FAKE NEWS

Economis se suma a Reverso, un consorcio de medios contra las fake news de la política

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No eran del día de la presentación del libro “Sinceramente” de Cristina Fernández de Kirchner los colectivos estacionados en una avenida. No era “trucho” el título de ingeniero civil de Mauricio Macri. Era falso el posteo que señala que Roberto Lavagna cobra una jubilación de 17 mil dólares. ¿Vamos a dejar que las mentiras se cuelen sin más en la próxima elección presidencial? La respuesta es “no”.

Las elecciones presidenciales están a la vuelta de la esquina y con ellas llegarán meses de circulación intensiva de fotos, videos y mensajes políticos que será necesario chequear. La experiencia internacional confirma que la mala información abunda en períodos electorales, en especial en contextos de alta polarización, como el que se vive en la Argentina. Ante este desafío nace Reverso, un proyecto colaborativo inédito en el país, impulsado y coordinado por AFP Factual, Chequeado, First Draft y Pop-Up Newsroom, en el que más de 60 medios y empresas de tecnología se unen para intensificar la lucha contra la desinformación con chequeos que podrán ser publicados en simultáneo por todos los aliados.

Una mentira es una mentira y este proyecto prueba que, en eso, todos los medios podemos estar de acuerdo. En Reverso participan medios grandes y pequeños, nativos digitales y los que se suelen llamar medios “tradicionales”, como diarios, radios o TV. Jamás se habían aliado tantos medios y tan diversos en una iniciativa editorial. Podrán sumarse otros, siempre que se comprometan a respetar los principios establecidos por el consorcio.

Por qué Reverso

Intencionalmente, el nombre retoma el juego de palabras: la información verificada y confiable de #ReversoAr será la contracara de la desinformación que circule a través de las redes sociales, canales de mensajería instantánea y medios durante la campaña presidencial de 2019. Esta iniciativa retoma las enseñanzas de otras que se hicieron en diferentes países: “CrossCheck” en Francia, “Electionland” en los Estados Unidos, “Verificado” en México, “Comprova” en Brasil y más recientemente “Checkpoint” en India y “Comprobado” en España.  

En qué consiste la alianza

Se trata de un consorcio de organizaciones internacionales, medios y empresas para capacitar a periodistas de todo el país en técnicas de monitoreo y verificación de contenidos virales, y para producir y difundir en conjunto y simultáneo artículos y piezas audiovisuales que pongan en evidencia la desinformación que circule durante el proceso electoral. Habrá medios que serán aliados difusores y otros que además serán aliados productores, pero todos participarán en alguna de las 12 capacitaciones que brindará  Reverso en los próximos dos meses en 11 provincias del país y la ciudad de Buenos Aires y que comenzarán este viernes 17 de mayo en la ciudad de Mendoza. Lo que se busca es que los ciudadanos tengan mejor información disponible.

Esta alianza pretende potenciar lo mejor de la experiencia nacional e internacional. Chequeado y First Draft trabajarán juntos en el desarrollo de los materiales de capacitación para periodistas y, luego de los comicios, en investigaciones en profundidad. Pop-Up Newsroom aportará su experiencia en el desarrollo del workflow de la producción y difusión en conjunto por parte de un gran número de redacciones y trabajará con Chequeado en el desarrollo de tecnología para agilizar el trabajo periodístico; y AFP Factual, el blog de fact-checking de la Agencia France-Presse, y Chequeado serán los responsables de la mesa central de edición.

Cómo funcionará, dónde podrás verlo y hasta cuándo

Reverso tendrá una redacción descentralizada en todo el país que conformarán los medios aliados productores y contará con una mesa central que funcionará en la redacción de Chequeado. El equipo revisará permanentemente redes sociales y tendencias con herramientas de monitoreo para saber qué información se está compartiendo más y analizar si se trata de contenido verdadero, engañoso, falso o que es imposible comprobar. Todos los medios que formen parte de Reverso, como aliados productores o aliados difusores, podrán difundir los contenidos que se produzcan en el marco de la alianza para luchar contra la desinformación y brindarles a sus lectores, radioescuchas y televidentes información verificada y confiable.

