exportaciones agroindustriales

Buen año para la agroindustria argentina

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Por Marcela Cristini y Guillermo Bermúdez / FIEL – La cosecha de la campaña 2025-26 será récord. Sobre un total estimado en 165 millones de toneladas (estimación Bolsa de Comercio de Rosario), los pronósticos siguen aún ajustándose con alzas en maíz y soja (64/68 millones y 50,1 millones de toneladas, respectivamente, según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y la de Rosario). En el caso del trigo, el volumen de cosecha aumentó un 47% entre las dos últimas campañas, en maíz un 36% y el volumen se mantuvo en el caso de la soja. El girasol y la cebada también hicieron un aporte importante al crecimiento del volumen.

Estos resultados se enmarcan en el permanente perfeccionamiento de la producción local que ha sumado a la tradición de siembra directa y a la fertilización, nuevas tecnologías y mejoras genéticas.

La ganadería vacuna, por su parte, está en un proceso de recomposición de stocks y aumento del peso en faena, a la vez que sus exportaciones aumentan debido a la escasez de oferta mundial y a precios internacionales sostenidos. La información del INDEC para el primer cuatrimestre del año indica que las exportaciones cárnicas alcanzaron cerca de 211.300 toneladas por un valor aproximado de 1.399,2 millones de dólares. Comparado con igual período de 2025, el desempeño muestra una mejora tanto en volumen como en valor: los embarques crecieron 7,5%, mientras que la facturación avanzó 44,5% interanual.

Los productos regionales también muestran un aumento muy importante que incluyen a los lácteos, la miel, el tabaco, cítricos, legumbres, hortalizas, porcinos y forrajes. A esto se suman buenas perspectivas en la renovación de productos en reemplazo de algunas producciones en descenso como las peras.

De la mano de esta coyuntura favorable se observa una reactivación de la compra-venta de campos, con aumento de los precios por ha.

El gobierno, que ha reconocido desde su inicio la importancia sectorial para el crecimiento del país, ha ido introduciendo mejoras de desregulación y promoción en la medida en que las etapas de su programa de estabilización económica lo fueron permitiendo. Sin duda la noticia más esperada por el agro es la continuidad en la reducción de los derechos de exportación (Gráfico 1). Recientemente las autoridades han anunciado un recorte en las llamadas “retenciones”, introduciendo como novedad un cronograma descendente para 2027 y 2028. Las correcciones para trigo y cebada operarán en el corto plazo con una alícuota que baja de 7,5% a 5,5% desde junio de 2026, favoreciendo una mayor siembra. Para el resto de los productos, el cronograma se inicia en enero de 2027. En soja se parte del 24% actual con reducciones mensuales hasta el 21% hacia diciembre de 2027 y al 15% en diciembre de 2028. En maíz y sorgo, se parte del 8,5%, con reducciones trimestrales hasta alcanzar el 7,5% a fines de 2027 y el 5,5% al cierre de 2028. El girasol, del 4,5% actual descenderá al 3% en 2028 de manera semestral. Los subproductos agroindustriales obtendrán una reducción proporcional en el mismo período.

Gráfico 1

Fuente: FIEL con base en datos Ministerio de Economía
Nota: la recaudación por derechos de exportación incluye a todos los productos alcanzados pero la participación mayoritaria corresponde a los productos agroindustriales.

Además del recorte de retenciones, el gobierno ha puesto en marcha incentivos para la inversión a través de Régimen de Incentivos para las Medianas Inversiones (RIMI) que incluyen amortización acelerada de inversiones, devolución de saldos tributarios a favor en IVA y, específicamente en el caso de este sector, se incluye un tratamiento preferencial para los sistemas de riego que permite amortizar el 100% de la inversión en el Impuesto a las Ganancias en una sola cuota anual y no exige un monto mínimo de inversión.

Este reconocimiento al sector llega en un momento importante en el que aparecen oportunidades en los mercados internacionales que mejoran la rentabilidad sectorial, y también se observan algunos alivios en la evolución del precio y disponibilidad de fertilizantes, afectados por el conflicto entre Irán y los Estados Unidos/Israel. Por su parte, el sector agroindustrial ha acompañado el crecimiento de la producción ampliando su capacidad de procesamiento, pero enfrenta dificultades objetivas en los temas de logística como la licitación con resultado aún pendiente de la hidrovía, el estado de los caminos rurales y los conflictos gremiales entre los aspectos más importantes.

