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Caputo cierra acuerdos en Washington y apunta a refinanciar deuda por US$4.300 millones sin afectar reservas

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El ministro de Economía, Luis Caputo, finalizó su gira por Washington tras participar de las Reuniones de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, donde cerró una serie de acuerdos con organismos multilaterales orientados a refinanciar vencimientos de deuda y fortalecer el frente financiero del Gobierno. El objetivo inmediato es cubrir compromisos por US$4.300 millones en julio sin presionar las reservas del Banco Central.

La agenda incluyó reuniones con el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA), el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el propio FMI, en una semana que el equipo económico calificó como positiva en términos de acceso a financiamiento y respaldo institucional.

Respaldo internacional en un momento crítico

La gira se desarrolló en un contexto donde la Argentina enfrenta exigencias concretas del programa firmado con el FMI, que incluye metas fiscales, monetarias y de acumulación de reservas. En ese marco, Caputo se reunió con la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, tras la aprobación de la segunda revisión del acuerdo vigente.

Esa instancia habilitaría un desembolso cercano a los US$1.000 millones, según lo informado, lo que permitiría reforzar reservas y atender compromisos inmediatos. Durante el encuentro, se evaluó la marcha del programa y los próximos pasos en materia de deuda y financiamiento.

El programa con el FMI, firmado en 2025 por US$20.000 millones bajo la modalidad de facilidades extendidas, establece revisiones periódicas que condicionan el acceso a nuevos fondos.

Financiamiento y costo de la deuda

Según el balance difundido por el ministro, los acuerdos alcanzados con el FMI, el BID, el Banco Mundial y el MIGA permitirán al Gobierno acceder a financiamiento en condiciones más favorables que las del mercado.

El eje de la estrategia es claro: refinanciar vencimientos a tasas más bajas, reduciendo el costo financiero y evitando una salida de divisas del Banco Central en un momento donde la acumulación de reservas sigue siendo un punto sensible.

Además, el equipo económico expuso ante inversores internacionales distintas alternativas para afrontar pagos en dólares, incluyendo nuevas herramientas de financiamiento.

El respaldo como activo político

La gira dejó un dato central: el Gobierno busca consolidar apoyo externo como ancla de su programa económico. El aval de organismos como el FMI y el Banco Mundial no solo habilita financiamiento, sino que también funciona como señal hacia los mercados.

El respaldo al rumbo fiscal aparece como uno de los puntos más valorados por los organismos. En marzo, el sector público nacional registró un superávit financiero de $484.789 millones, con un resultado primario de $930.284 millones. En el acumulado del primer trimestre, el superávit financiero alcanzó aproximadamente el 0,2% del PIB.

Este resultado refuerza la narrativa oficial de disciplina fiscal, un componente clave para sostener las negociaciones internacionales y acceder a mejores condiciones de crédito.

Reservas, deuda y estabilidad

El esquema que busca implementar el Gobierno apunta a evitar un deterioro de las reservas internacionales en un momento crítico del calendario financiero. Cubrir vencimientos sin recurrir a reservas implica sostener la estabilidad cambiaria y reducir riesgos de tensión en el mercado.

Al mismo tiempo, una baja en el costo de financiamiento podría aliviar la carga de intereses en el mediano plazo, aunque su efectividad dependerá de la continuidad del acceso al crédito multilateral.

Impacto indirecto en economías regionales

Si bien los acuerdos se negocian a nivel nacional, sus efectos alcanzan a las economías regionales. La estabilidad macroeconómica, el acceso al crédito y la evolución del tipo de cambio son variables que inciden directamente en sectores productivos del NEA, incluyendo exportaciones agroindustriales y cadenas forestales.

En provincias como Misiones, la disponibilidad de financiamiento y la previsibilidad macro son factores clave para sostener inversión y actividad.

