federalismo fiscal

El Gobierno reabre la negociación de deudas con provincias y extiende plazos hasta 2027

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El Gobierno nacional decidió reabrir el esquema de negociación de deudas con las provincias y extender sus plazos clave hasta fines de 2027. La medida quedó formalizada este 23 de marzo mediante el Decreto 171/2026, que modifica el régimen creado en 2024 para extinguir obligaciones recíprocas entre Nación y distritos.

El dato político es doble: por un lado, se habilita un nuevo plazo de 60 días hábiles para que provincias que no habían adherido puedan sumarse; por otro, se amplía significativamente el horizonte para presentar documentación y cerrar acuerdos. En un escenario de tensión fiscal y necesidad de ordenamiento de cuentas, la decisión abre una pregunta central: ¿es una herramienta de saneamiento o un nuevo canal de negociación política con las provincias?

Un régimen que se estira: más tiempo y mayor flexibilidad

El esquema había sido creado por el Decreto 969/2024 como una herramienta para compensar deudas cruzadas entre el Estado nacional y las provincias o la Ciudad de Buenos Aires, mediante mecanismos como conciliaciones, transacciones o remisiones.

Ahora, el nuevo decreto introduce cambios que modifican su alcance operativo: Las jurisdicciones que no ingresaron inicialmente podrán hacerlo en un plazo de 60 días hábiles administrativos, con posibilidad de prórroga. Se fija como nueva fecha límite el 31 de diciembre de 2027 para presentar la documentación que respalde las deudas o acreencias. Se establece un plazo de 180 días hábiles para negociar diferencias entre Nación y provincias cuando existan divergencias en los montos o criterios.

El rediseño no es menor. La extensión de plazos y la reapertura del régimen sugieren que el proceso original no agotó su capacidad de captar acuerdos, o que quedaron pendientes reclamos que el Gobierno busca canalizar.

Además, el decreto incorpora un elemento clave: cada parte será responsable de validar las deudas que propone incluir, lo que desplaza el eje hacia una lógica más bilateral y negociada.

Menos intervención de organismos de control y mayor margen político

Otro cambio relevante está en la intervención institucional. El nuevo esquema limita la participación de la Procuración del Tesoro y la Sindicatura General de la Nación únicamente a casos donde existan litigios judiciales o arbitrales en los que el Estado reconozca derechos en disputa.

En términos políticos, esto implica reducir instancias de control previo en acuerdos que no estén judicializados, acelerando potencialmente los procesos de cierre.

Al mismo tiempo, se mantiene el rol central de la Secretaría de Hacienda como autoridad de aplicación, con capacidad para evaluar informes técnicos, coordinar negociaciones y validar los acuerdos finales.

El régimen ya había sido utilizado para firmar convenios con distintas jurisdicciones y avanzar en el saneamiento parcial de cuentas públicas. Sin embargo, la necesidad de extender plazos y reabrir la adhesión sugiere que el universo de deudas a compensar sigue abierto y en disputa.

Federalismo fiscal en negociación permanente

La herramienta funciona como un mecanismo de ordenamiento financiero, pero también como un espacio de negociación política entre Nación y provincias.

La posibilidad de incluir dación en pago de bienes del Estado nacional —habilitada en normas previas— agrega una dimensión adicional: no solo se trata de números, sino también de activos.

En ese contexto, la reapertura del régimen puede reconfigurar vínculos entre el Gobierno nacional y los distritos, especialmente aquellos que no habían adherido en la primera etapa o que mantienen reclamos cruzados.

Para las provincias, el esquema ofrece una vía para regularizar deudas o discutir acreencias. Para la Nación, representa una herramienta para ordenar pasivos, reducir conflictos y eventualmente alinear posiciones fiscales.

Un proceso abierto, con impacto en la gobernabilidad

La decisión de extender el régimen hasta 2027 y habilitar nuevas adhesiones no cierra el capítulo: lo amplía.

En las próximas semanas será clave observar qué provincias deciden ingresar al esquema, bajo qué condiciones y con qué tipo de reclamos. También, cómo evolucionan las negociaciones en casos donde existen diferencias en la cuantificación de las deudas.

El decreto fija reglas más flexibles y plazos más largos. Pero deja intacto el núcleo del problema: la compleja red de obligaciones cruzadas entre Nación y provincias, donde lo técnico y lo político suelen superponerse.

