Frigoríficos

China reconfigura el mercado de la carne y Argentina apuesta a capturar mejores precios

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La estrategia comercial de los principales proveedores de carne vacuna hacia China comienza a redefinir el tablero del comercio internacional y abre un escenario de oportunidades, aunque también de incertidumbre, para Argentina. Mientras Brasil y Australia aceleraron sus embarques hasta dejar prácticamente agotadas sus cuotas de exportación antes de finalizar el primer semestre, el resto de los países exportadores optó por una política mucho más conservadora, apostando a que la escasez relativa de oferta impulse una recuperación de los precios durante la segunda mitad del año.

El resultado es un mercado que, lejos de haber encontrado un nuevo equilibrio, permanece en pausa a la espera de una definición política por parte de Beijing. La decisión que adopte el gobierno chino sobre el tratamiento de la mercadería que eventualmente llegue fuera de cuota será determinante para el comportamiento de los precios internacionales durante el cierre de 2026 y el inicio de 2027.

De acuerdo con un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), Australia ya habría consumido la totalidad de su cupo anual de 205.000 toneladas asignadas por China. Según el Ministerio de Comercio chino (MOFCOM), al 20 de junio los embarques australianos completaron ese límite.

Antes de finalizar la primera mitad del año, tanto Australia como Brasil habrían quedado, virtualmente, fuera de juego en el mercado chino.

Según informó el propio Ministerio de Comercio de China (MOFCOM), al 20 de junio los envíos de carne vacuna desde Australia cubrieron la totalidad del cupo asignado de 205.000 toneladas anuales.

En el caso de Brasil, si bien aún no se ha emitido un anuncio oficial, las principales plantas procesadoras que faenan para China están ajustando e incluso suspendiendo la producción de cortes destinados a este mercado, con el objetivo de evitar embarques que arriben fuera de cuota y queden sujetos al pago de un arancel final del 67%. Esta decisión evidenciaría un virtual agotamiento de su cupo anual de 1.106.000 toneladas y, en consecuencia, la necesidad de redireccionar parte de sus exportaciones hacia otros destinos.

En una situación estratégica diferente se encuentran el resto de los proveedores —Argentina, Uruguay, Nueva Zelanda y, naturalmente, Estados Unidos—, que registran hasta el momento un avance considerablemente menor en la utilización de sus respectivas cuotas.

De acuerdo con los datos informados por la Administración General de Aduanas de China, al 31 de mayo Australia había ingresado 175.082 toneladas de carne vacuna, equivalentes al 85% de su cuota anual. Por su parte, Brasil acumulaba 723.745 toneladas, cubriendo el 65% de su cupo.

En contraste, los demás orígenes mostraban avances significativamente inferiores. Argentina registraba una ejecución del 41%, con 210.857 toneladas ingresadas; Uruguay y Nueva Zelanda alcanzaban apenas el 22% de utilización de sus cuotas, sobre un total de 324.000 y 206.000 toneladas, respectivamente; mientras que Estados Unidos, con apenas 803 toneladas ingresadas, prácticamente no había utilizado su cuota anual de 164.000 toneladas.

Por su parte, los proveedores que operan sin una cuota exclusiva aportaron en conjunto 56.122 toneladas, lo que representa un nivel general de cobertura del 33%.

Estos datos reflejan una marcada diferencia en la velocidad de ejecución de las cuotas entre los distintos actores del mercado, en línea con estrategias de posicionamiento claramente divergentes. Mientras que los dos países menos favorecidos en la distribución de cuotas, Australia y Brasil, apuntaron a saturar rápidamente el mercado bajo la expectativa de una negociación —primero sobre los criterios de aplicación para los envíos en tránsito y luego respecto de una eventual ampliación de cuota—, un segundo grupo de países, entre ellos Argentina, apostó por mantener un ritmo más moderado de ejecución, a la espera de un agotamiento de las cuotas y, en consecuencia, de un fortalecimiento de los precios impulsado por las necesidades de la demanda.