El resultado de la gira abre una nueva etapa en la relación con los organismos internacionales, pero deja variables en seguimiento. La capacidad del Gobierno para cumplir metas del programa, sostener el superávit fiscal y acumular reservas será determinante para mantener el flujo de financiamiento.

También será clave observar la evolución del costo del crédito y la reacción de los mercados ante los próximos vencimientos. El desafío no es solo conseguir fondos, sino sostener condiciones que permitan refinanciar sin aumentar la vulnerabilidad financiera.

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Argentina en loop: el mito del eterno retorno

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Si alguien quisiera explicar la economía argentina sin tecnicismos, podría hacerlo con una sola imagen: estamos atrapados en “El Día de la Marmota”. Como en la famosa película de Hollywood, nos despertamos, una y otra vez, en el mismo día. Cambian los nombres, cambian los discursos, pero el resultado es idéntico: deuda, ajuste e inflación.

El libreto no es nuevo. Lo escribió José Alfredo Martínez de Hoz, durante la dictadura cívico-militar, cuando la deuda externa pasó de 7.000 millones de dólares en 1976 a más de 45.000 millones en 1983. No fue un desvío: fue un programa. Como reconocería años después el propio Banco Central, gran parte de ese endeudamiento terminó financiando la fuga de capitales.

Ese modelo no murió. Lo perfeccionó Domingo Cavallo en los 90. Entre 1991 y 2001, la deuda pasó de 65.000 millones a más de 145.000 millones de dólares, en paralelo a privatizaciones masivas. El Fondo Monetario Internacional sostuvo el esquema hasta el colapso y después habló de “fallas”.

Otra vez: primero legitiman el modelo, después reconocen el desastre.

Y sin embargo, acá estamos de nuevo.

Con Luis Caputo, el ciclo no solo vuelve: acelera. El préstamo récord del FMI en 2018 —57.000 millones de dólares— terminó, según el propio organismo, financiando en gran medida la salida de capitales. Entre 2016 y 2019, se fugaron más de 80.000 millones de dólares.

Pero hay algo más constante que la deuda.

El discurso.

Porque en cada ciclo hay una promesa que vuelve como un mantra. Antes fue la “estabilidad para siempre”. Después, la “confianza de los mercados”. Hoy, se repite la misma escena, la famosa “luz al final del túnel”.

O, en versión más aggiornada, lo que dijo Luis Caputo ante empresarios en la reunión de AmCham (American Chamber of Commerce) Argentina: que se vienen “los mejores meses de la historia”.

Siempre es lo mismo: el sacrificio es ahora, el bienestar viene después.

El problema es que ese “después” nunca llega para la mayoría.

Porque mientras se promete futuro, los datos del presente son contundentes:

2018: 47,6% de inflación tras la devaluación.

2019: 53,8%.

2023: más de 200% anual.

La CEPAL lo viene señalando: en economías como la argentina, la inflación está atada a la restricción externa y al tipo de cambio. Es decir, al mismo esquema de deuda y dependencia.

Primero entra la deuda.

Después la presión sobre el dólar.

Después la devaluación.

Y finalmente, la inflación.

Mientras tanto, el salario pierde. Más de 20% de caída real entre 2016 y 2019 y, en la etapa reciente el deterioro se profundiza: desde la asunción de Javier Milei, el salario real registrado acumuló una caída, en promedio, cercana al 25%, tras un derrumbe inicial mucho más brusco luego de la devaluación de diciembre.

En paralelo, las jubilaciones fueron directamente el “ancla” del ajuste: según el CEPA (Centro de Economía Política Argentina), los haberes acumulan una pérdida del 27,4% en términos reales desde el cambio de fórmula aplicado a fines de 2023, convirtiéndose en uno de los principales mecanismos para alcanzar el superávit fiscal.

Como explicaba Aldo Ferrer, el problema histórico es la falta de dólares. Pero este modelo no la resuelve: la profundiza.

