Empresas argentinas

Loma Negra la mayor cementera del país retorna a dueños nacionales

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La mayor cementera de Argentina volvió a quedar bajo conducción local. Tras meses de negociaciones y una reestructuración de deuda por cerca de US$ 1.500 millones, el grupo inversor encabezado por Marcelo Mindlin asumió el control de InterCement —y, por esa vía, de Loma Negra—, en una operación que redefine el mapa empresarial del sector y abre una pregunta de fondo: ¿se trata de un caso aislado o del inicio de una reconfiguración del capital en industrias clave?

El movimiento no es menor. Loma Negra, fundada por la familia Fortabat y vendida en 2005 a capitales brasileños, vuelve a tener conducción argentina después de más de dos décadas. El dato adquiere peso en un contexto donde el Gobierno promueve señales pro mercado, apertura a inversiones y desregulación, pero donde también resurgen discusiones sobre soberanía económica en sectores estratégicos.

Reconfiguración empresaria tras una deuda millonaria

La operación se apoyó en la reestructuración financiera de InterCement, controlada por la familia Camargo Correa, que arrastraba un pasivo cercano a los US$ 1.500 millones. El proceso fue aprobado por la justicia de San Pablo y estableció un nuevo esquema con un cupón del 6,75% y sin vencimientos en los próximos cinco años.

Ese rediseño permitió el ingreso del grupo Latcem, integrado por Mindlin junto a Redwood Capital Management y representantes de Chile Moneda–Patria Investments, que pasó a ser el accionista mayoritario del holding. Como resultado directo, Mindlin fue designado presidente.

El acuerdo incluyó además un aporte de capital de US$ 110 millones, orientado a estabilizar la operación y sostener el funcionamiento del grupo. En términos concretos, no se trató solo de un cambio de nombres en la conducción, sino de una reorganización profunda del esquema de poder financiero detrás de la compañía.

¿Qué dijo Mindlin de la nueva etapa de Loma Negra?

Al respecto, Mindlin destacó que la nueva estructura financiera permitirá a InterCement enfocarse en el crecimiento y buscar consolidar su operación regional en el tiempo.

Por su parte, InterCement se posiciona como la tercera productora de cemento en Brasil, con presencia en diez estados y una capacidad instalada de más de 16 millones de toneladas, consolidando así un grupo de alcance regional que ahora suma capital argentino en su estructura de control. 

Una empresa clave que nunca perdió centralidad

A diferencia del deterioro que afectó al holding brasileño, Loma Negra mantuvo en Argentina una posición sólida. La empresa conserva una participación de mercado del 45% y una capacidad de producción superior a 10 millones de toneladas anuales, lo que la ubica como actor dominante en un insumo crítico para la construcción y la obra pública.

Ese dato no es menor. El control de la principal cementera del país impacta de forma indirecta en la dinámica de la construcción, un sector sensible para la actividad económica y, por extensión, para la política. La estabilidad de Loma Negra, incluso en un contexto adverso para su casa matriz, refuerza su carácter estratégico.

Impacto político y señales al mercado

El regreso de capital argentino a la conducción de Loma Negra reordena equilibrios dentro del empresariado local. Fortalece a un actor con capacidad de incidencia en sectores clave y envía una señal al mercado sobre la posibilidad de recomposición de activos en manos nacionales, incluso en un contexto de globalización financiera.

Al mismo tiempo, el movimiento convive con una agenda oficial que busca atraer inversiones externas y flexibilizar regulaciones. Esa dualidad —apertura por un lado, reconfiguración local por otro— instala una tensión silenciosa en la lectura del rumbo económico.

En términos de correlación de fuerzas, el cambio no altera reglas formales, pero sí reposiciona actores. Y en sectores como el de materiales de construcción, donde la escala y el control de mercado son determinantes, ese tipo de movimientos suele tener efectos de mediano plazo.

Un nuevo ciclo con interrogantes abiertos

Con la nueva estructura financiera, InterCement apunta a consolidar su operación regional y retomar una estrategia de crecimiento. La presencia en diez estados de Brasil y una capacidad instalada superior a 16 millones de toneladas configuran un grupo con peso regional, ahora bajo conducción con participación argentina.

La incógnita no pasa solo por la evolución de la empresa, sino por el contexto en el que deberá operar. ¿Será este el inicio de una etapa de “re-nacionalización” empresarial en sectores estratégicos o un movimiento puntual en un mercado en reacomodamiento?