Lo cierto es que, hasta el momento, ninguna de las dos estrategias ha logrado plasmar plenamente sus resultados.

En los primeros cinco meses de 2026, China importó cerca de 1,3 millones de toneladas de carne vacuna, un 18% más que en igual período del año anterior, pagando además valores promedio un 14% superiores a los registrados doce meses atrás.

Ambos indicadores contrastan notablemente con la caída del 4% en las importaciones que el propio gobierno chino había proyectado a comienzos de año mediante la asignación de cuotas y, por ende, con las expectativas de precios que predominaban en el mercado. En efecto, el esquema de distribución establecía un límite anual de importaciones de 2.688.000 toneladas, frente a las 2.802.000 toneladas registradas por la aduana china durante 2025.

Una vez conocidas las cuotas asignadas a los distintos orígenes, el mercado esperaba una ejecución relativamente previsible. De hecho, tomando como referencia el comportamiento promedio de compras observado entre 2019 y 2025, era posible proyectar un ritmo mensual relativamente estable.

Sin embargo, la fuerte presión ejercida por Australia y Brasil durante los primeros meses del año alteró rápidamente esas proyecciones, obligando a recalcular los volúmenes disponibles para los meses restantes, que ahora se ubicarían entre 40.000 y 50.000 toneladas mensuales.

No obstante, todavía persisten elementos de incertidumbre dentro del mercado chino. Este año, el patrón de compras podría verse aún más alterado durante el tramo final, sin que dicho cambio resulte necesariamente visible en las estadísticas aduaneras.

La principal incógnita radica en si el gobierno chino permitirá el ingreso de mercadería fuera de cuota para su almacenamiento en depósitos aduaneros.

Si esta alternativa no fuera habilitada, no deberían esperarse cambios significativos respecto del ritmo habitual de compras observado durante la segunda mitad del año. Bajo este escenario, los países que aún disponen de una porción importante de sus cuotas sin utilizar —entre ellos Argentina— podrían consolidar una posición más favorable dentro del mercado chino durante los últimos meses del año.

Por el contrario, si se habilitara el almacenamiento de mercadería fuera de cuota, los dos grandes jugadores que actualmente se encuentran virtualmente fuera de juego —Australia y Brasil— podrían comenzar a presionar los valores de ingreso al mercado chino hacia fines de año, con el objetivo de posicionar mercadería para su nacionalización inmediata una vez renovados los cupos anuales a partir del 1 de enero de 2027.

De confirmarse este escenario, y considerando los tiempos de navegación, Brasil probablemente sería el primer actor en mover sus fichas, convirtiéndose nuevamente en un competidor de fuerte peso para el resto de los exportadores de la región.

Por el momento, lejos de observarse una presión alcista por parte de los importadores chinos, el mercado parece haber ingresado en un impasse, condicionado por una fuerte expectativa y cautela.

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Carne bovina: las exportaciones marcaron un récord mientras la menor faena redefine el mercado interno

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El sector bovino argentino atraviesa un escenario de fuerte reconfiguración. La menor disponibilidad de hacienda está reduciendo la producción de carne y el consumo interno, pero al mismo tiempo mejora el posicionamiento exportador gracias a precios internacionales más altos y una mayor demanda de mercados estratégicos como Estados Unidos y la Unión Europea.

Así lo refleja un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analiza el desempeño del complejo cárnico durante el primer cuatrimestre de 2026 y muestra un cambio de ciclo: la oferta doméstica continúa ajustándose mientras el comercio exterior registra los mejores resultados de las últimas décadas.

El valor de las exportaciones del complejo bovino alcanza US$ 1.654 M (+36% interanual), nuevo récord histórico. La faena registra un mínimo de diez años, aunque el peso promedio de los animales faenados se mantiene firme.

La presente nota analiza la coyuntura del sector bovino argentino durante el período enero-abril de 2026, con foco en la faena y producción de carne, el comercio exterior, la dinámica de los precios internacionales y el consumo interno. Se observa una contracción en la oferta doméstica sumada a un contexto internacional favorable para el sector exportador.

