ENERGIA

Cuba trata de aliviar bloqueo petrolero con nuevos incentivos al sector privado

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Por Dariel Pradas / IPS Noticias – El gobierno de Cuba aprobó nuevas normas para incentivar el desarrollo de las fuentes de energía renovable, mientras desregula los precios de venta del combustible en su red de servicentros estatales, en un intento de paliar la crisis energética causada por el bloqueo petrolero de Estados Unidos a la isla desde enero.

Con la Resolución 114 del Ministerio de Finazas y Precios, publicada el 21 de mayo, la Unión Eléctrica pagará una mayor cuantía a los productores privados de energía fotovoltaica que tributen electricidad al Sistema Electroenergético Nacional.

Por cada kilovatio (kW), el Estado pagará 90 pesos o unos 0,18 dólares, según la tasa de cambio oficial, poco menor que la informal.

Asimismo, se exonera del pago del impuesto sobre los servicios por los ingresos provenientes de estas operaciones, tanto a los productores del sector no residencial como del residencial.

Diego Vázquez, un abogado de 43 años residente en La Habana, instaló un kit de paneles solares en la azotea de su casa cuando los apagones eléctricos empezaron a volverse insostenibles a mediados de 2025, lo que se transformó en colapso este año.

Sus paneles producen electricidad suficiente para llenar su batería de respaldo energético y dejar un sobrante inutilizado, pero nunca se había planteado hasta ahora vender al Estado los excedentes de su generación. Simplemente, hizo la instalación de los paneles para tener autonomía y no para integrarse a la red eléctrica.

“Tendré que hacer los cálculos y ver qué tan grande es mi excedente energético. Hay tantos apagones que no sé si vale la pena empezar a vender electricidad y todo el proceso burocrático que viene con eso”, dijo Vázquez a IPS.

Para poder suministrar electricidad a la red eléctrica, Vázquez tendría que realizar varias readecuaciones técnicas, como conectar a tierra la instalación, no muy común en los sistemas eléctricos residenciales. También debería solicitar un contador eléctrico “bidireccional”, que no solo haga lecturas del consumo, sino de la electricidad que se entrega al sistema.

Vender energía al estado ya era permitido desde hace años, pero no resultaba rentable.

El Ministerio de Finanzas y Precios emitió en 2021 la Resolución 359, que fijaba el precio de venta del kW en tres pesos o unos 0,025 dólares, según el cambio oficial de entonces. En octubre de 2023, la Resolución 238 duplicó ese monto.

Ninguna de las medidas fue popular, porque en ambos casos el coste de pagar la electricidad a la red, siguió siendo ínfimamente menor que el de importar o comprar en divisas los paneles solares.

El coste de la electricidad en Cuba para el sector residencial funciona con una tarifa progresiva que, tras superar los 450 KWh de consumo acumulado, empieza a valer más de seis pesos cada KWh, hasta alcanzar los 20 pesos el KWh (unos 0,04 dólares).

Mientras, en los mercados minoristas de la comercializadora estatal Copextel o de varios negocios privados, un módulo básico de paneles solares, de generación de un kilovatio aproximadamente, cuesta alrededor de 2500 dólares, inaccesible para los 13,5 dólares que representa el salario medio mensual en Cuba, según la tasa oficial de cambio.

Ante tan bajos incentivos, el mayor motivo por el que los cubanos invertían en paneles solares se debía a conseguir una autonomía en medio de los prologados apagones, que empeoraron tras el cerco petrolero causado por Estados Unidos desde finales de enero.

Con la nueva norma, el gobierno quiere aprovechar esas infraestructuras ya establecidas y sumar los kilovatios excedentes a una red eléctrica con déficits cada vez mayores.

Una estación de servicio de La Habana exhibe los nuevos precios “flotantes” en dólares para los combustibles. Estos precios oscilarán según “el proveedor, el costo de los fletes, la ruta del suministro, los seguros, los riesgos y la fluctuación del mercado internacional”, estableció el gobierno cubano. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Desregularización de los precios del combustible

Mientras el gobierno busca vías de transformar su matriz energética y depender menos de la importación de combustibles, también pretende reactivar la venta de gasolina en la red de servicentros del país, pese a la escasez crónica de este y otros carburantes.

