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De la chacra misionera al fitness europeo: cómo reinventan la yerba mate afuera

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Mientras en Europa el mate se transforma en suplemento premium y se vende en tubos efervescentes como bebida funcional, la Argentina atraviesa uno de los mejores momentos exportadores de su historia. La paradoja no podría ser más clara: nunca se vendió tanta yerba mate al mundo, pero el negocio más rentable empieza a construirse lejos de donde se produce.

En 2025, las exportaciones argentinas de yerba mate alcanzaron un récord cercano a los 58 millones de kilos, con un crecimiento superior al 30% interanual. La infusión emblemática de la región logró expandirse a más de 50 mercados, con Siria como principal destino -concentrando cerca del 60% del total- seguida por Chile, España y, en ascenso, Estados Unidos y algunos países asiáticos. El dato confirma algo que el sector ya percibe hace tiempo: el mate dejó de ser un consumo regional para convertirse en un producto global.

Sin embargo, ese salto en volumen no se traduce de manera proporcional en valor. Las exportaciones rondaron los 78 millones de dólares, una cifra que crece, pero a un ritmo mucho menor que las cantidades. La explicación está en el perfil de lo que se vende: mayormente yerba a granel o con bajo nivel de procesamiento, donde el margen es reducido y el precio se define más por volumen que por diferenciación.

En ese contexto aparece una nueva capa del negocio, que ya no está en la chacra ni en el molino, sino en los laboratorios de productos funcionales y en las góndolas del mundo wellness. El caso de “Gaucha Energy”, un suplemento europeo que combina extracto de yerba mate con electrolitos, vitaminas y minerales en formato efervescente, expone con claridad ese cambio. El mate ya no se toma: se disuelve. Ya no se comparte: se dosifica. Y, sobre todo, ya no se vende como tradición, sino como energía natural.

La aparición de productos como Gaucha Yerba Mate Electrolytes, producidos en Dinamarca y pensados para mercados europeos, confirma un cambio estructural en la forma en que se posiciona la yerba mate a nivel global. En este caso, ya no se presenta como una infusión tradicional, sino como un suplemento funcional orientado al rendimiento físico y la hidratación: combina extracto de yerba mate -con alto contenido de cafeína natural- con electrolitos, vitaminas del complejo B (B1-B6) y minerales como hierro y magnesio. El formato también es disruptivo: sticks o tabletas en tubos, pensados para diluir en agua, en línea con productos fitness como bebidas isotónicas premium. El paquete analizado contiene 6 tubos de 15 porciones cada uno (90 dosis en total), con precios promocionales que rondan los 159 coronas danesas (unos 23-24 dólares), lo que refleja una estrategia de penetración en el mercado europeo.

La transformación no es menor. El consumidor europeo no compra una costumbre sudamericana, sino un producto que promete rendimiento físico, hidratación y bienestar. En ese proceso, la yerba mate deja de ser una bebida cultural para convertirse en un ingrediente activo dentro de una categoría mucho más amplia: la de los suplementos y las bebidas funcionales.

Ahí es donde se reconfigura la cadena de valor. Mientras Misiones y Corrientes concentran la producción primaria, la innovación, el desarrollo de productos y el marketing se desplazan hacia Europa y Estados Unidos. El resultado es una cadena invertida: la materia prima se genera en origen, pero el valor se captura en destino. Incluso, en muchos casos, estos nuevos productos ya no utilizan la hoja tal como se consume en Argentina, sino extractos concentrados o derivados industriales, lo que reduce aún más el vínculo directo con la producción tradicional.

El contraste es evidente. Por un lado, un sector que muestra cifras récord de exportación y una demanda global en expansión. Por otro, tensiones internas por precios, rentabilidad y distribución del ingreso en la cadena. El crecimiento existe, pero no necesariamente derrama.

El fenómeno abre una pregunta de fondo para la economía regional: ¿puede la Argentina dar el salto hacia el valor agregado o quedará anclada en el rol de proveedor de materia prima? La oportunidad está planteada. El mundo ya validó al mate como producto global. Lo que está en discusión es quién construye el negocio alrededor de esa demanda.

Porque, en definitiva, el cambio ya ocurrió. El mate dejó de ser solo una infusión. Es, cada vez más, una plataforma. Y en esa transformación, la Argentina lidera la producción, pero todavía no lidera el negocio.

