ESTADO

La nueva ola de nacionalización

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Por Nicholas Mulder / F&D FMI – Los gobiernos están tomando el control de empresas y recursos privados al ritmo más rápido en 50 años. Basándose en las múltiples oleadas de nacionalizaciones del siglo pasado, este cambio alterará el panorama económico mundial.

Desde 2020, los gobiernos de todos los continentes han nacionalizado propiedades en manos de sus propios ciudadanos y de inversores extranjeros. Francia y Alemania se hicieron cargo de las compañías eléctricas y de servicios públicos. Francia puso el mayor astillero de Europa bajo control gubernamental. El Reino Unido nacionalizó los ferrocarriles y la fabricación de acero.

Rusia ha incautado más de 48.000 millones de dólares en puertos, fábricas y empresas de consumo desde que invadió Ucrania en 2022. Estados Unidos adquirió una participación dominante en el único productor nacional de tierras raras del país. Y una lista creciente de países confiscó recursos de propiedad extranjera como litio, oro, uranio, níquel e incluso aceite de palma. Aunque las valoraciones son disputadas, entre 2016 y 2026 se nacionalizaron activos por valor de entre 239.000 y 544.000 millones de dólares.

La inestabilidad geopolítica, las disrupciones en los mercados de materias primas y el desarrollo de energías renovables están impulsando estas adquisiciones. Y a medida que más gobiernos adoptan políticas económicas intervencionistas, la actual ola de nacionalizaciones no muestra señales de aflojarse. Estas adquisiciones cambiarán, pero no frenarán, la integración económica y financiera global. En cambio, podrían reorganizar los patrones a largo plazo del comercio y la inversión internacional.

Esta es la cuarta gran ola de nacionalizaciones en los últimos 100 años. El ritmo y el momento de las nacionalizaciones reflejan generalmente una combinación de urgencia política, condiciones monetarias y movilidad de capital (véase la Tabla 1).

La primera ola llegó en los años 30, durante la Gran Depresión. La segunda comenzó a finales de los años 40, cuando muchos países construyeron economías mixtas tras la Segunda Guerra Mundial. En los años 70, la descolonización, el fin del sistema de tipos de cambio de Bretton Woods, los choques energéticos y las presiones inflacionarias impulsaron una tercera ola.

Existe una considerable variedad en la forma y el contenido de las nacionalizaciones. No todas son afirmaciones de propiedad gubernamental. En algunos casos, el papel del Estado ha sido facilitar la transferencia de bienes de un propietario privado a otro en una venta forzosa. Algunas adquisiciones son confiscaciones directas, mientras que otras son expropiaciones compensadas. Todos utilizan instrumentos políticos y legales para someter la propiedad privada al control nacional y renegociar la relación entre el Estado y el capital.

¿Qué es lo distintivo en la creciente ola de nacionalización en la década de 2020? Consideremos la historia de las tres oleadas anteriores, cada una más grande que la anterior.

Primera oleada: años 30

La economía mundial integrada de las décadas de 1870 y 1930 se apoyaba en dos pilares: el libre comercio relativamente y el patrón oro internacional. Estas políticas facilitaron el camino para grandes flujos de inversión extranjera. Economías ricas como Francia, Alemania y Reino Unido acumularon grandes reservas de capital extranjero que ascendían entre el 50 y el 160 por ciento de su propio PIB.

Aunque la Primera Guerra Mundial erosionó gran parte de esta inversión de capital transfronteriza, el conflicto no destruyó la integración global del mercado. En cambio, reorientó la economía mundial en torno al crecimiento estadounidense en los años 20, cuando la inversión y el comercio internacionales se expandieron nuevamente bajo un patrón oro revivido.

La Gran Depresión puso fin al libre comercio y a los flujos de capital, y desencadenó la primera ola global de nacionalizaciones. A partir de 1928–29, se produjo una serie en cascada de crisis en los precios de las materias primas, luego en los mercados bursátiles y el comercio mundial, y finalmente en el orden monetario internacional.

Para evitar el colapso del sistema financiero, varios países tomaron control total o parcial de sus sistemas bancarios. Entre 1931 y 1935, Estados Unidos nacionalizó aproximadamente un tercio del capital financiero, y en Alemania más de la mitad del capital bancario pasó a ser propiedad estatal. Italia nacionalizó el 20 por ciento de los activos privados, industriales y financieros entre 1931 y 1933. La propiedad estatal se expandió en Francia, que nacionalizó su industria aeronáutica y ferrocarriles; el Reino Unido, que nacionalizó los yacimientos de minas de carbón; y Bolivia y México, que se hicieron con compañías petroleras extranjeras.

