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La energía que hoy se desperdicia: la biomasa aparece como la gran oportunidad para rescatar a la forestoindustria misionera

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Mientras la forestoindustria atraviesa uno de los momentos más complejos de las últimas décadas, una oportunidad emerge desde aquello que históricamente fue considerado un descarte. Lo que hasta hace poco eran montañas de aserrín, virutas, cortezas y restos de madera comienza a ser visto como un activo estratégico capaz de generar energía, diversificar ingresos y transformar el modelo de negocios de uno de los principales complejos productivos de Misiones.

Esa es la visión que plantea el ingeniero forestal y consultor en industrias agroforestales Ronald Vera, quien sostiene que el verdadero salto de competitividad del sector ya no dependerá únicamente de producir más madera, sino de aprovechar integralmente cada árbol que ingresa al aserradero. En un contexto marcado por la caída del mercado interno, la pérdida de rentabilidad y el aumento permanente de los costos, la biomasa aparece como una alternativa capaz de convertir un problema ambiental en una oportunidad económica.

“La energía puede terminar siendo más rentable que la propia madera”, resume Vera en una entrevista con LT 17 Radio Provincia al describir un cambio de paradigma que ya comenzó a consolidarse en los principales polos forestales del mundo.

Misiones continúa siendo el principal polo forestal y forestoindustrial de Argentina, concentrando la mayor capacidad instalada para la transformación de madera. Sin embargo, la actividad enfrenta una combinación de factores que presionan sobre su rentabilidad.

La retracción de la construcción paralizó buena parte del mercado interno, tradicional motor del consumo de madera. Aunque las exportaciones crecieron, el atraso cambiario redujo significativamente los márgenes del negocio. A esto se suman los incrementos en combustibles, logística, salarios e insumos industriales, además de una creciente ruptura en la cadena de pagos que afecta especialmente a pequeñas y medianas empresas.

Según Vera, muchas pymes reciben cheques sin respaldo suficiente, lo que demora los cobros y dificulta afrontar obligaciones salariales, impositivas y financieras.

Pero mientras el escenario comercial se vuelve más complejo, otra realidad comienza a ganar protagonismo dentro de los establecimientos forestales.

El negocio que hoy queda al costado del aserradero

Cada tronco que ingresa a un aserradero deja una enorme cantidad de material que no termina convertido en tablas, vigas o tirantes.

“De una tonelada de rollizos apenas la mitad se transforma en madera aserrada. El resto históricamente fue considerado un residuo”, explica Vera.

Ese material incluye costaneros, chips, corteza, virutas y aserrín, que durante años fueron acumulándose en predios industriales o directamente abandonados en el monte tras los trabajos de raleo.

Desde una perspectiva económica, allí aparece uno de los mayores márgenes de crecimiento de la cadena forestal.

En lugar de representar un costo ambiental, esos subproductos pueden convertirse en materia prima para generar electricidad mediante biomasa, producir pellets para calefacción, abastecer plantas de tableros MDF o alimentar nuevas industrias vinculadas a la bioeconomía.

La propuesta implica abandonar la lógica tradicional del aserradero como productor exclusivo de madera para transformarlo en un centro integral de aprovechamiento forestal.

El pellet, por ejemplo, se fabrica únicamente con madera comprimida, sin aditivos químicos. Su demanda crece de manera sostenida tanto en Europa como en América por su utilización como combustible renovable para calefacción e industrias.

La biomasa también permite abastecer centrales termoeléctricas capaces de generar electricidad utilizando residuos forestales que hoy carecen de valor comercial.

Para Vera, el cambio conceptual es profundo. “La energía es el recurso económico más importante del mundo. Nosotros hoy estamos dejando pudrir esa energía en el monte o al costado de los aserraderos.”

Además del beneficio económico, el aprovechamiento de estos materiales reduce significativamente el pasivo ambiental generado por la acumulación de residuos y disminuye el riesgo de incendios forestales.

La tecnología ya existe; el desafío es financiarla

El principal obstáculo no es tecnológico sino financiero. Hace dos décadas, instalar un aserradero de escala media demandaba alrededor de 600.000 dólares. Hoy una planta con equipamiento moderno requiere inversiones cercanas a los tres millones de dólares.

