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Flybondi: cuando el mercado falla, ¿quién se hace cargo?

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Llegué a Aeroparque hace unos días, desde Posadas, y me encontré con una protesta de trabajadores de Flybondi y muchos policías a su alrededor. Era una escena extraña en un aeropuerto: carteles, reclamos, empleados denunciando despidos y pagos pendientes.

Pero hubo algo que me llamó todavía más la atención: no estaban frente a una oficina de la empresa -vaya a saber dónde quedan- ni frente a una dependencia del Estado. Estaban en un aeropuerto, reclamando en un lugar que, en principio, no era el lugar donde alguien debería tener que ir a reclamar por su indemnización o por sus derechos laborales.

Mientras seguía viaje, ya en el Uber, apareció una pregunta que creo que va mucho más allá de Flybondi: ¿Quién protege a las personas de carne y hueso cuando una empresa así entra en crisis?

Porque, además, hay algo que tampoco podemos ignorar: Flybondi nunca fue precisamente una compañía que se caracterizara por funcionar sin problemas. Las cancelaciones, demoras e incumplimientos vienen de hace tiempo y durante 2026 la situación se agravó hasta niveles inéditos.

Y detrás de una empresa que no puede sostener sus vuelos hay mucho más que aviones. Hay trabajadores despedidos que reclaman indemnizaciones. Trabajadores que permanecen en la empresa y atraviesan suspensiones, incertidumbre o no cobran. Hay pasajeros que compraron un boleto y no pudieron viajar. Personas esperando reintegros. Proveedores que reclaman deudas.

Y hay un Estado que, cada vez más, parece llegar después de que el problema ya ocurrió. O, peor aún, parece no querer llegar.

Flybondi cuenta con un sindicato propio, la ATAF (Asociación de Trabajadores Aeronáuticos de Flybondi), pero su representación queda circunscrita a la empresa. Esa limitación reduce su capacidad para ejercer una fuerza colectiva que trascienda al empleador y deja al trabajador como el eslabón más débil de la relación: existe representación formal, pero no necesariamente una estructura con suficiente poder para equilibrar la posición de quien depende de la empresa para conservar su empleo.

Esta crisis deja una pregunta mucho más incómoda: ¿Quién representa realmente al trabajador cuando deja de ser trabajador?

Más de 700 personas fueron desvinculadas de Flybondi y existen reclamos por indemnizaciones y acuerdos de salida que, según denuncias difundidas públicamente, todavía no fueron abonados.

Algunos exempleados comenzaron a autoconvocarse para reclamar. ¿A quién?

Y ahí aparece una de las paradojas de nuestro tiempo: alguien puede tener un derecho reconocido, pero no necesariamente tener el poder para hacerlo efectivo.

El trabajador despedido deja de ser parte de una estructura colectiva y pasa a convertirse en un individuo frente a una empresa. Su indemnización se transforma en un expediente. Su reclamo, en una demanda. Y mientras tanto, el tiempo corre.

Después están los pasajeros. El pasajero no compró una crisis financiera. No compró una discusión entre accionistas sobre quién debe poner el dinero para sostener la empresa. No compró una reestructuración empresarial. Compró un vuelo.

Y, sin embargo, hoy se encuentra atrapado en una discusión que le es completamente ajena. Mientras los accionistas discuten quién debe aportar fondos para sostener la compañía, el pasajero sigue esperando una respuesta sobre algo mucho más sencillo: el servicio que pagó. ⁠ 

Cuando ese vuelo se cancela, el problema deja de ser una cuestión empresarial y pasa a ser un problema personal. Una conexión perdida. Una noche de hotel. Una reunión de trabajo. Un día de vacaciones. Otro pasaje comprado a las apuradas y mucho más caro.

El pasajero también reclama solo. Y esa es otra de las cuestiones centrales del caso.

Porque tener derecho a reclamar no significa necesariamente tener capacidad para obtener una respuesta.

Y la situación llegó hoy a un punto todavía más elocuente: después de doce días sin operar vuelos, la página web de Flybondi dejó de funcionar. Ya no se trata solamente de un vuelo cancelado o de una demora: el pasajero ni siquiera puede ingresar al canal habitual de la empresa para consultar, comprar o reprogramar un pasaje. ⁠ 

Durante el último año, Flybondi acumuló miles de cancelaciones y cientos de miles de pasajeros afectados.

Entonces la pregunta vuelve a ser inevitable: ¿Quién protege al usuario cuando la empresa que le vendió el servicio no puede prestarlo?

Y entonces aparece el Estado. El Gobierno de Javier Milei hizo de la desregulación y de la reducción de la intervención estatal una parte central de su política económica. En el sector aerocomercial, la apertura y la competencia fueron presentadas como herramientas para ampliar la oferta y beneficiar al consumidor. El caso de Flybondi, claramente, al día de hoy, no resultó exitoso.

La discusión, sin embargo, no debería ser -ni cerca- si el Estado tiene que administrar una aerolínea. La pregunta es otra: ¿Qué hace el Estado cuando una empresa privada falla?

No tiene que rescatarla. No necesariamente tiene que poner dinero. Pero sí tiene que proteger a quienes quedan atrapados en su crisis.

Porque el Estado puede dejar de ser empresario y no está mal. Lo que no puede dejar de ser es Estado, para ayudar a sus ciudadanos. El Estado no existe constitucionalmente solo para garantizar libertad económica, sino también para afianzar la justicia y -fundamentalmente- el bienestar general. El Estado está, entre otras cosas, para evitar los abusos.

Tiene que garantizar que el trabajador cobre lo que corresponde. Que el pasajero no quede indefenso. Que una empresa no siga vendiendo un servicio que no está en condiciones de prestar. Que los organismos de control actúen antes de que el daño sea irreversible.

Porque si el Estado aparece solamente cuando hay que sancionar, cuando hay que iniciar un expediente o cuando el problema ya explotó, la pregunta es si realmente está regulando o simplemente está tomando nota del fracaso.

El costo para el que está solo es enorme. Flybondi no es solamente una historia sobre una aerolínea en problemas. Es una historia sobre la relación entre individuos, empresas y Estado. El trabajador reclama solo. El pasajero reclama solo. El pequeño proveedor reclama solo.

Y enfrente hay una empresa con abogados, estructura y capacidad de negociación.

Por eso existen los sindicatos. Por eso existen las asociaciones de consumidores. Por eso existe el Estado.

No para reemplazar a las personas, sino porque una persona sola casi siempre tiene menos poder que una organización. Una persona sola o aislada es el eslabón débil.

La desregulación puede ser una herramienta económica. La competencia puede ser saludable. El Estado puede y debe discutir su tamaño.

Pero hay algo que no debería discutirse: cuando el mercado funciona, la empresa gana; cuando el mercado falla, la persona no puede quedar sola pagando la cuenta.

Esa tarde, mientras veía a los trabajadores de Flybondi protestar en Aeroparque, me quedó la triste sensación de que aquello no era solamente una protesta laboral. Era una imagen bastante precisa de una discusión mucho más grande.

Trabajadores que no saben dónde reclamar. Pasajeros que no saben a quién recurrir. Una empresa que atraviesa una crisis profunda. Proveedores que esperan cobrar.

Y un Estado que parece haber decidido que intervenir menos es siempre mejor.

Y aquí, hay un dato que resulta difícil de ignorar: mientras en Brasil, ante el nivel de cancelaciones de Flybondi, el Estado restringió la venta de nuevos pasajes para proteger a los usuarios; aquí, en cambio, se permitió durante bastante tiempo que la compañía siga vendiendo mientras los pasajeros ya afectados deben reclamar después de haber perdido vuelos, dinero o tiempo. Dos Estados frente al mismo problema y dos maneras muy distintas de entender hasta dónde debe llegar la protección pública.

Además, hay una diferencia entre intervenir menos y dejar de intervenir cuando más hace falta.

La pregunta, entonces, no es solamente qué será de Flybondi. La pregunta es más incómoda: ¿quién se hace cargo de los que quedan abajo?

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Más de 700 ex trabajadores de Flybondi siguen sin cobrar indemnizaciones y retiro voluntario

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Más de 700 ex trabajadores de Flybondi -empresa cuyo principal dueño es el empresario Leonardo Scatturicellevan más de tres meses sin cobrar las indemnizaciones por despidos sin causa y los acuerdos de retiro voluntario que la compañía suscribió con ellos. 

Flybondi mantiene un silencio deliberado que dejó a cientos de familias en todo el país sin ninguna información sobre cuándo regularizará las deudas, obligándolas a recurrir a la justicia: hoy son cientos los expedientes en trámite para ejecutar acuerdos que la propia empresa reconoció y firmó. Cada nuevo incumplimiento fuerza un nuevo proceso judicial, y cada proceso judicial le permite a la empresa ganar tiempo y dilatar una deuda que ya había reconocido por escrito. 

La mayoría de esos acuerdos fueron firmados por Verónica Fúnes, directora de recursos humanos de Flybondi y OCP tech, ante la escribana pública Paula Rodríguez Foster; otros fueron homologados por el SECLO, la instancia administrativa previa y obligatoria al juicio laboral. Pese a ese respaldo legal, la empresa sigue sin cumplir las obligaciones que asumió. 

Los ex trabajadores se suma a una extensa lista de afectados que incluye: 

Trabajadores que continúan en actividad sin haber percibido los sueldos de junio, julio y el aguinaldo. El temor a eventuales represalias laborales lleva a muchos empleados a no expresar públicamente sus reclamos, reflejando un clima interno de profunda preocupación, hostigamiento e incertidumbre. En ese contexto, la falta de pago de los aportes dejó el pasado jueves 6 de agosto a trabajadores activos y ex empleados sin cobertura de medicina prepaga y obra social. 

Cientos de miles de pasajeros a los que la empresa no les efectuó los reembolsos por los vuelos cancelados de los últimos 8 meses. 

Cientos de proveedores que hace meses no cobran, y que incluso con planes de pago ya acordados, tampoco fueron cumplidos

El Estado Nacional y las provincias, ya que la empresa debe millones de dólares en tasas e impuestos a organismos y empresas. 

La crisis ya trascendió fronteras: en Brasil, la ANAC restringió la venta de pasajes de Flybondi por el alto nivel de cancelaciones y fallas operativas. En Argentina, la empresa continúa comercializando pasajes pese al patrón sostenido de cancelaciones, sin que eso derive en restricciones equivalentes por parte del organismo regulador local. Los ex trabajadores cuestionan que la ANAC argentina siga aprobando planes operativos de una empresa con incumplimientos verificados en múltiples frentes, y señalan además la falta de intervención de la Asociación de Trabajadores Aeronáuticos de Flybondi (ATAF), el gremio que los representa, lo que reabre el debate sobre la capacidad de los gremios de empresa para defender a sus afiliados en una crisis. 

Con una operación que durante años tuvo presencia en más de 15 provincias argentinas, las irregularidades de la empresa impactan hoy en cientos de familias de todo el país, convirtiendo un conflicto laboral en un problema social de alcance nacional e internacional.

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Flybondi agrava su crisis: lleva más de una semana sin volar y ya canceló más del 20% de sus vuelos en 2026

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La crisis de Flybondi ingresó en una nueva etapa de deterioro. La aerolínea de bajo costo lleva más de una semana sin operar con normalidad en el país, canceló la totalidad de los vuelos previstos para el fin de semana largo y extendió hasta el 30 de septiembre la suspensión de pilotos y tripulantes de cabina, en un contexto marcado por graves problemas financieros y operativos.

Según datos de la plataforma Failbondi, entre el 2 y el 10 de julio la empresa canceló más de 125 vuelos, muy por encima de las menos de 25 cancelaciones que, en conjunto, registraron Aerolíneas Argentinas y JetSmart durante el mismo período. Solo entre el jueves feriado y el viernes fueron suspendidos 28 servicios.

En un comunicado interno dirigido a pilotos y tripulantes, Flybondi informó que profundizará su plan de reorganización como respuesta a la crisis operativa iniciada a comienzos de julio. La medida dispone la suspensión del personal de vuelo y de cabina desde el 7 de julio hasta el 30 de septiembre, aunque los trabajadores podrán ser convocados de manera temporal si la compañía logra reactivar parte de sus operaciones.

La empresa sostuvo que las decisiones adoptadas son “esenciales para revertir la situación actual y asegurar la continuidad de la compañía”.

Un año con récord de cancelaciones

Los indicadores operativos muestran el alcance de la crisis. En lo que va de 2026, Flybondi canceló 2.081 de los 10.204 vuelos programados, lo que equivale a más del 20% de toda su operación.

A ese dato se suma un desempeño muy por debajo del resto del mercado: apenas el 26,6% de los vuelos despegó en horario y el retraso promedio alcanzó los 131 minutos.

La reducción de la flota también refleja la magnitud del problema. Mientras que a comienzos de año la empresa operaba con cerca de 20 aeronaves, hace dos meses disponía de solo tres y actualmente mantiene apenas un avión en servicio.

Deudas, conflictos y presión judicial

La compañía enfrenta además serias dificultades financieras derivadas de contratos impagos con empresas arrendadoras de aeronaves y conflictos con proveedores de combustible, entre ellos YPF.

El escenario se completa con denuncias judiciales, un pedido de quiebra promovido por un hotel que reclama deudas por el alojamiento de pasajeros afectados por reprogramaciones y reclamos de otros proveedores vinculados a la operación.

En paralelo, distintas provincias aplicaron multas millonarias por incumplimientos con los usuarios, mientras la Secretaría de Transporte mantiene bajo seguimiento la comercialización de pasajes para vuelos que posteriormente son cancelados.

El panorama configura una de las mayores crisis que atraviesa Flybondi desde su creación y una de las paralizaciones más severas del mercado aerocomercial argentino desde la pandemia.

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Flybondi enfrenta una crisis financiera y operativa: un pedido de quiebra, embargos y una flota reducida

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La aerolínea de bajo costo Flybondi enfrenta una profunda crisis financiera y operativa que amenaza con comprometer su continuidad. A los problemas de puntualidad y cancelaciones registrados durante el último año se suman ahora un pedido judicial de quiebra, embargos por deudas impagas y una drástica reducción de su flota operativa, mientras crecen los interrogantes sobre la capacidad de la empresa para sostener sus operaciones.

La situación se agravó en las últimas semanas con la salida de varios ejecutivos de primera línea, entre ellos la CEO Paz Lovisolo, el Chief Commercial Officer Federico Pastore y la gerenta de Asuntos Corporativos y Comunicación Externa, Lucía Ginzo. Las desvinculaciones se producen en un contexto en el que la compañía también habría desactivado su área de prensa, reduciendo al mínimo su comunicación institucional.

El frente judicial más complejo fue abierto por el Hotel Presidente de la Ciudad de Buenos Aires, que solicitó la quiebra de Flybondi ante el Juzgado Nacional en lo Comercial N.º 24 por una deuda superior a los 660 millones de pesos.

El reclamo comprende 49 facturas impagas correspondientes a servicios de alojamiento y utilización de salones para las tripulaciones de la aerolínea, emitidas entre diciembre de 2025 y junio de 2026.

Aunque el juez Guillermo Pesaresi rechazó inicialmente el pedido por cuestiones formales vinculadas a las Facturas de Crédito Electrónicas MiPyMEs, el expediente continúa en trámite y podría avanzar una vez subsanadas esas observaciones.

Embargos y cuentas sin fondos

El pedido de quiebra para la aerolínea que llegó a la Argentina en 2018 de la mano de Mauricio Macri y su política de cielos abiertos, llega después de otra demanda iniciada por la empresa de transporte Manuel Tienda León, que reclamó judicialmente el cobro de más de 122 millones de pesos por servicios impagos.

En esa causa, la Justicia autorizó el embargo preventivo de las cuentas bancarias de Flybondi. Sin embargo, según la publicación periodística, los abogados de la empresa demandante encontraron que las cuentas presentaban saldos mínimos o insuficientes para cubrir la deuda.

Ese escenario de iliquidez habría impulsado al Hotel Presidente a avanzar con la solicitud de quiebra como última instancia para intentar recuperar los montos adeudados.

Una operación sostenida con apenas dos aviones

La crisis financiera también impacta directamente sobre la operación diaria.

De acuerdo con la información publicada por Perfil, Flybondi pasó de contar con una flota cercana a 15 aeronaves a operar actualmente con solo dos Boeing 737-800, identificados con las matrículas LV-KDQ y LV-KJD.

El resto de los aviones permanece fuera de servicio debido a deudas con empresas de leasing, que estiman obligaciones impagas cercanas a los 25 millones de dólares.

A ello se agregan aproximadamente 5,5 millones de dólares adeudados a talleres especializados en mantenimiento pesado ubicados en México, que retendrían aeronaves hasta tanto se cancelen los pagos pendientes.

También habría problemas para cargar combustible

Otro de los aspectos que preocupa al mercado es la continuidad operativa de los vuelos.

Según fuentes citadas por Perfil, YPF habría suspendido el crédito comercial para el suministro de combustible debido a retrasos en los pagos de la aerolínea. De confirmarse, la medida representaría una nueva complicación para una empresa que ya opera con una capacidad muy limitada.

Hasta el momento no hubo una comunicación oficial de la petrolera ni de Flybondi sobre esa situación.

Cancelaciones récord y fuerte pérdida de mercado

Los problemas financieros coinciden con un marcado deterioro de los indicadores operativos.

Datos de la consultora Adventus, citados por Perfil, muestran que entre junio de 2025 y mayo de 2026 la compañía acumuló más de 2.500 vuelos cancelados, afectando a unos 350.000 pasajeros.

Solo durante mayo de este año, Flybondi habría registrado una puntualidad del 26,64%, mientras que casi el 47% de los vuelos programados fueron cancelados.

