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La Ingeniería Forestal advierte sobre una “regresión ambiental” ante los cambios propuestos a la Ley de Bosques

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La Federación Argentina de la Ingeniería Forestal (FAIF) fijó una postura institucional crítica frente a las modificaciones propuestas a la Ley Nacional Nº 26.331 de Presupuestos Mínimos para la Protección Ambiental de los Bosques Nativos, al considerar que implican una regresión significativa en los niveles de protección ambiental, debilitan el control estatal y aumentan los riesgos productivos, sociales y territoriales, especialmente en materia de incendios forestales. El pronunciamiento fue difundido el 5 de febrero de 2026 y se inscribe en el debate nacional sobre el ordenamiento territorial, el uso del suelo y la sostenibilidad de los bosques nativos como activos estratégicos del desarrollo argentino.

Desde una mirada técnica y profesional, la FAIF sostuvo que los cambios en análisis comprometen la previsibilidad normativa, desalientan inversiones responsables y erosionan el rol de la Ingeniería Forestal como disciplina clave en la gestión sostenible del patrimonio forestal.

Cambios a la Ley 26.331: retroceso normativo y debilitamiento del control estatal

En su análisis, la FAIF remarcó que la Ley 26.331, sancionada en 2007, constituye una herramienta central de ordenamiento territorial de los bosques nativos, al establecer categorías de conservación que permiten compatibilizar producción, conservación y reducción de riesgos ambientales. Sin embargo, advirtió que las modificaciones propuestas desnaturalizan ese esquema.

Entre los puntos más críticos, la entidad enumeró:

  • La flexibilización o eliminación de la autorización previa para desmontes en áreas de Categoría I.
  • La habilitación del desmonte en áreas de Categoría II, en contradicción con los objetivos fundantes de la ley.
  • El debilitamiento de las Autoridades Locales de Aplicación y de los mecanismos de control y fiscalización.
  • La eliminación o vaciamiento del registro de infractores ambientales.

Según la FAIF, estas medidas reducen la capacidad del Estado para garantizar el cumplimiento de la norma, generan incentivos directos al cambio definitivo de uso del suelo y afectan negativamente la planificación de largo plazo. “La flexibilización normativa no constituye una estrategia de desarrollo, sino un riesgo cierto para el patrimonio forestal, ambiental y social de la Argentina”, señaló el documento.

El posicionamiento se apoya en antecedentes técnicos y académicos, entre ellos los lineamientos del Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA) y aportes de organismos internacionales como la FAO, que destacan el manejo forestal sostenible como eje del desarrollo regional.

Bosques nativos, economía regional e incendios forestales

La FAIF subrayó que los bosques nativos no son áreas improductivas, sino sistemas complejos que sostienen economías regionales, regulan el ciclo hídrico, conservan suelos, albergan biodiversidad y mitigan los efectos del cambio climático. Desde esta perspectiva, reducir los estándares de protección ambiental compromete tanto los servicios ecosistémicos como la disponibilidad futura de materia prima para la industria foresto-industrial.

Uno de los ejes centrales del comunicado es la relación entre ordenamiento territorial e incendios forestales. La entidad afirmó que la creciente severidad de los incendios en la Argentina no puede analizarse solo desde la emergencia, sino como consecuencia de deficiencias estructurales en la planificación del uso del suelo. La fragmentación del paisaje, el avance desordenado de la frontera agropecuaria y la pérdida de continuidad de los bosques incrementan la carga de combustibles y favorecen incendios de gran magnitud.

En este sentido, la FAIF advirtió que las modificaciones propuestas a la Ley 26.331 debilitan el rol preventivo del ordenamiento territorial, especialmente en regiones donde el fuego interactúa con sequías recurrentes, altas temperaturas y procesos de degradación acumulada. La desregulación, sostuvo, traslada los costos ambientales, sociales y económicos a las comunidades locales y al Estado.

Una política forestal de Estado como condición de sostenibilidad

En su posición institucional, la FAIF reclamó que cualquier revisión normativa se oriente inequívocamente a:

  • Fortalecer el Manejo Forestal Sostenible como eje del desarrollo forestal.
  • Reforzar los mecanismos de control, evaluación ambiental y fiscalización.
  • Garantizar la participación efectiva de las Autoridades Locales de Aplicación.
  • Jerarquizar el rol de los profesionales de la Ingeniería Forestal.
  • Consolidar una Política Forestal de Estado, federal, previsible y basada en la ciencia.

