elecciones 2027

Arrúa y Ruiz participaron de un encuentro federal con Quintela

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La discusión sobre el federalismo y la construcción de una alternativa política de cara a 2027 reunió en Buenos Aires a integrantes de la Liga de Intendentes con el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela. Del encuentro participaron también los diputados misioneros Alberto Arrúa y Yamila Ruiz, quienes llevaron al debate la mirada del Norte argentino sobre el escenario económico.

La reunión tuvo lugar en la Quinta de San Vicente y se desarrolló bajo una consigna que marca el horizonte político del espacio: “Federalismo y una alternativa para 2027”. El planteo coloca en el centro la relación entre las provincias y el Gobierno nacional, en un contexto de fuertes discusiones sobre el impacto territorial de las decisiones económicas de la administración de Javier Milei.

Arrúa, uno de los referentes misioneros presentes en el encuentro, expresó su preocupación por la situación económica y por sus efectos sobre las economías regionales y las familias. “Estamos muy preocupados por la crisis que están provocando las medidas económicas de Javier Milei, está destruyendo a las economías regionales y cada hogar de la Argentina”, sostuvo el legislador.

La presencia de Arrúa y Ruiz incorpora a Misiones a una conversación política que busca ampliar su dimensión federal. Para la provincia, el debate sobre las economías regionales tiene una importancia particular, dado el peso de las actividades productivas y de los mercados de frontera en su estructura económica.

El encuentro con Quintela se inscribe así en una etapa de reacomodamiento político en la que distintos sectores comienzan a discutir alternativas para el escenario de 2027. La referencia al federalismo funciona como eje común para dirigentes provinciales que buscan poner en agenda el impacto diferencial que tienen las políticas nacionales sobre los territorios.

Para Misiones, la participación de sus representantes permite además incorporar al debate la perspectiva de una provincia del NEA, donde la distancia de los principales centros de consumo y producción, la estructura de costos y la dinámica fronteriza agregan particularidades al escenario económico.

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Kicillof en Misiones: “Es tiempo de  construir una alternativa amplia a Milei”

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La visita de Axel Kicillof a Misiones combinó gestión, producción, educación y política. El gobernador de Buenos Aires llegó a Posadas para desarrollar una agenda institucional junto al Gobierno provincial, recorrer experiencias de innovación misioneras y avanzar en convenios de cooperación, pero también dejó definiciones que empiezan a delinear su posición frente al escenario nacional y la discusión política hacia 2027.

La cuestión yerbatera ocupó un espacio central en su análisis económico. Kicillof trazó un paralelo entre la situación de los productores misioneros y diferentes economías regionales bonaerenses afectadas por la caída del consumo y la desregulación.

Su cuestionamiento apuntó directamente a la política nacional aplicada sobre el Instituto Nacional de la Yerba Mate. Recordó que durante su gestión como ministro de Economía de la Nación participó del esquema de determinación del precio de la materia prima y sostuvo que, en cadenas productivas con fuertes asimetrías, el Estado debe intervenir para equilibrar el poder entre los distintos actores.

Si no se determina un precio que permita distribuir al interior de la cadena a quién le va una parte del ingreso, obviamente el que sufre es el que menos poder tiene”, afirmó.

Kicillof sostuvo que la desregulación no elimina las relaciones de poder sino que fortalece al actor con mayor capacidad de negociación. “Cuando uno la ve en concreto, se trata de que el Estado se corra y entonces quede una especie de imperio del más fuerte”, planteó.

También utilizó como referencia la caída del precio de la hoja verde. Según relató después de conversar con el gobernador Hugo Passalacqua, dos años atrás los productores reclamaban alrededor de 505 pesos por kilo y actualmente reciben cerca de 250 pesos, una evolución que calificó como de “desastre” para el sector.

“La macro es la suma de las micros”

La definición económica más fuerte de la conferencia apareció cuando Kicillof cuestionó la idea de que la Argentina pueda exhibir buenos indicadores macroeconómicos mientras empresas, trabajadores y consumidores atraviesan dificultades.

¿Qué es la macro si no la suma de todas las micro?”, preguntó. Y agregó: “No puede haber una macro bien y una micro toda mal. Y la micro es la vida de la gente”.

