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Argentina más desigual: el 10% más rico concentra un tercio de los ingresos

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La economía argentina mostró en el primer trimestre de 2026 una foto incómoda: los ingresos crecieron en términos nominales, pero la distribución volvió a tensarse. El nuevo informe de distribución del ingreso del INDEC revela que la suma total de ingresos de la población urbana relevada alcanzó los $21,9 billones, con una suba nominal interanual del 35,6%. Sin embargo, detrás de esa mejora estadística persiste una estructura desigual, donde el salto de los ingresos no alcanza a cerrar la distancia entre la base y la cima de la pirámide social.

El ingreso per cápita familiar promedio fue de $728.008, mientras que la mediana se ubicó en $500.000. Esa diferencia ya marca una primera señal: el promedio queda empujado hacia arriba por los sectores de mayores ingresos, mientras que la mitad de la población vive con menos de medio millón de pesos mensuales por integrante del hogar.

La desigualdad se observa con mayor nitidez en los extremos. El primer decil tuvo un ingreso medio per cápita de $130.550, mientras que el décimo decil alcanzó $2.435.937. Es decir, el ingreso promedio del 10% más rico fue casi 19 veces superior al del 10% más pobre. Medido por medianas, la brecha fue de 15 veces, el mismo nivel que un año atrás.

El coeficiente de Gini, uno de los indicadores más utilizados para medir la desigualdad, se ubicó en 0,442. El dato implica un deterioro frente al 0,435 registrado en el primer trimestre de 2025 y también contra el 0,427 del cuarto trimestre del año pasado. La serie muestra que la distribución no logró sostener la mejora relativa observada hacia fines de 2025.

La concentración del ingreso sigue siendo elevada. El 10% de mayores ingresos captó el 33,5% del ingreso per cápita familiar total, mientras que el 10% más pobre apenas recibió el 1,8%. En otras palabras, un solo decil concentró casi la misma porción del ingreso que los seis deciles más bajos juntos.

El mercado laboral continúa siendo el principal sostén de los hogares. Los ingresos laborales representaron el 77,7% del total, frente al 22,3% de ingresos no laborales, que incluyen jubilaciones, pensiones, subsidios, alquileres, cuotas alimentarias y ayudas de otros hogares. Pero esa composición cambia de manera drástica según el nivel socioeconómico: en el primer decil, los ingresos no laborales explicaron el 61% del total, lo que muestra una dependencia mucho mayor de transferencias, jubilaciones o asistencias.

El informe también expone la fragilidad de los hogares de menores recursos. En el decil más bajo hubo 272 personas no ocupadas cada 100 ocupadas, mientras que en el decil más alto esa relación cayó a 48. La desigualdad, por lo tanto, no solo se expresa en cuánto se gana, sino también en cuántas personas dependen de cada ingreso dentro del hogar.

Entre la población ocupada, el ingreso promedio de la ocupación principal fue de $1.104.227, con una mediana de $900.000. La mitad de los trabajadores ganó menos de ese monto. Los primeros cuatro deciles de ocupados tuvieron un ingreso promedio de $405.245, mientras que los deciles 9 y 10 alcanzaron $2.579.304.

La formalidad laboral volvió a marcar una frontera decisiva. Los asalariados con descuento jubilatorio percibieron en promedio $1.375.143, contra $731.150 entre quienes no tuvieron descuento jubilatorio. La diferencia revela el peso de la informalidad como mecanismo de segmentación salarial: no solo reduce derechos laborales y previsionales, también achica de manera directa el ingreso mensual.

La brecha de género se mantiene como otro rasgo persistente. Los varones perceptores tuvieron un ingreso promedio de $1.352.247, mientras que las mujeres alcanzaron $959.030. La distancia refleja una combinación de desigualdades laborales: menor acceso a puestos mejor remunerados, mayor presencia en actividades de ingresos bajos, informalidad y sobrecarga de tareas de cuidado.

El dato de fondo es que la recomposición nominal de ingresos no necesariamente implica una mejora distributiva. La economía puede mostrar salarios, jubilaciones o ingresos familiares más altos en pesos corrientes, pero si el reparto se concentra en la parte superior, el tejido social sigue bajo presión.