Ahí es donde el eterno retorno deja de ser metáfora. Como planteaba Friedrich Nietzsche, la pregunta no es si todo vuelve, sino por qué aceptamos que vuelva.

Porque en cada ciclo hay ganadores:

Los que hacen negocios con la deuda.

Los que fugan a tiempo.

Los que compran barato después de la crisis.

Y perdedores:

Trabajadores y jubilados que pagan la inflación.

El Estado que hereda la deuda.

La sociedad que soporta el ajuste.

No es mala suerte. Es un modelo.

Y también es un relato que se repite.

Siempre hay un túnel.

Siempre hay una luz.

Siempre hay “los mejores meses por venir”.

Pero del otro lado, una y otra vez, aparece lo mismo:

Más deuda.

Más inflación.

Más desigualdad.

Romper ese ciclo no es técnico. Es político.

Implica dejar de discutir promesas y empezar a discutir intereses.

Implica preguntarse quién gana con este esquema y quién pierde.

Implica, en definitiva, dejar de creer que esta vez es distinto.

Porque si no, lo que viene no es sorpresa.

Es rutina.

Despertarse otra vez.

Escuchar la misma promesa.

Y volver a vivir el mismo final.

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Caputo se reúne con el Banco Mundial, BID y CAF en busca de respaldo financiero

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El ministro de Economía, Luis Caputo, mantendrá reuniones con los titulares del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), en el marco de su viaje a Washington.

La agenda del titular de la cartera económica continuará este jueves con una reunión a la mañana con Ajay Banga, presidente del Banco Mundial, luego hará lo propio con Sergio Díaz Granado, titular del CAF, y por la tarde tendrá un encuentro con Ilan Goldfajn, quien preside el BID.

Los cónclaves buscarán afianzar el respaldo de los organismos multilaterales a la administración de Javier Milei, mediante el otorgamiento de nuevos fondos que sirvan para cubrir el próximo vencimiento de deuda previsto para julio.

Asimismo, el ministro participará en el Comité Monetario y Financiero Internacional (CMFI), el principal órgano asesor de la Junta de Gobernadores del Fondo. A su vez, estará presente en el encuentro de ministros del G20, que debatirán sobre economía y educación financiera global.

La visita de Caputo a la capital estadounidense se da en el marco de las Reuniones de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, y cuenta con el acompañamiento en la comitiva del viceministro José Luis Daza y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili.

En la jornada de ayer, el FMI comunicó la aprobación de la revisión del acuerdo vigente con la Argentina, permitiendo que se active un desembolso de US$1.000 millones. El paso siguiente es que, en un plazo de 15 días, el Directorio del organismo formalice la decisión y gire los fondos.

Por otro lado, el ministro compartió que, en su primera jornada en Estados Unidos, “mantuvimos con el equipo económico encuentros con funcionarios de Emiratos Árabes Unidos, con André Esteves (BTG Pactual), Arthur Laffer y con representantes del Banco Popular de China, con el objetivo de fortalecer las relaciones financieras y promover nuevas oportunidades de inversión para la Argentina”.

Además, detalló que participó de la Reunión Ministerial del Comité de Desarrollo del Banco Mundial junto a Kristalina Georgieva, Ajay Banga y ministros de otros países miembros.

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El FMI explicó los motivos por los que espera menos crecimiento y más inflación para la Argentina

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El Fondo Monetario Internacional revisó sus previsiones para la Argentina y proyectó un crecimiento del 3,5% para 2026 —medio punto menos que en octubre— junto con una suba significativa de la inflación esperada, que pasó del 16,4% al 30,4%. El ajuste fue presentado este martes en el último informe de perspectivas globales, en un contexto internacional atravesado por tensiones en energía, conflictos y volatilidad de precios.

Durante la presentación, Petya Koeva Brooks, vicedirectora del Departamento de Investigación, explicó que la revisión responde principalmente a una pérdida de impulso en la actividad económica local hacia la segunda mitad del año pasado, lo que condiciona el arrastre estadístico para este año.