En el mismo período, su principal competidora, JetSMART, alcanzó una puntualidad superior al 90% y una tasa de cancelaciones inferior al 0,5%.

La pérdida de confiabilidad también se habría reflejado en su participación de mercado, que según el informe cayó del 25% al 6% en pocos meses.

Expectativa sobre el futuro de la compañía

El escenario plantea crecientes interrogantes dentro del sector aerocomercial.

Además de las causas judiciales, las deudas con proveedores internacionales y la reducción de la flota, el mercado sigue de cerca la posibilidad de que la empresa avance hacia un proceso formal de reestructuración de pasivos.

Hasta el cierre de la edición citada, ni Flybondi ni la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) habían brindado explicaciones públicas sobre la situación financiera de la compañía.

Mientras tanto, el futuro inmediato de la aerolínea permanece bajo observación, con dudas sobre su capacidad para sostener la programación de vuelos en los próximos meses y evitar un eventual concurso preventivo o una profundización de la crisis.

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Crucero del Norte encaró una profunda reestructuración por caída de demanda y aumento de costos

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Profunda reestructuración”. La empresa de transporte de pasajeros Crucero del Norte inició una etapa de revisión de rutas, líneas, procedimientos y plantel, para afrontar la crisis provocada por la inédita caída en la venta de pasajes y un aumento de costos que hace inviable sostener el servicio. 

Julio Koropeski muestra una foto como prueba de la adversidad: la terminal de Retiro vacía en la mañana del martes, a mitad de semana. Aunque todavía es temporada baja, las expectativas de mejoría son escasas. El empresario misionero señala como motivo principal al endeudamiento familiar, que llega a niveles récord y a un efecto low cost: es más barato volar en las aerolíneas baratas que pagar un pasaje en colectivo de larga distancia. La caída de Flybondi abre expectativas, pero recién hacia fin de año. 

Aunque había rumores de una posible venta o fusión con uno de los gigantes del mercado nacional, Koropeski descartó una venta. “Es una reestructuración operacional por baja ocupación como todo el sector de larga distancia”, explicó a Economis.

“La situación del sector no escapa a la general. Se venden menos pasajes. Nuestros clientes son los de la clase media endeudada con la tarjeta de crédito y con Mercado Pago. Y el que puede, vuela en Flybondi, ahora que está en problemas, podemos recuperar flujo, pero recién para fin de año”, detalló. 

“Es una reestructuración interna, hacemos más chicos para sostener la empresa. Flecha Bus decidió cerrar su boletería en Retiro y vender sólo de modo virtual.

La crisis ya muestra consecuencias concretas en el sector. Empresas que supieron liderar el mercado cambiaron de manos o fueron absorbidas por otros grupos, en un intento por mantenerse a flote frente a la caída de ingresos y el aumento de costos.

La combinación de ingresos reducidos y mayores costos llevó a un deterioro de la liquidez en varias empresas. Se registraron atrasos en el pago de salarios y la cancelación de aportes a las ART, lo que motivó la intervención gremial: la UTA convocó a un paro que afectó servicios en la provincia de Buenos Aires y Entre Ríos. Estos hechos muestran la tensión entre la necesidad de achicar gastos y el cumplimiento de obligaciones laborales y previsionales.

Crucero, al igual que otras empresas, redujo frecuencias y servicios entre Misiones y Buenos Aires. Otra empresa misionera dejó de viajar a Córdoba. Es una “ventaja” de la flexibilización que habilitó el Gobierno nacional: las empresas pueden decidir frecuencias, cantidad de servicios y precios, que de cualquier modo, no se pueden aumentar ante la caída de la demanda. 

“Vamos a reducir frecuencias y readecuarnos. Venimos golpeados desde 2024, porque el cliente está sobreendeudado”, explica Koropeski. 

Los números acompañan la descripción: el servicio de cabotaje opera al 40 por ciento de su capacidad. Es decir, de cada diez asientos, apenas cuatro van ocupados. En paralelo, el combustible aumentó 40 por ciento y el costo de neumáticos se disparó. Otro golpe fue reciente: el Gobierno nacional decidió dejar de pagar los pasajes de discapacitados, que ahora deben quedarse a cargo de las empresas. “No era mucho y pagaban tarde, pero es otro costo que ahora deben absorber las empresas”, señaló el empresario misionero. “¿Por qué no hacen que vuelen? ¿Por qué únicamente en servicio de transporte de colectivos? Es un costo más que asumimos”, enumera. 

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