Desde esa perspectiva, rechazó la tesis de que el deterioro del consumo y de la producción sea una etapa transitoria necesaria para alcanzar posteriormente una recuperación. Según Kicillof, el esquema económico combina salarios deprimidos, atraso cambiario, tasas de interés elevadas, energía cara y apertura importadora, factores que afectan simultáneamente a las familias y al aparato productivo.

El gobernador mencionó como resultado de ese proceso la pérdida de 411.000 puestos de trabajo y el cierre de 30.000 empresas desde el inicio del actual Gobierno nacional, cifras que utilizó para argumentar que la crisis ya atraviesa al sector privado que la desregulación prometía beneficiar.

Para explicar su cuestionamiento al programa antiinflacionario recurrió a una referencia a John Maynard Keynes. Sostuvo que reducir la inflación mediante la contracción de la actividad, el crédito y el consumo puede generar una aparente estabilidad, pero comparó ese resultado con “la paz de los cementerios”: una economía donde los precios pueden desacelerarse porque la actividad está paralizada.

“Este modelo no le sirve a nadie”

Kicillof extendió el diagnóstico desde Misiones hacia el resto de las provincias. Mencionó problemas en las economías regionales, la industria forestal, la construcción y las exportaciones y puso como ejemplo al té misionero, cuya competitividad atribuyó también a las condiciones cambiarias.

Su argumento fue que los problemas que observa en Misiones se reproducen, con diferentes actividades, en Buenos Aires, Chaco, Corrientes y otras provincias.

Este modelo no le sirve a nadie”, resumió al referirse al deterioro industrial. La afirmación surgió después de describir cierres fabriles incluso en pequeñas localidades del interior bonaerense y de señalar que Buenos Aires concentra aproximadamente la mitad de la industria argentina.

La relación con Brasil fue otro de los puntos utilizados para diferenciarse de la política exterior del Gobierno nacional.

Kicillof sostuvo que la política internacional debe organizarse alrededor de los intereses económicos y estratégicos argentinos y no de afinidades ideológicas personales entre presidentes.

“No estoy de acuerdo con pelearse con Brasil”, afirmó. Aclaró que su planteo excede su relación con Luiz Inácio Lula da Silva: “El problema es qué hace Argentina sin Brasil”. Cuestionó además que las diferencias políticas entre gobiernos puedan deteriorar la relación con el principal socio regional de la Argentina.

La visita tuvo inevitablemente una lectura electoral. Consultado sobre una eventual candidatura presidencial en 2027 y posibles acuerdos políticos con sectores misioneros, Kicillof evitó confirmar cualquier postulación.

“Las dos cosas son prematuras”, respondió. Definió 2026 como “un año para construir” y sostuvo que una candidatura individual no debería anteponerse a la conformación de una alternativa política.

La definición permite observar, sin embargo, el tipo de construcción que propone. Kicillof planteó que el espacio opositor debería trascender las fronteras tradicionales del peronismo e incorporar dirigentes y sectores provenientes de diferentes tradiciones políticas.

“No quiero anteponer ni una candidatura ni una campaña electoral a una construcción que tiene que ser desde abajo y desde las provincias”, sostuvo.

Más adelante profundizó esa idea. Consideró que todavía es temprano para determinar frentes y candidaturas y propuso reemplazar por ahora esa discusión por “una convocatoria más amplia”.

En esa construcción enumeró expresamente a estudiantes, investigadores, jubilados, productores e industriales, además de las distintas expresiones políticas que cuestionan el rumbo económico nacional.

Kicillof también se pronunció contra la eliminación de las PASO nacionales. Interpretó la iniciativa oficial como parte de una estrategia política vinculada con la reelección de Javier Milei y sostuvo que las primarias podrían funcionar como una herramienta para organizar una oposición más amplia.

El gobernador bonaerense afirmó que todavía no está definido si su espacio utilizaría las PASO, pero consideró incorrecto eliminarlas anticipadamente. Según su lectura, las primarias podrían permitir ordenar distintas alternativas dentro del peronismo o incluso de una coalición que lo exceda.

