EXPORTACIÓN

La Cooperativa de Colonia Guaraní exportará yerba molida a Chile y Japón

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La Cooperativa Tealera de Guaraní Limitada (Copetegla) de Colonia Guaraní se prepara para la exportación de yerba mate molida a granel, en principio, a Chile y próximamente a Japón. Para reacondicionar la planta que funcionará en el mismo predio, la entidad solicitó asistencia financiera al Instituto de Fomento Agropecuario e Industrial (IFAI). 
Para interiorizarse sobre los avances de las tratativas, opinión de los socios y estado de las instalaciones, el presidente del IFAI, Ricardo Maciel, visitó la planta de la Copetegla. “Esta entidad se destaca en la zona centro de Misiones, porque viene trabajando ordenadamente desde hace muchos años y fue pionera en la reducción de humo en el secado de la yerba mate, motivo por el cual se interesó el mercado trasandino”, comentó Maciel. 
El titular del IFAI explicó que “la cooperativa es una de las más importantes de la zona. Antes vendían su producción a Brasil, ahora lo hacen solo al mercado interno. Con este desafío suman una nueva posibilidad de trabajo y de ingresos para la región
El gerente de Copetegla, Sergio Bazila, dijo que es un “desafío importante porque genera más trabajo para la zona y contribuye a mejorar el precio interno de la yerba”. Afirmó que “tendríamos que exportar a Chile en julio, en principio alrededor de 600 toneladas anuales. La yerba iría molida a granel en bolsas de 30 o 40 kilos”. Esta propuesta la recibieron a través del contacto con la tradicional ‘Casa Fuente’ que desde hace años vende yerba y té a Chile. Entonces, Casa Fuente vendió el molino a la Copetegla.
De esta manera, Bazila comentó que “nos trasladaron el negocio a nosotros y la totalidad de los socios apoyaron la cuestión”. La cooperativa procesa, por año, aproximadamente 10 millones de kilos de hoja verde que la entregan cerca de 200 productores de la región, el 50% es socio y el resto no. Toda la producción se ubica en el mercado local.
Respecto al negocio con Chile, dijo que “fue aprobado por toda la masa societaria, porque es trabajo genuino para nuestra zona. Como también un aporte para mejorar los precios de nuestro producto madre”. Sobre la infraestructura señaló que “el molino estará totalmente instalado este mes y automáticamente comenzaremos con el proceso de molienda. En principio nuestro compromiso es con Chile y luego con Japón”. La Copetegla, con el apoyo del estado provincial, es otra cooperativa que logra mantenerse en el tiempo y vender toda su producción.

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El rojo comercial se duplicó respecto al primer trimestre de 2017

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  • En marzode 2018, el déficit comercial alcanzó US$ -600 millones. De este modo, se redujo de manera considerable en relación al resultado de igual mes de 2017 (US$ -900 millones). Pese al resultado positivo del mes, las luces de alerta continúan encendidas: el rojo comercial más que se duplicó en el primer trimestre del 2018, al pasar de US$ 1.200 millones en los primeros tres meses del año pasado a US$ 2.500 millones en igual período de 2018.

 

  • Cabe destacar que no se observaba una mejora en la comparación interanual del resultado comercial desde enero de 2017 (13 meses). Esta recuperación obedeció a un crecimiento más acelerado de las exportaciones (+17,2% i.a.) que de las importaciones (+8,8% i.a.). No obstante, en el acumulado a los primeros tres meses del año sí se observó la tendencia registrada durante buena parte de la administración Cambiemos: un mayor avance de las compras externas (+21,3% i.a.) que de las ventas al exterior (+12,9% i.a.).

