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Lo viejo sirve: valorar la experiencia frente a los límites de la tecnología

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En el clásico del cómic argentino El Eternauta, obra maestra de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, se encuentra una frase que ha resonado en la memoria colectiva: “Lo viejo sirve“. Esta afirmación, aparentemente simple, encierra una profunda reflexión sobre la importancia de la experiencia acumulada por las generaciones anteriores y la necesidad de equilibrar el avance tecnológico con la sabiduría humana. En un mundo donde la tecnología parece avanzar a pasos agigantados, esta idea nos invita a detenernos y reconsiderar qué significa realmente el progreso.

 La sabiduría de lo viejo. Cuando hablamos de “lo viejo”, no nos referimos únicamente a objetos o herramientas obsoletas, sino al conocimiento, las experiencias y las lecciones aprendidas por quienes nos precedieron. Los ancianos, los maestros, los trabajadores experimentados y aquellos que han vivido situaciones extremas poseen un bagaje invaluable que no puede ser reemplazado por máquinas ni algoritmos. En *El Eternauta*, esta idea cobra especial relevancia cuando los personajes enfrentan desafíos inesperados; allí, la experiencia y el ingenio humano son tan importantes como cualquier arma o tecnología sofisticada.

En nuestra sociedad contemporánea, donde la juventud y la innovación suelen ser exaltadas, es fácil olvidar que el conocimiento no surge de la nada. Cada avance tecnológico está construido sobre los cimientos de descubrimientos previos, y detrás de cada innovación hay personas que dedicaron años, décadas incluso, a perfeccionar sus habilidades y comprender los matices de su campo. Valorar lo viejo implica reconocer que el progreso no es lineal ni exclusivo de una generación, sino el resultado de un diálogo intergeneracional.

 Los límites de la tecnología

Si bien la tecnología ha transformado nuestras vidas de maneras insospechadas, no está exenta de limitaciones. La velocidad con la que evolucionan las herramientas digitales y los sistemas automatizados puede generar la falsa impresión de que la tecnología es infalible o que puede resolver todos nuestros problemas. Sin embargo, la historia nos enseña que incluso los avances más prometedores tienen consecuencias imprevistas.

Por ejemplo, la dependencia excesiva de la inteligencia artificial y los algoritmos puede llevar a la pérdida de habilidades humanas fundamentales, como el pensamiento crítico, la empatía o la capacidad de tomar decisiones éticas. Además, la tecnología, por muy avanzada que sea, carece de la intuición y la adaptabilidad que caracterizan a los seres humanos. En momentos de crisis, como los enfrentados por los protagonistas de El Eternauta, son precisamente estas cualidades humanas -forjadas a través de la experiencia- las que marcan la diferencia.

Otro aspecto crucial es que la tecnología no siempre tiene en cuenta el contexto cultural, social o emocional en el que se implementa. Las soluciones tecnológicas pueden ser eficientes desde un punto de vista técnico, pero si ignoran la complejidad de las relaciones humanas, pueden resultar contraproducentes. Aquí es donde entra en juego la importancia de escuchar a quienes han vivido situaciones similares antes, pues su perspectiva puede ayudarnos a evitar errores costosos.

 El equilibrio entre lo antiguo y lo nuevo

Valorar “lo viejo” no significa rechazar el progreso ni negar los beneficios de la tecnología. Más bien, se trata de encontrar un equilibrio entre ambos extremos. La clave está en integrar la sabiduría de las generaciones pasadas con las innovaciones del presente para construir un futuro más sostenible y humano.

Por ejemplo, en campos como la medicina, la agricultura o la educación, el conocimiento tradicional ha demostrado ser complementario a los avances científicos. Las técnicas ancestrales de cultivo, desarrolladas durante siglos mediante prueba y error, hoy son estudiadas para mejorar la resiliencia agrícola frente al cambio climático. Del mismo modo, las prácticas curativas tradicionales han inspirado nuevos tratamientos médicos que combinan lo mejor de ambas épocas.

En nuestra vida cotidiana, también podemos aplicar este principio. Escuchar a nuestros mayores, aprender de sus errores y aprovechar su experiencia no solo enriquece nuestro entendimiento, sino que también fortalece los lazos comunitarios. Al mismo tiempo, debemos estar abiertos a adoptar nuevas herramientas y métodos, siempre evaluando críticamente cómo afectan nuestras vidas y las de quienes nos rodean.