Exportación de biotecnología

Uno de los datos económicos más concretos de la jornada surgió en la Biofábrica de Misiones. La provincia profundizará la transferencia de biotecnología hacia Buenos Aires mediante la instalación de un Phytolab destinado al desarrollo y multiplicación de kiwi en Miramar, una nueva expresión de la capacidad misionera para exportar conocimiento, procesos y tecnología aplicada a la producción.

Kicillof destacó especialmente esa experiencia. Recordó que Buenos Aires ya trabaja con tecnología desarrollada en Misiones y señaló que existen proyectos vinculados con Mercedes y Miramar. La experiencia bonaerense, explicó, utiliza conocimiento y manejo transferidos desde la Biofábrica misionera para trabajar con especies nativas y producciones como alcaucil, batata, bromelias y kiwi.

Para el mandatario bonaerense, además, el modelo constituye una demostración del papel que pueden desempeñar el Estado, las universidades y el sistema científico en el desarrollo productivo. Vinculó expresamente la tecnología que observó en Misiones con investigaciones del CONICET y de universidades públicas y destacó el trabajo de científicos y técnicos argentinos.

La incorporación del Phytolab amplía esa relación. La tecnología desarrollada por Biofábrica permitirá avanzar en Miramar con herramientas de propagación vegetal y mejoramiento de las condiciones productivas del kiwi, trasladando conocimiento generado en Misiones hacia otra economía regional argentina.

La operación tiene además un valor simbólico: muestra a Misiones no solamente como productora de materias primas, sino como exportadora de tecnología y conocimiento aplicado al agro.

Antes de llegar a Biofábrica, Kicillof recorrió la Escuela de Innovación, otra experiencia que despertó elogios del gobernador. Destacó el modelo pedagógico, el protagonismo de los estudiantes y la posibilidad de generar intercambios entre los sistemas educativos de ambas provincias. Según explicó, se llevó ideas para analizar junto con las autoridades educativas bonaerenses y misioneras.

Ese recorrido sirvió además para uno de los argumentos centrales de su visita: la defensa de la capacidad estatal para innovar. Para Kicillof, tanto la Escuela de Innovación como Biofábrica muestran que lo público puede producir conocimiento, experimentar con nuevos modelos y trasladar soluciones concretas hacia la producción.

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Klimiuk tras reunirse con Jorge Brito: “Necesitamos una política nacional que genere valor agregado y empleo”

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El empresario misionero Jhonny Klimiuk, vinculado a la producción y exportación de yerba mate y té, puso sobre la mesa una discusión que comienza a ganar espacio entre sectores empresarios: cómo transformar las demandas productivas en una agenda política capaz de generar empleo, inversión y valor agregado.

Klimiuk, junto a Juan Manuel Zorraquin, fue uno de los impulsores del almuerzo de trabajo realizado el viernes en Puerto Iguazú con Jorge Pablo Brito y más de veinte empresarios, profesionales y referentes de diferentes actividades económicas de Misiones. El encuentro se produjo en paralelo a la presencia de Brito en la ciudad de las Cataratas, donde participó como expositor del 47° Congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF).

En diálogo con Radio El Pueblo, durante el programa Audiodinámica, conducido por Pepe Levy, Klimiuk explicó que la convocatoria nació desde el sector privado y buscó abrir una conversación que excediera la coyuntura económica inmediata.

“Yo no estoy involucrado en la política partidaria, siempre estuve desde el sector privado. El pasado viernes tuvimos la oportunidad de estar con Jorge Brito, compartimos una mesa de diálogo político y de gestión”, señaló.

Uno de los ejes del encuentro fue la necesidad de revisar el perfil productivo argentino. Para Klimiuk, el desafío no pasa únicamente por aumentar las exportaciones, sino por conseguir que una mayor proporción de la producción salga al mundo después de atravesar procesos industriales dentro del país.

“Se exporta mucha materia prima, pero lo que realmente genera puestos de trabajo es cuando logramos transformar esa producción y darle valor agregado. Eso es lo que genera el derrame económico”, explicó.

