Emiratos Árabes Unidos

Grupo árabe refuerza su apuesta por Iguazú: capitalizó el Gran Meliá con más de $1.446 millones

Compartí esta noticia !

La industria turística argentina registró un movimiento corporativo de relevancia que involucra a uno de los activos hoteleros más valiosos del país y uno de los principales emblemas turísticos de Misiones.

Hotel Internacional Iguazú S.A., la sociedad propietaria del Gran Meliá Iguazú, aprobó una profunda reestructuración societaria que incluyó una capitalización superior a los $1.446 millones, la absorción de pérdidas acumuladas y una mayor concentración accionaria en manos de su principal controlante internacional.

La decisión fue adoptada durante una asamblea general ordinaria y extraordinaria realizada el 21 de octubre de 2024 y quedó reflejada en una publicación del Boletín Oficial de la Nación difundida el pasado viernes.

La operación comenzó con un aumento de capital que elevó el patrimonio nominal de la compañía desde $3,3 millones hasta $1.450 millones mediante la emisión de 1.446.750.000 acciones ordinarias nominativas no endosables. La totalidad de esos títulos fue suscripta por HM Holdings (Holland) Coöperatief U.A., sociedad radicada en los Países Bajos que ya era accionista mayoritaria de la empresa.

Sin embargo, el objetivo principal de la maniobra no fue expandir el capital permanente de la compañía, sino sanear su estructura patrimonial. Tras la capitalización, la asamblea resolvió absorber pérdidas acumuladas mediante una reducción de capital prevista en la Ley General de Sociedades.

Como consecuencia, el capital social quedó fijado en $29 millones y fueron canceladas más de 1.421 millones de acciones.

Se trata de una práctica habitual en grandes grupos internacionales cuando buscan recomponer balances afectados por pérdidas acumuladas y fortalecer financieramente a una compañía.

El control quedó prácticamente en una sola mano

Tras la reorganización, HM Holdings pasó a controlar prácticamente la totalidad del capital social. La nueva composición accionaria quedó distribuida entre HM Holdings (Holland) Coöperatief U.A., con 28.989.607 acciones; ASB Iguazú S.A.U., con 8.124 acciones; y Hotelko S.A.U., con otras 4.276 acciones.

En términos prácticos, la firma holandesa concentra más del 99,9% del capital de la sociedad.

Aunque la capitalización fue realizada por HM Holdings, detrás de esa estructura societaria se encuentra Albwardy Investment, uno de los conglomerados privados más importantes de Emiratos Árabes Unidos. Fundado por el empresario Ali Albwardy, el grupo posee inversiones en hotelería, logística, construcción, seguros, retail, distribución y transporte.

Ali Albwardy recibió al gobernador Hugo Passalacqua cuando compró el Sheraton para transformarlo en el Meliá.

La hotelería constituye una de sus principales unidades de negocios a través de ASB Hospitality, división que participa en una red internacional de establecimientos de lujo distribuidos en destinos turísticos de alto nivel en África, Europa, Medio Oriente, Asia y América Latina.

Entre sus activos figuran hoteles operados bajo la marca Meliá en Tanzania, Maldivas, Dubái, Seychelles, Londres y Argentina, además de alianzas estratégicas con cadenas internacionales como Four Seasons.

El principal activo de Hotel Internacional Iguazú S.A. es el Gran Meliá Iguazú, considerado uno de los hoteles más exclusivos de América Latina. Su principal diferencial es que se encuentra emplazado dentro del Parque Nacional Iguazú, a escasos metros de la Garganta del Diablo.

Se trata del único hotel ubicado dentro del área protegida, una condición prácticamente irrepetible debido a las restricciones ambientales y urbanísticas vigentes.

Gracias a esa localización privilegiada, los huéspedes pueden acceder a sectores del parque en horarios sin la presencia masiva de visitantes, una experiencia especialmente valorada por el turismo internacional de alta gama.

El establecimiento cuenta con más de 180 habitaciones y suites, varias con vistas directas a las Cataratas del Iguazú, además de servicios premium como restaurantes de alta gastronomía, spa y piscina infinita frente a las cascadas.

Una señal de confianza para Misiones

La magnitud de la capitalización adquiere relevancia porque proviene de un grupo especializado en turismo de lujo con presencia global y no de un inversor financiero de corto plazo. El aporte superior a los $1.446 millones constituye una señal concreta de respaldo hacia el negocio turístico local en un contexto en el que el turismo receptivo comienza a mostrar signos de recuperación.

Al mismo tiempo, la decisión reafirma la importancia estratégica que mantiene Puerto Iguazú dentro del mapa mundial del turismo premium. A diferencia de otros activos hoteleros que pueden ser replicados mediante nuevos desarrollos, la ubicación del Gran Meliá Iguazú dentro del parque nacional lo convierte en un establecimiento prácticamente único a escala global.

La operación es interpretada por el mercado como una apuesta de largo plazo por uno de los activos turísticos más valiosos de la Argentina y una muestra de confianza en el potencial de Iguazú como destino internacional de alta gama. Mientras numerosos grupos revisan sus inversiones en mercados emergentes, Albwardy Investment eligió fortalecer financieramente su presencia en el país y consolidar el control sobre una de las joyas turísticas de Misiones.

Compartí esta noticia !

La guerra en Medio Oriente expone la fragilidad del estrecho de Ormuz

Compartí esta noticia !

La guerra en Medio Oriente volvió a colocar en el centro del sistema energético global a un punto geográfico del que depende buena parte del suministro mundial: el estrecho de Ormuz. En la segunda semana del conflicto regional, el casi cierre de esa vía marítima —la principal salida del petróleo y gas del golfo Pérsico hacia el resto del mundo— provocó que el precio del crudo superara los 100 dólares por barril por primera vez en casi cuatro años y expuso una vulnerabilidad que la industria energética conoce desde hace décadas pero nunca logró resolver.

El detonante inmediato fue la escalada militar que comenzó el 28 de febrero, cuando Estados Unidos, actuando con Israel, atacó a Irán, desencadenando una serie de represalias que incluyeron ataques a buques y refinerías. El impacto fue directo: el flujo de petróleo a través del estrecho cayó a menos del 10% de sus niveles anteriores a la guerra, según la Agencia Internacional de la Energía.

La crisis abre una pregunta incómoda para gobiernos y compañías energéticas: ¿por qué, pese a décadas de advertencias sobre el riesgo de un bloqueo en Ormuz, el sistema energético mundial sigue dependiendo casi exclusivamente de ese paso marítimo?

Una dependencia estructural difícil de reemplazar

El estrecho de Ormuz funciona como la única salida al océano para la mayor parte de la producción energética del golfo Pérsico. Cada día, enormes volúmenes de petróleo y gas natural atraviesan ese corredor estrecho que conecta la región con los mercados internacionales.

El problema no es nuevo. Durante años, analistas, empresas y gobiernos lo señalaron como el principal cuello de botella del sistema energético global. Sin embargo, la infraestructura alternativa nunca alcanzó una escala suficiente para reemplazarlo.

Algunos países intentaron reducir la dependencia. Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos construyeron oleoductos para transportar petróleo sin pasar por el estrecho, pero su capacidad apenas cubre una fracción de la producción regional.

Uno de los casos más relevantes es el oleoducto saudí que conecta los campos petroleros con el mar Rojo, inaugurado en la década de 1980 durante las llamadas “guerras de los petroleros” entre Irán e Irak. El sistema puede transportar hasta siete millones de barriles diarios, pero cerca de dos millones se destinan a refinerías internas, lo que deja unos cinco millones de barriles disponibles para exportación.

Otro ejemplo es el oleoducto que Emiratos Árabes Unidos inauguró en 2012, que conecta Abu Dhabi con el puerto de Fujairah, fuera del estrecho. Esa infraestructura permite esquivar parcialmente Ormuz, aunque su escala sigue siendo limitada y sus instalaciones también quedaron bajo amenaza en el contexto del conflicto.