La frase “lo viejo sirve” nos recuerda que el verdadero progreso no radica en desechar lo anterior en favor de lo nuevo, sino en reconocer el valor intrínseco de cada etapa del camino. La experiencia de las generaciones mayores y los límites de la tecnología son recordatorios de que el ser humano es, ante todo, un ser social y reflexivo. Solo al combinar la sabiduría acumulada con la innovación podremos enfrentar los desafíos del futuro sin perder de vista lo que realmente importa: nuestra humanidad.

Como en *El Eternauta*, donde los personajes encuentran fuerza en la cooperación y el aprendizaje mutuo, nosotros también podemos mirar hacia atrás para avanzar hacia adelante. Lo viejo no solo sirve; es fundamental. Y, en un mundo que cambia rápidamente, tal vez sea la clave para construir un mañana más consciente y equilibrado. No olvidemos que la tecnología es una herramienta, pero la experiencia es un faro. Valorémosla, respetémosla y aprendamos de ella, porque lo viejo, efectivamente, sirve.

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Ignacio Pol, el ingenio detrás de la nevada en El Eternauta: “La ciudad es un personaje más”

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El supervisor de efectos visuales y producción virtual Ignacio Pol, cofundador de Control Studio, fue una de las piezas clave en la monumental adaptación audiovisual de El Eternauta, la obra icónica de la historieta argentina que está descollando en Netflix. En diálogo con Open 101.7, repasó el trabajo en equipo, la inversión sin precedentes en producción local y la repercusión global que está generando la serie.

“Para poder realizar esta serie era fundamental dominar quizás al personaje más silencioso de todos: la ciudad”, explica Pol. “Buenos Aires es un protagonista más en esta historia, y era esencial generar la sensación de que fue literalmente grabada en sus calles, tal como las podemos recorrer hoy. Solo que nevadas, devastadas, post-apocalípticas. Queríamos que el espectador sintiera que estaba caminando ahí, al lado de los personajes, bajo esa nevada tóxica que cae del cielo y te mata con solo tocarte”.

Desde el primer momento, sabían que el desafío era inmenso. “Cuando arrancamos en 2020, ya entendíamos que era un proyecto emblemático para nuestro país. Es la primera adaptación audiovisual de esta magnífica obra, y sabíamos que la vara estaba altísima. Las expectativas eran enormes, porque había gente esperándola hace décadas”.

Lo que los sorprendió fue la repercusión internacional. “La recepción que está teniendo afuera es algo que todavía no terminamos de asimilar. Esperábamos una buena respuesta en Argentina, pero lo que se está generando en otros países nos supera. El Eternauta está viajando por el mundo y siendo celebrada como una obra de ciencia ficción de nivel global”.

La magnitud de la producción fue posible, en gran parte, por el respaldo de Netflix. “Claramente fue fundamental el apoyo de Netflix. Para llegar a un proyecto de este nivel se necesita un presupuesto que lo permita. Esto no se hace solo por amor al arte. Se habló mucho de los números que salieron estos días: Netflix difundió que fueron más de 41 mil millones de pesos invertidos en Argentina, y esa cifra representa muchísimo trabajo para técnicos, artistas, diseñadores. Hasta las máscaras que se construyeron fueron centenares”.

El rol de la productora K&S Films también fue decisivo. “Nos sentimos siempre muy acompañados. Desde Control Studio hubo una sinergia muy potente con ellos. Se armó un gran equipo, y el desarrollo tecnológico nos llevó mucho tiempo, pero todos empujamos en la misma dirección con pasión. Fue una producción con muchísima gente trabajando al mismo tiempo, cada uno poniendo lo mejor”.

Para Pol, la historia de El Eternauta no solo interpela por su narrativa distópica o su valor simbólico en la cultura nacional. También representa un hito técnico y artístico para la industria audiovisual argentina. “Esto marca un antes y un después. Demostramos que se puede hacer ciencia ficción de calidad internacional en nuestro país, con talento local y con el compromiso de todos los que creemos en contar historias que valen la pena”.

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“El Eternauta” llegó a Netflix: Ricardo Darín brilla en un apocalipsis bien criollo

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Netflix tomó “El Eternauta” y la convirtió en una adaptación atrapante, con un Ricardo Darín brillante en un apocalipsis intimista, real y de impacto visual.

Netflix estrenó hoy El Eternauta, una adaptación de la icónica obra argentina de ciencia ficción. Con Ricardo Darín como protagonista y la dirección de Bruno Stagnaro, la miniserie se adentra en un apocalipsis intimista, visualmente cautivante y profundamente local, sin perder la esencia de su origen, mientras nos sumerge en la tensión de un Buenos Aires congelado y amenazante.