La definición tiene especial relevancia para Misiones, una provincia cuya estructura económica está fuertemente vinculada a cadenas agroindustriales como la yerba mate, el té y la forestoindustria. En todas ellas, la discusión sobre competitividad convive con otro interrogante: cuánto del valor final de los productos puede quedar en origen.

Klimiuk sostuvo que la Argentina necesita una política nacional que coloque esa transformación en el centro de la estrategia económica. No alcanza, desde su perspectiva, con ordenar las variables macroeconómicas si ese proceso no termina traduciéndose en empresas capaces de invertir, producir y contratar trabajadores.

En ese punto encontró coincidencias con Brito. “Brito quiere que se haga generación de empleo con valor agregado. Hay que tener una alternativa concreta y viable para los argentinos”, afirmó.

Brito y la discusión hacia 2027

Pero el almuerzo de Iguazú no quedó limitado a una conversación empresarial. Según Klimiuk, también hubo espacio para discutir el escenario político que comenzará a delinearse hacia las elecciones presidenciales de 2027.

El empresario misionero consideró que el tablero nacional todavía está abierto y que la construcción de una alternativa requerirá superar las estructuras partidarias tradicionales y reunir sectores con intereses y procedencias diferentes.

“La bandera va a ser tener un poco de sentido común en lo social. No tenemos educación política en Argentina, hay mucho desconocimiento”, sostuvo.

Klimiuk fue más lejos al referirse a Brito y lo ubicó como una figura con potencial para intervenir en esa discusión.

En Jorge Brito encontramos una opción, una persona con sentido común en lo productivo y en lo social. Puede ser una alternativa para lo que viene, para que Argentina tenga una opción y no vuelva al kirchnerismo”, expresó.

Su planteo apunta a una construcción política que, según explicó, todavía se encuentra en una etapa inicial y deberá incorporar necesariamente a los gobernadores.

“Los tiempos en la política se dan más sobre la hora y la necesidad de tener una unidad en la oposición cuesta concretarla, pero estamos trabajando en eso. Es indispensable que participen los gobernadores porque tienen una realidad distinta en cada provincia”, aseguró.

La referencia a los mandatarios provinciales introduce uno de los puntos centrales de cualquier armado nacional por fuera de las estructuras tradicionales: el peso territorial. Para Klimiuk, las respuestas económicas no pueden diseñarse exclusivamente desde Buenos Aires porque las necesidades productivas, tributarias y laborales cambian sustancialmente entre las provincias.

En el plano provincial, Klimiuk puso el foco sobre uno de los reclamos recurrentes del empresariado misionero: la presión fiscal y su impacto sobre la competitividad.

Hoy vemos con buenos ojos que el Gobernador pueda traer alivio fiscal para que la mayoría pueda tener más herramientas. Hay que buscar opciones para que las empresas sean competitivas”, indicó.

Para Klimiuk, cualquier estrategia de crecimiento deberá contemplar la particularidad geográfica y generar condiciones para que producir, industrializar y exportar desde Misiones resulte competitivo.

Klimiuk también se refirió a la reconfiguración que atraviesa el oficialismo provincial y a las diferencias políticas entre el gobernador Hugo Passalacqua y Carlos Rovira. A su entender, ese proceso puede abrir una etapa diferente en la política misionera y generar espacio para nuevas decisiones económicas.

La ruptura de Passalacqua y Rovira nos ayuda a tener más alivio en el ciudadano de a pie, con políticas que puedan afectar positivamente a la gente”, afirmó.

Más allá de los nombres y de las construcciones electorales que puedan aparecer durante los próximos meses, Klimiuk insistió en que la discusión de fondo debe volver a la economía real: qué producir, cómo agregar valor, cómo competir y, sobre todo, cómo volver a generar empleo privado.

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Milei ignoró el reclamo yerbatero y prometió acelerar a fondo: “Abróchense los cinturones”

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Javier Milei llegó por primera vez a Misiones como presidente. Lo hizo para cerrar el 47 encuentro anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, ante empresarios y referentes del sistema financiero reunidos en el hotel Loi Suites de Puerto Iguazú. Habló durante una hora, ponderó el “potencial productivo” de la provincia y desplegó una cerrada defensa de su programa económico.