Sumando a este panorama positivo, los compromisos de los acuerdos preferenciales de comercio firmados recientemente por nuestro país también dan muestra de la vocación exportadora de nuestros productores. Así, en el marco del acuerdo del Mercosur con la Unión Europea, los productores argentinos de miel y huevos fueron los primeros en cubrir la cuota disponible (Uruguay lo hizo con el arroz). En esta primera etapa, las cuotas para productos agropecuarios se están cubriendo por orden de llegada (luego se espera que los países del Mercosur coordinen el reparto, lo que podría llevar algún tiempo de negociación interna). Las autoridades acompañaron adecuadamente esta respuesta a través de la rápida organización de los requisitos sanitarios exigidos, a través de la Secretaría de Agricultura. Una respuesta similar se dio a la ampliación de la cuota de carne vacuna acordada con los Estados Unidos que fue rápidamente cubierta.

En el caso del acuerdo con la UE cabe señalar que las cuotas asignadas al Mercosur corresponden a productos agroindustriales en los que la Unión Europea ha mantenido tradicionalmente una política de protección comercial con muy pocas ventanas abiertas al comercio y compitiendo en terceros mercados con el propio Mercosur. De modo que el cambio, si bien limitado por el tamaño de las cuotas y la aplicación de eventuales salvaguardias, marca un punto de inflexión que permitiría pensar en nuevas inversiones y cadenas de valor bi-regionales. Así, no es tan importante el volumen en sí mismo de cada cuota sino la posibilidad de dar un giro en una relación histórica que no ha aprovechado las fortalezas de cada región. Además, la variedad de productos incluidos permitirá complementar la producción europea y la del Mercosur favoreciendo a los consumidores (carne vacuna y aviar, huevos, carne porcina -en consulta por temas sanitarios-, miel, arroz, azúcar, maíz, sorgo, etanol y productos lácteos).

Por último, la contribución de la agroindustria local al crecimiento y provisión de divisas tiene aún espacio para crecer. Los analistas sectoriales extienden el crecimiento de la producción hasta 177/180 millones de toneladas en el curso de la próxima década manteniendo el patrón actual, centrado en el maíz, la soja y el girasol. A la vez, la recuperación del stock ganadero vacuno tiene un potencial en torno de los 10 millones de cabezas adicionales (que se perdieron desde 2007) a partir de los casi 51 millones actuales.

El mundo nos brinda nuevas oportunidades para este sector tradicional de nuestro país, y la novedad local es que estamos en camino para aprovecharlas.

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Blindaje de origen y valor agregado: implementan nuevo protocolo para la miel fraccionada

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A través de la Resolución 61/2026, la Secretaría de Agricultura de la Nación oficializó la actualización del Protocolo de Calidad para Miel Fraccionada. Para Misiones y la región, la normativa no solo redefine los estándares físico-químicos para acceder al Sello “Alimentos Argentinos”, sino que se posiciona como una herramienta estratégica para desacoplar el precio del productor regional de los vaivenes de los commodities a granel, permitiendo capturar renta mediante el envasado en origen.

La miel argentina, reconocida globalmente por su excelencia, enfrenta hoy un mercado internacional de una selectividad quirúrgica. La sustitución del protocolo vigente desde 2007 por el nuevo Código SAA 013 responde a la necesidad de blindar la genuinidad del producto frente a la competencia de jarabes adulterados y exigencias sanitarias crecientes. Para el sector apícola de Misiones, donde la producción se caracteriza por su origen en la selva paranaense y montes nativos, esta actualización técnica permite certificar atributos diferenciales que son, en esencia, la ventaja comparativa real frente a la producción masiva de la región pampeana.

Parámetros técnicos: el rigor como activo comercial

El nuevo protocolo impone límites estrictos que funcionan como un filtro de calidad para el mercado externo, elevando el estándar de las salas de fraccionamiento locales:

Humedad Controlada: Se establece un máximo general del 18%, con excepciones técnicas para mieles de Chilca (19%) y de Caá-tay (20%). Esto es vital en el NEA, donde la humedad ambiental desafía la estabilidad del producto.

Frescura y Pureza: El Hidroximetilfurfural (HMF), indicador de deterioro por calor o envejecimiento, se fija en un máximo de 25 mg/kg.

Inocuidad Microbiológica: El recuento de hongos y levaduras debe ser inferior a 10 UFC/g, un parámetro crítico para prevenir la fermentación en envases destinados a góndola.