Un escenario global que condiciona

El recorte en las proyecciones se enmarca en un contexto internacional adverso. El FMI identificó un escenario con encarecimiento de la energía, persistencia de conflictos y presión sobre los precios de insumos clave, factores que afectan especialmente a economías emergentes.

En el caso argentino, el organismo destacó una dinámica ambivalente: si bien el país se beneficia por su perfil exportador —en particular de commodities—, ese efecto positivo se ve contrarrestado por el impacto de la inflación interna y el encarecimiento de bienes básicos.

Según lo informado, la mejora en los términos de intercambio no logra compensar la pérdida de poder adquisitivo, lo que limita el dinamismo de la demanda interna.

Qué cambia en las proyecciones

El nuevo escenario plantea dos correcciones centrales: Crecimiento: baja del 4,0% estimado en octubre al 3,5% en 2026. Inflación: sube de 16,4% a 30,4% para el mismo período.

El FMI vinculó el ajuste en el crecimiento a la desaceleración de la actividad registrada en la segunda mitad del año pasado. Ese menor impulso condiciona la recuperación esperada.

En materia de precios, el organismo reconoció que el proceso de desinflación continúa, pero a un ritmo más lento del previsto. La convergencia hacia niveles de un dígito, que se proyectaba meses atrás, quedó postergada.

Expectativas bajo presión

La revisión del FMI introduce una señal relevante para la agenda económica del Gobierno nacional, en un contexto donde las expectativas de estabilización son un activo central.

El organismo no modifica la dirección del proceso —continúa proyectando crecimiento y desaceleración inflacionaria—, pero sí ajusta los tiempos. Ese corrimiento implica mayor presión sobre la credibilidad del programa económico, especialmente en lo vinculado a la velocidad de la desinflación.

Al mismo tiempo, la Argentina se mantiene por encima del promedio regional de crecimiento (2,3% para América Latina), lo que atenúa parcialmente el impacto de la corrección.

Precios persistentes y consumo condicionado

El nuevo cuadro proyectado tiene implicancias directas: Inflación más alta: erosiona ingresos reales y condiciona el consumo. Menor crecimiento: limita la recuperación de la actividad. Costos globales elevados: impactan en insumos, energía y transporte.

El FMI advirtió que el encarecimiento de commodities y factores externos genera un “shock de oferta negativo” que presiona sobre los precios internos.

Señales para economías dependientes del consumo

Aunque el informe no desagrega impactos por provincias, el nuevo escenario macroeconómico tiene efectos indirectos sobre economías regionales como Misiones.

Una inflación más persistente y menor dinamismo económico podrían traducirse en: Menor capacidad de consumo interno. Presión sobre costos productivos. Y mayor dependencia de mercados externos

En provincias con fuerte base agroindustrial, el comportamiento de los precios internacionales y los costos logísticos seguirá siendo una variable clave.

Escenario abierto

El FMI remarcó que la evolución de la economía argentina estará condicionada por factores externos, como los precios de la energía y la dinámica de los conflictos internacionales.

A nivel local, las variables a observar pasan por: La recuperación de la actividad en los próximos meses. La evolución de la inflación y su velocidad de desaceleración. Y el impacto de los precios internacionales sobre la economía doméstica

El nuevo cuadro no altera la dirección general del proceso, pero sí introduce mayor incertidumbre sobre los plazos de estabilización.

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Caputo busca respaldo empresario y promete crecimiento sostenido en la cumbre AmCham

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El ministro de Economía, Luis Caputo, se presentó este martes ante empresarios en la cumbre de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina (AmCham) y pidió confianza en el programa económico del Gobierno. Allí aseguró que el país “será el que más crecerá en los próximos 30 años” y proyectó que los próximos 18 a 20 meses podrían marcar el mejor desempeño en décadas.

El mensaje se dio en una jornada atravesada por dos variables clave: la difusión del índice de inflación de marzo —que, según lo esperado, rondaría el 3%— y el inminente viaje del equipo económico a Washington para avanzar en la revisión del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con el objetivo de destrabar un desembolso de US$1000 millones.

Estabilización, FMI y señales al mercado

La exposición de Caputo se inscribe en una estrategia del Gobierno para consolidar expectativas en el sector privado. El ministro defendió que la actual gestión implementó un esquema económico inédito en el país y sostuvo que la estabilidad macroeconómica es el eje central del programa.

En ese marco, destacó la utilización de herramientas como el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), que acumula 35 proyectos por un total de US$85.000 millones, según lo informado. La iniciativa apunta a generar previsibilidad y atraer capital en sectores estratégicos.

La agenda oficial también incluye negociaciones con el FMI, donde el Gobierno busca cerrar la segunda revisión del acuerdo vigente. Esa instancia resulta clave para sostener el flujo de financiamiento externo.

Nueva lógica económica y reconfiguración del consumo

Uno de los ejes del discurso fue la reinterpretación del comportamiento económico actual. Frente a las señales de caída en algunos indicadores, Caputo rechazó la idea de una contracción generalizada y planteó que existe una “heterogeneidad” en la actividad.

Según explicó, el cambio de modelo —basado en la reducción del déficit, menor presión impositiva y mayor apertura— modificó los incentivos. En ese nuevo escenario, algunas empresas reducen operaciones mientras otras expanden su actividad e incluso exportan.

El ministro vinculó esta dinámica con una transformación del consumo. Afirmó que ya no responde a conductas defensivas frente a la inflación —como el sobrestockeo— sino a decisiones más racionales en un contexto de mayor estabilidad.

Respaldo condicionado del sector privado

El planteo del Gobierno apunta a consolidar apoyo empresarial en una etapa de transición. La presencia de ejecutivos, gobernadores y funcionarios en el evento refleja la centralidad del mensaje político: sostener el rumbo económico pese a señales mixtas en la actividad.

Caputo también dejó una definición implícita sobre el rol del sector privado: la adaptación al nuevo esquema será determinante. En su exposición, diferenció entre empresas que ajustan su estructura y aquellas que invierten para competir en un mercado más abierto.

Inflación, inversión y empleo en transición

El ministro insistió en que la inflación “va a tener certificado de defunción”, vinculando su evolución a la demanda de dinero, la confianza y la baja de tasas de interés. En paralelo, proyectó una recuperación de la actividad impulsada por la inversión, más que por el consumo.

En el plano laboral, reconoció que algunos sectores industriales registran caídas, mientras el empleo total crece con mayor peso de la informalidad. Según explicó, este fenómeno responde a un proceso de reconversión hacia servicios, que ya representan cerca del 60% de la economía local.

Impacto indirecto en Misiones y el NEA

Aunque el discurso tuvo un alcance nacional, las definiciones económicas tienen impacto en las economías regionales. En provincias como Misiones, donde la estructura productiva combina industria, servicios y economías primarias, los cambios en consumo e inversión pueden traducirse en dinámicas dispares.

La evolución del crédito, la obra pública —como los corredores viales anunciados— y la llegada de inversiones bajo el RIGI aparecen como variables a seguir para medir el efecto territorial del modelo.

Inflación, financiamiento y reacción del mercado

El Gobierno enfrenta un escenario donde las expectativas juegan un rol central. La publicación del índice de inflación, el resultado de la negociación con el FMI y la respuesta del sector privado serán determinantes para validar —o tensionar— el diagnóstico oficial.

También quedará bajo observación la evolución del consumo, el empleo industrial y la capacidad del programa para sostener un crecimiento basado en inversión.

El rumbo está definido, pero su consolidación dependerá de variables que todavía no terminan de estabilizarse.

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