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Redes sociales nocivas para la salud

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Por Katrin Bennhold. Cecilia Kang, quien cubre temas de regulación de tecnología para el New York Times, anticipó lo que podría cambiar a raíz del juicio a Meta. ¿Podría el fallo sobre las redes sociales seguir el camino de los casos históricos de hace unas décadas contra las grandes tabacaleras? ¿Les llegó a las grandes empresas tecnológicas el equivalente al caso de las grandes tabacaleras?

“Es demasiado pronto para decirlo con certeza, pero es lo más cerca que hemos estado de ver una verdadera rendición de cuentas por parte de estas empresas de redes sociales.

Las grandes tabacaleras fueron objeto de escrutinio durante décadas, antes de que se reconociera universalmente que fumar hace daño. Así que la pregunta es: ¿empezarán los consumidores a alejarse de las redes sociales como lo hicieron de los cigarros?

Eso resulta muy inquietante para estas poderosísimas empresas tecnológicas. En esencia, han operado prácticamente sin regulación en Estados Unidos y han tenido muchísimo margen para desarrollar sus productos sin casi ninguna supervisión”.

Ya ha habido demandas contra empresas tecnológicas antes. ¿Qué cambió esta vez?

Lo que argumentan los abogados y los demandantes en estos casos es que la tecnología es perjudicial para las personas, igual que el tabaco, igual que los opioides.

Dicen que las empresas tecnológicas han creado plataformas adictivas. Herramientas como el desplazamiento infinito por la pantalla y las recomendaciones algorítmicas hacen que los usuarios quieran volver a por más y más, sobre todo los usuarios jóvenes, cuyos cerebros aún se están desarrollando y son susceptibles a este tipo de trucos técnicos.

Es una estrategia legal nueva e inteligente, porque sortea este poderoso escudo legal tras el que las empresas tecnológicas han podido esconderse durante tres décadas.

Háblame de ese escudo.

Ese escudo legal es una ley llamada Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones de 1996. Básicamente se trata de una protección de la libertad de expresión que establece que las empresas de internet no pueden ser consideradas responsables de lo que publiquen sus usuarios. Así que Meta puede decir: “Bueno, alguien dijo algo increíblemente difamatorio en Facebook, pero no puedes demandarnos. Solo puedes demandar a la persona que lo publicó”.

Pero lo que estamos viendo en estas demandas sobre la adicción a las redes sociales es que eluden el argumento de la libertad de expresión al decir: en realidad no nos preocupa la libertad de expresión. Nos preocupa la manera en que ustedes diseñaron sus plataformas para que sean perjudiciales y adictivas.

Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, fue llamado a declarar ante un tribunal de Los Ángeles en febrero. Mark Abramson para The New York Times

Meta y YouTube quieren apelar. ¿Qué probabilidades hay de que ganen?

No es imposible. La decisión de la semana pasada fue tomada por un jurado, es decir, personas comunes que simpatizaban con los argumentos de la demandante. Sin embargo, muchos expertos jurídicos dicen que un juez del tribunal de apelación podría ser más receptivo al argumento de las empresas de redes sociales: somos plataformas de expresión, deberían proteger la libertad de expresión.

La conclusión es que harán falta varios veredictos contra empresas tecnológicas antes de que tengamos un precedente legal infalible.

¿El veredicto de la semana pasada dará lugar a más demandas?

Definitivamente. Ya se han presentado más de 2000 casos. Y cuantos más casos se ganen, más crecerá la avalancha.

Tal vez los 6 millones de dólares que se otorgaron a una demandante la semana pasada no sean gran cosa para Meta y YouTube. Pero es suficiente para cambiar la vida de una persona. Además, la gente cree que esto es lo correcto, plantear un argumento legal completamente nuevo contra las empresas tecnológicas y hacerlas responsables.

Las batallas legales podrían durar años, ¿pero es posible que ya estemos viendo un cambio en la manera en que estas empresas son vistas?

No hay duda de que estos juicios afectan a la percepción que el público tiene de las redes sociales. Volviendo al tabaco, la industria tabacalera también ganó varios de sus casos. Pero en el proceso, la gente se enteró de cosas. Se dieron cuenta de que les habían mentido, de que los cigarros sí pueden provocar cáncer. Los juicios básicamente informaron a la población.