Estas medidas a menudo respondían a una crisis urgente, y algunas fueron posteriormente revertidas. Pero como ocurrieron en las economías más avanzadas de la época, tuvieron un efecto significativo en las economías en desarrollo. Además, el comercio global y los préstamos transfronterizos se redujeron drásticamente, y muchos gobiernos impusieron controles de capital. Estos desarrollos permitieron nacionalizaciones a un coste relativamente bajo, sin temor a una fuga de capitales ni una reacción negativa de los mercados internacionales.

La oleada de nacionalizaciones de los años 30 fue un síntoma de la desintegración económica y financiera global. A corto plazo, evitó bancarrotas, pero también segmentó los mercados nacionales y redujo el comercio y la inversión internacionales. Con el tiempo, una mayor propiedad estatal otorgó a los gobiernos mayor autonomía para la formulación de políticas y les permitió contribuir a un nuevo orden económico internacional al final de la Segunda Guerra Mundial.

Segunda oleada: finales de los años 40

Tras la Segunda Guerra Mundial, se produjo una nueva oleada de nacionalizaciones en las economías europea, latinoamericana y asiática.

Surgió un modelo económico mixto en el que la inversión pública a gran escala coexistía con mecanismos de mercado privado. El sistema de tipo de cambio fijo establecido en Bretton Woods en 1944 aportó estabilidad financiera internacional, lo que ayudó a las nacionalizaciones al reducir el riesgo de fuga de capitales. En muchos países, la alta inflación permitió a los gobiernos elegir el momento más propicio para comprar las participaciones de los accionistas privados. Y dado que los gobiernos financiaron las nacionalizaciones emitiendo bonos, la inflación también ayudó a reducir el coste real de pagar la deuda.

De este modo, el Reino Unido nacionalizó el Banco de Inglaterra y las industrias de aviación, carbón, teléfono, transporte, electricidad, gas y hierro y acero. Francia tomó el control del Banque de France; instituciones financieras privadas que poseen el 80 por ciento de los depósitos bancarios; los sectores del carbón, la electricidad y la telefonía; y varias industrias importantes. Nacionalizaciones similares ocurrieron en Argentina, Austria, Brasil, Checoslovaquia, India, Indonesia, Irán, Italia, Japón y en estados socialistas de Europa del Este.

Esta segunda oleada de nacionalizaciones fue más amplia en su enfoque sectorial, más sistemática en su desarrollo y se implementó de forma más gradual que las acciones apresuradas de los años 30. Esto permitió a los inversores privados ajustar las expectativas, redujo la volatilidad económica y evitó que las nacionalizaciones interrumpieran el rápido crecimiento de las tres primeras décadas de posguerra.

Un elemento que marcó una gran diferencia fue que las economías europeas se hicieron principalmente con las propiedades de sus propios ciudadanos. Esto significaba que podían gestionar el proceso a través de instituciones políticas, asegurando una mayor estabilidad y legitimidad democrática. En cambio, cuando las economías en desarrollo adquirieron propiedades de inversores occidentales, los riesgos eran mayores y las disputas diplomáticas e incluso los conflictos directos eran posibilidades reales.

La oleada de nacionalizaciones de posguerra desempeñó un papel catalizador importante para la economía mundial. Las empresas estatales lideraron la movilización de grandes sumas para inversión y ayudaron a impulsar un rápido crecimiento económico en las economías avanzadas. Aunque existían inevitables ineficiencias en la asignación de recursos, hubo un aumento proporcional en el control político sobre las prioridades de inversión. Los países con altos niveles de propiedad nacionalizada no tuvieron un rendimiento inferior a las economías con mayor inversión del sector privado hasta la década de 1970.

Tercera ola: años 70

La primera y segunda oleada de nacionalización tuvieron lugar cuando las naciones del Atlántico Occidental y Norte dominaban la economía mundial. El posterior desmantelamiento de los imperios europeos aumentó el número de estados soberanos: la membresía de la ONU pasó de 51 naciones en 1945 a 127 en 1970. Estas nuevas economías nacionales buscaron labrarse un hueco en la división global del trabajo. Pero muchas naciones exportadoras de materias primas de América Latina, África y Asia seguían dependiendo del capital extranjero.