Reverso comenzará a publicar contenido en www.ReversoAr.com el 11 de junio y finalizará el 11 de diciembre luego de que asuma el gobierno elegido. Las redes sociales de la alianza serán @ReversoAr en Facebook, Instagram, Twitter y YouTube. Además, podrás contactarte vía WhatsApp en ReversoAr.com/whatsapp

Quiénes nos respaldan

La iniciativa cuenta con el apoyo económico y tecnológico de Facebook Journalism Project, Google News Initiative, Luminate y WhatsApp, quienes financian las capacitaciones que se harán en todo el país y al equipo de periodistas que trabajará en la redacción central de Reverso.

Twitter también será parte de esta acción común y permitirá usar distintas herramientas de la plataforma como listas o “ads for goods”, para promover a la iniciativa y que los tuits de la misma tengan mayor alcance y visibilidad  en el feed.

Facebook, además, notificará sobre las historias más compartidas entre las cuentas argentinas para detectar posibles desinformaciones y avisará a sus usuarios de los contenidos verificados.

Google, además, aportará infraestructura con capacidad de cómputo en la nube, dará apoyo con herramientas de verificación y ayudará a interpretar las tendencias de búsqueda que reflejen Google Trends para comprender qué están buscando los argentinos vinculado con el proceso electoral.

Luminate apoya desde hace 4 años al equipo de Chequeado en el desarrollo de herramientas y proyectos innovadores como Reverso para combatir la desinformación y mejorar la calidad del debate público.

WhatsApp ayudará a que Reverso tenga la mejor interacción posible con la plataforma de mensajería usada por millones de argentinos. Los usuarios podrán reenviar mensajes a su línea oficial para que un equipo de periodistas los verifique. Estos mensajes también se usarán para crear una base de datos para estudiar y comprender mejor la propagación de la desinformación.

El objetivo de todos los aliados es sencillo: darles herramientas a los ciudadanos para saber qué es cierto y qué es falso, sin importar su origen, y desalentar así a quienes utilicen contenidos desinformantes para influenciar los votos en estas elecciones de 2019.

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*Listado de medios: 0223, A24, ADN Sur, Agencia Presentes, AM 750, Anfibia, BAE Negocios, BBC Mundo, C5N, Canal 13, Canal 9, Clarín, Diario Huarpe, Diario Jornada, Diario Popular, Diarios Bonaerenses, Economis, El Cronista, El Día, El Liberal, El Litoral, El Territorio, El Tribuno, Filo.News, FM La Redonda, Infobae, Izquierda Diario, La Capital, La Capital de Mar del Plata, La Gaceta, La Izquierda, Diario, La Nación, La Nota, La Nueva, La Voz del Interior, LatFem, Los Andes, LT17 Radio Provincia Misiones, LU2, Marcha, MDZ online, MDZ Radio, Mega 98.3, Mendoza Post, Minutouno.com, Misiones Online, Nodal, Página 12, Periódicas, POP Radio, QUÉ Digital, Radio Mitre, Radio10, RedAcción, Revista Hamartia, Río Negro, Telefe, Tiempo de San Juan, Tiempo del Este, TN, Unidiversidad, UNO, vaga fiebre.

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¿Los abogados pueden caer en información falsa y perjudicar su estrategia legal?

