El viernes 6 de junio a las 21:30 horas, en el auditorio del Montoya se presenta “Frida ¡Viva la Vida!”, una obra que rinde homenaje a la icónica artista mexicana Frida Kahlo, interpretada por la actriz Laura Azcurra.
En la pieza, Frida Kahlo se presenta en un Día de Muertos, esperando a sus invitados mientras cocina. A lo largo del monólogo, la protagonista reflexiona sobre su vida, sus amores, sus luchas y el dolor físico que atravesó desde su niñez, recordando figuras clave como su esposo Diego Rivera, el político ruso León Trotsky y hasta el magnate estadounidense Rockefeller. También, como no podía ser de otro modo, en sus pensamientos surge el recuerdo de un accidente que marcó su vida para siempre, junto con una relación constante con la muerte que fue parte fundamental de su existencia.
La cita será el próximo viernes 6 de junio a las 21:30 horas, en el auditorio del Montoya (Ayacucho 1962). Los ingresos se adquieren a través de la plataforma ticketway.
Para Laura Azcurra, interpretar a Frida ha sido un desafío enorme. La actriz, quien se ha destacado en diversos papeles de teatro y televisión, aseguró que esta obra, escrita en 1998 por el dramaturgo mexicano Humberto Robles, le permitió adentrarse en la complejidad del personaje y en las múltiples dimensiones de la vida de la artista. “Es un monólogo que cuenta los cinco ejes más importantes de la vida de Frida: su amor por la pintura, su accidente, su vínculo con Diego Rivera, sus viajes y su relación con la vida y la muerte”, explicó Azcurra.
El reto no solo fue emocional, sino también físico, ya que Azcurra debió adoptar la voz y el acento mexicano característicos de Kahlo. En ese sentido, la actriz destacó el apoyo que recibió de la directora de la obra Julia Morgado, quien la acompañó en el proceso, guiándola a través de las distintas emociones del personaje.
La actualidad de su legado
Conocida por su carácter rebelde, su lucha por la independencia y su capacidad para explorar su identidad y sexualidad, ha trascendido como un símbolo de empoderamiento, especialmente para las mujeres latinoamericanas. Azcurra destacó el impacto que tuvo Frida no solo en el mundo del arte, sino también en el movimiento feminista. “A pesar de no haberse identificado formalmente como feminista, hoy es un ícono de la lucha feminista debido a su independencia y su rechazo a las normas sociales”, aseguró. “A través de su arte y su vida, Frida logró derribar muchas puertas y desafiar los límites impuestos por la sociedad de su época”.
Uno de los aspectos más sorprendentes de la vida de Frida, según Azcurra, es su increíble resiliencia. “Lo que más me alucina de su vida es su capacidad de reinventarse, de vivir a pesar de su dolor físico permanente”, reflexionó la actriz. “Desde los seis años, cuando sufrió de poliomielitis, hasta el accidente de tranvía a los 17 años que la dejó con severas secuelas físicas, la vida de Kahlo estuvo marcada por el sufrimiento. Sin embargo, fue a través de la pintura que encontró un refugio y una forma de expresarse. Era una mujer que vivía en su cuerpo fracturado, pero también en un cuerpo lleno de pasión y de amor por la vida”, agregó.
El Instituto Nacional de Bellas Artes de México inició una investigación contra un millonario “por destrucción deliberada de un monumento artístico”
El millonario Martín Mobarak, quiso vender la obra de Frida Kahlo en NTF y para ello quemó el original, generando 10 mil piezas digitales, las cuales pensó en venderla en 10 millones de dólares.
Al ser cuestionado, el millonario afirmó que si Frida supiera cuál es el destino de los fondos, diría que se queme todo. Pero a su vez, se sinceró reconociendo que la quema de la obra puede ser tomada como algo fuerte, que es posible malinterpretarlo, pero sostuvo convencido que el proceso llevará a la inmortalización de la artista.
La justificación, es que los fondos servirían para apoyar a ciertas fundaciones las cuales, en palabras del millonario recibirán “una ayuda constante”. Para Mobarak, los fondos ayudarían a transformar y revolucionar el arte digital, la caridad y el mundo de la salud.
¿Cuál es la obra que fue incinerada?