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África acelera su demanda agro y redefine el mapa global del comercio de alimentos

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África se encamina a convertirse en uno de los principales motores de la demanda global de alimentos en la próxima década, en un movimiento que ya empieza a reconfigurar las estrategias de comercio exterior. El último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, con proyecciones de OCDE-FAO hacia 2034, muestra un dato estructural: mientras gran parte del mundo desacelera su crecimiento poblacional, el continente africano lo acelera y lo traduce en consumo. La tensión es clara: ¿quién abastecerá ese salto de demanda y con qué posicionamiento geopolítico?

El dato central ordena el escenario. África pasará de 1.500 millones de habitantes en 2025 a más de 1.800 millones en 2034. Solo África subsahariana crecerá a un ritmo del 2,3% anual, mientras el norte africano lo hará al 1,6%. En conjunto, ambas regiones concentrarán cerca del 23,8% de la población global hacia el final del período.

Un continente, múltiples mercados: la complejidad detrás del crecimiento

Que se proyecta para la demanda de estos países en granos, aceites, harinas, carnes y lácteos. Una de las regiones que promete mayor crecimiento de población en un contexto global de caídas de tasas de natalidad.

África espera sostenerse como un continente protagonista del crecimiento económico reciente y por venir. Junto con Asia, estas dos regiones concentran naciones que en muchos casos vienen creciendo a tasas por encima de países desarrollados. Esto les da un atractivo cada vez más elevado como mercados agroindustriales.

Por su expansión, su heterogeneidad y sus más de cincuenta estados, África en sí no podría considerarse un mercado único. Es mejor entenderla como una región que engloba múltiples mercados de las más diversas características. Sus países son varían en escala económica, ingreso por habitante, esquemas de comercio internacional y hasta en sus capacidades para garantizar la propia integridad territorial.

Como primera y más amplia división, podemos partir África en dos regiones: África del norte y África Subsahariana. La primera está compuesta por Egipto, Libia, Túnez, Argelia y Marruecos, todas naciones con sus territorios mayoritariamente al norte del desierto del Sahara. El resto de los países africanos componen África subsahariana.

Esta última espera ser la región del mundo que más crezca en población en la década que viene, con un crecimiento del 2,3% anual, mientras África del norte espera ser la segunda región que más crezca en cantidad de habitantes, estimándose un 1,6%, según estimaciones de OCDE y FAO. De este modo, África Subsahariana y África del norte proyectan acumular el 17,5% y el 6,3%, respectivamente, de la población global hacia 2034. Si bien el continente africano engloba países con perspectivas de crecimiento muy recortadas y severos problemas pendientes para la próxima década, no deja de ser un espectro de mercados con grandes oportunidades para el comercio exterior argentino. 

En este sentido, Argentina tiene dos acuerdos específicos con África: un acuerdo de libre comercio con Egipto en vigencia desde septiembre de 2017 y un acuerdo de comercio preferencial con la Unión Aduanera del África Austral (SACU: Sudáfrica, Botsuana, Lesoto, Namibia y Suazilandia) desde abril del 2016. Más del 90% de las exportaciones argentinas a África consisten en productos agroindustriales, con los complejos soja, maíz y trigo como protagonistas y destacadas participaciones de las cadenas lácteas y cárnicas. 

África subsahariana espera contribuir 14% adicionalmente a la demanda mundial de commodities en la próxima década. Si bien el crecimiento económico de esta subregión se ubicará por debajo de la media global, el elevado crecimiento poblacional en términos absolutos, y de población urbana especialmente, impulsarán la demanda de alimentos. No conforme con ello, hay altas expectativas por crecimientos de dos dígitos para la demanda de carnes en la próxima década, de acuerdo con las previsiones del reporte de OCDE-FAO. De hecho, las importaciones totales de commodities agro en África esperan escalar un 55% hacia 2034, de acuerdo con ambos organismos.

En este contexto, se prevé que África aumente sus importaciones de commodities agro ya que su demanda crecería por encima de la producción doméstica. Trigo, arroz, azúcar y sus productos derivados, entre otros, serían los protagonistas. Comparando los datos del 2025 con las proyecciones hacia el 2034 de OCDE-FAO, África espera demandar 12 millones de toneladas adicionales de trigo, 6 millones de toneladas más de maíz y 7 millones de toneladas de arroz por encima de los niveles del año que acaba de terminar. De esta manera, la demanda de importaciones de trigo crecería un 22%, guarismo que espera ser del 28% para el maíz y del 38% para el arroz. 

