Empresas argentinas

Flybondi y OCA: Mauricio Sana deja el holding de Scatturice en plena reconfiguración empresarial

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La salida de Mauricio Sana marca uno de los movimientos ejecutivos más relevantes del año dentro del ecosistema aerocomercial y logístico argentino. El ejecutivo confirmó que abandona de manera definitiva el holding estadounidense COC Global Enterprise, controlado por Leonardo Scatturice, luego de haber ocupado posiciones centrales tanto en Flybondi como en OCA.

El anuncio fue realizado a través de LinkedIn, donde Sana comunicó el inicio de una “nueva etapa profesional llena de desafíos y nuevos proyectos”. Con ello, cerró un ciclo de más de siete años vinculado a Flybondi, la aerolínea low cost que se convirtió en uno de los actores más disruptivos del mercado aéreo argentino.

“Tuve la oportunidad de liderar uno de los proyectos más disruptivos de la aviación argentina, junto a equipos extraordinarios que hicieron posible democratizar el acceso al avión para millones de personas”, expresó el ejecutivo en su despedida pública.

Sana había ingresado a Flybondi en febrero de 2019 como director comercial y luego escaló hasta convertirse en CEO. Durante su gestión, la compañía atravesó algunas de las etapas más complejas de la industria: la crisis derivada de la pandemia, la recuperación de la demanda aérea y la expansión de rutas en un contexto de alta volatilidad económica.

Su salida operativa de la conducción diaria de la aerolínea se había concretado en febrero de este año, cuando asumió como vicepresidente de la compañía y, paralelamente, tomó el control ejecutivo de OCA, una de las mayores firmas privadas de logística y correo de la Argentina. Desde entonces, la presidencia de Flybondi quedó en manos de Paz Lovisolo.

El contexto no es menor. En diciembre pasado, Flybondi anunció acuerdos con Boeing y Airbus para incorporar aeronaves nuevas de fábrica, un ambicioso plan de expansión valuado en unos 1.700 millones de dólares. La apuesta buscaba consolidar el crecimiento de la low cost en el mercado regional y fortalecer su capacidad operativa en el mediano plazo.

Sin embargo, la salida de Sana se produce en simultáneo con otros movimientos dentro de la estructura ejecutiva de la compañía. Este 21 de mayo también dejó Flybondi Federico A. Pastori, quien se desempeñaba como Chief Commercial Officer (CCO). En otro mensaje difundido en LinkedIn, el ejecutivo destacó las “transformaciones profundas” impulsadas durante su gestión y agradeció especialmente a Sana por la confianza depositada en su trabajo.

“Tuve el honor de liderar un equipo excepcional de profesionales que se atrevió a construir y abrir caminos allí donde otros no lo creían posible”, sostuvo Pastori.

Hasta ahora, Flybondi no comunicó quién reemplazará formalmente a Sana dentro de la estructura del holding.

El paso del ejecutivo por OCA también fue breve pero intenso. Apenas permaneció unos 100 días al frente de la compañía, período en el que, según explicó, trabajó en el diseño de un plan de transformación destinado a modernizar la operación logística.

“El desafío fue distinto pero igual de apasionante: sentar las bases de una transformación profunda, combinando operación, tecnología, eficiencia e innovación para proyectar una compañía preparada para los próximos años”, señaló.

La situación de OCA aparece atravesada por un contexto financiero delicado. La empresa ingresó hace menos de un año en concurso preventivo, con una deuda cercana a los 100.000 millones de pesos. En diciembre de 2025, el holding COC Global Enterprise concretó la compra de la compañía con el objetivo de convertirla en una plataforma logística regional de gran escala en América latina.

Tras la salida de Sana, la conducción de OCA quedará a cargo de Gastón Pérez Izquierdo, ex CEO de Catena Zapata, en una señal de continuidad del proceso de reorganización corporativa impulsado por el grupo inversor.

La reconfiguración ejecutiva tanto en Flybondi como en OCA refleja un momento de redefinición estratégica dentro del conglomerado de Scatturice, en sectores donde la eficiencia operativa, la escala y el acceso al financiamiento se volvieron factores decisivos para sostener el crecimiento en un contexto económico todavía desafiante.

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Los cheques rechazados se duplicaron en un año y exponen la tensión financiera de empresas y comercios

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La cantidad de cheques rechazados por falta de fondos volvió a encender una señal de alerta en la economía argentina. Durante marzo de 2026, se registraron cerca de 112.000 cheques rechazados, más del doble que en el mismo mes del año pasado, cuando la cifra rondaba los 55.000. El dato refleja un deterioro en la capacidad de pago de empresas y particulares, en un contexto donde la cadena de pagos sigue mostrando fragilidad y mayores niveles de estrés financiero.

Según el último informe de pagos minoristas del Banco Central de la República Argentina (BCRA), el incremento también fue significativo en la comparación mensual: los rechazos crecieron 24,4% respecto de febrero, cuando se habían contabilizado unos 90.000 cheques sin fondos. Además, se trata del nivel más alto de los últimos doce meses, consolidando una tendencia ascendente tanto en cantidad como en monto de las operaciones impagas.

En términos proporcionales, la tasa de rechazo alcanzó el 2,2% sobre la cantidad de cheques compensados y el 1,6% sobre el monto total operado, valores superiores a los registrados en febrero y que más que duplican los niveles observados un año atrás, cuando apenas superaban el 1%.

Durante marzo, el sistema compensó un total de 5,1 millones de cheques por un monto de 22,4 billones de pesos. Dentro de ese universo, el segmento electrónico (ECHEQ) profundizó su predominio y concentró el 82,9% del monto total, equivalente a 18,6 billones de pesos.

Sin embargo, el dato más preocupante aparece en el monto rechazado: ascendió a 357.800 millones de pesos, con una suba nominal de 21% frente a febrero. Si se descuenta el efecto inflacionario, el incremento real mensual fue de 14,2%, mientras que en la comparación interanual el salto real supera el 59,8%.

El fenómeno revela una creciente dificultad de financiamiento en el sector privado, especialmente en pequeñas y medianas empresas que siguen utilizando el cheque como herramienta central para sostener capital de trabajo y pagos corrientes. El aumento de los rechazos suele ser leído como un termómetro directo del nivel de tensión en la actividad económica.

El avance de los pagos digitales

En paralelo, el informe del BCRA muestra una transformación acelerada en los sistemas de pago. Las transferencias inmediatas “push” alcanzaron 731,5 millones de operaciones en pesos durante marzo, con una suba interanual del 25,6%, y movilizaron 82,2 billones de pesos, consolidándose como el principal motor del sistema de pagos.

También crecieron con fuerza los pagos con transferencia interoperables (PCT), que totalizaron 100,8 millones de operaciones, un 62,7% más que un año atrás. El 98,8% de estas transacciones se realizó mediante códigos QR, confirmando el fuerte desplazamiento de los métodos tradicionales hacia soluciones digitales.

En este escenario, mientras el uso de tarjetas de débito y crédito muestra caídas en cantidad de operaciones y montos reales, los pagos electrónicos ganan protagonismo. Pero la persistencia del problema de los cheques rechazados expone que, detrás de esa modernización financiera, persisten serias dificultades de liquidez en buena parte del entramado productivo.

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Loma Negra la mayor cementera del país retorna a dueños nacionales

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La mayor cementera de Argentina volvió a quedar bajo conducción local. Tras meses de negociaciones y una reestructuración de deuda por cerca de US$ 1.500 millones, el grupo inversor encabezado por Marcelo Mindlin asumió el control de InterCement —y, por esa vía, de Loma Negra—, en una operación que redefine el mapa empresarial del sector y abre una pregunta de fondo: ¿se trata de un caso aislado o del inicio de una reconfiguración del capital en industrias clave?

El movimiento no es menor. Loma Negra, fundada por la familia Fortabat y vendida en 2005 a capitales brasileños, vuelve a tener conducción argentina después de más de dos décadas. El dato adquiere peso en un contexto donde el Gobierno promueve señales pro mercado, apertura a inversiones y desregulación, pero donde también resurgen discusiones sobre soberanía económica en sectores estratégicos.

Reconfiguración empresaria tras una deuda millonaria

La operación se apoyó en la reestructuración financiera de InterCement, controlada por la familia Camargo Correa, que arrastraba un pasivo cercano a los US$ 1.500 millones. El proceso fue aprobado por la justicia de San Pablo y estableció un nuevo esquema con un cupón del 6,75% y sin vencimientos en los próximos cinco años.

Ese rediseño permitió el ingreso del grupo Latcem, integrado por Mindlin junto a Redwood Capital Management y representantes de Chile Moneda–Patria Investments, que pasó a ser el accionista mayoritario del holding. Como resultado directo, Mindlin fue designado presidente.

El acuerdo incluyó además un aporte de capital de US$ 110 millones, orientado a estabilizar la operación y sostener el funcionamiento del grupo. En términos concretos, no se trató solo de un cambio de nombres en la conducción, sino de una reorganización profunda del esquema de poder financiero detrás de la compañía.

¿Qué dijo Mindlin de la nueva etapa de Loma Negra?

Al respecto, Mindlin destacó que la nueva estructura financiera permitirá a InterCement enfocarse en el crecimiento y buscar consolidar su operación regional en el tiempo.

Por su parte, InterCement se posiciona como la tercera productora de cemento en Brasil, con presencia en diez estados y una capacidad instalada de más de 16 millones de toneladas, consolidando así un grupo de alcance regional que ahora suma capital argentino en su estructura de control. 

Una empresa clave que nunca perdió centralidad

A diferencia del deterioro que afectó al holding brasileño, Loma Negra mantuvo en Argentina una posición sólida. La empresa conserva una participación de mercado del 45% y una capacidad de producción superior a 10 millones de toneladas anuales, lo que la ubica como actor dominante en un insumo crítico para la construcción y la obra pública.

Ese dato no es menor. El control de la principal cementera del país impacta de forma indirecta en la dinámica de la construcción, un sector sensible para la actividad económica y, por extensión, para la política. La estabilidad de Loma Negra, incluso en un contexto adverso para su casa matriz, refuerza su carácter estratégico.

Impacto político y señales al mercado

El regreso de capital argentino a la conducción de Loma Negra reordena equilibrios dentro del empresariado local. Fortalece a un actor con capacidad de incidencia en sectores clave y envía una señal al mercado sobre la posibilidad de recomposición de activos en manos nacionales, incluso en un contexto de globalización financiera.

Al mismo tiempo, el movimiento convive con una agenda oficial que busca atraer inversiones externas y flexibilizar regulaciones. Esa dualidad —apertura por un lado, reconfiguración local por otro— instala una tensión silenciosa en la lectura del rumbo económico.

En términos de correlación de fuerzas, el cambio no altera reglas formales, pero sí reposiciona actores. Y en sectores como el de materiales de construcción, donde la escala y el control de mercado son determinantes, ese tipo de movimientos suele tener efectos de mediano plazo.

Un nuevo ciclo con interrogantes abiertos

Con la nueva estructura financiera, InterCement apunta a consolidar su operación regional y retomar una estrategia de crecimiento. La presencia en diez estados de Brasil y una capacidad instalada superior a 16 millones de toneladas configuran un grupo con peso regional, ahora bajo conducción con participación argentina.

La incógnita no pasa solo por la evolución de la empresa, sino por el contexto en el que deberá operar. ¿Será este el inicio de una etapa de “re-nacionalización” empresarial en sectores estratégicos o un movimiento puntual en un mercado en reacomodamiento?

Por ahora, el cambio en Loma Negra marca un hito. Pero su verdadero alcance dependerá de lo que ocurra en los próximos meses, tanto en la economía real como en la dinámica del poder corporativo.

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La vidriera Rigolleau comienza a importar desde China tras pérdidas millonarias

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La histórica vidriera Rigolleau reconfiguró su estrategia productiva tras registrar pérdidas por $5.500 millones en 2025: redujo su producción en Berazategui, opera al 60% de su capacidad instalada y comenzó a importar vajilla desde China para abastecer el mercado interno. La decisión incluyó la paralización de un horno y la salida de cerca de 100 trabajadores, en un movimiento que excede lo empresarial y se proyecta como síntoma de un cambio más amplio: ¿es un ajuste coyuntural o una señal estructural sobre la competitividad industrial en la Argentina actual?

El dato no es menor en el contexto político y económico. La reconversión de una firma fundada en 1882, con fuerte presencia en el entramado productivo, se produce en paralelo a un esquema económico que promueve apertura comercial, desaceleración inflacionaria y reconfiguración de costos internos. En ese cruce, la decisión de importar lo que antes se producía localmente instala una tensión directa entre competitividad y sostenimiento del empleo.

Un cambio de modelo forzado por el mercado interno

La propia empresa explicitó el giro. En su balance presentado en febrero y en el reporte enviado a la Comisión Nacional de Valores (CNV), reconoció que “debe cambiar su modelo de negocio tradicional”. La caída del consumo interno, eje central de su operación —el 95% de su línea Hogar se destina al mercado local—, impactó de lleno en la estructura de costos.

El diagnóstico es claro: menor actividad, mayor ociosidad productiva y presión sobre la rentabilidad. Aun con esfuerzos por mejorar eficiencia y renegociar condiciones, el resultado fue negativo por segundo año consecutivo, duplicando incluso las pérdidas de 2024, que habían sido de $2.599.109.500.

En ese marco, la importación aparece como una salida pragmática. Según la empresa, los productos traídos desde China resultan más baratos incluso considerando flete y embalaje. La consecuencia es directa: las líneas vinculadas a vajilla y consumo hogareño dejarán de sostenerse mayoritariamente con producción local.

Sin embargo, el repliegue no es total. Rigolleau mantiene activas sus unidades ligadas a los sectores farmacéutico y alimentario, donde la demanda se muestra más estable. Esa segmentación revela que el problema no es uniforme, sino concentrado en los rubros más expuestos al consumo masivo.

Impacto laboral y señales al sistema productivo

El ajuste operativo ya tuvo efectos concretos: de una planta de más de 800 trabajadores, quedaron alrededor de 700. La paralización de un horno y la reducción de la producción implican una pérdida de escala que tensiona no solo a la empresa, sino al entramado industrial que la rodea.

El movimiento también reconfigura incentivos. Si importar resulta más competitivo que producir localmente, incluso en sectores tradicionales, el mensaje se amplifica hacia otras industrias que enfrentan estructuras de costos similares. En ese sentido, la decisión de Rigolleau puede leerse como un caso testigo dentro del proceso de apertura y reordenamiento económico en curso.

Al mismo tiempo, el vínculo histórico de la empresa con figuras como Enrique Ernesto Shaw y su tradición dentro de la doctrina social empresaria introduce una dimensión simbólica: el tránsito desde un modelo industrial con fuerte anclaje local hacia uno más flexible y globalizado.

Entre la supervivencia empresarial y el nuevo esquema económico

El dato más delicado no está en la caída, sino en la incógnita que deja abierta el propio balance: la capacidad de la empresa de sostenerse como “empresa en marcha”. Esa advertencia no es habitual y coloca el foco en la viabilidad futura del negocio.

En paralelo, los primeros meses de 2025 muestran señales de mejora, aunque todavía insuficientes para revertir el impacto previo. La recuperación aparece, pero no alcanza a compensar la caída estructural en ventas que disparó el cambio de estrategia.

Lo que está en juego no es solo la reconversión de una firma, sino la adaptación de un sector a nuevas reglas. El equilibrio entre costos locales, apertura comercial y demanda interna será determinante en las próximas decisiones.

Un caso abierto en medio de la transición económica

La decisión de Rigolleau no cierra un ciclo, lo abre. Marca un punto de inflexión en la lógica productiva de una empresa emblemática y, al mismo tiempo, deja planteadas preguntas sobre el rumbo de la industria nacional en el nuevo escenario económico.

Habrá que observar si este viraje se consolida o si, ante cambios en el consumo o en la estructura de costos, la producción local recupera terreno. También si otros actores siguen el mismo camino o si logran sostener esquemas productivos competitivos sin recurrir a importaciones.

Por ahora, el movimiento es claro: una empresa centenaria ajusta su modelo para sobrevivir. Lo que todavía no está definido es si ese ajuste será transitorio o el anticipo de una transformación más profunda.

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Lumilagro retrocede tras la crisis en redes y expone el costo político de la reconversión empresaria

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Lumilagro quedó atrapada en una crisis de comunicación con derivaciones económicas y simbólicas después de que su cuenta oficial en X recomendara comprar termos Stanley y defendiera esa elección como “lo mejor para el país”. El episodio, que derivó en un fuerte rechazo en redes sociales, terminó con la eliminación del posteo original y un giro discursivo de la propia empresa, que pasó de la provocación al tono defensivo para explicar que atraviesa una reconversión destinada a “adaptarse, sobrevivir y volver a crecer”. La secuencia no fue un simple traspié digital: expuso, en tiempo real, la tensión entre apertura comercial, competencia importada y supervivencia industrial.

El caso impactó porque tocó una fibra sensible del actual escenario económico. No se trató solo de una mala decisión en redes ni de un mensaje desacertado de community management. Según el texto base, la cuenta está manejada por su propio dueño, lo que le dio al episodio un peso mayor: la empresa no habló por error técnico, habló en primera persona. Y cuando tuvo que retroceder, ya no discutía una publicación, sino el sentido de su propio reposicionamiento frente a un mercado más hostil.

De la provocación a la explicación: qué mostró el giro de la empresa

Todo comenzó con una recomendación desde la cuenta oficial de Lumilagro para comprar termos Stanley. El mensaje, presentado bajo la idea de que era “lo mejor para el país”, generó una ola de críticas y desconcierto, precisamente porque provenía de una fábrica identificada históricamente con la producción nacional de termos. La controversia escaló rápido y una de las respuestas que tomó visibilidad fue la de Claudio García, conocido como el “Turco”, quien ironizó: “Miren, Adorni consiguió nuevo laburo de CM”.

Con el correr de las horas, el dueño de la empresa eliminó el tuit y fijó un nuevo mensaje. Ahí apareció el verdadero fondo del conflicto. Lumilagro explicó que atraviesa una situación económica compleja y defendió su proceso de reconversión. “Toda reconversión es dolorosa, pero ninguna empresa pone las reglas del juego”, sostuvo la firma. También aseguró que no despidió personal y que todos los retiros fueron “por común acuerdo” para adecuarse a un nuevo escenario competitivo.

Ese cambio de tono no fue menor. La empresa pasó de una comunicación disruptiva, casi desafiante, a una narrativa de justificación defensiva. En términos políticos y económicos, el giro reveló que detrás del escándalo digital hay un problema más estructural: la presión que ejerce la competencia sobre firmas que intentan sostenerse en un contexto de transformación del mercado.

Reconversión, competencia y señales sobre el nuevo clima económico

La explicación posterior de Lumilagro introdujo una definición central. La empresa planteó que adaptarse no es una opción ideológica, sino una condición de supervivencia. En ese marco, vinculó la reconversión con la apertura de locales propios, la fabricación de parte de sus productos y el crecimiento de sus áreas comercial, de diseño e ingeniería.

Traducido a clave de poder económico, el mensaje deja ver un desplazamiento. La firma no discute solamente cómo vender más; discute cómo seguir existiendo sin perder pie frente a la competencia. Y en ese punto, el episodio trasciende la anécdota de redes sociales. Muestra cómo una empresa local intenta reordenarse en un escenario donde las reglas del mercado, según su propia expresión, no las fija el sector privado.

El dato relevante es que la empresa buscó despegarse de una imagen de ajuste puro. Negó despidos y habló de retiros acordados. También proyectó que, si la reconversión funciona, podrá volver a generar empleo. No hay cifras ni plazos en el texto base para medir el alcance real de ese proceso, pero sí una señal concreta: Lumilagro ya no se presenta solo como fabricante, sino como una compañía que reorganiza su estructura para competir de otra manera.

El impacto político de un traspié que no quedó en lo digital

La repercusión del caso no se agotó en el repudio online. Lo que quedó expuesto fue una escena incómoda para el debate público: una marca emblemática asociada a la industria nacional terminó promoviendo a un competidor y después tuvo que explicar que lo hizo en medio de su propia crisis. Esa contradicción amplificó el costo reputacional.

En la correlación de fuerzas, el episodio fortalece una lectura crítica sobre el impacto de la competencia importada en las empresas locales, aunque el texto base no permite extender esa conclusión más allá de esta firma. Al mismo tiempo, deja a la empresa en una posición delicada frente a su propio público: debe convencer de que su reestructuración no implica retirada, sino una apuesta a seguir en el mercado con otro formato.

También hay una dimensión política más amplia. Cuando una firma industrial queda obligada a explicar públicamente su reconversión tras un escándalo de comunicación, lo que se pone en juego no es solo su estrategia de marca, sino la legitimidad social de los cambios que está ejecutando. En ese sentido, Lumilagro no discutió únicamente un error de redes: discutió el relato de su continuidad.

Un episodio menor en apariencia, pero revelador en su trasfondo

A primera vista, el caso puede leerse como un papelón en X. Sin embargo, el fondo del asunto sugiere algo más. La marcha atrás de Lumilagro dejó al descubierto la incomodidad de muchas empresas cuando deben adaptarse a un entorno competitivo que las obliga a modificar procesos, achicar costos o redefinir su modelo operativo, pero sin perder identidad frente al consumidor.

Lo que habrá que seguir en las próximas semanas es si la firma logra estabilizar su mensaje y transformar esa explicación de crisis en una narrativa de relanzamiento. También quedará por ver si su apuesta por locales propios, nuevas áreas y fabricación parcial alcanza para recomponer su posición sin profundizar el desgaste reputacional que dejó el episodio.

Porque a veces una crisis en redes no nace solo de un posteo mal calculado. A veces funciona como síntoma. Y en este caso, lo que asomó detrás del error fue una discusión más áspera: cómo se adapta una empresa tradicional cuando el mercado cambia más rápido que su lenguaje.

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