El resultado final no dependerá solo de los números. También de la capacidad de las partes para convertir este régimen en acuerdos concretos en un escenario fiscal que sigue siendo dinámico.

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Las cuentas fiscales de las provincias se deterioran mientras Nación mantiene superávit

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Mientras Nación sostiene superávit, las provincias enfrentan déficits crecientes en la antesala del ciclo electoral. Un informe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) realizado por Isidro Guardarucci alerta que “las provincias traen malas noticias”.

El gobierno de Milei cerró su segundo año de gobierno con las cuentas ordenadas, aunque con algún deterioro respecto a 2024. Muy razonable si se tiene en cuenta que, en el primer ejercicio de su gestión, gran parte del ahorro se había hecho en base a licuación de partidas y que, entonces, continuar conteniéndolas en 2025 era una tarea especialmente desafiante. En resumen, la disminución del superávit primario no debería interpretarse como sinónimo de menor compromiso fiscal.

Sin embargo, donde sí se observó un cambio evidente en la tendencia es en las provincias. Los datos parciales reflejan un empeoramiento generalizado al que debe prestarse especial atención. En esta nota se presenta una radiografía de esta situación.

2025 en perspectiva

El ejercicio 2025 cerró con un balance primario positivo de casi $11,8 billones, un 20% inferior a la marca del año previo (cuando se compara en moneda constante). Además, el resultado financiero (aquel que, a diferencia del anterior, incluye los pagos de intereses) totalizó casi $1,5 billones positivo, ubicándose un 42% por debajo del ejercicio anterior. No obstante, el uso de instrumentos capitalizables que no registran intereses, sino que todo el pago de servicios se imputa como aplicaciones “debajo de la línea”, reduce el gasto y mejora el número final (el cual podría ser incluso negativo). En cualquier caso, es la primera vez que se registran dos años seguidos con superávit financiero desde 2008.

Gráfico 1

Resultado fiscal y primario anual (% del PIB)

Fuente: elaboración propia en base a Ministerio de Economía

Entre los determinantes del desempeño del último ejercicio, se destaca la caída de casi 3% en los recursos tributarios medidos en moneda constante. En cuanto a los gastos primarios (es decir, excluyendo el pago de intereses), hubo una disminución menor al 1%. Sin embargo, se destaca la marcada caída de los subsidios económicos. También es evidente la menor erogación en salarios, reflejo de que las caídas del primer año de gobierno en esta línea no fueron sólo licuación, sino que también respondieron a una reducción de la plantilla pública. Las transferencias a universidades y la obra pública, también mostraron una baja sustancial en términos reales.

Por el contrario, las prestaciones sociales tuvieron un aumento de 4,5% respecto a 2024, que, si bien no se destaca en términos relativos, sí lo hace cuando se considera el monto asociado (toda vez que estas erogaciones son especialmente grandes para el Estado Nacional). En el mismo sentido (aunque con menor impacto presupuestario) se movieron las transferencias a provincias y gastos en diversos rubros corrientes.

Cuadro 1

Ejecución presupuestaria anual (millones $ de 2025)

Fuente: elaboración propia en base a Ministerio de Economía

Las provincias en franca caída

Por su parte, el escenario provincial aparece bastante más complicado. Los números acumulados al cierre del tercer trimestre de 2025 muestran el peor panorama en varios años. Cabe aclarar que la información es parcial porque las provincias son bastante más “lentas” que la nación para publicar sus datos; más aún, la provincia de La Pampa está ausente en los reportes que hace el Ministerio de Economía nacional.  El balance primario sumado de las jurisdicciones subnacionales, medido como porcentaje de los ingresos totales, pasó de ser 9,8% en los primeros nueve meses de 2024 a ser apenas 2% el último año. Más aún, del superávit actual el 85% corresponde a la Ciudad de Buenos Aires y Córdoba; provincias que hace un año aportaban sólo una tercera parte, reflejo de la disciplina generalizada.

El deterioro es generalizado y severo. La comparación con el acumulado entre enero y septiembre de 2024, muestra que en el último ejercicio todas las provincias estuvieron peor en términos de balance primario relativo a los ingresos totales. Más todavía, mientras un año atrás no había ninguna provincia deficitaria en el cierre parcial de nueve meses, en la última medición nueve mostraron déficits. Esto lleva a suponer que el cierre del ejercicio 2025 (cuando sea que se publique) mostrará al agregado de las provincias en déficit financiero y, posiblemente, déficit primario.