Genuinidad: Se ratifica el uso de Cromatografía en Capa Fina (TLC) para detectar adulteraciones con jarabes de glucosa o maíz, garantizando que el producto sea 100% fruto de la abeja melífera.

Misiones y el desafío del fraccionamiento

A diferencia del esquema productivo de Buenos Aires, enfocado mayormente en la exportación de tambores de 300 kg, el NEA tiene la oportunidad de capitalizar este protocolo para fortalecer su esquema de fraccionamiento local. En una provincia con asimetrías fronterizas marcadas, donde los costos de logística encarecen la competitividad, exportar miel fraccionada (envases ≤ 2,5 kg) bajo el sello de calidad permite ingresar a nichos de mercado (delicatesen o turismo rural) con precios que triplican al valor del granel.

La intervención del INTI NEA en la confección de este protocolo asegura que las particularidades de las mieles de monte —a menudo con niveles de acidez o coloración distintos a las de pradera— estén contempladas, evitando que el rigor técnico se convierta en una barrera de acceso para el pequeño productor misionero.

Impacto en la cadena de valor

Aseguramiento de la Inocuidad: Es obligatoria la implementación del sistema HACCP (APPCC) en la sala de procesamiento, desde la recepción del tambor hasta la distribución final.

Trazabilidad Total: El sistema debe permitir rastrear el producto desde la colmena hasta el consumidor, garantizando la seguridad jurídica ante reclamos internacionales.

Envase Sustentable: Se prioriza el uso de vidrio con cierre hermético o materiales reciclables grado alimentario como el PET, alineándose con las tendencias de consumo consciente.

La adopción voluntaria de este protocolo es el camino más corto para que las cooperativas apícolas misioneras logren el valor agregado en origen. Lo que hay que seguir de cerca es la capacidad de las PyMEs locales para financiar la adecuación de sus salas de extracción y fraccionamiento a las normas de SENASA citadas en el protocolo. En un escenario de “dólar quieto”, la diferenciación por calidad certificada es la única vía para que la miel del NEA no quede atrapada en la guerra de precios de los commodities globales.

Protocolo Calidad Miel Argentina by CristianMilciades

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El Gobierno registra récord de exportaciones agroindustriales y marca un salto del 71% en marzo

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La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca informó que las Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior (DJVE) con embarque en marzo de 2026 alcanzaron un volumen récord de 12,6 millones de toneladas, el nivel más alto registrado para ese mes. El dato implica un incremento del 71% respecto a 2025 y del 36% frente al anterior máximo de 2022.

El registro, procesado por la Subsecretaría de Mercados Agroalimentarios e Inserción Internacional, consolida un punto de inflexión en la dinámica exportadora del complejo agroindustrial. La magnitud del salto introduce una señal política y económica: el sector muestra capacidad de reacción y planificación en un escenario internacional que, según lo informado, presenta oportunidades comerciales.

El rol de las DJVE en la política exportadora

Las DJVE son el instrumento mediante el cual el Estado nacional registra y valida las ventas externas del sector agroindustrial. Funcionan como un mecanismo clave para ordenar el flujo exportador y anticipar embarques, con impacto directo en la balanza comercial y en la disponibilidad de divisas.

El dato difundido por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca se inscribe dentro de ese esquema: no mide exportaciones efectivamente realizadas, sino compromisos de venta al exterior, lo que permite leer expectativas del mercado y decisiones empresariales en tiempo real.

Un salto en la escala de registros

El volumen de 12,6 millones de toneladas marca una diferencia significativa respecto de los últimos años. En 2025, el registro había sido de 7,4 millones de toneladas, mientras que en 2022 —hasta ahora el máximo reciente— se había ubicado en 9,3 millones.

El crecimiento no es marginal. La suba interanual del 71% y la mejora del 36% frente al récord previo configuran un cambio de escala en la operatoria del sector, al menos en términos de registros de ventas.

El comportamiento observado en marzo también consolida a ese mes como un período de alta actividad para el complejo agroindustrial, con mayor concentración de decisiones comerciales.

Capacidad de anticipación y señal al Gobierno

Desde una lectura institucional, el dato expone el posicionamiento del sector agroindustrial dentro de la economía argentina. La capacidad de anticipar ventas y acelerar registros en un contexto internacional favorable refuerza su peso en la generación de divisas.