Se trata nada más y nada menos que la obra “Fantasmones Siniestros”, la cual fue adquirida por el millonario en 2015, a la galería neoyorquina Mary Anne Martin. La misma forma parte de un diario que realizó la artista entre 1944 y 1954. La pieza fue digitalizada de ambos lados: de uno incluye las palabras “Cromóforo” y “Auxocromo”, término que la artista adoptó como nombres para ella y su pareja, Diego Rivera. Del otro lado se lee “Fantasmas Siniestros”.
Si bien el 30 de julio la hizo arder, el millonario inmortalizó su decisión mediante un vídeo que subió a la plataforma de YouTube. Ahora invita a través de la web fridanft.org que en noviembre la gente compre el “NTF más histórico existente”.
El millonario ahora deberá soportar el debate a raíz de este hecho, por la investigación realizada por el Instituto Nacional de Bellas Artes de México, quienes iniciaron una investigación “por destrucción deliberada de un monumento artístico”.
Las obras de arte realizadas por hombres cuestan diez veces más que las que llevan la firma de mujeres, según un pormenorizado análisis que realizó la autora británica Helen Gorrill y que publicó en su libro de sarcástico título “Women Can’t Paint” (Las mujeres no saben pintar), donde analizó los precios de 5.000 cuadros vendidos en todo el mundo.
“Por cada libra que gana un artista masculino por su obra, una mujer obtiene apenas 10 peniques. Es la diferencia de valor entre hombres y mujeres más impactante que he encontrado en cualquier sector”, declaró la historiadora de arte, artista y curadora feminista, en una entrevista publicada en el diario británico The Guardian.
El libro cuyo nombre completo es “Las mujeres no saben pintar: El género, el techo de cristal y los valores en el arte contemporáneo” es un estudio pionero sobre género y valor, en donde Gorrill demuestra que hay pocas diferencias estéticas en la pintura de hombres y mujeres, pero que el arte de los hombres se valora hasta un 80% más que el de las mujeres.
De hecho -según se desprende en estas páginas-, el poder de la masculinidad es tal que cuando los hombres firman sus obras, éstas suben de valor, pero cuando las mujeres las firman, bajan.
Para la autora inglesa, los museos también son cómplices de este círculo vicioso, ya que coleccionan obras de arte femeninas simbólicas que afectan al valor de mercado de sus artistas.
En palabras de Gorrill, esto es un engaño del mercado: “Da la impresión de que los artistas masculinos son mucho mejores que los femeninos”.
En este sentido, el cuadro más caro jamás vendido -Salvator Mundi, de Leonardo da Vinci- alcanzó los 450 millones de dólares, mientras que el récord mundial de una artista femenina, Georgia O’Keeffe, es de sólo 44,4 millones de dólares, la décima parte.
Además, si se trata de artistas vivos, Jeff Koons ostenta el récord de mayor recaudación, con la cifra de 91 millones de dólares, mientras que el récord femenino de la artista inglesa Jenny Saville es de sólo 12,5 millones de dólares.
Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, a las mujeres no se les permitió practicar el arte de la misma manera que los hombres, lo que genera lógicamente que haya muchos más “antiguos maestros” que “maestras”.
Uno de los libros más vendidos y estudiados con respecto a la historia del arte, de E. H. Gombrich, asignado a los estudiantes de arte de todo el mundo, menciona a lo largo de casi 700 páginas sólo a una mujer artista. “¿Dónde está Artemisia Gentileschi? ¿O Frida Kahlo? ¿O O’Keeffe?”, se interroga la autora.
La desproporción a favor de lo masculino se refleja también en las colecciones de los museos, pese a que en los últimos años las mujeres representan el 70% del cupo en las facultades de arte.
(Por Julieta Grosso) El coleccionista y empresario argentino Eduardo Costantini desembolsó 34.883.000 dólares en una subasta celebrada anoche por la firma Sotheby’s en Nueva York para quedarse con “Diego y yo”, una obra de la pintora mexicana Frida Kahlo que se convirtió en la más cara del arte latinoamericano tras destronar a “Baile en Tehuantepec”, un cuadro de su compatriota y compañero de vida Diego Rivera que en 2016 había sido adquirido también por el fundador del Malba en 15,7 millones de dólares.
La identidad del comprador fue revelada por la casa de remates en su cuenta oficial de Twitter, en la que definió a Costantini como “un coleccionista de renombre con un compromiso de larga data de apoyar el arte y los artistas latinoamericanos”, una caracterización que tiene correlato en una estudiada selección de piezas donde sobresalen nombres como los de Xul Solar, Antonio Berni, Tarsila do Amaral, Ramón Gómez de la Serna y Wifredo Lam.
El fundador del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) pujó telefónicamente para quedarse con “Diego y yo”, considerado el último autorretrato de Kahlo entre los muchos que pintó en este formato: el empresario cuatriplicó el anterior máximo histórico de la propia pintora mexicana de 8 millones de dólares logrado en 2016 y con esta adquisición se convirtió en propietario de las dos obras de arte más caras de la región.
Detrás de esta apuesta por las producciones más cotizadas de la producción latinoamericana se oculta una historia de frustración y revancha que remite al surgimiento de la vocación coleccionista de Costantini, quien allá por 1995 debió optar por uno de los dos integrantes del matrimonio de artistas en una subasta celebrada también por la casa Sotheby’s: sin dinero suficiente para llevarse el dúo de obras que lo había deslumbrado, decidió comprar el “Autorretrato con loro y chango” de Kahlo -por el que pagó 3,1 millones de dólares- y dejó escapar “Baile en Tehuantepec” de Rivera.
La obra del muralista fue a parar entonces a otras manos, pero dos décadas después el fundador del Malba no dejó escapar una segunda oportunidad y compró el lienzo por 15,7 millones de dólares, una cifra récord que ahora queda eclipsada por el salto cualitativo que dio el cuadro de la pintora de Coyoacán “No estaba preparado. Hace 21 años que la tengo en mi mente, pero era una obra muy hermética, había desaparecido de los circuitos artísticos”, señaló por entonces.
Como un acto de justicia poética tardía contra el hombre que fue parte de los padecimientos que debió afrontar la pintora podría caratularse ahora la subasta concretada anoche en la sede de la firma Sotheby’s en Nueva York donde el cuadro de la mexicana logró desplazar del ranking de artistas más cotizados a Rivera, con el que mantuvo una zigzagueante relación que incluyó un divorcio y un segundo casamiento. Se dice incluso que la gestación de “Diego y yo” se produjo cuando los rumores de un vínculo oculto entre el muralista y la actriz María Félix llegaron a oídos de Kahlo.
Télam Buenos Aires, 20/06/2008
Eduardo F. Costantini, el titular de la fundación MALBA, presente en la muestra “La era de la discrepancia”, que acaba de abrir sus puertas en ese espacio.
Foto: Maximiliano Luna/Télam/jcp
La impactante obra que inmortaliza el rostro de la artista en plano cerrado y con un gesto sufriente que remata con lágrimas deslizándose sobre la piel, suma precisamente un retrato de Rivera, quien aparece incrustado en su frente con un ojo adicional. Fue pintada cinco años antes de la muerte de Kahlo y por su tamaño reducido se cree que podría ser una de los que realizó o retocó postrada en la cama, durante las largas convalecencias que la mantenían encerrada entre las paredes de la célebre Casa Azul.
Precisamente con esta obra de pequeñas dimensiones -30 centímetros de alto y 22,4 de ancho-,que ahora es récord la pintora se había convertido en la primera artista plástica latinoamericana en superar el umbral de un millón de dólares cuando se vendió por 1.400.000 dólares en un remate realizado en 1990.
Tres décadas después regresó al mercado con un valor casi 25 veces superior al de su última aparición y al mismo tiempo con el envión suficiente para desplazar doblemente a Rivera del ranking de obras mejor valoradas, que perdió el podio consolidado con “Los rivales” -vendida en 9,8 millones de dólares en mayo de 2018 por la casa Christie’s- y el mencionado “Baile en Tehuantepec”.
La obra subastada anoche pertenecía al magnate inmobiliario Harry Macklowe y a su esposa Linda, una experta en arte que trabaja en el consejo de administración de la Fundación Guggenheim. Se separaron en 2016, después de 57 años de matrimonio. Un juez dictaminó que las propiedades de la pareja, con un valor aproximado de 2 mil millones de dólares, deberían dividirse por la mitad. De ahí la decisión de vender el cuadro de la pintora mexicana.
La subasta eclipsó el récord anterior para una obra de la artista, tras la venta en 2016 de “Dos desnudos en el bosque” (1939) por 8.000.000 dólares, que a su vez en 2006 había superado los 5.600.000 obtenidos por “Raíces” (1943), ambos en Nueva York.
Kahlo, hija de un inmigrante alemán y una mestiza, enfermó de poliomielitis a los seis años y, a los 18, resultó tan gravemente herida en un accidente de autobús que toda su vida usó un corsé de acero. Durante el período de convalecencia y desde la cama, Frida comenzó a pintar como pasatiempo. Esto supuso el comienzo de una carrera sin precedentes que la convirtió en la segunda artista más buscada en Google después del italiano Leonardo Da Vinci.
“He tenido dos accidentes graves en mi vida. El primero fue cuando un tranvía me atropelló; el otro fue Diego”. Esta famosa frase de la artista refleja la inusual historia de amor con el famoso pintor, 20 años mayor que ella. Para ella fue amor casi instantáneo y aunque ambos fueron infieles, nunca se separaron. El romance de Rivera con Cristina, hermana de Frida, fue quizá el tramo más duro de este vínculo.
Tras la muerte de Kahlo en 1954, a la edad de 47 años, Rivera confesó: “Me di cuenta de que lo mejor de mi vida fue mi amor por Frida”. Él dio a conocer la obra de la pintora hasta su muerte.
“Diego y yo” es el último autorretrato de una década en la que dio lugar a obras conmovedoras y lacerantes, en esa intersección tan apretada entre arte y biografía que la volvió tan singular, con obras como “Autorretrato con collar de espinas y colibrí” (1940), “La columna rota” (1944) y “Autorretrato como Tehuana”, también conocida como “Diego en mis pensamientos” (1943).
Activista dentro del Partido Comunista mexicano, amiga y benefactora de León Trotski, abogada de las causas del proletariado, Kahlo ha sido en parte fagocitada por un sistema que convierte al arte en mercancía y a la creación en “producto”. Los precios de sus cuadros se dispararon a partir que Madonna y otras celebridades mostraran interés en coleccionar su obra. Así, pasó a ser ícono de moda y la cultura popular, a punto tal que en la misma sala de Sotheby’s de Los Ángeles donde se exhibió la obra subastada era posible adquirir también joyas, bolsos Chanel y zapatos Nike.
¿De qué manera se comprende este auge de la figura de Frida Kahlo? “Es una combinación de factores -señalaba hace unas semanas a Télam la directora de Arte Latinoamericano de Sotheby’s, Anna Di Stasi-. En el caso de Frida su biografía es parte de su producción artística. Desde el momento en que se empezó a difundir su obra siempre se hizo de una manera biográfica y creo que eso ha sido una gran influencia en la forma en que le ha llegado al público. Otro gran artista cuya biografía es parte de su producción artística es Van Gogh. No se puede separar la obra de Van Gogh de la forma en que se ha escrito, se ha hecho el marketing. Es parte de la etiqueta, es parte de lo que el artista incluyó en su obra y no podemos dejarlo afuera”.
“No podemos hablar de Frida sin hablar de Diego Rivera sobre todo en este caso que está pintado en su frente, entonces es algo tan biográfico y tan emocional para ella -acotaba en esa oportunidad la especialista a propósito de la subasta que tuvo lugar anoche-. Creo que esta obra donde se ve ese drama, ese gran sufrimiento, esa gran relación que tenían, es parte de la lectura adecuada de la misma. Y eso es lo mismo por lo que el público se siente atraído a una obra de Frida Kahlo, es también ese tipo de emoción y relato biográfico”.
“Diego y yo” se convirtió en la obra de arte más valorada de un artista latinoamericano, y de una artista mujer. Este remate también representa la expansión de la categoría de arte moderno que adoptó la casa de subastas al incluir a artistas “infrarrepresentados”, sobre todo mujeres, como un replanteamiento del valor histórico de las subastas.