A pocos kilómetros, sin embargo, otra postal atravesaba su visita. Productores yerbateros se concentraron con tractores sobre la ruta nacional 12, en el acceso a las 600 Hectáreas, para reclamar mejores precios para la hoja verde y respuestas frente a una crisis que golpea especialmente a los pequeños agricultores.

Muchos de ellos eran los mismos que tres años atrás habían celebrado el triunfo de Milei con tractores, banderas argentinas y motosierras. Esta vez, la motosierra quedó del otro lado de la protesta. El Presidente no hizo ninguna referencia al reclamo, no pronunció la palabra yerba y tampoco anticipó medidas para una economía regional atravesada por el derrumbe de los precios y la pérdida de rentabilidad.

Su mensaje fue en sentido contrario: no habrá correcciones motivadas por la protesta social ni por el calendario electoral. Habrá más ajuste sobre la política, más apertura económica, nuevas reformas y una profundización del rumbo iniciado en diciembre de 2023.

Yo acá entré por el bronce. Toda mi vida estuve predicando lo que había que hacer. No voy a llegar a este momento para borrar con el codo lo que escribí con la mano”, sentenció.

El contraste quedó expuesto desde el comienzo de la visita. Milei habló ante uno de los auditorios empresariales más importantes del país, mientras sobre la ruta los productores intentaban hacer visible una crisis que ya se siente en toda la cadena yerbatera.

La protesta ocurrió en el mismo territorio que le había dado un respaldo significativo al discurso libertario contra la regulación estatal. En 2023, parte del sector rural recibió con entusiasmo la promesa de eliminar controles, cupos e intermediaciones. Tres años después, productores que acompañaron aquella irrupción reclaman algún tipo de intervención frente a precios que no cubren los costos mínimos de producción.

El Presidente eligió no responder. Aunque abrió su exposición destacando a Misiones como una provincia “con tanto potencial productivo”, no vinculó esa definición con la situación concreta de su principal economía regional.

En cambio, reivindicó la necesidad de separar “el ruido de los fundamentos”, un principio que consideró central para las finanzas y para la conducción del Estado. Dentro de esa lógica, las protestas sectoriales fueron presentadas como parte de la resistencia inevitable de los intereses afectados por las reformas.

“Estamos llenos de gente ruidosa que se queja. Si quieren hacer una omelette, tienen que romper los huevos. Si hay un entramado prebendario, va a patalear. Es así”, afirmó.

Milei dedicó buena parte de su discurso a despejar cualquier expectativa de flexibilización en tiempos electorales. Aseguró que su compromiso es terminar “de una vez y para siempre con la maldita inflación” y que modificar la política monetaria devolvería rápidamente al país a una dinámica de suba de precios.

“No tiene sentido flexibilizar la política monetaria, porque hace doce meses que la base monetaria no cambia. Si cambio la política monetaria y la hago laxa, la inflación la tenemos a la vuelta de la esquina”, advirtió.

También buscó presentar su permanencia en la política como una misión acotada. Recordó que renunció a la jubilación presidencial de privilegio y definió su vínculo con el Estado como “un contrato por cuatro años, con opción a ocho”. Después, aseguró, pretende volver a ganarse la vida en el sector privado.

“Si por un capricho electoral modificara mi forma de actuar, mis conferencias y todo lo que dije durante mi vida pasarían a valer cero. Voy a redoblar la ortodoxia. No voy a cambiar la política hasta derrotar la inflación”, sostuvo.

La credibilidad, dijo, es “la materia prima de las políticas públicas” y fue “poco honrada por la política argentina”. Se presentó como el primer presidente “liberal libertario” de la historia y afirmó que su tarea consiste en sustituir la discrecionalidad por reglas permanentes.

El jefe de Estado destacó el avance de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, destinada -según explicó- a quitarle al Gobierno la posibilidad de financiarse mediante emisión monetaria. A ese límite sumó la imposición de un “grillete fiscal” para impedir nuevamente el déficit en la administración nacional.

La pretensión excede su mandato. Milei quiere que las reglas fiscales y monetarias condicionen a los futuros gobiernos y reduzcan al mínimo la capacidad de la política para modificar el rumbo económico.