 

  • La reducción del déficit en marzo respondió principalmente al repunte de los términos de intercambio: mientras que los precios de nuestras exportaciones treparon 7,1% i.a., los precios de los importados avanzaron “sólo” 2,2% i.a. En este sentido, si se hubieran mantenido los precios de marzo 2017, el déficit habría rozado US$ 850 millones, eliminando casi toda la mejora observada. Asimismo, en el acumulado al primer trimestre, el intercambio comercial valuado a precios del 2017 arrojaría un déficit mayor al consumado (US$ 2.800 millones vs US$ 2.500 millones).
  • Otra forma de evaluar al resultado comercial es considerarlo como porcentaje del PBI. En este caso, se observa que, mientras que las exportaciones se mantuvieron en línea con los valores de los últimos años (2,2% -considerando las estimaciones de PBI Nominal y tipo de cambio del Presupuesto Nacional 2018-, con un promedio 2,1% en los primeros trimestres de 2016 y 2017), las importaciones del período enero-marzo representaron 2,6% del producto (0,4 p.p. por encima de la media de los últimos dos años).
  • Con los números del primer trimestre cerrado, nuestras proyecciones del rojo comercial para2018 superan los US$ -11.000 millones. En consecuencia, el rojo en el intercambio de bienes se incrementaría alrededor de 30% en relación al año pasado, alcanzando un déficit de 1,7% del PBI, el ratio más elevado desde la salida de la Convertibilidad.

Importaciones

 

  • En el primer trimestre de 2018, las importaciones treparon 21,3% i.a., impulsadas principalmente por las cantidades importadas (+18,1% i.a.) ya que los precios subieron sólo 2,7% i.a. La expansión de las compras externas alcanzó a todos los usos económicos: el alza más importante lo tuvieron las cantidades adquiridas en el exterior de piezas y accesorios para bienes de capital (+25,2% i.a.), seguido por combustibles y lubricantes (+24,2% i.a.).

 

  • Por su parte, los bienes finales representaron 22,8% de las importaciones totales (medidas en valores) durante el primer trimestre, a la par que los bienes de capital implicaron 20,5% y el 56,7% restante quedó para los insumos intermedios y combustibles y energía. Vale destacar que la proporción de los productos de consumo y vehículos se redujo en comparación al acumulado de los primeros tres meses del año pasado (había sido de 23,7%), aunque supera ampliamente al promedio de 2003-2015 (17,7%) y de la Convertibilidad (20,3%).

 Exportaciones

  • En el primer trimestre de 2018, las exportaciones treparon casi 13% i.a., impulsadas por las cantidades vendidas (+7,1% i.a.) y la mejora de los precios internacionales (+5,4% i.a).
  • A nivel de grandes rubros, se observaron mejoras en casi todos los casos. La única mancha del trimestre fueron las manufacturas de origen agropecuario, que cayeron 2,5% i.a. por la contracción de las cantidades exportadas (-8,2% i.a.), contrarrestada parcialmente por el avance de los precios (+6,1% i.a.).
  • El magro desempeño de las manufacturas de origen agropecuario contrasta con el avance de los productos primarios, que escalaron 18,5% i.a. en el trimestre, dinamizados por el avance de las cantidades (+15,8% i.a.)
  • Por último, pero no por ello menos importante, las manufacturas de origen industrial acumularon un alza significativa en los primeros tres meses del año (+20,3% i.a.). La dinámica responde principalmente al desempeño de las cantidades (+13,9% i.a.), y en menor medida por el avance de los precios (+5,6% i.a.).
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Crece la demanda mundial de productos orgánicos, una oportunidad para la yerba y el té de exportación

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Una mayor conciencia de lo “natural” y del cuidado del medio ambiente, así como la oportunidad de volcarse a un negocio que deja un buen margen de ganancia, son las causas principales de la expansión de lo ór

“Después de muchos años de ser un país netamente exportador de productos orgánicos, nos empezamos a volcar al mercado interno. Esto se debe al incremento exponencial de la demanda, tanto a nivel mundial como local”, así comenzó explicando Mario Passo, director de Argencert, una de las cuatro certificadoras que existen en el país.
Argentina es el segundo país en el mundo con mayor superficie bajo certificación, alrededor de 3 millones de hectáreas, luego de Australia, con 17 millones de hectáreas y en tercer lugar se encuentra Estados Unidos, con 2 millones.
“Los productos orgánicos que más se exportan son los derivados de la agricultura: soja, maíz, trigo (La Pampa), aceites, uvas y vinos (Mendoza), horticultura (Provincia de Buenos Aires), fruta fresca, mermelada y pulpa (Valle de Río Negro), yerba y té (Misiones), pasas de uvas y aromáticas (Córdoba). También en una época fuimos exportadores de carne pero hace unos años se pusieron restricciones para la exportación y eso hizo que el negocio de la carne orgánica no fuera tan atractivo”, detalló Passo.