A ese incremento se suma la dificultad para acceder a líneas de crédito de largo plazo con tasas compatibles con proyectos industriales cuya recuperación lleva varios años.

Según el especialista, el desarrollo de la biomasa necesita una estrategia pública que combine financiamiento, capacitación y promoción de inversiones, más que subsidios permanentes.

También demanda nuevos perfiles profesionales.

La automatización de los procesos productivos redujo la necesidad de mano de obra destinada al esfuerzo físico y abrió espacio para ingenieros electrónicos, especialistas en mecatrónica, programadores, técnicos en automatización y profesionales ambientales capaces de operar industrias cada vez más tecnificadas.

Más allá del contexto económico, Vera considera que la salida para la forestoindustria no pasa únicamente por esperar una recuperación del mercado interno.

El desafío consiste en generar mayor valor agregado sobre la materia prima disponible, diversificar la producción y aprovechar recursos que hoy permanecen subutilizados.

También reclama una mayor articulación entre el sector público y el privado para facilitar inversiones, impulsar nuevos mercados internacionales y garantizar reglas claras para el desarrollo industrial.

En esa visión, la biomasa deja de ser solamente una fuente de energía renovable y pasa a convertirse en una política de desarrollo territorial. Significa crear nuevos negocios sin ampliar la superficie forestada, reducir el impacto ambiental de la actividad, generar empleo calificado y aumentar la competitividad de una cadena productiva estratégica para Misiones.

En tiempos donde la rentabilidad de la madera enfrenta crecientes desafíos, el futuro podría estar menos en los tablones que salen del aserradero y más en aquello que durante décadas quedó olvidado al costado de la producción. Allí, entre virutas, chips y aserrín, la forestoindustria comienza a descubrir una nueva fuente de riqueza capaz de transformar una crisis en una oportunidad de desarrollo sostenible.

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Científicos chinos convierten madera en material que genera electricidad

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La energía solar enfrenta desde siempre un obstáculo estructural: su dependencia directa de la radiación. Cuando el sol se oculta, la generación se detiene, justo en momentos donde la demanda suele incrementarse. Frente a ese límite, un grupo de investigadores desarrolló un material innovador que podría cambiar parcialmente esa lógica: madera modificada capaz de almacenar calor durante el día y transformarlo en electricidad incluso en ausencia de luz.

El avance se basa en la utilización de madera de balsa tratada a nivel nanométrico para potenciar sus propiedades físicas. El material logra una absorción solar cercana al 91,2% y puede generar hasta 0,65 voltios por ciclo térmico, manteniendo su rendimiento tras múltiples usos. La clave no está en producir más energía en el momento, sino en extender su disponibilidad en el tiempo, lo que abre una nueva dimensión en el aprovechamiento de fuentes renovables.

Una solución basada en almacenamiento térmico

El desarrollo combina varias innovaciones. En primer lugar, la madera es modificada para aumentar su porosidad mediante la eliminación de lignina, lo que mejora su capacidad de absorción. Luego se incorporan materiales como fosforeno negro, nanopartículas de plata y compuestos químicos que permiten almacenar energía en enlaces internos.

El elemento central del sistema es el ácido esteárico, un material de cambio de fase que absorbe calor durante el día y lo libera de manera gradual cuando baja la temperatura. Ese flujo térmico puede ser convertido en electricidad mediante dispositivos termoeléctricos, generando energía incluso durante la noche.

El resultado es un sistema que no depende de baterías tradicionales, sino de un almacenamiento térmico integrado en el propio material.

Más allá de las baterías: una nueva lógica energética

Si bien la potencia generada todavía es limitada, el valor del desarrollo radica en su concepto. No busca reemplazar a las baterías, sino ofrecer una alternativa complementaria, potencialmente más simple y sostenible.

En un contexto global donde el almacenamiento energético es uno de los principales desafíos de la transición energética, este tipo de soluciones abre la puerta a materiales multifuncionales capaces de integrarse en infraestructuras existentes. Fachadas, techos o estructuras podrían, en el futuro, captar y liberar energía sin necesidad de sistemas externos complejos.