“El Eternauta” y un Buenos Aires postapocalíptico que no se parece a nada

La adaptación de Netflix acierta desde el vamos en no querer parecerse a Hollywood. En lugar de eso, toma lo mejor del cómic original y lo resignifica: transcurre en una Buenos Aires actual, con colectivos parados, avenidas vacías, veredas sucias y ese cielo plomizo que conocemos todos. Acá no hay CGI a lo Marvel ni explosiones gratuitas: lo que asusta es la quietud, el silencio que se adueña del ruido urbano.

Bruno Stagnaro, que viene del palo del realismo crudo (Okupas, Un gallo para Esculapio), maneja el suspenso con sutileza. En los primeros capítulos, El Eternauta se cocina a fuego lento: el corte de luz, la radio que deja de emitir, los celulares sin señal. Y entonces, la nieve. Blanca, pero letal. En segundos, lo cotidiano se convierte en pesadilla.

Y el equipo de producción se la jugó: cinco tipos distintos de “nieve” fueron usados según la escena (ya sea sal gruesa o jabón espumoso). El diseño de sonido, por su parte, también juega un papel importante: cada respiración adentro de una máscara casera te mete adentro del traje. El frío se siente. La ciudad muerta (con autos abandonados, cuerpos tapados por el polvo blanco) no es exagerada: es verosímil.

Además, hay una decisión muy piola de no sobreexplicar nada. El espectador va entendiendo a medida que los personajes lo hacen. Es una apuesta narrativa valiente, que quizás no todos bancan, pero le suma autenticidad. Como en la historieta, lo peor no son los extraterrestres ni la nieve: es la traición humana, el miedo del otro, la soledad.Ricardo Darín: el héroe que no quiere serlo, pero te lleva puesto

En medio de ese despelote helado aparece Juan Salvo, el protagonista, encarnado por Ricardo Darín, que está en modo camaleón emocional. Él no sobreactúa, no grita, no da discursos. Simplemente, vive la desesperación desde un lugar profundamente humano. Se le nota el dolor, el amor por su hija, la bronca contenida, el miedo que no puede permitirse mostrar.

La serie lo pone al frente de un grupo de sobrevivientes improvisado, donde no hay líderes naturales. Darín no lidera por mandato ni por carisma: lidera porque no le queda otra. Y eso lo hace más real. Lo vemos debatirse entre quedarse esperando o salir a buscar a Clara con un traje hecho de plásticos y cinta de embalar. Y nosotros, del otro lado, nos lo creemos.

Lo acompañan actores de nombres sólidos como Carla Quevedo, Andrea Frigerio y César Troncoso, pero todo gira en torno a él. Hay escenas que parecen casi teatrales, donde un silencio de Darín pesa mucho más que cualquier otra cosa. La cámara lo sigue de cerca y él responde con una actuación contenida, física, agotadora. Y eso sin mencionar que Darín no es ningún primerizo: filmar en medio del frío, con máscara y guantes, es de titanes.

Incluso cuando el guion se pone más críptico (sobre todo en los episodios tres y cuatro), Darín sostiene el relato con el cuerpo. Su Juan Salvo es el tipo común enfrentando lo inentendible, y esa cercanía es lo que lo convierte en un héroe. No tiene superpoderes, no dispara armas futuristas, no se enamora en medio del apocalipsis. Solo quiere reencontrarse con su hija. Y en el fondo, ese deseo es el que nos conecta a todos.

En conclusión, El Eternauta es una serie que se toma su tiempo, que no busca conformar con el clásico ritmo del género apocalíptico. No hay sobrecarga de acción, ni héroes perfectos: lo que encontramos es una historia de resistencia, humanidad y el miedo a lo desconocido, todo contado con un estilo que mezcla lo cotidiano con lo surreal. Y lo más importante, El Eternauta no sólo se disfruta por su trama, sino por su atmósfera. La Buenos Aires congelada, los personajes atrapados en una guerra que no entienden del todo, los detalles visuales que sumergen al espectador en esa pesadilla de nieve mortal… todo eso te atrapa en un abrazo que no te suelta.

Así que, si lo que buscás es una serie que te haga pensar, que te emocione, y que, además, te recuerde lo importante que es valorar lo que tenemos antes de que se derrumbe todo, no dejes pasar El Eternauta. Con Darín como faro y una narrativa única, esta serie de Netflix no sólo merece tu tiempo, sino que te va a dejar queriendo más. Sumate a esta distopía bien argentina y preparate para una montaña rusa de emociones que te va a enganchar.