Al mismo tiempo, el volumen alcanzado funciona como una señal hacia el Gobierno nacional: el sector responde con mayor dinamismo cuando identifica oportunidades externas, lo que puede incidir en la agenda económica y en la relación entre el Estado y los exportadores.

Divisas y actividad exportadora

Si bien las DJVE no implican exportaciones concretadas de manera inmediata, sí anticipan flujos comerciales relevantes. Un mayor nivel de registros suele traducirse, en el corto plazo, en mayor ingreso de divisas y actividad logística vinculada al comercio exterior.

El volumen informado refleja un nivel de actividad elevado en el complejo agroindustrial, con potencial impacto en transporte, puertos y cadena de valor asociada.

Posibles efectos en el NEA

Aunque el informe no discrimina por regiones, el dinamismo del complejo agroindustrial tiene efectos indirectos sobre economías regionales como las del NEA.

En términos potenciales, una mayor actividad exportadora puede traccionar demanda logística, servicios y encadenamientos productivos. Sin embargo, el alcance concreto dependerá de la participación específica de cada región en el esquema exportador, un dato no detallado en el reporte.

Continuidad o efecto puntual

El récord abre interrogantes sobre su sostenibilidad. Entre las variables a observar aparecen la evolución de los mercados internacionales, la continuidad de las condiciones comerciales y el comportamiento de los productores en los próximos meses.

También será clave monitorear si el nivel de registros se traduce efectivamente en exportaciones concretas y en ingreso de divisas, o si responde a un pico puntual de anticipación comercial.

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Crece la volatilidad en el mercado de granos en medio del conflicto en Medio Oriente

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La guerra en Medio Oriente empezó a pegar de lleno en el mercado de granos y dejó una señal doble para la Argentina: mientras la volatilidad financiera se acelera en Chicago por la presión geopolítica, el país logra capitalizar una ventana comercial excepcional para el maíz y el girasol, con exportaciones que rompen récords y sostienen el movimiento interno de mercadería. El dato central no es solo productivo, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario. En plena campaña 2025/26, con una oferta abundante y costos logísticos globales más altos por la crisis en el estrecho de Ormuz, la competitividad argentina gana espacio en el comercio internacional, aunque bajo una condición frágil: que el conflicto no deteriore todavía más el transporte marítimo ni profundice el desorden en los precios.

La novedad combina alivio comercial y riesgo sistémico. Por un lado, la cosecha récord y la demanda externa están permitiendo dar salida a volúmenes muy altos, especialmente en girasol y maíz. Por otro, la guerra y la acción de los fondos especulativos transformaron a los futuros agro en un terreno mucho más sensible a cualquier titular. En ese escenario, la Argentina aparece beneficiada por precios competitivos y por una ventana de exportación favorable, pero queda también expuesta a un mercado internacional cada vez más nervioso, donde una noticia diplomática o militar puede mover las cotizaciones con violencia en una sola rueda.

El girasol rompe todos los techos y acelera la comercialización interna

El caso más contundente es el del girasol. La campaña 2025/26 ya muestra una performance histórica en exportaciones y confirma que el complejo encontró una salida externa pocas veces vista. En el primer trimestre se embarcaron 391.000 toneladas de aceite, el mejor arranque aceitero de campaña desde 2005. Pero el dato más disruptivo está en la exportación de semilla de girasol, que alcanzó 421.136 toneladas en lo que va del trimestre: equivale a 12 veces la cifra del año pasado (31.688 toneladas) y casi 17 veces el promedio de los últimos cinco años para esta altura del calendario (25.000 toneladas).

Ese salto no es una curiosidad estadística. Cambia la lógica comercial del cultivo. Cuando se homogeneizan las exportaciones de aceites, pellets y harinas en semilla procesada equivalente, surge que ya se utilizaron 1,12 millones de toneladas de semillas para producir los derivados industriales exportados en lo que va de la campaña. El registro supera en más del doble el promedio del último lustro y es 1,7 veces superior al del año pasado a esta altura.

La magnitud de la demanda externa ya tuvo impacto interno. El mercado doméstico respondió con compras totales por 3,1 millones de toneladas, lo que ubica a la campaña 2025/26 como el segundo registro más alto del siglo, a la par de la 2007/08. En términos comparativos, el ritmo comercial corre 62% por encima del ciclo anterior y 111% más que el promedio de los últimos cinco años. No se trata solo de más exportaciones: se trata de una cadena que encuentra precio, fluidez comercial y ritmo de descarga en un momento donde la oferta es abundante.

Un mercado inusual: hasta un gran exportador compró girasol argentino

Dentro de esa dinámica aparece un dato con peso propio: la producción argentina logró ingresar en destinos que no son compradores habituales. En un hecho sin precedentes dentro del texto base, Bulgaria, uno de los mayores exportadores mundiales de semillas y aceite de girasol, apareció como destino del producto argentino y explicó el 37% de las compras de semilla en bruto.

Ese dato revela dos cosas a la vez. Primero, que la competitividad argentina no solo funciona en mercados tradicionales, sino también en plazas donde normalmente la lógica comercial iría en sentido inverso. Segundo, que el contexto global empuja a los importadores y procesadores a buscar mercadería donde haya precio y disponibilidad, incluso si eso altera esquemas históricos del comercio agrícola. Cuando un exportador estructural pasa a comprar, el mercado está enviando una señal sobre escasez relativa, oportunidades transitorias o reacomodamientos fuertes en la formación de precios.

El maíz aprovecha una ventana de competitividad y apunta a un récord exportador

El maíz ofrece otra foto relevante. La cosecha avanza al 14% a nivel nacional y, solo en marzo, ya se descargaron 3 millones de toneladas en los puertos del Gran Rosario, es decir, 1,4 millones más que en igual momento del año pasado. A la par, la comercialización interna muestra un ritmo firme: ya está comprometido el 30% de las toneladas esperadas para esta campaña, 10 puntos porcentuales por encima del ciclo pasado.

Sobre esa base, el programa exportador del primer mes de campaña se perfila para quebrar marcas. La previsión indica que marzo cerraría con más de 4 millones de toneladas exportadas, un récord para el arranque de campaña del cereal. La explicación central está en la competitividad del producto argentino. Aun con subas en los costos globales de los fletes marítimos, el maíz local sigue siendo presentado como el más competitivo del mundo dentro de la ventana que se extiende hasta el ingreso más fuerte de la oferta brasileña, previsto para junio/julio.

Ahí aparece una lectura política y económica concreta. La Argentina no está aprovechando solo una buena cosecha, sino una combinación excepcional entre volumen disponible, salida exportadora y timing comercial. En un momento de disrupción global, esa ventaja puede ser decisiva para sostener ingreso de divisas, actividad en terminales portuarias y dinamismo en la cadena comercial. Pero también es una ventaja con fecha de vencimiento: depende de cuánto dure la ventana frente a Brasil y de que la crisis internacional no encarezca aún más la logística.

Chicago sube, las primas FOB aflojan y el mercado local se sostiene

El comportamiento de los precios muestra ese equilibrio inestable. En Chicago, los futuros de maíz recibieron impulso por el conflicto en Medio Oriente y por el mayor posicionamiento de los fondos en commodities agrícolas. Desde que el escenario internacional empezó a tensionarse, el contrato de referencia del cereal subió 6%. Sin embargo, al mismo tiempo, las primas FOB del maíz argentino se debilitaron, en parte por la presión de oferta y en parte por el aumento en los costos de transporte marítimo.

El resultado es una especie de compensación. La baja de las primas resta, pero la suba en Chicago más que equilibró ese efecto, permitiendo que el precio de exportación a cosecha se revalorizara US$ 15 por tonelada desde enero. Esa mejora ayudó a sostener los valores en el mercado de futuros local, que promedian entre US$ 182 y US$ 186 por tonelada.

Ese punto es central para entender el momento. La Argentina gana competitividad por precio, pero esa ventaja no surge en un contexto de estabilidad, sino dentro de un mercado global donde sube la tensión, suben los costos y se vuelve más agresiva la operatoria financiera. El beneficio existe, aunque no descansa sobre bases tranquilas.

Ormuz cerrado y fondos especulativos: la nueva fuente de inestabilidad

La otra gran variable del escenario es la guerra. El texto base marca que el estrecho de Ormuz sigue virtualmente cerrado, con una caída del 94% en el tráfico de buques. Esa cifra no impacta solo en petróleo y energía. Repercute también en el costo del comercio internacional, en las expectativas de abastecimiento y en el comportamiento de los capitales especulativos que operan sobre materias primas.

En ese clima, la volatilidad dejó de ser un factor lateral y pasó al centro del negocio. La soja dio la señal más fuerte. Durante el lunes de esta semana, el futuro más operado en Chicago registró la mayor caída diaria desde julio de 2024, con una pérdida de US$ 20 por tonelada en una sola rueda, hasta activar el límite automático del CME. El disparador fue una noticia política: la postergación del viaje de Donald Trump a China.