“A largo plazo le ponemos grilletes a la política”, definió.

También anticipó una segunda etapa de la reforma tributaria conocida como Inocencia Fiscal, que describió como una transformación destinada “al ciudadano honesto”, y defendió una mayor apertura comercial.

“No se dejen engañar por los prebendarios a los que les gusta cazar en el zoológico. Esta no es todavía una economía abierta: necesita más apertura”, aseguró.

Para ejemplificarlo, cuestionó las políticas proteccionistas aplicadas a determinados sectores industriales. Mencionó el caso de los neumáticos y sostuvo que, para preservar 920 empleos, los argentinos terminaban pagando cubiertas hasta cuatro veces más caras.

Según Milei, la pérdida de discrecionalidad estatal representa una ganancia directa para las empresas porque evita que las reglas sean modificadas “a mitad del partido”. Incluso comparó la profundidad de su programa con otros procesos históricos: “Ni siquiera los militares se animaron a hacer las reformas que nosotros hicimos”.

El tramo más político del discurso estuvo dedicado a las elecciones de 2027. Milei se mostró convencido de que La Libertad Avanza volverá a imponerse y aseguró que un resultado similar al conseguido en los últimos comicios le permitiría obtener la mayoría en Diputados y quedar a solamente dos senadores del quórum propio en la Cámara alta.

“El año que viene les vamos a ganar, porque dudo que los argentinos sean tan tontos como para querer volver al pasado”, lanzó.

La eventual construcción de una mayoría parlamentaria aparece como la llave para una segunda oleada reformista.

“Si con este Congreso hicimos todas estas reformas, abróchense los cinturones porque ahí van a ver lo que es acelerar a fondo”, adelantó.

La promesa fue acompañada por otra definición terminante: “No vamos a aflojar en la disciplina fiscal”. Milei sostuvo que el objetivo central es quitarle “de una vez y para siempre las cadenas al sector privado” y consolidar un modelo económico que pueda extenderse durante dos períodos presidenciales.

El Presidente calificó a su administración como “la mejor gestión económica de los últimos cien años en la Argentina” y acusó al peronismo y a la oposición de “mover permanentemente el arco” para evitar reconocer los resultados.

Afirmó que entre 2011 y 2023 la Argentina dejó de crecer y sufrió un retroceso de su producto bruto interno por habitante. Frente a ese escenario, aseguró que su Gobierno logró quebrar el techo previo y alcanzar “el PBI per cápita más alto de la historia”.

“Llevamos 27 meses de crecimiento seguido, les guste o no les guste a los corruptos periodistas”, disparó.

Según su interpretación, la economía acumulará un crecimiento cercano al 20 por ciento en cuatro años, por encima del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y “quintuplicando” el desempeño argentino de los cien años anteriores.

Al final, efectivamente soy especialista en crecimiento, con o sin dinero”, ironizó.

Milei sostuvo además que su programa redujo diez veces la inflación, bajó la pobreza en 25 puntos y permitió que catorce millones de personas salieran de esa condición. Contrastó esos resultados con los del kirchnerismo, al que responsabilizó de haber hecho caer la economía argentina durante años en los que el mundo crecía.

Afirmó que alrededor de 450 puntos del riesgo país corresponden al “riesgo kuka”, es decir, a la posibilidad que los inversores asignan a una reversión del modelo. Recordó que en 2023 el indicador llegó a ubicarse cerca de los 3.000 puntos y prometió seguir reduciéndolo a medida que se despeje la incertidumbre política.

Milei presentó al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones como la plataforma de un flujo de capitales “que nunca se vio en el país”. Aseguró que existen proyectos aprobados por 45.000 millones de dólares y otros 150.000 millones pendientes de evaluación.

Las inversiones se concentran, según enumeró, en energía, minería y siderurgia. El Presidente vinculó ese proceso con la posibilidad de que la Argentina recupere peso geopolítico y fortalezca su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas.

También rechazó que exista atraso cambiario. Señaló que el país registra niveles récord de exportaciones y consumo con superávit de cuenta corriente, y destacó que trece de los quince sectores relevados por el Estimador Mensual de Actividad Económica se encuentran en crecimiento, “el mejor registro en quince años”.