Además, al tratarse de un material natural, renovable y potencialmente escalable, se alinea con las tendencias de sostenibilidad y eficiencia energética que ya impulsan regulaciones en distintas regiones del mundo.

Aplicaciones y potencial

El uso de este tipo de tecnología podría extenderse a múltiples escenarios:

  • Edificios autosuficientes con almacenamiento energético pasivo
  • Zonas rurales sin acceso estable a redes eléctricas
  • Dispositivos de baja potencia donde las baterías no son viables
  • Sistemas híbridos combinados con paneles solares tradicionales

Más que una revolución inmediata, se trata de una evolución silenciosa que apunta a un modelo energético más distribuido, donde los materiales mismos cumplen un rol activo en la gestión de la energía.

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Beck Energie apuesta a la Expo Oberá con soluciones que reducen hasta 70% los costos energéticos

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Con foco en la eficiencia y el desarrollo sustentable, Beck Energie dirá presente en la Expo Agroindustrial Oberá, que se realizará los días 11 y 12 de abril en el Parque de las Naciones. La empresa obereña, pionera en energías renovables en la ciudad y en Misiones, buscará acercar soluciones concretas al sector productivo regional.

Especializada en energía solar, la firma brinda asesoramiento e instalación de sistemas fotovoltaicos, térmicos y de climatización de agua, orientados tanto a hogares como a comercios e industrias. “Ofrecemos soluciones con sistemas solares fotovoltaicos, térmicos y todo lo que es la climatización de agua, con el objetivo de acercar a nuestros clientes herramientas para que puedan ser eficientes en la energía y ayudarlos a transitar este cambio energético que está ocurriendo en todo el mundo”, explicó Claudia Beck, socia de la empresa familiar.

Con más de seis años de trayectoria, la firma atravesó una etapa inicial de fuerte trabajo de concientización. “En un principio eran sistemas muy innovadores y tuvimos que hacer un trabajo de educación. Hoy la gente ya se acerca con consultas específicas sobre cómo mejorar su eficiencia energética o cómo contar con energía en lugares donde el servicio no llega”, agregó.

Beck Energie desarrolla proyectos en toda la provincia y comenzó su expansión hacia el norte de Corrientes, además de contar con trabajos realizados en Buenos Aires.

Respecto a la Expo, la empresaria subrayó que la participación es estratégica: “Buscamos que comercios, empresas y actores de la industria puedan conocer nuestros productos y contar con una alternativa para mejorar su sistema energético y garantizar energía continua. El fin es colaborar con el medio ambiente y aportar un granito de arena en ese sentido”.

Desde la empresa destacan que la transición energética no solo es posible, sino económicamente conveniente. Según explicó Beck, los sistemas permiten reducir los costos energéticos entre un 60% y 70%, generando un impacto positivo tanto en la estructura financiera de las empresas como en el plano ambiental. Además, señaló que las energías renovables aportan ventajas en materia normativa para firmas que exportan o importan, en un contexto donde la sostenibilidad gana peso en los mercados.

La Expo Agroindustrial Oberá es organizada por entidades intermedias de la ciudad, junto al gobierno municipal y provincial, con el objetivo de fortalecer a las pequeñas y medianas empresas e industrias de la región. Desde la organización confirmaron que ya se habilitó el recorrido por el predio para las empresas inscriptas y que aún quedan espacios disponibles para quienes deseen exponer productos o servicios.

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América Latina apela al pragmatismo para construir unidad frente al nuevo orden mundial

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En un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas, reconfiguración del poder económico y creciente competencia por recursos estratégicos, jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y el Caribe coincidieron en que la región enfrenta una oportunidad histórica: dejar atrás la fragmentación ideológica y avanzar hacia un “regionalismo posible”, guiado por el pragmatismo. El planteo se formuló este miércoles, durante la inauguración de la segunda edición del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, organizado por el banco de desarrollo regional CAF, en Ciudad de Panamá, el 18 de enero de 2026.

Con 615 millones de habitantes, altos niveles de desigualdad y una productividad estructuralmente baja, los mandatarios advirtieron que la falta de coordinación regional limita la capacidad de la región para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos y para posicionarse como un actor con peso propio en el nuevo orden internacional.