Abastecer el mercado local

Actualmente, los mercados de productos orgánicos que están más desarrollados son Europa, Estados Unidos y Japón y son los principales países donde Argentina exporta su materia prima. Sin embargo, según el director de Argencert, aún falta dar un salto cualitativo en la producción: “En Sudamérica tenemos muy buena tierra, gran capacidad para producir a nivel de granel, pero todavía nos falta poder agregarle valor a eso que hacemos. Tenemos un mercado interno donde hay productos básicos, materias primas, pero no tenemos  productos elaborados para poder consumir. A medida que eso no se desarrolle a nivel regional vamos a poder acceder a una cierta cantidad de productos limitada”.
Según el director de la certificadora, hasta que los productores no empiecen a volcarse a productos elaborados, “va a ser difícil que Argentina tenga un mercado local intenso bien abastecido para que uno pueda elegir alimentarse con productos orgánicos” y agrega: “Hay que educar al consumidor, entonces la demanda va a empezar a aparecer y se va a hacer más efectivo el mercado para los productos”.
Otro aspecto que señala Passo es que de fondo también hay una cuestión cultural, “el productor argentino en general está acostumbrado a un negocio donde lo que hace es vender materia prima, commodities, o granel y el hecho de tener que agregarle valor a eso implica inversión, capacitación, mayor personal y apostar a un negocio a largo plazo”.

El auge de lo orgánico

El consumo de productos orgánicos viene creciendo hace 20 años en forma exponencial.Es un mercado que crece y siempre está insatisfecho, la demanda ha crecido siempre más que la oferta. Esto se debe a que la sociedad se inclina por lo natural y el cuidado del medio ambiente”,así expresó el  Ing. Diego Fontenla, Socio Fundador de Movimiento Argentino para la Producción Orgánica (MAPO), la única ONG en la Argentina que nuclea a todos los productores, comercializadores, certificadoras, exportadores, consumidores, que están relacionados con este tipo de producción.
Del mismo modo, el director de Argencert sostiene que el mundo comenzó a inclinarse por consumir orgánicos por dos razones:  por una filosofía del cuidado del medioambiente o porque es un negocio que tiene un margen mayor comparado con lo que se puede ganar con un producto convencional.  “El producto orgánico tiene un precio mayor al convencional en general, está posicionado como un producto Premium, por eso tiene un margen mayor de ganancia”, expresó Passo.

