finanzas

¿Qué son las materias primas?

Compartí esta noticia !

Por Jean-Marc Natal / F&D FMI – Las mercancías son la materia prima de la civilización: la savia vital de la economía mundial. Pero su propio nombre les hace sonar mucho más ordinarios de lo que son. Una mercancía es, por definición, algo sin una identidad distintiva. Cuando algo ha sido “mercantilizado”, carece del glamour de los bienes de consumo de marca. No hay ningún logotipo de lujo en un barril de petróleo ni en una tonelada de cobre, ni campaña de marketing detrás de un envío de trigo. Y, sin embargo, es precisamente esta naturaleza uniforme e intercambiable la que permite que las materias primas se negocien sin problemas en los mercados globales, asegurando que las personas de todo el mundo puedan acceder a las materias primas que necesitan, independientemente de dónde vivan.

Dado que las materias primas son esenciales pero distribuidas de forma desigual entre países, siempre han sido una fuente tanto de oportunidad económica como de vulnerabilidad geopolítica. Surgieron las primeras rutas comerciales de larga distancia para transportar materias primas valiosas a través de continentes: las caravanas transaharianas conectaban los yacimientos de oro y las minas de sal de África Occidental con el norte de África y Europa; las primeras redes marítimas a través del Océano Índico comerciaban especias, marfil, gemas y metales preciosos entre África Oriental, Arabia, India y el sudeste asiático. Pero esos mismos recursos también desencadenaron conflictos.

Hoy en día, las materias primas siguen desempeñando un papel muy similar: impulsan la vida diaria mientras moldean el destino económico del mundo. Su importancia vuelve a aumentar a medida que el mundo avanza hacia una energía más limpia, la expansión de la infraestructura digital y la reconstrucción de sus capacidades de defensa. Y estos cambios están generando nuevas tensiones geopolíticas. Comprender las mercancías no es solo comprender el pasado; se trata de dar sentido a los desafíos económicos y políticos definitorios de nuestro tiempo. Pero, ¿qué son las materias primas? ¿Cómo se negocian en los mercados actuales? ¿Qué impulsa sus precios, a menudo volátiles? ¿Y por qué están en el centro de los mercados financieros modernos y la geopolítica?

Duro y blando

En el nivel más básico, las materias primas son las cosas que extraemos del suelo, como el petróleo, el cobre, el hierro o el oro (materias primas duras), y las que cultivamos del suelo, como el trigo, el café, el algodón o el cacao (materias blandas). Todo lo que tocamos, comemos, vestimos o construimos comienza con estas sustancias discretas.

El teléfono que tienes en la mano, por ejemplo, contiene unos 42 minerales diferentes: cobalto congoleño, cobre peruano, mineral de hierro australiano y una cantidad vertiginosa de tierras raras, procedentes principalmente de China. Incluso la electricidad que la carga depende de materias primas: petróleo, gas, carbón y uranio, o de los minerales críticos incrustados en paneles solares y aerogeneradores.

Ya sea negociando con materias primas duras o blandas, productores y compradores siempre se han enfrentado a un desafío común: cómo afrontar precios que fluctuan mucho. Una cosecha abundante un año y una sequía al siguiente podían hacer o fracasar a un agricultor—y la misma volatilidad amenazaba a molineros, comerciantes y bancos que los financiaban.

Para poner orden en este caos, se fundó en 1848 la Junta de Comercio de Chicago (CBOT), creando el primer mercado estandarizado donde agricultores y clientes podían fijar precios con meses de antelación. Al vender a un comprador potencial un contrato de futuros—un papel que garantiza un precio determinado para una determinada cantidad de un producto concreto que se entregará en una fecha concreta—los agricultores podían asegurar un precio de entrega determinado para su producción con meses de antelación. Más allá de garantizar ingresos estables, los mercados de futuros permitieron a los agricultores contratar fácilmente préstamos para riego, semillas, fertilizantes y pesticidas, mejorando sus rendimientos y protegiendo sus cultivos.

Instituciones similares pronto siguieron en otros grandes centros comerciales: la Bolsa Mercantil de Nueva York (NYMEX) para productos energéticos y metales, la Bolsa de Metales de Londres (LME) para metales básicos, por ejemplo. Estos intercambios liberaron el comercio de materias primas de las limitaciones de los mercados físicos y, a menudo, locales. La flexibilidad de los contratos financieros globales permitió a los productores cubrir riesgos y a los compradores asegurar precios estables. De forma crucial, también permitieron a los comerciantes escalar sus operaciones: al cubrir riesgos financieros que antes limitaban su alcance, los comerciantes podían mover volúmenes cada vez mayores a través de continentes, acelerando la globalización de muchos mercados de materias primas.

Futuros y opciones

Pero se produjo un cambio notable a medida que estos mercados maduraron. El comercio giraba cada vez más en torno a barriles, bushels o lingotes, sino en torno a los contratos vinculados a ellos. Los futuros, opciones y otros derivados—originalmente diseñados como herramientas de seguros—se convirtieron en activos independientes. Atrajeron a especuladores, fondos de cobertura y, finalmente, a traders de alta frecuencia. Dado que estos instrumentos requieren solo una fracción del valor del activo subyacente como garantía, las posiciones apalancadas amplificaron tanto el riesgo como la recompensa, llevando las materias primas más al corazón de las finanzas globales. Los precios de las materias primas pueden reflejar a veces más la especulación financiera que la demanda física de los bienes subyacentes. El auge y la posterior corrección brusca en los precios del oro entre octubre y noviembre de 2025 ilustran esta dinámica de forma vívida.