El documento retoma conceptos expuestos en la conferencia del Ing. Ftal. Jaime Ledesma, donde se afirmó que no existe desarrollo sostenible posible sin una política forestal de largo plazo, con sustento científico y previsibilidad normativa.

Como cierre, la FAIF reafirmó que los bosques nativos deben ser conservados y gestionados en pie, bajo criterios técnicos, científicos y sociales, y advirtió que ignorar esta base implica comprometer el futuro ambiental, productivo y social del país.

COMUNICADO_FAIF_LEY26331_V2 by CristianMilciades

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La FAO reconoce a la Asociación Forestal Argentina por su sistema de certificación laboral

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La Asociación Forestal Argentina (AFoA) fue distinguida con el Reconocimiento Técnico Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el área de producción y protección forestal sostenible.
El galardón destaca la efectividad del sistema argentino de certificación de competencias laborales, un modelo que transformó la seguridad, la productividad y la profesionalización del trabajo forestal en el país.

El reconocimiento fue entregado durante la Ceremonia Global de Reconocimiento Técnico realizada el 15 de octubre de 2025 en la sede de la FAO en Roma, Italia, en el marco de las celebraciones por el 80º aniversario de la FAO y del Foro Mundial de la Alimentación (World Food Forum).
De las más de 340 nominaciones provenientes de más de 100 países, la iniciativa argentina fue elegida por su impacto, solidez técnica y potencial de replicabilidad a escala global.

El sistema de certificación implementado por AFoA, en conjunto con la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social y la UATRE (Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores), cambió de raíz el enfoque de capacitación en el sector.
La metodología reconoce las competencias adquiridas en el puesto de trabajo e integra estándares de seguridad, promoviendo un diálogo permanente entre empresas, trabajadores y el Estado.

Gracias a esta política, el índice de accidentes laborales en el sector forestal argentino se redujo de 195 por cada 1.000 trabajadores en 2007 a 68 por cada 1.000, equiparando los niveles de riesgo al promedio del sector agropecuario.
Este descenso histórico posicionó al país como referente en buenas prácticas laborales forestales a nivel internacional.

Desde su implementación, el sistema ha mostrado resultados medibles y sostenibles:

  • 19 normas de puestos laborales desarrolladas.
  • Más de 8.000 trabajadores forestales evaluados.
  • Más de 100 evaluadores formados en todo el país.

Además, el programa revaloriza el conocimiento empírico y dignifica la experiencia laboral, fortaleciendo la empleabilidad y la formación continua.

El modelo argentino está alineado con la visión de la FAO de promover un trabajo forestal decente, seguro e inclusivo, en línea con su Plan de Acción Forestal 2024-2030.
Incorpora la participación de comunidades originarias, que actúan como evaluadoras de biodiversidad y transmisoras de saberes ancestrales, y se aplica también en áreas críticas como el manejo del fuego y la extensión rural.

El sistema utiliza estándares internacionales, entre ellos el Repertorio de la OIT sobre seguridad y salud en el trabajo forestal, lo que facilita su replicación en otros países.

“Un modelo que pone a las personas en el centro”

La directora ejecutiva de AFoA, Claudia Peirano, subrayó el valor del reconocimiento internacional: “Este reconocimiento de la FAO es un testimonio del impacto positivo que ha tenido este abordaje por competencias en la formación continua de los trabajadores. Cuando comenzamos en 2007, poner a los empleadores, los trabajadores y la seguridad en el centro del sistema permitió una reducción histórica de los accidentes y una rápida transferencia de mejores prácticas. Este premio valida el modelo argentino y demuestra que puede ser replicado globalmente”.

Trabajo conjunto y compromiso sectorial

El logro de AFoA refleja un trabajo articulado entre el sector privado, los sindicatos y el Estado, con el acompañamiento de:

  • AFoA (Asociación Forestal Argentina)
  • UATRE (Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores)
  • Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social
  • Empresas forestales y contratistas
  • Equipos técnicos de evaluadores y formadores por competencia
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La FAO celebra su 80º aniversario en el Día Mundial de la Alimentación

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Cada 16 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Alimentación, instaurado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) con el propósito de sensibilizar sobre los desafíos alimentarios globales y promover la cooperación en la lucha contra el hambre, la malnutrición y la pobreza.

En esta ocasión, la conmemoración adquiere un valor especial: la FAO celebra 80 años de trabajo ininterrumpido acompañando a los países en la erradicación del hambre y en la construcción de sistemas agroalimentarios más justos, inclusivos y sostenibles. Como primera agencia de las Naciones Unidas, su labor ha sido clave para promover el derecho a una alimentación adecuada y el uso responsable de los recursos naturales, mediante la implementación de diversos proyectos en cooperación con gobiernos nacionales y provinciales.

La oficial de programas de la representación de la FAO en Argentina, María Laura Escuder, destacó que la fecha invita a reflexionar sobre los avances alcanzados y los desafíos que persisten para garantizar una mejor nutrición, una mejor producción y un mejor ambiente. En ese sentido, subrayó que la transformación de los sistemas agroalimentarios, la reducción de pérdidas y desperdicios, el consumo responsable, la producción local sostenible y la protección de los ecosistemas constituyen ejes centrales del trabajo conjunto que la organización promueve.

El cumplimiento de estos objetivos requiere del compromiso tanto de los gobiernos como de la ciudadanía. Los Estados, a través de políticas públicas integrales e inclusivas, desempeñan un rol fundamental en el desarrollo sostenible de los sistemas agroalimentarios y en la protección del ambiente. Por su parte, la ciudadanía contribuye al cambio mediante decisiones cotidianas de consumo y producción responsables, que fortalecen la seguridad alimentaria y el bienestar común.

“De la mano, podremos construir sistemas agroalimentarios más justos y un futuro mejor, sin dejar a nadie atrás”, concluyó Escuder.

¿Cómo aportar desde el lugar de cada persona?

Algunas acciones posibles incluyen:

  • Elegir alimentos locales y de temporada, priorizando frutas, verduras, legumbres y granos integrales.
  • Adoptar hábitos saludables y promover dietas nutritivas en el ámbito familiar y social.
  • Diversificar la dieta para apoyar la biodiversidad, incorporando alimentos tradicionales y cultivados localmente.
  • Practicar la inocuidad alimentaria mediante una correcta manipulación y conservación de los alimentos.
  • Leer etiquetas para comprender la información nutricional y reducir desperdicios.
  • Apoyar a los #HéroesDeLaAlimentación, visibilizando el trabajo de productores y trabajadores del sector.
  • Reducir el desperdicio de alimentos mediante una mejor planificación de compras y comidas, además de aprovechar restos y compostar.
  • Colaborar como voluntario o realizar donaciones para asistir a quienes lo necesitan.
  • Informar y sensibilizar a otros compartiendo datos confiables sobre los desafíos alimentarios.
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Brasil sale del Mapa del Hambre de la ONU: una conquista histórica que refleja políticas públicas eficaces

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En solo dos años, el Gobierno de Brasil ha reducido la inseguridad alimentaria a menos del 2,5%, retomando el camino de la lucha contra el hambre y la pobreza. Brasil ya no está en el Mapa del Hambre. El anuncio fue realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO/ONU) este lunes (28 de julio) en Adís Abeba, Etiopía. El resultado refleja el promedio trienal 2022/2023/2024, que colocó al país por debajo del umbral del 2,5% de la población en riesgo de subnutrición o de falta de acceso a alimentos suficientes. Este logro se alcanzó en solo dos años, considerando que 2022 fue un período considerado crítico para el hambre en Brasil.

“Salir del Mapa del Hambre era el objetivo principal del presidente Lula al iniciar su mandato en enero de 2023. La meta era lograrlo para finales de 2026”, recordó el ministro de Desarrollo y Asistencia Social, Familia y Lucha contra el Hambre, Wellington Dias. “Demostramos que, con el Plan Brasil Sin Hambre, mucho trabajo duro y políticas públicas sólidas, fue posible alcanzar este objetivo en solo dos años. No hay soberanía sin justicia alimentaria. Y no hay justicia social sin democracia”, añadió. Los datos figuran en el Informe El Estado de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en el Mundo 2025 – SOFI 2025 – lanzado por la FAO durante la 2ª Cumbre de Sistemas Alimentarios de la ONU (UNFSS+4). El encuentro se lleva a cabo hasta el 29 de julio en la capital de Etiopía.


Brasil Sin Hambre

La salida de Brasil del Mapa del Hambre es resultado de decisiones políticas del gobierno brasileño que priorizaron la reducción de la pobreza, el estímulo a la generación de empleo e ingresos, el apoyo a la agricultura familiar, el fortalecimiento de la alimentación escolar y el acceso a una alimentación saludable.

Esta es la segunda vez que el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva saca al país de esta situación: la primera fue en 2014, después de 11 años de políticas consistentes. Sin embargo, a partir de 2018, el desmantelamiento de los programas sociales hizo que Brasil retrocediera y regresara al Mapa del Hambre en el trienio 2018/2019/2020.

En dos años de gobierno, Brasil ha logrado reducciones históricas de la inseguridad alimentaria grave y de la pobreza. Las cifras nacionales del hambre, obtenidas mediante la aplicación de la Escala Brasileña de Inseguridad Alimentaria (Ebia) en las encuestas del IBGE, mostraron que, hasta finales de 2023, el país sacó a cerca de 24 millones de personas de la inseguridad alimentaria grave. En 2023, el país redujo la pobreza extrema al 4,4%, un mínimo histórico, lo que refleja la salida de casi 10 millones de personas de esa condición en relación con 2021. En 2024, la tasa de desempleo alcanzó el 6,6%, la más baja desde 2012, el ingreso mensual per cápita de los hogares batió récords, llegando a R$ 2.020, y el índice de Gini, que mide la desigualdad, retrocedió a 0,506 —el menor resultado de la serie histórica.

La caída de la desigualdad refleja la dinámica del mercado laboral, con la recuperación gradual del empleo y el aumento de la formalización. En 2024, los ingresos laborales del 10% más pobre de Brasil crecieron un 10,7%. Y el ritmo de este crecimiento fue un 50% mayor que el observado entre el 10% más rico. El ingreso laboral aumentó, en promedio, un 7,1% en el año.

De acuerdo con la información del Catastro General de Empleados y Desempleados (Caged), de las 1,7 millones de vacantes con contrato formal creadas en Brasil en 2024, el 98,8% fueron ocupadas por personas registradas en el Catastro Único del Gobierno Federal. Entre los contratados, 1,27 millones (75,5%) eran beneficiarios del programa Bolsa Familia.

Con el aumento de ingresos al conseguir un empleo estable o una mejor situación financiera como emprendedores, cerca de un millón de familias superaron la pobreza y dejaron de recibir el beneficio del Bolsa Familia en julio de 2025.

Salir nuevamente del Mapa del Hambre de la ONU —en un tiempo récord de dos años—, con la población teniendo mayor acceso a alimentos saludables, refleja el efecto de las políticas sociales del Gobierno Federal, que ha transformado la realidad de millones de brasileños con acceso a ingresos, empleo y dignidad.

“Esta victoria es fruto de políticas públicas eficaces, como el Plan Brasil Sin Hambre que engloba el Bolsa Familia, el Programa de Adquisición de Alimentos (PAA), el Programa Cocina Solidaria, la valorización del salario mínimo, crédito para la producción de alimentos por la agricultura familiar (Pronaf), incentivo a la calificación profesional, al empleo y al emprendimiento, además del incremento de la alimentación escolar. Todas las políticas sociales trabajando juntas para tener un Brasil sin hambre y soberano”, afirmó Wellington Dias.


Alianza Global Contra el Hambre y la Pobreza

Propuesta por el Gobierno de Brasil durante la presidencia del G20 en 2024, la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza tiene como objetivo unir los esfuerzos de países, organizaciones internacionales e instituciones financieras para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con un enfoque en la erradicación del hambre y la pobreza para 2030. Actualmente, la Alianza cuenta con más de 100 países miembros, además de diversas fundaciones, instituciones y organizaciones.

La idea es fortalecer la cooperación internacional y atraer recursos y conocimientos para la implementación de políticas públicas y tecnologías sociales eficaces en la reducción del hambre y la pobreza en todo el mundo. “El ejemplo brasileño puede ser adaptado en muchos países alrededor del globo. En Brasil, salir del Mapa del Hambre es solo el comienzo. Queremos justicia alimentaria, soberanía y bienestar para todos”, destacó el ministro.

El titular del MDS afirmó además que, a través de las políticas públicas internas y de iniciativas como la Alianza Global, el Gobierno de Brasil ha reafirmado su compromiso con la erradicación del hambre y con la construcción de un mundo más justo e igualitario, garantizando que sea posible alcanzar los ODS de la Agenda 2030.

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ONU: Una cuarta parte de la población no puede permitirse una dieta saludable en la región

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La Organización de las Naciones Unidas, a través de la FAO (Organización de Alimentos y Agricultura, por sus siglas en inglés) lanzó el informe sobre el Panorama regional de seguridad alimentaria y nutrición para América Latina y el Caribe, señalando que, a pesar de los avances en la materia, se está muy lejos de alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible (ODS).

14 June 2018, Los Vados, Guatemala – FAO

Esta nueva edición del informe sobre el Panorama regional de la seguridad Alimentaria y la nutrición de América Latina y el Caribe presenta los principales indicadores de hambre, inseguridad alimentaria, malnutrición en todas sus formas y, aquellos relacionados al costo y la asequibilidad de una dieta saludable, con el fin de contribuir en el análisis de la seguridad alimentaria y la nutrición como pilares fundamentales para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Uno de los aspectos que aborda este informe, tiene que ver con la desigualdad con respecto a la inseguridad alimentaria, la cual continúa afectando aún más a las mujeres y los habitantes de zonas rurales que son los más vulnerables. Si bien esta cifra se ha reducido en 2022, la brecha registrada a nivel regional es aún más elevada que la global.

Por otra parte, las poblaciones rurales y periurbanas presentan una mayor prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave que aquellas que viven en zonas urbanas. Además de que la malnutrición en todas sus formas, incluyendo el retraso del crecimiento infantil, las deficiencias de micronutrientes, el sobrepeso y la obesidad continúan siendo un reto para la región.

El sobrepeso, es uno de los ítems que ha sufrido un crecimiento, donde los niños y niñas menores de 5 años estuvieron por encima de la estimación mundial, aumentando más rápidamente en nuestra región, que con respecto al mundo. La obesidad en adultos, también está en aumento y afecta a casi una cuarta parte de la población adulta de la región.

El informe en datos

Uno de los aspectos positivos es que hubo una tendencia a la mejora en la región, aunque esto aún no sea considerado suficiente. “América Latina y el Caribe, fue una de las dos regiones (junto con Asia) que entre 2021 y 2022 no presentaron una tendencia de aumento de la prevalencia de subalimentación, con una reducción de 7% en 2021 a 6,5% en 2022. Esto significa que 2,4 millones de personas dejaron de padecer hambre en nuestra región. La misma tendencia se aprecia respecto a la prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave, la cual disminuyó de un 40,3% en 2021 a 37,5% en 2022. Es decir, que 16,5 millones de personas en América Latina y el Caribe dejaron de padecer inseguridad alimentaria”.

La influencia de la alimentación, en los padecimientos de la salud, son un enclave que profundiza el informe, sobre todo en la salud de las mujeres. “Finalmente, las últimas estimaciones de la anemia entre las mujeres de 15 a 49 años muestran que en 2019 la prevalencia en la región estaba muy por debajo de la estimación mundial. Estos indicadores muestran diferentes niveles y tendencias entre las tres subregiones”.

El informe sostiene que un 22,7% de las personas no pudieron acceder a una dieta saludable, esto en parte tiene que ver con “El 57% de la población del Caribe no tuvo acceso a una dieta saludable debido a su alto costo; en Mesoamérica, la cifra corresponde al 22,2% y en Sudamérica al 20,6%”.

De acuerdo a los datos desprendidos del informe desde el año 2021, la región registró uno de los costos más altos de la dieta saludable: “La inflación en los precios de los alimentos en la región ha impactado en el costo de la dieta saludable, haciéndola menos asequible, especialmente para los grupos más vulnerables. Como resultado, una cuarta parte de la población de la región no puede permitirse una dieta saludable”. Lo que dificulta el cumplimiento de los objetivos DOS 2, en varios incisos, que tienen relación con la posibilidad de establecer dietas saludables permanentes, además de entornos saludables.

Con registros de costos en la dieta, con una cifra de 4,08 dólares diarios por persona, cuando el promedio mundial es de 3,66 dólares diarios. A consecuencia, el informe señala que 133,4 millones de personas no pueden acceder a este tipo de dieta.

Este análisis sostiene que la situación de la región continúa siendo compleja: “La región enfrenta un escenario complejo, debido a una serie de crisis sucesivas: la pandemia de la COVID-19, las persistentes desigualdades, los niveles de pobreza, la crisis climática y los efectos del conflicto en Ucrania. Estos factores han contribuido al aumento de los precios de los alimentos y a la inflación alimentaria, amenazando el funcionamiento, la eficiencia y la resiliencia de los sistemas agroalimentarios”.

De acuerdo al informe, el hambre y la malnutrición siguen estando entre los principales desafíos para la región. Por lo que promueven la cooperación y la integración regional, como el Plan SAN CELAC desempeñan un papel fundamental para facilitar la implementación y aumentar el impacto de políticas, planes, legislaciones y programas agrícolas y alimentarios. Un punto clave para la mejora en estos aspectos es la necesidad de financiamiento e inversiones, tanto públicas, como privadas.

Si querés acceder al informe completo: FAO

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