El 12 de mayo, las autoridades cubanas anunciaron que, a partir del 15 de mayo, “los precios de venta en divisas de los combustibles se actualizarán, hacia el alza o la baja, de acuerdo con los costos reales de cada operación específica”.

Desde entonces, coexistirían diferentes precios minoristas de combustibles publicados en las estaciones de servicio, en los que influirá “el proveedor, el costo de los fletes, la ruta del suministro, los seguros, los riesgos y la fluctuación del mercado internacional.”

El Ministerio de Finanzas y Precios añadió que ante el férreo bloqueo petrolero de Estados Unidos desde fines de enero, “los escasos combustibles llegan a altos costos, por lo que no es posible mantener un precio único y fijo para la venta en dólares en todo el país”.

Si bien el gobierno protegía con subsidios la volatilidad de los precios oficiales del combustible, la realidad desde febrero es que solo la gasolina —no el diésel— se estuvo vendiendo entre 1,1 y 1,3 dólares el litro, apenas 20 litros por vehículo y con una frecuencia muy limitada, por lo que el precio del litro en el mercado negro ha oscilado entre 6 y 10 dólares.

Para disponer de esos 20 litros, un usuario debe registrarse en la plataforma cubana Ticket y solicitar un turno en un servicentro determinado. Normalmente, las filas de cada servicentro superan los 20 000 usuarios mientras apenas atienden entre 40 y 100 clientes diarios en La Habana.

El 15 de mayo, los servicentros empezaron a anunciar aumentos de entre 50 % y 100 % en el precio de venta de la gasolina, según el establecimiento.

La medida llega cuando las empresas privadas llevan meses importando tanto diésel como combustible, desde que el 6 de febrero el gobierno autorizó la importación de combustible por empresas privadas, cuando antes solo se podía hacer desde la administración central del Estado.

Pasajeros viajan en triciclos eléctricos gestionados por conductores privados en La Habana. Los altos precios cubanos del combustible en el mercado informal han obligado a muchos conductores a sumarse a una transición energética en el transporte. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Importación de combustibles en marcha

“Es un proceso en marcha. Hay importaciones de combustible de algunos empresarios privados, que traen al país para sus negocios y, una parte, para ser comercializado. Pero las cantidades que hasta ahora se importan son mínimas”, dijo Argelio Abad, viceministro primero de Energía y Minas, en una conferencia de prensa el 20 de marzo.

En febrero, la Oficina de Industria y Seguridad de Estados Unidos emitió una guía autorizando exportaciones y reexportaciones de productos de gas y petróleo estadounidenses a entidades elegibles del sector privado cubano.

De acuerdo a Abad, “no son volúmenes que hoy permitan darle una vitalidad a la generación eléctrica o a la economía”.

Según datos de Reuters, entre febrero y marzo, el sector privado cubano ha importado de Estados Unidos unos 30 000 barriles (de 159 litros, traducibles en unos 4,8 millones de litros) de diésel fundamentalmente, del cual solo un 1 % fue de gasolina.

Eric Almeida, presidente de la empresa privada Quota, que asesora y brinda servicios profesionales a otras empresas nacionales e internaciones desde 2022, dijo a IPS que, desde abril, más empresas privadas empezaron a importar gasolina y a distribuirse en varios servicentros.

De acuerdo a Almeida, traer un tanque de 25 000 litros al Puerto del Mariel —a 50 kilómetros al oeste de La Habana—, cuesta entre 45 000 y 50 000 dólares.

Esa cifra aumenta 13 % entre las comisiones a una importadora estatal y por los servicios de manipulación del combustible de la Unión Cuba-Petróleo, la única empresa estatal en Cuba autorizada para ello.

Los tanques se almacenan en la refinería Ñico Lopez en La Habana, y luego se va surtiendo poco a poco en servicentros que se han dispuestos exclusivamente para atender a las empresas privadas que importaron su propio combustible.

En general, las licencias para importar combustible tienen como objetivo cubrir el gasto de carburantes de los propios negocios, por lo que revender ese combustible en teoría no se debería hacer o, al menos, conlleva grandes limitaciones, coincidieron varios empresarios entrevistados por IPS, interesados en esas operaciones.

