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Empleo: la Argentina encadenó por primera vez un año completo de caída del trabajo privado registrado

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La economía argentina volvió a mostrar una señal que expone la distancia entre la recuperación de algunos indicadores de actividad y su impacto sobre el mercado laboral. Según un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), en mayo se completaron doce meses consecutivos de caída del empleo privado registrado, una secuencia inédita desde que existen registros comparables, que comienzan en 2009.

La contracción comenzó en junio del año pasado y desde entonces no registró interrupciones. No se trata de la caída más profunda en términos de magnitud histórica, pero sí de la más prolongada sin un solo mes de recuperación.

El saldo acumulado es significativo: durante esos doce meses se perdieron 135.500 puestos de trabajo privado registrado.

La dinámica tampoco fue compensada por otras modalidades laborales. En el mismo período desaparecieron 16.700 empleos públicos registrados, mientras que se incorporaron 42.600 monotributistas. Es decir, el incremento del trabajo independiente formal estuvo lejos de cubrir la destrucción de puestos asalariados.

Si la comparación se extiende hasta el cambio de gestión nacional, el deterioro es mayor: de acuerdo con el IAG, desde entonces se perdieron 241.200 empleos privados registrados.

Una economía que crece sin generar empleo

El fenómeno aparece acompañado por una composición particular de la actividad económica. En junio, la actividad avanzó 0,8% y quedó 2,7% por encima del mismo mes del año anterior. Sin embargo, el segundo trimestre terminó 0,9% por debajo del primero, mientras que el primer semestre acumuló una expansión de 1,9%.

El problema está en qué sectores explican el crecimiento.

La pesca registró un salto de 247,6% y la minería creció 15,6%. En sentido contrario, la industria acumuló una caída de 1,9% y el comercio retrocedió 1,2% durante el semestre.

La diferencia no es menor. Industria y comercio representan, en conjunto, alrededor del 26% del Producto Bruto Interno y el 38% del empleo privado registrado, según los datos presentados por el Instituto Argentina Grande.

Así, una parte relevante del crecimiento está concentrándose en actividades de fuerte expansión pero con una capacidad relativamente menor para generar empleo masivo, mientras permanecen debilitados dos de los principales motores laborales de la economía.

Superávit fiscal, con ajuste sobre subsidios y provincias

El otro pilar del programa económico continúa siendo el resultado fiscal. Julio terminó con un superávit primario de $2,96 billones y un resultado financiero positivo de $244.897 millones.

En los primeros siete meses del año, el superávit primario equivale al 0,9% del PBI y el financiero al 0,1%.

Según el análisis del IAG, parte del resultado volvió a sostenerse sobre la reducción de subsidios y las transferencias a las provincias.

El contraste define uno de los principales interrogantes de la economía argentina: la actividad puede recuperar terreno y las cuentas públicas permanecer equilibradas, pero el empleo privado formal todavía no encuentra un piso.

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La UBA advierte por la caída del empleo y el deterioro del salario real

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Un informe de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) encendió nuevas alarmas sobre el mercado laboral argentino. Según el estudio, el empleo formal asalariado continúa en retroceso y el salario mínimo acumula una fuerte pérdida de poder de compra en el actual ciclo económico.

De acuerdo con los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), en diciembre de 2025 el empleo asalariado formal total alcanzaba a unas 10 millones de personas, pero evidenció una caída de 109 mil puestos (-1,1%) respecto al mismo mes de 2024 y de 289 mil empleos (-2,8%) en comparación con noviembre de 2023.

El informe, elaborado por el Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL) del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), bajo la coordinación de Roxana Maurizio y Luis Beccaria, advierte que el mercado laboral atraviesa una fase prolongada de deterioro.

Tras una etapa de caída entre septiembre de 2023 y agosto de 2024, seguida por un período de estancamiento, el empleo formal volvió a retroceder durante ocho meses consecutivos, entre mayo y diciembre de 2025. Si bien la contracción se moderó hacia fin de año, la tendencia general sigue siendo negativa.

A nivel territorial, la pérdida de empleo se verificó en 14 provincias, mientras que solo seis mostraron mejoras. Las mayores caídas se registraron en San Luis (-0,9%), Chaco (-0,7%) y Catamarca (-0,7%). En términos absolutos, Buenos Aires y Córdoba explicaron la mayor parte del retroceso del empleo privado formal, con el 57% y el 18% respectivamente.

En contraste, Corrientes (+0,8%), Neuquén (+0,5%) y Formosa (+0,5%) fueron las provincias con mayor crecimiento relativo, aunque con menor incidencia en el total nacional.

Salarios en retroceso

El informe también pone el foco en la evolución de los ingresos, especialmente en los sectores más vulnerables. El salario mínimo, vital y móvil registró una caída del 2% en febrero de 2026, acumulando siete meses consecutivos de retrocesos en términos reales.

Según el estudio, los aumentos nominales del salario mínimo no lograron acompañar la inflación en ninguno de esos meses, profundizando la pérdida de poder adquisitivo. Esta brecha fue especialmente marcada en septiembre y octubre, cuando el salario permaneció congelado en $322.200.

El deterioro es aún más significativo en perspectiva. Entre noviembre de 2023 y febrero de 2026, el salario mínimo real acumuló una caída cercana al 38%, mientras que solo en 2025 el retroceso fue del 9%.

Los investigadores advierten que el nivel actual del salario mínimo, medido en términos reales, se ubica por debajo del registrado en 2001, antes del colapso de la convertibilidad. Además, representa apenas un tercio del valor máximo alcanzado en septiembre de 2011, lo que implica una erosión del 65% en términos históricos.

El estudio concluye que la combinación de caída del empleo y deterioro del ingreso real configura un escenario complejo para el consumo y las condiciones de vida de los hogares, en un contexto donde la incertidumbre laboral comienza a escalar entre las principales preocupaciones sociales.

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