa convivencia institucional como una condición posible cuando existe un objetivo compartido de desarrollo.

Para el Norte Grande, donde la infraestructura energética y vial constituye uno de los principales reclamos de los gobernadores, esa coordinación puede adquirir una dimensión concreta. El desafío será transformar el diálogo político en proyectos financiables, obras ejecutables y una reducción verificable de los costos que hoy limitan la competitividad de las economías regionales.

La exposición de Caputo también tuvo un capítulo electoral. El ministro descartó que el kirchnerismo pueda regresar al poder y cuestionó las posibilidades de una eventual candidatura presidencial del gobernador bonaerense Axel Kicillof. Su argumento se apoyó en las dificultades que, según planteó, existen para construir una confluencia entre Kicillof, Cristina Kirchner, La Cámpora, Sergio Massa y los gobernadores vinculados al peronismo.

Sin embargo, el núcleo económico de su mensaje estuvo lejos de esa disputa. Caputo buscó instalar que 2027 no será necesariamente otro año de tensión cambiaria y que el Gobierno no recurrirá a un esquema de estímulo fiscal de corto plazo para obtener rédito electoral. La apuesta oficial es que el crecimiento, la inversión y la estabilidad sean los factores que construyan expectativas positivas.

El verdadero test de esa estrategia será su capacidad para trasladar la mejora macroeconómica a la microeconomía. El ingreso de capitales puede ampliar la capacidad productiva; el RIGI puede acelerar inversiones; las concesiones pueden mejorar infraestructura y el equilibrio fiscal puede reducir la vulnerabilidad externa. Pero el impacto social dependerá de que esas variables terminen expresándose en más empleo privado, salarios reales, crédito, productividad y oportunidades para las empresas argentinas.

La promesa de Caputo para 2027, en definitiva, no se reduce a que “no falten dólares”. Implica que la Argentina consiga transformar esos dólares en inversión productiva y que la inversión se traduzca en una economía con mayor capacidad de generar riqueza sin volver a depender de ciclos de endeudamiento, emisión o restricciones cambiarias. Allí estará la diferencia entre una estabilización transitoria y un cambio estructural.

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