Por ahora, el cambio en Loma Negra marca un hito. Pero su verdadero alcance dependerá de lo que ocurra en los próximos meses, tanto en la economía real como en la dinámica del poder corporativo.

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La vidriera Rigolleau comienza a importar desde China tras pérdidas millonarias

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La histórica vidriera Rigolleau reconfiguró su estrategia productiva tras registrar pérdidas por $5.500 millones en 2025: redujo su producción en Berazategui, opera al 60% de su capacidad instalada y comenzó a importar vajilla desde China para abastecer el mercado interno. La decisión incluyó la paralización de un horno y la salida de cerca de 100 trabajadores, en un movimiento que excede lo empresarial y se proyecta como síntoma de un cambio más amplio: ¿es un ajuste coyuntural o una señal estructural sobre la competitividad industrial en la Argentina actual?

El dato no es menor en el contexto político y económico. La reconversión de una firma fundada en 1882, con fuerte presencia en el entramado productivo, se produce en paralelo a un esquema económico que promueve apertura comercial, desaceleración inflacionaria y reconfiguración de costos internos. En ese cruce, la decisión de importar lo que antes se producía localmente instala una tensión directa entre competitividad y sostenimiento del empleo.

Un cambio de modelo forzado por el mercado interno

La propia empresa explicitó el giro. En su balance presentado en febrero y en el reporte enviado a la Comisión Nacional de Valores (CNV), reconoció que “debe cambiar su modelo de negocio tradicional”. La caída del consumo interno, eje central de su operación —el 95% de su línea Hogar se destina al mercado local—, impactó de lleno en la estructura de costos.

El diagnóstico es claro: menor actividad, mayor ociosidad productiva y presión sobre la rentabilidad. Aun con esfuerzos por mejorar eficiencia y renegociar condiciones, el resultado fue negativo por segundo año consecutivo, duplicando incluso las pérdidas de 2024, que habían sido de $2.599.109.500.

En ese marco, la importación aparece como una salida pragmática. Según la empresa, los productos traídos desde China resultan más baratos incluso considerando flete y embalaje. La consecuencia es directa: las líneas vinculadas a vajilla y consumo hogareño dejarán de sostenerse mayoritariamente con producción local.

Sin embargo, el repliegue no es total. Rigolleau mantiene activas sus unidades ligadas a los sectores farmacéutico y alimentario, donde la demanda se muestra más estable. Esa segmentación revela que el problema no es uniforme, sino concentrado en los rubros más expuestos al consumo masivo.

Impacto laboral y señales al sistema productivo

El ajuste operativo ya tuvo efectos concretos: de una planta de más de 800 trabajadores, quedaron alrededor de 700. La paralización de un horno y la reducción de la producción implican una pérdida de escala que tensiona no solo a la empresa, sino al entramado industrial que la rodea.

El movimiento también reconfigura incentivos. Si importar resulta más competitivo que producir localmente, incluso en sectores tradicionales, el mensaje se amplifica hacia otras industrias que enfrentan estructuras de costos similares. En ese sentido, la decisión de Rigolleau puede leerse como un caso testigo dentro del proceso de apertura y reordenamiento económico en curso.

Al mismo tiempo, el vínculo histórico de la empresa con figuras como Enrique Ernesto Shaw y su tradición dentro de la doctrina social empresaria introduce una dimensión simbólica: el tránsito desde un modelo industrial con fuerte anclaje local hacia uno más flexible y globalizado.

Entre la supervivencia empresarial y el nuevo esquema económico

El dato más delicado no está en la caída, sino en la incógnita que deja abierta el propio balance: la capacidad de la empresa de sostenerse como “empresa en marcha”. Esa advertencia no es habitual y coloca el foco en la viabilidad futura del negocio.

En paralelo, los primeros meses de 2025 muestran señales de mejora, aunque todavía insuficientes para revertir el impacto previo. La recuperación aparece, pero no alcanza a compensar la caída estructural en ventas que disparó el cambio de estrategia.

Lo que está en juego no es solo la reconversión de una firma, sino la adaptación de un sector a nuevas reglas. El equilibrio entre costos locales, apertura comercial y demanda interna será determinante en las próximas decisiones.

Un caso abierto en medio de la transición económica

La decisión de Rigolleau no cierra un ciclo, lo abre. Marca un punto de inflexión en la lógica productiva de una empresa emblemática y, al mismo tiempo, deja planteadas preguntas sobre el rumbo de la industria nacional en el nuevo escenario económico.

Habrá que observar si este viraje se consolida o si, ante cambios en el consumo o en la estructura de costos, la producción local recupera terreno. También si otros actores siguen el mismo camino o si logran sostener esquemas productivos competitivos sin recurrir a importaciones.

Por ahora, el movimiento es claro: una empresa centenaria ajusta su modelo para sobrevivir. Lo que todavía no está definido es si ese ajuste será transitorio o el anticipo de una transformación más profunda.

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Lumilagro retrocede tras la crisis en redes y expone el costo político de la reconversión empresaria

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Lumilagro quedó atrapada en una crisis de comunicación con derivaciones económicas y simbólicas después de que su cuenta oficial en X recomendara comprar termos Stanley y defendiera esa elección como “lo mejor para el país”. El episodio, que derivó en un fuerte rechazo en redes sociales, terminó con la eliminación del posteo original y un giro discursivo de la propia empresa, que pasó de la provocación al tono defensivo para explicar que atraviesa una reconversión destinada a “adaptarse, sobrevivir y volver a crecer”. La secuencia no fue un simple traspié digital: expuso, en tiempo real, la tensión entre apertura comercial, competencia importada y supervivencia industrial.

El caso impactó porque tocó una fibra sensible del actual escenario económico. No se trató solo de una mala decisión en redes ni de un mensaje desacertado de community management. Según el texto base, la cuenta está manejada por su propio dueño, lo que le dio al episodio un peso mayor: la empresa no habló por error técnico, habló en primera persona. Y cuando tuvo que retroceder, ya no discutía una publicación, sino el sentido de su propio reposicionamiento frente a un mercado más hostil.

De la provocación a la explicación: qué mostró el giro de la empresa

Todo comenzó con una recomendación desde la cuenta oficial de Lumilagro para comprar termos Stanley. El mensaje, presentado bajo la idea de que era “lo mejor para el país”, generó una ola de críticas y desconcierto, precisamente porque provenía de una fábrica identificada históricamente con la producción nacional de termos. La controversia escaló rápido y una de las respuestas que tomó visibilidad fue la de Claudio García, conocido como el “Turco”, quien ironizó: “Miren, Adorni consiguió nuevo laburo de CM”.

Con el correr de las horas, el dueño de la empresa eliminó el tuit y fijó un nuevo mensaje. Ahí apareció el verdadero fondo del conflicto. Lumilagro explicó que atraviesa una situación económica compleja y defendió su proceso de reconversión. “Toda reconversión es dolorosa, pero ninguna empresa pone las reglas del juego”, sostuvo la firma. También aseguró que no despidió personal y que todos los retiros fueron “por común acuerdo” para adecuarse a un nuevo escenario competitivo.

Ese cambio de tono no fue menor. La empresa pasó de una comunicación disruptiva, casi desafiante, a una narrativa de justificación defensiva. En términos políticos y económicos, el giro reveló que detrás del escándalo digital hay un problema más estructural: la presión que ejerce la competencia sobre firmas que intentan sostenerse en un contexto de transformación del mercado.

Reconversión, competencia y señales sobre el nuevo clima económico

La explicación posterior de Lumilagro introdujo una definición central. La empresa planteó que adaptarse no es una opción ideológica, sino una condición de supervivencia. En ese marco, vinculó la reconversión con la apertura de locales propios, la fabricación de parte de sus productos y el crecimiento de sus áreas comercial, de diseño e ingeniería.

Traducido a clave de poder económico, el mensaje deja ver un desplazamiento. La firma no discute solamente cómo vender más; discute cómo seguir existiendo sin perder pie frente a la competencia. Y en ese punto, el episodio trasciende la anécdota de redes sociales. Muestra cómo una empresa local intenta reordenarse en un escenario donde las reglas del mercado, según su propia expresión, no las fija el sector privado.

El dato relevante es que la empresa buscó despegarse de una imagen de ajuste puro. Negó despidos y habló de retiros acordados. También proyectó que, si la reconversión funciona, podrá volver a generar empleo. No hay cifras ni plazos en el texto base para medir el alcance real de ese proceso, pero sí una señal concreta: Lumilagro ya no se presenta solo como fabricante, sino como una compañía que reorganiza su estructura para competir de otra manera.

El impacto político de un traspié que no quedó en lo digital

La repercusión del caso no se agotó en el repudio online. Lo que quedó expuesto fue una escena incómoda para el debate público: una marca emblemática asociada a la industria nacional terminó promoviendo a un competidor y después tuvo que explicar que lo hizo en medio de su propia crisis. Esa contradicción amplificó el costo reputacional.

En la correlación de fuerzas, el episodio fortalece una lectura crítica sobre el impacto de la competencia importada en las empresas locales, aunque el texto base no permite extender esa conclusión más allá de esta firma. Al mismo tiempo, deja a la empresa en una posición delicada frente a su propio público: debe convencer de que su reestructuración no implica retirada, sino una apuesta a seguir en el mercado con otro formato.

También hay una dimensión política más amplia. Cuando una firma industrial queda obligada a explicar públicamente su reconversión tras un escándalo de comunicación, lo que se pone en juego no es solo su estrategia de marca, sino la legitimidad social de los cambios que está ejecutando. En ese sentido, Lumilagro no discutió únicamente un error de redes: discutió el relato de su continuidad.

Un episodio menor en apariencia, pero revelador en su trasfondo

A primera vista, el caso puede leerse como un papelón en X. Sin embargo, el fondo del asunto sugiere algo más. La marcha atrás de Lumilagro dejó al descubierto la incomodidad de muchas empresas cuando deben adaptarse a un entorno competitivo que las obliga a modificar procesos, achicar costos o redefinir su modelo operativo, pero sin perder identidad frente al consumidor.

Lo que habrá que seguir en las próximas semanas es si la firma logra estabilizar su mensaje y transformar esa explicación de crisis en una narrativa de relanzamiento. También quedará por ver si su apuesta por locales propios, nuevas áreas y fabricación parcial alcanza para recomponer su posición sin profundizar el desgaste reputacional que dejó el episodio.

Porque a veces una crisis en redes no nace solo de un posteo mal calculado. A veces funciona como síntoma. Y en este caso, lo que asomó detrás del error fue una discusión más áspera: cómo se adapta una empresa tradicional cuando el mercado cambia más rápido que su lenguaje.

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Cadena de pagos: los cheques sin fondos se dispararon y cerraron diciembre en 119.285 rechazos

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La señal de estrés volvió a encenderse en la cadena de pagos. De acuerdo con el informe de Pagos Minoristas del Banco Central, en diciembre de 2025 los cheques rechazados por “sin fondos suficientes” treparon a 119.285, sobre un total de 160.823 rechazos. La cifra implicó un salto del 19% mensual y una suba interanual del 205%, en un año que mostró una trayectoria claramente ascendente en la cantidad de cheques sin respaldo.

En términos de montos, los cheques rechazados por falta de fondos alcanzaron $ 347.638 millones. Esto representó un incremento del 8% mensual nominal (y 5% real, deflactado por inflación), mientras que en la comparación interanual el alza fue de 311% nominal y 213% real. Según el BCRA, el motivo “sin fondos suficientes” explicó 2,2% de los rechazos medidos en cantidades y 1,6% en montos.

Durante diciembre se compensaron 5,4 millones de cheques (físicos y electrónicos, en pesos) por un total de $ 22,4 billones. En ese universo, el echeq representó el 60% en cantidades (unos 3,2 millones de cheques electrónicos) y el 82,2% en montos ($ 18,4 billones), confirmando que la digitalización ya domina el flujo principal del instrumento.

Además, a partir de la implementación del echeq en dólares, en diciembre se compensaron 19 cheques por un monto total de u$s 0,8 millones, detalló el Banco Central.

Tarjetas: el crédito se impuso al débito

El informe también remarcó que el uso de tarjetas de crédito superó al de débito. En débito, se registraron 174 millones de transacciones por $ 4,7 billones en noviembre (último dato disponible), con caídas de 12% en cantidades y de 14,2% en montos reales.

En ese mismo mes se contabilizaron 10.200 transacciones en moneda extranjera por u$s 6 millones, y el 99,2% se canalizó vía comercio electrónico.

Cheques rechazados sin fondos (BCRA)

Cantidad de cheques rechazados sin fondos

Fuente: BCRA (Pagos Minoristas). Serie mensual.

Dato destacado: dic-25 = 119.285 cheques.

En crédito, en tanto, se observaron variaciones interanuales de 4,2% en cantidades y una baja del 3,5% en montos reales, con 184,7 millones de pagos por $ 10,4 billones. Los canales más utilizados fueron comercio electrónico (39,2%), POS y QR (37,9%) y débito automático (13,4%).

En diciembre, los envíos de dinero en pesos (transferencias inmediatas “push”) crecieron 24,8% en cantidades: se contabilizaron 753 millones de transacciones por $ 88,7 billones, con subas interanuales de 24,8% (cantidades) y 24,4% (montos reales). El 75% de las operaciones tuvo como origen o destino una CVU.

En moneda extranjera, se registraron 2,1 millones de operaciones (suba de 9%) por u$s 3.638,6 millones, con un incremento de 13,9% en moneda de origen.

Por su parte, los ingresos de dinero en pesos (transferencias inmediatas “pull”) totalizaron 47,7 millones de operaciones por $ 4,6 billones, con subas interanuales de 2,8% en cantidades y 10,3% en montos reales. Los pagos con transferencia interoperables mediante QR sumaron 95 millones de operaciones en pesos.

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Más financiamiento externo: Telecom consiguió US$ 600 millones y refuerza su plan de inversiones

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Telecom Argentina concretó una nueva colocación de deuda por US$ 600 millones en el mercado internacional, en una operación que recibió un fuerte respaldo de los inversores y que, además, favorece la acumulación de reservas del Banco Central. La emisión se realizó en el marco de su Programa Global de Obligaciones Negociables por hasta US$ 4.200 millones, aprobado por la Comisión Nacional de Valores, y se destacó por su elevada demanda, el plazo alcanzado y la tasa obtenida.

La operación se inscribe en un contexto en el que empresas de primera línea vuelven a acceder al financiamiento externo, aportando divisas al sistema financiero local y contribuyendo a fortalecer la posición cambiaria, en línea con la estrategia oficial de recomposición de reservas.

Demanda récord y condiciones financieras destacadas

En esta emisión puntual, Telecom recibió ofertas por US$ 2.427 millones, a través de 174 órdenes, lo que permitió adjudicar un monto final de US$ 600 millones. De este modo, la demanda resultó 3,3 veces superior al monto emitido, un dato que refleja el apetito de los inversores por activos corporativos argentinos de alta calificación relativa.

Este resultado refleja la consistencia de la estrategia de negocios de la compañía y la solidez de su desempeño operativo, factores que generaron un fuerte respaldo por parte de inversores institucionales”, destacó la empresa en un comunicado oficial.

Los títulos se estructuraron a un plazo final de 10 años, con vencimiento el 20 de enero de 2036, y un plazo promedio de 9,5 años. La colocación se realizó a una tasa fija nominal anual del 8,50%, con un rendimiento del 8,625%, lo que representa el nivel más bajo de todas las emisiones internacionales de Telecom desde 2019. Además, la operación logró una compresión de 50 puntos básicos frente a la referencia inicial brindada al mercado.

Por estas características, la emisión se destacó por alcanzar uno de los plazos más largos en la historia de la compañía y por concentrar el mayor volumen de interés de inversores para una emisión corporativa argentina desde la reapertura del mercado internacional en 2024.

Destino de los fondos y estrategia de largo plazo

Según informó la empresa, los fondos obtenidos se destinarán principalmente a la gestión activa del perfil de deuda, incluyendo la refinanciación de pasivos existentes, entre ellos préstamos asociados a la adquisición de Telefónica Móviles Argentina (TMA). El objetivo es preservar un nivel de apalancamiento consistente con el plan financiero de largo plazo.

En paralelo, la operación permitirá seguir respaldando el plan de inversiones, que durante 2025 ascendió a aproximadamente US$ 2.000 millones, orientado a sostener y ampliar la infraestructura tecnológica y los servicios de conectividad.

Desde una mirada macroeconómica, este tipo de colocaciones corporativas en dólares contribuye a mejorar la oferta de divisas, facilita la acumulación de reservas por parte del Banco Central y envía una señal positiva al mercado financiero respecto de la capacidad de las empresas argentinas para acceder a financiamiento en condiciones competitivas, aun en un contexto de riesgo país elevado.

Participación de bancos globales y colocadores locales

La emisión contó con la participación de J.P. Morgan, BBVA, Santander, Citigroup y Deutsche Bank Securities como Global Coordinators y Joint Bookrunners en el exterior. En el ámbito local, actuaron como colocadores Banco Santander Argentina, ICBC Argentina, Macro Securities, Balanz Capital, Latin Securities y Banco CMF.

El amplio respaldo de entidades financieras internacionales y locales refuerza el carácter estratégico de la operación y consolida a Telecom como uno de los principales emisores corporativos argentinos en el mercado de capitales global.

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