El primer trimestre de 2026 deja así una conclusión clara: la Argentina urbana recuperó masa nominal de ingresos, pero no logró mejorar su distribución. La desigualdad volvió a crecer, la brecha entre extremos permanece elevada y los hogares de menores recursos siguen dependiendo de menos ocupados, más transferencias y una estructura laboral más vulnerable.

La mejora económica, para convertirse en bienestar social, necesita algo más que ingresos que suban en pesos: requiere empleo formal, salarios que le ganen a la inflación, políticas de cuidado, protección social eficiente y una expansión productiva capaz de llegar a los deciles que hoy permanecen más lejos de la recuperación.

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Posadas, entre las ciudades con más mayores de 65 trabajando: ya representan el 6,1% del empleo

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Mientras en Argentina crece la discusión sobre el deterioro del poder adquisitivo de las jubilaciones y la necesidad de extender la vida laboral, Posadas aparece como uno de los aglomerados urbanos donde ese fenómeno se expresa con mayor intensidad.

Durante el cuarto trimestre de 2025 las personas de 65 años y más representaron el 6,1% del total de ocupados en la capital misionera, ubicándose como el tercer aglomerado urbano del país con mayor participación de trabajadores en ese rango etario, solo por detrás de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (7,6%) y Gran Tucumán (6,5%).

A nivel nacional, ese segmento explica el 5,1% del total de ocupados, por lo que Posadas se posiciona claramente por encima de la media argentina. El dato no solo marca una fuerte presencia relativa de adultos mayores en el mercado laboral, sino también una aceleración sostenida en los últimos años.

En el extremo opuesto, Comodoro Rivadavia (1,0%), Neuquén-Plottier (1,2%) y Viedma-Carmen de Patagones (1,4%) presentan los menores niveles.

Entre 2016 y 2025, los mayores crecimientos en términos absolutos se dieron en Santiago del Estero-La Banda (+430,8%), Río Gallegos (+352,4%) y Gran San Juan (+234,0%). Gran Resistencia, específicamente, registró un aumento del 199,5%, señala un reporte de Politikon Chaco elaborado sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Al cuarto trimestre del 2025, sobre un total de 13,5 millones de trabajadores (en todas sus categorías ocupacionales) que se contabilizaron en los aglomerados urbanos del país, según la EPH-INDEC, el grueso de los mismos se concentró en el rango etario de 35 a 44 años (26,3% del total), seguido por los de 25 a 34 años (22,7%), de 45 a 54 años (22,3%), de 55 a 64 años (13,2%), de hasta 24 años (10,4%) y cierran las personas de 65 años y más (5,1%).

Sin embargo, resulta llamativa la dinámica observada en este último grupo: desde 2023 viene incrementando su nivel de participación y el dato de 2025 se ubica como el segundo más alto desde 2016, superado únicamente por el registro de 2019 (5,2%). Es decir, en los últimos tres años se viene dando un crecimiento de los mayores de 65 que se incorporan al mercado de trabajo mientras que, en paralelo, en ese mismo período viene decreciendo la participación de las personas de hasta 24 años.

Posadas: fuerte avance del empleo en mayores de 65 años
Indicador 2016 2025 Variación
Participación de +65 sobre el total de ocupados 4,0% 6,1% +2,1 p.p.
Cantidad de trabajadores +65 5.808 10.758 +85,2%
Fuente: Politikon Chaco en base a EPH-INDEC.

Si se observa la dinámica de evolución de los +65 años en los últimos años, para 2016 se contabilizaban unos 517.441 trabajadores en ese rango etario, pasando a unos 686.160 para 2025, creciendo 32,6%. Así, se convierte en el rango etario de mayor crecimiento relativo, superando con creces al total general (+17,8%) y dejando en segundo lugar a la franja de entre 45 a 54 años (+29,8%); las personas de hasta 24 años, por su parte, muestran la menor variación relativa del período (4,9%).