Un trabajador de uno de esos servicentros especializados en la capital, quien pidió mantener su anonimato, dijo a IPS que su tarea es solo descontar la cantidad de combustible que los vehículos de las empresas van extrayendo del establecimiento.

En la práctica, él no lleva mucho control del proceso, pues un representante de las empresas es quien maneja la tarjeta con el combustible asignado, y la lista de los automóviles o camiones que tienen permitido llenar sus tanques.

“Nosotros no nos metemos en la lista de ellos. De haber una comercialización, una venta por la izquierda (informal), no tengo manera de controlarlo”, dijo.

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Licitación de baterías de almacenamiento: se recibieron 235 proyectos por más de 10 veces la potencia licitada

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El Gobierno Nacional informó que la licitación de baterías de almacenamiento de energía recibió 235 proyectos y superó, en más de diez veces, la potencia inicial licitada.

El proyecto inicial preveía la licitación de 700 megavatios (MW) a través de Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico Sociedad Anónima (CAMMESA) bajo la órbita de la Secretaría de Energía.

El ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo que la misma resultó “un éxito absoluto“, donde los proyectos ascendieron hasta los 8.335 MW (+1.090%), diez veces mayor a la oferta inicial. Se cubrieron todas las regiones del país donde se podía licitar.

Estas radicaban en nodos críticos del Noroeste y Noreste argentino, Centro, Litoral, Cuyo y Buenos Aires (excluyendo el AMBA).

“Esta iniciativa, junto con otra similar realizada en el AMBA el año pasado, mejora la confiabilidad de la red y da respuesta a los picos de consumo, sobre todo en el verano“, sostuvo el funcionario en sus redes.

El 16 de junio se publicarán los resultados de las propuestas presentas por las 37 empresas nacionales e internacionales. El 24 de ese mismo mes se realizará la apertura de las ofertas económicas.

La licitación se había lanzado a comienzos de marzo para sumar almacenamiento eléctrico en puntos críticos del país, con el objetivo de robustecer el sistema y reducir los cortes de luz.

La medida se apoyó en el antecedente de Almacenamiento en Gran Buenos Aires (ALMA-GBA), donde el Ejecutivo adjudicó 713 MW de almacenamiento en nodos críticos del AMBA, superando en más del 40% el objetivo inicial, con una inversión estimada superior a US$540 millones.

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El Gobierno defendió la desregulación del sector energético

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El subsesecretario de Hidrocarburos de la Nación, Federico Veller, afirmó que el país atraviesa “una transformación profunda” sustentada en la desregulación, la apertura económica y la confianza en la iniciativa privada.

Durante su exposición en la Cumbre de Estaciones de Servicio ante más de 700 referentes de la industria, el funcionario defendió el rumbo impulsado por el Gobierno nacional y remarcó que el objetivo principal de la gestión es abandonar décadas de intervención estatal para construir un escenario más competitivo y atractivo para las inversiones, informó el sitio Surtidores.

Federico Veller y Federico Sturzenegger marcaron la agenda oficial, mientras petroleras, operadores y proveedores aprovecharon el encuentro para debatir inversiones, operación y nuevas oportunidades de negocio.

“Argentina está viviendo una transformación profunda en materia energética. Una transformación que parte de una convicción: el Estado no puede ni debe sustituir al sector privado. Su función es garantizar reglas claras, estabilidad y libertad para invertir”, afirmó Veller.

El funcionario consideró que las políticas aplicadas durante años sobre el mercado de combustibles generaron distorsiones que afectaron la capacidad de crecimiento del sector y limitaron el desarrollo tecnológico. 

“Durante décadas, la intervención y el control político de los precios distorsionaron el sistema energético. Hoy estamos corrigiendo eso”, sostuvo.

Según explicó, la administración nacional busca recuperar “la lógica económica que da sustento a la inversión” para fortalecer toda la cadena de valor hidrocarburífera. 

En ese marco, destacó el desempeño alcanzado por la balanza energética argentina, que durante 2025 registró un superávit histórico de 8.700 millones de dólares.

“El sector energético en general y el hidrocarburífero en particular se consolidó como uno de los grandes motores de la economía argentina”, señaló. 

Además, proyectó que este año el saldo positivo superará los 10.000 millones de dólares, consolidando una fuente clave de estabilidad económica en un escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas y volatilidad financiera.