Además, en la próxima década las importaciones de aceites vegetales esperan subir un 24%, pasando de 11,8 a 14,6 Mt de aceites. Por otro lado, las importaciones de harinas y pellets vegetales crecerían un 28%. De esta manera, pasarían de importar 4,2 Mt a 5,4 Mt hacia 2034. 

Con una población africana que pasaría de 1.500 millones de habitantes en 2025 a más de 1.800 millones en 2034, este crecimiento poblacional apuntalado por la mejora del ingreso impulsaría el consumo total de carne del continente en un 33% hacia 2034, de acuerdo con OCDE-FAO. Como parte de este crecimiento no podrá ser abastecido con producción doméstica, se espera en la próxima década un crecimiento del volumen importado de carnes del 42%. De esta manera, dentro de diez años África demandará cerca de 1,5 millones de toneladas adicionales de carne, totalizando importaciones por cerca de 5 Mt al año.

Este crecimiento espera estar compuesto por casi un millón de toneladas de carne aviar y más de 200.000 toneladas adicionales tanto de carne vacuna como de carne porcina. Esto representaría crecimientos de importaciones del 42% para carne aviar, del 24% para la carne bovina y del 121% para la carne de cerdo. Para tomar dimensión de estos crecimientos para la carne bovina, la cuota Hilton hacia la UE de la que dispone Argentina es de 29.389 toneladas al año, por lo que el crecimiento de la demanda importadora en África espera ser siete veces superior a esta cuota en volumen. Naturalmente, la demanda de cortes no es la misma en dos regiones tan distintas en términos culturales y de ingreso, con diferentes potenciales en ambos mercados. 

No conforme con ello, África espera crecer también en sus consumos de lácteos, con una producción limitada, lo que podría impulsar aún más sus importaciones, especialmente en el norte de África. Las importaciones de leche en polvo aumentarían más del 20% en la próxima década, en tanto las de manteca crecerían un 48% y las de quesos un 78%, siempre según las proyecciones de OCDE-FAO.

Asimismo, África es hace más de una década el principal continente consumidor de legumbres del mundo en términos de consumo de legumbres por habitante, con expectativas de un consumo superior a los 12 kilos por persona por año hacia 2034 desde niveles superiores a los 10 kilos actualmente. Ninguna región supera este nivel de consumo por habitante. 

Para finalizar, merece la pena destacar que de los más de cincuenta estados que componen África, seis países concentran más del 60% de la economía regional: Nigeria (18% del PIB de África), Sudáfrica (15%), Egipto (13%), Argelia (7%), Angola (5%) y Marruecos (5%). En línea con su relevancia económica, estos destinos concentran a la vez más del 60% de las exportaciones argentinas al continente africano. En una edición venidera del Informativo Semanal caracterizaremos a en específico a estos países y su potencial para el comercio exterior argentino.

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La carne vacuna se adelanta al ciclo global y presiona al alza los precios internacionales

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En un contexto global donde todavía no se consolida una suba generalizada de los alimentos, el mercado internacional de la carne vacuna empieza a marcar su propio ritmo. El último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, con datos de la FAO, confirma que los precios de la carne no solo resisten la tendencia bajista de otros productos, sino que ya ingresaron en una fase alcista sostenida.

La clave no está en un shock externo inmediato, sino en fundamentos estructurales: menos oferta proyectada y una demanda firme desde los principales centros de consumo. El interrogante que se abre es si este movimiento anticipa un nuevo ciclo inflacionario global o si se trata de una suba sectorial con impacto acotado.

Un mercado que se mueve antes que los alimentos

En un contexto internacional en el que se anticipa una posible presión alcista sobre los precios de los alimentos el mercado de las carnes, y particularmente el de la carne vacuna, parece adelantarse a estos movimientos impulsado por fundamentos propios.

