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El precio de la carne vacuna sube por una escasez que ya no es coyuntural

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La carne vacuna volvió a quedar en el centro de una tensión que excede a la góndola y empieza mucho antes del mostrador. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario advirtió que tanto el mercado internacional como el interno se mueven hoy bajo una misma lógica: oferta limitada, demanda firme y precios sostenidos. En la Argentina, ese cuadro ya tuvo traducción concreta. A enero de 2026, el precio promedio de los cortes vacunos acumuló un 73% interanual, muy por encima del pollo (31%) y del pechito de cerdo (23%), y también bastante por encima de la inflación, que según el INDEC se ubicó en 33,1% interanual a febrero de 2026. La pregunta que se abre no es solo cuánto más puede subir la carne, sino qué margen real le queda al mercado doméstico para absorber esos valores sin empezar a romper su propia lógica de consumo.

Un mercado global más ajustado y una demanda que no afloja

La lectura de fondo que plantea la Bolsa rosarina es que el aumento del precio de la carne vacuna no responde a un sobresalto aislado, sino a una restricción estructural. El Índice de Precios de la FAO viene reflejando desde hace tiempo una dinámica distinta a la que exhiben las otras dos grandes proteínas animales: la aviar y la porcina. Mientras pollo y cerdo muestran otro comportamiento, la carne vacuna arrastra un proceso más tenso, donde producción y consumo se acercan cada vez más desde 2020.

El punto de quiebre, según el informe, puede ubicarse en 2019, cuando China se consolidó como principal importador mundial de carne vacuna y desplazó a Estados Unidos del liderazgo. Ese cambio reordenó incentivos, consolidó una demanda más agresiva y transformó a los grandes productores en jugadores obligados de una disputa por abastecer un mercado internacional cada vez más exigente.

Del lado de la oferta, además, los golpes se acumularon. Australia atravesó una fuerte caída productiva desde 2020, con mayor intensidad en 2021 y 2022, tras la severa sequía previa. Cuando comenzó a recuperar volumen en 2023, Estados Unidos ingresó en una de sus mayores contracciones productivas, también golpeado por la sequía, con un stock ganadero que cayó al nivel más bajo en 75 años. En paralelo, el consumo interno norteamericano siguió firme y desequilibró aún más su balanza comercial: hoy Estados Unidos importa más del doble de la carne vacuna que exporta.

Ese cuadro no parece aflojar. Para 2026, las proyecciones del USDA difundidas a fines del año pasado anticipan un mercado todavía más estrecho: el consumo mundial apenas compensaría cerca de dos tercios de la caída prevista en la producción global, estimada en cerca de 1 millón de toneladas. No es un detalle técnico. Es la señal de que el precio internacional seguirá encontrando respaldo en una escasez persistente.

Argentina replica el mismo patrón, pero con una presión adicional sobre el consumo

En el plano local, la lógica es similar, aunque con un ingrediente adicional: la carne vacuna conserva un peso cultural y alimentario que vuelve más delicado cualquier proceso de encarecimiento sostenido. El informe describe una oferta relativamente limitada frente a un mercado interno que, pese a los aumentos, mantuvo firmeza durante buena parte del año y a una demanda externa que sigue mostrando interés por el producto argentino.

Desde comienzos de 2025, la carne vacuna lideró los incrementos dentro del conjunto de las carnes. Pero fue en el segundo semestre cuando se produjo el mayor salto. El dato interanual a enero de 2026, con un 73% promedio para los cortes vacunos, resume esa aceleración mejor que cualquier otra referencia.

La consecuencia inmediata fue un cambio en la relación de precios con las carnes sustitutas. A comienzos de 2025, con el valor de un kilo de asado se podían comprar aproximadamente tres kilos de pollo fresco. Hoy, esa relación se amplió a cerca de cuatro kilos. En el caso del cerdo ocurrió algo parecido: un año atrás, por cada kilo de asado se adquiría menos de 1,5 kilos de pechito; hoy esa equivalencia llega a cerca de dos kilos. La carne vacuna no solo subió más: se alejó de sus competidores directos y empezó a redefinir hábitos posibles de consumo.