El mercado venía descontando en precios la promesa de que China sumaría 8 millones de toneladas de soja a sus compras de 12 millones de esta campaña. La postergación del viaje se leyó como una señal bajista porque debilitó el sustento político de ese compromiso. La reacción fue inmediata. Y dejó una enseñanza clave: ya no hacen falta cambios estructurales en oferta o demanda para mover fuerte los precios. Alcanza con un titular de alto impacto geopolítico.

La soja expone el nuevo patrón: subas violentas, caídas bruscas y fondos con poder de fuego

La soja venía de tocar máximos de 21 meses el viernes pasado. Antes del rally comprador, cotizaba por debajo de US$ 390 por tonelada. Luego llegó a operar en US$ 451, una suba del 16% en siete semanas. Después, ante una sola noticia con sesgo bajista, cayó con fuerza. Ese patrón no es anecdótico: muestra que el mercado agro quedó sometido a un nivel de sensibilidad mucho mayor.

El texto remarca que la volatilidad anualizada en las últimas diez ruedas escaló a máximos desde julio de 2023 y que los fondos especulativos tienen un rol central. La posición neta comprada supera los 600.000 contratos entre granos y derivados, tras un aumento del 337% desde fines de enero. Ese volumen de apuestas le da a los fondos un poder decisivo para mover cotizaciones. Una toma de ganancias, un cambio de expectativas o una noticia internacional pueden desatar correcciones violentas en cuestión de horas.

En términos de poder de mercado, eso significa que la formación de precios ya no depende solo de rindes, clima o demanda física. También depende de la velocidad con la que el capital financiero entra y sale de posiciones largas sobre commodities. Para la Argentina, esa dinámica abre oportunidades de precios, pero también complica la toma de decisiones comerciales, porque el margen entre una rueda favorable y una corrección abrupta se achicó mucho.

Qué gana la Argentina y qué riesgo enfrenta

La campaña 2025/26 encuentra a la Argentina en una situación singular. Tiene volumen, tiene competitividad y, por ahora, tiene demanda externa. El girasol exhibe una performance histórica. El maíz se encamina a un arranque récord. Y los precios internacionales, aun con altibajos, siguen ofreciendo respaldo al negocio exportador. En ese plano, los sectores vinculados a la exportación y a la logística portuaria aparecen fortalecidos.

Pero el mismo contexto que habilita esa ventana también impone límites. El cierre virtual de Ormuz, la suba de fletes, la fragilidad diplomática y el peso creciente de los fondos especulativos pueden alterar en pocos días el escenario. Un agravamiento del conflicto podría disparar todavía más los costos logísticos. Un cambio brusco en las expectativas sobre Estados Unidos, China o Medio Oriente puede desarmar posiciones compradas y provocar bajas intensas. Y el ingreso de la oferta brasileña en junio/julio meterá presión sobre la competitividad del maíz argentino.

Un momento de oportunidad, pero sin red de seguridad

Lo que hoy muestra el mercado de granos no es una foto de bonanza lineal, sino una combinación de oportunidad y fragilidad. La Argentina está logrando colocar mercadería en volúmenes excepcionales y aprovechar un contexto favorable para el maíz y el girasol. Sin embargo, esa ventaja se construye sobre un sistema internacional alterado por la guerra, con rutas marítimas bajo presión y precios moldeados por fondos que amplifican cada shock.

Las próximas semanas serán decisivas. Habrá que mirar si el conflicto en Medio Oriente profundiza el bloqueo comercial, si Chicago mantiene el sesgo alcista o entra en una nueva fase de corrección, y si la competitividad argentina logra sostenerse cuando cambie la oferta global. Por ahora, el negocio exportador encontró aire. La pregunta es cuánto dura esa ventana en un mercado que ya no reacciona por ciclos previsibles, sino por sobresaltos.

