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Salario mínimo garantizado: una mala idea

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Por Juan Luis Bour / FIEL – El Poder Ejecutivo, a través de la Secretaría de Trabajo, se apresta a impulsar una medida que “cierra el cerco” para las negociaciones salariales en paritarias. Hasta ahora, las negociaciones enfrentaron —y seguirán enfrentando— un techo porcentual para los ajustes de convenio que, dependiendo de la evolución de la inflación, permite que el convenio sea homologado y, con ello, que el aumento salarial tenga fuerza de ley aplicable a toda la actividad en cuestión. Esta restricción para los aumentos tiene el objetivo de evitar que, a través de acuerdos de actividad que negocian cúpulas (líderes sindicales y cámaras), se impongan condiciones incumplibles a muchas empresas —normalmente pequeñas y medianas— que enfrentan un contexto competitivo (producción local o importada) y eventualmente menor productividad que las empresas mejor representadas en la negociación.

El tope en convenios tiene sentido en el plano económico, porque cualquier empresa a partir de dicho mínimo convencional puede acordar mejores condiciones salariales y/o de trabajo. Esto último es precisamente lo que ha venido ocurriendo: a pesar de una economía que avanza anémicamente en los sectores que no son líderes, los salarios efectivos por sector han evolucionado por arriba de los salarios convencionales. La Secretaría de Trabajo informa, en efecto, que, con base en diciembre de 2024, el promedio salarial de convenio cayó al mes de mayo de 2026 casi 8 puntos en términos reales, mientras que los salarios efectivos cayeron en términos reales 3 puntos. Es decir, que en 17 meses los salarios medios crecieron 5 puntos por sobre lo establecido en convenios.

¿Debe mantenerse indefinidamente ese mecanismo de techo? Seguramente, a nadie se le ocurriría mantener un techo si los convenios fueran por empresa en una economía abierta y competitiva. No se establecen techos en la mayoría de los casos de la experiencia internacional comparada. Pero la mayoría de los salarios se negocian en Argentina -un país de alta inflación- por convenios colectivos de actividad, abarcando empresas que enfrentan mercados muy diversos de bienes y servicios, con establecimientos con diversidad tecnológica y de tamaño, en distintas regiones y con una carga de historia laboral muy diferente. La homologación fue hasta 2023 un trámite de aprobación que se descontaba, salvo raras excepciones. El mecanismo se vuelve —en cambio— un elemento importante en un proceso de transición hacia una economía de baja inflación, abierta, desregulada y competitiva. En este periodo, el techo es un sustituto —parcial, imperfecto, pero útil— de las señales que deben darse para aproximar precios y salarios a los niveles que son consistentes con las distintas productividades relativas. En 10 o 15 años, probablemente, el “techo” se volverá inútil porque los salarios se determinarán en cada establecimiento o empresa, por negociaciones directas entre las asociaciones de trabajadores y cada firma.

Existiendo un “techo”, seguramente a alguien se le ocurrió que debería existir también un “piso”, y que tendría también un papel importante que jugar en el camino hacia una economía más estable. Mala idea.

El piso, a diferencia del techo, no tiene flexibilidad (como lo tiene el techo) a nivel de empresa. El techo se puede superar, el piso no se puede perforar. Por lo tanto, en cuanto el convenio colectivo de trabajo (CCT) establece un piso homologado, se convierte en un salario mínimo sectorial que debe ser acatado por toda empresa de la actividad (a menos que logre firmar un convenio colectivo de establecimiento o de empresa que defina algo diferente). Al ser un piso mandatorio, las preguntas que cabe formular son quién determina ese piso y si es efectivo (es decir, si obliga a subir salarios que están por debajo del nivel fijado).

Si el piso lo define la autoridad oficial (como actualmente se determina para el salario mínimo), pero para cada convenio colectivo, entonces se requiere de un Estado omnisciente que sepa perfectamente cuál es el nivel del piso que todos pueden pagar y que no genere efectos indeseados. Entre estos efectos cabe prever la posible pérdida de empleos no calificados, la traslación del incremento otorgado a todas las escalas del convenio, o el achatamiento de las escalas salariales, con impacto negativo en los incentivos. Si el piso —supuesto que es más alto que el vigente— se acuerda entre las partes del convenio, es decir, en convenios que mayoritariamente son de actividad, la pregunta es: ¿Por qué no lo habrían establecido antes las mismas partes? ¿Qué tiene de novedoso “sugerir” desde el Estado con un número arbitrario (un millón setenta mil, o un millón, o dos millones, ¿por qué no?) que suban los salarios de algún grupo? ¿Se trata de revivir la idea de salarios mínimos sectoriales en una oleada de correcciones de convenios colectivos, al tiempo que la política fiscal y monetaria se mantienen fuertemente contractivas? Probablemente nadie pensó que subir salarios mínimos en medio de una revolución tecnológica (IA) que reemplaza las tareas más simples no haría más que acelerar el proceso de adopción tecnológica, desplazando aún más rápidamente a trabajadores de baja calificación.

La introducción de pisos garantizados/conformados/sectoriales, o como se quiera llamar, es una típica medida impulsada desde la política sin argumentos sólidos en el plano económico, a diferencia de la discusión tradicional sobre un salario mínimo general que puede jugar un rol estabilizador en contextos de profundos desequilibrios. En términos vulgares, es una medida de corte populista que tarde o temprano pierde efectividad, como los precios máximos. Esperemos que alguien perciba que por esta vía se reintroducen prácticas regulatorias que harán más lenta y difícil la transición de la economía argentina.

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Passalacqua pidió que el debate económico también responda al ciudadano

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El gobernador Hugo Passalacqua acompañó la apertura de la 47ª Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), que se desarrolla en Puerto Iguazú. Durante su intervención, valoró que Misiones haya sido elegida como sede y sostuvo que, junto a los debates sobre la realidad económica y productiva, es necesario atender las demandas cotidianas de la sociedad. En ese sentido, destacó que estos espacios deben contribuir a “tomar buenas decisiones” tanto en el ámbito público como privado.

El gobernador Hugo Passalacqua acompañó este jueves la apertura de la 47ª Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), que reúne en Puerto Iguazú a referentes de distintos ámbitos vinculados con la economía, las finanzas y la producción. En ese marco, el mandatario puso el foco en la necesidad de que los debates económicos contemplen también las demandas concretas de la sociedad.

La ceremonia se realizó en el hotel Loi Suites, donde el mandatario compartió la apertura con el presidente del IAEF, Pablo Miedziak, y el socio de PwC Argentina y presidente del Comité Organizador de la convención, Ezequiel Mirazón.

Passalacqua agradeció que la institución haya elegido a Misiones como sede de su 47ª edición y valoró el carácter federal de la convocatoria. “El honor es nuestro, sinceramente, la distinción es nuestra. Que el IAEF haga un evento acá en la provincia de Misiones, con esa especie de pátina federal, a nosotros nos llena de alegría”, expresó.

El gobernador también se refirió a la diversidad de cuestiones económicas y productivas que forman parte del encuentro y remarcó la importancia de que el análisis de las grandes variables tenga en cuenta la realidad cotidiana de la población.

“También está el ciudadano de a pie”

En ese sentido, Passalacqua sostuvo: “La idea es una cosa macro y también está el ciudadano de a pie, que pide respuestas a otra velocidad que el reloj”.

Desde esa perspectiva, consideró que los intercambios que se produzcan durante la convención deben tener una utilidad concreta y contribuir a mejorar la toma de decisiones tanto en el sector privado como en la gestión pública.

“Este tipo de convenciones, a mi entender, deben servir para lo público y lo privado para tomar buenas decisiones, de eso se trata”, afirmó.

Asimismo, destacó el intercambio de conocimientos y experiencias que propone el encuentro. “En estos tres días vamos a aprender, vamos a debatir, vamos a intercambiar ideas con un fin”, señaló. Y sintetizó: “Estos eventos son para aprender y después tomar buenas decisiones. En la pyme, en la megaempresa, en el banco, en la provincia”.

Por su parte, el presidente del IAEF, Pablo Miedziak, señaló que los análisis sobre la economía también deben considerar los tiempos y las dificultades que atraviesan actualmente distintos sectores de la actividad productiva. Al describir esa realidad, mencionó “el reloj de la pyme que paga sueldos el 4 de cada mes, el del productor yerbatero que acá liquida la cosecha, el del hotelero de esta ciudad que factura en pesos y compite con la vereda de enfrente, y el del comerciante que ha renovado capital de trabajo con tasas muy superiores a la de los países vecinos”.

Miedziak sostuvo que esos tiempos “se miden en días y semanas” y planteó la necesidad de que los procesos económicos puedan traducirse en resultados concretos para la sociedad. “No hay reforma sostenible sin resultados que la gente vea e impacten en su realidad personal y familiar”, expresó.

Una convención nacional con sede en Puerto Iguazú

La 47ª Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas se desarrolla en Puerto Iguazú del 3 al 6 de septiembre y reúne a empresarios, ejecutivos, especialistas y representantes del ámbito público de distintos puntos del país.

Durante la apertura, el presidente del IAEF, Pablo Miedziak, destacó especialmente la elección de Puerto Iguazú y explicó que la realización del encuentro en Misiones responde a una decisión de llevar estas discusiones a distintos puntos del país.

“Cuando el IAEF sale de Buenos Aires, no lo hacemos por turismo”, afirmó Miedziak. En ese sentido, recordó que durante el año la institución también realizó actividades en Rosario, Córdoba y Tucumán y sostuvo que “la conversación económica argentina no solo tiene que estar concentrada en el AMBA”.

Asimismo, señaló que “la Argentina que produce, que exporta y genera empleo está en todo el país”, una definición que acompañó el reconocimiento expresado por Passalacqua por la elección de Misiones como sede de la convención.

Según el cronograma difundido por la organización, para este viernes está prevista la participación del gobernador en el panel “El rol de las provincias en la transformación competitiva del país”, junto a los mandatarios de Mendoza, Alfredo Cornejo; Catamarca, Raúl Jalil; y Corrientes, Juan Pablo Valdés.

La convención continuará en Puerto Iguazú de acuerdo con la programación establecida por el IAEF.

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Banco Macro mejora las tasas de préstamos hipotecarios a 20 años

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Banco Macro mejora su tasa de Préstamos Hipotecarios para beneficio de sus clientes e hijos. La entidad lidera la flexibilización del mercado al bajar tasas y extender plazos a 20 años, en línea con el impulso al crédito hipotecario que promueve el Gobierno Nacional.

Banco Macro presenta una nueva propuesta de préstamos hipotecarios para sus clientes Plan Sueldo Selecta y sus hijos, con condiciones más competitivas para quienes buscan comprar su vivienda, ampliarla o refaccionarla.

Con tasas de UVA + 7,5%, Banco Macro acompaña el programa recientemente anunciado por el Gobierno para ampliar el crédito hipotecario.

Un aspecto clave de esta iniciativa es que no solo alcanza a los titulares de Plan Sueldo Selecta: sus hijos también pueden acceder al crédito de manera individual, con las mismas condiciones preferenciales.

De esta forma, la línea amplía las posibilidades de acceso a la vivienda propia también para las nuevas generaciones dentro de una misma familia.

Con este anuncio, Banco Macro asume un rol de liderazgo en el desarrollo del mercado de crédito para vivienda, poniendo a disposición de sus clientes un beneficio que responde a una demanda sostenida: financiamiento más accesible y a mayor plazo.

La palabra del CEO

“Banco Macro lidera estas iniciativas de crédito, adaptándonos con dinamismo y con un profundo conocimiento de las necesidades de nuestros clientes. Bajamos la tasa a UVA + 7,5%, y volvemos a ofrecer plazos de hasta 20 años para la financiación hipotecaria. Con esta actualización buscamos dar una señal concreta al mercado. Bajar la tasa y volver a ofrecer plazos de hasta 20 años les permite a nuestros clientes, y también a sus hijos, proyectar la compra o mejora de una vivienda con una cuota mucho más accesible, en sintonía con lo que el país necesita en esta etapa”, señaló Juan Parma, CEO de Banco Macro.

Plazos más largos, cuotas más accesibles

Uno de los puntos centrales de esta línea es la extensión del plazo a 20 años, un horizonte poco frecuente en el mercado hipotecario argentino.

Este plazo permite que la cuota inicial resulte más baja en relación al ingreso,  ampliando el universo de clientes —titulares e hijos— que califican para un crédito hipotecario y facilitando el camino hacia la vivienda propia.

La reducción de la tasa  UVA + 7,5%, significa una mejora que impacta de manera directa en el costo total del préstamo y posiciona a Banco Macro con la oferta más competitiva del segmento.

La línea está destinada a clientes Plan Sueldo Selecta y, de forma independiente, a sus hijos. Contempla distintos destinos: compra de una vivienda, y mejora, ampliación o refacción de inmuebles.

Tiene alcance en todo el país, por lo que puede solicitarse desde cualquier provincia, sin importar dónde se encuentre la propiedad a adquirir o mejorar.

Este beneficio responde al compromiso del banco con sus clientes y su grupo familiar, para quienes buscan sostener una propuesta de valor diferencial a través de soluciones financieras ágiles y a medida de sus necesidades.

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El bitcoin se disparó un 20%

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La cotización del bitcoin se disparó 20% en tres días impulsada por el apoyo de Donald Trump a un proyecto de ley sobre criptomonedas en Estados Unidos.

También por la decisión del Departamento del Tesoro de aumentar las compras de sus propios bonos.

El bitcoin subió el viernes 6,9%, hasta los US$ 77.675, tras alcanzar su máximo nivel desde mayo, y acumula un alza de más del 20% desde el miércoles.

El viernes fue el tercer día consecutivo en que el bitcoin avanzó más de un 5%.

Las subas retornaron luego de que el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, anunció que el organismo al menos duplicará el volumen de sus recompras de bonos de largo plazo. 

Ese mismo día, Trump se reunió con referentes de la industria cripto, lo que reforzó todavía más el optimismo.

La reunión de Trump, en la que participaron ejecutivos de firmas como Coinbase Global y Payward, fue interpretada como una señal positiva respecto del compromiso de la administración con el sector cripto. 

Trump instó al Senado a aprobar la Clarity Act, un proyecto de ley destinado a establecer la estructura regulatoria del mercado de criptomonedas y que se encuentra frenado por desacuerdos en torno a disposiciones vinculadas con cuestiones éticas. 

El proyecto no llegó a ser sometido a votación antes del receso de agosto del Senado.

Mientras tanto, el oro alcanzó su nivel más alto desde mayo, ante el temor de los inversores de que la intervención en el mercado de bonos siga presionando al dólar.

Esto hizo subir las reservas del Banco Central de la Argentina, que cerraron la semana en USD 50.655 millones.

La autoridad monetaria, en tanto, compró USD 23 millones en la última jornada hábil del mes.

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El segundo semestre viene con grillete fiscal

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Por Isidro Guardarucci / Fundación FIEL – El primer semestre cerró con superávit fiscal nacional, una noticia que sigue siendo importante para un país poco acostumbrado a sostener cuentas públicas ordenadas. Sin embargo, la comparación real contra 2025 confirma que la holgura se achicó bastante. El resultado primario acumulado a junio es casi 30% menor al del año pasado y el financiero cae más de 60%. A nivel provincial, la historia es similar: balance primario positivo, pero con una caída del 50% frente a 2025. En este contexto, el gobierno nacional anunció el “grillete fiscal”.

Primer semestre nacional: el signo positivo ya no alcanza

A junio, el Sector Público Nacional No Financiero acumuló un superávit primario de $7,3 billones y un superávit financiero de $1,5 billones, ambos medidos a precios de 2026. El resultado sigue en terreno positivo y esto no debe minimizarse: el ancla fiscal continúa siendo el activo central del programa económico.