Salarios, inflación y un límite que empieza a aparecer en el mostrador

El informe agrega un dato clave para entender por qué la tensión no se transformó antes en un freno más visible: durante 2025, los salarios medios se mantuvieron relativamente alineados con la inflación e incluso mostraron una leve recomposición. A diciembre, el índice de salarios exhibió un aumento interanual del 38,2%, frente a una inflación del 31,5% en ese mismo período.

Ese comportamiento permitió sostener parte del consumo aun con carne más cara. Pero el margen parece haberse reducido. Marzo aparece en el informe como un mes decisivo para testear esa resistencia y ya ofrece una primera señal: los mostradores comienzan a exhibir cierta resistencia frente a las subas de precios. No se trata todavía de una retracción generalizada, pero sí de una advertencia. El mercado interno sigue orientado a la carne vacuna, aunque empieza a mostrar que no puede convalidar cualquier valor.

Ese cambio de humor tuvo correlato en la hacienda. Durante la última semana, el precio de la hacienda gorda destinada a faena mostró un retroceso significativo en categorías orientadas al consumo interno, sobre todo novillitos y vaquillonas de kilaje intermedio. En esos casos, las bajas promediaron $200 por kilo, alejándose de los más de $5.000 pagados a comienzos del mes. En cambio, los novillos más pesados, vinculados principalmente a exportación, se mantuvieron firmes e incluso registraron ligeras subas.

Ese desdoblamiento no es menor. Muestra que el límite aparece primero en el consumo doméstico, mientras la demanda exportadora conserva capacidad para sostener precios. En otras palabras, el mercado empieza a segmentarse con más nitidez entre lo que puede absorber el mostrador local y lo que todavía puede traccionar el negocio externo.

Menos faena, menos cabezas y una oferta que seguirá apretada

La otra variable que explica el escenario es la oferta física. Durante los primeros dos meses del año, la cantidad de animales faenados cayó 11% respecto de igual período del año pasado. Y en lo que va de marzo, el ritmo de remisiones hacia plantas frigoríficas parece profundizar esa tendencia.

La Bolsa atribuye parte de esa brecha a la retención que se observa dentro de los circuitos de invernada y engorde. Ese fenómeno, que en algún momento podría moderarse, por ahora actúa como un factor que restringe la disponibilidad de hacienda y sostiene precios en origen. Aun cuando la diferencia interanual debería atenuarse en el segundo semestre, las proyecciones de faena para el conjunto de 2026 siguen por debajo de 13 millones de cabezas, lo que implicaría un recorte de más de 600 mil cabezas frente al año pasado.

Ese dato tiene una consecuencia directa: la producción total difícilmente supere los 3 millones de toneladas, incluso considerando una mejora en los pesos de faena. De ese total, unas 875 mil toneladas podrían destinarse a exportación, dejando entre 2,1 y 2,2 millones de toneladas para el mercado interno. Eso representa aproximadamente un 7% menos de lo que se volcó al consumo local el año pasado.

La discusión, entonces, ya no pasa solamente por el precio. Pasa por la disponibilidad real. Cuánta carne habrá, a qué destino se asignará y con qué capacidad de pago competirá cada segmento.

Repercusiones: un equilibrio delicado entre exportación y consumo interno

El escenario descrito por la Bolsa de Comercio de Rosario deja fortalecida una idea que recorre toda la cadena: la carne vacuna opera hoy en un mercado donde la escasez dejó de ser una anomalía y pasó a ser un dato estructural. Eso beneficia en parte a quienes logran colocar producto en un contexto de precios sostenidos, pero también condiciona a los distintos eslabones del negocio.

El sector exportador, aun con potencial de crecimiento, aparece trabajando al límite de su capacidad de compra frente al valor de la hacienda. Es decir, el mercado externo sigue interesado, pero no ilimitadamente. El precio del animal también le impone restricciones y, en muchos casos, afecta el nivel de actividad.