En 2016, los trabajadores mayores de 65 años representaban apenas el 4,0% del empleo total en Posadas. Nueve años después, esa participación escaló 2,1 puntos porcentuales, una de las mayores subas del país, lo que confirma una transformación estructural en la composición etaria del empleo local .

Pero el cambio no se observa únicamente en términos relativos. En cantidad absoluta, el salto es todavía más contundente: Posadas pasó de 5.808 trabajadores mayores de 65 años en 2016 a 10.758 en 2025, lo que implica un crecimiento del 85,2%, muy por encima del promedio nacional, que fue del 32,6% .

Es decir, mientras en el país el empleo total creció, en Posadas el trabajo de adultos mayores avanzó a un ritmo mucho más acelerado, consolidando una tendencia que ya no puede leerse como un fenómeno marginal.

Más trabajo después de la jubilación

A nivel nacional, el informe muestra que el grupo de mayores de 65 años fue el de mayor expansión relativa dentro del mercado laboral argentino entre 2016 y 2025.

Mientras el total general de ocupados creció 17,8%, los trabajadores de ese rango etario aumentaron 32,6%, superando incluso a franjas tradicionalmente más activas como la de 45 a 54 años.

Actualmente, sobre un total de 13,5 millones de ocupados en aglomerados urbanos del país, 686.160 corresponden a personas de 65 años y más .

Además, la tasa de actividad de este grupo alcanzó en 2025 su máximo histórico: 18,9%, mientras que la tasa de empleo llegó a 18,1%, también récord desde el inicio de la serie en 2016.

Esto significa que cada vez más personas continúan trabajando incluso después de haber alcanzado la edad jubilatoria.

Posadas en el podio nacional del empleo senior
Aglomerado urbano Participación de +65 sobre ocupados
CABA 7,6%
Gran Tucumán 6,5%
Posadas 6,1%
Total nacional 5,1%
Fuente: Politikon Chaco en base a EPH-INDEC.

El cuentapropismo domina

Uno de los datos más relevantes del estudio es que el trabajo independiente se convirtió en la principal forma de inserción laboral de los mayores de 65 años.

En 2025, el 48,1% de los ocupados de ese segmento fueron cuentapropistas, el nivel más alto de toda la serie histórica. En contraste, los asalariados representaron el 43,2%, mientras que los patrones alcanzaron apenas el 7,2% .

En Posadas, esta tendencia es todavía más marcada. El 58,6% de los trabajadores mayores de 65 años son cuentapropistas, mientras que el 33,8% son asalariados y apenas el 7,6% se desempeñan como patrones .

Esto ubica a la capital misionera entre los aglomerados donde el autoempleo senior tiene mayor peso.

La expansión del cuentapropismo parece estar más vinculada a la necesidad de sostener gastos cotidianos que a una búsqueda de flexibilidad laboral.

En 2025, el mapa ocupacional de los cuentapropistas de 65 años y más muestra una fuerte concentración en actividades vinculadas al autoempleo tradicional, el comercio minorista y los oficios. En ese marco, la Construcción se ubicó como la principal actividad del wsegmento, concentrando el 12,7% del total de trabajadores cuentapropistas +65 relevados y respecto al inicio de la serie (2016) mostró una expansión del 74,6% en las personas que allí se desempeñan. En segundo lugar aparece la actividad de Comercio de alimentos, bebidas y tabaco con una participación del 11,3% y una expansión del 167,2% frente a 2016; el podio se completa con Actividades jurídicas y contables con el 7,8% del total y una expansión muy significativa (+280,5% respecto a 2016).

Cómo trabajan los mayores de 65 años en Posadas
Categoría ocupacional Participación 2025
Cuentapropistas 58,6%
Asalariados 33,8%
Patrones 7,6%
Familiares sin remuneración 0,0%
Fuente: Politikon Chaco en base a EPH-INDEC.

Otro rasgo central del fenómeno es el avance de la precarización. Entre los asalariados mayores de 65 años, la informalidad ya alcanza al 55,7% a nivel nacional, frente al 47,0% registrado en 2016 .