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Por María Belén Alvarez Echazú, Abogada y Periodista. La difusión de noticias falsas (fake news) en Internet es uno de los mayores desafíos -y problemáticas- que hoy debe enfrentar la audiencia digital a la hora consumir información publicada por los medios de comunicación. En este contexto de sobrecarga informativa con trampas, repasamos con Fernando Tomeo, abogado especialista en tecnología y profesor de la Universidad de Buenos Aires, el fenómeno en alza y nos preguntamos si puede llegar a afectar el ejercicio profesional de los colegas.
Las fake news consisten en la difusión intencionada de desinformación a través de las plataformas y medios digitales, redes sociales y medios de comunicación tradicionales. Esta problemática tiene un gran impacto en Internet donde las noticias se difunden a gran velocidad y de manera global. “Conceptualmente, es mentira. Es desinformación. Es falta de verdad”, resumió Tomeo.
El fenómeno no escapa a la agenda global y regional. Por ejemplo, en las últimas elecciones presidenciales de Brasil se registraron una gran cantidad de noticias falsas en las redes sociales, impulsadas por simpatizantes de los dos candidatos: Jair Bolsonaro y Fernando Haddad.
A esto se suma, la intromisión de Rusia en las elecciones presidenciales de Estados Unidos donde Donald Trump se consagró ganador. No son casos aislados. Al menos 18 países vieron afectadas sus elecciones entre 2016 y 2017 por la proliferación de noticias falsas online, advirtió la ONG Freedom House en su informe “Libertad en la Red 2017: Manipulación de redes sociales para socavar la democracia”.
Peor aún, otro documento elaborado por Knight Foundation, alertó que el 89% de las cuentas de Twitter que difundieron las fake news de la campaña siguen activas y publican más de un millón de tuits por día. Por esta razón, ya varios actores alrededor del mundo tomaron cartas en el asunto y hasta un puñado de gobiernos se aventuró a debatir y sancionar regulación específica.
Entre ellos, Malasia, en 2018, sancionó una de las primeras leyes “anti fake news” que impuso severas multas y penas de hasta seis años de cárcel por crear, publicar o diseminar noticias “total o parcialmente falsas” que afecten al país o a sus ciudadanos. Alemania, por su parte, en 2017 sancionó una ley que obliga a las redes sociales a eliminar contenido falso y de odio de sus plataformas o enfrentarse a elevadas multas.
Ahora bien, la difusión intencionada de desinformación no solo afecta los procesos electorales. “Pueden afectar un Estado de Derecho y el proceso electoral como sucedió con Donald Trump, pero también pueden afectar otros intereses muy importantes como es la reputación de una persona, la imagen de una compañía y el honor. Las plataformas que favorecen la circulación de información falsa, favorecen la afectación de derechos personalísimos fundamentales y estructurales de las persona”, explicó Tomeo.
¿La audiencia digital es consciente de las consecuencias de la desinformación?
La gente, según Tomeo, no siempre evalúa adecuadamente el contenido que está consumiendo. “Por la necesidad del ‘ya’, las personas a veces escanean y directamente reenvían la información. No hay una conciencia de evaluar lo que se está leyendo y la fuente de dónde viene”, subrayó.
En esa línea, un trabajo de investigadores del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), publicado por la revista Science, concluyó que las informaciones falsas se difunden “significativamente más lejos, más rápido, más profunda y ampliamente” que las verdaderas “en todas las categorías de información”.
El mismo grupo de expertos también precisó que las informaciones falsas reciben un 70% más retuits que las veraces. Del análisis de 126.000 afirmaciones difundidas en Twitter, entre 2006 y 2017, los investigadores determinaron que las mentiras, además, triunfan porque suelen provocar respuestas de temor, indignación y sorpresa.
En este contexto, ¿los abogados también pueden caer en información falsa y perjudicar el estudio de un caso?
Para el especialista en tecnología, la información es la base de la estrategia legal. Entonces, el abogado, como cualquier integrante de la audiencia digital, puede ser víctima de las fake news y afectar su trabajo. “Hay información exagerada, desvirtuada y fuera de contexto”, advirtió.
Para hacer frente a esta problemática, Tomeo remarcó que debe haber una reacción proactiva de las redes sociales. “No hay que esperar a ser notificados para evaluar dar de baja las fake news , esto tiene que ser al revés. Tiene que haber un control interno desde las redes sociales para esto no suceda y externo desde el Estado para que se generen mecanismos de prevención y eliminación”, sostuvo.
Además del debate sobre nueva regulación y mecanismos de control, en el último tiempo, los gigantes de la Internet -como Facebook avanzaron con alianzas de fact-checking con el propósito de lograr verificar el contenido publicado y exponer las noticias falsas.
No obstante, los actores involucrados -por solo enumerar: medios de comunicación, sociedad civil, gobiernos y expertos- destacan la importancia del acceso a una “información de calidad con fuentes verificables” y una “audiencia alerta”.

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TN reconoció como una fake news la alerta de fiebre amarilla en Cataratas

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A través de una nota en su sitio web, el canal de noticias del grupo Clarín, TN reconoció que “una fake news o información falsa había vinculado días atrás la provincia de Misiones como un posible foco de esta enfermedad pero esto fue descartado de plano por los funcionarios responsables del área de Salud locales”.
La publicación en el sitio de TN fue realizada esta madrugada. Desde la provincia garantizaron la seguridad en materia de salud pública. La provincia está libre de esta enfermedad desde hace 11 años.
El Gobierno nacional reiteró que está garantizada “la normal distribución” de vacunas contra la fiebre amarilla y habilitó nuevos centros de vacunación en la Ciudad de Buenos Aires frente a la creciente demanda de turistas que viajan a diferentes destinos donde existe posibilidad de infección.
La recomendación para vacunarse está dirigida especialmente a las personas que proyecten viajar a los estados brasileños de Paraná, Santa Catarina y Río Grande do Sul; la excepción son algunos estados del nordeste brasileño, pero para el resto del territorio del país vecino continúa vigente la sugerencia.
En este marco es clave remarcar que el noreste argentino permanece libre de fiebre amarilla. Una fake news o información falsa había vinculado días atrás la provincia de Misiones como un posible foco de esta enfermedad pero esto fue descartado de plano por los funcionarios responsables del área de Salud locales.
“No se registran casos de fiebre amarilla en humanos ni en monos desde hace más de 11 años”, indicó Walter Villalba, ministro de Salud Pública de Misiones. Por su parte, su par de Turismo, José María Arrúa, se refirió al impacto de la noticia sobre el flujo de visitantes y aseguró que Misiones está trabajando para que el turista se sienta seguro, tranquilo y protegido.
Recordaron además que desde el 2005, la Provincia estableció como obligatoria la aplicación de la vacuna contra la fiebre amarillla, contando a la fecha con una población inmunizada del 95%, que actúa de escudo sanitario y 354 centros de salud en los que pueden solicitar de manera gratuita las vacunas necesarias.
En conclusión, las autoridades sanitarias y de turismo de Misiones garantizaron que se podrá disfrutar de todos los atractivos de la provincia, como lo son las Cataratas sin preocupación alguna sobre la fiebre amarilla.

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Francisco habló de “las fake news y el periodismo de paz”