Creo que ahora estamos viendo algo parecido. Creo que a largo plazo esa es probablemente una amenaza más poderosa para las empresas de redes sociales que la amenaza legal. Lo que realmente temen es que el público diga: “Ya basta, estamos perdiendo a nuestros hijos por la adicción a las redes sociales”.

¿Cómo serían unas redes sociales más seguras para los niños? ¿Qué aspecto tendrían?

Hay cosas que las propias empresas de redes sociales podrían hacer, como desactivar las recomendaciones algorítmicas para los menores de edad.

Más allá de eso, se pueden prohibir para los menores de cierta edad. Se pueden prohibir en las escuelas. Se puede limitar el tipo de aplicaciones que se pueden descargar en los teléfonos.

¿Cuánto de esto está ocurriendo ya?

Australia ya implementó una prohibición de redes sociales para menores de 16 años, y otros países se encuentran en distintas etapas de considerar o aplicar restricciones por edad: Francia, España, Malasia e Indonesia. Estos son casos de estudio realmente interesantes.

Volviendo a la comparación con el tabaco, existen restricciones de edad para el consumo de tabaco. Y ahora se habla de incluir una advertencia en las redes sociales, similar a la de los paquetes de cigarros.

Información relacionada: El gobierno de Indonesia citó a representantes de Google y Meta, con el argumento de que las empresas no han cumplido una nueva ley que prohíbe a los menores de 16 años acceder a redes sociales.

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Zuckerberg defendió a Meta en un juicio histórico por adicción a redes sociales en menores

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El director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, declaró ante un jurado en Los Ángeles en el marco de un juicio que analiza si Instagram y otras plataformas fueron diseñadas deliberadamente para generar adicción en usuarios menores de edad.

La demanda fue presentada por una joven identificada como “Kaley” —hoy de 20 años—, quien sostiene que comenzó a usar Instagram a los 9 años y que las funciones adictivas de la aplicación la llevaron a desarrollar ansiedad, dismorfia corporal, pensamientos suicidas y a sufrir episodios de acoso y sextorsión. También utilizó YouTube desde los seis años, además de otras plataformas como TikTok y Snapchat, que alcanzaron acuerdos confidenciales antes del inicio del proceso.

Un juicio que puede marcar precedente

El caso es el primero de una serie de demandas similares en Estados Unidos y podría convertirse en un antecedente determinante para miles de reclamos judiciales de familias que responsabilizan a las redes sociales por una presunta epidemia de depresión, ansiedad y trastornos alimenticios en adolescentes.

Durante el proceso, se presentaron documentos internos que estimaban que millones de usuarios menores de 13 años utilizaban Instagram, pese a que la plataforma exige esa edad mínima.

Los 12 jurados deberán determinar si Meta y YouTube diseñaron deliberadamente sus algoritmos, sistemas de personalización y funciones para fomentar el uso compulsivo entre jóvenes, dañando su salud mental.

La defensa de Zuckerberg

En el estrado, Zuckerberg sostuvo que la compañía actuó “de una manera razonable” en materia de seguridad juvenil y defendió las herramientas implementadas por Meta, como controles parentales y cuentas especiales para adolescentes.

Además, reafirmó una postura que ya había expresado ante el Congreso en 2024: que “el cuerpo existente de trabajo científico” no demuestra un vínculo claro entre el uso de redes sociales y problemas de salud mental en jóvenes.

“Hay una suposición básica que tengo: si algo es valioso, la gente lo usará más”, afirmó el empresario. Ante esa declaración, el abogado Mark Lanier replicó que las personas adictas también tienden a incrementar su consumo. “Pienso que lo que decís puede ser cierto, pero no sé si aplica acá”, respondió Zuckerberg.

Diseño bajo la lupa

El juicio pone el foco exclusivamente en el diseño de las aplicaciones —algoritmos, mecanismos de recomendación y funciones de personalización— y no en el contenido generado por usuarios, ya que la legislación estadounidense otorga amplia inmunidad a las plataformas en ese aspecto.

En audiencias previas, el jefe de Instagram, Adam Mosseri, rechazó el término “adicción” y prefirió hablar de “uso problemático”. También declaró la psiquiatra Anna Lembke, quien explicó ante el jurado cómo las redes sociales pueden actuar como una “droga de entrada” para cerebros en desarrollo.