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En vísperas del estreno de la serie de Netflix El Eternauta, a Darín le apareció un émulo en los papeles

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El miércoles 30 de abril, justo cuando se estrene en Netflix la serie El Eternauta, con Ricardo Darín, llegará a los quioscos la versión “de culto” de la historieta con guión del autor de la versión original, Héctor Germán Oesterheld, pero con dibujos del uruguayo Alberto Breccia.

En el marco del llamado gobierno militar de la Revolución Argentina, 12 años después, había sido anunciada la aparición de una suerte de remaque en tres páginas por semana de la revista Gente, que duró 17 entregas (del 22 de mayo hasta el 18 de septiembre de 1969).  

La editorial Atlántida la discontinuó luego de recibir cuestionamientos de los lectores tradicionales del comic, que fue furor en los años ´50, debido al tono más politizado en la trama y porque los rostros de los personajes se veían distorsionados respecto de los capítulos publicados entre 1955 y 1957 en la revista Hora Cero, propiedad de la editorial Frontera.

Si bien la trama remitía a una invasión alienígena en Buenos Aires, en el contexto de un azote climático que la convirtió en una ciudad nevada, se le criticó haberse excedido en el dibujo en la experimentación formal.

Las ilustraciones de la etapa inicial de El Eternauta habían salido del tablero de Francisco Solano López, con Julio Schiaffino como asistente.

Relevo de lápices

El cambio de lápiz por el de Breccia (nacido en Montevideo en 1919 y muerto en Buenos Aires en 1993), quien había sido compañero de Oesterheld cuando ambos colaboraban en ‘Sherlock Time’ y ‘Ernie Pike’ (relevando a Hugo Pratt a los lápices), le valió a El Eternauta modelo 1969 la calificación de proyecto maldito y de culto, con la que coincidían tanto aficionados como estudiosos del género cómic.

La editorial Reservoir Books intentó explicar en un comunicado que se partía de una premisa más evolucionada: volver a contar la historia desde el principio, en vez de plantearla como una secuela.

De todos modos, no fue bien digerida por los fans, como tampoco la ultrapolitización del guión, antes más volcado a la ficción que recogía la guerra fría de la década en todo el mundo. Se multiplicaron las quejas y dejó de salir.

Transcurrieron otros 55 años, los originales fueron restaurados en Madrid, y a fin de mes reaparece en el papel la historieta del mítico Juan Salvo de las postrimerías de los´60, que mereciera el repudio de la ortodoxia eternautiana, otra vez distinto al que dibujaba Solano López en los primeros tiempos.

Un Salvio veterano

Al cumplirse el cuarto de primer siglo del segundo milenio, el director de la serie de 6 episodios, Bruno Stagnaro, filma a un veterano actor como Ricardo Darín encarnando al atlético treintañero Juan Salvo que protagonizaba la versión inicial de la historieta.

Al igual que el dibujado por Breccia, el de carne y hueso de la serie difiere del original que se popularizó en los ´60.

Este se basaba en la historieta (o comic, en la jerga actual) que se publicara en la revista Hora Cero Semanal desde 1957 hasta 1959, escrita por Héctor Germán Oesterheld, con dibujos de Francisco Solano López y Julio Schiaffino.

Desplegaron desde los estudios Ronda, de Martínez, la historia de ciencia ficción en una ciudad de Buenos Aires de decorados virtuales de última generación, azotada por la nieve e invadida por alienígenas y sometida a intereses extranjeros.  

La filmación fue concebida con meticulosa atención al detalle. Lleva el diseño y la dirección a niveles pocas veces vistos en la televisión argentina.

Los directores de arte María Battaglia y Julián Romera se sumergieron en documentales y obras de arte de montaña para captar el tono espeluznante de la nevada, una ventisca tóxica que transforma Buenos Aires en un campo de batalla alienígena.

La luz, el silencio y la nieve son tan centrales como los actores.

La producción comenzó en mayo de 2023 e involucró más de 35 locaciones del mundo real y 25 virtuales.

El Eternauta II

Entremezcla un nuevo enfoque, también reorientado a la política nacional que le daría el autor a la segunda parte, en El Eternauta II, que se publicó en 1976, antes que Oesterheld y su familia desaparecieran en plena dictadura militar, durante 1978.