Para otros productores de la región, las alternativas son aún más complejas. Catar, uno de los mayores exportadores de gas natural del mundo, solo comparte frontera terrestre con Arabia Saudita, país con el que mantuvo una disputa diplomática que incluyó el cierre de la frontera durante años. Construir gasoductos o nuevas rutas de exportación implicaría atravesar territorios vecinos o zonas de conflicto, proyectos costosos y políticamente sensibles.

El impacto inmediato en la producción global

La interrupción del tránsito por Ormuz generó un efecto en cadena en toda la región.

Según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía, los países productores del golfo redujeron la producción en al menos 10 millones de barriles diarios, equivalente a alrededor del 10% del suministro mundial.

Las reducciones afectan a Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, entre otros productores, que se vieron obligados a recortar la extracción ante la imposibilidad de exportar el petróleo. Algunas refinerías también bajaron su actividad o suspendieron operaciones, lo que redujo la producción de combustibles como gasolina, diésel y combustible para aviones.

El gas natural también quedó atrapado en el cuello de botella logístico. Catar, una de las principales potencias exportadoras de gas licuado, dejó de enfriar gas para exportación desde los primeros días de la guerra, lo que paralizó parte de su cadena de suministro.

La consecuencia inmediata fue una acumulación de petróleo y combustibles en tanques de almacenamiento, que en algunos países comienzan a acercarse a su límite de capacidad.

La lógica económica es simple: si el petróleo no puede venderse, la producción pierde sentido. Como explicó Shwan Ibrahim Taha, presidente del banco iraquí Rabee Securities, en ese contexto “más vale dejarlo bajo tierra”.

Fragmentación política en el Golfo

La falta de una infraestructura regional más robusta no responde solo a cuestiones técnicas o geográficas. La política también juega un papel central.

Los seis países petroleros del Golfo —Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Catar, Omán y Baréin— integran el Consejo de Cooperación del Golfo, una alianza regional que funciona con un nivel de coordinación limitado.

Durante más de una década, esos países discutieron proyectos de integración logística, como una red ferroviaria regional para transporte de pasajeros y mercancías. La iniciativa todavía no se concretó.

Construir un sistema energético compartido sería aún más complejo. Las tensiones políticas entre los principales actores, especialmente entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, han dificultado la coordinación estratégica. Ambos países mantuvieron políticas petroleras diferentes y respaldaron a actores distintos en conflictos regionales, incluido el de Yemen.

Ese contexto de rivalidades limita la posibilidad de diseñar una infraestructura regional integrada capaz de reducir la dependencia de Ormuz.

El rol de Estados Unidos y la dimensión militar

Durante décadas, la estabilidad del estrecho de Ormuz también se apoyó en un supuesto geopolítico: que Estados Unidos, principal garante del sistema energético internacional, intervendría para mantener abierta la ruta marítima.

Ese escenario formaba parte del cálculo de gobiernos y empresas energéticas. Sin embargo, la actual guerra alteró ese equilibrio.

Tras el ataque del 28 de febrero contra Irán, Washington planteó la posibilidad de escoltar petroleros con la marina estadounidense, pero hasta ahora esa medida no se implementó. Mientras tanto, los ataques contra buques y refinerías continúan afectando el tránsito marítimo.

El conflicto también abrió un nuevo frente. Donald Trump anunció ataques contra instalaciones militares en la isla de Kharg, el principal centro de exportación de petróleo iraní, aunque evitó dañar la infraestructura energética del lugar.

Incluso si la guerra terminara pronto, el riesgo de ataques a la navegación podría persistir. El precedente reciente se encuentra en el mar Rojo, donde la milicia hutí respaldada por Irán logró perturbar el transporte marítimo hacia el canal de Suez durante los últimos años.

Un sistema energético que debe adaptarse

El casi cierre del estrecho de Ormuz materializó lo que muchos analistas definían como el “escenario de pesadilla” del sistema energético mundial.