Dos sacudidas provocaron un aumento de nacionalizaciones. La primera fue el fin del sistema de Bretton Woods. La devaluación de la moneda estadounidense por parte del presidente Richard Nixon en agosto de 1971 provocó un shock para los productores de materias primas, que obtenían ingresos por exportación en dólares. Los productores de petróleo aumentaron su propiedad de compañías petroleras extranjeras para captar una mayor parte de los ingresos en una moneda debilitada.

La crisis del petróleo de 1973 provocó un aumento masivo en el precio de la energía y los minerales, lo que hizo que los países con recursos naturales estuvieran ansiosos por aprovechar el auge de las materias primas. Investigaciones de Stephen Kobrin muestran que el ritmo de las adquisiciones de propiedades se aceleró; Alcanzó su punto máximo en 1975, cuando 28 países llevaron a cabo 83 expropiaciones—una cada cuatro días, de media. Entre 1971 y 1980, las economías en desarrollo nacionalizaron al menos 26.000 millones de dólares en propiedades extranjeras, o el 11 por ciento de la inversión extranjera directa total en el mundo en desarrollo en 1980.

La tercera ola de nacionalización fue más amplia, más larga y los recursos involucrados fueron más valiosos que cualquiera que la precediera (véase el Gráfico 1). El éxito de las nacionalizaciones tempranas animó a otras economías a participar en intervenciones similares. Y la inflación causada por los choques monetarios y energéticos facilitó las nacionalizaciones porque los pagos a los propietarios eran más baratos en términos reales.

Las economías de América Latina, África y Oriente Medio pudieron nacionalizar grandes porciones de sus bases de recursos durante los años setenta. Pero la mayor ola de nacionalización de la historia terminó con las políticas monetarias restrictivas adoptadas por la Reserva Federal a partir de 1979, que redujeron la inflación y ralentizaron el crecimiento global.

El efecto económico internacional más significativo de la ola de nacionalización de los años setenta fue el sobrepeso de deuda soberana que creó. Como la mayoría de las economías en desarrollo pagaban compensación a los inversores, sus obligaciones externas crecieron. Cuando los tipos de interés se dispararon a principios de los años 80, esto les expuso a grandes riesgos de refinanciación y desencadenó crisis de deuda desde Jamaica hasta Zaire. En los años siguientes, muchos activos nacionalizados fueron privatizados a medida que los mercados de capitales se integraron más y los gobiernos buscaron formas de reducir la deuda pública.

Cuarta ola: Década de 2020

La actual ola de nacionalizaciones se originó tras la crisis financiera global de 2008 y las adquisiciones de emergencia de varias instituciones financieras importantes. Estos movimientos en la mayoría de los casos se revirtieron cuando las empresas se vendieron de nuevo al sector privado, pero ha habido nacionalizaciones más permanentes desde finales de la década de 2010. Algunas fueron respuestas a grandes choques globales de oferta y demanda, como la pandemia de COVID-19 en 2020 y el aumento de precios de los productos básicos en 2022 provocado por la invasión rusa de Ucrania.

Otras adquisiciones buscan abordar desafíos más amplios, como el cambio climático. La nacionalización de minerales para tecnologías renovables, por ejemplo, puede permitir que las naciones exportadoras obtengan beneficios en precios. Otra corriente de adquisiciones refleja consideraciones de seguridad nacional y el deseo de los gobiernos de controlar recursos considerados vitales para la competencia estratégica.

Las nacionalizaciones geopolíticas harán que la inversión extranjera directa entre adversarios estratégicos sea más arriesgada. Sin embargo, esto no reducirá necesariamente la integración económica y financiera global global. Más comercio, préstamos e inversiones podrían fluir dentro de bloques geopolíticamente alineados, y los estados neutrales pueden atraer capital extranjero posicionándose como intermediarios fiables y destinos seguros para la inversión.

Las nacionalizaciones ocurren frecuentemente en oleadas porque responden a factores externos e internos de amplia duración. Cuando los precios de las materias primas están subiendo, la perspectiva de captar una mayor parte de los ingresos por exportación resulta atractiva. Las nacionalizaciones exitosas señalan la facilidad y conveniencia de tales políticas para otros. Este “efecto demostrativo” ayuda a explicar por qué las nacionalizaciones históricamente se agrupan en movimientos ondeantes y procíclicos.

