EMPLEO INFORMAL

Salarios: arranca el año con paritarias por debajo de la inflación y señales mixtas del mercado laboral

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El índice de salarios creció 2,5% en enero de 2026, según el informe oficial del INDEC, pero volvió a quedar por debajo del 2,9% que marcó el IPC en el mismo período. La cifra, publicada este 25 de marzo, confirma una tensión persistente en el esquema económico: la recomposición salarial no logra todavía acompañar la dinámica de precios. ¿Se trata de un desfasaje transitorio o de un nuevo piso para la negociación paritaria?

El dato no es menor. Marca el inicio del año con una pérdida de poder adquisitivo en términos agregados, en un contexto donde el Gobierno busca consolidar expectativas de desaceleración inflacionaria sin habilitar aumentos que presionen sobre los precios.

Un mapa desigual: el informal le gana a la inflación y el registrado pierde terreno

El informe muestra una estructura fragmentada. El crecimiento del 2,5% mensual se explica por subas de 2,1% en el sector privado registrado, 1,8% en el sector público y 4,4% en el sector privado no registrado .

Ese último dato introduce una señal relevante: el único segmento que superó la inflación fue el empleo informal. No es un dato menor en términos políticos ni económicos. Mientras el empleo formal —tanto público como privado— queda rezagado, el sector no registrado aparece como el que ajusta más rápido, aunque sin garantías de estabilidad ni derechos laborales.

En términos interanuales, el índice de salarios acumula una suba del 37,7%, con diferencias marcadas: 28,5% en el sector privado registrado, 30,0% en el sector público y 80,6% en el no registrado . La brecha refleja no solo velocidades distintas de actualización, sino también un reordenamiento de incentivos dentro del mercado laboral.

Paritarias bajo presión y equilibrio fiscal en juego

El dato impacta de lleno en la discusión política sobre ingresos. Con salarios formales corriendo detrás de los precios, el margen para reabrir paritarias o acelerar acuerdos se vuelve un terreno sensible para el Gobierno.

Por un lado, una mayor recomposición salarial podría tensionar la estrategia antiinflacionaria. Por otro, la continuidad de esta dinámica erosiona el poder adquisitivo y puede trasladarse a consumo, conflictividad y negociación sindical.

En ese equilibrio, el sector público aparece particularmente condicionado: registró un aumento de 1,8% mensual, por debajo del promedio general . La política salarial estatal queda así atada no solo a la inflación, sino también a las restricciones fiscales.

Señales cruzadas y lo que viene

El inicio de 2026 deja una foto ambigua. Los salarios crecen en términos nominales, pero no logran consolidar una recuperación real. Al mismo tiempo, el dinamismo del sector informal introduce una variable difícil de ordenar dentro de una estrategia económica más amplia.

La clave estará en los próximos meses. Si la inflación desacelera, el actual esquema podría empezar a recomponer ingresos sin necesidad de fuertes correcciones. Si no lo hace, la presión sobre paritarias, gasto público y consumo interno podría intensificarse.

En ese cruce, la política económica vuelve a enfrentar su dilema clásico: cuánto ajustar hoy para estabilizar, y cuánto ceder para sostener el tejido social en el corto plazo.

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Precarización laboral: ya hay 2 millones entre desocupados y trabajadores en negro en Argentina

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La foto laboral empezó a mostrar algo más profundo que un aumento de la desocupación. En la Argentina, los desocupados o trabajadores no registrados ya suman 2 millones de personas, en un escenario en el que el empleo formal retrocede, la informalidad gana terreno y el mercado laboral absorbe la crisis con ocupaciones más frágiles. El dato condensa una tensión política que el Gobierno no puede esquivar: el ajuste no solo impacta en la actividad, también modifica la calidad del trabajo disponible. Y esa deriva, aunque todavía no se traduzca en un colapso abierto, empieza a perforar uno de los frentes más sensibles de la gobernabilidad.