Si se analiza la evolución del Índice de Precios de los Alimentos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), basado en una canasta de productos alimenticios comercializados internacionalmente, observamos que en febrero registró un promedio de 125,3 puntos. A pesar de la mejora registrada en el último mes, el índice todavía se ubica 22% por debajo de los máximos alcanzados en marzo de 2022 (160,2 puntos), tras el inicio de la guerra en Ucrania, nivel que podría considerarse una referencia potencial hacia la cual podrían volver a escalar los precios en un escenario de suba sostenida de la energía.

Desde entonces, los precios de los lácteos registran bajas promedio del 20%, los cereales del 36%, los aceites del 31% y el azúcar del 27%. En contraste, el Índice de Precios de las Carnes —que incluye carne vacuna, aviar, porcina y ovina— es el único que muestra un aumento durante ese mismo período, acumulando un aumento cercano al 8%.

Dentro del complejo cárnico, la carne vacuna y la carne ovina son las que registran los mayores incrementos, 12,5% y 33,5%, respectivamente. En el caso de la carne ovina, si bien el aumento es más pronunciado, su impacto sobre el consumo global es considerablemente menor en comparación con la carne vacuna.

De acuerdo con el último informe de la FAO, la firmeza en las cotizaciones internacionales de la carne vacuna responde principalmente al sólido nivel de demanda proveniente de China y Estados Unidos.

Esta dinámica sostiene los precios de exportación de los principales proveedores mundiales, especialmente Australia y Brasil, cuyas cotizaciones tienen una incidencia directa en la conformación del índice global de carnes.

Según las últimas proyecciones publicadas por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la producción mundial de carne vacuna se reduciría en cerca de 1 millón de toneladas durante 2026, reflejando principalmente el proceso de recomposición de stocks ganaderos en varios países productores. Al mismo tiempo, la demanda internacional continuará expandiéndose, con un comercio global que superaría las 12 millones de toneladas, consolidando el crecimiento del mercado internacional.

Estados Unidos continuará desempeñando un rol clave en este escenario, ampliando su déficit comercial de carne vacuna. Recientes proyecciones del USDA indican que las importaciones estadounidenses podrían superar los 2,5 millones de toneladas en 2026, lo que representaría un incremento del 3,4% respecto de 2025. No obstante, el ritmo de compras observado en el inicio del año muestra un crecimiento aún mayor, con datos acumulados para el primer bimestre que exceden en un 10% los registros del año pasado, dato que supera ampliamente el crecimiento proyectado para todo el año.

En el caso de China, si bien el esquema de cuotas de importación aplicado desde este año intenta moderar el ritmo de compras observado en los últimos años, hasta el momento los valores ofrecidos por los importadores continúan en ascenso, reflejando la firmeza de su demanda. Aun sin datos oficiales de la Administración General de Aduanas sobre el volumen efectivamente ingresado en lo que va del año, las referencias de precios FOB para los principales cortes que China compra a Argentina —según datos de APEA— muestran subas cercanas al 40% interanual.

Una dinámica similar se observa en el mercado europeo. Si bien los volúmenes comercializados se mantienen relativamente estables, los precios continúan consolidando una tendencia alcista. Actualmente, cortes de alto valor comercial como el Ramp & Loin o el bife ancho se negocian desde Argentina a valores FOB de entre USD 21.000 y USD 22.000 por tonelada, lo que implica subas superiores al 30% respecto de los valores registrados a igual fecha del año pasado.

En este escenario, una eventual suba en los precios del gas y del petróleo podría agregar presión adicional al mercado, principalmente a través del aumento de los costos logísticos y de transporte internacional.

No obstante, el impacto sobre el comercio de carne vacuna sería relativamente limitado desde el punto de vista de los flujos comerciales, dado el bajo peso que tienen los países involucrados en el conflicto dentro del mercado global.

Según estimaciones del USDA, en 2025 los países de Medio Oriente —entre ellos Israel, Irán, Irak, Siria, Egipto, Turquía, Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes— representaron menos del 5% de la demanda mundial de carne vacuna. A nivel global, esta participación resulta relativamente baja como para generar una disrupción significativa en el mercado internacional.

No obstante, para Argentina la región presenta una mayor relevancia. Destinos como Israel, Qatar y Emiratos Árabes Unidos concentran más del 7% de los embarques totales y cerca del 11% de las divisas generadas por exportaciones de carne vacuna.