Los gobiernos pueden nacionalizar más fácilmente en tiempos de inflación, cuando los costes reales de las adquisiciones compensadas son menores. Sin embargo, una mayor movilidad de capital suele mantener a raya las nacionalizaciones al ofrecer a los inversores más opciones de salida y acelerar las reacciones del mercado que limitan a los gobiernos. El auge de las nacionalizaciones hoy en día, a pesar de la histórica alta integración en los mercados de capitales, señala fuertes fuerzas macroeconómicas y geopolíticas que favorecen las adquisiciones y una creciente convicción política de que las nacionalizaciones son un instrumento vital de la política económica en una era de fragmentación geoeconómica.

NICHOLAS MULDER, profesor adjunto de historia moderna en la Universidad de Cornell y autor de La era de la confiscación: Crear y tomar la propiedad en la creación del mundo moderno.

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Pregonan Liberalismo, practican proteccionismo e intervencionismo del Estado

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Contundente pero poco conocido es el caso de los países que, “por desobediencias ideológicas”, no hicieron caso a los “cantos de sirena” de los economistas e ideólogos del liberalismo, y rompieron falsos tabúes del “libre mercado” y del pseudo “eficientismo privado” a ultranza, protegiendo sus economías de la destructiva competencia externa, promovieron las mejoras sociales, y fortalecieron el rol del Estado como conductor, ordenador, e incluso partícipe activo de la economía nacional.

En el siglo XIX, EEUU, Alemania, y después Japón, fueron los más claros ejemplos de “desobediencia ideológica”, transgrediendo los tabúes “librecambistas” del liberalismo, apostando fuertemente a sus propios desarrollos industriales y tecnológicos.

El gran ideólogo en cuyas ideas forjaron sus desarrollos industriales y tecnológicos EEUU y Alemania, fue Friedrich List, alemán y estadounidense por opción, cuyo único notable libro desnuda las falsedades ideológicas en las que se fundamenta la nociva y anti industrialista doctrina liberal. De algún modo, también su pensamiento tuvo fuertes matices geopolíticos, pues dio las bases teóricas para la unificación de los pequeños Estados, los que al unirse formaron la nación germana, eso algunas décadas después, con Bismarck.

En EEUU su pensamiento fue implementado por varios presidentes, destacándose Hamilton, coincidiendo con esas ideas antes de ser difundido el pensamiento de List; pero continuadas por sucesivos gobiernos.

En Alemania fue Bismark quien años después de la muerte de List -el cual inició la Corriente Nacional del Pensamiento Económico- con sus ideas transformó la economía germana, poniendo en vigencia ese caudal de pensamientos de List, incluso para la unificación de su país.

Con muy poca difusión, o con la marginación total de sus fundamentadas ideas, otros economistas fundamentaron las gruesas falsedades y negatividades del liberalismo económico (y sus versiones acentuadas neoliberales y libertarias). Entre ellos, Aldo Ferrer y el coreano Ha Joon Chang.

Como sucedió con muchos pensadores transgresores del “pensamiento correcto dictado por el establishment”, List es muy poco conocido, pese a ser merecedor de figurar junto a otros economistas referentes de doctrinas económicas, como sí sucede con Adam Smith y con Karl Marx.

En todos esos casos, y en otros posteriormente sucedidos, las naciones que pudieron salir del subordinado rol de simples proveedores de materias primas, para ser potencias industriales y tecnológicas, evolucionando con ello de economías pobres y subdesarrolladas, al estatus de economías desarrolladas, con sensibles mejoras en el nivel de vida de sus poblaciones, lo hicieron basándose en un fuerte rol del respectivo Estado Nacional, y apostando a la industrialización y el desarrollo tecnológico.

En todos esos casos, el respectivo Estado Nacional tuvo -y tiene- posturas y acciones concretas para promover y desarrollar sus economías, mejorando además en forma muy clara, el nivel de vida de sus poblaciones.

Por el contrario, el dudosamente equilibrado mental e impresentable presidente argentino, dijo claramente, que busca DESTRUIR AL ESTADO, lo que implica destruir a Argentina, y lo está perpetrando, con un conjunto de medidas probadamente negativas y destructivas. El industricidio es uno de los ejes principales de tan perversamente antinacional plan de acción, el que claramente tiene dos objetivos.

De mínima, involucionarnos al hoy inviable país estancia, que éramos alrededor de 1900 (agregando hoy actividades extractivas, con dudoso o nulo control estatal); fungiendo como dócil colonia de poderes financieros, corporativos y geopolíticos de neto corte antinacional.

De máxima, están operando para perpetrar la disolución nacional, siendo una de las deleznables alternativas, hacernos implosionar en media docena o más, de republiquetas pobres, débiles y fácilmente saqueables.