En los últimos dos años, el empleo no registrado creció en 376.000 puestos, mientras la tasa de desocupación pasó de 5,7% a 7,5%. Eso equivale, según el INDEC, a 1,7 millones de personas desocupadas. A la vez, la tasa de empleo bajó de 45,8% a 45%, y la informalidad trepó a 43% de la población ocupada. Proyectado a todo el país, el cuadro deja una estructura laboral partida: 13 millones de trabajadores registrados frente a unos 9 millones en negro. No se trata solo de menos empleo de calidad. Se trata de un mercado que, aun cuando sigue generando alguna ocupación, lo hace cada vez más fuera de los márgenes de protección.

Un mercado laboral que ajusta por precariedad

El dato central no es únicamente que subió la desocupación. También cambió la composición del empleo. El retroceso del trabajo registrado y el avance del no registrado indican que el ajuste del mercado laboral no opera solo expulsando trabajadores, sino empujándolos hacia formas más inestables y sin cobertura social.

Esa dinámica aparece con claridad en los números sectoriales citados por la consultora Invecq en base a cifras del INDEC. Según ese relevamiento, el comercio sumó 210.000 puestos informales, mientras los registrados privados en ese rubro apenas crecieron 4.000. En la industria manufacturera, en tanto, se agregaron 87.000 trabajadores no registrados al tiempo que se perdieron 63.000 puestos formales. La señal es nítida: incluso sectores tradicionales de la economía están reemplazando empleo estable por inserciones laborales más débiles.

Ese punto importa porque desarma una lectura simplista que atribuye la expansión de la informalidad solo a las nuevas plataformas o a formas emergentes del trabajo. Lo que muestran los datos es algo más estructural. La precarización no está contenida en un nicho; se extiende sobre actividades clásicas de la economía y altera el corazón mismo del empleo urbano.

La caída del empleo registrado golpea al sector privado y también al público

El deterioro tampoco queda circunscripto a un solo segmento del mercado laboral. Los asalariados registrados del sector privado disminuyeron en 182.000 puestos, mientras en el sector público hubo una caída de 80.000 empleos registrados. En total, son 262.000 puestos formales menos.

En términos institucionales, ese dato tiene peso propio. Cuando caen al mismo tiempo el empleo privado registrado y el empleo público formal, se angosta el colchón que suele amortiguar las crisis laborales. La consecuencia es doble: menos aportes al sistema, menos cobertura social y más presión sobre ingresos que ya venían deteriorados.

Ahí aparece una dimensión política más delicada. La discusión sobre el empleo deja de girar únicamente en torno a cuántos puestos se crean o se destruyen, y pasa a enfocarse en qué tipo de trabajo sobrevive. Un mercado que reemplaza empleo formal por ocupaciones en negro puede evitar, por un tiempo, un salto todavía mayor en la desocupación abierta. Pero ese “amortiguador” tiene un costo: deteriora ingresos, reduce derechos y vuelve más inestable la base social sobre la que se sostiene cualquier programa económico.

Repercusiones: más tensión social y menos margen para administrar el ajuste

La expansión de la informalidad fortalece, en lo inmediato, una lógica de supervivencia laboral que contiene parcialmente el desempleo abierto, pero condiciona la sustentabilidad social del esquema económico. El problema no se limita a la falta de trabajo. También afecta la calidad del empleo existente y su capacidad para garantizar ingresos, aportes previsionales y cobertura médica.

En la correlación de fuerzas, este proceso deja al Gobierno frente a una tensión difícil de administrar. Puede exhibir orden fiscal o desaceleración en otros frentes, pero si el mercado laboral consolida una salida por precariedad, el costo social del ajuste cambia de forma, no desaparece. Y esa mutación tiene efectos políticos concretos: erosiona ingresos, amplía la vulnerabilidad y vuelve más sensibles los reclamos sectoriales y territoriales.