Otro de los ejes fue el mercado laboral. Milei aseguró que la ocupación se mantuvo estable y que durante su administración fueron creados 500.000 puestos de trabajo, “una cifra que no van a ver en ningún lado”.

Cuestionó las mediciones concentradas exclusivamente en el empleo formal y rechazó que el trabajo informal deba ser descartado como una ocupación de menor valor. “No es de calidad robar. Trabajar está bien”, afirmó.

El mandatario sostuvo que el mercado informal ya representaba cerca del 50 por ciento del empleo antes de su llegada al poder y que la creación de puestos no registrados es parte de la reasignación de recursos provocada por el cambio de modelo.

También desestimó la idea de una economía funcionando “a dos velocidades”. Según explicó, quienes utilizan esa definición “no saben nada de equilibrio general”, porque cualquier shock económico genera movimientos diferentes entre sectores, como si la economía fuera “una coctelera”.

La reforma laboral, dijo, busca facilitar que esos nuevos empleos migren hacia la formalidad cuando termine de estabilizarse el escenario político. Incluso aseguró que los salarios informales se encuentran 60 por ciento por encima de los niveles anteriores, lo que interpretó como una señal de funcionamiento del programa.

La mora como costo de la normalización crediticia

Milei también respondió a las advertencias sobre el crecimiento de la mora entre familias y empresas. Sostuvo que el aumento de los incumplimientos es una consecuencia matemática de la expansión del crédito y no una prueba directa del deterioro económico. “Si no prestaran, la mora sería cero”, argumentó.

Según su explicación, el riesgo crediticio bajó y permitió que familias y pequeñas y medianas empresas que antes estaban excluidas comenzaran a calificar para recibir financiamiento. Comparó las críticas al aumento de la mora con cuestionar el crecimiento de los accidentes después de la masificación del automóvil.

Para Milei, se trata de costos propios de una transición. Para una parte de la sociedad, en cambio, son señales del esfuerzo que demanda el programa y de una recuperación que todavía no alcanza de la misma manera a todos los sectores.

La primera visita presidencial de Milei a Misiones dejó así dos escenas simultáneas. Dentro del Loi Suites, empresarios y ejecutivos escucharon una exposición cargada de cifras, promesas de estabilidad y garantías de continuidad. Pese al escenario, hubo pocos y tibios aplausos. Sobre la ruta nacional 12, productores yerbateros que alguna vez vieron en la motosierra una esperanza reclamaron respuestas ante el desplome de sus ingresos.

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Milei condicionó su reelección a los resultados y rechazó flexibilizar la economía

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El presidente Javier Milei reconoció que el futuro electoral de La Libertad Avanza dependerá de su capacidad para mostrar resultados concretos y descartó cualquier flexibilización de la política fiscal o monetaria con el objetivo de mejorar sus chances de reelección. “Si nosotros no mostramos resultados se hace difícil acompañar”, admitió durante el cierre del evento “Vientos de Cambio”, organizado por la Fundación Libertad y Progreso en el hotel Sheraton de Retiro.

La definición expone uno de los principales desafíos políticos del Gobierno hacia 2027: sostener el programa económico mientras busca que la estabilización se traduzca en mejoras visibles para los hogares y en una recuperación que pueda consolidarse en el tiempo. Milei sostuvo que distintos sectores le reclaman moderar la política fiscal y monetaria para llegar mejor posicionado a las elecciones, pero aseguró que no seguirá ese camino.

“Nosotros no vamos a hacer eso, no vamos a flexibilizar. Nuestra política fiscal no se negocia, y tampoco la monetaria, porque no vamos a parar hasta terminar de derrotar la inflación”, afirmó. Para el Presidente, la consistencia del programa constituye también su principal activo electoral. “Al populismo no se le gana haciendo populismo. No hay sustituto para las buenas políticas”, sostuvo.

En paralelo, Milei planteó un escenario electoral favorable para el oficialismo. Aseguró que espera repetir en octubre un resultado similar al de la última elección y proyectó que una victoria permitiría a La Libertad Avanza alcanzar la mayoría en Diputados y quedar a dos bancas de la mayoría en el Senado. “Yo confío en los argentinos y creo que vamos a ganar”, afirmó.