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En el marco de la 52 Jornada Mundial por las Comunicaciones Sociales, el Papa Francisco emitió un comunicado donde habla de las fake news y el periodismo de paz.
«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32). Fake news y periodismo de paz
Queridos hermanos y hermanas: En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.
Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf. Gn 4,1-16; 11,1-9). La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.
Hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas «fake news». Dicho fenómeno nos llama a la reflexión; por eso he dedicado este mensaje al tema de la verdad, como ya hicieron en diversas ocasiones mis predecesores a partir de Pablo VI (cf. Mensaje de 1972: «Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad»). Quisiera ofrecer de este modo una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la
comunicación de la verdad.
1. ¿Qué hay de falso en las «noticias falsas»?
«Fake news» es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida online o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.
La eficacia de las fake news se debe, en primer lugar, a su naturaleza mimética, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración. Su difusión puede contar con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De este modo, los contenidos, a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen.
La dificultad para desenmascarar y erradicar las fake news se debe asimismo al hecho de que las personas a menudo interactúan dentro de ambientes digitales homogéneos e impermeables a perspectivas y opiniones divergentes. El resultado de esta lógica de la
desinformación es que, en lugar de realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo, se corre el riesgo de convertirse en actores involuntarios de la difusión de
opiniones sectarias e infundadas. El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad.
2. ¿Cómo podemos reconocerlas?
Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados. Por eso son loables las iniciativas educativas que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento. Son asimismo encomiables las iniciativas institucionales y jurídicas encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno, así como las que han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de millones de perfiles digitales.
Pero la prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder.
Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el Libro del Génesis, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera fake news (cf. Gn 3,1-15), que llevó a las trágicas consecuencias del pecado, y que se concretizaron luego en el primer fratricidio (cf. Gn 4) y en otras innumerables formas de mal contra Dios, el prójimo, la sociedad
y la creación.
La estrategia de este hábil «padre de la mentira» (Jn 8,44) es la mímesis, una insidiosa y peligrosa seducción que se abre camino en el corazón del hombre con argumentaciones falsas y atrayentes. En la narración del pecado original, el tentador, efectivamente, se acerca a la mujer fingiendo ser su amigo e interesarse por su bien, y comienza su discurso con una afirmación verdadera, pero sólo en parte:«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,1). En realidad, lo que Dios había dicho a Adán no era que no comieran de ningún árbol, sino tan solo de un árbol: «Del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás» (Gn 2,17). La mujer, respondiendo, se lo explica a la serpiente, pero se deja atraer por su provocación:«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”» (Gn 3,2). Esta respuesta tiene un sabor legalista y pesimista: habiendo dado credibilidad al falsario y dejándose seducir por su versión de los hechos, la mujer se deja engañar. Por eso, enseguida presta atención cuando le asegura: «No, no moriréis» (v. 4).
Luego, la deconstrucción del tentador asume una apariencia creíble: «Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (v. 5). Finalmente, se llega a desacreditar la recomendación paternal de Dios, que estaba dirigida al bien, para seguir la seductora incitación del enemigo: «La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable» (v. 6). Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.
De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.
Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación. 
3. «La verdad os hará libres» (Jn 8,32)
La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la
verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás. Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (Los hermanos Karamazov, II,2).
Entonces, ¿cómo defendernos? El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas.
La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, «no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘aman, de la cual procede también el Amén litúrgico. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).
Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.
4. La paz es la verdadera noticia
El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.
Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos. Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal.
Por eso, inspirándonos en una oración franciscana, podríamos dirigirnos a la Verdad en persona de la siguiente manera:
Señor, haznos instrumentos de tu paz. Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.
Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios. Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas. Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:
donde hay ruido, haz que practiquemos la escucha;
donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;
donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;
donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;
donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;
donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos;
donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;
donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;
donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.
Amén.
Francisco

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¿La mentira es el mensaje?

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Desinformación, (in)comunicación y noticias falsas en tiempo de crisis de representación
Los últimos dos años trajeron consigo algunos eventos políticos globales de gran trascendencia. La conmoción frente al rechazo de los colombianos del acuerdo de paz con las FARC, el ‘Brexit” y la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, fueron tres eventos políticos que dejaron en evidencia que la racionalidad no es la única variable que juega a la hora de tomar decisiones en política, al tiempo que mostraron el fracaso de las encuestas como herramientas de medición de la realidad y de predicción de los eventos políticos y sociales.
En ese contexto, en el último tiempo se ha puesto mediáticamente de moda el término “post-truth” o “posverdad” en español.  Se trata de un neologismo que fue elegido por el Diccionario de Oxford como la palabra del año 2016 y que ha tenido importante trascendencia mediática, aunque su significado no  ha mostrado hasta el momento mayor desarrollo conceptual desde lo académico y sigue sonando ambiguo. No obstante, aquí deslizamos algunas líneas de reflexión para ir pensando las nuevas formas de comunicación política. 
Desinformación e (in)comunicación en tiempo de crisis de representación
Es un hecho que los ciudadanos dependemos de los medios de comunicación y cada vez más de las redes sociales para informarnos de la actualidad de los asuntos públicos y en general del mundo en el que vivimos, y es un hecho que estos funcionan como un sistema de educación informal.
Consumimos información permanentemente. Todo el tiempo devoramos datos en las pantallas: en el teléfono, en la computadora, en las tabletas, en la televisión; y sin embargo, retenemos apenas algunas imágenes, algunos mensajes, muchos de los cuales ni siquiera nos resultan útiles para tomar las decisiones cotidianas que debemos hacer todo el tiempo. A ello se le suma una crisis de representación en los ámbitos político, periodístico y cultural. Una crisis que es de larga data y que además es global.
Frente al exceso de información, estamos cada vez más desinformados sobre los temas que realmente importan. Y ante al exceso de conexión, nos encontramos cada vez menos comunicados interpersonalmente, replegados en el ámbito de lo privado y desmovilizados ante los temas que impactan directamente en nuestras vidas. Y tenemos, sin embargo, la ilusión de estar participando activamente de la vida colectiva. Nos hacemos la idea de que estamos formando parte, de que estamos opinando y participando de la democracia. Nunca antes los pares sobreinformación-desinformación y conectados-desmovilizados tuvieron tanta vigencia como hoy.
Así, la combinación entre desinformación, (in)comunicación y crisis de representación constituye el caldo de cultivo ideal para la eficacia comunicacional de la “posverdad”, entendida como un  estilo de comunicación y propaganda en el que la información que devoramos continuamente es considerada a priori como relevante y verdadera, no por su adecuación con los hechos, sino en virtud de cuánto coinciden con nuestras creencias, nuestros gustos y nuestras emociones. Hoy más que nunca nos exponemos permanentemente a estímulos sin filtros de lo más irracional de los internautas. Son estímulos que, en lugar de poner en duda nuestros esquemas mentales (lo que sería muy saludable), lo que hacen es apelar a los prejuicios y estereotipos, que por lo general terminan por reforzarse. Básicamente porque buscamos informaciones que confirmen nuestras creencias y expectativas.
La vedette de la fiesta comunicacional de la “posverdad” es la comunicación política: una máquina de producir micro historias en las que la apariencia se vuelve ficción: como una obra literaria, como un cuento o una novela que, al ser texto escrito, es verdadero en sí. Fin de la historia.
¿Fin de la historia?
Una cosa es afirmar con Nietzsche que no hay hechos sino interpretaciones, y que el poder seria el poder de imponer una versión de  la realidad como si fuera LA verdad de todos. Otra muy distinta es sencillamente asumir que en lugar de hechos lo que hay son invenciones deliberadas fomentadas por la propaganda sensacionalista, y que entonces, todo es susceptible de ser difundido masivamente.  Aquí está precisamente el meollo del asunto. Se trata de una historia vieja sobre la que se ha debatido ampliamente. Basta con leer las producciones de Walter Lippmann (1922) cuando analizó la cuestión de la mediatización como generadora de opiniones e ideas, para señalar que el comportamiento del individuo está determinado en gran medida por lo que “cree ver”. O la reflexión del emblemático Robert Park (editada en 1955) sobre el rumor como forma de control social.
Insisto en que no es un fenómeno nuevo. Sabemos desde hace largos años con Noelle-Neumann (1977) que las opiniones están ligadas a tradiciones, valores, prejuicios o modas antes que a posturas racionales. El condimento novedoso que marca la actualidad es que cuando una información se echa a rodar en las redes, por más disparatada o imposible que suene es tomada como cierta y replicada instantáneamente millones de veces: primero por perfiles robotizados que se cuelan en las redes con información que después termina siendo compartida y viralizada por usuarios de carne y hueso. La viralización entonces explota y se vuelve incontrolable.  En términos de credibilidad, está demostrado que una noticia resulta mucho más confiable cuando uno de nuestros contactos bien reputados la comparte. Porque funciona como una suerte de líder de opinión que realza el valor de la creencia frente al dato y la potencia de su masificación.
Se genera entonces en las redes un “clima de opinión” que marca tendencias globales y que se ubica  rápidamente en una especie de altar de la irrefutabilidad de la que es muy difícil sacarlo.  Y más cuando los medios tradicionales, en virtud de las propias condiciones de elaboración de las noticias (exigencia de primicias rápidas que impacten y que vendan, falta de tiempo para  buscar datos de primera mano, falta de recursos para investigar, pereza mental), replican las historias viralizadas; la mayoría de las veces sin procesarla.
El resultado: millones de personas consumen al mismo tiempo exactamente la misma información y la adecuación del relato con la realidad directamente es evaluada como innecesaria. Dicho de otro modo: que algo aparente ser cierto es más importante que la propia verdad. Y diría más: cuanto más fantasiosa suena una historia, más se replica en las redes y más éxito tiene. Ejemplo de ello fue el supuesto respaldo del Papa Francisco a la candidatura de Donald Trump, algo que nunca sucedió. La supuesta noticia se viralizó y alcanzó un millón de interacciones en Facebook.
Si bien para la filosofía el límite entre realidad y ficción es prácticamente imposible de establecer (porque nos llevaría a la pregunta por la verdad), y aún cuando coincidimos largamente en que “un hecho es solamente un hecho en algún universo del discurso”, tal como señalara oportunamente Robert Park, la historia cambia cuando nos referimos a políticas públicas y a decisiones que impactan directamente en la vida de millones de ciudadanos. En este caso, inquietante que tengan mayor eficacia comunicacional el rumor, las noticias falsas, la propaganda y la mentira a secas.
Estamos en un momento en el que todo es susceptible de ser cuestionado y al mismo todo es susceptible de ser creíble más allá de los hechos. Habitamos una auténtica guerra de información que no es nueva pero que presenta condimentos novedosos. Uno de ellos es que en muchos casos la fuente de información es prácticamente imposible de rastrear, y por lo tanto, se vuelve muy dificultoso poder definir la responsabilidad sobre lo dicho.
A tal punto las noticias falsas cuyo origen es muy difícil de definir son tendencia en las redes, que existen portales dedicados exclusivamente a difundirlas. Y en la vereda opuesta, ya son tendencia los sitios web dedicados a desenmascararlas. Ejemplo de esto último son la web estadounidense Snopes.com, dedicada a desvelar el origen de las historias falsas. Desde Alemania el portal hoaxmap.org lucha contra la difusión de noticias falsas sobre los refugiados. En Viena, el grupo  Mimikama recibe consultas sobre informaciones falsas, las investiga y las corrige. Los objetivos de estos portales, a su vez, también deberían ser puestos en cuestión por la misma lógica que venimos planteando. Y fundamentalmente porque las campañas de desinformación no tienen estéticas especiales ni barreras ideológicas: atraviesan las prácticas políticas y son de derecha, de centro y de izquierda.
No hace falta ir tan lejos para advertir el fenómeno: basta con ver los artículos que abundan en internet sobre cómo detectar noticias falsas como sistemas antiengaños. También, recientemente desde Google anunciaron que implementaron una actualización que restringe los avisos publicitarios en los sitios de noticias falsos. También la red social Facebook, una de las principales plataformas de distribución de noticias a nivel global, anunció que se asoció con Snopes, FactCheck.orgPolitifactABC News y AP para que los ayuden a corroborar la veracidad de las historias. Es un mecanismo que se inicia con el reporte de los usuarios y que intenta controlar el desborde de informaciones falsas que tuvo su pico máximo en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de noviembre de 2016 y que continúa todos los días.
Si el anonimato es lo que manda en la generación de noticias dudosas o falsas,  y si no podemos saber exactamente quién genera las informaciones, entonces ¿Todo puede decirse? ¿Debemos sencillamente aprender a convivir con la mentira como mensaje?
Parafraseando a Fiss (2010), podemos decir que la libertad de expresión puede ser absoluta hasta que deja de ofrecerles a los ciudadanos los fundamentos necesarios para construir el autogobierno. Los límites se corren todo el tiempo en un mundo cada vez más acelerado, de ciudadanos que buscan devorar información permanentemente para saciar ansiedades y sentir que forman parte de la democracia de las pantallas. Una de las preguntas que se abren es: ¿A quién beneficia que habitemos y reproduzcamos las condiciones del entorno posverdad? El futuro será de quienes logren ganar las mejores batallas de la guerra por la información, que es la guerra por imponer la verdad propia como si fuera la de todos. Hagan sus apuestas.
 

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