También condiciona la agenda pública. Un mercado laboral donde 43% de los ocupados está en la informalidad no solo expone problemas de empleo; pone en discusión el alcance real de la recuperación, si es que aparece. Porque incluso un repunte parcial de la actividad puede convivir con trabajos de baja calidad, sin derechos y con salarios insuficientes. La mejora cuantitativa, en ese contexto, no necesariamente corrige el deterioro social.

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El empleo se vuelca al cuentapropismo y redibuja el mala laboral urbano

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El mercado de trabajo argentino en los principales centros urbanos cambió de forma silenciosa, pero profunda. Entre el tercer trimestre de 2016 y el mismo período de 2025, el empleo por cuenta propia avanzó con mayor dinamismo que el trabajo asalariado y terminó reconfigurando la estructura ocupacional en los 32 aglomerados relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC.

Hoy, sobre un total de 13,6 millones de ocupados urbanos, el 24,5% trabaja por cuenta propia, mientras que el 71,9% lo hace en relación de dependencia. En 2016, la proporción era distinta: los asalariados representaban el 75,4% y los cuentapropistas apenas el 20,5%. En menos de una década, el empleo independiente ganó 4,1 puntos porcentuales y el asalariado perdió 3,6.

La tendencia no fue lineal, pero sí persistente. Entre 2016 y 2020 el cuentapropismo creció de manera ininterrumpida, alcanzando el 25% del total en plena pandemia. Luego, entre 2021 y 2023, el empleo asalariado recuperó terreno, pero el ciclo volvió a invertirse en 2024 y 2025. En los últimos dos años el trabajo independiente sumó tres puntos porcentuales y se ubicó en su segundo nivel más alto de toda la serie histórica, solo por debajo del pico excepcional de 2020.

La transformación también se observa en números absolutos. En 2016 había 2,3 millones de cuentapropistas en los aglomerados urbanos; en 2025 son 3,3 millones: un crecimiento del 42,2%. En cambio, los asalariados pasaron de 8,7 millones a 9,8 millones, una suba del 13%. Más aún: el máximo histórico de empleo asalariado fue en 2023, con 10 millones de trabajadores. Desde entonces retrocedió 2,5%, mientras el cuentapropismo volvió a expandirse con fuerza.

(*) Incluye Patrones y Trabajadores familiares sin remuneración. Fuente: Politikon Chaco en base EPH-INDEC.

El fenómeno no es homogéneo. El mapa territorial revela diferencias marcadas. En el tercer trimestre de 2025, Mar del Plata encabeza el ranking con 32,5% de cuentapropistas sobre el total de ocupados. Le siguen Posadas (32,0%) y Gran Resistencia (30,7%). En el extremo opuesto, Río Gallegos registra apenas 9,2%, el único aglomerado con participación de un dígito, acompañado por Ushuaia-Río Grande con 14,5%.

La comparación entre 2016 y 2025 muestra que el avance fue particularmente intenso en el NEA. Gran Resistencia incrementó su cuentapropismo en 14,3 puntos porcentuales y Posadas en 11 puntos. En ambas ciudades, prácticamente uno de cada tres trabajadores urbanos es hoy independiente. Solo cinco aglomerados redujeron la participación del trabajo por cuenta propia en el período, entre ellos Santa Rosa-Toay y Río Cuarto.

El dato de fondo es que el cuentapropismo volvió a consolidarse como válvula de ajuste del mercado laboral urbano. Ya no se trata únicamente de un fenómeno asociado a la pandemia o a episodios coyunturales de crisis, sino de una modalidad que gana espacio estructuralmente frente al empleo asalariado.

La pregunta hacia adelante no es solo cuánto crece el empleo, sino bajo qué forma lo hace. El aumento del trabajo independiente puede reflejar dinamismo emprendedor, pero también fragilidad del mercado formal. Lo cierto es que, en muchas ciudades argentinas, el empleo dejó de expandirse principalmente a través del salario y comenzó a hacerlo, cada vez más, a través de la cuenta propia.