Es decir, hoy más de la mitad de los adultos mayores que siguen trabajando en relación de dependencia lo hacen sin registración formal.

Solo en el último año, los asalariados formales de este segmento cayeron 11%, mientras que los informales crecieron 21,2%.

La conclusión del estudio es contundente: muchos adultos mayores no solo deben seguir trabajando pese a estar jubilados, sino que además lo hacen en condiciones más precarias.

Qué hacen los mayores que siguen trabajando

Entre los cuentapropistas mayores de 65 años, la construcción aparece como la principal actividad, concentrando el 12,7% del total.

Le siguen el comercio de alimentos, bebidas y tabaco con 11,3%, y las actividades jurídicas y contables con 7,8% .

También aparecen con peso el comercio minorista, la reparación de efectos personales, la atención a la salud humana, el transporte de pasajeros y los servicios gastronómicos.

Esto muestra que el fenómeno no se limita a profesionales que continúan activos por elección, sino que se extiende fuertemente a rubros comerciales, oficios y tareas físicamente exigentes.

Incluso sectores como la construcción y el transporte muestran fuertes incrementos, lo que refuerza la idea de una prolongación laboral motivada por necesidad económica.

El dato clave
85,2%
creció la cantidad de trabajadores mayores de 65 años en Posadas entre 2016 y 2025.
El aglomerado pasó de 5.808 ocupados de 65 años y más en 2016 a 10.758 en 2025, muy por encima del crecimiento nacional del segmento, que fue del 32,6%.
Fuente: Politikon Chaco en base a EPH-INDEC.
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El INDEC expone la desigualdad: el ingreso en Argentina mantiene una brecha de 13 veces

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El dato del cuarto trimestre de 2025 vuelve a poner en foco la distribución del ingreso en medio de la tensión entre ajuste, consumo y gobernabilidad

El último informe del INDEC sobre distribución del ingreso volvió a colocar un dato incómodo en el centro del escenario económico: en el cuarto trimestre de 2025, la brecha entre el 10% más rico y el 10% más pobre de la población alcanzó las 13 veces, mientras el coeficiente de Gini se ubicó en 0,427. No es solo una estadística. Es un indicador político. En un contexto de caída del poder adquisitivo y reconfiguración del modelo económico, la pregunta queda flotando: ¿estos números consolidan un rumbo o anticipan tensiones sociales que podrían condicionar la agenda del Gobierno?

Un termómetro social en un contexto de ajuste

El informe se inscribe en la medición que realiza la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que releva ingresos en los principales aglomerados urbanos del país. Allí se observa que el ingreso promedio per cápita familiar fue de $635.996, mientras que entre quienes efectivamente percibieron ingresos el promedio ascendió a $1.011.863.

Más allá del número nominal, el dato clave es la distribución. El coeficiente de Gini —que mide la desigualdad en una escala de 0 a 1— en 0,427 refleja una concentración significativa de ingresos. No es un dato aislado ni neutro: sintetiza el impacto acumulado de variables como inflación, salarios y actividad económica.

En términos institucionales, estos indicadores funcionan como un insumo central para la toma de decisiones de política pública. No solo orientan programas sociales, sino que también inciden en debates legislativos vinculados a impuestos, transferencias y regulación del mercado laboral.

La economía real detrás del dato

Traducido a la vida cotidiana, la brecha de 13 veces implica que los sectores de mayores ingresos concentran una capacidad de consumo y ahorro muy por encima del resto. En paralelo, el ingreso promedio de la población aparece tensionado por el contexto inflacionario y la dinámica de costos.

El informe no introduce nuevas medidas ni decisiones de Gobierno, pero sí actúa como una radiografía que condiciona el margen de acción. En un escenario donde el consumo interno muestra señales de debilidad, la distribución del ingreso se vuelve un factor clave para sostener la actividad económica.

Además, la medición refuerza una tendencia estructural: la dificultad para reducir la desigualdad en períodos de ajuste o reordenamiento macroeconómico. Esa tensión —entre estabilización y equidad— no es nueva, pero adquiere mayor visibilidad cuando los indicadores oficiales la confirman.