Cómo certificar

En Argentina la producción orgánica se inicia oficialmente en 1994, cuando el SENASA dicta las normas de producción orgánica en concordancia con las normas internacionales. “Antes había productores orgánicos pero no estaban ni auditados ni certificados. A partir de esta norma las empresas empiezan a certificar. Paralelamente se funda el MAPO y representa a todos los actores de la producción”, detalla Fontenla.
Cuando alguien decide empezar a hacer una producción orgánica lo primero que debe poner bajo certificación es la tierra donde va a generar el cultivo. “Se hace un seguimiento de la tierra determinado tiempo y una vez que pasa el período de transición en donde el suelo se limpia, se implanta el cultivo y luego el producto que se obtenga de ahí va a ser orgánico”, explicó el director de Argencert.
El requisito fundamental  para que un producto se considere “orgánico” es la no utilización de productos de síntesis química, tanto en lo que es insecticida, herbicidas, y abonos químicos porque “son los que dejan un residuo en la tierra, eso pasa al vegetal y termina en el producto que consumimos”, afirmó el director de la certificadora.
La agricultura orgánica se basa en los principios de la antigua agricultura, es decir, de cómo se llevaban adelante los cultivos hace muchos años, “es lo más cercano a un desarrollo natural, entonces lo que se fomenta por un lado es la biodiversidad, porque eso hace que el cultivo llegue a un equilibrio como se manejaban anteriormente, pero además hay insumos naturales que se pueden utilizar para combatir plagas o fertilizar suelos, que las certificadoras trabajan para aprobarlos”, expresó Passo.
El hecho de no poder usar herbicidas en este tipo de producción, hace que haya más trabajo manual o trabajo con animales. “No se pueden usar máquinas porque algo de combustible puede caer sobre la tierra. Eso hace que producir orgánicos implique más costos en relación a la mano de obra. Esto se compensa al no necesitar productos de síntesis química, derivados de petróleo, que implican una inversión muy alta”, explicó el director de Argencert.
A nivel internacional hay algunos países que cuentan normas y otros que no. “Si querés exportar a Europa, tenés que certificar bajo la norma europea, si querés exportar a EEUU tenés que certificar con la norma americana. Argentina es el primer país de Latinoamérica en tener norma propia, nosotros fuimos pioneros en tema orgánico a nivel regional.  Actualmente hay 4 certificadoras que están aprobadas por el SENASA para poder ser ente de control y autorizar la categoría de orgánicos: Argencert, OIA, Food Safety y Letis”, concluyó Passo

 

ganico.

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Convocan a consultores para brindar asistencia técnica a Pymes de alimentos

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El Ministerio de Acción Cooperativa, Mutual, Comercio e Integración, que administra Elida Vigo informa, informa a través de la Dirección General de Comercio Exterior que se abrió la convocatoria a consultores para participar del Programa de Buenas Prácticas Exportadoras para la segunda etapa relativa a Asistencias Técnicas a Pymes exportadoras de alimentos.
Entre los perfiles requeridos se encuentran aquellos especializados en comercio exterior, ingeniería en alimentos y comunicación, en ese orden de importancia. Las consultorías serán de doce horas mensuales por empresa asignada y el monto de pago será equivalente a los honorarios de Experto Pyme. Los profesionales que quieran postularse para esta instancia podrán hacerlo, hasta el 15 de febrero de 2018, a través del micrositio del programa: www.inversionycomercio.org.ar/bpe.
Para atender consultas, la mencionada Dirección General que está a cargo de María Martha Oria y funciona en la órbita de la Subsecretaría de Comercio e Integración, habilitó las líneas telefónicas (0376) 4447511 – 4447624 y el correo electrónico dicomext@misiones.gov.ar. Los profesionales interesados también interiorizarse vía la página web del Ministerio www.acmci.misiones.gob.ar en la pestaña Contacto (haga click en este link) y en Facebook, vía la fanpage @MinisterioAccionCooperativa.
El Programa de Buenas Prácticas Exportadoras, es una iniciativa desarrollada por la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional junto la Comisión Nacional de Comercio Exterior (CNCE); la Secretaría de Transformación Productiva del Ministerio de Producción de la Nación (STP) y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).
Cuenta con el apoyo del Banco Mundial con el fin de incrementar el éxito en los mercados de exportación de las pequeñas y medianas empresas argentinas a través de un apoyo dirigido a mejorar sus competencias en gestión, organización y comercialización.
Postulaciones
Para las postulaciones se tomarán en cuenta los siguientes requisitos:
• Experiencia profesional mínima demostrable de 5 (cinco) años en consultoría y asesoramiento a empresas en actividades relacionadas a la exportación, preferentemente de alimentos.
• Tener título universitario de grado y/o postgrado en carreras de ciencias económicas y/o de ingeniería de alimentos, preferentemente relacionadas al comercio internacional, logística e ingeniería industrial y/o de alimentos.
El período de inscripción permanecerá abierto hasta el 15 de febrero de 2018.
Descargue aquí: formulario de inscripción, bases y condiciones.
 

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Ecolatina advierte que continuará aumentando el déficit comercial

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En el último año, el déficit comercial de bienes rozó los US$ 8.500 millones, revirtiendo el superávit alcanzado en 2016 (en torno a US$ 2.000 millones). Este cambio de signo fue una constante a lo largo de 2017: en un hecho inédito para la economía argentina de la posconvertibilidad, todos los meses del año arrojaron un saldo negativo. En el mismo sentido, 2017 marcó el mayor rojo en términos del PBI (-1,4%, conforme a nuestras estimaciones) desde el abandono del 1 a 1.
Esta dinámica respondió a las dispares velocidades de crecimiento que mostraron las exportaciones y las importaciones: mientras que las primeras treparon 1% i.a. a lo largo del último año (llegando a US$ 58.500 millones en 2017), las importaciones saltaron 20% i.a., alcanzando los US$ 66.900 millones.
La flexibilización del régimen de administración del comercio, un dólar barato (especialmente en la primera parte del año) y la recuperación de la actividad, fueron las principales razones detrás de esta dinámica. A contramano, un mundo en donde avanza el proteccionismo (de tintes nacionalistas en Estados Unidos y Europa y de manera industrialista en China), dificulta el despegue de los envíos al exterior. Asimismo, también impactó la anémica recuperación de la economía brasileña. Como resultado, la “vuelta al mundo”, al momento, sólo se está materializando por el lado comprador.
Por otra parte, el aumento de los precios internacionales de los productos importados contribuyó a profundizar el déficit. Si se hubieran mantenido los precios de 2016, el déficit habría sido de US$ 6.300 millones, es decir, un 25% menor (-1,0% del PBI, lo que continuaría siendo el peor resultado desde 1998).
Más allá de lo acelerado de la suba, es importante remarcar que las importaciones están retornando a los niveles que habían mostrado años atrás: las compras externas del último año se ubicaron 10% por debajo de las de 2013. Sin embargo, y esto es lo que explica lo abultado del déficit, las exportaciones fueron 20% menores que las de ese año. Por lo tanto, mientras que las compras externas se recuperan, las ventas no repuntan.
Al margen de los inconvenientes vinculados a la restricción externa (actualmente, la oferta de dólares se suple principalmente con endeudamiento externo), esta dinámica no representa un aspecto negativo en sí mismo: puede ser la contracara del proceso de recuperación de la actividad. Por lo tanto, analizar la dinámica detrás del resultado comercial, nos permitirá comprender sus causas y efectos.
Los bienes finales impulsaron a las importaciones
Comenzando por la performance de las exportaciones, lo primero que resalta es el cambio en su composición, consecuencia de una dinámica heterogénea entre los distintos grandes rubros. La caída en los envíos externos de los productos del sector agropecuario (las exportaciones de Productos Primarios (PP) y Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) disminuyeron 5,6% i.a. y 3,6% i.a. en el último año, respectivamente) fue más que contrarrestada por el avance de aquellos vinculados al entramado manufacturero: las ventas externas de Manufacturas de Origen Industrial (MOI) treparon 11,2% i.a. durante 2017, a la par que las ventas de Combustibles y Energía saltaron 18,6% i.a.
El retroceso del sector agropecuario obedeció a su elevada base de comparación: producto de la liquidación de la cosecha retenida que tuvo lugar en el primer trimestre de 2016, las exportaciones de bienes primarios habían crecido cerca de 20% i.a. en el primer año de gestión de Cambiemos, aun considerando las inundaciones durante abril de ese año. Por su parte, las ventas de las MOA treparon un magro 0,3% i.a. en 2016, aunque fuertemente impulsadas por un primer trimestre (+15% i.a.) que alcanzó para revertir la caída agregada del resto del año (-3,4%).
De forma similar, el alza en las ventas externas de productos industriales también tuvo su base en el comportamiento de los últimos años: las ventas de las MOI se redujeron 37,6% i.a. entre 2011 y 2015, para recuperarse 4,1% i.a. en los últimos dos años. Por lo tanto, si comparamos el resultado de 2011 con el de 2017, se observa un retroceso superior al 35%.
Más allá de este aspecto negativo, es importante mencionar el rol que tuvo el incremento de las exportaciones a destinos no tradicionales: a excepción de Brasil, los envíos de MOI saltaron 13,3% i.a; a contramano, los efectuados al gigante del Mercosur crecieron casi la mitad (+6,8% i.a.). En consecuencia, una profundización de la recuperación brasileña, tal como se estima para este año, mejoraría aún más este panorama. A modo de cierre, podemos afirmar que, contrario a ciertas especulaciones previas al cambio de gobierno, tras dos años de gestión de Cambiemos, en el frente externo, los productos industriales muestran un mayor dinamismo que los agropecuarios.
Por su parte, al mirar las importaciones, el análisis vira hacia la economía local y, fundamentalmente, a su impacto en el entramado productivo: saber qué tipo de productos están dinamizando las compras externas nos permite estimar más finamente el curso que seguirá la industria, con sus efectos sobre la actividad y el empleo, entre otras variables.
En este punto, el panorama luce desalentador. Si dividimos las compras externas entre aquellas necesarias para el normal funcionamiento del proceso productivo (bienes de capital, sus piezas, insumos y combustibles) y bienes finales (bienes de consumo y vehículos livianos), se observa un mayor dinamismo de estos últimos: a la par que las compras externas de bienes finales avanzaron cerca de 30% i.a. en 2017, la de aquellos con un impacto en la producción treparon poco más de la mitad (+17% i.a.). Peor aún, si comparamos 2015 con 2017, los saltos se transforman en 50% y 3%, respectivamente.
Como resultado, las importaciones de productos que no son indispensables para el normal funcionamiento de la economía argentina, y que en muchos casos compiten con la producción local, están ganando peso dentro de nuestra canasta importadora. Durante 2017, la participación de bienes finales representó 22,8% de las importaciones totales, el valor más alto desde la crisis del Tequila (1994), superando en más de 5 p.p. al promedio 2003-2015 (17,7%) y en línea con el período 1992-2001 (22,3%). Por ende, el avance de las importaciones no es una consecuencia directa del crecimiento económico, sino más bien del proceso de apertura comercial.
En esta línea, es importante tener presente otro dato: conforme a diversos estudios históricos, la elasticidad de las importaciones en relación a la tasa de actividad se ubica en torno a los 3 puntos (es decir, por cada “punto de crecimiento” de la demanda doméstica, las importaciones avanzan un 3%). Sin embargo, esta elasticidad más que se duplicó en el último año. Por lo tanto, si bien es sabido que se parte de una situación de “represión de importaciones”, cierto “gradualismo” en el comercio exterior armonizaría su dinámica a la del resto de la economía (mostrando crecimientos o retrocesos similares).
 
Una tendencia que se profundizará en 2018
Para 2018 el Poder Ejecutivo se fijó tres metas principales: contener la inflación, garantizar un crecimiento del 3,5% y reducir en 0,7 p.p. el déficit fiscal primario, llevándolo al 3,2% del PBI. Para cumplir estos objetivos, hay una sola variable que no funciona como “sábana corta” (que cuando acerca un objetivo, aleja otro): el dólar barato. Un Peso que continúe fortalecido, acotaría las presiones sobre los precios, estimularía la actividad (en el corto plazo) y no impactaría negativamente en las arcas públicas.
Sin embargo, esta herramienta perjudicaría al resultado externo. Producto de la pérdida de competitividad cambiaria y la profundización de la recuperación de la actividad, el rojo comercial se agravará durante este año. De este modo, estimamos que en 2018, la balanza comercial será, nuevamente, la variable que el gobierno resignará en pos de alcanzar otros objetivos (más prioritarios según su visión).
En resumen, impulsado por la recuperación económica y la persistencia del atraso cambiario, el déficit comercial se profundizará en 2018, marcando un nuevo récord. En el mismo sentido, según nuestros cálculos, al continuar creciendo más aceleradamente que el resto de las variables macroeconómicas, el rojo comercial volverá a incrementarse no solo nominalmente sino también como porcentaje del PBI.

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