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El cuentapropismo avanza: en Posadas creció 35% en los últimos dos años

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En los últimos años el mercado de trabajo urbano en la Argentina ha mostrado cambios significativos en su estructura ocupacional, con un crecimiento sostenido de las formas de  autoempleo. Dentro de este proceso, el cuentapropismo aparece como uno de los  fenómenos más relevantes, tanto por su magnitud como por las implicancias económicas y sociales que conlleva. El aglomerado de Posadas no fue ajeno a esta dinámica y exhibe señales claras de una expansión del trabajo por cuenta propia en los últimos dos años. 

El cuentapropismo es un tipo de inserción laboral que suele estar asociado a estrategias de  subsistencia, a la falta de oportunidades en el empleo asalariado formal y, en muchos casos, a mayores niveles de precariedad e inestabilidad de ingresos.  

¿Qué muestra la situación de Posadas? A partir de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), se observa que entre 2023 y 2025, la cantidad de trabajadores por cuenta propia en el aglomerado Posadas mostró un incremento significativo: creció 35% y su grado de participación sobre el total de ocupados ha crecido también de manera significativa. Esto contrasta con las otras formas de empleo: los  ocupados categorizados como “Patron” descendieron 30,5% en el período, y los  Empleados cayeron 13,7%; a su vez, el total de ocupados cayó 2,3% en Posadas. 

Por ende,  se verifica el hecho de que el cuentapropismo fue la salida que tuvo el posadeño para continuar teniendo una ocupación en el contexto actual. Dicho de otro modo: el  cuentapropismo operó como una válvula de escape frente a la debilidad del mercado laboral formal. 

En 2023, el cuentapropismo explicaba el 23,1% del total de ocupados de Posadas, y pasó a representar el 32,0% en 2025, con un incremento de 8,9 puntos porcentuales. En cambio, los ocupados de tipo Patrón pasaron del 3,9% al 2,8% de participación (evidenciando la caída de empleadores) y los Empleados bajaron del 72,5%  al 64,1%, al tiempo que los trabajadores familiares sin remuneración pasaron del 0,5% al  1,2%.

¿Qué vemos al analizar los datos en valores absolutos? La cantidad de ocupados total pasó  de 178.965 personas en 2023 a 174.774 personas en 2025 (-4.191). En ese marco, los  Patrones cayeron de 7.018 a 4.875 (-2.143 personas) y los Empleados de 129.702 a 111.970 (-17.732 personas)

En cambio, los Cuentapropistas pasaron de 41.404 a 55.901 (+14.497 personas).  

El aumento en términos absolutos de los cuentapropistas no solo refleja una mayor  participación de este tipo de ocupación, sino también un cambio en la estructura del empleo local. En la práctica, una proporción creciente de personas ocupadas encuentra en el trabajo independiente su principal estrategia de inserción laboral, ya sea por elección o por necesidad. 

Cuentapropismo por sector de actividad 

El análisis sectorial permite observar que el crecimiento del cuentapropismo no fue  homogéneo entre ramas de actividad. En el período analizado, se destaca una fuerte  concentración del trabajo por cuenta propia en sectores tradicionales como el comercio, los servicios personales y la construcción, actividades que históricamente han funcionado  como refugio frente a la pérdida de empleo asalariado. Por caso, se puede observar  actividades con alta concentración de cuentapropistas como ser: Comercio de textiles (88,6%), Servicios de peluquería y tratamientos de belleza (88,3%), Comercio de alimentos, bebidas y tabaco (69,3%), Servicios de expendio de comidas y bebidas (46%), Mantenimiento y reparación de vehículos automotores (42,6%) y Construcción (36,2%), entre otros. 

¿Pero cómo evolucionó este segmento de ocupados en los últimos diez años? En Servicios  de expendio de comidas y bebidas, la cantidad de trabajadores cuentapropistas creció 711,5% en los últimos dos años: pasó de 322 a 2.613 trabajadores; en Mantenimiento y reparación de vehículos automotores creció 167,2% (pasó de 647 a 1.729 trabajadores); en Comercio de alimentos, bebidas y tabaco creció 126,5% (de 2.957 a 6.698), entre otros. 

El cuentapropismo posadeño en comparación con otros aglomerados urbanos 

Al comparar la evolución del cuentapropismo en Posadas con la de otros aglomerados urbanos, se advierte que el fenómeno no es exclusivo del ámbito local, aunque presenta particularidades propias. En términos relativos, Posadas se ubica como el segundo  aglomerado con el mayor peso del trabajo por cuenta propia entre los aglomerados  relevados por la EPH -INDEC. Mientras que en 2023 se ubicaba décima (con 23,1%), en  2025 se ubicaba segunda (con 32,0%), quedando solo por debajo de Mar del Plata (32,5%). En este mismo marco, se destaca que Posadas vio el mayor incremento en la participación relativa del cuentapropismo del país: +8,9 puntos porcentuales contra 2023, seguido por Gran Rosario con +7,9 puntos porcentuales. En términos de trabajadores bajo ese segmento, su crecimiento del 35% se ubica como el séptimo más alto del país, en un  ranking liderado por Gran Rosario (+48,7%). 

Por ende, se puede corroborar que, en un contexto donde el cuentapropismo crece en todo  el país, en Posadas exhibe una expansión algo más marcada.

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Nuevo índice APP: cuántos pedidos necesita hacer un delivery para no ser pobre

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El Coeficiente de Alcance del Pedido Promedio (APP) pone números concretos a una pregunta clave del trabajo en plataformas: ¿cuántos pedidos necesita realizar un repartidor para cubrir gastos básicos y alcanzar ingresos mínimos? El último relevamiento muestra una mejora respecto de septiembre, aunque advierte una creciente desigualdad entre plataformas, con trayectorias de ingresos cada vez más dispares.

El índice toma como referencia un pedido promedio de $3.032,9, sin propina, calculado a partir de valores de PedidosYa y Rappi, y lo cruza con indicadores oficiales de ingresos, canastas básicas y costos de vida. El resultado permite traducir el esfuerzo laboral en una métrica directa: cantidad de pedidos necesarios para vivir.

Los números que explican la precariedad

De acuerdo con el informe, un hogar tipo de cuatro integrantes necesita realizar 454 pedidos mensuales para cubrir la canasta básica total y no ser considerado pobre. En el caso de una persona sola, sin alquiler, el umbral de pobreza se ubica en 140 pedidos, mientras que la canasta básica alimentaria individual se cubre con apenas 63 pedidos, señala un informe fue elaborado por la Fundación Encuentro.

El estudio también permite dimensionar el costo de la crianza: criar a un niño requiere 170 pedidos mensuales, mientras que un bebé demanda 152 pedidos. El alquiler promedio representa 244 pedidos, aunque en un monoambiente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el valor baja a 167 pedidos, evidenciando fuertes diferencias territoriales.

En términos de ingresos laborales, para alcanzar el ingreso promedio individual en Argentina se necesitan 328 pedidos, mientras que llegar al Salario Mínimo Vital y Móvil requiere 110 pedidos. Incluso los costos formales del trabajo aparecen medidos en esta lógica: el monotributo A equivale a 12 pedidos, y un tanque de nafta, insumo básico para repartir, se cubre con solo 2 pedidos.

El dato clave: mejora promedio, brecha creciente

El APP muestra una mejora general respecto de septiembre, pero no es homogénea. El informe advierte que las distintas plataformas presentan trayectorias divergentes, lo que amplía la brecha de ingresos entre repartidores según la app en la que trabajen, aun realizando esfuerzos similares.

En un sector caracterizado por la ausencia de paritarias, escalas salariales y referencias claras de esfuerzo e ingreso, el índice APP aporta una herramienta concreta para ordenar el debate público sobre precarización laboral, ingresos reales y regulación del trabajo en plataformas.

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