Las mismas “recetas” fuertemente negativas, solo que no con tanta intensidad y desenfado, fueron implementadas, con similares consecuencias negativas, en precedentes gobiernos liberales, en varios períodos de nuestra historia, provocando severas crisis sociales y económicas, y poniendo a nuestro país en deplorable condición de postración geopolítica, provocada por la extrema debilidad que implica una economía primarizada, carente de industrias y de desarrollos tecnológicos estratégicos, que nos impone una débil posición de servilismo.

Al carecer de producciones propias esenciales, varias de ellas (o todas) de altos valores estratégicos, se nos empuja al muy negativo estatus de economía subdesarrollada, muy vulnerable a las presiones externas que nos empujan al subdesarrollo crónico, lo que deteriora al nivel de vida de nuestra población, y nos degrada a simple colonia de los poderes financieros transnacionales.

Además, nos condiciona el brutal nivel de endeudamiento, y con eso al acatamiento a las siempre negativas “recetas” del FMI, y a las “sugerencias” (léase órdenes) de las Potencias Atlantistas.

Entes y Estados extranjeros y locales cipayos, como factores de poder, ante las claudicaciones de soberanía que demuestran y perpetran libertarios y cómplices, ocupan los vacíos de poder que deja el actual Estado ausente y en pleno proceso de desguace, tal cual dijo explícitamente el actual presidente, quien dijo ser el topo que desde adentro, busca destruir el Estado, lo que nos está dejando inermes para impedir el saqueo liso y llano, de nuestras riquezas nacionales.

Esa cruda realidad deja a Argentina muy vulnerable ante la concreta realidad del mundo actual, en el cual las grandes potencias tecnológicas e industriales del Bloque Atlantista, pregonan y fuerzan al mundo subdesarrollado al crudo liberalismo, que esas potencias pregonan, pero no practican.

Una economía que solo producía materias primas, como lo fuimos, alrededor del Centenario (1910), era muy débil y completamente dependiente de factores de poder externos; en cuyo contexto en lo económico éramos dóciles subordinados a las imposiciones del Reino Unido, mientras que en lo político interno éramos una pseudo democracia que en realidad marginaba al pueblo en la miseria y la dependencia de una estructura semi feudal que marginaba a las grandes mayorías.

La ya poderosa oligarquía -consolidada en los gobiernos de Mitre y Sarmiento-, quienes avalaron e impulsaron las posesiones de extensos campos de la muy fértil Pampa Húmeda- detentaba la suma del poder interno, concentrando las riquezas en muy pocas manos de familias pseudo “patricias”, las cuales eran soberbias con su propio pueblo y dócilmente subordinadas a los dictados de “La Rubia Albión”.

Esos sectores oligárquicos, continuadores del unitarismo portuario de Rivadavia y sucesores endeudadores, demostraron su desprecio por el pueblo común y por la grandeza nacional, concepto básico que evidenciaron practicar, al ser impulsores del “ninguneo” de la soberanía y la integridad territorial.

Es tan burdo, brutal y cargado de malicia, el proceso de industricidio en plena deleznable perpetración, que resulta totalmente incomprensible la pasividad, casi total en la cual permanece casi toda nuestra hoy sufrida población.

Vemos, con profunda preocupación y dolor ante el gravísimo daño intencionalmente en curso de ejecución, la extrema mansedumbre general, con acciones de repudio sectoriales, que si bien son importantes, carecen de la contundencia necesaria para frenar el desguace nacional.

Entidades empresariales ultra conservadoras y embebidas de dogmático liberalismo económico, dan muestras claras de la falta de real patriotismo, apoyando medidas claramente destructivas para la economía nacional y perjudiciales para las grandes mayorías de nuestra población, o a lo sumo, haciendo edulcoradas críticas de nulos efectos concretos.

Se está en una vergonzosamente cómplice inacción -cuando no la implícita aprobación- de muchos (políticos, intelectuales, sindicalistas, empresarios, docentes, uniformados supuestamente “muy nacionalistas”, y otros), que por elemental dignidad y básico patriotismo, deberían estar frenando y revirtiendo este aquelarre destructivo, apátrida y cargado de operaciones impresentables -cuando no directamente delincuenciales, que solo la “apatía” de ciertos sectores del Poder Judicial, y los sesgados enfoques de medios de comunicación, parecen omitir o tratar con varas diferentes, según que sectores perpetran el desquicio, mientras otros sectores políticos son agredidos pese a la escasez o nulidad de elementos probatorios concretos.

Todo el conjunto de medidas económicas, claramente busca la desaparición del núcleo industrial, para primarizarnos forzosamente, y de esa forma terminar con los “malos ejemplos” de empleos formales de buen nivel, en vez de la informalidad y bajos salarios, como evidencia añorar la retrógrada oligarquía rural y otros sectores similares.

Son de recordar las miserabilidades conceptuales de Alfredo De Angeli, ex legislador neoliberal, quien se manifestó explícita y fuertemente, a favor del trabajo rural infantil, quejándose que en el campo, los niños prefieran ir a la escuela antes que trabajar; y de Luis Miguel Etchevehere, quien con sorna se refirió al desarrollo tecnológico satelital argentino, diciendo que mejor sería comprarlos a “los países que saben del tema, como Francia”, dejando de lado, con evidente malicia, no considerando el fuerte efecto multiplicador que -probadamente- tienen los desarrollos tecnológicos.

Es esa misma nefasta oligarquía, nucleada en la SRA, pero con ramificaciones diversas que se entrelazan con otros sectores de “afinidades ideológicas”, que no solo apoyó al muy nefasto “proceso”, sino que fue parte relevante y conductora ideológica del mismo, bajo la tutela de Martínez De Hoz

Cabe señalar las más nocivas medidas económicas, que entre otros daños enormes al tejido social y económico, nos empujan con total malicia, al industricidio total.
– Atraso muy acentuado en el valor del dólar, lo que encarece la producción nacional.
– Apertura comercial total, inundando el mercado argentino con productos importados.
– Acentuada caída en el nivel general de remuneraciones, lo que achica mucho el mercado comprador potencial.
– Falta casi total de acceso a financiación bancaria.
– Fuerte achicamiento del PBI, lo que provoca negativas proyecciones económicas.

Ante la pasividad o complicidad generalizada, nos llevan a ser ya un Estado fallido, como paso previo a la disolución nacional, Libertarios y secuaces, destrozan a Argentina con impresentables acciones que causan empobrecimiento masivo e implementan medidas de acentuada crueldad social, las que claramente pueden catalogarse como de genocidio económico planificado, ejecutado con premeditación y alevosía.

¿Es tan profundo el grado de confusiones e ignorancias instalados en nuestro pueblo, o será que el auténtico patriotismo pasó a ser un concepto desconocido, o burlonamente desplazado por el materialismo extremo, que se mofa de todo valor ético superior?

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CEPA cuestiona el Presupuesto 2026 y advierte por proyecciones cambiarias y ajuste fiscal

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En el marco de las Sesiones Extraordinarias de diciembre de 2025, el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) presentó su informe “Análisis del Presupuesto 2026”, un documento crítico que pone el foco en la regla fiscal, la consolidación del ajuste, las inconsistencias macroeconómicas y el impacto institucional del proyecto enviado al Congreso. El análisis plantea interrogantes de fondo sobre la sostenibilidad del programa económico, el reparto del esfuerzo fiscal y el rol del Estado en áreas clave.

El trabajo advierte que el Presupuesto 2026 consolida una estrategia de reducción del gasto público, con efectos directos sobre provincias, partidas esenciales y metas físicas, al tiempo que sostiene una estructura tributaria regresiva y abre interrogantes sobre el programa financiero que respalda las proyecciones oficiales.

Regla fiscal, ajuste y tensiones macroeconómicas

Uno de los ejes centrales del informe de CEPA es el análisis de la regla fiscal, que —según el documento— opera como ancla para profundizar la consolidación del ajuste. En ese marco, el centro de estudios remarca que las proyecciones macroeconómicas presentan inconsistencias, especialmente en lo referido al sector externo.

El informe señala que las proyecciones del tipo de cambio incluidas en el Presupuesto 2026 no contemplan las modificaciones de política monetaria implementadas por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) en la jornada de ayer, lo que introduce un factor adicional de incertidumbre sobre la coherencia del escenario macro previsto. Esta desconexión entre supuestos macroeconómicos y decisiones recientes de política monetaria abre interrogantes sobre la robustez del esquema planteado.

Cuestión tributaria, ajuste territorial y recorte del Estado

CEPA también identifica inconsistencias e interrogantes en materia tributaria, subrayando la consolidación de una estructura tributaria regresiva. Según el análisis, el diseño impositivo que acompaña al Presupuesto 2026 no corrige desigualdades estructurales y refuerza un esquema donde el peso del ajuste no se distribuye de manera equitativa.