Aunque el tránsito marítimo se restablezca, los expertos advierten que la producción de petróleo podría tardar semanas o incluso meses en recuperar los niveles previos al conflicto.

La cuestión de fondo permanece abierta: si los países productores y consumidores aprovecharán esta crisis para diversificar rutas de exportación y reforzar la infraestructura energética global.

Por ahora, el sistema energético sigue dependiendo de un corredor marítimo estrecho y vulnerable. Y la guerra acaba de demostrar que esa dependencia sigue siendo uno de los puntos más frágiles del mercado global del petróleo.

Compartí esta noticia !

EE.UU. bombardea la isla petrolera de Kharg y escala la guerra con Irán: Teherán amenaza con atacar puertos del Golfo

Compartí esta noticia !

La guerra en Medio Oriente dio un salto estratégico después de que Estados Unidos ejecutara un ataque aéreo masivo contra la isla iraní de Kharg, el principal centro de exportación de crudo del país. La operación fue confirmada por el propio presidente estadounidense, Donald Trump, quien afirmó que el Comando Central destruyó “más de 90 objetivos militares” en la isla durante la noche del viernes, en una de las ofensivas más contundentes del conflicto iniciado hace dos semanas.

Kharg es una franja de tierra de apenas ocho kilómetros frente a la costa iraní, pero su peso geopolítico es enorme: desde allí se gestiona aproximadamente el 90 % de las exportaciones petroleras de Irán. Por esa razón, el ataque no fue interpretado solo como una operación militar puntual, sino como una advertencia directa sobre la capacidad de Washington de presionar el corazón económico del país.

Trump sostuvo que las fuerzas estadounidenses “aniquilaron todos los objetivos militares” en la isla, aunque aclaró que decidió no destruir la infraestructura petrolera. Al mismo tiempo, lanzó una advertencia explícita: si Irán interfiere con el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, Estados Unidos podría reconsiderar esa decisión.

La respuesta iraní no tardó. Las fuerzas armadas de Teherán advirtieron que podrían atacar puertos y muelles en los Emiratos Árabes Unidos, a los que acusan de haber servido como plataforma para el lanzamiento de misiles estadounidenses. El mensaje incluyó una advertencia directa a las autoridades emiratíes y a la población cercana a las instalaciones portuarias.

La tensión, por lo tanto, dejó de limitarse a un intercambio militar bilateral y amenaza con expandirse a toda la infraestructura energética del Golfo.

El valor estratégico de Kharg y el cálculo militar de Washington

La ofensiva contra Kharg rompe un equilibrio que Estados Unidos había mantenido durante las primeras semanas de guerra. Hasta ahora, Washington había evitado atacar ese enclave, consciente de que un daño directo a la terminal petrolera podría desencadenar un shock energético regional.

Según el Comando Central estadounidense, la operación se concentró en instalaciones militares: depósitos de minas navales, búnkeres de almacenamiento de misiles y otras posiciones defensivas. La infraestructura petrolera quedó fuera del objetivo.

Las autoridades iraníes confirmaron que las operaciones petroleras continúan con normalidad. El vicegobernador de la provincia de Bushehr afirmó que las exportaciones, importaciones y actividades empresariales en la isla siguen en funcionamiento.

Ese detalle no es menor. Mantener intacta la capacidad exportadora permite a Washington aumentar la presión militar sin provocar una interrupción inmediata del mercado energético global.

Pero la advertencia presidencial abre un escenario distinto: si Irán bloquea el estrecho de Ormuz, el principal corredor marítimo de petróleo del mundo, la infraestructura petrolera podría convertirse en un objetivo militar directo.

Ese cálculo convierte al enclave petrolero en un elemento central de la disuasión.

La guerra se expande en la región

Mientras se profundiza el enfrentamiento entre Estados Unidos, Israel e Irán, el conflicto ya genera impactos en múltiples frentes regionales.

Las fuerzas iraníes sostienen que responderán contra los “orígenes de los lanzamientos de misiles”, incluyendo instalaciones ocultas en puertos o refugios dentro de ciudades emiratíes. Esa acusación coloca a los Emiratos Árabes Unidos en una posición particularmente delicada dentro de la ecuación militar.