Faena y producción

El año pasado había cerrado con una faena de 13,6 millones de cabezas, lo que representó una contracción del 2,5% respecto de 2024 y del 1,6% frente al promedio de los cinco años previos. De este modo, la faena decreció por segundo año consecutivo luego de haber tocado un máximo relativo de 14,5 millones de cabezas en 2023, pico que había estado en gran medida impulsado por la severa sequía de ese año y su impacto negativo sobre las pasturas.

En el primer cuatrimestre de 2026 la tendencia contractiva se profundizó: con 3.935.598 de cabezas faenadas, la serie se ubicó en su registro mínimo en diez años para un primer cuatrimestre. La disponibilidad hídrica y los buenos precios del kilogramo vivo incentivaron a los productores a extender el período de engorde, aumentando el peso de los animales previo al envío a faena. 

En términos mensuales, la faena de febrero de 2026, con 925.235 cabezas, fue la más baja desde abril de 2017, y el dato de abril de 2026 (960.871 cabezas) se ubicó como el más bajo para dicho mes en los últimos nueve años. 

Por el lado de la producción de carne, en el primer cuatrimestre de 2026, la misma se ubicó en 926.583 toneladas equivalente res con hueso, el menor registro en nueve años. No obstante, el dato más destacado es que el peso promedio por animal faenado ascendió a 235,4 kg en gancho, el valor más elevado en los registros para un primer cuatrimestre, con datos disponibles desde 1990. Este indicador supera en 9 kg al promedio de los últimos 10 años para el mismo período (226,4 kg) reflejando una decisión productiva orientada a maximizar el rendimiento por animal en un contexto de precios favorables y oferta restringida.

Exportaciones: primer cuatrimestre récord en valor

De acuerdo con datos de INDEC, el valor exportado por Argentina en productos del complejo Carne y Cueros Bovinos durante el primer cuatrimestre de 2026 ascendió a US$ 1.653,7 millones, un 36% por encima del mismo período del año previo y un 39% por encima del promedio de los últimos cinco años para el mismo lapso, consolidándose como el máximo histórico para un primer cuatrimestre, con datos desde 2002. 

Esto se vio apuntalado en buena medida por el aumento de los precios de exportación: durante abril de 2026, el precio promedio de exportación informado por SAGyP alcanzó los USD 5.490 por tonelada (eq. res con hueso), un máximo desde mayo de 2014.

Excluyendo el secreto estadístico, la distribución por destino muestra que el 39,1% del valor exportado tuvo como destino China, el 19,0% a Estados Unidos, el 12,9% a Israel, el 7,8% a Alemania, el 5,6% a Países Bajos y el 15,6% restante se distribuyó entre otros 35 destinos.

En términos de volumen, las exportaciones de carnes bovinas alcanzaron en el primer cuatrimestre 257.345 toneladas res equivalentes, un 10% superior al mismo período de 2025 y se un 2% por debajo del promedio de los últimos cinco años.

Se destaca un incremento en los despachos de carne a la Unión Europea, particularmente de carne fresca deshuesada. En el primer cuatrimestre, el volumen despachado ascendió a 15.580 toneladas (peso producto), siendo este el mayor volumen exportado al bloque de este producto desde el año 2009, para un primer cuatrimestre. Desde luego, Estados Unidos también viene jugando un rol muy relevante, pero en este caso se destacan fundamentalmente las compras de carne deshuesada congelada, que suman 28.539 t, siendo el máximo registro histórico para un primer cuatrimestre. El volumen de carnes despachado a China, si bien continúa liderando el podio, se presenta como el menor en los últimos seis años para un primer cuatrimestre, totalizando 128.698 t (p.p.). Cabe recordar, sin embargo, que Argentina cuenta con una cuota de 511.000 toneladas de carnes para enviar al gigante asiático durante el año en curso.

Detrás de los incrementos de exportaciones a la Unión Europea y a Estados Unidos, se encuentran el Acuerdo Mercosur – Unión Europea y la Proclama Presidencial presentada este año por EE. UU.

Con respecto al primero, se estableció que a partir del primero de mayo la alícuota de la cuota Hilton bajó de 20% a 0%. Además, se creará una nueva cuota de 99.000 toneladas de carne bovina para el Mercosur, con un arancel preferencial del 7,5%, la cual está dividida en dos cuotas de carne congelada y enfriada de 54.450 y 44.550 toneladas, respectivamente, y de la cual todavía resta definirse la distribución entre los países miembros. Todo esto permite pensar que haya un repunte las exportaciones al bloque europeo se mantengan en niveles elevados en el transcurso de 2026. 

En relación con el acuerdo con EE. UU., cabe recordar se adicionaron 80.000 toneladas libres de aranceles para recortes de carnes magras, las cuales ingresan en cuatro tramos trimestrales de 20.000 toneladas durante el año 2026. Este volumen se suma al acuerdo preexistente de 20.000 toneladas anuales que cuentan con un arancel preferencial. De este modo, durante el corriente año el volumen total con preferencias arancelarias asciende desde 20.000 hasta 100.000 toneladas.

Dinámica del consumo interno

En el primer cuatrimestre de 2026, el consumo aparente se ubicó en 681.209 toneladas equivalente res con hueso, un 11,7% por debajo del año previo y un 7,8% por debajo del promedio de los últimos cinco años para el mismo período. La caída responde a dos factores que operan de manera simultánea. Por un lado, el incremento real de los precios minoristas que tuvo lugar en el transcurso del último año. En segundo lugar, el menor consumo es también consecuencia a una menor oferta de carne, resultado directo de los mínimos productivos mencionados anteriormente en el informe.

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La carne argentina tendrá su semana en Estados Unidos para impulsar exportaciones

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El Gobierno nacional puso en marcha una ofensiva comercial para fortalecer las exportaciones de carne vacuna hacia Estados Unidos. La iniciativa, presentada en Casa Rosada y encabezada por Karina Milei junto a funcionarios económicos y representantes del sector privado, se concretará con la “Semana de la Carne Argentina”, una misión que se desarrollará entre el 27 de abril y el 1 de mayo en Filadelfia, Chicago y Los Ángeles.

El dato central que potencia la estrategia es la reciente habilitación de 80.000 toneladas adicionales al cupo de exportación hacia el mercado estadounidense, un movimiento que abre margen para incrementar la presencia argentina en uno de los destinos más exigentes y competitivos del mundo.

Promoción directa en el mercado más competitivo

La misión fue diseñada por la Secretaría General de la Presidencia junto con PromArgentina, en coordinación con la Cancillería, la Secretaría de Agricultura y el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina.

El esquema implica un cambio operativo relevante: por primera vez, el organismo de promoción organizará una ronda de negocios en el exterior, llevando empresas exportadoras directamente a vincularse con compradores estratégicos.

Durante la semana se prevé: Rondas de negocios con importadores y distribuidores. Encuentros sectoriales con referentes de la industria cárnica estadounidense. Acciones de posicionamiento para reforzar la marca país

La delegación incluirá a frigoríficos y empresas clave del sector, como representantes de los grupos exportadores más relevantes, en un intento por consolidar relaciones comerciales en destino.

Más exportaciones y posicionamiento premium

El objetivo explícito de la iniciativa es doble. Por un lado, incrementar el volumen exportado aprovechando la ampliación del cupo; por otro, reforzar el posicionamiento de la carne argentina como producto premium.

Según lo informado, la estrategia apunta a consolidar la reputación internacional del producto en segmentos de alto valor agregado, donde la competencia global es más intensa pero también mayores los márgenes.

Desde el Gobierno, la política se inscribe en una lógica más amplia de inserción internacional, orientada a: Expandir mercados externos. Generar divisas vía exportaciones. Y fortalecer la presencia de productos agroindustriales argentinos

Articulación público-privada en un sector estratégico

El armado de la misión expone una convergencia clara entre el Gobierno y el núcleo exportador de la cadena cárnica.