Al mismo tiempo, el mercado interno mantiene una fuerte orientación cultural al consumo de carne vacuna, pero ya empieza a exhibir un umbral de resistencia. Ese punto es políticamente sensible aunque el informe no lo plantee en términos partidarios: cuando un alimento central para la canasta argentina sube muy por encima de la inflación y de las proteínas sustitutas, la discusión deja de ser sectorial y empieza a tocar el clima económico general.

No hay, en el texto base, elementos para anticipar medidas oficiales ni cambios regulatorios. Pero sí hay un dato duro: la menor oferta obliga a una puja más intensa entre destinos, y esa puja termina ordenando precios, consumo y rentabilidad.

Un mercado que podría dejar de subir fuerte, pero no de estar caro

La Bolsa traza una hipótesis prudente para los próximos meses: el precio de la carne vacuna parecería estar acercándose a su límite de suba en términos reales. En un contexto de inflación más moderada, no deberían esperarse grandes saltos adicionales al consumidor. Pero eso no equivale a un alivio. Lo que se perfila es un mercado con precios sostenidos durante todo el año.

Esa diferencia importa. Una cosa es dejar de acelerar; otra, muy distinta, es retroceder. Si la oferta sigue ajustada, la faena no repunta y la exportación conserva atractivo, el mercado podría estabilizarse en niveles altos sin necesidad de nuevos saltos bruscos. Para el consumidor, eso implica convivir con una carne estructuralmente cara. Para la cadena, supone administrar una escasez que puede sostener márgenes en algunos tramos y comprimirlos en otros.

La clave estará en la carne disponible, no solo en la carne cotizada

El informe cierra sobre una variable decisiva: la disponibilidad efectiva de carne que logre volcarse al mercado será el factor clave en los próximos meses. Esa frase resume el corazón del problema. La discusión no se agota en si el kilo baja o sube cien pesos. Lo que está en juego es el volumen que efectivamente llegue al mercado interno en un contexto de menor faena, exportación todavía activa y una demanda local que no renuncia del todo a la carne vacuna, aunque ya empezó a marcar sus límites.

En ese equilibrio inestable se moverá el sector durante 2026. El mercado global seguirá presionando por una proteína escasa. El mercado doméstico seguirá defendiendo su centralidad, pero con menos margen para convalidar precios. Y entre ambos, la carne argentina continuará disputando destino, valor y volumen en una sintonía de escasez que, por ahora, no muestra señales de disiparse.

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África acelera su demanda agro y redefine el mapa global del comercio de alimentos

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África se encamina a convertirse en uno de los principales motores de la demanda global de alimentos en la próxima década, en un movimiento que ya empieza a reconfigurar las estrategias de comercio exterior. El último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, con proyecciones de OCDE-FAO hacia 2034, muestra un dato estructural: mientras gran parte del mundo desacelera su crecimiento poblacional, el continente africano lo acelera y lo traduce en consumo. La tensión es clara: ¿quién abastecerá ese salto de demanda y con qué posicionamiento geopolítico?

El dato central ordena el escenario. África pasará de 1.500 millones de habitantes en 2025 a más de 1.800 millones en 2034. Solo África subsahariana crecerá a un ritmo del 2,3% anual, mientras el norte africano lo hará al 1,6%. En conjunto, ambas regiones concentrarán cerca del 23,8% de la población global hacia el final del período.

Un continente, múltiples mercados: la complejidad detrás del crecimiento

Que se proyecta para la demanda de estos países en granos, aceites, harinas, carnes y lácteos. Una de las regiones que promete mayor crecimiento de población en un contexto global de caídas de tasas de natalidad.

África espera sostenerse como un continente protagonista del crecimiento económico reciente y por venir. Junto con Asia, estas dos regiones concentran naciones que en muchos casos vienen creciendo a tasas por encima de países desarrollados. Esto les da un atractivo cada vez más elevado como mercados agroindustriales.

Por su expansión, su heterogeneidad y sus más de cincuenta estados, África en sí no podría considerarse un mercado único. Es mejor entenderla como una región que engloba múltiples mercados de las más diversas características. Sus países son varían en escala económica, ingreso por habitante, esquemas de comercio internacional y hasta en sus capacidades para garantizar la propia integridad territorial.

Como primera y más amplia división, podemos partir África en dos regiones: África del norte y África Subsahariana. La primera está compuesta por Egipto, Libia, Túnez, Argelia y Marruecos, todas naciones con sus territorios mayoritariamente al norte del desierto del Sahara. El resto de los países africanos componen África subsahariana.

Esta última espera ser la región del mundo que más crezca en población en la década que viene, con un crecimiento del 2,3% anual, mientras África del norte espera ser la segunda región que más crezca en cantidad de habitantes, estimándose un 1,6%, según estimaciones de OCDE y FAO. De este modo, África Subsahariana y África del norte proyectan acumular el 17,5% y el 6,3%, respectivamente, de la población global hacia 2034. Si bien el continente africano engloba países con perspectivas de crecimiento muy recortadas y severos problemas pendientes para la próxima década, no deja de ser un espectro de mercados con grandes oportunidades para el comercio exterior argentino. 

En este sentido, Argentina tiene dos acuerdos específicos con África: un acuerdo de libre comercio con Egipto en vigencia desde septiembre de 2017 y un acuerdo de comercio preferencial con la Unión Aduanera del África Austral (SACU: Sudáfrica, Botsuana, Lesoto, Namibia y Suazilandia) desde abril del 2016. Más del 90% de las exportaciones argentinas a África consisten en productos agroindustriales, con los complejos soja, maíz y trigo como protagonistas y destacadas participaciones de las cadenas lácteas y cárnicas. 

África subsahariana espera contribuir 14% adicionalmente a la demanda mundial de commodities en la próxima década. Si bien el crecimiento económico de esta subregión se ubicará por debajo de la media global, el elevado crecimiento poblacional en términos absolutos, y de población urbana especialmente, impulsarán la demanda de alimentos. No conforme con ello, hay altas expectativas por crecimientos de dos dígitos para la demanda de carnes en la próxima década, de acuerdo con las previsiones del reporte de OCDE-FAO. De hecho, las importaciones totales de commodities agro en África esperan escalar un 55% hacia 2034, de acuerdo con ambos organismos.

En este contexto, se prevé que África aumente sus importaciones de commodities agro ya que su demanda crecería por encima de la producción doméstica. Trigo, arroz, azúcar y sus productos derivados, entre otros, serían los protagonistas. Comparando los datos del 2025 con las proyecciones hacia el 2034 de OCDE-FAO, África espera demandar 12 millones de toneladas adicionales de trigo, 6 millones de toneladas más de maíz y 7 millones de toneladas de arroz por encima de los niveles del año que acaba de terminar. De esta manera, la demanda de importaciones de trigo crecería un 22%, guarismo que espera ser del 28% para el maíz y del 38% para el arroz. 

Además, en la próxima década las importaciones de aceites vegetales esperan subir un 24%, pasando de 11,8 a 14,6 Mt de aceites. Por otro lado, las importaciones de harinas y pellets vegetales crecerían un 28%. De esta manera, pasarían de importar 4,2 Mt a 5,4 Mt hacia 2034. 

Con una población africana que pasaría de 1.500 millones de habitantes en 2025 a más de 1.800 millones en 2034, este crecimiento poblacional apuntalado por la mejora del ingreso impulsaría el consumo total de carne del continente en un 33% hacia 2034, de acuerdo con OCDE-FAO. Como parte de este crecimiento no podrá ser abastecido con producción doméstica, se espera en la próxima década un crecimiento del volumen importado de carnes del 42%. De esta manera, dentro de diez años África demandará cerca de 1,5 millones de toneladas adicionales de carne, totalizando importaciones por cerca de 5 Mt al año.

Este crecimiento espera estar compuesto por casi un millón de toneladas de carne aviar y más de 200.000 toneladas adicionales tanto de carne vacuna como de carne porcina. Esto representaría crecimientos de importaciones del 42% para carne aviar, del 24% para la carne bovina y del 121% para la carne de cerdo. Para tomar dimensión de estos crecimientos para la carne bovina, la cuota Hilton hacia la UE de la que dispone Argentina es de 29.389 toneladas al año, por lo que el crecimiento de la demanda importadora en África espera ser siete veces superior a esta cuota en volumen. Naturalmente, la demanda de cortes no es la misma en dos regiones tan distintas en términos culturales y de ingreso, con diferentes potenciales en ambos mercados. 

No conforme con ello, África espera crecer también en sus consumos de lácteos, con una producción limitada, lo que podría impulsar aún más sus importaciones, especialmente en el norte de África. Las importaciones de leche en polvo aumentarían más del 20% en la próxima década, en tanto las de manteca crecerían un 48% y las de quesos un 78%, siempre según las proyecciones de OCDE-FAO.

Asimismo, África es hace más de una década el principal continente consumidor de legumbres del mundo en términos de consumo de legumbres por habitante, con expectativas de un consumo superior a los 12 kilos por persona por año hacia 2034 desde niveles superiores a los 10 kilos actualmente. Ninguna región supera este nivel de consumo por habitante. 

Para finalizar, merece la pena destacar que de los más de cincuenta estados que componen África, seis países concentran más del 60% de la economía regional: Nigeria (18% del PIB de África), Sudáfrica (15%), Egipto (13%), Argelia (7%), Angola (5%) y Marruecos (5%). En línea con su relevancia económica, estos destinos concentran a la vez más del 60% de las exportaciones argentinas al continente africano. En una edición venidera del Informativo Semanal caracterizaremos a en específico a estos países y su potencial para el comercio exterior argentino.

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La carne vacuna se adelanta al ciclo global y presiona al alza los precios internacionales

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En un contexto global donde todavía no se consolida una suba generalizada de los alimentos, el mercado internacional de la carne vacuna empieza a marcar su propio ritmo. El último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, con datos de la FAO, confirma que los precios de la carne no solo resisten la tendencia bajista de otros productos, sino que ya ingresaron en una fase alcista sostenida.

La clave no está en un shock externo inmediato, sino en fundamentos estructurales: menos oferta proyectada y una demanda firme desde los principales centros de consumo. El interrogante que se abre es si este movimiento anticipa un nuevo ciclo inflacionario global o si se trata de una suba sectorial con impacto acotado.

Un mercado que se mueve antes que los alimentos

En un contexto internacional en el que se anticipa una posible presión alcista sobre los precios de los alimentos el mercado de las carnes, y particularmente el de la carne vacuna, parece adelantarse a estos movimientos impulsado por fundamentos propios.

Si se analiza la evolución del Índice de Precios de los Alimentos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), basado en una canasta de productos alimenticios comercializados internacionalmente, observamos que en febrero registró un promedio de 125,3 puntos. A pesar de la mejora registrada en el último mes, el índice todavía se ubica 22% por debajo de los máximos alcanzados en marzo de 2022 (160,2 puntos), tras el inicio de la guerra en Ucrania, nivel que podría considerarse una referencia potencial hacia la cual podrían volver a escalar los precios en un escenario de suba sostenida de la energía.

Desde entonces, los precios de los lácteos registran bajas promedio del 20%, los cereales del 36%, los aceites del 31% y el azúcar del 27%. En contraste, el Índice de Precios de las Carnes —que incluye carne vacuna, aviar, porcina y ovina— es el único que muestra un aumento durante ese mismo período, acumulando un aumento cercano al 8%.

Dentro del complejo cárnico, la carne vacuna y la carne ovina son las que registran los mayores incrementos, 12,5% y 33,5%, respectivamente. En el caso de la carne ovina, si bien el aumento es más pronunciado, su impacto sobre el consumo global es considerablemente menor en comparación con la carne vacuna.

De acuerdo con el último informe de la FAO, la firmeza en las cotizaciones internacionales de la carne vacuna responde principalmente al sólido nivel de demanda proveniente de China y Estados Unidos.

Esta dinámica sostiene los precios de exportación de los principales proveedores mundiales, especialmente Australia y Brasil, cuyas cotizaciones tienen una incidencia directa en la conformación del índice global de carnes.

Según las últimas proyecciones publicadas por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la producción mundial de carne vacuna se reduciría en cerca de 1 millón de toneladas durante 2026, reflejando principalmente el proceso de recomposición de stocks ganaderos en varios países productores. Al mismo tiempo, la demanda internacional continuará expandiéndose, con un comercio global que superaría las 12 millones de toneladas, consolidando el crecimiento del mercado internacional.

Estados Unidos continuará desempeñando un rol clave en este escenario, ampliando su déficit comercial de carne vacuna. Recientes proyecciones del USDA indican que las importaciones estadounidenses podrían superar los 2,5 millones de toneladas en 2026, lo que representaría un incremento del 3,4% respecto de 2025. No obstante, el ritmo de compras observado en el inicio del año muestra un crecimiento aún mayor, con datos acumulados para el primer bimestre que exceden en un 10% los registros del año pasado, dato que supera ampliamente el crecimiento proyectado para todo el año.

En el caso de China, si bien el esquema de cuotas de importación aplicado desde este año intenta moderar el ritmo de compras observado en los últimos años, hasta el momento los valores ofrecidos por los importadores continúan en ascenso, reflejando la firmeza de su demanda. Aun sin datos oficiales de la Administración General de Aduanas sobre el volumen efectivamente ingresado en lo que va del año, las referencias de precios FOB para los principales cortes que China compra a Argentina —según datos de APEA— muestran subas cercanas al 40% interanual.

Una dinámica similar se observa en el mercado europeo. Si bien los volúmenes comercializados se mantienen relativamente estables, los precios continúan consolidando una tendencia alcista. Actualmente, cortes de alto valor comercial como el Ramp & Loin o el bife ancho se negocian desde Argentina a valores FOB de entre USD 21.000 y USD 22.000 por tonelada, lo que implica subas superiores al 30% respecto de los valores registrados a igual fecha del año pasado.

En este escenario, una eventual suba en los precios del gas y del petróleo podría agregar presión adicional al mercado, principalmente a través del aumento de los costos logísticos y de transporte internacional.

No obstante, el impacto sobre el comercio de carne vacuna sería relativamente limitado desde el punto de vista de los flujos comerciales, dado el bajo peso que tienen los países involucrados en el conflicto dentro del mercado global.

Según estimaciones del USDA, en 2025 los países de Medio Oriente —entre ellos Israel, Irán, Irak, Siria, Egipto, Turquía, Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes— representaron menos del 5% de la demanda mundial de carne vacuna. A nivel global, esta participación resulta relativamente baja como para generar una disrupción significativa en el mercado internacional.

No obstante, para Argentina la región presenta una mayor relevancia. Destinos como Israel, Qatar y Emiratos Árabes Unidos concentran más del 7% de los embarques totales y cerca del 11% de las divisas generadas por exportaciones de carne vacuna.

Según datos del SENASA, en los dos primeros meses de 2026 los certificados de exportación de carne vacuna hacia Israel y otros países de Medio Oriente totalizaron unas 11.400 toneladas, equivalentes al 12,5% del total certificado. En lo que va de marzo —ya con una escalada del conflicto en la región— la participación de estos mercados en las certificaciones se mantiene prácticamente sin cambios, lo que hasta el momento no evidencia señales de disrupción en el comercio.

Aun así, Ante un eventual debilitamiento de la demanda proveniente de Medio Oriente, Argentina mantiene una posición sólida en tres de los principales destinos del comercio internacional de carne vacuna: China, Estados Unidos y la Unión Europea. Estos mercados concentran más del 55% del comercio global y constituyen actualmente el eje central de la demanda internacional de carnes, lo que otorga a Argentina una base comercial sólida y equilibrada dentro del actual contexto geopolítico global.

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Los científicos no dan crédito: descubren que un bosque africano se regenera sin plantar un solo árbol

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Cuando se piensa en África, la imagen dominante suele asociarse con paisajes áridos, suelos degradados y una vegetación cada vez más escasa. Sin embargo, en distintas regiones del continente -y particularmente en el centro de Tanzania- comienza a consolidarse una experiencia que desafía esa percepción: los bosques están regresando sin necesidad de plantar nuevos árboles.

Durante décadas, la respuesta frente a la desertificación fue casi siempre la misma: campañas masivas de forestación, grandes presupuestos y millones de plantines. Pero los resultados, en muchos casos, fueron limitados. En ese contexto, una técnica más simple y eficaz empezó a ganar terreno: en lugar de plantar, regenerar lo que ya existe bajo la superficie.

En zonas secas de Tanzania, el proceso no parte desde cero. Bajo la tierra sobreviven raíces y tocones de árboles nativos que fueron talados hace décadas. De ellos brotan nuevos tallos que, si son correctamente manejados, pueden volver a convertirse en árboles. Esta técnica se conoce como Farmer Managed Natural Regeneration (FMNR), o en su versión local, Kisiki Hai, que en suajili significa “tocón vivo”.

El método consiste en identificar esos tocones activos, seleccionar uno o dos brotes fuertes y eliminar el resto para concentrar la energía de la planta. A partir de allí, el crecimiento se acelera, aprovechando un sistema radicular ya desarrollado que permite una mayor resistencia a las condiciones climáticas adversas.

El origen de este enfoque se remonta a los años 80, cuando el agrónomo australiano Tony Rinaudo trabajaba en Níger y observó que más del 80% de los árboles plantados no sobrevivían en ambientes áridos. La clave fue cambiar la mirada: lo que parecían arbustos eran, en realidad, árboles intentando rebrotar desde raíces vivas. Ese hallazgo permitió replantear la estrategia y dio lugar a un modelo mucho más eficiente.

En Tanzania, los datos de la FAO muestran que gran parte de los bosques no son producto de plantaciones, sino de regeneración natural. Incluso en territorios degradados, el suelo conserva una biomasa subterránea significativa. El problema no es la desaparición total de los árboles, sino la pérdida de volumen y la falta de manejo sostenido.

Los resultados son concretos. En regiones como Dodoma, los agricultores que aplican FMNR logran recuperar sombra en pocos años, mejorar la retención de agua, reducir la erosión y enfriar el suelo. Todo esto se traduce en una mejora directa de la productividad agrícola, un factor clave para comunidades que no pueden esperar una década a que una plántula sobreviva.

En este esquema, el rol del agricultor es central. No se trata de una intervención puntual, sino de una práctica continua que implica podar, proteger y observar el terreno en cada temporada. Por eso, el modelo se adapta mejor a sistemas productivos locales que a proyectos externos basados en infraestructura.

Organizaciones como la LEAD Foundation impulsan la formación de “agricultores campeones” que replican el conocimiento dentro de sus comunidades. La lógica es clara: no se distribuyen árboles, se transmite saber. Y es precisamente esa diferencia la que explica por qué, en algunas regiones de África, el bosque no se planta: simplemente vuelve.

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La Ingeniería Forestal advierte sobre una “regresión ambiental” ante los cambios propuestos a la Ley de Bosques

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La Federación Argentina de la Ingeniería Forestal (FAIF) fijó una postura institucional crítica frente a las modificaciones propuestas a la Ley Nacional Nº 26.331 de Presupuestos Mínimos para la Protección Ambiental de los Bosques Nativos, al considerar que implican una regresión significativa en los niveles de protección ambiental, debilitan el control estatal y aumentan los riesgos productivos, sociales y territoriales, especialmente en materia de incendios forestales. El pronunciamiento fue difundido el 5 de febrero de 2026 y se inscribe en el debate nacional sobre el ordenamiento territorial, el uso del suelo y la sostenibilidad de los bosques nativos como activos estratégicos del desarrollo argentino.

Desde una mirada técnica y profesional, la FAIF sostuvo que los cambios en análisis comprometen la previsibilidad normativa, desalientan inversiones responsables y erosionan el rol de la Ingeniería Forestal como disciplina clave en la gestión sostenible del patrimonio forestal.

Cambios a la Ley 26.331: retroceso normativo y debilitamiento del control estatal

En su análisis, la FAIF remarcó que la Ley 26.331, sancionada en 2007, constituye una herramienta central de ordenamiento territorial de los bosques nativos, al establecer categorías de conservación que permiten compatibilizar producción, conservación y reducción de riesgos ambientales. Sin embargo, advirtió que las modificaciones propuestas desnaturalizan ese esquema.

Entre los puntos más críticos, la entidad enumeró:

  • La flexibilización o eliminación de la autorización previa para desmontes en áreas de Categoría I.
  • La habilitación del desmonte en áreas de Categoría II, en contradicción con los objetivos fundantes de la ley.
  • El debilitamiento de las Autoridades Locales de Aplicación y de los mecanismos de control y fiscalización.
  • La eliminación o vaciamiento del registro de infractores ambientales.

Según la FAIF, estas medidas reducen la capacidad del Estado para garantizar el cumplimiento de la norma, generan incentivos directos al cambio definitivo de uso del suelo y afectan negativamente la planificación de largo plazo. “La flexibilización normativa no constituye una estrategia de desarrollo, sino un riesgo cierto para el patrimonio forestal, ambiental y social de la Argentina”, señaló el documento.

El posicionamiento se apoya en antecedentes técnicos y académicos, entre ellos los lineamientos del Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA) y aportes de organismos internacionales como la FAO, que destacan el manejo forestal sostenible como eje del desarrollo regional.

Bosques nativos, economía regional e incendios forestales

La FAIF subrayó que los bosques nativos no son áreas improductivas, sino sistemas complejos que sostienen economías regionales, regulan el ciclo hídrico, conservan suelos, albergan biodiversidad y mitigan los efectos del cambio climático. Desde esta perspectiva, reducir los estándares de protección ambiental compromete tanto los servicios ecosistémicos como la disponibilidad futura de materia prima para la industria foresto-industrial.

Uno de los ejes centrales del comunicado es la relación entre ordenamiento territorial e incendios forestales. La entidad afirmó que la creciente severidad de los incendios en la Argentina no puede analizarse solo desde la emergencia, sino como consecuencia de deficiencias estructurales en la planificación del uso del suelo. La fragmentación del paisaje, el avance desordenado de la frontera agropecuaria y la pérdida de continuidad de los bosques incrementan la carga de combustibles y favorecen incendios de gran magnitud.

En este sentido, la FAIF advirtió que las modificaciones propuestas a la Ley 26.331 debilitan el rol preventivo del ordenamiento territorial, especialmente en regiones donde el fuego interactúa con sequías recurrentes, altas temperaturas y procesos de degradación acumulada. La desregulación, sostuvo, traslada los costos ambientales, sociales y económicos a las comunidades locales y al Estado.

Una política forestal de Estado como condición de sostenibilidad

En su posición institucional, la FAIF reclamó que cualquier revisión normativa se oriente inequívocamente a:

  • Fortalecer el Manejo Forestal Sostenible como eje del desarrollo forestal.
  • Reforzar los mecanismos de control, evaluación ambiental y fiscalización.
  • Garantizar la participación efectiva de las Autoridades Locales de Aplicación.
  • Jerarquizar el rol de los profesionales de la Ingeniería Forestal.
  • Consolidar una Política Forestal de Estado, federal, previsible y basada en la ciencia.

El documento retoma conceptos expuestos en la conferencia del Ing. Ftal. Jaime Ledesma, donde se afirmó que no existe desarrollo sostenible posible sin una política forestal de largo plazo, con sustento científico y previsibilidad normativa.

Como cierre, la FAIF reafirmó que los bosques nativos deben ser conservados y gestionados en pie, bajo criterios técnicos, científicos y sociales, y advirtió que ignorar esta base implica comprometer el futuro ambiental, productivo y social del país.

COMUNICADO_FAIF_LEY26331_V2 by CristianMilciades

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