Ingresos, desigualdad y pobreza

Los datos del INDEC no operan en el vacío. Funcionan como insumo para distintos actores: sindicatos, sectores empresariales y espacios políticos que construyen sus argumentos sobre la base de estas cifras.

Una brecha de ingresos elevada fortalece los reclamos vinculados a recomposición salarial y políticas redistributivas. Al mismo tiempo, condiciona al Gobierno en su estrategia de consolidación económica, especialmente si el consumo continúa debilitándose.

En términos de correlación de fuerzas, el informe puede alimentar discusiones dentro del Congreso sobre medidas fiscales o sociales. También impacta en la relación entre el Ejecutivo y los sectores productivos, que dependen del mercado interno para sostener su actividad.

Un indicador que marca el pulso, pero no define el rumbo

El dato del cuarto trimestre de 2025 no implica por sí mismo un giro en la política económica. Pero sí delimita el terreno sobre el que se toman decisiones. La desigualdad medida por el Gini y la brecha de ingresos funcionan como señales de alerta que ningún actor puede ignorar.

En las próximas semanas, la evolución de estos indicadores dependerá de variables que todavía están en movimiento: salarios, inflación y nivel de actividad. La pregunta no es solo si la brecha se ampliará o se reducirá, sino qué capacidad tendrá el sistema político para procesar ese resultado sin que derive en nuevas tensiones.

ingresos4trim25 INDEC by CristianMilciades

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Posadas: la pobreza cayó debajo del 30% y hay 60 mil pobres menos que hace un año, según el INDEC

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Al segundo semestre del 2025, de acuerdo con la Encuesta Permanente de Hogares del  INDEC, la pobreza en el aglomerado urbano de Posadas alcanzó al 27,3% de las personas,  presentando una reducción de 10,8 puntos porcentuales (p.p) respecto al semestre  anterior y de -16,1 puntos contra igual semestre del año anterior

En el último año, 61.914 personas dejaron de ser pobres en este aglomerado según el organismo nacional. Además, el 27,3% registrado para este período es la marca más baja para Posadas desde el retorno  de la medición de pobreza (segundo semestre de 2016).

Incidencia de la pobreza e indigencia del 2° semestre 2025. En el aglomerado misionero se contabilizaron, al segundo semestre de 2025, unas 107.712 personas en situación de  pobreza que viven en 31.045 hogares. Así, la incidencia de la pobreza llega al 27,3% de las  personas y al 22,2% de hogares. Además, se registraron 12.661 personas en situación de  indigencia que viven en 4.047 hogares, por lo que la incidencia de la indigencia alcanzó al  3,2% de las personas y al 2,9% de los hogares. 

Desempeño de las tasas en comparación interanual y semestral. Si se mira la comparación  interanual, la tasa de pobreza en personas del segundo semestre 2025 se situó 16,1 puntos  por debajo de igual período del 2024 (cuando fue del 43,4%). A la vez, si se realiza una  comparación semestral, la tasa de pobreza se redujo en 10,8 puntos contra el primer  semestre 2025. Por su parte, la tasa de indigencia se redujo en ambos niveles: -4,5 puntos  interanual y -3,6 puntos en la comparación semestral.  

Impacto de la evolución de las tasas en la población (valores absolutos). En términos de  población, la evolución observada en Posadas implica que, en los últimos seis meses, unas  41.836 personas dejaron de ser pobres en el aglomerado misionero; si se mide de modo  interanual, la caída de la pobreza fue de 61.914 personas respecto a finales del 2024.  

Evolución de los ingresos posadeños vs. canastas de la región. El informe de INDEC  también mostró como fue la evolución de los ingresos en los aglomerados: en Posadas, el  ingreso medio per cápita familiar creció 17,9% semestral, mientras que, en ese mismo  período, el valor de la canasta básica alimentaria creció en 12,2% y la canasta básica total  en 11,7%.

A nivel interanual, el ingreso medio per cápita familiar creció en Posadas 49,7%  contra 27,1% de la canasta básica alimentaria y 25,5% de la canasta total. Por ende, los  ingresos de Posadas crecieron, en ambos niveles comparativos, significativamente por  encima del valor de las líneas de pobreza e indigencia, explicando así la baja en las tasas  de pobreza e indigencia del aglomerado. 

Posadas y su posicionamiento en el NEA. Comparando el desempeño misionero con el  resto de los aglomerados de las provincias del NEA, Posadas tiene la menor tasa de pobreza  de la región, ubicándose por debajo de Gran Resistencia (42,2%), Corrientes (31,3%) y  Formosa (27,9%); respecto a la indigencia, Posadas también tiene la menor tasa de la  región: su 3,2% queda por debajo de Gran Resistencia (13,2%), Corrientes (7,6%) y  Formosa (4,6%). 

En el NEA, las personas en situación de pobreza representaron el 32,7%, y vuelve a ser la  región con la mayor pobreza en todo el país. Lo mismo ocurre con la tasa de indigencia: con  7,5%, el NEA es la de mayor tasa en el país. 

Posadas y su posicionamiento en el país. En el plano nacional, Posadas se ubica a mitad  de tabla respecto a la tasa de pobreza (puesto 17), quedando por debajo de la media nacional (28,2%). El ranking, que agrupa a los aglomerados urbanos medidos por el INDEC, está encabezado por el Concordia (49,9%) y lo cierra CABA con 9,6%. Respecto a la indigencia, Posadas registra la sexta tasa más baja del país.

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Sturzenegger aseguró que se crearon 400.000 empleos informales o independientes pese a la caída del trabajo formal

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En medio del debate sobre el impacto social del programa económico, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, salió a defender el balance laboral de la gestión de Javier Milei y sostuvo que la economía generó unos 400.000 nuevos puestos de trabajo en los dos primeros años de gobierno.

El dato, difundido por el funcionario al analizar estadísticas oficiales, apunta a responder una de las críticas más persistentes hacia el rumbo económico: la idea de que la actividad puede recuperarse sin una mejora real en el empleo. Para Sturzenegger, ese diagnóstico no se sostiene frente a los números de crecimiento y a la evolución del mercado laboral.

Según su planteo, la economía registró una expansión del 6,6% en el primer año de gestión y del 3,5% en el segundo, mientras que el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) proyecta un crecimiento trimestral cercano al 1% hacia adelante. En ese marco, el ministro afirmó que el país podría alcanzar un aumento acumulado del producto cercano al 20% al final del mandato presidencial.

“Es implausible que con tanto crecimiento tengamos un problema de empleo”, planteó.

La intervención del funcionario no fue casual: busca instalar la lectura oficial de que el mercado laboral está atravesando una reconfiguración estructural más que una crisis de destrucción de empleo.

Un mercado laboral en transición: más trabajo independiente y menos empleo formal

El análisis del Gobierno se apoya principalmente en los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec. Según esa medición, la tasa de actividad —que mide la proporción de personas que trabajan o buscan empleo— subió del 48,2% en el tercer trimestre de 2023 al 48,6% en el mismo período de 2025.

Ese aumento implicó una expansión de la población económicamente activa: pasó de 14.210.000 a 14.554.000 personas.

Dentro de ese universo, el número de ocupados creció de 13.396.000 a 13.606.000, lo que el ministro interpreta como una señal de dinamismo laboral durante el actual gobierno.

Sin embargo, el cambio más relevante aparece al observar la composición del empleo. De acuerdo con la Cuenta de Generación del Ingreso, que permite estimar el total nacional, el país pasó de 22.260.000 puestos de trabajo en el tercer trimestre de 2023 a 22.668.000 en igual período de 2025.

La diferencia equivale a unos 408.000 empleos adicionales, pero con una característica central: el crecimiento se explica mayormente por modalidades informales o independientes.

Según el detalle presentado por Sturzenegger, en ese período se registró: +630.000 empleos informales o independientes, –222.000 puestos de trabajo formales

El ministro describió ese movimiento como un cambio en la estructura del mercado laboral vinculado a formas de trabajo más flexibles, donde el monotributo y las tareas independientes adquieren mayor peso.