El riesgo de escalada quedó reflejado pocas horas después, cuando un incendio se desató en el puerto de Fujairah tras la interceptación de un dron cuyos restos cayeron en un centro petrolero cercano al estrecho de Ormuz. Algunas operaciones de carga de petróleo fueron suspendidas temporalmente según reportes citados por agencias internacionales.

Bagdad

En paralelo, el conflicto también se amplifica en otros escenarios:

En Bagdad, un dron impactó en la embajada estadounidense dentro de la Zona Verde, provocando humo e incendio en el complejo diplomático.

Israel intensificó sus bombardeos en Líbano contra posiciones vinculadas a Hezbollah.

En Teherán, residentes denunciaron ataques cada vez más frecuentes contra comisarías y puestos de control vinculados a la Basij, la fuerza paramilitar que respalda al régimen.

La estrategia israelí, según declaraciones del primer ministro Benjamin Netanyahu, busca debilitar los aparatos de seguridad del régimen iraní y “crear las condiciones” para que la población pueda desafiar a sus líderes.

El costo humano y la dimensión regional del conflicto

A dos semanas del inicio de la guerra, el saldo humano muestra una escalada significativa. Estimaciones difundidas por CNN señalan que más de 2.000 personas —entre civiles y militares— han muerto en Medio Oriente desde el comienzo de las hostilidades.

Las cifras reportadas incluyen: Más de 1.300 fallecidos en Irán según su embajador ante la ONU. 773 muertos en Líbano por los ataques israelíes. Al menos 15 víctimas en Israel. 13 militares estadounidenses muertos en distintos episodios del conflicto.

Además, el gobierno iraní afirma que más de 42.914 instalaciones civiles han resultado dañadas por los bombardeos estadounidenses e israelíes, incluyendo 36.489 viviendas y 120 escuelas.

La crisis humanitaria también comienza a expandirse. Según la agencia de la ONU para los refugiados, hasta 3,2 millones de personas han sido desplazadas dentro de Irán.

Ese panorama transforma la guerra en un conflicto regional de múltiples frentes, donde las fronteras operativas entre Estados se vuelven cada vez más difusas.

Emiratos Árabes Unidos

El estrecho de Ormuz, el punto crítico que todos observan

La advertencia de Washington sobre el estrecho de Ormuz introduce una variable estratégica que puede redefinir el conflicto. Ese corredor marítimo concentra una parte significativa del transporte mundial de petróleo.

Si Irán decide bloquearlo o interferir con el tránsito de buques, el enfrentamiento podría pasar de una guerra regional a una crisis energética global.

Por ahora, Estados Unidos ha optado por una presión militar calibrada: atacar infraestructura militar clave sin afectar directamente las exportaciones petroleras.

Pero la advertencia presidencial sugiere que ese límite podría ser temporal.

Las próximas semanas mostrarán si la ofensiva contra Kharg fue un movimiento táctico dentro de una estrategia de contención o el inicio de una fase más amplia del conflicto en el Golfo.

Compartí esta noticia !

La guerra con Irán expone la fragilidad alimentaria del Golfo y tensiona el control del estrecho de Ormuz

Compartí esta noticia !

La guerra entre Estados Unidos e Israel con Irán ya no impacta solo en el mercado petrolero. El conflicto tensiona una variable estratégica menos visible pero igual de decisiva: la seguridad alimentaria de los países del Golfo Pérsico. Omán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Barein y Kuwait importan alrededor del 85% de sus alimentos y más del 90% de sus cereales. Con el tráfico marítimo ralentizado en el estrecho de Ormuz y unas 200 embarcaciones varadas según Lloyd’s List, la vulnerabilidad estructural de la región quedó expuesta.

El dato central es contundente: en condiciones normales, unos 138 barcos cruzan diariamente Ormuz, según el Centro Conjunto de Información Marítima. No transportan solo petróleo y gas. Llevan buena parte del abastecimiento alimentario que sostiene a poblaciones urbanas altamente dependientes del comercio exterior. Si esa arteria se obstruye, el impacto no se mide en barriles sino en góndolas.