Un regionalismo pragmático para superar la fragmentación

El mensaje transversal del encuentro fue la necesidad de construir consensos más allá de las ideologías. “A América Latina y el Caribe, una región que lo tiene todo pero le falta mucho, le ha llegado la hora de dejar de administrar el fracaso”, señalaron los líderes regionales, al advertir que la polarización política ha sido un obstáculo persistente para la integración.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, reconoció que las “disputas ideológicas” se impusieron durante años sobre los intereses comunes y sostuvo que doctrinas como el bolivarianismo resultan “insuficientes” para los desafíos actuales, mientras que el modelo de integración de la Unión Europea es “inviable” en el contexto latinoamericano. En ese marco, propuso avanzar hacia un “regionalismo posible”, enfocado en combatir la pobreza y la desigualdad con resultados concretos.

En la misma línea, el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, afirmó que “han fallado Gobiernos de todos los signos, y esto es transversal”, y llamó a “cruzar fronteras, no solo ideológicas, sino también nacionales”. Para Kast, la región necesita “una cooperación duradera, efectiva y sin complejos” que permita revertir décadas de estancamiento relativo.

El nuevo orden mundial y la necesidad de un bloque con peso propio

El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, advirtió que el mundo se encamina hacia “un nuevo orden internacional, más alejado del idealismo y más cercano a la diplomacia realista”, caracterizado por la “imposición del poder fáctico de cada país” y por profundas asimetrías. En ese escenario, subrayó que la región solo podrá defender sus intereses si actúa de manera coordinada.

“Somos parte de una región estratégica, productora de alimentos, con reservas hídricas, con la mayor biodiversidad, con abundancia de minerales y también de recursos renovables”, afirmó Mulino, al insistir en la necesidad de conformar “un bloque único” con poder de negociación real frente a eventuales amenazas externas.

El presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, reforzó esa visión al señalar que, en un mundo marcado por la incertidumbre, “necesitamos recurrir al diálogo para entender las transformaciones y orientarlas”. A su turno, el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, sostuvo que “hoy el hemisferio sur, hoy Latinoamérica, tiene que tomar la decisión de participar y ser parte del mando y de las fuerzas geopolíticas y geoeconómicas para la transformación a nivel mundial”.

Potencial económico, crecimiento y agenda de desarrollo regional

Más allá del diagnóstico político, el foro puso el foco en el potencial económico de la región. El primer ministro de Jamaica, Andrew Holness, afirmó que “la vulnerabilidad no es nuestro destino” y remarcó que América Latina y el Caribe poseen “lo que el mundo necesita y de manera incrementada”. En ese sentido, instó a profundizar los vínculos económicos intrarregionales y a presentarse ante el mundo como “un hemisferio coherente”.

El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, aportó una proyección concreta: si los países trabajan de manera coordinada, Latinoamérica podría crecer cerca del 5 %, por encima de las previsiones actuales del Fondo Monetario Internacional (FMI). La cifra refuerza el argumento de que la integración no es solo una aspiración política, sino también una estrategia de crecimiento.

Desde una perspectiva ambiental y energética, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, destacó que “América del Sur y el Caribe tienen cuatro veces más potencial de energías limpias que lo que en un año demanda la matriz energética de los Estados Unidos”, y propuso avanzar hacia “un pacto fundamental por la vida y la libertad en las Américas”.

Escenarios posibles

El consenso expresado en Panamá abre interrogantes sobre su traducción en políticas concretas. Sectores productivos vinculados a alimentos, energía, minería y economía verde aparecen como los principales beneficiarios de una mayor coordinación regional, especialmente en un contexto de competencia global por recursos estratégicos. Al mismo tiempo, el desafío institucional será transformar el discurso pragmático en mecanismos estables de cooperación que sobrevivan a los cambios de gobierno.

La señal política es clara: frente a un mundo más fragmentado y competitivo, América Latina y el Caribe buscan redefinir su estrategia, apostando a una integración flexible, menos ideologizada y orientada a resultados, como condición necesaria para ganar relevancia económica y geopolítica.

