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Raúl Timerman: “Milei está para perder, pero no tiene contra quién”

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La paradoja que atraviesa al escenario político argentino puede resumirse en una frase: Javier Milei está en condiciones de perder una elección, pero todavía no aparece un adversario capaz de derrotarlo.

Así lo planteó Raúl Timerman, analista político y consultor de opinión pública, durante una entrevista con Open 101.7. Su diagnóstico combina dos dimensiones que avanzan en paralelo: por un lado, una sociedad golpeada por la crisis económica, el endeudamiento y la pérdida de expectativas; por otro, una oposición fragmentada que aún no consigue transformar ese malestar en una propuesta política común.

“El Gobierno está para perder, pero no tiene contra quién”, sintetizó Timerman. La definición no supone que Milei conserve la fortaleza electoral de otros momentos, sino que la debilidad presidencial todavía no encuentra enfrente una construcción política capaz de capitalizarla.

Una sociedad dividida por la capacidad de llegar a fin de mes

Para Timerman, cualquier descripción del humor social debe comenzar por reconocer que la Argentina está profundamente segmentada.

Una parte de la población logra llegar a fin de mes e incluso conservar alguna capacidad de ahorro. Otro grupo consigue cubrir sus gastos, pero después de haber realizado ajustes en su economía familiar y sin margen para ahorrar. En conjunto, ambos sectores representan algo menos de la mitad de la sociedad.

Del otro lado aparece una mayoría que necesita utilizar ahorros o recurrir al endeudamiento para sostener sus gastos cotidianos.

“Alrededor del 36% de los argentinos se endeuda para llegar a fin de mes. Hoy ya están endeudados, la mayoría son morosos y no saben si van a poder pagar sus deudas”, describió.

A esa situación se suma que más del 70% considera que el país atraviesa una crisis económica. Dentro de ese universo, la mayoría cree que lo peor todavía no pasó.

“La situación anímica de la sociedad argentina es de depresión y desesperanza, a pesar de que existe un sector que vive bien”, señaló.

El consultor apeló a una imagen para graficar la magnitud de las diferencias. En la Argentina conviven quienes nunca viajan en avión, quienes pueden hacerlo ocasionalmente, quienes utilizan habitualmente vuelos comerciales y una minoría que se desplaza únicamente en aviones privados.

“No podés describir la sociedad si no la particionás”, explicó. Esa fragmentación económica también tiene consecuencias políticas: un sector que inicialmente había depositado expectativas en el Gobierno comenzó a perderlas, aunque todavía no encuentra una representación alternativa.

Un Gobierno que conoce el deterioro, pero no logra corregirlo

Timerman rechazó la idea de que el Gobierno desconozca el deterioro social. Según explicó, algunos sectores de la administración nacional monitorean permanentemente la opinión pública y cuentan con información precisa sobre el impacto económico del programa oficial.

El problema, advirtió, no sería la falta de diagnóstico, sino la imposibilidad de modificar el rumbo.

“El Gobierno conoce muy a fondo esta situación, porque evalúa la opinión pública de manera permanente”, sostuvo. Sin embargo, describió una gestión condicionada por el aislamiento presidencial, la rigidez del modelo y la escasa capacidad de los funcionarios para manifestar diferencias.

“Hay muchos ministros y secretarios de Estado que se dan cuenta del estado en el que está el Presidente, de su aislamiento, de su obsecuencia con un modelo y de la poca posibilidad que tienen de presentar disconformidades”, afirmó.

Ese esquema, según su análisis, deja al Gobierno “paralizado” frente a la necesidad de introducir correcciones. La dificultad no surge solamente del contenido del programa económico, sino del “empecinamiento” de Milei en sostenerlo incluso cuando aumentan las señales de deterioro social y político.

El peronismo permanece junto, pero no unido

La oposición percibió esa debilidad, pero tampoco resolvió sus propias contradicciones. Timerman ubicó dentro del espacio panperonista a Cristina Fernández de Kirchner, Máximo Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa.

Todos ellos, explicó, reconocen que el desgaste del Gobierno abre una oportunidad para regresar al poder. Esa expectativa es, por ahora, el principal factor que los mantiene dentro de un mismo espacio.

“Es lo único que los mantiene juntos. No diría unidos, pero sí juntos”, diferenció.