Uno de los puntos centrales de su presentación estuvo relacionado con la decisión oficial de no intervenir sobre el mercado de combustibles frente a los recientes movimientos internacionales del precio del petróleo. 

“No pusimos un barril criollo, no intervinimos en el mercado ni obligamos a las empresas a hacer tal o cual cosa. Actuamos así porque estamos convencidos de que el sector privado es el que sabe cómo encontrar el equilibrio”, expresó.

Para Veller, las compañías son quienes poseen el conocimiento técnico y comercial necesario para tomar decisiones eficientes. “Son quienes conocen al mercado y quienes van a tomar las mejores decisiones”, remarcó.

El subsecretario también puso el foco sobre el proceso de simplificación regulatoria que el Gobierno viene impulsando desde el inicio de la gestión. En ese sentido, indicó que durante los últimos dos años y medio se eliminaron numerosas normativas que, según definió, representaban obstáculos burocráticos para la actividad privada.

“Desde la secretaría de energía estamos convencidos que tenemos un sólido ecosistema de Estaciones de Servicio, y consideramos que después de años de una fuerte intervención estatal, es momento de que ustedes sean los nuevos protagonistas de esta etapa. Por eso quitamos un montón de trabas y capas de regulaciones que finalmente complicaban la vida al sector privado, que es quien invierte y genera trabajo”, manifestó.

El panel sectorial marcó una agenda urgente: bajar presión impositiva, revisar tasas viales, ordenar comisiones electrónicas, simplificar trámites y preparar las bocas de expendio para nuevos servicios.

Entre las medidas más relevantes, remarcó la habilitación del autodespacho de combustibles, considerada por el funcionario como “la desregulación más simbólica” dentro del sector. El esquema permite que las Estaciones de Servicio implementen surtidores de autoservicio de manera parcial o total, además de decidir libremente en qué horarios operar bajo esa modalidad.

“Esto significa darle libertad a las Estaciones de Servicio en un contexto de profundo avance tecnológico”, afirmó. Según explicó, el nuevo sistema también permitirá ampliar horarios de atención y reducir costos operativos, especialmente en establecimientos ubicados en zonas donde actualmente existen limitaciones comerciales.

El funcionario defendió además la implementación de Estaciones de Servicio móviles como una alternativa para garantizar abastecimiento en localidades alejadas o con infraestructura deteriorada. “La medida permite que lugares del interior donde muchas estaciones dejaron de operar cuenten con una solución segura, moderna y de rápida instalación”, señaló.

En paralelo, destacó la resolución 277/2025, que eliminó regulaciones vinculadas al almacenamiento aéreo de hidrocarburos. La normativa derogó un régimen vigente desde 2005 y reemplazó antiguos mecanismos administrativos por un sistema basado en estándares internacionales, declaraciones juradas técnicas y controles estatales más ágiles.

“Reemplazamos un viejo sistema de formularios, auditorías innecesarias y controles superpuestos por un esquema transparente y eficiente”, explicó.

Directivos de YPF, Raízen, AXION energy y PUMA Energy señalaron que el futuro del sector exigirá menos dependencia del surtidor y más desarrollo de tiendas, cafetería, tecnología y consumo adicional.

“Lo quitamos para hacerle la vida más fácil a cada uno de ustedes, para que puedan dedicarse a lo importante, que es brindar un servicio de calidad”, argumentó.

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Lo que China hizo con el viento mientras el mundo miraba otra cosa

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En 2025 ocurrió algo sin precedentes en la historia de la energía. Casi nadie lo cubrió. Y sin embargo, cambia quién va a dominar la economía del siglo que viene.

Empecemos por el número.

542,7 GW

Nueva capacidad eléctrica que China añadió a su red en un solo año: 2025.

Para entender qué significa esa cifra hay que compararla con algo. La capacidad eléctrica total instalada de Estados Unidos — toda la que fue construida en más de un siglo de historia industrial, desde las primeras centrales de carbón hasta los parques solares más modernos — es de aproximadamente 1.200 GW. China añadió casi la mitad de eso en doce meses.

Pero el número que realmente detiene es este: en 2025, China instaló más capacidad eólica en un año que la que Estados Unidos acumuló en toda su historia.

No es un error de tipeo. No es una exageración. Es un dato verificado por Wood Mackenzie, la Administración Nacional de Energía de China y múltiples organismos internacionales de seguimiento energético.

Ahora la pregunta que importa: ¿cómo llegó China a esto?

La respuesta corta es: con una velocidad que nadie en Occidente tomó en serio hasta que ya era tarde.

En diciembre de 2020, el presidente Xi Jinping anunció que China alcanzaría 1.200 GW de capacidad instalada eólica y solar para 2030. Era una meta ambiciosa. Los analistas occidentales la miraron con escepticismo. Los chinos la cumplieron en julio de 2024 — seis años antes de lo previsto. Al cierre de 2025, la capacidad combinada ya superaba los 1.840 GW, y por primera vez en la historia del país, las energías eólica y solar superaron al carbón y al gas en la mezcla eléctrica nacional.

La energía solar y eólica representó en 2025 el 22% de la generación eléctrica total de China, según la Administración Nacional de Energía. El doble que en 2020. En el primer semestre de 2025, la generación solar creció un 43% interanual. La eólica, un 16%. Y el uso de combustibles fósiles para generación eléctrica cayó un 2% en ese mismo período. No fue un trimestre. Fue el inicio de una tendencia que los modelos energéticos globales todavía están ajustando.

La pregunta más difícil no es cómo lo hizo. Es por qué el resto del mundo no lo vio venir.

La explicación más honesta es que Occidente miraba el pasado. Seguía evaluando a China por lo que había sido — una economía que copiaba, que subsidiaba, que competía por precio. El relato de que China solo manufacturaba barato y sin innovar era cómodo y conveniente. También estaba desactualizado.

Porque lo que pasó en energía eólica no fue solo una cuestión de volumen. Fue un salto cualitativo que el mundo no terminó de procesar.

Ocho de los diez mayores fabricantes mundiales de turbinas eólicas son chinos, según datos de Wood Mackenzie. Las empresas como Goldwind, Envision y Windey no compiten solo por precio: están desarrollando turbinas de más de 10 megavatios — las más grandes del mundo — que reducen drásticamente el costo por proyecto. En 2025, los fabricantes chinos capturaron el 95% de la nueva capacidad eólica instalada en Oriente Medio y África. Goldwind firmó un contrato de 3,1 GW en Arabia Saudita — uno de los mayores de la historia del sector — para abastecer dos parques en el desierto.

El argumento de que China compra cuota de mercado con subsidios ya no alcanza para explicar esto. Un país que diseña, fabrica e instala las turbinas más grandes del mundo no está replicando: está liderando.

Y está exportando ese liderazgo.

Aquí es donde el tema deja de ser energético y se vuelve geopolítico.

Durante décadas, el poder global se midió en barriles de petróleo. Los países que controlaban el petróleo controlaban las economías que dependían de él. Las guerras del siglo XX y del XXI tienen, en su raíz, esa lógica.

La transición energética cambia las reglas. Si el mundo se mueve hacia la electricidad renovable, el poder ya no estará en quien tenga el pozo. Estará en quien fabrique los paneles, las turbinas, las baterías y las redes que transportan esa energía. Y en esa carrera, China ya tomó una ventaja que se mide en décadas, no en años.

Los pedidos internacionales de turbinas chinas crecieron un 66% interanual en 2025 y triplicaron los niveles de 2023, según Wood Mackenzie. África y Oriente Medio son los mercados de mayor expansión. Pero también Europa empieza a mirar hacia las turbinas chinas — no por ideología sino por precio: en un contexto donde la rentabilidad de los proyectos eólicos está bajo presión, las turbinas más baratas del mundo tienen un atractivo difícil de ignorar.

Y ahí está la paradoja que ningún gobierno occidental terminó de resolver: necesitan la tecnología china para cumplir sus propias metas climáticas, pero no quieren depender de ella por razones geopolíticas. El resultado son aranceles que encarecen la energía limpia, regulaciones que frenan la transición y debates que mezclan seguridad nacional con cambio climático sin resolver ninguno de los dos.

Hay un detalle técnico que los analistas mencionan como la próxima frontera y que vale la pena nombrar.