Paralelamente, Meta enfrenta otros procesos judiciales en distintos estados, incluyendo un caso en Nuevo México donde fiscales acusan a la compañía de priorizar ganancias por encima de la protección de menores frente a depredadores sexuales.

Lo que está en juego

El veredicto podría tener consecuencias complejas no solo para Meta, sino para todo el ecosistema tecnológico: desde multas millonarias hasta cambios estructurales en el diseño de plataformas digitales.

Más allá del resultado, el juicio marca un punto de inflexión en el debate global sobre el rol de las redes sociales en la salud mental infantil y juvenil.

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De la tapa del diario al algoritmo, cómo cambió el sistema informativo y por qué no estamos mejor informados

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El sistema de circulación de la información atravesó en los últimos años una transformación estructural que alteró de manera profunda la forma en que las sociedades se informan, construyen agenda pública y procesan la realidad. El desplazamiento del consumo informativo hacia redes sociales gobernadas por algoritmos redefinió el rol del periodismo, debilitó la centralidad de los medios tradicionales y fragmentó a las audiencias en burbujas cada vez más cerradas. El resultado es paradójico: nunca hubo tanta información disponible, pero eso no se tradujo en una ciudadanía mejor informada.

Durante décadas, la lógica era clara y previsible. La agenda se ordenaba de manera vertical: el diario marcaba los temas por la mañana, la radio los amplificaba durante el día y el noticiero televisivo los jerarquizaba por la noche. Había pocos emisores, millones de receptores y un recorrido informativo común. Ese sistema comenzó a resquebrajarse con internet, pero terminó de romperse cuando la información pasó a consumirse mayoritariamente en plataformas digitales.

Según mediciones del Pew Research Center, el 53% de los adultos en Estados Unidos afirma que hoy se informa a través de redes sociales, al menos de manera ocasional. La noticia dejó de tener un punto de entrada único y comenzó a circular fragmentada, desordenada y, muchas veces, sin un medio claramente identificable como origen.

Cuando compartir desplazó a informar

En una primera etapa, las redes sociales funcionaron como un complemento del ecosistema tradicional. Facebook replicaba titulares, Twitter amplificaba alertas informativas y YouTube alojaba fragmentos de noticieros. El periodismo seguía produciendo contenidos y las plataformas se limitaban a distribuirlos.

Ese equilibrio duró poco. Con el tiempo, la lógica algorítmica pasó a priorizar impacto, interacción y participación, desplazando la relevancia pública como criterio central de circulación. Hoy, el 38% de los adultos dice informarse regularmente a través de Facebook, mientras que el 35% lo hace desde YouTube. No porque esos espacios sean percibidos como medios, sino porque la información aparece integrada a la rutina cotidiana.

La noticia ya no se busca: se cruza.

En ese cruce, el problema no es solo la sobreabundancia de contenidos, sino el criterio de selección. Lo que circula con mayor fuerza no es necesariamente lo más importante, sino lo que genera reacción, emoción o conflicto. Compartir pasó a ser más relevante que informar, y el algoritmo se convirtió en el nuevo editor invisible del sistema.

Plataformas más chicas, consumo más intenso

Uno de los datos más disruptivos del nuevo ecosistema no proviene de las plataformas masivas, sino de aquellas con menor alcance general. Redes como TikTok y X concentran niveles muy altos de consumo informativo entre sus propios usuarios.

Más de la mitad de quienes utilizan TikTok afirma que se informa allí de manera regular, una cifra que hasta hace pocos años era marginal. En el caso de X, el porcentaje de usuarios que consume noticias supera ampliamente el promedio general de las redes sociales.

El contraste es contundente: menos usuarios totales, pero mayor intensidad informativa. Esto explica por qué plataformas que no son mayoritarias logran instalar temas, climas y marcos interpretativos que luego se expanden al resto del sistema mediático.

La agenda ya no se define solo por alcance, sino por densidad de consumo y capacidad de amplificación.

Del timeline al encuadre: la noticia como identidad

El cambio no fue únicamente tecnológico. Fue también narrativo y cultural. Cada plataforma impuso su propia gramática y transformó la manera en que se presenta y se interpreta la información.

En X, la noticia se traduce en conflicto y posicionamiento. En Instagram, en imagen y síntesis. En TikTok, en relato breve, emocional y personalizado. Un mismo hecho puede tener versiones completamente distintas según el entorno en el que circule.

La información dejó de funcionar como un punto de partida común y pasó a convertirse en un insumo para reforzar identidades, emociones y pertenencias. Los datos muestran además una segmentación marcada por edad, género, nivel educativo y orientación política. Los jóvenes consumen más noticias en plataformas visuales y de ritmo acelerado; las audiencias mayores se concentran en espacios más tradicionales. Incluso aparecen diferencias claras entre hombres y mujeres según la red utilizada.

El resultado es un ecosistema informativo fragmentado en múltiples burbujas, donde cada grupo accede a su propia versión de la realidad. Las redes dejaron de funcionar como canales: funcionan como territorios.

Un desafío institucional y político de fondo

En este contexto, el periodismo convive con algoritmos que priorizan impacto y participación y con audiencias que procesan la información en entornos atravesados por emociones e identidades. La agenda pública se construye en tiempo real bajo reglas que ningún actor controla por completo y donde la visibilidad depende tanto del contenido como de su capacidad de circular.

Para la comunicación institucional, corporativa y política, este escenario redefine las reglas del juego. Ya no alcanza con emitir mensajes claros ni con ocupar espacios en medios tradicionales. La reputación se construye en múltiples capas simultáneas, muchas de ellas fuera del control directo de las organizaciones.

Un comunicado puede ser correcto pero irrelevante. Una información precisa, pero invisible.

Informar vuelve a ser un desafío complejo. En un sistema donde más de la mitad de la población se informa fuera de los medios tradicionales, el riesgo no es solo no ser escuchado, sino ser leído fuera de marco, sin contexto y sin jerarquía. La pregunta que queda abierta no es solo cómo circula la información, sino qué tipo de ciudadanía informativa se está construyendo bajo la lógica del algoritmo.

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La Justicia española obliga a Meta a indemnizar a medios por 479 millones

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Fallo histórico en España, condenan a Meta a pagar 479 millones de euros a la prensa digital por uso ilícito de datos

El Juzgado Mercantil N.° 15 de Madrid ordenó a Meta compensar con 479 millones de euros a 87 editoras y agencias agrupadas en la Asociación de Medios de Información (AMI), al determinar que la empresa obtuvo una ventaja competitiva indebida en el mercado publicitario mediante el uso de datos personales extraídos de Facebook e Instagram, en violación del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). ADEPA calificó el fallo como un precedente histórico para el ecosistema digital.

La resolución judicial y los fundamentos: uso indebido de datos y ventaja competitiva en el mercado publicitario

El fallo del Juzgado Mercantil N.° 15 de Madrid marca un hito en la disputa global entre plataformas tecnológicas y medios de comunicación. La sentencia condena a Meta a pagar 479 millones de euros a 87 editoras de prensa digital y agencias de noticias integradas en la Asociación de Medios de Información (AMI), tras concluir que la empresa obtuvo “una posición de ventaja competitiva significativa” en el mercado publicitario local.

La Justicia española determinó que Meta utilizó datos personales de usuarios de Facebook e Instagram mediante un tratamiento contrario al Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). El fallo afirma que, tras la entrada en vigor del reglamento europeo, la compañía “sustituyó el consentimiento del usuario por la necesidad de ejecución del contrato” para justificar la recopilación y uso de información personal, un mecanismo que el tribunal consideró inválido para prácticas de publicidad comportamental.

Además de la compensación global, la sentencia ordena pagar 2.570.000 euros al Grupo Europa Press y 13.563 euros a Radio Blanca, en concepto de daños económicos derivados de la pérdida de competitividad frente a Meta.

Reacción del sector y alcance del precedente

La decisión judicial provocó repercusión inmediata en el ámbito editorial. En un comunicado, ADEPA destacó el carácter trascendental del fallo: “La sentencia representa un precedente histórico porque reconoce que el modelo de negocio publicitario de Meta, basado durante años en el tratamiento ilícito de datos personales, generó un daño económico directo a los medios digitales que sí estaban obligados a cumplir el RGPD y que no podían competir en igualdad de condiciones”.

La entidad subrayó que la decisión judicial confirma una percepción sostenida por la industria en los últimos años:
“En la práctica, el fallo valida que parte de la caída de ingresos publicitarios del sector no fue solo un fenómeno de mercado, sino el resultado de una ventaja competitiva indebida de la plataforma”, añadió ADEPA.

El pronunciamiento judicial se incorpora así a un debate global sobre el equilibrio entre plataformas tecnológicas y empresas periodísticas, especialmente en torno al uso de datos, la transparencia en la publicidad digital y la supervivencia económica de los medios. Aunque el fallo se circunscribe al ámbito español, su impacto potencial se extiende a otros mercados regulados que aplican normativas equivalentes al RGPD.

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Los más ricos: Elon Musk vuelve a la cima con un patrimonio de casi 500.000 millones de dólares

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Elon Musk se convirtió nuevamente en la persona más rica del planeta, tras alcanzar brevemente el inédito umbral de los US$ 500.000 millones en patrimonio neto. Aunque cerró el mes ligeramente por debajo de esa cifra —con US$ 497.000 millones al 1° de noviembre— el empresario sudafricano sumó US$ 6.000 millones en octubre, ampliando su ventaja sobre Larry Ellison en más de US$ 28.000 millones.

El impulso vino de una suba del 3% en las acciones de Tesla, mientras que Oracle, la firma de Ellison, retrocedió un 7% y redujo su valor de mercado. El fundador de Oracle finalizó octubre con una fortuna de US$ 320.000 millones, afectado por la corrección en el negocio de infraestructura en la nube y la revisión de márgenes vinculados a su alianza con OpenAI.

El desempeño bursátil de octubre también reconfiguró el ranking global: Jeff Bezos (Amazon) subió al tercer puesto con US$ 254.000 millones, tras un incremento del 11% en las acciones de su empresa. En cambio, Mark Zuckerberg (Meta) perdió US$ 29.000 millones por la caída del 12% en los papeles de la compañía, y descendió al quinto lugar.

Los cofundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, fueron los grandes ganadores del mes: las acciones de Alphabet subieron un 16%, impulsadas por buenos resultados trimestrales. Page aumentó su fortuna en US$ 30.000 millones hasta los US$ 232.000 millones, mientras Brin sumó US$ 28.000 millones, alcanzando los US$ 215.000 millones.

En el extremo inferior del top 10, Michael Dell volvió al grupo selecto con una fortuna de US$ 155.000 millones, tras la suba del 14% en las acciones de Dell Technologies y del 12% en Broadcom. El histórico inversor Warren Buffett, en cambio, quedó fuera por primera vez en años, con US$ 143.000 millones.

Puesto Nombre Fortuna (US$ miles de millones) Variación mensual Fuente principal
1Elon Musk497+6Tesla, SpaceX, xAI
2Larry Ellison320-22Oracle
3Jeff Bezos254+22Amazon
4Larry Page232+30Google
5Mark Zuckerberg223-29Meta
6Sergey Brin215+28Google
7Bernard Arnault183+23LVMH
8Jensen Huang176+14Nvidia
9Steve Ballmer156=Microsoft, LA Clippers
10Michael Dell155+14Dell Technologies

El contexto detrás del poder financiero

El ranking refleja cómo la inteligencia artificial y la tecnología continúan dominando la creación de riqueza global, pese a la volatilidad del mercado. De los diez primeros puestos, siete están ocupados por fundadores o ejecutivos de empresas tecnológicas que se benefician directamente del auge de la IA, la nube y los semiconductores.

En conjunto, los diez multimillonarios más ricos del mundo acumulan US$ 2,4 billones, lo que equivale al 10% del PIB de Estados Unidos. Durante octubre, sumaron US$ 100.000 millones, un aumento del 4% respecto a septiembre, impulsado por la recuperación del S&P 500 (+2%).

Mientras Musk consolida su liderazgo con un patrimonio sin precedentes, Forbes advierte que el ranking podría volver a cambiar pronto: los accionistas de Tesla votarán el 6 de noviembre un paquete de compensación que podría convertirlo en el primer billonario de la historia.

La mujer más rica del mundo

En un universo financiero dominado por hombres, Alice Walton, heredera del imperio Walmart, se mantiene como la mujer más rica del planeta, con una fortuna estimada en US$ 110.000 millones al 1° de noviembre de 2025. Hija del fundador de la cadena, Sam Walton, Alice no participa activamente en la gestión de la empresa, pero es una figura central en la filantropía y en el arte: dirige la Crystal Bridges Museum of American Art en Arkansas, una institución que se ha consolidado como uno de los epicentros culturales del país. Su posición la ubica en el puesto 15 del ranking global, por encima de magnates de sectores como energía, banca o moda de lujo.

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