Las tensiones internas podrían profundizarse al momento de definir las candidaturas presidenciales de 2027. Timerman consideró probable que Kicillof busque competir y señaló que Massa también podría presentarse. En ese escenario, Cristina Kirchner deberá decidir cómo intervenir en la interna.

“No creo que apoye a Axel Kicillof. Eventualmente puede llegar a apoyar a Sergio Massa, aunque tampoco es ideológicamente cercana”, evaluó.

La incertidumbre opositora, por lo tanto, no se limita a la selección de nombres. También involucra la falta de una síntesis política, programática y generacional que permita ampliar su representación más allá de los límites tradicionales del peronismo.

Tres bloques y el crecimiento del “ningunismo”

Timerman describió una sociedad electoral dividida en grandes franjas. Cerca del 30% permanece próximo al Gobierno; otro porcentaje similar se identifica con el espacio que representó Fuerza Patria; y alrededor de un tercio no se siente cercano a ninguno de los dos polos. A ellos se suman la izquierda y otras fuerzas minoritarias.

Ese tercer bloque alimenta lo que comienza a definirse como “ningunismo”: ciudadanos que rechazan tanto al oficialismo como a la principal oposición, pero que todavía no confluyen detrás de una misma candidatura.

La existencia de ese espacio no garantiza, por sí sola, el surgimiento de una tercera fuerza competitiva. Para Timerman, todo dependerá de la aparición de un liderazgo capaz de reunir demandas muy diferentes.

El consultor ilustró esa dificultad con una medición construida a partir de tres afirmaciones.

Un 29% responde que está de acuerdo con el Gobierno de Javier Milei. Ese porcentaje constituye el núcleo duro oficialista.

Otro 12% sostiene que no está de acuerdo con el Gobierno, pero que no encuentra una alternativa. La suma de ambos grupos alcanza el 41%, una cifra equivalente al desempeño electoral obtenido por La Libertad Avanza en las elecciones legislativas.

Finalmente, un 56% afirma que no está de acuerdo con el Gobierno y considera que existe otra alternativa.

El problema aparece al analizar la composición de ese último grupo.

“No para todos la otra alternativa es la misma. Ven alternativas diferentes”, explicó Timerman. El desafío será determinar si algún candidato puede reunir dentro de ese 56% el respaldo suficiente para llegar a la Presidencia.

La avenida del medio que nunca terminó de consolidarse

La dificultad para construir una tercera alternativa no es nueva. Timerman recordó experiencias electorales como las de Roberto Lavagna y Juan Schiaretti, que buscaron representar una opción intermedia, pero terminaron obteniendo entre seis y siete puntos.

Para describir los límites de ese espacio, citó una definición del analista Luis Tonelli sobre la denominada “ancha avenida del medio”: “Rodríguez Larreta la llenó de Metrobús”.

La ironía apunta a una conclusión concreta: existe un electorado que rechaza la polarización, pero eso no significa que esté políticamente vacío, disponible o dispuesto a acompañar cualquier candidatura presentada como moderada.

Ese electorado reúne posiciones económicas, sociales e ideológicas diferentes. La sola promesa de ocupar el centro no alcanza para transformarlo en una fuerza electoral.

¿Una nueva polarización o una figura inesperada?

De cara a las presidenciales de 2027, Timerman evitó anticipar si la Argentina volverá a una competencia entre dos grandes bloques o si aparecerá una tercera candidatura capaz de romper esa dinámica.

“Es difícil saberlo ahora. Va a depender mucho de si surge o no una figura política”, indicó.

El antecedente más inmediato es el propio Milei. Antes de su irrupción, la política argentina parecía encaminada a repetir la polarización entre el peronismo y el PRO. Sin embargo, el economista libertario apareció por fuera de esa disputa, desplazó a Juntos por el Cambio y llegó a la Presidencia.

“Entre la polarización del peronismo y el PRO surgió Javier Milei. La polarización no era con Milei, era con el PRO. Puede surgir alguien, puede irrumpir alguien”, remarcó.

La posibilidad existe, pero todavía no tiene nombre. Mientras tanto, Milei conserva una ventaja paradójica: el deterioro económico y la pérdida de expectativas lo colocan en una situación de vulnerabilidad, pero la fragmentación opositora le impide al descontento convertirse en una amenaza electoral definida.

