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Misiones amplía el financiamiento para Pymes

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El Gobierno de Misiones, a través del Fondo de Garantía Misiones (FOGAMI), puso en marcha una nueva herramienta financiera destinada a fortalecer el acceso al crédito para pequeñas y medianas empresas, mediante la incorporación del segmento de Garantías Bursátiles.

La operatoria permite realizar el descuento de documentos avalados en el mercado de capitales, facilitando a las empresas la posibilidad de anticipar el cobro de sus ventas con mayor agilidad y a tasas más competitivas que las disponibles en el sistema bancario tradicional.

Desde el organismo destacaron que se trata de un hito en la evolución del FOGAMI, que recientemente amplió su alcance hacia el mercado bursátil, consolidando una nueva etapa en la estructura de financiamiento provincial. En ese sentido, esta herramienta amplía las posibilidades de desarrollo de la economía misionera al diversificar las fuentes de crédito disponibles para el sector productivo.

La primera operación concretada bajo esta modalidad permitió a una pyme acceder a financiamiento de manera rápida y a una tasa diferencial, validando el funcionamiento del instrumento y su potencial para mejorar las condiciones de acceso al crédito.

La incorporación de las Garantías Bursátiles se enmarca en una estrategia orientada a fortalecer el entramado productivo, promoviendo mecanismos más eficientes de financiamiento y facilitando la vinculación de las empresas misioneras con el mercado de capitales.

Para más información sobre esta herramienta, se puede consultar en: fogami.com.ar/garantias-bursatiles/

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Los bancos argentinos ya resuelven hasta el 60% de las consultas sin intervención humana

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En un escenario donde los bancos argentinos enfrentan una creciente demanda de atención con estructuras limitadas, la inteligencia artificial dejó de ser una promesa para convertirse en una solución concreta. Hoy, plataformas conversacionales impulsadas por IA ya permiten resolver hasta el 60% de las consultas bancarias sin intervención humana, según datos de Infobip.

El fenómeno se da en paralelo a un cambio estructural en la forma en que las personas se comunican con las empresas. De acuerdo con el Messaging Trends Report 2026 de Infobip, basado en 628 mil millones de interacciones móviles durante 2025, casi el 98% del tráfico global ya ocurre a través de múltiples canales, confirmando el paso definitivo hacia experiencias omnicanal impulsadas por inteligencia artificial.

En América Latina, y particularmente en Argentina, uno de los mercados con mayor penetración de mensajería móvil, el cambio es contundente. Según el informe, WhatsApp se consolida como el canal dominante de interacción entre usuarios y empresas y ya es utilizado por más del 80% de la población conectada en el país, mientras que en sectores como banca y fintech el uso de canales de mensajería creció un 54% en el último año. 

Este avance no es solo de adopción, sino también de comportamiento: hoy el 82% de los usuarios abre todos los mensajes que recibe, 4 de cada 10 responde en menos de cinco minutos y el 59% percibe que obtiene respuestas más rápidas a través de mensajería, consolidándola como el canal más eficiente para la atención financiera.

Consultas como estado de cuenta, movimientos, transferencias, activación de tarjetas o recuperación de claves, históricamente gestionadas por call centers, están siendo absorbidas por chatbots inteligentes que operan 24/7, reduciendo tiempos de espera y costos operativos.

“El gran cambio no es solo tecnológico, sino estratégico: la IA permite escalar la atención sin escalar costos en la misma proporción. En un contexto como el argentino, donde la eficiencia es clave, esto se vuelve crítico para el negocio”, explica Janeth Rodríguez, VP Revenue Latam de Infobip.

“El usuario ya no está dispuesto a esperar ni a repetir su problema varias veces a distintos agentes. Quiere inmediatez, personalización y continuidad. La IA conversacional permite resolver eso integrando canales, datos y contexto en una sola interacción”, agrega Rodríguez.

El avance de estas tecnologías no implica la desaparición del factor humano, sino una redistribución del trabajo. Hoy, la IA conversacional en banca ya puede gestionar de forma autónoma consultas de saldo y movimientos, estado y bloqueo de tarjetas, transferencias simples, información de productos y recuperación de accesos.

Esto permite que los equipos humanos se enfoquen en casos de mayor complejidad, como fraudes, asesoramiento financiero o retención de clientes, donde la intervención humana sigue siendo clave.

En paralelo, el informe de Infobip también muestra una evolución hacia experiencias cada vez más contextuales y continuas. La nueva generación de soluciones, basada en IA agéntica, integra canales, datos y contexto en tiempo real, eliminando uno de los principales puntos de fricción actuales: las derivaciones innecesarias y la repetición de información por parte del usuario.

“La nueva generación de soluciones no responde con scripts rígidos. Aprende del negocio, del historial del cliente y del contexto de cada interacción. Eso permite ofrecer respuestas coherentes con la marca y mucho más efectivas y empáticas”, concluye la ejecutiva.

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El mercado cambiario cerró con un dólar a US$1.377 y riesgo país en alza

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El mercado cambiario argentino cerró la jornada de este lunes 20 de abril con señales mixtas, en un contexto atravesado por tensiones entre la estrategia oficial de anclar expectativas inflacionarias y la necesidad de fortalecer reservas. La dinámica del día dejó en evidencia un escenario todavía frágil, donde las distintas cotizaciones del dólar tuvieron leves aumentos.

¿A cuánto cotizó el dólar hoy?

En el segmento oficial, el tipo de cambio mayorista volvió a registrar una leve suba (+0,92%) y se acercó a la zona de los $1.377, consolidando una tendencia alcista en las últimas ruedas.

Sin embargo, aún se mantiene por debajo del techo de la banda de flotación establecida por el Gobierno, que hoy se ubica en $1.687,7, lo que refleja cierto margen de intervención implícita dentro del esquema vigente.

Este movimiento se da en paralelo a la estrategia del Banco Central de la República Argentina (BCRA) de continuar comprando divisas para reforzar reservas, en un momento clave marcado por la liquidación de exportaciones del agro, que suele aportar mayor oferta de dólares en el mercado. Hoy, 20 de abril, el BCRA compró otros 131 millones de dólares en el mercado cambiario.

La estacionalidad de la cosecha gruesa, de hecho, aparece como uno de los factores que explican la relativa calma cambiaria de las últimas semanas.

Por su parte, el dólar blue mostró una dinámica más dispar, con variaciones acotadas y sin una tendencia clara, lo que sugiere una menor presión en el mercado informal. La cotización no tuvo modificaciones y sigue en $1.410.

En tanto, los dólares financieros —MEP y contado con liquidación— operaron con oscilaciones, reflejando la cautela de los inversores frente a un escenario global incierto y a la evolución de las variables domésticas. El dólar MEP cerró en $1.414,73 y el CCL, en $1.456,37, la única cotización de verdes que cayó en la rueda (-0,4%).

El riesgo país volvió a subir

En los mercados financieros, el riesgo país tuvo un repunte de 7 puntos, lo que dejó como resultado una prima de 526 puntos básicos.

Esta es una señal que reflejan cierta desconfianza de los inversores. Esto se da en un contexto en el que el Gobierno nacional acaba de negociar un préstamo de US$2.000 millones con el Banco Mundial y una garantía de US$500 millones con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El contexto internacional no ayuda. Ayer, volvió a calentarse el continuo conflicto en el Estrecho de Ormuz, que ya está por cumplir dos meses y como resultado solo hubo muertos y aumento de precios de materias primas clave. El petróleo volvió a subir en los últimos días, hoy los contratos futuros del Brent cotizan a más de US$95 y los del WTI, a US$87.

El cierre cambiario de hoy dejó una foto de relativa estabilidad, pero con señales de alerta. La evolución de las reservas, el ingreso de divisas del agro y el contexto internacional serán claves para definir el próximo capítulo de la dinámica cambiaria.

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Argentina en loop: el mito del eterno retorno

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Si alguien quisiera explicar la economía argentina sin tecnicismos, podría hacerlo con una sola imagen: estamos atrapados en “El Día de la Marmota”. Como en la famosa película de Hollywood, nos despertamos, una y otra vez, en el mismo día. Cambian los nombres, cambian los discursos, pero el resultado es idéntico: deuda, ajuste e inflación.

El libreto no es nuevo. Lo escribió José Alfredo Martínez de Hoz, durante la dictadura cívico-militar, cuando la deuda externa pasó de 7.000 millones de dólares en 1976 a más de 45.000 millones en 1983. No fue un desvío: fue un programa. Como reconocería años después el propio Banco Central, gran parte de ese endeudamiento terminó financiando la fuga de capitales.

Ese modelo no murió. Lo perfeccionó Domingo Cavallo en los 90. Entre 1991 y 2001, la deuda pasó de 65.000 millones a más de 145.000 millones de dólares, en paralelo a privatizaciones masivas. El Fondo Monetario Internacional sostuvo el esquema hasta el colapso y después habló de “fallas”.

Otra vez: primero legitiman el modelo, después reconocen el desastre.

Y sin embargo, acá estamos de nuevo.

Con Luis Caputo, el ciclo no solo vuelve: acelera. El préstamo récord del FMI en 2018 —57.000 millones de dólares— terminó, según el propio organismo, financiando en gran medida la salida de capitales. Entre 2016 y 2019, se fugaron más de 80.000 millones de dólares.

Pero hay algo más constante que la deuda.

El discurso.

Porque en cada ciclo hay una promesa que vuelve como un mantra. Antes fue la “estabilidad para siempre”. Después, la “confianza de los mercados”. Hoy, se repite la misma escena, la famosa “luz al final del túnel”.

O, en versión más aggiornada, lo que dijo Luis Caputo ante empresarios en la reunión de AmCham (American Chamber of Commerce) Argentina: que se vienen “los mejores meses de la historia”.

Siempre es lo mismo: el sacrificio es ahora, el bienestar viene después.

El problema es que ese “después” nunca llega para la mayoría.

Porque mientras se promete futuro, los datos del presente son contundentes:

2018: 47,6% de inflación tras la devaluación.

2019: 53,8%.

2023: más de 200% anual.

La CEPAL lo viene señalando: en economías como la argentina, la inflación está atada a la restricción externa y al tipo de cambio. Es decir, al mismo esquema de deuda y dependencia.

Primero entra la deuda.

Después la presión sobre el dólar.

Después la devaluación.

Y finalmente, la inflación.

Mientras tanto, el salario pierde. Más de 20% de caída real entre 2016 y 2019 y, en la etapa reciente el deterioro se profundiza: desde la asunción de Javier Milei, el salario real registrado acumuló una caída, en promedio, cercana al 25%, tras un derrumbe inicial mucho más brusco luego de la devaluación de diciembre.

En paralelo, las jubilaciones fueron directamente el “ancla” del ajuste: según el CEPA (Centro de Economía Política Argentina), los haberes acumulan una pérdida del 27,4% en términos reales desde el cambio de fórmula aplicado a fines de 2023, convirtiéndose en uno de los principales mecanismos para alcanzar el superávit fiscal.

Como explicaba Aldo Ferrer, el problema histórico es la falta de dólares. Pero este modelo no la resuelve: la profundiza.

Ahí es donde el eterno retorno deja de ser metáfora. Como planteaba Friedrich Nietzsche, la pregunta no es si todo vuelve, sino por qué aceptamos que vuelva.

Porque en cada ciclo hay ganadores:

Los que hacen negocios con la deuda.

Los que fugan a tiempo.

Los que compran barato después de la crisis.

Y perdedores:

Trabajadores y jubilados que pagan la inflación.

El Estado que hereda la deuda.

La sociedad que soporta el ajuste.

No es mala suerte. Es un modelo.

Y también es un relato que se repite.

Siempre hay un túnel.

Siempre hay una luz.

Siempre hay “los mejores meses por venir”.

Pero del otro lado, una y otra vez, aparece lo mismo:

Más deuda.

Más inflación.

Más desigualdad.

Romper ese ciclo no es técnico. Es político.

Implica dejar de discutir promesas y empezar a discutir intereses.

Implica preguntarse quién gana con este esquema y quién pierde.

Implica, en definitiva, dejar de creer que esta vez es distinto.

Porque si no, lo que viene no es sorpresa.

Es rutina.

Despertarse otra vez.

Escuchar la misma promesa.

Y volver a vivir el mismo final.

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El gasto en defensa y sus consecuencias macroeconómicas

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Escribe Evgenia Pugacheva / FMI – Las guerras dejan un pesado lastre económico y el aumento del gasto en defensa fuerza decisiones difíciles

Una vez más, el panorama mundial se ve determinado por la guerra. Después de varias décadas de calma relativa tras la Guerra Fría, el número de conflictos activos se ha disparado en los últimos años hasta niveles que no se veían desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, las tensiones geopolíticas en ascenso y las crecientes preocupaciones en materia de seguridad están llevando a muchos gobiernos a replantearse sus prioridades y aumentar el gasto en defensa.

Más allá de su devastador costo humano, las guerras se cobran una alta factura económica con efectos prolongados y obligan a tomar difíciles decisiones macroeconómicas, especialmente en los países en los que se libran los combates. Aun en ausencia de conflictos activos, el incremento del gasto en defensa puede aumentar las vulnerabilidades económicas a mediano plazo. Cuando termina la guerra, los gobiernos se enfrentan a la urgente tarea de asegurar una paz duradera y una recuperación sostenida.

En estos tiempos de proliferación de conflictos, nuestro estudio, plasmado en dos capítulos analíticos de la edición más reciente de Perspectivas de la economía mundial informe WEO, pone de relieve el profundo y prolongado costo económico de la guerra, que ha afectado especialmente a las regiones de África subsahariana, Europa y Oriente Medio. También mostramos que el aumento del gasto en defensa, si bien puede impulsar la demanda a corto plazo, conlleva difíciles decisiones presupuestarias que hacen que diseñar bien las políticas y lograr una paz duradera sean más importantes que nunca.

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Pérdidas económicas

En los países donde se libran las guerras, la actividad económica se desploma. En promedio, la producción en los países donde se producen los combates cae aproximadamente un 3% al inicio del conflicto y sigue contrayéndose durante años hasta acumular pérdidas en torno al 7% en un plazo de cinco años. En general, las pérdidas en la producción causadas por los conflictos superan las relacionadas con crisis financieras o desastres naturales graves. Además, las cicatrices económicas se siguen sintiendo incluso diez años después.

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También es frecuente que las guerras tengan importantes repercusiones. Los países implicados en conflictos que se libran en suelo extranjero quizás eviten pérdidas económicas cuantiosas, en parte porque no sufren destrucción física en su propio territorio. Sin embargo, las economías vecinas o los principales socios comerciales del país donde tiene lugar el conflicto acusarán sus efectos. En los primeros años de un conflicto, estos países suelen experimentar caídas moderadas en la producción.

Los conflictos de mayor envergadura —en los que se producen al menos 1.000 fallecimientos en combate— obligan a tomar decisiones difíciles en las economías donde tienen lugar. Los presupuestos públicos se deterioran: el gasto se desplaza hacia la defensa y la deuda crece, al tiempo que caen la producción y la recaudación de impuestos.

También puede ocurrir que estos países experimenten tensiones en su posición externa. Las importaciones se contraen con fuerza debido al descenso de la demanda, y las exportaciones se reducen incluso en mayor medida, lo que da lugar a un aumento temporal del déficit comercial. La creciente incertidumbre desencadena salidas de capitales, y tanto la inversión extranjera directa como los flujos de cartera se reducen. Esto obliga a los gobiernos de los países en guerra a recurrir en mayor medida a la ayuda y, en algunos casos, a las remesas de sus ciudadanos en el exterior para financiar los déficits comerciales.

A pesar de estas medidas, los conflictos contribuyen a una depreciación cambiaria sostenida, a la pérdida de reservas y al aumento de la inflación, lo que pone de manifiesto que el aumento de los desequilibrios externos acentúa las tensiones macroeconómicas en períodos bélicos. Los precios suelen aumentar a un ritmo superior al de las metas de inflación de la mayoría de los bancos centrales, lo que lleva a las autoridades monetarias a elevar las tasas de interés.

En conjunto, nuestro análisis demuestra que los grandes conflictos se cobran un costo económico considerable y conllevan disyuntivas difíciles en las economías que sufren los conflictos dentro de sus fronteras, además de perjudicar a otros países. Estos costos van mucho más allá de los trastornos a corto plazo: tienen consecuencias duraderas en el potencial económico y el bienestar humano.

Disyuntivas de gasto

La mayor frecuencia con la que se producen conflictos y el aumento de las tensiones geopolíticas también han hecho que muchos países hayan vuelto a plantearse sus prioridades en materia de seguridad y aumenten el gasto en defensa. Otros países tienen previsto hacerlo. Esta situación coloca a las autoridades ante ciertas disyuntivas cruciales que acompañan a semejante incremento del gasto.

Hemos analizado varios episodios de escalada del gasto en defensa en 164 países desde la Segunda Guerra Mundial. Constatamos que estas expansiones, que suelen durar casi tres años, se traducen en un aumento del gasto en defensa de 2,7 puntos porcentuales del producto interno bruto. A grandes rasgos, esta cifra es similar a lo que necesitan los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte OTAN para cumplir el objetivo de destinar un 5% del PIB al gasto en defensa de aquí a 2035. 

El incremento del gasto en defensa actúa principalmente como un shock positivo de demanda que impulsa el consumo privado y la inversión, especialmente en los sectores relacionados con la defensa. Esto puede generar un crecimiento de la producción y de los precios a corto plazo, que exige una estrecha coordinación con la política monetaria para moderar las presiones inflacionarias.

En general, los efectos agregados del aumento del gasto en defensa para la producción tienden a ser moderados: el aumento de la producción suele ser prácticamente equivalente al incremento del gasto en defensa, que no tiene un efecto multiplicador mayor sobre la actividad económica. Dicho esto, el efecto multiplicador o dominó de este gasto varía considerablemente en función de cómo se sostenga, financie y asigne ese gasto, y de la cantidad de equipamiento que se importe.

Por ejemplo, cuando el estímulo se destina en parte a importar bienes del exterior, como ocurre especialmente en el caso de los países importadores de armas, los incrementos de la producción son menores y se produce un deterioro de la posición externa. En cambio, si el aumento del gasto en defensa da prioridad a la inversión pública en equipo e infraestructura, junto con una contratación pública menos fragmentada y más estándares comunes, se ampliaría el tamaño del mercado, se favorecería las economías de escala, se reforzaría la capacidad industrial, se reducirían las fugas de gasto hacia las importaciones y se generaría crecimiento de la productividad a largo plazo.

Elegir la forma de financiar el gasto en defensa supone una decisión clave. A corto plazo, las escaladas del gasto en defensa suelen financiarse mediante déficit, mientras que, en fases más avanzadas y cuando parece que ese incremento del gasto va a ser permanente, cobra más importancia el aumento de los ingresos.

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La dependencia del financiamiento mediante déficit puede estimular la economía a corto plazo, pero, a mediano plazo, puede comprometer la sostenibilidad fiscal, especialmente en los países con poco margen de maniobra presupuestario. En los tres años siguientes al inicio de una escalada del gasto en defensa, los déficits se deterioran en torno a 2,6 puntos porcentuales del PIB y la deuda pública aumenta alrededor de 7 puntos porcentuales 14 puntos porcentuales en períodos bélicos. El consiguiente aumento de la deuda pública puede desplazar la inversión privada y contrarrestar el efecto expansivo inicial del gasto en defensa.

La acumulación de vulnerabilidades fiscales se puede mitigar mediante mecanismos de financiamiento duraderos, especialmente cuando el aumento del gasto en defensa es permanente. Sin embargo, incrementar los ingresos implica sacrificar consumo y moderar el estímulo de la demanda, mientras que el reajuste de las prioridades presupuestarias suele hacerse a costa del gasto público en protección social, salud y educación.

Políticas para la recuperación

Nuestro análisis también muestra que la recuperación económica después de una guerra suele ser lenta y con altibajos, y depende de manera determinante de que la paz sea duradera. Cuando la paz se sostiene, la producción se recupera, si bien suele mantenerse en niveles reducidos en relación con las pérdidas sufridas durante la guerra. En cambio, en economías frágiles en las que el conflicto se reactiva, la recuperación suele estancarse. Estas modestas recuperaciones se deben sobre todo a la mano de obra: mientras que el acervo de capital y la productividad son todavía reducidos los trabajadores abandonan las actividades militares por las civiles y se produce el regreso paulatino de los refugiados.

La pronta estabilización macroeconómica, una reestructuración decisiva de la deuda y el apoyo internacional —que incluye ayuda y desarrollo de la capacidad— desempeñan un papel fundamental a la hora de restablecer la confianza y promover la recuperación. Las medidas de recuperación son más eficaces cuando se complementan con reformas internas para reconstruir las instituciones y la capacidad del Estado, promover la inclusión y la seguridad, y paliar los profundos costos humanos del conflicto, como son los atrasos educativos, el deterioro de la salud y las menores oportunidades económicas.

Cabe destacar que, para que la recuperación después de la guerra sea efectiva, es esencial contar con paquetes de medidas integrales y bien coordinados. Este planteamiento es mucho más eficaz que la aplicación de medidas dispersas. Las políticas que reducen la incertidumbre y, simultáneamente, reconstruyen el acervo de capital, pueden reforzar las expectativas, fomentar la afluencia de capitales y facilitar el regreso de las personas desplazadas. En último término, la recuperación con éxito después de una guerra sienta las bases para la estabilidad, una esperanza renovada y mejores medios de vida para las comunidades afectadas por el conflicto.

—Este blog se basa en los capítulos 2 y 3 de la edición de abril de 2026 de Perspectivas de la economía mundial, titulados “El gasto en defensa y sus consecuencias macroeconómicas” y “La macroeconomía de los conflictos y la recuperación”. Más información sobre los Estados frágiles y afectados por conflictos: How Fragile States Can Gain by Strengthening Institutions and Core Capacities.

Evgenia Pugacheva, es Asistente de Investigación en la División de Estudios Económicos Internacionales del FMI

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