Pero el dato relevante está en la comparación interanual. Medido en términos reales, el resultado primario acumulado cae 28,3% respecto de enero-junio de 2025. El resultado financiero se reduce 64,6%. La explicación general es historia repetida. Los ingresos caen más que el gasto. Los recursos totales retroceden 5,0% real y los tributarios lo hacen 6,5%. El gasto primario también baja, pero apenas 1,9%. No hay desborde del gasto en el agregado, pero sí una combinación menos favorable para sostener el superávit. No obstante, aún en este contexto, la iniciativa de reducir la presión impositiva continúa: los números de julio reflejarán la baja de derechos de exportación a bienes industriales, con el objetivo de su eliminación total dentro de los próximos doce meses.

Cuadro 1

Ejecución acumulada enero-junio (millones de $ de 2026)

Fuente: elaboración propia en base a Ministerio de Economía.

Ingresos débiles, otra vez

La recaudación tributaria acumulada a junio vuelve a mostrar una baja amplia, que se sitúa en 6,5% cuando se compara en moneda constante contra la primera mitad del año pasado. Los Derechos de Exportación son el principal factor: caen 40,8% real y explican una pérdida de alrededor de $2,3 billones frente al primer semestre de 2025. En segundo lugar, aparece el IVA, con una merma real de 7,8% y una pérdida de $1,4 billones. Los aportes y contribuciones a la seguridad social completan el grupo principal, con una caída de 3,8% y $1,1 billones menos.

Estos tres componentes explican buena parte del retroceso. No tienen la misma lectura económica, pero sí el mismo efecto fiscal. Los Derechos de Exportación reflejan cambios de alícuotas, cantidades, precios y tipo de cambio; el IVA es una señal más cercana a consumo y actividad interna; los aportes y contribuciones dependen de la dinámica del empleo formal y la masa salarial. En conjunto, muestran que la recuperación de la recaudación todavía no aparece con la fuerza necesaria.

Hubo algunas compensaciones. Ganancias creció levemente en términos reales, Bienes Personales también aportó algo y el resto de tributos aumentó 7,7%. Pero estos movimientos no alcanzan para revertir el saldo general. El punto de fondo es que, con menor inflación, el fisco necesita bases imponibles reales más fuertes. La nominalidad ya no hace el trabajo.

Gráfico 1

Aportes a la variación de la recaudación (millones de $ de 2026)

Fuente: elaboración propia en base a Ministerio de Economía.

Gasto: ajuste más tenue y partidas que vuelven a crecer

Del lado del gasto primario, la baja agregada del 1,9% real luce modesta frente a la caída de los ingresos. Algunas partidas siguen mostrando recortes relevantes: las transferencias corrientes a provincias caen 35,6%, los gastos de funcionamiento no salarial 14,3%, el gasto de capital nacional 11,6%, las transferencias de capital a provincias 13,9%, el resto de prestaciones sociales 11,6% y las remuneraciones 7,1%.

Sin embargo, otras líneas muestran recomposiciones. Las jubilaciones y pensiones contributivas crecen 3,1% real, la AUH aumenta 3,8% y las transferencias a universidades suben 10,5% (merced a la actualización de salarios acordada hace unos meses, la cual tendrá un impacto adicional en agosto). En estos casos, la dinámica no sorprende: después del fuerte ajuste inicial, algunas partidas empiezan a recuperar poder de compra o reciben decisiones específicas de recomposición.

El rubro que más sobresale sigue siendo subsidios económicos, con un aumento real de 29,6% en el acumulado. La explicación está, otra vez, en energía. Entre enero y junio, los subsidios energéticos se ubican alrededor de 78% por encima del mismo período de 2025, mientras que transporte cae cerca de 7%. No estamos de vuelta en los niveles más desordenados de la historia reciente, pero sí ante una partida que siempre conviene mirar con poca complacencia.

Así, el balance del primer semestre exige una lectura menos celebratoria que la del resultado nominal. El superávit sigue, pero ya no se sostiene con la misma facilidad. Para cumplir objetivos fiscales, el segundo semestre requerirá que la recaudación acompañe más o que la administración del gasto sea más activa.

Provincias: primer trimestre con menos colchón

El archivo de ejecución provincial del primer trimestre permite mirar la situación subnacional en valores constantes, a precios del primer trimestre de 2026. Para hacer la comparación, se excluye La Pampa, la cual continúa con su situación irregular en términos de presentación de información y publicación por parte del gobierno nacional homologando su metodología (como hace con las otras jurisdicciones). Sobre los 23 fiscos comparables, las provincias cerraron el primer trimestre de 2026 con superávit primario y financiero, pero con una fuerte reducción respecto a 2025 (el cual mostró una baja sensible frente a 2024, aunque con un contexto particular).

El resultado primario agregado fue de $1,7 billones, equivalente a 4,9% de los ingresos totales. El resultado financiero fue de $0,9 billones, 2,4% de los ingresos. Son números positivos. Pero en el primer trimestre de 2025 el superávit primario había sido de $3,4 billones y el financiero de $2,7 billones. En 2024, favorecido por una licuación mucho más intensa del gasto, el resultado había sido todavía más holgado.

Cuadro 2

Ejecución provincial consolidada primer trimestre, 23 jurisdicciones (billones de $ del 1T 2026)

Fuente: elaboración propia en base a DNAP, Ministerio de Economía.

El mapa provincial, de todos modos, sigue siendo heterogéneo. En 2026, 18 de las 23 jurisdicciones comparables mostraron superávit primario y 17 tuvieron resultado financiero positivo. Es decir, no se trata de una crisis generalizada. El agregado se deteriora porque algunos casos pesan mucho y porque el colchón promedio se achicó.

La lectura de fondo es conocida, pero conviene repetirla. Las provincias tienen gastos rígidos: salarios, cajas previsionales propias en varios casos y servicios esenciales como salud, educación y seguridad. Del lado de los ingresos, dependen de la coparticipación y de Ingresos Brutos. Cuando la inflación se desacelera, la licuación deja de ayudar y la prudencia fiscal vuelve a depender menos de la inercia y más de decisiones efectivas de gasto.

Grillete fiscal y el futuro

El gobierno se enfrentará a un segundo semestre donde su objetivo será preparar el terreno para un 2027 con elecciones. En Argentina, esto es sinónimo de turbulencias y hacer la tarea este año implica minimizar los riesgos futuros. En este contexto es que el gobierno nacional anunció recientemente el “Grillete Fiscal”. Una señal de compromiso fiscal que, independientemente de sus formas, es necesaria de cara a un 2027 donde el ciclo político mete la cola en la estabilidad macroeconómica.

El mentado grillete puede resumirse como el intento del Ejecutivo de transformar el déficit cero de una decisión de política económica en una regla institucional permanente. La idea central es que el Presupuesto deba cerrar siempre equilibrado o con superávit, sin financiamiento monetario del BCRA, y que toda ley que implique más gasto tenga que explicitar su fuente de financiamiento. Si no lo hace, el Ejecutivo buscaría poder diferirla, recortar otras partidas o incluso declararla inaplicable. Ante la falta de acuerdo para reestablecer el sendero superavitario, incluso se suspenderían los sueldos del alto funcionariado del Ejecutivo.

El anuncio ha sido grandilocuente, con un esquema de castigos e incentivos agudos que podría ser contraproducente en caso de no cumplirse. Esto es especialmente relevante en el caso argentino, toda vez que una regla que propone mecanismos que operan ante dos meses de desvíos es posible que ponga límites demasiado estrictos.

En cualquier caso, un contexto en el que los ingresos reales muestran debilidad y el superávit primario se achica, esta regla opera como una señal de compromiso con el programa económico, pero también como un factor de tensión política: cualquier recomposición de gasto deberá venir acompañada por un recorte equivalente, una fuente de ingresos o una mayor presión sobre otras partidas.

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