Los precios de las materias primas son notoriamente volátiles por razones que van mucho más allá de las acciones de los especuladores. En el lado de la oferta, la producción suele tardar en ajustarse: perforar pozos, excavar minas y sembrar cultivos requieren tiempo, capital y décadas de planificación. En el lado de la demanda, los compradores no pueden sustituir fácilmente una materia prima por otra. Las fábricas no pueden rediseñar las líneas de producción de la noche a la mañana, las refinerías solo procesan ciertos grados de crudo, y las cadenas de suministro globales no se redirigen con solo pulsar un interruptor. Como resultado, cuando la demanda global cambia o cuando choques geopolíticos, climáticos o logísticos interrumpen la oferta, los precios tienden a moverse rápidamente y considerablemente.

La historia reciente ofrece innumerables ejemplos. Cuando China entró en el sistema comercial global y comenzó su auge de infraestructuras a principios de los 2000, la demanda aumentó tan bruscamente en tantos sectores que los precios del petróleo, los metales y las materias primas agrícolas se dispararon juntos, produciendo el llamado superciclo de materias primas. Pero cuando los choques se limitan a un solo insumo, los precios pueden moverse en direcciones opuestas, incluso dentro del mismo sector.

Durante la pandemia de COVID-19, por ejemplo, los confinamientos en China provocaron el colapso de la demanda de acero. Sin embargo, los precios del mineral de hierro, del que se obtiene el acero, siguieron subiendo. Esto se debió a que las principales minas de África y Brasil o bien cerraron o ralentizaron la producción al mismo tiempo, estrechando la oferta justo cuando la demanda se debilitaba. Por eso es tan difícil prever los precios de las materias primas. No basta con seguir la economía global. La predicción requiere comprender claramente la dinámica distintiva de cada mercado con todas sus peculiaridades.

Fracturas geopolíticas

Los mercados de materias primas están profundamente entrelazados con la geopolítica. Y esta relación no es nueva: los imperios luchaban por oro, plata, azúcar y especias; y las flotas navales forzaban el acceso a caucho, petróleo y otros suministros estratégicos. Durante la época colonial, la competencia por las materias primas moldeó el propio mapa: a menudo se tallaban fronteras alrededor de cuencas de recursos. Muchas de las fronteras nacionales y estructuras económicas actuales siguen reflejando estos legados impulsados por las materias primas.

Hoy en día, la creciente dependencia mundial de las materias primas críticas —las esenciales para la industria de defensa, la transición energética y las tecnologías digitales para impulsar la inteligencia artificial— ha creado un nuevo conjunto de líneas de fractura geopolíticas. El litio, el cobalto y las tierras raras hoy tienen la misma importancia estratégica que el petróleo y el acero tuvieron en su día. Los países ricos en estos materiales están ganando influencia; quienes no los tienen compiten por asegurar un acceso a largo plazo mediante alianzas, acuerdos de inversión y cadenas de suministro rediseñadas. Los controles de exportación, las sanciones y la “relocalización” se dirigen cada vez más a los minerales que definirán la futura fortaleza militar, industrial y tecnológica.

Centralidad duradera

Desde antiguas caravanas hasta intercambios modernos de derivados, desde conquistas coloniales hasta la actual carrera por minerales críticos, las materias primas siempre han estado en la intersección entre economía, política y tecnología. Son los pilares más antiguos de la actividad humana, pero siguen siendo indispensables para los sectores más avanzados de la economía global. A medida que la transición energética se acelera, la digitalización se profundiza y la rivalidad geopolítica se intensifica, el papel de las materias primas se volverá cada vez más central. Su control moldeó la economía global del pasado, y podría influir en el orden global del futuro.

JEAN-MARC NATAL es jefe de la Unidad de Materias Primas del FMI.

Compartí esta noticia !

Keynes para nuestros tiempos

Compartí esta noticia !

Por Robert Skidelsky / F&D FMI – La inteligencia artificial tiene una inclinación por pronunciamientos claros, seguros… y a menudo equivocados. Más que un fallo técnico pasajero, esto refleja la dificultad que todos nosotros—incluidos los arquitectos humanos de la IA—enfrentamos al lidiar con la incertidumbre. John Maynard Keynes, en cambio, entendía que el futuro es esencialmente incognoscible y que “es mejor tener una vaga razón que estar precisamente equivocado.” Esta visión transformó la economía en el siglo XX, y es solo una de sus ideas que resultan aún más relevantes en nuestros tiempos extremadamente inciertos.

Para entender la importancia de Keynes hoy en día, volvemos a su genio original, vemos cómo la observación y la filosofía informaron sus flexibles modelos económicos y luego aplicamos sus ideas a los problemas de 2026.

Dos compromisos filosóficos fundamentaron su economía: en la ética, la distinción entre “el bien como medio” y el “bien como fin”; en la epistemología, la existencia de una incertidumbre inextircable. Volveré a la primera. Respecto a este último, fue el estudio de la incertidumbre de Keynes lo que le llevó a dar al dinero su papel protagonista en la economía.

Lejos de ser una herramienta pasiva para el trueque, el dinero, demostró él, es un refugio psicológico que puede empujar a toda una economía al colapso cuando la gente huye hacia la seguridad del dinero en efectivo, un fenómeno que hemos visto varias veces este siglo y hacia el que quizá nos dirigimos de nuevo.

Este deseo de dinero era un defecto moral para él—inseparable de lo que él llamaba el “amor al dinero”, una enfermedad de la mente que drena la vida de la economía. Exploraremos cómo esta cualidad “vampírica” del dinero crea una lucha de poder entre quienes prestan y quienes construyen, un conflicto que Keynes creía definía gran parte de la historia humana.

Viendo cómo “ametralladoras y campos de concentración” surgieron del desempleo masivo durante la Gran Depresión, escribe que “puede ser posible, mediante un análisis adecuado del problema, curar la enfermedad preservando la eficiencia y la libertad.” Comprender los éxitos y fracasos del sistema posterior a la Segunda Guerra Mundial que él propició es de vital importancia hoy en día, cuando ese sistema está, posiblemente, más en constante evolución que en cualquier otro momento desde su muerte.

Un “análisis correcto” de las ideas de Keynes proporciona pistas sobre cómo abordar el comercio actual, los desequilibrios externos y las interrupciones financieras sin recurrir a herramientas bruscas como los aranceles globales. Sus ideas pueden ayudar a abordar cuestiones éticas que plantea la IA. En términos más amplios, ofrece un marco para gestionar un mundo que se siente cada vez más fuera de control.

Racionalmente irrazonable

Para entender el compromiso de Keynes con el ajuste de la incertidumbre, empieza por su distintiva teoría de la probabilidad. Los economistas neoclásicos anteriores veían el futuro como predecible. No lo hizo. Describió la probabilidad como el grado de creencia en una conclusión justificada por la evidencia. “Siempre se puede cocinar una fórmula para que encaje moderadamente bien con un rango limitado de datos pasados”, escribe. “¿Pero qué prueba esto?”

De hecho, es racional ser “irrazonable” al acaparar dinero cuando no hay una base segura para hacer cálculos sobre el futuro. Su asombrosa realización de que el dinero juega “un papel propio” en el drama económico —que hace más que simplemente facilitar el trueque, como creían economistas anteriores— se desarrolló durante un cuarto de siglo.

Todo empezó con un ataque al patrón oro. El problema, dijo, era que la escasez del oro creaba un sesgo deflacionario, mientras que las economías en expansión requieren una cantidad creciente de dinero “lubricante”. Cuando el oro escaseaba, toda la economía colapsó, como se vio en la Larga Depresión de las décadas de 1880 y 1890.

El instrumento inicial propuesto por Keynes para emancipar a las economías de sus cadenas de oro fue la Teoría Cuantitativa del Dinero. Prometía restaurar la “neutralidad” monetaria mediante una moneda elástica gestionada científicamente para satisfacer las “necesidades del comercio”. Pero pronto se dio cuenta de que este mecanismo no funcionaba lo suficientemente rápido.

La siguiente innovación, explicada en Tratado sobre el dinero (1930), fue considerar las implicaciones de que el dinero circulara a diferentes velocidades. Dividió los flujos monetarios en dos tipos de circulación, uno para lo que ahora se llama la economía “real” y otro una circulación “financiera”, lo que explicaba cómo los precios de los activos y el desempleo pueden aumentar simultáneamente a corto plazo. Pero eso no explicaba el acaparamiento.

La Gran Depresión condujo entonces a la teoría de la preferencia por liquidez, la etapa final de la teoría del dinero de Keynes. “Puede que aún sea así”, dijo en 1932, “que el prestamista, con su confianza destrozada por su exposición, siga exigiendo nuevas tasas de interés empresariales que el prestatario no puede esperar alcanzar.”

Prima de liquidez

Un colapso de la inversión es simultáneamente una huida hacia la liquidez. El vuelo aporta valor añadido en dinero, una “prima de liquidez” que hace que los tipos de interés suban en lugar de bajar, justo lo contrario de lo que afirma la teoría ortodoxa. Hoy vemos la preferencia por la liquidez en acción. Esto explica la crisis financiera global de 2008, la carrera por el dinero en la era temprana del COVID, las dramáticas oscilaciones en los precios de las acciones conocidas como “flash crashes” y otras recientes caídas de los mercados.

Toda la historia depende de una incertidumbre irreductible sobre los acontecimientos futuros. “Por ‘conocimiento incierto’, déjame explicar, no me refiero simplemente a distinguir lo que se sabe con certeza de lo que es solo probable. El juego de la ruleta no está sujeto, en este sentido, a la incertidumbre… El sentido en que uso el término es aquel en el que la perspectiva de una guerra europea es incierta, o el precio del cobre y el tipo de interés dentro de veinte años, o la obsolescencia de una nueva invención… Sobre estos asuntos no existe ninguna base científica sobre la que formar ninguna probabilidad calculable.”

En estos mercados pobres en información de “no sabemos”, los inversores confían en la sabiduría convencional sobre los precios futuros. Cuando las convenciones se rompen, como es inevitable que ocurra periódicamente —siendo tan endebles— hay una huida del compromiso. El dinero toma el control de la trama económica.

Un defecto moral

¿Habría dado Keynes al dinero un papel tan protagonista si no hubiera encontrado algo intrínsecamente inmoral en ello? Probablemente no. Hay una fuerte corriente moral y psicológica en la visión de Keynes sobre el dinero, en la que el amor al dinero, lejos de ser una respuesta racional a la incertidumbre, está motivado por la avaricia, el amor al poder y el amor al oro.

En el drama monetario de Keynes, el amor al dinero es de rostro de Janus. Aunque bombea sangre hacia economías preindustriales estáticas, el amor excesivo al dinero chupa la sangre de las modernas. La cualidad vampírica del dinero fue simbolizada para Keynes en la leyenda del rey Midas de Frigia, cuya codicia por el oro era tan intensa que (al menos en algunas versiones) murió de hambre. Esto no es una preferencia racional por liquidez, sino una morbilidad psicológica.

Keynes reconoció que en el pasado, “riesgos y peligros de todo tipo” pudieron haber jugado un papel importante en inducir a la gente a acaparar dinero. Sin embargo, le desconcertaba la persistencia de esta tendencia en tiempos modernos, cuando las condiciones de vida son mucho más seguras. En lugar de ver el ahorro como una virtud, Keynes lo vio como un freno a la empresa. “[E]n no es ahorro, sino empresa que construye ciudades y drena pantanos.”

Keynes veía la lucha por el poder entre acreedores y deudores como la trama económica de la historia. El objetivo de sus reformas económicas era así reducir el poder del acreedor sobre la vida económica. Estos planes reflejaban su visión de que el amor al dinero es una enfermedad del alma—pero también un felix culpa, o “falta afortunada”—porque impulsa el crecimiento económico que liberará a la humanidad del esfuerzo. Para agilizar esta libertad, los programas gubernamentales deberían aprovechar “el deseo desmesurado de obtener riqueza” para impulsar la inversión productiva.

Keynes para hoy

¿Qué aspectos del legado de este pensador excepcional requieren nuestra atención hoy? Déjame sugerir tres.

Primero, un regreso a la cuestión del propósito del crecimiento económico. ¿Cuánto más crecimiento, y qué tipo de crecimiento, se necesitan para asegurar las condiciones materiales de una buena vida? ¿Qué sistema económico puede aportar mejor las condiciones necesarias?

El propósito inicial de la actividad económica es utilitario: ganarse la vida. Pero más allá de esto, dice Keynes, la actividad económica es un medio para lograr una buena vida y no debe extenderse más allá de lo necesario para ese propósito. Esta filosofía puede ayudar a centrar nuestra discusión sobre las profundas cuestiones éticas sobre el futuro de los humanos en un futuro habilitado por IA.

También puede ayudarnos a fortalecer para abordar la coexistencia de un acaparamiento inimaginable de riqueza con una estancación generalizada y el subempleo; estas condiciones reavivan el argumento de Keynes a favor de la inversión pública. La “observación vigilante” por sí sola debería permitir relegar a la basura locuras actualmente de moda como la hipótesis del mercado eficiente.

Segundo, un nuevo impulso para volver a poner el dinero en circulación: para deshacerse de la riqueza acumulada. Cabe recordar que el ataque original de Keynes al patrón oro iba dirigido tanto a la escasez del metal como a la propensión de países excedentes como Estados Unidos —el rey Midas de la época de Keynes— a acapararlo. El propósito de sus sucesivos planes de reforma monetaria global, incluida la Unión Internacional de Compensación, era lograr que Estados Unidos se deshiciera de sus reservas de oro y restaurar el equilibrio del comercio.

El rechazo estadounidense a este enfoque dio lugar al sistema Bretton Woods centrado en el dólar, establecido en 1944 con el dólar convertible solo en oro. Estados Unidos empezó entonces a sufrir el problema del Rey Midas, ya que el dólar, la principal moneda de reserva mundial, fue sobrevalorado progresivamente frente a los de sus principales competidores, China, más recientemente.

Por tanto, era necesario un descenso en el valor del dólar para restaurar la capacidad manufacturera y exportadora estadounidense. Los aranceles del presidente Donald Trump pueden verse como un intento burdo de asegurar la necesaria realineación monetaria, pero a costa de una enorme interrupción del comercio y las finanzas.

Keynes buscaría un camino menos disruptivo hacia el balance comercial. El paso más importante sería sustituir la función de reserva del dólar por una nueva moneda internacional de reserva que él llamó el “bancor”. El mismo resultado podría lograrse mediante un aumento progresivo de los derechos especiales de dibujo de los miembros del FMI.

El exgobernador del banco central de China, Zhou Xiaochuan, revivió la idea del bancor de Keynes en 2009 como una forma de proporcionar la liquidez necesaria para expandir el comercio internacional. Pero ese movimiento de reforma monetaria fue sofocado por Estados Unidos.

Enfrentando el futuro

Tercero, enfrentar sin miedo tiempos peligrosos. Este aspecto del legado de Keynes nos llama a afrontar los peligros actuales buscando con valentía soluciones para los males del capitalismo que preserven la “eficiencia y la libertad”.

Hoy nos enfrentamos a preguntas similares a las de hace un siglo: ¿Presagia la creciente división del mundo en bloques hostiles una regresión a la barbarie? ¿Puede la democracia domar a la oligarquía financiera? ¿Puede abordar los conflictos raciales y culturales e invertir de una manera que contrarreste la creciente desigualdad dentro de los países y el calentamiento global? ¿O es inevitable un retroceso de la democracia, acompañado de violencia nacional e internacional?

En 1939, Keynes vio la guerra como el gran experimento para demostrar su caso. Tenía razón. Fue la Segunda Guerra Mundial, y no la Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero, la que propició el pleno empleo. Pero por muy tentador que sea eliminar la capacidad excedente mediante el gasto militar, las ideas de Keynes son independientes de cualquier propósito que pueda utilizarlas.

El colapso de la creencia en la posibilidad de un buen futuro ha contribuido a amplificar los problemas del mundo: económicos, geopolíticos y espirituales. La pregunta hoy es tan brutal como la que planteó Keynes en 1936: ¿Es necesario un apocalipsis para sacar a los políticos de sus estancamientos intelectuales, o puede un mejor análisis de nuestros problemas restaurar a la salud nuestra civilización enferma en condiciones de paz y libertad?

ROBERT SKIDELSKY fue el principal biógrafo de John Maynard Keynes y un par vitalicio de la Cámara de los Lores del Reino Unido.

Nota del editor: El autor falleció el 15 de abril, a los 86 años, antes de que se completara la edición. Las ediciones finales de este artículo, que se basa en su próximo libro, Keynes for Our Times, fueron acordadas por su asistente, Attila Mesterházy, que trabajó con él en el libro.

Compartí esta noticia !

Salarios en reestructuración

Compartí esta noticia !

Por Juan Luis Bour / FIEL – Tras recuperarse al 4.4% en 2025, en 2026 la economía volverá a crecer muy probablemente entre 2.5 y 3%, pero aun así no será este un año “de despegue” para los salarios formales. En cambio, es un periodo de fuertes modificaciones en salarios relativos. Hay más de un factor para ello, tal como analizamos en la nota editorial de este mes, pero más que proyectar tendencias veamos que nos dicen los datos mismos. El Cuadro 1 ofrece una mirada rápida sobre la evolución salarial y de jubilaciones reciente.

Con base 100 en noviembre de 2023 los datos muestran que los salarios “normales” del sector privado medidos a través del RIPTE, que cayeron durante los primeros meses de la actual gestión, se recuperaron hasta ubicarse 1% arriba del dato base que -para tener en cuenta- estaba 7.5% abajo del promedio móvil de los 12 meses previos. Si la medición es con el IVS, un índice que capta mejor la totalidad de ingresos salariales, el resultado es que a marzo de este 2026 los ingresos reales de los asalariados formales en el sector privado se mantienen por debajo de la base de noviembre (no así si se toma el dato de diciembre, con el “fogonazo” inflacionario de ese mes). Para ambos índices, además, se observa una caída de los ingresos reales en el primer trimestre de este año (última columna).

El resto de los ingresos laborales tiene evolución conocida: caen los salarios públicos respecto de la base, pero se estabilizaron en este primer trimestre de 2026. Los ingresos informales muestran un sostenido ascenso, que ubica el último dato 74% por arriba de noviembre de 2023 y más de 100% real por sobre diciembre de ese año. Este crecimiento acelerado de los ingresos informales responde a varios factores que conviene tener en cuenta. Por un lado, el retraso en la recolección de los datos en el caso de ingresos informales a través de la EPH sobreestima las caídas en términos reales cuando la inflación se acelera y también sobreestima la recuperación cuando la inflación se frena. En segundo lugar, la medición misma de ingresos por declaración de los agentes tiene menor precisión que la que surge de registros, lo que vale para la EPH tanto para ingresos formales como informales, pero la variabilidad mayor de estos últimos ingresos reduce la confiabilidad del dato. En tercer lugar, el empleo en los últimos tres años creció básicamente de la mano de los trabajadores independientes e informales: entre el cuarto trimestre de 2022 y el cuarto de 2025, los puestos de trabajo ocupados totales crecieron 833 mil, pero mientras la cantidad de asalariados registraron no se movió (cayó en 5 mil), todo el aumento fue de no asalariados (673 mil) y de asalariados informales (144 mil). Esta “explosión” de crecimiento básicamente informal determina cambios en la composición de este grupo que pueden haber incidido en la definición de “ingreso medio informal” representativo. O sea que estamos tratando de medir algo que se transforma aceleradamente (respecto del grupo de asalariados formales que se estanca), y por lo tanto las características del grupo (promedio de ingresos en particular) pueden variar.

Con dudas sobre la evolución futura del ingreso medio informal por lo antes anotado, para el resto de ingresos laborales es más clara y menos promisoria. A favor de una recuperación en términos reales jugará una baja persistente de la inflación, dependiendo de su magnitud. Dado que venimos de tasas en torno de 3%, cabe esperar que las variaciones sean al menos neutras cuando la inflación perfore el 2% mensual. En salarios privados formales, la estrategia oficial de homologar acuerdos colectivos con pauta inferior a la inflación seguramente persistirá durante 2026 y 2027, lo que no impide que los salarios efectivos (medidos por IVS y RIPTE) se acerquen o superen en algún mes la tasa de inflación.

Un informe de la Secretaría de Trabajo muestra que, con base en noviembre de 2023, el salario de convenio promedio se ubicaba en marzo 6% por debajo de su base, mientras que el salario promedio del SIPA se encontraba 3% por sobre la base (la variación usando el promedio del SIPA difiere, como se ve, de los datos del Cuadro 1). La diferencia de 9 puntos entre los salarios efectivos y de convenio ha venido creciendo en los últimos 6 meses. Un cuadro elaborado por la misma Secretaría con datos desde diciembre de 2012 muestra que, para el periodo que va hasta fines de 2020, la remuneración de convenio estuvo por encima de la remuneración efectiva promedio (en términos reales, respecto de la base). Desde allí en más, la remuneración de convenio evolucionó por debajo de los salarios efectivos, y esta diferencia se hizo máxima en la actual Administración y en particular en los últimos 6 a 9 meses.

En un ambiente de una economía más abierta y que enfrenta la necesidad de importantes reestructuraciones, la estrategia oficial de evitar la indexación de los salarios de convenio es la más apropiada para preservar el empleo (es decir, para evitar que las empresas que necesitan reestructurar no se vean forzadas por aumentos insostenibles de costos laborales) y facilitar cambios de salarios relativos entre sectores y entre empresas. Es inevitable que esta situación lleve a un crecimiento de la dispersión salarial que ya está ocurriendo en múltiples dimensiones: a nivel sectorial, regional, y también intrasectorial e intraempresa.

Compartí esta noticia !

Luz verde del FMI para el programa fiscal

Compartí esta noticia !

Por Isidro Guardarucci / FIELUn abril en positivo. El Sector Público Nacional No Financiero volvió a cerrar abril con superávit primario y financiero. El dato no es menor. En una economía que hasta hace 2 años estaba acostumbrada a que el déficit sea la norma y el equilibrio la excepción, la persistencia de resultados positivos sigue siendo una buena noticia. Más aún, en un contexto donde el ancla fiscal ocupa un lugar central en el programa económico y en la relación con el FMI.

No obstante, mirar sólo el signo del resultado puede llevar a una lectura incompleta. El acumulado del primer cuatrimestre muestra una foto algo menos holgada que la del año pasado. Cuando se compara enero-abril de 2026 con el mismo período de 2025, medido a precios constantes, el resultado primario cae alrededor de 12%, pero si se netean ingresos extraordinarios (en línea con la medición que realiza el FMI para sus metas), la merma real es de casi 27%. Es decir, la caja sigue cerrando, pero con márgenes menores.

Ejecución acumulada enero-abril ($ millones de 2026)

Fuente: elaboración propia en base a Mecon

La explicación es sencilla: aun cuando la consolidación del gasto continúa, los ingresos caen relativamente más. Los recursos totales muestran una baja real superior al 4%, mientras que los ingresos tributarios retroceden alrededor de 7%. Del otro lado, el gasto primario también se contrae, aunque a un ritmo menor, cercano al 3%.

El detalle del primer cuatrimestre

La debilidad de los ingresos tributarios es evidente en el primer cuatrimestre. La caída no descansa en un único componente, sino que se distribuye entre varios pilares de la estructura tributaria nacional. Cabe mencionar que, a diferencia de años pasados, cuando la alta inflación y consecuente licuación de algunas partidas daban aire a la caja, el escenario actual exige que la recaudación acompañe por cantidades y no sólo por nominalidad. Si eso no ocurre, el equilibrio fiscal depende cada vez más de la administración del gasto.

Para estos resultados, pesa la caída de los Derechos de Exportación, afectada por cambios en alícuotas y por la propia dinámica del tipo de cambio. A esto se suman bajas en aportes y contribuciones. Estos dos recursos concentran el 33% y 21% de la baja total de ingresos tributarios, respectivamente. En esta línea, el IVA vuelve a aparecer entre los tributos que más explican la merma. Esta señal es relevante porque se trata de un impuesto muy asociado a la dinámica del consumo y la actividad interna. No obstante, debe tenerse presente que mientras la recaudación a abril muestra una reducción real de 8,4%, la recaudación del Impuesto a los Ingresos Brutos cayó menos del 3% cuando se mira el conjunto de las provincias. Si bien la base imponible de este presenta diferencias con el tributo al consumo nacional, es también reconocido como un indicador de la actividad y refleja un panorama distinto.

Por el lado del gasto, el primer cuatrimestre muestra que la disciplina fiscal sigue a la orden del día. Así, los gastos de funcionamiento no salarial se reducen de forma importante, al igual que las transferencias corrientes a provincias. También se observa una baja real en remuneraciones y en el resto de prestaciones sociales. Estos rubros siguen siendo parte relevante del esfuerzo fiscal.

No obstante, hay otros componentes que muestran una dinámica distinta. Las jubilaciones y pensiones contributivas vuelven a crecer en términos reales, algo esperable luego de la recomposición parcial del poder adquisitivo respecto de los momentos más duros del ajuste inicial. Los subsidios económicos también crecen en la comparación interanual del acumulado, impulsados especialmente por energía. Este punto merece atención, no tanto porque el nivel actual vuelva a los registros del pasado, sino porque se trata de una partida con una larga historia de desbordes fiscales.

La inversión pública nacional, por su parte, ya no muestra el mismo ritmo de caída que en etapas anteriores. El mes de abril mostró un cambió fuerte en la tendencia. Sólo en ese mes se registraron erogaciones equivalentes al 80% del acumulado en el primer trimestre entero.

La lectura de fondo es que la consolidación fiscal entra en una fase distinta. En 2024, una parte importante del ajuste descansó en la licuación inicial del gasto y en el shock de corrección de partidas. En 2025, el superávit se sostuvo con menor holgura, pero todavía apoyado en recortes muy fuertes en subsidios, inversión pública y transferencias. En 2026, el resultado exige una política fiscal más fina. Y acá, el pasado importa. El gobierno argentino ha mostrado en reiteradas ocasiones su voluntad por cumplir con los objetivos fiscales y no hay motivos para creer que 2026 será una excepción a esta dinámica (menos aún en un año que no presenta elecciones en agenda).

Revisión del FMI: programa fiscal aprobado y un futuro previsible

La segunda revisión del acuerdo con el FMI dejó una señal favorable para el gobierno: el programa sigue en pie y la política fiscal continúa siendo reconocida como un pilar del proceso de estabilización. Como era esperable, los nuevos desafíos incluyen avanzar calidad del ajuste, la sostenibilidad y la coordinación con el resto del programa macroeconómico.

En cuanto al pasado reciente, el Fondo destacó el desempeño fiscal, pero también manifestó que el efecto del registro de los intereses capitalizados debajo de la línea totalizó en 2025 un punto del PIB. De modo que, con esto, el balance global (incluyendo intereses) pasaría de un 0,2% positivo a 0,8% negativo. Además, esta revisión confirmó una reducción de la meta de superávit primario para este año la cual pasó de 2,2% del producto a 1,4%, el mismo nivel que el último ejercicio. Esto vuelve al objetivo actual desafiante pero muy razonablemente cumplible. Así, el objetivo de 2,2% quedó mencionado, pero como una meta en el mediano plazo y no como una condición para 2026.

A su vez, la institución volvió a manifestarse a favor de un esquema tributario más eficiente y equitativo (menos impuesto al cheque y retenciones, sumadas a una política de reducción de exenciones y tratamientos especiales). Ninguna novedad; no sería un reporte del FMI si no tuviese este pedido. En la misma categoría se incluye la idea de mejorar la focalización del gasto, especialmente en materia de subsidios. Más relevante (aunque tampoco muy novedoso) es la ratificación de la necesidad de presentar una reforma previsional. No obstante, la fecha fijada para tal evento es diciembre de 2027. Es decir, exactamente después de la renovación del mandato presidencial. Sea este gobierno u otro, esto refleja la intención deliberada de sacar de la agenda electoral el tema y postergarlo para una gestión políticamente renovada.

En resumen: aprobación, una meta menos ambiciosa para este año y el decálogo de buenas prácticas habitual.

El desafío que viene

El gobierno todavía conserva el activo más importante de su programa económico: la convicción fiscal. La pregunta para los próximos meses es si será suficiente para sostener el superávit mientras se espera que el ciclo económico (iniciado en sectores como el agro, las actividades extractivas y financieras) permee al resto de la economía y recaudación. La caja sigue cerrando. Pero, a diferencia del comienzo del ajuste, ahora cada peso cuesta más. Con menos presión del lado del Fondo y sin elecciones este año, no hay motivos para pensar que se incumplirá con los objetivos de este año. 

Compartí esta noticia !

El comercio externo de la Argentina sigue por buen camino en un mundo cada vez más fragmentado

Compartí esta noticia !

Por Marcela Cristini y Guillermo Bermúdez / FIEL – El comercio y las inversiones internacionales son ejes centrales para el desarrollo de la Argentina, reconocidos como tales en el actual programa de gobierno. El objetivo de la política económica de ganar una mayor inserción internacional busca solucionar la escasez histórica de divisas para financiar el crecimiento y acelerar la modernización y el desarrollo de nuestro país.

La iniciativa local se ha dado en un momento crítico de las relaciones políticas y económicas del mundo, como ya se viene advirtiendo desde esta sección de Indicadores de Coyuntura. En lo político, las relaciones internacionales evolucionan con una marcada inestabilidad que incluye avances y retrocesos en los graves conflictos armados en curso (invasión rusa a Ucrania y guerra entre Irán y Estados Unidos/Israel), crecimiento del armamentismo, incluida la amenaza nuclear y distanciamiento entre aliados históricos (crisis de la OTAN) entre los aspectos más notables.

Los cambios son tan importantes como frecuentes y obligan a mantener el diagnóstico y las perspectivas actualizadas. En el plano económico mundial, el crecimiento volvería a disminuir en 2026 con pronósticos del 3,1% al 2,6% dependiendo de la evolución de los conflictos y la consecuente moderación de los precios internacionales de la energía. En el caso del conflicto actual en el Golfo Pérsico, los analistas internacionales ven cerca las posibilidades de un plan de paz que ayudaría a impulsar nuevamente el crecimiento mundial en 2027. También se prevé un aumento de la inflación, en especial en los Estados Unidos, y de la deuda internacional, con algún riesgo para la estabilidad financiera. En ese escenario, el comercio mundial mantiene una notable resiliencia. Luego de un importante aumento de su valor en 2025, el año 2026 muestra un primer cuatrimestre con un 7,5% de aumento en el valor del comercio de bienes y servicios, manteniendo la dinámica en bienes y con un recorte en el crecimiento de los servicios.  Parte de estos resultados se explican por el aumento de precios de los productos básicos (commodities) liderados por el petróleo y por la redistribución del comercio mundial a partir del “desacople” entre los Estados Unidos y China.

La competencia entre los Estados Unidos y China, en el marco de un intercambio comercial bilateral muy favorable al segundo país, tuvo un punto de aceleración luego de la pandemia del COVID 19. El gobierno demócrata del Presidente Biden ya había tomado medidas de protección al abastecimiento estratégico de los Estados Unidos y una política industrial de apoyo a la competitividad de las industrias locales. Desde abril de 2025, el gobierno del Presidente Trump hizo explícito el enfrentamiento económico entre los dos países por la vía de fijación de altos aranceles. Las medidas de represalia entre ambos países se matizaron con retrocesos tácticos y reuniones periódicas. Desde entonces, el comercio bilateral se redujo significativamente (ver Gráfico 1).

Gráfico 1

Fuente: FIEL con base en datos Bureau of Labor Statistics, USA.

En efecto, por detrás del escenario de fragmentación mundial creciente sigue vigente la competencia económica y también geopolítica entre las dos primeras economías globales. Las reuniones entre sus máximos líderes se caracterizan por buscar la reducción de las tensiones bilaterales sin presentar soluciones efectivas a los problemas (normalización de relaciones China-Taiwán, amenazas de limitación de exportación china de tierras raras, represalias de los Estados Unidos por falta de control en la provisión china de fentanilo, restricciones bilaterales al intercambio de nuevas tecnologías). Los presidentes Trump y Xi Jinping se reunieron 7 veces desde 2017 y en 2025-26 tuvieron dos reuniones en el marco del ya mencionado “desacople” comercial entre ambas economías.

En ese contexto, y en ausencia de tendencias reconocibles, los analistas utilizan técnicas prospectivas de escenarios para trazar estrategias. Estas técnicas parten de reconocer la situación de las principales variables que dan forma a las relaciones políticas y económicas internacionales para, a continuación, proyectar su evolución en escenarios alternativos. Generalmente se construirïa un escenario de tendencia, uno optimista, otro pesimista y alguno con algunas modificaciones frente a la tendencia principal. La dificultad actual es que tanto la ruptura del mundo multilateral en lo económico como del mundo unipolar en lo político, complica la proyección de una tendencia dominante a la vez que los escenarios pesimistas llevarían a resultados con gravísimas consecuencias al involucrar riesgos de ataques con armamento nuclear.

Por su parte, los países en desarrollo se encuentran alejados de los conflictos, pero enfrentan sus consecuencias. Si bien el crecimiento de estos países será en promedio más alto que el de los países avanzados en 2026, su tasa es mucho menor que la registrada durante el período de la globalización. En particular, en el caso de China la tasa pronosticada es del 4%, menos de la mitad de su tasa histórica reciente. También el resto de las economías en el Este asiático, las del Sur de Asia (India es la excepción con una tasa pronosticada del 6,5%) y las de Europa del Este tendrán tasas de crecimiento menores a las del año 2025. Las economías de América Latina alcanzarían un crecimiento del 2,2% (CEPAL), destacándose la Argentina con una tasa del 3,3%, mientras que México y Brasil estarían por debajo del promedio.

En términos del comercio mundial, los actuales conflictos llevaron a una intensificación de los flujos Sur-Sur. Las proyecciones para América Latina son de un crecimiento por debajo del promedio de esos flujos, en particular para el Mercosur, que todavía mantiene un nivel bajo de inserción mundial. Por último, el crecimiento de los flujos de inversión extranjera directa se ha concentrado en los países más avanzados con mermas para los países en desarrollo. En el caso de América Latina, México y Brasil siguen concentrando el 70% del total de los flujos de ingreso de inversiones. Los inversionistas en nuestra región se concentran en sectores estratégicos de recursos naturales.

El caso de la Argentina presenta algunas particularidades positivas derivadas de su reforma económica y de un buen año en términos de clima que favoreció una cosecha récord. En el capítulo del comercio exterior, el primer cuatrimestre de 2026 mostró novedades importantes en el crecimiento y en el patrón exportador, luego de un buen 2025 con un crecimiento del 9,3%. Así, las exportaciones argentinas de bienes del primer cuatrimestre totalizaron USD 30.820 millones, equivalente a un incremento de 21,5%. Las importaciones cayeron un -6,4% en línea con el menor nivel de actividad económica y la amplia recomposición de inventarios de los dos años anteriores.

En cuanto a la composición del comercio, las exportaciones de productos primarios y de la agroindustria mantienen su importancia con un 57% del total exportado y con un crecimiento del 31% y 8,6%, respectivamente. Como tendencia importante, la balanza de combustibles muestra un crecimiento de su saldo positivo como consecuencia del aumento de la producción de petróleo. Este resultado no muestra aún el impacto pleno del potencial de los yacimientos de gas no convencional de Vaca Muerta. Se estima un saldo positivo de USD 12000 millones proveniente de este sector para 2026 como resultado del aumento del volumen exportador, pero también por el significativo aumento de los precios internacionales derivado del conflicto entre Irán y Estados Unidos/Israel. En el caso de la industria automotriz, que es la exportación manufacturera más relevante de nuestro país, aunque la balanza se mantiene negativa, el primer cuatrimestre muestra la continuidad en el aumento de las exportaciones (28,8%), con base en los vehículos para transporte de mercancías.

Como parte del objetivo de ampliación de la inserción internacional de nuestro país, la firma reciente de acuerdos comerciales con la Unión Europea y el EFTA en el marco del MERCOSUR y del acuerdo bilateral con los Estados Unidos, muestran un sendero inicial prometedor.  En el caso de la Unión Europea, Argentina fue el primer miembro de MERCOSUR en ratificar el acuerdo y ocupar los cupos de exportación de algunos productos agroindustriales (huevos, miel). En una primera etapa estas cuotas se están cubriendo por orden de llegada y está pautada una negociación entre los miembros del MERCOSUR para coordinar su reparto. Este proceso está previsto para los próximos meses y no estará exento de roces hasta alcanzar algún mecanismo de asignación. En el caso de los Estados Unidos, la ampliación del cupo de importaciones de carne vacuna permitió un importante envío en el primer cuatrimestre de este año (en torno a 20000 toneladas).

A la vez, la política oficial se ha orientado a reducir la carga impositiva sobre los productos exportables con bajas de derechos de exportación. Como se ha repetido desde este espacio muchas veces, estos derechos se encuentran entre los instrumentos tributarios más distorsivos de la producción y las inversiones y reducen las oportunidades de crecimiento de largo plazo. Por esta razón son sólo utilizados excepcionalmente en el resto del mundo, mientras nuestro país ha abusado de su utilización a lo largo de nuestra historia. Durante el anterior gobierno (presidencia de A. Fernández) estos impuestos representaron el 8% de la recaudación total, para reducirse a un poco más del 4% en la actualidad, en el marco de un sendero descendente al que se ha comprometido el actual gobierno (Gráfico 2).

Gráfico 2

Fuente: FIEL con base en Ministerio de Economía de la Nación.

Estos aspectos describen las fortalezas que está adquiriendo nuestro país, a las que se han sumado varias iniciativas para atraer nuevas inversiones a través de regímenes especiales como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y el Régimen de Incentivos para Medianas Inversiones (RIMI), que serían continuados por un “Súper RIGI”. Este último se orientaría a la creación de nuevas industrias y pensado para completar las cadenas de valor a partir de la explotación de recursos naturales como el litio o los productos de la energía. En todos los casos, las normas incluyen la amortización acelerada de inversiones y la devolución anticipada de los saldos tributarios favorables (IVA) entre los principales beneficios.

En síntesis, hasta el inicio del segundo cuatrimestre de 2026, el balance de la situación comercial externa parece favorecer a la Argentina, pese a los riesgos internacionales. La continuidad de esta tendencia dependerá de seguir reconociendo y corrigiendo nuestras debilidades históricas, promoviendo la inserción internacional y la ampliación de las inversiones.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin