Erling Haaland

Brasil sufrió un golpe histórico: Haaland eliminó a la Canarinha y rompió una racha de 36 años

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La historia del fútbol mundial sumó este domingo un nuevo capítulo inesperado. Brasil, cinco veces campeón del mundo y una de las grandes favoritas al título, quedó eliminada del Mundial 2026 en los octavos de final al perder 2-1 frente a Noruega, que construyó una de las mayores sorpresas del torneo de la mano de un Erling Haaland imparable, autor de un doblete que dejó sin reacción a la Canarinha.

En el estadio de Nueva Jersey, el equipo dirigido por Carlo Ancelotti dominó largos pasajes del encuentro, generó las mejores oportunidades y hasta desperdició un penal en el primer tiempo. Sin embargo, volvió a exhibir una de las falencias que marcaron su campaña: la falta de contundencia en los momentos decisivos.

La primera gran ocasión llegó a los 13 minutos de la etapa inicial, cuando Bruno Guimarães tuvo la posibilidad de abrir el marcador desde los doce pasos. Pero el arquero Ørjan Nyland adivinó la ejecución y mantuvo el empate, una intervención que terminaría siendo determinante para el desarrollo del partido.

Noruega también avisó desde el inicio con un gol anulado por posición adelantada y, con el correr de los minutos, fue creciendo en confianza. En el complemento comenzó a encontrar espacios frente a una defensa brasileña cada vez más expuesta.

La resistencia sudamericana se quebró a los 35 minutos del segundo tiempo. Haaland apareció con un cabezazo demoledor para abrir el marcador y, apenas diez minutos más tarde, volvió a castigar con un potente remate que sentenció prácticamente la clasificación del conjunto nórdico.

Ya en tiempo de descuento, Neymar descontó de penal para Brasil, pero el gol apenas sirvió para decorar un resultado que ya estaba definido.

El fin de una racha que parecía eterna

Más allá del impacto deportivo, la eliminación tiene un enorme peso histórico. Es la primera vez desde Italia 1990 que Brasil queda eliminado en los octavos de final de una Copa del Mundo.

Desde aquella derrota por 1-0 frente a Argentina —resuelta por la inolvidable asistencia de Diego Maradona y la definición de Claudio Caniggia— la selección brasileña había alcanzado como mínimo los cuartos de final en todas las Copas del Mundo disputadas.

Durante ese período construyó una de las etapas más exitosas de su historia: conquistó los títulos de Estados Unidos 1994 y Corea-Japón 2002, fue subcampeón en Francia 1998, alcanzó las semifinales en Brasil 2014 y también se mantuvo entre los ocho mejores equipos del mundo en Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Rusia 2018 y Catar 2022.

Esa regularidad, que atravesó generaciones enteras de futbolistas y entrenadores, quedó interrumpida por una Noruega que encontró en Haaland al líder de una campaña histórica.

Haaland, el hombre que cambió la historia

El delantero del conjunto escandinavo volvió a demostrar por qué es considerado uno de los mejores goleadores del planeta. Potente, preciso y decisivo, apareció cuando el partido ingresaba en su tramo final para marcar dos goles que ya forman parte de la historia del fútbol noruego.

Gracias a su actuación, Noruega avanzó por primera vez a los cuartos de final de un Mundial moderno y ahora espera al ganador del cruce entre México e Inglaterra para seguir alimentando el sueño de una campaña inolvidable.

Para Brasil, en cambio, comienza inevitablemente el tiempo de las preguntas. La llegada de Carlo Ancelotti había despertado enormes expectativas y el plantel reunía talento suficiente para aspirar al título. Sin embargo, la falta de eficacia ofensiva, los errores defensivos y la contundencia de un rival que aprovechó cada oportunidad terminaron escribiendo uno de los golpes más duros de la historia reciente de la Canarinha.

Treinta y seis años después de aquella eliminación frente a Argentina en Italia 1990, Brasil vuelve a despedirse de un Mundial antes de los cuartos de final. Y esta vez fue Erling Haaland quien firmó el acta de una caída que ya ocupa un lugar entre las grandes sorpresas de la Copa del Mundo.

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Fichar barato y vender caro: el modelo del Red Bull de Salzburgo

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EFE, Salzburgo. Fichar barato a jóvenes promesas, desarrollarlas como futbolistas y venderlas a precio de grandes estrellas, cómo ha ocurrido con el noruego Erling Haaland, es el exitoso modelo con el que el Red Bull de Salzburgo ha ingresado 200 millones de euros en los últimos cinco años.

“Tenemos el equipo más joven de nuestra historia. Lo más importante es que siempre planificamos a 3 o 4 años vista en nuestra academia para ver quiénes podrían ser los próximos jugadores y estar un paso por delante”, explica a Efe el director deportivo del club austríaco, Christoph Freund, sobre la actual temporada.

Desde la compra del club en 2005 por parte de la empresa de refrescos Red Bull, aunque técnicamente sea ahora sólo patrocinador principal, el Salzburgo se ha convertido en el dominador absoluto de la Bundesliga austríaca, con 12 títulos de liga y 8 de copa.

Pero pese a ser un habitual en la Liga Europa, e incluso en la “Champions”, su único éxito internacional se lo ha brindado hasta ahora su prometedora cantera, que levantó en 2017 la edición para juveniles de la Liga de Campeones, la “Youth League”.

CREACIÓN DE ESTRELLAS

Con una media de edad de 23 años y hasta 22 extranjeros entre sus filas, la estrategia del Salzburgo es clara: encontrar a los jugadores más prometedores del panorama internacional y aumentar su valor de mercado antes de lanzarlos al estrellato.

El club no desvela el valor de compra o venta ni el beneficio que saca con estas operaciones, y sólo se aviene a explicar que ha ingresado en torno a 200 millones de euros en traspasos los últimos cinco o siete años.

El senegalés Sadio Mané, es buen ejemplo. El Salzburgo pagó por él 4 millones de euros en 2012, y un año después lo traspasó por 23 al Southampton de la Premier League, donde ha hecho carrera y ha llegado a ganar la Liga de Campeones con su actual equipo, el Liverpool.

Esta fórmula se repite en otros grandes éxitos del club, como Naby Keïta, fichado por 1,5 millones en 2014 y vendido por casi 30 en 2016; o la superestrella Erling Haaland, por el que el Red Bull pagó 8 millones en 2019 y que ahora, en el Borussia Dortmund, está tasado en 150.

APUESTA POR EL FÚTBOL FORMATIVO

En un primer momento, explica Freund, la filosofía del club era muy diferente, ya que en la plantilla podían verse jugadores en el ocaso de su carrera, pero en 2012 el modelo cambió hacia la búsqueda de jóvenes talentos internacionales.

El proyecto adquirió otra dimensión, con una apuesta clara por el fútbol formativo asentada en dos pilares: una red de ojeadores internacionales y un centro de entrenamiento de alto nivel.

“Sólo buscamos jugadores jóvenes de entre 16 y 19 años. Recibimos mensajes de muchos agentes, pero la mayoría no nos interesan porque son muy mayores o no juegan nuestro estilo”, dice Freund, que dice que con esos criterios quedan excluidos el 98 % de todos los potenciales futbolistas.

Quienes pasan el corte tienen la oportunidad de formarse en la RB Akademie, un complejo de alto rendimiento a las afueras de Salzburgo, dedicado a las categorías inferiores del club, de donde han salido ya siete jugadores titulares del Salzburgo.

UNA RED DE ALIANZAS

Más allá de las fronteras de Austria, el Salzburgo cuenta con acuerdos de colaboración en África, Asia y Sudamérica, donde Red Bull tiene su propio centro de entrenamiento en Brasil.

“No puedes simplemente ir a África o Asia, decir que estás allí para explicarles cómo jugamos al fútbol y traer a los mejores talentos. Lleva mucho trabajo detrás “, reconoce el director deportivo, cuyos ojeadores hacen un par de visitas internacionales al año.

En el primer equipo no hay sitio para todos estos jugadores y por ello el club tiene un acuerdo con el FC Liefering, de la segunda división austríaca, para enviar a sus promesas.

“SOMOS EL FÚTBOL DEL MAÑANA”

Esa filosofía queda clara en el mensaje “Somos el fútbol del mañana” que preside la grada principal del Red Bull Arena.

A la hora de seguir atrayendo a promesas, el Salzburgo sabe que su gran atractivo pasa por combinar la atmósfera familiar de un club modesto, alejado de los grandes focos, con un ritmo competitivo de primer nivel en Europa.

“Aquí, los jóvenes pueden sentirse bien y tienen la oportunidad de jugar a nivel profesional desde muy pronto. Es importante para nosotros que tengan opciones reales de jugar si entrenan bien”, resume el director deportivo.

Desde el club tienen clara su estrategia: ayudar a la correcta integración de los jugadores y ofrecerles minutos antes de dar el salto a un gran club. En definitiva, ser parte del camino y no el final del mismo.

Alejandro Giménez

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