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Récord mundial en energías limpias, pero el avance aún es lento

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Inter Press Service – Aunque el mundo rompe récords en la instalación de energías limpias, todavía está lejos de cumplir los ambiciosos objetivos climáticos acordados hace dos años en Abu Dabi, advirtió un nuevo informe presentado por la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena).

Francesco La Camera, director general de Irena, dijo que “hemos roto récords, pero los récords no bastan. Las energías renovables no solo son la solución climática más rentable, también representan la mayor oportunidad económica de nuestro tiempo”.

El documento confirma que en 2024 se sumaron 582 gigavatios (GW) de capacidad renovable en el mundo. Un récord sin precedentes y que permitió llegar a 4448 GW o 4,448 teravatios (TW).

Sin embargo, para alcanzar la meta de triplicar las renovables hasta 11,2 TW en 2030, será necesario agregar al menos 1122 GW por año desde 2025. Lo que implica acelerar el crecimiento anual a 16,6 %.

Generación de energía limpia y eficiencia energética

Esa meta fue fijada en la 28 Conferencia de las Partes (COP28) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, realizada hace dos años en Dubái, otro de los Emiratos Árabes Unidos junto con Abu Dhabi,  y que se examinará en la COP30 prevista para el mes próximo en Belém, en Brasil.

La preocupación no se limita a la generación de energía limpia. La eficiencia energética también muestra signos de rezago: la intensidad energética global solo mejoró uno por ciento en 2024. Lejos del cuatro por ciento anual necesario para mantener vivo el objetivo de limitar el calentamiento del planeta a 1,5 °C.

Que la temperatura media del planeta no exceda, hacia el año 2050, de 1,5 grados centígrados (°C) sobre el promedio de la era preindustrial (1850-1900), se estableció en el Acuerdo de París de 2015, por la casi totalidad de los países del globo, como un objetivo que implica en gran medida descarbonizar la generación de electricidad.

Al respecto, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, ha planteado que “el auge de la energía limpia es imparable”. Aunque matizó que “la ventana para mantener el límite de 1,5 °C se está cerrando rápidamente”. Por lo que instó a “acelerar la transición energética justa, para todos, en todas partes”.

Tres frentes clave

El informe, elaborado por Irena junto a la Alianza Global de Renovables (del sector privado) y la presidencia de la COP30, llama a “una acción urgente” en tres frentes clave.

En primer lugar, integrar objetivos renovables en los planes climáticos nacionales (NDC en inglés) antes de la COP30 en Belém. Luego, doblar la ambición colectiva de los NDC para alinearse con las metas globales.

La tercera propuesta es escalar las inversiones en renovables a al menos 1,4 billones (millones de millones) de dólares anuales entre 2025 y 2030. Más del doble de los 624 000 millones de dólares invertidos en 2024.

Ben Backwell, presidente de la Alianza Global de Renovables, destacó que proviene de empresas privadas 75 % de la inversión en energías limpias, lideradas por la solar, la eólica y la hidroeléctrica.

“Necesitamos planes gubernamentales a largo plazo que se traduzcan en acciones concretas: redes eléctricas modernas, almacenamiento y cadenas de suministro robustas”, dijo Blackwell.

El informe llama a las principales economías a liderar el camino, especialmente los países del Grupo de los 20 (G20, economías industrializadas y emergentes).

Se espera que ese grupo de países represente más de 80 % de la capacidad renovable global en 2030. Los países del G7, en particular, deben aumentar su cuota hasta alcanzar cerca de 20 % de la capacidad global en esta década.

También se enfatiza la necesidad de cumplir con el financiamiento climático hacia los países en desarrollo: alcanzar un piso de 300 000 millones de dólares anuales. Y avanzar hacia el objetivo aspiracional de 1,3 billones, establecido en la COP29, que acogió Bakú en noviembre de 2024.

Finalmente, el estudio advierte que más allá de las energías renovables, es crucial invertir en redes eléctricas, cadenas de suministro y manufactura de tecnologías limpias.

Se estima que se requerirán 670 000 millones de dólares anuales solo para modernizar las redes, facilitar la integración de renovables y garantizar la estabilidad energética.

“La carrera hacia una energía renovable abundante ha comenzado. Pero si se quiere llegar a la meta de 2030, es hora de acelerar”, concluye la publicación.

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