El Gobierno perdió parte de la esperanza que lo llevó al poder. El peronismo continúa atrapado en su disputa interna. El radicalismo carece de centralidad y el PRO busca evitar su disolución política. Entre esos espacios crece una sociedad que quiere otra alternativa, aunque todavía no sabe cuál.

Ese vacío es, al mismo tiempo, la principal debilidad de Milei y su mayor fortaleza.

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Macri activa su estrategia federal y reordena el PRO con la mira en 2027

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Mauricio Macri comenzará la próxima semana una serie de recorridas por el interior del país con el objetivo de reposicionar al PRO y consolidar una estrategia federal en un escenario político atravesado por tensiones internas en la oposición y señales de reconfiguración de alianzas de cara a 2027.

El movimiento marca el primer paso concreto del expresidente tras el relanzamiento del partido en Parque Norte, donde habló de “el próximo paso” como una construcción territorial. La agenda incluye visitas a Chaco y Corrientes el 17 de abril, con reuniones junto a los gobernadores Leandro Zdero y Juan Pablo Valdés, además de encuentros con dirigentes y militantes. “El próximo paso se construye desde cada provincia”, señaló Macri en un comunicado que difundió el PRO Chaco. La actividad en Resistencia contará con la presencia de dirigentes nacionales como, entre otros, el exministro de Trabajo, Ezequiel Sabor, uno de los armadores nacionales; el vicepresidente del CEAMCE Ezequiel Jarvis; el referente local Patricio Amarilla, el expresidente del partido a nivel nacional Humberto Schiavoni; el legislador porteño Darío Nieto; el senador Enrique Martín Goerling; y la diputada correntina Sofía Branbilla.

Antes de esa gira, Macri será uno de los protagonistas centrales de la tradicional cena de la Fundación Pensar, organizada por María Eugenia Vidal, un evento que reunirá a más de 400 dirigentes y que busca volver a posicionar al PRO como un actor clave dentro del tablero opositor.

El trasfondo de estas actividades es más profundo que una simple agenda partidaria. El PRO intenta recomponer su estructura territorial tras el desgaste que dejaron las elecciones de medio término de 2025 y las divisiones internas que fragmentaron su conducción en distritos clave. Provincias como Córdoba y Tucumán aparecen hoy como focos críticos, donde el partido enfrenta procesos de intervención y disputas entre líneas internas que limitan la capacidad de articulación nacional.

En paralelo, el reordenamiento del PRO es observado con atención por sectores de la Unión Cívica Radical, que evalúan escenarios de reconstrucción de un frente opositor más amplio. En Corrientes, el exgobernador Gustavo Valdés ratificó la histórica alianza entre ambos espacios y dejó abierta la puerta a futuras convergencias, aunque advirtió que aún es prematuro hablar de una estrategia nacional consolidada.

El interrogante central sigue siendo el rol que Macri jugará en el próximo ciclo político. Dentro del radicalismo y del propio PRO persiste la idea de que su figura podría volver a ordenar el espacio opositor, especialmente frente al avance de La Libertad Avanza. Sin embargo, el propio expresidente mantiene una postura cautelosa y evita definiciones públicas sobre una eventual candidatura.

Esa prudencia también se refleja en su mirada sobre el gobierno de Javier Milei. Según su entorno, Macri observa con preocupación la coyuntura económica, el clima social y las tensiones políticas que atraviesa la gestión nacional, aunque opta por no emitir críticas directas para evitar profundizar la fragmentación del espacio opositor.

En el Congreso, esa estrategia de diferenciación ya comenzó a tomar forma. El bloque del PRO en Diputados decidió no alinearse automáticamente con el oficialismo en temas sensibles, como la reforma de la Ley de Glaciares o las controversias vinculadas al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. La apuesta es construir una agenda propia, con foco en producción, desarrollo tecnológico y propuestas de “segunda generación”, que le permitan al partido recuperar identidad y volumen político.

El escenario que se abre es el de una oposición en proceso de redefinición, donde el PRO busca reconstruirse como fuerza nacional con anclaje territorial, mientras la UCR y otros espacios evalúan posibles convergencias. En ese tablero, Macri vuelve a moverse con una lógica conocida: ganar tiempo, ordenar la estructura y mantener abierta la incógnita sobre su protagonismo futuro.

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