China genera tanta energía renovable que ya tiene un problema nuevo: no puede usarla toda. El viento sopla y el sol brilla en momentos en que la demanda no alcanza para absorber la generación. La solución que el país está implementando — a escala, como todo lo demás — es el almacenamiento hidroeléctrico por bombeo: usar el exceso de electricidad para bombear agua hacia embalses elevados y soltarla cuando haga falta. China tiene más proyectos de este tipo en construcción que todos los demás países del mundo juntos.

En paralelo, su capacidad de almacenamiento en baterías creció un 75% en 2025 respecto al año anterior.

No está resolviendo el problema del exceso de energía. Está construyendo la infraestructura para dominar también el almacenamiento, la siguiente gran industria de la transición energética.

En 1973, el embargo petrolero árabe dejó a Occidente sin combustible en cuestión de semanas y mostró, con una claridad que todavía duele, cuánto poder tiene quien controla la energía que otros necesitan.

Cincuenta años después, el mundo está en medio de otra transición energética. Y el país que está construyendo la infraestructura de esa transición más rápido, más barato y a mayor escala que cualquier otro no es Estados Unidos. No es Europa. No es ninguna de las democracias que lideran los discursos climáticos en las cumbres internacionales.

Es China.

Y lo hizo mientras el mundo miraba otra cosa.

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Privatización de Transener: Genneia y Grupo Edison se impusieron en la licitación al ofertar US$356 millones

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El Gobierno nacional realizó la apertura de las ofertas económicas para la venta del 100% de su participación accionaria en CITELEC S.A., sociedad controlante de Transener y Genneia y Grupo Edison resultó la ganadora.

La oferta ganadora alcanzó los US$356 millones y se conoció luego de fallas en la plataforma oficial Contratar, que en primera instancia solo informaba las propuestas económicas de Central Puerto (US$301 millones) y Edenor (US$230 millones).

En conjunto, las tres empresas previamente precalificadas técnicamente, presentaron ofertas por US$887.174.811,78, superando el precio base establecido en el pliego, según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas.

  • Genneia S.A. (Edison Transmisión S.A. y Genneia S.A.): US$356.174.811,78
  • Central Puerto S.A.: US$301.000.000
  • Edenor S.A.: US$230.000.000

La oferta ganadora es una sociedad que tiene detrás a Jorge Brito, que además de ser dueño del Banco Macro es presidente y accionista de Genneia, y a una serie de empresarios de peso que conforman el Grupo Edison.

El consorcio energético está conformado por los hermanos Patricio y Juan Neuss, cercanos al asesor presidencial Santiago Caputo; socios del fondo Inverlat, Carlos Giovanelli, Damián Pozzoli, Guillermo Stanley y Federico Salvai, propietario de Havanna y Aspro; y los empresarios Rubén Cherñajovsky y Luis Galli, dueños de Newsan.

El grupo viene pisando fuerte en el mercado energético últimamente, ya que adquirió el control de varias compañías del sector en el país, como la Empresa de Distribución Eléctrica de Tucumán (EDET), la Empresa Jujeña de Energía (EJESA), Líneas de Transmisión del Litoral (LITSA) y la generadora hidroeléctrica CEMPSA en Mendoza.

Desde el Ejecutivo, destacaron que “el nivel de las ofertas refleja el interés del sector privado en invertir en infraestructura esencial para el funcionamiento del sistema eléctrico argentino”.

Con esta etapa, el proceso ingresa en su tramo final y permitirá retirar completamente al Estado de la participación accionaria en la transportista, consolidando el esquema previsto en el marco regulatorio eléctrico, donde la prestación del servicio público queda en manos privadas bajo regulación estatal.

La adjudicación está prevista para el mes de mayo, conforme al cronograma establecido, completando una instancia central dentro del proceso de privatización de activos y actividades de Energía Argentina S.A. (ENARSA).

Transener administra una infraestructura estratégica del Sistema Argentino de Interconexión (SADI), con más de 12.600 kilómetros de líneas en 500 kV que atraviesan el país de norte a sur, una red que se extiende aproximadamente 3.700 kilómetros entre Jujuy y Santa Cruz, y opera instalaciones que constituyen la columna vertebral del transporte eléctrico nacional.

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