Gráfico 2

Resultado primario como porcentaje de los ingresos totales (acumulado enero-septiembre, total provincias)

Fuente: elaboración propia en base a Ministerio de Economía

En cualquier caso, la situación no es homogénea. Provincias como Formosa, Tucumán y Chubut tuvieron retrocesos marcados, que las llevaron a números rojos a la altura de Santa Cruz, Corrientes y Buenos Aires.

Gráfico 3

Balance primario como porcentaje de ingresos totales, 2024 vs 2025 (acumulado enero-septiembre)

Fuente: elaboración propia en base a Ministerio de Economía.

Provincias y nación: ajustes distintos

¿Qué es lo que hay detrás del deterioro provincial? La laxitud fiscal evidente de 2025. Esto contrasta fuerte con el panorama que brinda la nación, donde si bien los números del último ejercicio son algo más austeros que en el primer año del gobierno actual, en líneas generales se continúa la tendencia. Al comparar la evolución del sector público nacional con el provincial, mirando el gasto primario (aquel que excluye el pago de intereses) acumulado entre enero y septiembre, se observa que entre 2023 y 2025 aparecen divergencias. Mientras el gobierno nacional contrajo el gasto en un 28% en términos reales, los estados subnacionales hicieron la mitad del esfuerzo, ubicándose sus recortes en 14%.

Por su parte, el gobierno federal implementó un fuerte recorte en el gasto de capital, reduciéndolo a una quinta parte de lo que era dos años antes. Mientras que las provincias bajaron estas erogaciones en un 40%.

En cualquier caso, es evidente que el ajuste es heterogéneo, incluso dentro de las provincias. Mientras que la mayoría ajustó una cuantía considerable de su presupuesto (se destaca San Luis, con un recorte que supera al implementado por Milei y Caputo), algunas como Río Negro, Santa Cruz, Chubut y CABA casi no mostraron cambios. Caso aparte el de la provincia de Neuquén, apoyada en un federalismo fiscal que ignora los beneficios de tener hidrocarburos a la hora de la redistribución, cuya política de gasto fue fuertemente expansiva en el período analizado. Resulta claro que las jurisdicciones más ricas y con menor dependencia del gobierno nacional tienen mayor margen para gastar.

Gráfico 4

Variación real del gasto primario, 2023 vs 2025 (acumulado enero-septiembre)

Fuente: elaboración propia en base a Ministerio de Economía.

¿Qué se puede esperar?

Los déficits no se pueden sostener al infinito y algún grado de corrección es esperable. En el mientras tanto, la posibilidad de acceder a mercados internacionales otorga mayores grados de libertad para financiar una política fiscal más relajada (en los últimos meses Córdoba, Santa Fe y la CABA realizaron emisiones), aunque esto tiene límites obvios.

Siendo 2026 un año par, deberíamos esperar alguna contención mayor por el lado del gasto, y pocas noticias de reducciones en materia tributaria. La disciplina fiscal de este año es condición necesaria para poder dar buenas noticias el próximo, en el cual se ponen en juego las sillas ejecutivas en (casi) todo el país.

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Diputados activan una ley de emergencia salarial docente y desafían el ajuste educativo del Ejecutivo

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Un grupo de diputados de distintos bloques opositores presentó un proyecto para declarar la emergencia salarial educativa por cinco años y crear un refuerzo mensual de hasta $119.473 por cargo entre marzo y diciembre. La iniciativa propone financiarlo con el 1% del Fondo de Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y reasignar $740.500 millones no ejecutados en 2025 para infraestructura escolar. El movimiento no es solo presupuestario: busca reabrir la disputa política por el financiamiento educativo frente al recorte aplicado por el gobierno nacional.

El dato que estructura el debate es contundente: entre 2023 y 2025 el salario docente perdió en promedio un 19% de poder adquisitivo, con retrocesos en 19 de las 24 jurisdicciones. En paralelo, la inversión educativa real cayó 47,7% durante la actual gestión y descendió del 1,4% del PBI en 2023 al 0,82% en 2025, el nivel más bajo desde 2005.