Otro punto destacado es el ajuste a las provincias y a partidas esenciales, que se combina con una reducción de metas físicas, reflejando —según el informe— un Estado que continúa en retroceso en términos de capacidades y presencia territorial. Esta dinámica tiene implicancias directas sobre la ejecución de políticas públicas y la provisión de servicios en distintos niveles de gobierno.

En ese contexto, el documento remarca la derogación de las leyes de emergencia en discapacidad y financiamiento universitario, una decisión que introduce un cambio institucional relevante y genera impacto sobre sectores sensibles del entramado social y educativo.

El programa financiero y los interrogantes abiertos

Finalmente, el informe de CEPA plantea una pregunta central: ¿qué esconde el programa financiero?. El centro de estudios advierte que el esquema de financiamiento del Presupuesto 2026 presenta aspectos que requieren mayor claridad para comprender cómo se sostendrá el equilibrio fiscal proyectado y cuáles serán las fuentes efectivas de recursos en un contexto de ajuste.

El análisis presentado durante las Sesiones Extraordinarias se inscribe así en el debate legislativo sobre el Presupuesto 2026, aportando una mirada crítica sobre sus fundamentos económicos, su impacto político e institucional y las consecuencias previsibles de un modelo que prioriza la disciplina fiscal con recortes en áreas estratégicas.

Análisis del Presupuesto 2026 CEPA by CristianMilciades

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De implícitos adherentes a cómplices de la destrucción y el saqueo de la Patria

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No es ningún secreto, que la abrumadora mayoría de los uniformados, apoya -con entusiasmo y fervor dignos de mejor causa-, al actual gobierno libertario y a sus cómplices varios. Ese apoyo es implícito, si bien en los muchos comentarios en las redes, es muy explícito. Tanto como carente de toda lógica.

Esa postura, alineada irracionalmente con liberales, neoliberales y libertarios (ideologías claramente opuestas a toda Doctrina Nacional) no deja de ser un grosero oxímoron, un contrasentido que muestra en forma contundente el desconocimiento en grado muy profundo, de los uniformados argentinos, en temas esenciales de Economía, Historia y Geopolítica, pues se dicen e incluso declaman a viva voz el supuesto patriotismo, mientras en los hechos, demostrando ignorancia total y cerrazón mental en grados superlativos, apoyan a gobiernos y sectores políticos que por definición y con contundentes evidencias históricas y actuales, desprecian la soberanía nacional.

Es una elementalidad geopolítica, entender que la soberanía concreta y efectiva, se basa en poderosos pilares industriales y tecnológicos, así como en el buen nivel económico, cultural -con basamentos académicos- y sanitario de nuestra población.

Como valor esencial de soberanía, se debe tener una postura geopolítica digna y soberana, en las antípodas de “alineamiento” vergonzosamente subordinado a las imposiciones del “patrón del barrio”, que nos considera parte dócil de su patio trasero; y a los intereses siempre usurarios y extorsivos, del gran sector financiero transnacional, que claramente busca estancarnos en el subdesarrollo crónico

Todos esos valores esenciales, los desprecian y atacan, los personeros del liberalismo decimonónico, y sus continuadores ideológicos, neoliberales y libertarios; que son y actúan como claros y muy evidentes operadores de la antipatria, la cual desprecia abiertamente la soberanía, y con ello se mofan, de hecho, de la importancia estratégica de poseer y desarrollar poderosos y muy sólidos sectores tecnológicos e industriales en la economía nacional.

Es muy claro que la ideología liberal (fuertemente dogmática antinacional, salpimentada con mero patrioterismo declamativo), opera en los hechos en lo que bien cabe definir como “el partido militar liberal”, continuador confeso de los golpes de Estado de 1930, 1955, 1962 y 1976, el cual por una mezcla de severas distorsiones conceptuales, ignorancias muy profundas, y un severo y persistente proceso de colonización mental en grado superlativo, es lo que impera en forma casi excluyente entre los uniformados

Más allá de los claros apoyos implícitos del “partido militar liberal”, a las destrucciones generalizadas que perpetra -y sigue haciendo- el libertarismo; el reciente nombramiento de un General en actividad -seguramente de ideología liberal y/o “procesera”- significaría un claro alineamiento institucional de las FFAA (y por derivación de las FFSS), a las destructivas acciones del gobierno libertario, las que -cabe reiterar lo fundamentado en artículos precedentes-, tienen dos claros objetivos: 

1) de mínima, llevarnos a la economía totalmente primarizada como lo éramos a fines del siglo XIX, con una estructura político social anacrónicamente feudal; 

2) de máxima, empujarnos a la disolución nacional, acorde a los mandatos del poder financiero transnacional y sus aliadas, las Potencias Atlantistas.