Ricardo Darín, el tercer Salvo en discordia (los otros dos son dibujos), acaba de participar en Madrid de una proyección especial del primer capítulo de El Eternauta, a pocos días del estreno mundial de la primera temporada completa en la pantalla de Netflix, ante un grupo de selectos invitados reunidos en la sede de la Academia de Cine de España. 

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Comenzó el rodaje de “El Eternauta”: primeras imágenes oficiales y elenco confirmado

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“El Eternauta”, la serie que adapta la emblemática historieta de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, inició ya su rodaje en Buenos Aires, informó Netflix a través de un comunicado acompañado de las primeras imágenes de Ricardo Darín como su protagonista, Juan Salvo.

Con dirección del realizador Bruno Stagnaro, y coguionada entre él y el también actor Ariel Staltari, se supo hoy que la serie tendrá seis episodios y que, junto a Darín -cuyo protagónico reconoció la plataforma hace unos días luego de que el propio actor lo filtrara-, estarán en pantalla Carla Peterson, César Troncoso, Andrea Pietra, Ariel Staltari, Marcelo Subiotto, Claudio Martínez Bel, Orianna Cárdenas y Mora Fisz, entre otros actores y actrices.

Producida por K&S, la adaptación del icónico título será “una versión contemporánea” que retoma la trama clásica.

La sinopsis oficial es la siguiente: “Después de una nevada mortal que mata a millones, Juan Salvo junto a un grupo de sobrevivientes lucha contra una amenaza alienígena, controlada por una fuerza invisible”.

Justamente, en el pequeño adelanto que publicó Netflix en sus redes y su canal de YouTube, pueden verse las primeras imágenes de Darín, caminando en una desolado paraje porteño nevado postapocalíptico, con una escopeta en las manos y envuelto en el reconocible traje casero que cubre cada centímetro de su piel de las sustancias letales de los invasores.

El Eternauta Season 1.(L to R) Orianna Cárdenas, Claudio Martinez Bel, Ariel Staltari, Bruno Stagnaro (Director), Mora Fisz, Ricardo Darín, Carla Peterson, Andrea Pietra, César Troncoso, Marcelo Subiotto in El Eternauta Season 1. Cr. Alan Roskyn/Netflix © 2023

Sobre el inicio del rodaje, que tiene lugar desde hoy en diversas locaciones y sets de Buenos Aires, el director de “Pizza, birra, faso”, “Okupas” y “Un gallo para Esculapio” compartió su visión para la serie.

“Para mí ‘El Eternauta’ representa a mi viejo trayéndome los fascículos semanales de los cómics. Creo que fue de las primeras cosas que leí completas en mi vida, a los 10 años y tuvo una profunda influencia en mi manera de entender la ficción hecha en mi país”, afirmó a la prensa Stagnaro.

“La sensación que me dejó esa primera lectura -continuó- me acompañó toda la vida y, de alguna manera, tuvo una gran influencia en lo que hice después… en donde la ciudad es una presencia viva, casi como un personaje más”.

Además, dijo creer que “parte del encanto” de hacer esta producción es “entender cómo atravesar la dificultad técnica que implica construir el mundo en que sucede”: “Esto será un reto inusual para nuestra industria y eso es algo que personalmente me motiva mucho porque siento que puede establecer un precedente para que luego ya no sea tan difícil encarar este tipo de proyectos en nuestro país”.

Stagnaro aseguró que su acercamiento a la adaptación será la de “serle fiel a ese niño lector que se asomó a la historia por primera vez, tratar de reconstruir la emoción genuina de vivir una aventura en la esquina de tu barrio y la construcción de ese gran héroe argentino que es Juan Salvo”.

Por su parte, Matías Mosteirin, productor ejecutivo de K&S Films, agregó: “Producir ‘El Eternauta’ es un enorme desafío, técnico y artístico, y conlleva una gran responsabilidad, por eso estamos trabajando con los mejores, con profesionales argentinos de enorme talento y con un gran autor y director como lo es Bruno. Hace años trabajamos en el desarrollo de este proyecto para asegurarnos que estuviera a la altura de la calidad de la obra”.

También se explayó Martín M. Oesterheld, nieto del autor de la obra original, quien participa como consultor creativo de esta serie, y habló del “verdadero desafío para todo el medio audiovisual argentino” que implica la propuesta: “Ciencia ficción con mirada local, desde este ‘Hemisferio Austral que también forma parte del planeta’, diría mi queridísimo abuelo”, sostuvo.

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