Dependencia estructural y geografía adversa

La ecuación es conocida pero pocas veces adquiere dimensión política. Las temperaturas estivales que alcanzan los 50 °C y una precipitación anual promedio inferior a 100 milímetros en la mayoría de los territorios hacen inviable la agricultura a gran escala. Incluso Omán, el más autosuficiente del grupo, importa la mayoría de sus alimentos.

Esa realidad convierte al comercio marítimo en infraestructura estratégica. El estrecho de Ormuz funciona como punto de estrangulamiento energético global, pero también como corredor alimentario. Iraq, Kuwait, Barein y Qatar tienen escasas alternativas logísticas: la mayor parte de los envíos marítimos debe atravesar ese paso.

Desde el inicio de la guerra y las represalias iraníes, el tráfico de petroleros se ralentizó drásticamente. La mayoría de las grandes navieras suspendió reservas hacia Medio Oriente. El cierre del espacio aéreo en varios países del Golfo añade presión y limita opciones de transporte alternativo.

La consecuencia inmediata no es el desabastecimiento automático, sino el aumento del riesgo sistémico. Cada día de interrupción tensiona cadenas logísticas diseñadas para flujos constantes.

Seguridad alimentaria y estabilidad política

Los gobiernos del Golfo llevan años intentando reducir esa dependencia mediante reservas estratégicas y diversificación de proveedores. Desde el inicio del conflicto, han buscado transmitir calma y asegurar que cuentan con reservas de emergencia de cereales y alimentos suficientes para varios meses.

Sin embargo, la dimensión política es evidente. En Estados donde la estabilidad interna descansa en contratos sociales basados en bienestar y provisión estatal, la seguridad alimentaria es un componente central de legitimidad. Una disrupción prolongada podría impactar en precios, subsidios y gasto público.

Además, el escenario internacional agrega presión. Si el conflicto se prolonga, los costos de transporte y seguros marítimos podrían escalar, trasladando tensiones al presupuesto estatal y al consumidor final.

Un equilibrio frágil bajo observación

La clave no está solo en si Ormuz se cierra formalmente, sino en cuánto se encarece y ralentiza su tránsito. Con 138 barcos diarios en tiempos normales y 200 buques actualmente varados, la señal es clara: el corredor no opera con normalidad.

En las próximas semanas habrá que observar tres variables: la duración de la guerra, la reacción de las grandes navieras y la capacidad de los Estados del Golfo para activar rutas o acuerdos alternativos. También será determinante si las reservas estratégicas alcanzan para amortiguar una crisis prolongada o si el conflicto obliga a redefinir la política alimentaria regional.

Por ahora, la guerra con Irán redefine el tablero más allá del petróleo. En el Golfo, la seguridad alimentaria dejó de ser un tema técnico para convertirse en una cuestión de poder y estabilidad.

Compartí esta noticia !

Un misionero en el corazón del conflicto de Medio Oriente: “Fue impactante escuchar las explosiones en Dubái”

Compartí esta noticia !

Juan Manuel Gil, es misionero y vive en Dubai hace cuatro años. Aseguró en diálogo con Open 1017, que tras los ataques del fin de semana, hay incertidumbre y las actividades diarias están en muchos casos suspendidas. “El turismo lo va a sentir, la gente para venir a Dubai lo va a pensar dos veces. En el fondo a Irán lo que le interesa es generar miedo y afectar la economía”.

La escalada bélica tras los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán tuvo una derivación inesperada: Emiratos Árabes Unidos quedó en la línea de fuego como parte del “mensaje regional” que, según analistas, Teherán buscó enviar. En ese contexto, un misionero que reside en Dubái relató en primera persona cómo se vivieron las horas más tensas desde que comenzaron las represalias.

Juan Manuel Gil vive en Dubái desde marzo de 2022. A casi cuatro años de haberse radicado en uno de los principales centros financieros y turísticos del mundo, asegura que jamás imaginó experimentar una situación de esta magnitud en una ciudad que históricamente se mantuvo al margen de los conflictos armados de la región.

El sábado fue el día más intenso”, contó en diálogo telefónico. “Empezamos a escuchar explosiones. En realidad no son impactos directos en tierra, sino interceptaciones en el aire por el sistema de defensa, pero se sienten las vibraciones y es impactante”.

Dubái, uno de los siete emiratos que integran Emiratos Árabes Unidos, fue alcanzado por efectos colaterales de la ofensiva iraní. Según explicó Gil, algunos drones o fragmentos impactaron en zonas específicas, incluso en las inmediaciones de infraestructuras sensibles. “Una de las terminales del aeropuerto tuvo daños por esquirlas de misiles o partes de un dron. No fue un impacto directo, pero sí generó consecuencias”, señaló.

De la normalidad al sobresalto

El contraste es fuerte. Dubái, acostumbrada a exhibir estabilidad y crecimiento sostenido, amaneció el sábado bajo un clima de tensión inédita. “Siempre se mantuvo fuera de los conflictos, por eso quizás recibe este daño colateral”, reflexionó.

Sin embargo, también reconoció que la ubicación geopolítica de Emiratos implica convivir con un entorno históricamente inestable. “Es una región muy sensible. Todo lo que sucede alrededor siempre tiene algún impacto”, sostuvo.

El domingo y el lunes la intensidad disminuyó, aunque los episodios no cesaron por completo. “Ha sido mucho menos que el sábado, que fue más constante. Pero todavía hay incidentes aislados”, explicó.

Actividades suspendidas y trabajo remoto

En cuanto a la vida cotidiana, el impacto fue parcial. Muchas actividades continúan con relativa normalidad, aunque con restricciones. “En mi trabajo suspendieron la actividad presencial. Parte de mi familia también está trabajando en remoto. Las clases se mantendrán virtuales toda la semana”, detalló.

Las autoridades recomendaron evitar espacios públicos y priorizar el teletrabajo siempre que sea posible. Aun así, hay sectores que siguen operando para garantizar el funcionamiento del país.

“De a poco se va retomando algo más de normalidad. En mi empresa anunciaron que desde mañana volverían a operar normalmente”, indicó.

Incertidumbre y golpe al turismo

Más allá de los daños materiales, el mayor efecto parece ser psicológico y económico. “Hay mucha incertidumbre. Nadie sabe bien qué puede pasar. Las noticias no siempre son claras, por cuestiones de seguridad”, explicó.

El turismo, columna vertebral de la economía emiratí, aparece como uno de los sectores más expuestos. Dubái es uno de los principales hubs aéreos del planeta y un destino elegido por millones de viajeros cada año.

“Creo que esto va a tener un impacto en el futuro. Cuando la gente tenga que decidir dónde irse de vacaciones, lo va a tener en cuenta”, advirtió Gil.

El espacio aéreo permanecía cerrado al momento de la entrevista, con miles de pasajeros varados y vuelos suspendidos. Las autoridades evaluaban una reapertura progresiva, aunque sin confirmación oficial inmediata.

Un mensaje regional

Desde su perspectiva, el objetivo iraní no es destruir Emiratos, sino enviar una señal estratégica. “No es un conflicto directo con ellos. La guerra principal es entre Israel y Estados Unidos con Irán. Esto es un mensaje a la región, a los países que albergan bases militares estadounidenses”, analizó.

En ese marco, Dubái quedó atrapada en una dinámica que excede sus fronteras y que altera la percepción de seguridad en una ciudad que había construido su identidad sobre la estabilidad.

Mientras tanto, la vida continúa entre recomendaciones oficiales, trabajo remoto y la expectativa de que el espacio aéreo vuelva a abrirse. “Ojalá que todo vuelva a la normalidad cuanto antes”, expresó el misionero, con la serenidad de quien intenta mantener la calma en medio de una crisis regional que aún no muestra un desenlace claro.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin