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Alerta por morosidad: se triplican los deudores en todo el país y Misiones ya supera el 15%

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La morosidad de las familias argentinas encendió una nueva señal de alerta. Entre febrero de 2024 y enero de 2026, la proporción de personas con deudas en situación irregular se triplicó en todas las provincias, en un contexto de fuerte deterioro del ingreso real y creciente dependencia del crédito para sostener el consumo.

En Misiones, el salto fue contundente: la morosidad pasó del 4,8% al 15,3%, reflejando el impacto de la crisis sobre los hogares.

El aumento de la mora es generalizado, pero con diferencias regionales marcadas. Las provincias del NOA y Cuyo lideran el deterioro: La Rioja alcanza el 13,2%, San Juan el 11,3% y Mendoza el 11,1%. Se trata de distritos con alta incidencia del empleo público y economías menos diversificadas, lo que las vuelve más vulnerables a shocks económicos.

En términos absolutos, la provincia de Buenos Aires -la más grande del país- también muestra un fuerte deterioro: la morosidad pasó del 4,4% al 16,7%.

Incluso las jurisdicciones con mejores indicadores registran subas significativas. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la mora alcanza el 9,7%, mientras que en La Pampa llega al 8,1%, con incrementos de entre 5 y 7 puntos porcentuales en apenas un año.

El deterioro no solo es territorial, sino también estructural. Según datos del Banco Central, la morosidad de las familias acumula 14 meses consecutivos en alza y ya se ubica en niveles récord desde que existen registros. En enero de 2026, el 13,2% de los créditos personales está en situación irregular y el 11% de las tarjetas de crédito presenta atrasos. Se trata de los niveles más altos desde 2010, lo que refleja la dificultad creciente de los hogares para sostener sus compromisos financieros.

El fenómeno se explica, en gran medida, por el uso del crédito como herramienta para cubrir gastos corrientes. En un escenario de pérdida de poder adquisitivo, muchas familias recurren a préstamos personales o financiamiento con tarjeta para llegar a fin de mes. Este comportamiento genera un círculo complejo: mayor endeudamiento hoy se traduce en mayores niveles de mora mañana.

Aunque en niveles más bajos, la morosidad también comienza a crecer en el segmento empresarial. A esto se suma el aumento de los cheques rechazados, otra señal de las dificultades para cumplir con obligaciones de pago. El dato confirma que la tensión financiera no se limita a los hogares, sino que atraviesa a todo el entramado productivo.

La suba sostenida de la morosidad plantea desafíos tanto para el sistema financiero como para la economía en general. Mientras los bancos enfrentan mayores riesgos crediticios, la economía real sufre el impacto de un consumo debilitado y empresas con menor capacidad de financiamiento. La evolución de este indicador será clave en los próximos meses para medir la profundidad del ajuste y las condiciones de recuperación del mercado interno.

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Hay preocupación en la City por el caso Ualá: la morosidad llega al 40% de su cartera

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La situación del sistema financiero argentino volvió a encender señales de alerta que remiten a los momentos más críticos de las últimas décadas. La morosidad en los préstamos otorgados a familias alcanzó en enero de 2026 su nivel más alto en más de veinte años, en un contexto marcado por tasas elevadas, pérdida del poder adquisitivo y un deterioro sostenido en la capacidad de pago de los hogares.

Según datos elaborados a partir de la Central de Deudores del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y procesados por la consultora 1816, la mora en créditos a hogares trepó al 10,6% y acumula quince meses consecutivos en alza. Para encontrar registros similares hay que retroceder a la crisis de 2001-2002, tras la salida de la Convertibilidad, lo que da cuenta de la magnitud del fenómeno actual.

El cuadro se vuelve aún más complejo cuando se analiza el segmento de entidades no financieras, donde la irregularidad supera el 27%. Esto implica que más de uno de cada cuatro préstamos otorgados por estos canales -como tarjetas no bancarias, fintech o plataformas de comercio electrónico- presenta incumplimientos. Se trata de niveles de estrés que solo se habían observado en la crisis de 2019 y durante el impacto económico de la pandemia.

Desde la consultora 1816 advierten que el problema es generalizado y atraviesa a todo el sistema: el 100% de los principales 25 bancos registró un aumento de la mora en el segmento de familias durante enero, lo que refuerza la idea de un fenómeno de carácter macroeconómico más que de situaciones aisladas.

El deterioro también alcanza al ecosistema fintech, donde empresas como Tarjeta Naranja y Mercado Libre concentran una porción significativa del mercado. En este contexto, el caso de Ualá quedó en el centro de la discusión luego de que un informe difundido en redes sociales señalara niveles de mora cercanos al 40%, con valores aún más altos en algunos segmentos.

Sin embargo, desde la compañía relativizaron esos datos y explicaron que la lectura puede resultar distorsionada. Argumentaron que la firma discontinuó la originación de créditos bajo el esquema peer-to-peer y transfirió su cartera de mejor calidad a su banco, lo que dejó en el segmento residual una mayor concentración de clientes en mora. Además, señalaron que, a diferencia de los bancos tradicionales, aún no aplican de forma generalizada mecanismos de “write-off”, por lo que los créditos incobrables siguen reflejados en sus balances.

Bajo criterios comparables con el resto del sistema, sostienen que la mora se ubicaría entre el 17% y el 18%. Aun así, reconocen el contexto adverso: desde mediados de 2025 se observa un deterioro generalizado de la calidad crediticia, acompañado por un endurecimiento en las políticas de otorgamiento y una menor demanda de financiamiento por parte de perfiles de menor riesgo.

Detrás de este fenómeno aparece un factor central: el costo del dinero. Aunque las tasas nominales mostraron cierta moderación, en términos reales siguen siendo muy elevadas. En febrero, la tasa efectiva anual real de los préstamos personales en bancos rondó el 40%, mientras que en entidades no financieras se estima que llegó al 150%. Si se incorpora el Costo Financiero Total, que incluye comisiones, seguros e impuestos, el peso sobre los hogares se vuelve aún más significativo, con niveles que pueden superar el 150% anual y alcanzar picos de hasta 350%.

Este escenario genera un efecto particularmente delicado: en un contexto de desaceleración inflacionaria, el peso real de las cuotas aumenta, lo que agrava las dificultades de pago y alimenta el círculo de la morosidad.

Como consecuencia, el crédito comienza a mostrar signos de estancamiento. El endurecimiento de las condiciones financieras y el deterioro en la calidad de cartera ya impactan en la dinámica del financiamiento en pesos y empiezan a reflejarse en los balances de las entidades.

De cara a las próximas semanas, el mercado sigue de cerca la publicación del informe oficial del BCRA sobre el sistema bancario, que podría confirmar la magnitud del deterioro y ofrecer un diagnóstico más preciso sobre la evolución del crédito.

En este contexto, la creciente morosidad plantea un interrogante de fondo: la sostenibilidad del consumo basado en financiamiento. Sin una reducción significativa de las tasas y una mejora del ingreso real, el sistema corre el riesgo de consolidar un escenario de mayor exclusión financiera, en un momento en el que el crédito resulta clave para apuntalar cualquier proceso de recuperación económica.

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