La Ley Bases y la apuesta oficial por la flexibilización laboral

Dentro de la explicación oficial, el Gobierno vincula esa transformación con las reformas económicas impulsadas durante la gestión. En particular, Sturzenegger mencionó el impacto de la Ley Bases, que según su interpretación facilitó la expansión del monotributo al reducir cargas impositivas.

Para el ministro, la discusión sobre la calidad del empleo requiere mirar no solo la formalidad del vínculo laboral, sino también el nivel de ingresos.

En ese sentido, señaló que en 2025 el ingreso promedio de un trabajador independiente alcanzó los $1.460.000 mensuales, mientras que el salario promedio de un trabajador asalariado se ubicó en $1.300.000.

“No hay una relación directa entre trabajo independiente y trabajo de mala calidad”, sostuvo.

La comparación busca reforzar el argumento de que el crecimiento del empleo autónomo no necesariamente implica precarización, sino que puede reflejar una reorganización del mercado laboral hacia esquemas menos dependientes del empleo asalariado tradicional.

Sectores en expansión y la construcción como foco de la caída

El análisis sectorial también muestra un panorama heterogéneo. De acuerdo con los datos citados por el ministro, el empleo creció en la mayoría de los 17 sectores productivos relevados, aunque con algunas excepciones.

Las caídas se concentraron en: Construcción, Pesca, Minería, Intermediación financiera, y Servicio doméstico

El caso más significativo es el de la construcción, que explicó alrededor del 80% de las bajas laborales registradas en el período analizado.

El dato resulta relevante porque ese sector fue uno de los más afectados por el ajuste fiscal y la paralización de la obra pública durante la primera etapa del programa económico.

En contraste, el ministro destacó que la industria manufacturera sumó 40.000 nuevos puestos de trabajo en los dos años analizados, un dato que el oficialismo utiliza para responder a las críticas sobre un eventual deterioro del empleo industrial.

El debate por la caída del empleo registrado

Uno de los puntos más sensibles del diagnóstico laboral es la caída del empleo formal registrada por el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).

Según esos registros, la cantidad de trabajadores registrados pasó de 13.287.000 a 12.852.000 en un año.

Sturzenegger sostuvo que esa disminución responde casi por completo a un factor específico: la reducción del monotributo social.

De acuerdo con su explicación, ese régimen había sido ampliado en el pasado al eliminarse el costo de la prestación, lo que llevó a una inscripción masiva. Cuando el Gobierno restableció el pago parcial del sistema de salud, la cantidad de inscriptos cayó con fuerza.

El número pasó de 653.400 a 248.900, lo que el ministro considera suficiente para explicar prácticamente la totalidad de la baja en los trabajadores registrados.

La disputa política por la narrativa del empleo

Más allá de los datos, el mensaje del ministro tiene una dimensión política clara. El Gobierno busca instalar la idea de que la recuperación económica ya se refleja en el mercado laboral, aunque con nuevas modalidades de inserción laboral.

Ese enfoque choca con otra interpretación presente en el debate público, que señala la pérdida de empleo formal y la expansión del trabajo independiente como señales de precarización.

En ese cruce de diagnósticos se juega parte de la discusión sobre la agenda laboral futura, especialmente en torno a la modernización de las regulaciones laborales que el Ejecutivo impulsa como parte de su programa de reformas.

Un mercado laboral que todavía redefine su equilibrio

Los datos expuestos por el ministro muestran un mercado laboral que crece en cantidad de puestos pero cambia en su estructura.

El interrogante político y económico es si esa transformación se consolidará como una nueva normalidad laboral, basada en mayor autonomía y flexibilidad, o si representa una etapa transitoria dentro de un proceso de reacomodamiento más amplio de la economía argentina.

Las próximas mediciones de actividad, empleo formal y evolución salarial serán claves para determinar si el crecimiento económico proyectado logra traducirse en un sistema laboral más estable o si el debate sobre la calidad del empleo seguirá siendo uno de los ejes centrales de la discusión política.

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