En ese marco, la oposición intenta convertir el Congreso en el escenario donde se discuta el rumbo del financiamiento del sistema educativo. La señal política es clara: si el Ejecutivo retira recursos, el Parlamento busca forzar su reasignación.

Emergencia por cinco años y financiamiento automático: el diseño institucional

El proyecto declara la emergencia salarial educativa por cinco años y crea un Fortalecimiento Salarial Educativo financiado con el 1% del Fondo de Aportes del Tesoro Nacional. La clave institucional está en el mecanismo: asignación específica, distribución automática y acreditación directa al recibo de sueldo docente. Sin intermediaciones ni discrecionalidad.

El esquema contempla dos componentes:

  • Complemento Federal de $52.269 mensuales para docentes, directivos y no docentes de la educación obligatoria estatal.
  • Compensación Federal adicional de $67.204 para quienes trabajan en escuelas de alta vulnerabilidad.

Entre marzo y diciembre, el refuerzo alcanzaría un total cercano a $119.473 adicionales por cargo, con prioridad para contextos más críticos.

El proyecto no crea nuevos impuestos ni modifica la coparticipación. Reasigna recursos existentes y elimina la discrecionalidad en el uso de los ATN, un punto sensible en la relación fiscal Nación-provincias. En términos políticos, el diseño apunta a reforzar el federalismo financiero y quitarle margen de maniobra al Ejecutivo en la administración de esos fondos.

El trasfondo institucional es más amplio. La iniciativa se presenta luego de la eliminación del Fondo Nacional de Incentivo Docente (FONID), la ausencia de paritaria nacional y el veto a leyes de financiamiento educativo. Además, contrasta con la declaración de la educación como “servicio esencial” mediante DNU. La tensión es evidente: esencialidad normativa frente a contracción presupuestaria.

“La situación actual no responde a un hecho fortuito, sino a una determinación política del gobierno. El poder ejecutivo nacional ha optado por desestimar su responsabilidad en la materia, transfiriendo el costo de la crisis a las provincias”, señalaron los autores del proyecto.

Ingresos, infraestructura y equilibrio fiscal

En términos concretos, el proyecto busca recomponer ingresos en un sector que emplea a 916.674 trabajadores, sostiene 44.460 escuelas y atiende a 7.458.411 estudiantes.

El impacto directo sería una mejora en el ingreso disponible de los hogares docentes, con efecto inmediato en consumo local, especialmente en provincias donde el salario estatal es un componente central de la economía regional.

Pero el alcance no se limita al salario. La propuesta destina los $740.500 millones correspondientes a ATN 2025 no ejecutados a infraestructura educativa. El 75% se dirigiría a establecimientos estatales de nivel inicial, primario y secundario; el 25% restante a escuelas técnicas secundarias.

En un contexto de caída real del gasto educativo del 47,7%, esa reasignación funciona como un intento de compensar el freno inversor. Infraestructura y educación técnica impactan de manera directa en calidad educativa y, en el mediano plazo, en capital humano y competitividad productiva.

Sin embargo, el proyecto también abre interrogantes fiscales. Si bien no crea impuestos nuevos, redirige recursos del ATN, un fondo históricamente utilizado con discrecionalidad política. La reasignación automática reduce el margen del Ejecutivo para administrar esos recursos frente a emergencias o negociaciones interjurisdiccionales.

La disputa por el financiamiento educativo

La iniciativa reúne a diputados de distintas provincias y bloques, entre ellos Nicolás Trotta, Natalia De la Sota, Miguel Ángel Pichetto, Guillermo Snopek, Marcela Pagano, Sebastián Galmarini, Esteban Paulón, José Glinski, Mónica Frade, Maximiliano Ferraro, Moira Lanesan Sancho, Agustina Propato, Gustavo Bordet, Martín Aveiro, Jorge Chica, Cristian Andino, Pablo Yedlin, Ernesto Alí, Luis Basterra, Raúl Hadad, Santiago Roberto, Marcelo Mango y Pablo Todero. El armado refleja una construcción transversal con anclaje federal.

“Ante la retracción del Estado nacional, el Congreso debe ejercer su rol de garante del derecho a la educación. La sostenibilidad del sistema es inseparable de salarios dignos para los docentes y los trabajadores de la educación”, sostuvo Trotta.

El movimiento también interpela el discurso oficial. Declarar la educación como esencial mientras se elimina el FONID y se retrae el financiamiento configura una contradicción política que la oposición busca capitalizar.

La discusión, sin embargo, recién comienza. El proyecto deberá atravesar el debate parlamentario en un contexto de tensión fiscal y confrontación entre el Ejecutivo y el Congreso. Si avanza, redefinirá el esquema de financiamiento educativo y el uso de los ATN. Si se bloquea, consolidará el rumbo actual de ajuste.

En cualquier caso, la disputa excede lo salarial. Está en juego quién define el equilibrio entre disciplina fiscal, federalismo y sostenibilidad del sistema educativo en un escenario económico todavía inestable.

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Diputados dio media sanción a la baja de la edad de imputabilidad a los 14 años

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En una sesión maratónica de más de ocho horas, la Cámara de Diputados de la Nación aprobó y envió al Senado el proyecto de un nuevo Régimen Penal Juvenil. La iniciativa, que busca reemplazar la normativa vigente desde la última dictadura militar (Ley 22.278), obtuvo 149 votos a favor, 100 en contra y ninguna abstención, contando con el respaldo de La Libertad Avanza, el Pro, la UCR y bloques dialoguistas.

El punto central de la reforma es la reducción de la edad de imputabilidad, que pasará de 16 a 14 años. Aunque el Poder Ejecutivo inicialmente pretendía fijarla en 13 años, el consenso con los bloques aliados estabilizó el límite en 14.

Puntos clave del nuevo régimen

La normativa establece un marco diferenciado para los menores de edad en conflicto con la ley, destacando los siguientes aspectos:

  • Penas máximas: Se fijó un tope de 15 años de prisión para los adolescentes, descartando los 20 años propuestos originalmente por el Gobierno y prohibiendo taxativamente la prisión perpetua.
  • Presupuesto y financiamiento: Se destinará una partida total de $23.739.155.303. Los fondos provendrán del Ministerio de Justicia (aprox. $3.100 millones) y de la Defensoría General de la Nación (aprox. $20.600 millones).
  • Convenios con provincias: Ante el reclamo de las jurisdicciones por los costos operativos, se habilitó la firma de convenios para que Nación colabore en el traslado y alojamiento de los menores.
  • Condiciones de encierro: El texto aclara que los adolescentes no podrán ser albergados junto a reclusos mayores de edad, debiendo permanecer en institutos especializados o secciones separadas.
  • El documento señala tres objeciones centrales. En primer lugar, cuestiona la ausencia de partidas presupuestarias específicas para la construcción de centros especializados, la capacitación de equipos interdisciplinarios y la implementación de programas socioeducativos. Según la disidencia, sin asignación presupuestaria “la ley se convierte en una declaración de deseos”.
  • En segundo término, advierte sobre el traslado de costos a las provincias. El proyecto prevé que las jurisdicciones locales asuman la carga operativa de los nuevos procesos penales juveniles, pero no establece un mecanismo claro de transferencia automática de recursos acorde a la Ley de Coparticipación Federal. Para Herrera Ahuad y los firmantes, esto podría generar un “desequilibrio fiscal” en las provincias.
  • El tercer punto apunta al enfoque de la reforma. La disidencia sostiene que reducir la edad de imputabilidad no puede ser una medida aislada, sino el último eslabón de una política integral que fortalezca previamente las instituciones de protección de la niñez. Sin inversión garantizada en defensores oficiales, jueces especializados y equipos interdisciplinarios —psicólogos, trabajadores sociales y psicopedagogos—, la especialización del fuero juvenil sería “una ficción jurídica”.
  • Propuesta de modificación: financiamiento nacional y fondo federal
  • En ese marco, los diputados propusieron incorporar un capítulo específico sobre financiamiento y sostenibilidad federal. Entre los puntos destacados se incluye:
  • Financiamiento íntegro con recursos del Tesoro Nacional mediante partidas específicas en el Presupuesto General.
  • Creación de un Fondo Federal de Infraestructura Penal Juvenil, de distribución automática y objetiva para las provincias que adhieran.
  • Prohibición expresa de transferir competencias sin la correspondiente transferencia de recursos, en línea con el artículo 75 inciso 2 de la Constitución Nacional.
  • Mecanismo de actualización trimestral de partidas para evitar que la inflación degrade los programas socioeducativos.
  • Además, se plantea que la ley entre en vigencia 180 días después de su publicación en el Boletín Oficial, con el objetivo de permitir una adecuación administrativa y presupuestaria realista.
  • Un debate que excede la edad de imputabilidad
  • La intervención del legislador misionero introduce una dimensión clave en la discusión: el impacto fiscal y federal de la reforma. Más allá del debate sobre seguridad pública y responsabilidad penal juvenil, el planteo pone el foco en la sostenibilidad financiera del sistema y en el reparto de cargas entre Nación y provincias.
  • En un contexto de restricciones presupuestarias y tensiones por la distribución de recursos, la discusión sobre el Régimen Penal Juvenil no sólo interpela el diseño del sistema penal, sino también el equilibrio federal y la viabilidad económica de su implementación.

Un debate marcado por visiones opuestas

El debate por la reforma del Régimen Penal Juvenil sumó una voz disidente desde el interior del país. El diputado nacional por Misiones, Oscar Herrera Ahuad, firmó una disidencia parcial al dictamen de mayoría y advirtió que el proyecto, tal como está redactado, resulta “operativamente inviable y fiscalmente irresponsable” si no se garantiza el financiamiento nacional.

La postura quedó plasmada en el dictamen de comisión del 11 de febrero de 2026, donde los legisladores del Bloque Innovación Federal expresaron su desacuerdo con el texto impulsado por la mayoría.

La sesión contó con la presencia de la madre de Jeremías Monzón, el joven asesinado en Santa Fe por menores de edad, caso que impulsó el tratamiento del proyecto en extraordinarias.

Desde el oficialismo, la diputada Laura Rodríguez Machado defendió la medida asegurando que la ley actual es “ineficiente” y no logra resocializar. En sintonía, Cristian Ritondo (Pro) enfatizó que la reforma es una respuesta a una “violencia desbordada”, mientras que Gisela Scaglia (Provincias Unidas) argumentó que la imputabilidad podría evitar que los jóvenes sean reclutados como “soldaditos” por el narcotráfico.

Por el contrario, la oposición fue tajante en sus críticas:

  • Victoria Tolosa Paz (UP) tildó el proyecto de “mamarracho jurídico” y abogó por un sistema de penas proporcionales que mantuviera la edad en 16 años.
  • Germán Martínez (UP) cuestionó la falta de políticas preventivas y la desatención a las advertencias de organismos como UNICEF y la Iglesia.
  • Myriam Bregman (FIT) denunció que la ley solo busca “criminalizar la pobreza” y dar más facultades represivas a la policía en los barrios.
  • Miguel Pichetto, aunque apoyó la baja de edad, expresó sus dudas sobre el cumplimiento efectivo del presupuesto para la construcción de los centros de detención necesarios.

Alternativas a la privación de la libertad

El proyecto no solo contempla el encierro, sino que incluye medidas alternativas para delitos que no involucren muertes o lesiones graves:

  1. Mediación penal: Para delitos con penas de hasta 6 años.
  2. Suspensión del proceso a prueba: Incluye reparación del daño y tareas comunitarias.
  3. Medidas complementarias: Programas educativos, laborales y recreativos.

La ley entrará en vigencia 180 días después de su publicación oficial. El Gobierno ahora apuesta a una sanción definitiva en el Senado antes del inicio de las sesiones ordinarias el 1 de marzo.

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Con la disidencia del misionerismo, Diputados emitió dictamen para bajar la edad de imputabilidad

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En medio de un debate cargado de tensión política y fuertes cruces ideológicos, el oficialismo logró dictamen de mayoría para avanzar con un nuevo Régimen Penal Juvenil que incluye la baja de la edad de imputabilidad a los 14 años. La iniciativa será llevada este jueves al recinto de la Cámara de Diputados en busca de la media sanción.

El despacho fue firmado en un plenario conjunto de las comisiones de Legislación Penal; Familias, Niñez y Juventudes; Justicia; y Presupuesto y Hacienda. Reunió 78 firmas de los bloques La Libertad Avanza, Pro, Unión Cívica Radical, Innovación, Independencia, Producción y Trabajo, MID y Provincias Unidas.

Sin embargo, el acompañamiento no fue unánime dentro de los aliados. El diputado nacional por Misiones, Oscar Herrera Ahuad, expresó una disidencia vinculada al impacto presupuestario que la norma tendrá sobre las provincias.

La advertencia de Herrera Ahuad

Durante su intervención, el legislador misionero puso el foco en la falta de previsión concreta de recursos para implementar el nuevo régimen.

“Le estamos dando una responsabilidad a las provincias de construir centros, de armar equipos multidisciplinarios sin decir de dónde van a sacar los recursos”, cuestionó.

Herrera Ahuad recordó incluso un antecedente ocurrido en la misma comisión meses atrás: “En diciembre acá sentados me dijeron que si yo no decía de dónde salía la plata en una ley, iba a ir preso. Hoy le estamos diciendo a los gobernadores ‘hagan esto’ y no decimos de dónde vamos a sacar la plata”.

El ex gobernador sostuvo que la implementación del régimen implicará gasto público que recaerá directamente sobre las provincias. “Esto es una responsabilidad de la Nación y es una responsabilidad de la provincia. Nosotros queremos saber de dónde vamos a sacar los recursos. Esto es un gasto público y lo van a asumir las provincias”.

En ese sentido, pidió incorporar un capítulo específico de asignación de fondos: “Yo pido que podamos incorporar un capítulo de asignación de los recursos específico y taxativo para las provincias”.

Herrera Ahuad aclaró que no se trata de construir más cárceles, sino de fortalecer centros especializados y políticas de contención juvenil: “No para construir cárceles, sí para construir centros modelo y recuperar lo que en algún momento tuvimos como política pública: la contención de nuestros jóvenes”.

También describió la situación actual en Misiones: la provincia cuenta con una sola unidad carcelaria federal con 200 internos, pero otros 50 se encuentran alojados en cárceles provinciales y otros 50 en dependencias diversas, incluyendo calabozos de fuerzas federales.

Oficialismo: “Es una deuda de la democracia”

Desde el oficialismo, el libertario Manuel Quintar defendió el proceso legislativo y afirmó que el tema fue ampliamente debatido con especialistas. “Es un tema que la sociedad está reclamando”, sostuvo.

La diputada Silvana Giudici explicó que el dictamen contempla un artículo de asignación presupuestaria para comenzar la implementación, aunque reconoció que el despliegue total demandará tiempo. Además, sostuvo que el proyecto adecua la normativa a estándares internacionales.

Cristian Ritondo (Pro) afirmó que se trata de “una cuestión pendiente desde 1983” y sostuvo que un adolescente de 14 años “tiene comprensión del acto ilegal que está cometiendo”.

Desde la Unión Cívica Radical, Diógenes González respaldó la norma al considerarla “la herramienta adecuada para este momento”.

Fuerte rechazo opositor

El bloque Unión por la Patria y el Frente de Izquierda rechazaron el dictamen.

Victoria Tolosa Paz cuestionó el procedimiento y denunció improvisación: “No pueden tratar con tanta liviandad un tema tan trascendental”. Sostuvo que el proyecto es regresivo y criticó la consigna “igual delito, igual pena” por desconocer el principio del interés superior del niño.

Myriam Bregman, del Frente de Izquierda, calificó la iniciativa como una expansión del poder punitivo del Estado y negó que exista una “ola delictiva juvenil”.

Otros legisladores opositores señalaron supuestas inconsistencias constitucionales y reclamaron mayor tiempo de análisis.

El trasfondo

El proyecto impulsa la reducción de la edad de imputabilidad a 14 años, en línea con propuestas que, según el oficialismo, existen en más de una decena de iniciativas previas presentadas en el Congreso.

Mientras el oficialismo argumenta que busca terminar con la impunidad y adecuar el régimen a estándares regionales, la oposición advierte que la norma prioriza el castigo por sobre la reinserción.

La sesión especial prevista para este jueves definirá si el nuevo Régimen Penal Juvenil obtiene media sanción y avanza hacia el Senado.

En el centro del debate quedó expuesta una tensión estructural: quién financia la implementación del nuevo sistema y cómo se articula la responsabilidad entre Nación y provincias. Allí, la disidencia misionera marcó un límite claro dentro del esquema de apoyos.

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