Según datos del SENASA, en los dos primeros meses de 2026 los certificados de exportación de carne vacuna hacia Israel y otros países de Medio Oriente totalizaron unas 11.400 toneladas, equivalentes al 12,5% del total certificado. En lo que va de marzo —ya con una escalada del conflicto en la región— la participación de estos mercados en las certificaciones se mantiene prácticamente sin cambios, lo que hasta el momento no evidencia señales de disrupción en el comercio.

Aun así, Ante un eventual debilitamiento de la demanda proveniente de Medio Oriente, Argentina mantiene una posición sólida en tres de los principales destinos del comercio internacional de carne vacuna: China, Estados Unidos y la Unión Europea. Estos mercados concentran más del 55% del comercio global y constituyen actualmente el eje central de la demanda internacional de carnes, lo que otorga a Argentina una base comercial sólida y equilibrada dentro del actual contexto geopolítico global.

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Lory Máquinas proyecta desde Oberá una estrategia de internacionalización industrial

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La empresa Lory Máquinas, radicada en la ciudad de Oberá, decidió avanzar en una estrategia de internacionalización productiva que combina profesionalización de su área exportadora y capacitación técnica internacional, en un movimiento que articula iniciativa privada con programas públicos de promoción comercial. La firma confirmó su incorporación a la segunda edición del programa Argentina Exporta, una herramienta impulsada por el Ministerio de Acción Cooperativa a través de la Dirección de Comercio Exterior, que prevé 100 días de asistencia técnica para empresas que buscan consolidar su inserción en mercados externos.

El paso no es menor dentro del ecosistema productivo regional. La empresa, dedicada a la fabricación de cosechadoras para té, tabaco y yerba, ya registró exportaciones aisladas hacia Inglaterra, Brasil, Ecuador y África, pero ahora busca transformar esas experiencias puntuales en un esquema exportador estructurado. En paralelo, la compañía avanza en conversaciones con el centro de capacitación alemán DEULA-Nienburg para desarrollar un programa de formación técnica para su personal.

La combinación de ambos movimientos plantea una pregunta estratégica para el sector metalmecánico regional: ¿puede una pyme del interior argentino convertir la capacitación tecnológica y la profesionalización exportadora en una plataforma real de competitividad internacional?

Un programa público para ordenar la estrategia exportadora

La decisión de sumarse a Argentina Exporta se inscribe en un esquema de acompañamiento institucional diseñado para fortalecer la capacidad exportadora de las empresas. El programa asigna un asistente técnico durante 100 días, período en el que se realiza un diagnóstico del funcionamiento de la firma, se identifican áreas a mejorar y se diseña un plan de acción que incluye contactos de posibles importadores internacionales.

La ministra de Acción Cooperativa, Liliana Rodríguez, visitó la empresa en Oberá y destacó el proceso que atraviesa la firma familiar. Según explicó, el objetivo del programa es transformar la experiencia exportadora aislada en una estructura profesional de comercio exterior.

Durante la visita, Rodríguez mantuvo reuniones con Jorge Lory y David Lory, representantes de la segunda y tercera generación de la compañía. La empresa se especializa en maquinaria agrícola orientada a economías regionales, particularmente cosechadoras para cultivos característicos del nordeste argentino.

El enfoque institucional apunta a algo más que un acompañamiento técnico: busca consolidar una red de empresas capaces de competir en mercados externos con estándares comerciales y productivos más previsibles.

Alemania como referencia tecnológica y educativa

En paralelo al proceso de profesionalización exportadora, la empresa inició un acercamiento con el centro alemán DEULA-Nienburg, una academia dedicada a la formación en tecnología agrícola, gestión y mecanización.

El vínculo surgió a partir de una visita realizada por Jorge Lory a la feria Agritechnica, en Alemania, a fines de 2025. Durante ese viaje se abrió la posibilidad de enviar operarios del taller de Oberá a capacitarse en áreas vinculadas a la actividad metalúrgica.

Aunque el acuerdo aún no está formalizado, el contacto ya derivó en intercambios iniciales. Directivos del centro alemán visitaron Oberá durante su paso por Argentina rumbo a Expoagro, lo que permitió profundizar el diálogo sobre futuros programas de capacitación.

Mientras tanto, la empresa inició un proceso preparatorio interno: los operarios comenzaron clases de alemán, condición necesaria para participar en los programas formativos del centro europeo.

La iniciativa introduce una lógica poco habitual para pymes del sector metalmecánico regional: invertir en formación técnica internacional como parte de una estrategia de crecimiento industrial.

Redes, conocimiento y competitividad industrial

La estrategia de Lory Máquinas se sostiene en dos pilares complementarios. Por un lado, la incorporación a un programa público de promoción comercial que busca ordenar la estructura exportadora de la empresa. Por otro, la construcción de vínculos directos con centros de conocimiento tecnológico en Europa.

El enfoque tiene implicancias productivas concretas. La capacitación en tecnología agrícola, mecanización y metalurgia podría impactar en los procesos de fabricación de maquinaria para economías regionales, un segmento donde la innovación tecnológica empieza a definir diferencias de competitividad.

Al mismo tiempo, la profesionalización del comercio exterior abre la posibilidad de convertir exportaciones puntuales en operaciones más sistemáticas, ampliando la presencia de la empresa en mercados internacionales.

Para el entramado industrial de Misiones, el caso plantea un modelo de articulación entre política pública, formación técnica y estrategia empresarial.

Un proceso en desarrollo

La incorporación a Argentina Exporta y el acercamiento a DEULA-Nienburg no representan todavía un punto de llegada. Se trata más bien de una fase inicial en un proceso que combina aprendizaje institucional, inversión en conocimiento y construcción de redes internacionales.

En las próximas etapas será clave observar si el diagnóstico técnico del programa exportador se traduce en operaciones comerciales concretas y si las conversaciones con el centro alemán derivan en programas formativos efectivos para los trabajadores de Oberá.

La empresa ya tomó una decisión estratégica: abrir su estructura productiva al aprendizaje internacional y al comercio global. Lo que resta por ver es hasta qué punto esa apuesta logra transformar a una pyme metalmecánica regional en un actor más visible dentro del circuito de innovación agrícola.

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La guerra en Medio Oriente impacta en la economía argentina: energía más cara, presión inflacionaria y un posible impulso exportador

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La escalada militar en Medio Oriente tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán el 28 de febrero volvió a sacudir el tablero energético internacional y abrió un nuevo frente de incertidumbre para la economía argentina. El salto del precio del petróleo —que trepó USD 29,58, un aumento del 40,8%, y ya supera los USD 100 por barril— comienza a trasladarse a los combustibles locales y amenaza con alterar variables sensibles como inflación, salarios y actividad económica.

El fenómeno plantea una tensión clásica para economías emergentes como la argentina: el encarecimiento de la energía puede impulsar ingresos por exportaciones de petróleo y otros commodities, pero al mismo tiempo eleva los costos productivos, presiona sobre los precios internos y complica el equilibrio fiscal. La pregunta que empieza a recorrer despachos oficiales y análisis privados es si este shock externo terminará siendo un nuevo obstáculo para la estabilización económica o una oportunidad para sectores exportadores.

El movimiento ocurre además en un momento de fuerte heterogeneidad en la actividad local, con sectores que muestran señales de recuperación y otros que todavía enfrentan debilidad en el consumo y en los salarios reales.

Energía más cara: el impacto inmediato en precios, logística y subsidios

El aumento del petróleo ya empezó a sentirse en el mercado doméstico. Los combustibles registraron incrementos de entre 6% y 7%, con ajustes iniciales cercanos al 4% por parte de la petrolera estatal.

Ese traslado no queda limitado al sector energético. En Argentina, el 90% del transporte de cargas se realiza por camión, lo que convierte al gasoil en una variable clave para el costo logístico de la economía. Cuando sube el combustible, el impacto se expande rápidamente hacia la industria, el comercio y los alimentos.

La presión también se extiende a otros insumos energéticos. El encarecimiento del jet fuel repercute en el transporte aéreo y empuja el precio de los pasajes, mientras que el aumento del gas licuado de petróleo afecta tanto a hogares como a industrias que utilizan ese insumo en sus procesos productivos.

La cadena industrial tampoco queda al margen. El incremento del precio del gas y de los derivados petroquímicos eleva el costo de plásticos, resinas, fertilizantes y fibras sintéticas, productos que atraviesan múltiples sectores manufactureros, desde alimentos hasta textiles o autopartes.

En paralelo aparece un desafío para la política económica: el impacto fiscal. Un encarecimiento sostenido de la energía vuelve más delicado el esquema de subsidios. Si el Estado absorbe parte del shock para evitar aumentos tarifarios, el gasto público se incrementa; si lo traslada a tarifas, el costo energético recae directamente sobre hogares y empresas.

Un sistema energético todavía en transición

La estructura energética argentina introduce un matiz adicional. El país logró convertirse en exportador neto de energía a partir de la expansión del gasoducto que conecta la producción de Vaca Muerta con el sistema nacional. Sin embargo, esa mejora no eliminó completamente la dependencia de importaciones.

Durante el invierno, el sistema aún requiere compras de gas natural licuado (GNL) para cubrir picos de demanda. Si los precios internacionales se mantienen elevados, esas adquisiciones pueden encarecer la balanza energética y presionar sobre las cuentas públicas.

En otras palabras, el shock externo llega cuando la matriz energética argentina todavía se encuentra en un proceso de transición entre la dependencia histórica de importaciones y el nuevo rol exportador basado en el desarrollo del gas no convencional.

Exportaciones, tipo de cambio y riesgo financiero

El escenario global no ofrece únicamente riesgos. El encarecimiento de la energía y de otros commodities puede mejorar los ingresos de varios complejos exportadores.

Sectores como energía, minería y agro podrían beneficiarse de precios internacionales más altos, lo que incrementaría el ingreso de dólares por exportaciones. En un contexto donde la disponibilidad de divisas sigue siendo un factor crítico para la estabilidad macroeconómica, ese flujo adicional podría aportar un alivio parcial.

Además, un contexto internacional más volátil podría derivar en presiones cambiarias externas. Si se produjera algún ajuste en el tipo de cambio motivado por factores globales, ciertas ramas industriales orientadas a exportaciones ganarían competitividad.

Sin embargo, el escenario internacional también tiene riesgos financieros. La mayor incertidumbre global puede complicar la reducción del riesgo país y estimular movimientos de capital hacia economías consideradas más seguras, lo que tiende a mantener altas las tasas de interés en mercados emergentes.

Inflación, salarios y el impacto sobre el consumo

La variable que más preocupa en el frente doméstico es el traslado del shock energético a la inflación.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional señaló que un aumento sostenido del 10% en el precio del petróleo puede sumar 0,4 puntos porcentuales a la inflación global y restar entre 0,1 y 0,2 puntos al crecimiento económico mundial. En economías con alta sensibilidad a los costos logísticos y energéticos, ese impacto suele amplificarse.

En Argentina, el encarecimiento de la energía puede modificar los precios relativos dentro de la economía, con efectos directos sobre el poder adquisitivo de los hogares.

El contexto salarial no ofrece demasiado margen de absorción. Según datos oficiales, los salarios registrados cayeron más de 2% en términos reales durante 2025. En diciembre de ese año, los ingresos crecieron 2% nominal, mientras que la inflación fue 2,8%, lo que profundizó la pérdida de poder de compra.

La caída es más marcada si se observa el período desde el cambio de gobierno. Entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025, el salario real de los trabajadores registrados perdió 7,1%. Dentro de ese universo, el sector público acumuló una caída del 17,03%, mientras que el sector privado registró una baja del 1,55%.

Si el shock energético se traduce en mayor inflación, el salario real podría enfrentar una nueva presión en el corto plazo, con efectos directos sobre el consumo interno.

Un nuevo factor externo en una economía todavía frágil

El conflicto en Medio Oriente vuelve a exponer un rasgo estructural de la economía argentina: su vulnerabilidad frente a shocks externos, especialmente cuando provienen del mercado energético.

El desafío para la política económica será administrar una ecuación compleja. Por un lado, aprovechar el impulso que pueden ofrecer los precios internacionales más altos para las exportaciones. Por otro, evitar que el aumento de los costos energéticos termine erosionando la recuperación del consumo y del salario real.

En ese equilibrio se juega una parte importante de la dinámica económica de los próximos meses. El impacto final dependerá de variables que todavía están abiertas: la duración del conflicto internacional, la evolución de los precios de la energía y la capacidad del Gobierno para absorber —o trasladar— ese shock externo dentro de la economía local.

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