Participaron del anuncio actores empresariales de peso, como frigoríficos y representantes del Consorcio ABC, lo que evidencia que la estrategia no es solo institucional, sino también sectorial.

En este esquema: El Gobierno busca mostrar capacidad de apertura de mercados. El sector privado apunta a capturar nuevas oportunidades comerciales. Los organismos de promoción ganan protagonismo como articuladores

La iniciativa también refleja una decisión política de priorizar sectores con capacidad exportadora inmediata, en un contexto donde la generación de divisas es central para la macroeconomía.

Más volumen exportable y competencia global

La ampliación del cupo en 80.000 toneladas constituye un factor concreto de impacto. En términos prácticos, habilita: Mayor volumen de exportaciones hacia EE.UU. Posibilidad de diversificar destinos dentro de ese mercado. Mejores condiciones para negociar precios en segmentos premium

Al mismo tiempo, el desafío radica en sostener competitividad frente a otros proveedores globales, en un mercado que combina exigencias sanitarias, estándares de calidad y fuerte competencia.

Oportunidades indirectas para el NEA

Aunque la misión se centra en exportadores de escala nacional, la expansión del mercado externo puede tener efectos indirectos en regiones productivas.

En provincias como Misiones, donde la ganadería tiene menor peso relativo frente a otras actividades, el impacto sería más indirecto, vinculado a: Dinámica general del sector cárnico. Precios internos condicionados por exportaciones. Posibles encadenamientos logísticos o comerciales

El alcance concreto dependerá de cómo evolucione la demanda externa y la distribución territorial de la producción.

Consolidación de mercados y variables externas

La “Semana de la Carne Argentina” se presenta como un primer paso dentro de una estrategia más amplia de inserción internacional.

Las variables a observar en el corto y mediano plazo incluyen: Nivel de acuerdos comerciales alcanzados durante la misión. Evolución del cupo exportador hacia EE.UU. Competitividad del producto argentino frente a otros mercados. Continuidad de políticas de promoción comercial

El resultado de esta iniciativa permitirá medir si la estrategia oficial logra traducirse en mayores exportaciones y consolidación en un mercado clave.

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El precio de la carne vacuna sube por una escasez que ya no es coyuntural

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La carne vacuna volvió a quedar en el centro de una tensión que excede a la góndola y empieza mucho antes del mostrador. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario advirtió que tanto el mercado internacional como el interno se mueven hoy bajo una misma lógica: oferta limitada, demanda firme y precios sostenidos. En la Argentina, ese cuadro ya tuvo traducción concreta. A enero de 2026, el precio promedio de los cortes vacunos acumuló un 73% interanual, muy por encima del pollo (31%) y del pechito de cerdo (23%), y también bastante por encima de la inflación, que según el INDEC se ubicó en 33,1% interanual a febrero de 2026. La pregunta que se abre no es solo cuánto más puede subir la carne, sino qué margen real le queda al mercado doméstico para absorber esos valores sin empezar a romper su propia lógica de consumo.

Un mercado global más ajustado y una demanda que no afloja

La lectura de fondo que plantea la Bolsa rosarina es que el aumento del precio de la carne vacuna no responde a un sobresalto aislado, sino a una restricción estructural. El Índice de Precios de la FAO viene reflejando desde hace tiempo una dinámica distinta a la que exhiben las otras dos grandes proteínas animales: la aviar y la porcina. Mientras pollo y cerdo muestran otro comportamiento, la carne vacuna arrastra un proceso más tenso, donde producción y consumo se acercan cada vez más desde 2020.

El punto de quiebre, según el informe, puede ubicarse en 2019, cuando China se consolidó como principal importador mundial de carne vacuna y desplazó a Estados Unidos del liderazgo. Ese cambio reordenó incentivos, consolidó una demanda más agresiva y transformó a los grandes productores en jugadores obligados de una disputa por abastecer un mercado internacional cada vez más exigente.

Del lado de la oferta, además, los golpes se acumularon. Australia atravesó una fuerte caída productiva desde 2020, con mayor intensidad en 2021 y 2022, tras la severa sequía previa. Cuando comenzó a recuperar volumen en 2023, Estados Unidos ingresó en una de sus mayores contracciones productivas, también golpeado por la sequía, con un stock ganadero que cayó al nivel más bajo en 75 años. En paralelo, el consumo interno norteamericano siguió firme y desequilibró aún más su balanza comercial: hoy Estados Unidos importa más del doble de la carne vacuna que exporta.

Ese cuadro no parece aflojar. Para 2026, las proyecciones del USDA difundidas a fines del año pasado anticipan un mercado todavía más estrecho: el consumo mundial apenas compensaría cerca de dos tercios de la caída prevista en la producción global, estimada en cerca de 1 millón de toneladas. No es un detalle técnico. Es la señal de que el precio internacional seguirá encontrando respaldo en una escasez persistente.

Argentina replica el mismo patrón, pero con una presión adicional sobre el consumo

En el plano local, la lógica es similar, aunque con un ingrediente adicional: la carne vacuna conserva un peso cultural y alimentario que vuelve más delicado cualquier proceso de encarecimiento sostenido. El informe describe una oferta relativamente limitada frente a un mercado interno que, pese a los aumentos, mantuvo firmeza durante buena parte del año y a una demanda externa que sigue mostrando interés por el producto argentino.

Desde comienzos de 2025, la carne vacuna lideró los incrementos dentro del conjunto de las carnes. Pero fue en el segundo semestre cuando se produjo el mayor salto. El dato interanual a enero de 2026, con un 73% promedio para los cortes vacunos, resume esa aceleración mejor que cualquier otra referencia.

La consecuencia inmediata fue un cambio en la relación de precios con las carnes sustitutas. A comienzos de 2025, con el valor de un kilo de asado se podían comprar aproximadamente tres kilos de pollo fresco. Hoy, esa relación se amplió a cerca de cuatro kilos. En el caso del cerdo ocurrió algo parecido: un año atrás, por cada kilo de asado se adquiría menos de 1,5 kilos de pechito; hoy esa equivalencia llega a cerca de dos kilos. La carne vacuna no solo subió más: se alejó de sus competidores directos y empezó a redefinir hábitos posibles de consumo.

Salarios, inflación y un límite que empieza a aparecer en el mostrador

El informe agrega un dato clave para entender por qué la tensión no se transformó antes en un freno más visible: durante 2025, los salarios medios se mantuvieron relativamente alineados con la inflación e incluso mostraron una leve recomposición. A diciembre, el índice de salarios exhibió un aumento interanual del 38,2%, frente a una inflación del 31,5% en ese mismo período.

Ese comportamiento permitió sostener parte del consumo aun con carne más cara. Pero el margen parece haberse reducido. Marzo aparece en el informe como un mes decisivo para testear esa resistencia y ya ofrece una primera señal: los mostradores comienzan a exhibir cierta resistencia frente a las subas de precios. No se trata todavía de una retracción generalizada, pero sí de una advertencia. El mercado interno sigue orientado a la carne vacuna, aunque empieza a mostrar que no puede convalidar cualquier valor.

Ese cambio de humor tuvo correlato en la hacienda. Durante la última semana, el precio de la hacienda gorda destinada a faena mostró un retroceso significativo en categorías orientadas al consumo interno, sobre todo novillitos y vaquillonas de kilaje intermedio. En esos casos, las bajas promediaron $200 por kilo, alejándose de los más de $5.000 pagados a comienzos del mes. En cambio, los novillos más pesados, vinculados principalmente a exportación, se mantuvieron firmes e incluso registraron ligeras subas.

Ese desdoblamiento no es menor. Muestra que el límite aparece primero en el consumo doméstico, mientras la demanda exportadora conserva capacidad para sostener precios. En otras palabras, el mercado empieza a segmentarse con más nitidez entre lo que puede absorber el mostrador local y lo que todavía puede traccionar el negocio externo.

Menos faena, menos cabezas y una oferta que seguirá apretada

La otra variable que explica el escenario es la oferta física. Durante los primeros dos meses del año, la cantidad de animales faenados cayó 11% respecto de igual período del año pasado. Y en lo que va de marzo, el ritmo de remisiones hacia plantas frigoríficas parece profundizar esa tendencia.

La Bolsa atribuye parte de esa brecha a la retención que se observa dentro de los circuitos de invernada y engorde. Ese fenómeno, que en algún momento podría moderarse, por ahora actúa como un factor que restringe la disponibilidad de hacienda y sostiene precios en origen. Aun cuando la diferencia interanual debería atenuarse en el segundo semestre, las proyecciones de faena para el conjunto de 2026 siguen por debajo de 13 millones de cabezas, lo que implicaría un recorte de más de 600 mil cabezas frente al año pasado.

Ese dato tiene una consecuencia directa: la producción total difícilmente supere los 3 millones de toneladas, incluso considerando una mejora en los pesos de faena. De ese total, unas 875 mil toneladas podrían destinarse a exportación, dejando entre 2,1 y 2,2 millones de toneladas para el mercado interno. Eso representa aproximadamente un 7% menos de lo que se volcó al consumo local el año pasado.

La discusión, entonces, ya no pasa solamente por el precio. Pasa por la disponibilidad real. Cuánta carne habrá, a qué destino se asignará y con qué capacidad de pago competirá cada segmento.

Repercusiones: un equilibrio delicado entre exportación y consumo interno

El escenario descrito por la Bolsa de Comercio de Rosario deja fortalecida una idea que recorre toda la cadena: la carne vacuna opera hoy en un mercado donde la escasez dejó de ser una anomalía y pasó a ser un dato estructural. Eso beneficia en parte a quienes logran colocar producto en un contexto de precios sostenidos, pero también condiciona a los distintos eslabones del negocio.

El sector exportador, aun con potencial de crecimiento, aparece trabajando al límite de su capacidad de compra frente al valor de la hacienda. Es decir, el mercado externo sigue interesado, pero no ilimitadamente. El precio del animal también le impone restricciones y, en muchos casos, afecta el nivel de actividad.

Al mismo tiempo, el mercado interno mantiene una fuerte orientación cultural al consumo de carne vacuna, pero ya empieza a exhibir un umbral de resistencia. Ese punto es políticamente sensible aunque el informe no lo plantee en términos partidarios: cuando un alimento central para la canasta argentina sube muy por encima de la inflación y de las proteínas sustitutas, la discusión deja de ser sectorial y empieza a tocar el clima económico general.

No hay, en el texto base, elementos para anticipar medidas oficiales ni cambios regulatorios. Pero sí hay un dato duro: la menor oferta obliga a una puja más intensa entre destinos, y esa puja termina ordenando precios, consumo y rentabilidad.

Un mercado que podría dejar de subir fuerte, pero no de estar caro

La Bolsa traza una hipótesis prudente para los próximos meses: el precio de la carne vacuna parecería estar acercándose a su límite de suba en términos reales. En un contexto de inflación más moderada, no deberían esperarse grandes saltos adicionales al consumidor. Pero eso no equivale a un alivio. Lo que se perfila es un mercado con precios sostenidos durante todo el año.

Esa diferencia importa. Una cosa es dejar de acelerar; otra, muy distinta, es retroceder. Si la oferta sigue ajustada, la faena no repunta y la exportación conserva atractivo, el mercado podría estabilizarse en niveles altos sin necesidad de nuevos saltos bruscos. Para el consumidor, eso implica convivir con una carne estructuralmente cara. Para la cadena, supone administrar una escasez que puede sostener márgenes en algunos tramos y comprimirlos en otros.

La clave estará en la carne disponible, no solo en la carne cotizada

El informe cierra sobre una variable decisiva: la disponibilidad efectiva de carne que logre volcarse al mercado será el factor clave en los próximos meses. Esa frase resume el corazón del problema. La discusión no se agota en si el kilo baja o sube cien pesos. Lo que está en juego es el volumen que efectivamente llegue al mercado interno en un contexto de menor faena, exportación todavía activa y una demanda local que no renuncia del todo a la carne vacuna, aunque ya empezó a marcar sus límites.

En ese equilibrio inestable se moverá el sector durante 2026. El mercado global seguirá presionando por una proteína escasa. El mercado doméstico seguirá defendiendo su centralidad, pero con menos margen para convalidar precios. Y entre ambos, la carne argentina continuará disputando destino, valor y volumen en una sintonía de escasez que, por ahora, no muestra señales de disiparse.

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El consumo de carne vacuna cayó a un mínimo en más de dos décadas

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De acuerdo con el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo aparente per cápita se ubicó en 47,3 kilos anuales, lo que representa una caída del 2,5% interanual y el nivel más bajo de los últimos 21 años.

En paralelo, la industria frigorífica atravesó uno de los febreros de menor actividad en casi medio siglo. La faena alcanzó las 924,3 mil cabezas de hacienda vacuna, con una leve suba del 1,5% frente a enero —ajustada por días hábiles— pero con una caída del 10,7% en la comparación interanual, equivalente a unas 110 mil cabezas menos.

La menor actividad se reflejó también en la producción. En el primer bimestre de 2026 se generaron 457 mil toneladas res con hueso, lo que implica una contracción del 9,1% frente al mismo período del año pasado. En términos absolutos, la caída fue de 45,5 mil toneladas.

En el mercado interno, el consumo total mostró un deterioro aún más marcado. Según CICCRA, el consumo aparente descendió a un ritmo del 13,8% interanual en el acumulado del primer bimestre, con un volumen total de 332,7 mil toneladas. El promedio móvil de los últimos doce meses se mantuvo en 47,3 kilos por habitante al año, 1,2 kilos por debajo del nivel registrado un año atrás.

Precios en alza

La caída del consumo se da en un escenario de fuerte presión sobre los precios. Según datos del INDEC, en febrero el precio de los cortes vacunos aumentó 7,4% mensual, muy por encima de la inflación general, que se ubicó en 2,9%.

Entre los principales cortes, la paleta lideró las subas con un 8,1%, seguida por el cuadril y la nalga (ambos con 8,0%). La carne picada común registró un incremento del 7,1%, mientras que el asado subió 5,7%.

En valores absolutos, el kilo de asado promedió los $16.852,4, el cuadril alcanzó los $19.792,7 y la nalga llegó a $20.527,5. La paleta se ubicó en $15.817,9 y la carne picada en $9.521,4.

Exportaciones en crecimiento

A contramano del mercado interno, las exportaciones continúan mostrando dinamismo. En el primer bimestre del año, los envíos al exterior habrían alcanzado las 124 mil toneladas res con hueso, con un crecimiento del 6,6% interanual.

En enero, en tanto, se certificaron exportaciones por 43,6 mil toneladas peso producto, lo que implicó una suba del 13,5% respecto al mismo mes de 2025. La caída en los embarques hacia China fue compensada por mayores ventas a Estados Unidos, Israel, Alemania y Países Bajos.

El precio promedio de exportación también mostró una fuerte mejora: la tonelada se ubicó en 7.362 dólares, un 30% por encima del valor registrado un año atrás. Según CICCRA, esta suba fue generalizada entre los principales destinos, impulsada en parte por la depreciación del dólar a nivel internacional, aunque con distinta intensidad según el mercado.

En este escenario, la cadena cárnica refleja una creciente dualidad: mientras el frente externo tracciona con mejores precios y volúmenes, el consumo interno continúa debilitándose, presionado por la pérdida de poder adquisitivo y el encarecimiento sostenido de los alimentos.

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