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Brasil agranda la brecha agroindustrial con Argentina y reabre el debate sobre el costo de las políticas internas

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El contraste entre el agro de Brasil y el de Argentina dejó de ser una comparación sectorial para transformarse en una señal política de fondo. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario expuso que, en las últimas tres décadas, ambos países crecieron en agricultura y ganadería, pero lo hicieron a velocidades muy distintas. El dato más contundente está en la producción de soja, maíz y trigo: si en el promedio de los años noventa Brasil producía un 53% más que Argentina, en las primeras cinco campañas de la década del 2020 esa diferencia escaló al 155%. Para la campaña 2025/26, las proyecciones de GEA y Conab anticipan una brecha todavía enorme: 147% a favor de Brasil. La pregunta que sobrevuela el informe no es solo cuánto más produce el vecino, sino cuánto de esa distancia responde a ventajas naturales y cuánto a decisiones políticas que en Argentina terminaron frenando el potencial del sector.

Dos modelos, un mismo punto de partida y resultados cada vez más distintos

La comparación que realiza la Bolsa rosarina parte de una base relevante: Brasil y Argentina comparten una estructura agroindustrial central en sus economías, con cadenas agrícolas y ganaderas de peso estratégico. Sin embargo, las trayectorias divergieron.

Durante los años noventa, la producción combinada de soja, maíz y trigo de Brasil era un 53% superior a la argentina. En la década del 2000, con la maduración tecnológica, la expansión de la siembra directa y la mejora en el manejo, esa brecha incluso se redujo a 45%. Había, en ese momento, una convergencia posible.

Pero el informe sitúa allí un punto de inflexión. Esa misma década marcó en Argentina el regreso de los derechos de exportación, dentro de un esquema de políticas que, según la Bolsa, comenzaron a desincentivar el respaldo a las cadenas agrícolas. Mientras tanto, Brasil sostuvo políticas de apoyo a la producción, entre ellas el Plan Safra, y consolidó una dinámica de expansión en superficie y rindes.

El resultado fue un quiebre cada vez más profundo. En la década del 2010, Brasil pasó a producir en promedio un 82% más que Argentina en esos tres cultivos. Luego, en las primeras cinco campañas del 2020, la diferencia saltó al 155%. Aun con una leve corrección proyectada para 2025/26, la distancia seguiría en 147%, muy por encima de cualquier registro previo.

No es solo una estadística productiva. Es la evidencia de que, frente a tecnologías similares y cadenas que compiten en el mismo mercado global, el marco de incentivos puede alterar de forma decisiva la escala alcanzada por cada país.

La carne vacuna también muestra una diferencia de poder productivo

La divergencia no quedó encerrada en los granos. En carne vacuna, la brecha fue todavía más marcada. En el promedio de los años noventa, Brasil producía un 119% más de carne vacuna que Argentina. En los 2000, esa diferencia ascendió al 167%. Ya en la década del 2010, Brasil producía 249% más, es decir, más de tres veces el volumen argentino.

En lo que va de la década actual, el promedio ubica a Brasil con una producción 235% superior. Y para la campaña 2025/26, las previsiones del USDA proyectan una distancia de 284%, cerca de cuadruplicar la producción argentina.

La magnitud de esa brecha tiene una lectura económica inmediata y otra política menos visible, pero igual de relevante. En términos productivos, consolida a Brasil como un actor de escala mucho mayor en uno de los mercados de proteínas más sensibles del comercio global. En términos de poder, le permite jugar con otra espalda en exportaciones, abastecimiento y posicionamiento estratégico frente a la demanda internacional.

Exportaciones: donde la distancia se volvió más contundente

Si la producción muestra una divergencia fuerte, las exportaciones terminan de dimensionar el cambio de tablero. Según el informe, en el promedio de la década del noventa Argentina exportaba un 24% más de carne por año que Brasil. Hoy esa relación se invirtió de manera drástica: para la campaña actual, Brasil aspira a exportar más de cinco veces el volumen argentino.

El dato resume una transformación de largo plazo. En más de tres décadas, Argentina casi duplicó sus exportaciones de carne. Brasil, en cambio, las multiplicó por más de 13. Allí aparece una diferencia decisiva entre crecer y escalar. Argentina aumentó, pero Brasil construyó volumen, continuidad y capacidad de inserción externa a otra velocidad.

Ese desempeño también redefine la correlación regional. No se trata solo de quién produce más, sino de quién gana mercados, quién consolida presencia internacional y quién logra convertir su potencia agroindustrial en una plataforma más robusta de generación de divisas.

El crédito como diferencia silenciosa entre ambos modelos

La Bolsa de Comercio de Rosario agrega otro factor que ayuda a explicar el ensanchamiento de la brecha: el financiamiento. A comienzos de siglo, Argentina y Brasil tenían niveles de crédito interno al sector privado relativamente cercanos en proporción al PBI: 24% en Argentina y 31% en Brasil.