El punto central de su exposición, sin embargo, estuvo en la relación entre gestión y respaldo político. El mandatario reconoció que las ideas necesitan traducirse en resultados para sostener el acompañamiento social y defendió la necesidad de combinar “batalla cultural”, capacidad política y gestión. En su lectura, la política económica no puede separarse de la construcción electoral porque el Gobierno debe demostrar que su programa produce efectos concretos.

Milei utilizó buena parte de su discurso para repasar los indicadores que considera más favorables de su administración y compararlos con los resultados de gobiernos anteriores. El primer eje fue la inflación. Según los datos expuestos por el Presidente, el IPC pasó de una tasa del 3% al comienzo de la gestión de Néstor Kirchner a 8,5% al finalizarla; durante las dos presidencias de Cristina Fernández de Kirchner pasó de 8,5% a 26,9%; con Mauricio Macri, de 25,9% a 53,85%; y durante la administración de Alberto Fernández, de 53,8% a 211,4%.

Sobre su propia gestión, Milei afirmó que la inflación se redujo un 85%, al pasar del 211,4% al 30% en los dos años y medio considerados en su exposición. El dato ocupa un lugar central en la estrategia oficial porque la desaceleración de los precios constituye uno de los resultados más directamente perceptibles por la población, aunque su impacto sobre el poder adquisitivo depende también de la evolución de salarios, empleo, tarifas y otros componentes del gasto familiar.

El Presidente también puso el foco en la pobreza. Recordó que la tasa había alcanzado el 53% en el primer semestre de 2024 y destacó su descenso al 28% en el segundo semestre de 2025. A partir de esa comparación, sostuvo que las políticas aplicadas por su administración permitieron sacar a 14 millones de personas de la pobreza.

En materia de actividad, Milei afirmó que la economía argentina acumulaba 12 años consecutivos sin crecimiento cuando asumió La Libertad Avanza. Para su primer mandato proyectó una expansión acumulada del PBI del 17% si se cumplen las hipótesis de mercado utilizadas por su Gobierno. Según planteó, ese crecimiento permitiría además elevar el PBI per cápita y superar el ritmo de expansión de la OCDE.

El tercer eje fue el mercado laboral. Milei contrastó la reducción del empleo público con la generación de puestos en el sector privado. Según sus cifras, el Estado redujo más de 70.000 empleados mientras que el sector privado incorporó más de 600.000 trabajadores. La comparación forma parte de la narrativa económica oficial: achicar el peso del Estado y ampliar el empleo privado aparecen como dos caras de un mismo proceso de transformación.

El desafío para el Gobierno será convertir esas variables agregadas en una percepción sostenida de mejora. La inflación puede desacelerarse y la pobreza puede reducirse, pero la consolidación política del programa dependerá de que la recuperación alcance al empleo, los ingresos y el consumo sin comprometer el equilibrio fiscal que Milei presenta como condición innegociable.

Ese punto resulta especialmente relevante de cara a las elecciones. El propio Presidente admitió que el acompañamiento no está garantizado por la sola estabilización macroeconómica. La sociedad deberá percibir resultados suficientes para volver a respaldar el rumbo. En términos políticos, la ecuación que enfrenta el oficialismo combina estabilidad, crecimiento y capacidad de transformar esos indicadores en bienestar cotidiano.

Milei también vinculó su proyecto con un cambio político regional y celebró el avance de gobiernos de derecha en América Latina. En ese marco, proyectó incluso una eventual victoria de ese espacio político en Brasil y presentó el proceso como parte de una transformación más amplia del mapa político continental.

La apuesta oficial queda así definida: preservar el equilibrio fiscal y monetario aun durante el ciclo electoral y competir políticamente con los resultados de la gestión. La pregunta que queda abierta no es solamente si el Gobierno podrá sostener sus metas, sino si la mejora de los indicadores macroeconómicos tendrá suficiente profundidad y duración para convertirse en una recuperación económica que la mayoría de los hogares pueda reconocer en su vida diaria.

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