En ese preocupante y evidente contexto general, las FFAA y FFSS, con todo su poder represivo con potencial de usarse contra el pueblo (como ya lo hacen con alevosía contra manifestantes populares, como jubilados, nuevos desempleados, docentes, personal de la salud, y otros); implicaría que en los hechos pasen a operar institucionalmente como tropas de ocupación al servicio extranjero (y de sus mandantes locales).

Cabe no obstante señalar que ese desquicio acentuado y extravío doctrinario que padece y evidencia el grueso de los uniformados, en buena parte es también responsabilidad de ciertos sectores de las “progresías”, los que parecen predicar y practicar un visceral rechazo a los uniformados en general.

Eso es un craso error, que evidencia los escasos conocimientos en Historia Argentina, de esos por lo general fervorosos, pero poco fundamentados militantes políticos, identificados a su modo con el Pensamiento Nacional (definición jauretcheana), pero que en los hechos terminan siendo funcionales a la antipatria.

Como claros ejemplos de Señores Militares que por sus dichos y acciones se identificaron con el Ideario Nacional, cabe citar a varios muy relevantes, sin por ello agotar el listado, expuesto seguidamente.

En los albores de la Patria: San Martín; Belgrano; Güemes; Rosas (entre muchos otros); después: General Pablo Riccheri; Generales Ingenieros Enrique Mosconi y Alonso E. Baldrich; General Manuel Savio; General tres veces Presidente Juan D. Perón; Tte. (FAA) Ernesto “Muñeco” Adradas; Brigadier Juan I. San Martín; General Hernán Pujato; Cap. De Navío Ing. Nuclear Carlos Castro Madero; Mayor (Tte. Cnel. P.M.) Bernardo Alberte.

Mención respetuosa al Coronel Jorge Luis Rodríguez Zía, y al General Juan Enrique Guglialmelli, notables patriotas que fueron mis maestros en Geopolítica.

Algunos se podrán quejar por citar a Castro Madero, al que involucran (y otros excluyen), en desapariciones entre el personal de la CNEA; pero a él cabe el mérito de haberse opuesto al accionar destructivo del Sector Nuclear, que pretendió perpetrar Martínez De Hoz.

Al fallecer Guglialmelli, el historiador José María Rosa escribió valientemente (en pleno vengativo “proceso”, período marioneta de los neoliberales): “ha muerto el último General de la Patria, ahora solo quedan generales de empresas”. Seguramente hoy diría “solo parecen quedar patrioteros de bandera” … con las honrosas excepciones, que siempre hay.

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Juicio YPF en EE.UU: Preska insiste en comunicaciones de funcionarios y ex funcionarios

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La jueza Loretta Preska mantiene la decisión de solicitar comunicaciones electrónicas de funcionarios y ex funcionarios argentinos para determinar el vínculo entre la empresa YPF y el Estado argentino y deslizó la posibilidad de abrir una nueva investigación para analizar el incumplimiento.

Durante una nueva audiencia en Nueva York, los demandantes y beneficiarios del fallo que ordena pagar US$ 16.000 millones por la nacionalización de YPF denunciaron “el incumplimiento total” de la orden de Preska.

La jueza había pedido estas comunicaciones porque desea determinar la relación entre la petrolera y el Estado argentino para de esta forma luego intentar embargar activos del país y de esta forma sustanciar el pago de su sentencia.

Esta causa es una derivación del juicio original y no está vinculada directamente a la apelación directa del fallo que tuvo lugar la semana pasada. El juicio que comenzó en 2015.

Según fuentes vinculadas a la causa, en la audiencia que se realizó ayer en Nueva York la defensa de la Argentina señaló que está solicitando la “cooperación” de los involucrados pero advirtió que no puede garantizar la preservación de esas comunicaciones.

Argentina se comprometió a informar antes del 10 de noviembre quienes presentarán los chats y comenzará a producir documentos antes del 21 de noviembre.

Preska amplió su pedido para que se incluyan los contactos en plataformas como WhatsApp, Signal, redes sociales, etc.

Los demandantes solicitaron que, si no hay cumplimiento al 21 de noviembre, se convoque una audiencia por desacato.

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