Dos décadas y media después, la distancia se volvió mucho más amplia. En 2024, Argentina se ubicó en 15% del PBI, sin recuperar siquiera los niveles previos a la crisis de 2001. Brasil, en cambio, expandió ese indicador hasta casi el 76% del PBI. Lo que hace 25 años era una diferencia de 7 puntos porcentuales, hoy supera los 60 puntos.

Ese dato no aparece en el debate cotidiano con la misma fuerza que las retenciones o el tipo de cambio, pero tiene consecuencias igual de concretas. Más financiamiento significa mayor capacidad para invertir, incorporar tecnología, sostener ciclos productivos y planificar crecimiento. Menos crédito implica menor margen para escalar y más vulnerabilidad frente a shocks climáticos o de precios.

En esa comparación, el informe deja una señal clara: la brecha productiva entre ambos países no se explica únicamente por la política tributaria o comercial, sino también por la capacidad del sistema financiero para apuntalar la expansión del sector privado.

Retenciones, brecha cambiaria y un intento de corregir incentivos

El informe no se limita a describir la diferencia histórica. También introduce una lectura sobre el presente argentino. Según la Bolsa, la baja de retenciones y el fin de las brechas cambiarias son decisiones que colaboran para apuntalar la producción agrícola y ganadera.

La afirmación tiene una carga política evidente, aunque se formule en lenguaje técnico. Lo que se pone sobre la mesa es que parte de las distorsiones que durante años condicionaron al agro empiezan a corregirse, al menos parcialmente. Esa corrección alimenta una nueva expectativa de crecimiento.

La Bolsa sostiene que la campaña actual espera batir récords en producción de granos, mientras que el crédito bancario al sector ganadero alcanzó su segundo mayor registro de la historia argentina. Son señales que, en la lógica del informe, permitirían iniciar una recuperación del terreno perdido.

No se trata todavía de una convergencia con Brasil. La distancia acumulada es demasiado profunda para revertirse en el corto plazo. Pero sí de una ventana de oportunidad: si se sostienen mejores condiciones para producir, financiarse y exportar, Argentina podría volver a expandirse con mayor velocidad.

Repercusiones: quiénes quedan fortalecidos y qué discusión se reactiva

La principal consecuencia política del informe es que reabre una discusión incómoda para la política económica argentina: cuánto del rezago agroindustrial fue producto de condiciones externas y cuánto fue resultado de decisiones domésticas. La Bolsa responde con una hipótesis nítida: las políticas divergentes entre Brasil y Argentina ampliaron la brecha.

Esa lectura fortalece a los sectores que vienen reclamando un marco más previsible, menor carga sobre las exportaciones y acceso al financiamiento como condiciones básicas para crecer. También condiciona a cualquier estrategia de política pública que busque sostener recaudación o intervenir en los mercados sin medir el costo de largo plazo sobre la inversión y la escala productiva.

En términos económicos, el informe vuelve a ubicar al agro como un actor decisivo para la generación de divisas, el aumento de producción y la expansión exportadora. En términos institucionales, sugiere que las reglas importan tanto como la tecnología. Y en términos estratégicos, instala una advertencia: la competencia regional no espera a que Argentina resuelva sus dilemas internos.

Un escenario abierto: el potencial está, pero no alcanza con corregir dos variables

La Bolsa cierra con una idea optimista: con más apoyo al productor, Argentina puede seguir creciendo en producción y exportaciones, tal como destaca el modelo AGMEMOD. Esa proyección, sin embargo, abre más interrogantes de los que clausura.

Porque el potencial está documentado, pero la brecha con Brasil también. La actual mejora de incentivos puede empujar una recuperación, pero el desafío no es solo crecer un año más, sino sostener una trayectoria. Ahí se jugará la dimensión más importante del proceso.

En las próximas campañas habrá que mirar si el récord esperado en granos logra consolidarse, si el mayor crédito al sector ganadero se traduce en más producción efectiva y si las condiciones macroeconómicas permiten transformar alivios puntuales en un cambio de régimen. También habrá que observar si la corrección de distorsiones alcanza para achicar una distancia que lleva décadas ampliándose.

La foto actual muestra a Brasil muy por delante y a Argentina intentando reordenar el terreno. Lo que todavía está en construcción es si ese reordenamiento puede convertirse en una estrategia persistente o si quedará, otra vez, atrapado entre avances parciales y restricciones recurrentes.

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