El Gobierno nacional puso en marcha una ofensiva comercial para fortalecer las exportaciones de carne vacuna hacia Estados Unidos. La iniciativa, presentada en Casa Rosada y encabezada por Karina Milei junto a funcionarios económicos y representantes del sector privado, se concretará con la “Semana de la Carne Argentina”, una misión que se desarrollará entre el 27 de abril y el 1 de mayo en Filadelfia, Chicago y Los Ángeles.
El dato central que potencia la estrategia es la reciente habilitación de 80.000 toneladas adicionales al cupo de exportación hacia el mercado estadounidense, un movimiento que abre margen para incrementar la presencia argentina en uno de los destinos más exigentes y competitivos del mundo.
Promoción directa en el mercado más competitivo
La misión fue diseñada por la Secretaría General de la Presidencia junto con PromArgentina, en coordinación con la Cancillería, la Secretaría de Agricultura y el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina.
El esquema implica un cambio operativo relevante: por primera vez, el organismo de promoción organizará una ronda de negocios en el exterior, llevando empresas exportadoras directamente a vincularse con compradores estratégicos.
Durante la semana se prevé: Rondas de negocios con importadores y distribuidores. Encuentros sectoriales con referentes de la industria cárnica estadounidense. Acciones de posicionamiento para reforzar la marca país
La delegación incluirá a frigoríficos y empresas clave del sector, como representantes de los grupos exportadores más relevantes, en un intento por consolidar relaciones comerciales en destino.
Más exportaciones y posicionamiento premium
El objetivo explícito de la iniciativa es doble. Por un lado, incrementar el volumen exportado aprovechando la ampliación del cupo; por otro, reforzar el posicionamiento de la carne argentina como producto premium.
Según lo informado, la estrategia apunta a consolidar la reputación internacional del producto en segmentos de alto valor agregado, donde la competencia global es más intensa pero también mayores los márgenes.
Desde el Gobierno, la política se inscribe en una lógica más amplia de inserción internacional, orientada a: Expandir mercados externos. Generar divisas vía exportaciones. Y fortalecer la presencia de productos agroindustriales argentinos
Articulación público-privada en un sector estratégico
El armado de la misión expone una convergencia clara entre el Gobierno y el núcleo exportador de la cadena cárnica.
Participaron del anuncio actores empresariales de peso, como frigoríficos y representantes del Consorcio ABC, lo que evidencia que la estrategia no es solo institucional, sino también sectorial.
En este esquema: El Gobierno busca mostrar capacidad de apertura de mercados. El sector privado apunta a capturar nuevas oportunidades comerciales. Los organismos de promoción ganan protagonismo como articuladores
La iniciativa también refleja una decisión política de priorizar sectores con capacidad exportadora inmediata, en un contexto donde la generación de divisas es central para la macroeconomía.
Más volumen exportable y competencia global
La ampliación del cupo en 80.000 toneladas constituye un factor concreto de impacto. En términos prácticos, habilita: Mayor volumen de exportaciones hacia EE.UU. Posibilidad de diversificar destinos dentro de ese mercado. Mejores condiciones para negociar precios en segmentos premium
Al mismo tiempo, el desafío radica en sostener competitividad frente a otros proveedores globales, en un mercado que combina exigencias sanitarias, estándares de calidad y fuerte competencia.
Oportunidades indirectas para el NEA
Aunque la misión se centra en exportadores de escala nacional, la expansión del mercado externo puede tener efectos indirectos en regiones productivas.
En provincias como Misiones, donde la ganadería tiene menor peso relativo frente a otras actividades, el impacto sería más indirecto, vinculado a: Dinámica general del sector cárnico. Precios internos condicionados por exportaciones. Posibles encadenamientos logísticos o comerciales
El alcance concreto dependerá de cómo evolucione la demanda externa y la distribución territorial de la producción.
Consolidación de mercados y variables externas
La “Semana de la Carne Argentina” se presenta como un primer paso dentro de una estrategia más amplia de inserción internacional.
Las variables a observar en el corto y mediano plazo incluyen: Nivel de acuerdos comerciales alcanzados durante la misión. Evolución del cupo exportador hacia EE.UU. Competitividad del producto argentino frente a otros mercados. Continuidad de políticas de promoción comercial
El resultado de esta iniciativa permitirá medir si la estrategia oficial logra traducirse en mayores exportaciones y consolidación en un mercado clave.
La carne vacuna volvió a quedar en el centro de una tensión que excede a la góndola y empieza mucho antes del mostrador. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario advirtió que tanto el mercado internacional como el interno se mueven hoy bajo una misma lógica: oferta limitada, demanda firme y precios sostenidos. En la Argentina, ese cuadro ya tuvo traducción concreta. A enero de 2026, el precio promedio de los cortes vacunos acumuló un 73% interanual, muy por encima del pollo (31%) y del pechito de cerdo (23%), y también bastante por encima de la inflación, que según el INDEC se ubicó en 33,1% interanual a febrero de 2026. La pregunta que se abre no es solo cuánto más puede subir la carne, sino qué margen real le queda al mercado doméstico para absorber esos valores sin empezar a romper su propia lógica de consumo.
Un mercado global más ajustado y una demanda que no afloja
La lectura de fondo que plantea la Bolsa rosarina es que el aumento del precio de la carne vacuna no responde a un sobresalto aislado, sino a una restricción estructural. El Índice de Precios de la FAO viene reflejando desde hace tiempo una dinámica distinta a la que exhiben las otras dos grandes proteínas animales: la aviar y la porcina. Mientras pollo y cerdo muestran otro comportamiento, la carne vacuna arrastra un proceso más tenso, donde producción y consumo se acercan cada vez más desde 2020.
El punto de quiebre, según el informe, puede ubicarse en 2019, cuando China se consolidó como principal importador mundial de carne vacuna y desplazó a Estados Unidos del liderazgo. Ese cambio reordenó incentivos, consolidó una demanda más agresiva y transformó a los grandes productores en jugadores obligados de una disputa por abastecer un mercado internacional cada vez más exigente.
Del lado de la oferta, además, los golpes se acumularon. Australia atravesó una fuerte caída productiva desde 2020, con mayor intensidad en 2021 y 2022, tras la severa sequía previa. Cuando comenzó a recuperar volumen en 2023, Estados Unidos ingresó en una de sus mayores contracciones productivas, también golpeado por la sequía, con un stock ganadero que cayó al nivel más bajo en 75 años. En paralelo, el consumo interno norteamericano siguió firme y desequilibró aún más su balanza comercial: hoy Estados Unidos importa más del doble de la carne vacuna que exporta.
Ese cuadro no parece aflojar. Para 2026, las proyecciones del USDA difundidas a fines del año pasado anticipan un mercado todavía más estrecho: el consumo mundial apenas compensaría cerca de dos tercios de la caída prevista en la producción global, estimada en cerca de 1 millón de toneladas. No es un detalle técnico. Es la señal de que el precio internacional seguirá encontrando respaldo en una escasez persistente.
Argentina replica el mismo patrón, pero con una presión adicional sobre el consumo
En el plano local, la lógica es similar, aunque con un ingrediente adicional: la carne vacuna conserva un peso cultural y alimentario que vuelve más delicado cualquier proceso de encarecimiento sostenido. El informe describe una oferta relativamente limitada frente a un mercado interno que, pese a los aumentos, mantuvo firmeza durante buena parte del año y a una demanda externa que sigue mostrando interés por el producto argentino.
Desde comienzos de 2025, la carne vacuna lideró los incrementos dentro del conjunto de las carnes. Pero fue en el segundo semestre cuando se produjo el mayor salto. El dato interanual a enero de 2026, con un 73% promedio para los cortes vacunos, resume esa aceleración mejor que cualquier otra referencia.
La consecuencia inmediata fue un cambio en la relación de precios con las carnes sustitutas. A comienzos de 2025, con el valor de un kilo de asado se podían comprar aproximadamente tres kilos de pollo fresco. Hoy, esa relación se amplió a cerca de cuatro kilos. En el caso del cerdo ocurrió algo parecido: un año atrás, por cada kilo de asado se adquiría menos de 1,5 kilos de pechito; hoy esa equivalencia llega a cerca de dos kilos. La carne vacuna no solo subió más: se alejó de sus competidores directos y empezó a redefinir hábitos posibles de consumo.
Salarios, inflación y un límite que empieza a aparecer en el mostrador
El informe agrega un dato clave para entender por qué la tensión no se transformó antes en un freno más visible: durante 2025, los salarios medios se mantuvieron relativamente alineados con la inflación e incluso mostraron una leve recomposición. A diciembre, el índice de salarios exhibió un aumento interanual del 38,2%, frente a una inflación del 31,5% en ese mismo período.
Ese comportamiento permitió sostener parte del consumo aun con carne más cara. Pero el margen parece haberse reducido. Marzo aparece en el informe como un mes decisivo para testear esa resistencia y ya ofrece una primera señal: los mostradores comienzan a exhibir cierta resistencia frente a las subas de precios. No se trata todavía de una retracción generalizada, pero sí de una advertencia. El mercado interno sigue orientado a la carne vacuna, aunque empieza a mostrar que no puede convalidar cualquier valor.
Ese cambio de humor tuvo correlato en la hacienda. Durante la última semana, el precio de la hacienda gorda destinada a faena mostró un retroceso significativo en categorías orientadas al consumo interno, sobre todo novillitos y vaquillonas de kilaje intermedio. En esos casos, las bajas promediaron $200 por kilo, alejándose de los más de $5.000 pagados a comienzos del mes. En cambio, los novillos más pesados, vinculados principalmente a exportación, se mantuvieron firmes e incluso registraron ligeras subas.
Ese desdoblamiento no es menor. Muestra que el límite aparece primero en el consumo doméstico, mientras la demanda exportadora conserva capacidad para sostener precios. En otras palabras, el mercado empieza a segmentarse con más nitidez entre lo que puede absorber el mostrador local y lo que todavía puede traccionar el negocio externo.
Menos faena, menos cabezas y una oferta que seguirá apretada
La otra variable que explica el escenario es la oferta física. Durante los primeros dos meses del año, la cantidad de animales faenados cayó 11% respecto de igual período del año pasado. Y en lo que va de marzo, el ritmo de remisiones hacia plantas frigoríficas parece profundizar esa tendencia.
La Bolsa atribuye parte de esa brecha a la retención que se observa dentro de los circuitos de invernada y engorde. Ese fenómeno, que en algún momento podría moderarse, por ahora actúa como un factor que restringe la disponibilidad de hacienda y sostiene precios en origen. Aun cuando la diferencia interanual debería atenuarse en el segundo semestre, las proyecciones de faena para el conjunto de 2026 siguen por debajo de 13 millones de cabezas, lo que implicaría un recorte de más de 600 mil cabezas frente al año pasado.
Ese dato tiene una consecuencia directa: la producción total difícilmente supere los 3 millones de toneladas, incluso considerando una mejora en los pesos de faena. De ese total, unas 875 mil toneladas podrían destinarse a exportación, dejando entre 2,1 y 2,2 millones de toneladas para el mercado interno. Eso representa aproximadamente un 7% menos de lo que se volcó al consumo local el año pasado.
La discusión, entonces, ya no pasa solamente por el precio. Pasa por la disponibilidad real. Cuánta carne habrá, a qué destino se asignará y con qué capacidad de pago competirá cada segmento.
Repercusiones: un equilibrio delicado entre exportación y consumo interno
El escenario descrito por la Bolsa de Comercio de Rosario deja fortalecida una idea que recorre toda la cadena: la carne vacuna opera hoy en un mercado donde la escasez dejó de ser una anomalía y pasó a ser un dato estructural. Eso beneficia en parte a quienes logran colocar producto en un contexto de precios sostenidos, pero también condiciona a los distintos eslabones del negocio.
El sector exportador, aun con potencial de crecimiento, aparece trabajando al límite de su capacidad de compra frente al valor de la hacienda. Es decir, el mercado externo sigue interesado, pero no ilimitadamente. El precio del animal también le impone restricciones y, en muchos casos, afecta el nivel de actividad.
Al mismo tiempo, el mercado interno mantiene una fuerte orientación cultural al consumo de carne vacuna, pero ya empieza a exhibir un umbral de resistencia. Ese punto es políticamente sensible aunque el informe no lo plantee en términos partidarios: cuando un alimento central para la canasta argentina sube muy por encima de la inflación y de las proteínas sustitutas, la discusión deja de ser sectorial y empieza a tocar el clima económico general.
No hay, en el texto base, elementos para anticipar medidas oficiales ni cambios regulatorios. Pero sí hay un dato duro: la menor oferta obliga a una puja más intensa entre destinos, y esa puja termina ordenando precios, consumo y rentabilidad.
Un mercado que podría dejar de subir fuerte, pero no de estar caro
La Bolsa traza una hipótesis prudente para los próximos meses: el precio de la carne vacuna parecería estar acercándose a su límite de suba en términos reales. En un contexto de inflación más moderada, no deberían esperarse grandes saltos adicionales al consumidor. Pero eso no equivale a un alivio. Lo que se perfila es un mercado con precios sostenidos durante todo el año.
Esa diferencia importa. Una cosa es dejar de acelerar; otra, muy distinta, es retroceder. Si la oferta sigue ajustada, la faena no repunta y la exportación conserva atractivo, el mercado podría estabilizarse en niveles altos sin necesidad de nuevos saltos bruscos. Para el consumidor, eso implica convivir con una carne estructuralmente cara. Para la cadena, supone administrar una escasez que puede sostener márgenes en algunos tramos y comprimirlos en otros.
La clave estará en la carne disponible, no solo en la carne cotizada
El informe cierra sobre una variable decisiva: la disponibilidad efectiva de carne que logre volcarse al mercado será el factor clave en los próximos meses. Esa frase resume el corazón del problema. La discusión no se agota en si el kilo baja o sube cien pesos. Lo que está en juego es el volumen que efectivamente llegue al mercado interno en un contexto de menor faena, exportación todavía activa y una demanda local que no renuncia del todo a la carne vacuna, aunque ya empezó a marcar sus límites.
En ese equilibrio inestable se moverá el sector durante 2026. El mercado global seguirá presionando por una proteína escasa. El mercado doméstico seguirá defendiendo su centralidad, pero con menos margen para convalidar precios. Y entre ambos, la carne argentina continuará disputando destino, valor y volumen en una sintonía de escasez que, por ahora, no muestra señales de disiparse.
De acuerdo con el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo aparente per cápita se ubicó en 47,3 kilos anuales, lo que representa una caída del 2,5% interanual y el nivel más bajo de los últimos 21 años.
En paralelo, la industria frigorífica atravesó uno de los febreros de menor actividad en casi medio siglo. La faena alcanzó las 924,3 mil cabezas de hacienda vacuna, con una leve suba del 1,5% frente a enero —ajustada por días hábiles— pero con una caída del 10,7% en la comparación interanual, equivalente a unas 110 mil cabezas menos.
La menor actividad se reflejó también en la producción. En el primer bimestre de 2026 se generaron 457 mil toneladas res con hueso, lo que implica una contracción del 9,1% frente al mismo período del año pasado. En términos absolutos, la caída fue de 45,5 mil toneladas.
En el mercado interno, el consumo total mostró un deterioro aún más marcado. Según CICCRA, el consumo aparente descendió a un ritmo del 13,8% interanual en el acumulado del primer bimestre, con un volumen total de 332,7 mil toneladas. El promedio móvil de los últimos doce meses se mantuvo en 47,3 kilos por habitante al año, 1,2 kilos por debajo del nivel registrado un año atrás.
Precios en alza
La caída del consumo se da en un escenario de fuerte presión sobre los precios. Según datos del INDEC, en febrero el precio de los cortes vacunos aumentó 7,4% mensual, muy por encima de la inflación general, que se ubicó en 2,9%.
Entre los principales cortes, la paleta lideró las subas con un 8,1%, seguida por el cuadril y la nalga (ambos con 8,0%). La carne picada común registró un incremento del 7,1%, mientras que el asado subió 5,7%.
En valores absolutos, el kilo de asado promedió los $16.852,4, el cuadril alcanzó los $19.792,7 y la nalga llegó a $20.527,5. La paleta se ubicó en $15.817,9 y la carne picada en $9.521,4.
Exportaciones en crecimiento
A contramano del mercado interno, las exportaciones continúan mostrando dinamismo. En el primer bimestre del año, los envíos al exterior habrían alcanzado las 124 mil toneladas res con hueso, con un crecimiento del 6,6% interanual.
En enero, en tanto, se certificaron exportaciones por 43,6 mil toneladas peso producto, lo que implicó una suba del 13,5% respecto al mismo mes de 2025. La caída en los embarques hacia China fue compensada por mayores ventas a Estados Unidos, Israel, Alemania y Países Bajos.
El precio promedio de exportación también mostró una fuerte mejora: la tonelada se ubicó en 7.362 dólares, un 30% por encima del valor registrado un año atrás. Según CICCRA, esta suba fue generalizada entre los principales destinos, impulsada en parte por la depreciación del dólar a nivel internacional, aunque con distinta intensidad según el mercado.
En este escenario, la cadena cárnica refleja una creciente dualidad: mientras el frente externo tracciona con mejores precios y volúmenes, el consumo interno continúa debilitándose, presionado por la pérdida de poder adquisitivo y el encarecimiento sostenido de los alimentos.
El Ministerio de Economía aprobó un nuevo marco integral para el registro, control y trazabilidad de la faena de hacienda en todo el país. A través de la Resolución 40/2026, que entra en vigencia el 1° de enero de 2026, el Ejecutivo creó un Sistema Integral de Faena (SIF) unificado, digital y obligatorio, y derogó más de una decena de normas dictadas entre 1973 y 2015. La medida busca simplificar regulaciones, actualizar controles con tecnología electrónica y reforzar la trazabilidad individual en la industria cárnica, con impacto directo sobre frigoríficos, matarifes, exportadores y el comercio interno.
La resolución, firmada por el ministro Luis Andrés Caputo y publicada en el Boletín Oficial el 27 de enero de 2026, se inscribe en la política de desregulación y eficiencia administrativa impulsada por el Gobierno nacional tras el Decreto 70/2023. El objetivo declarado es “actualizar, simplificar y unificar” un régimen disperso y parcialmente obsoleto, sin resignar las funciones de control, fiscalización y poder de policía previstas en la Ley 21.740.
Un nuevo Sistema Integral de Faena y el fin de normas históricas
El eje central de la Resolución 40/2026 es la creación del Sistema Integral de Faena (SIF), que pasa a ser la plataforma obligatoria para que los establecimientos faenadores registren el ingreso de la hacienda, la autorización de faena, el resultado de faena (romaneo) y las existencias diarias de carne en cámaras frigoríficas. El sistema será provisto por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca y estará bajo control de la Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario, que actuará como autoridad de aplicación.
El SIF se presenta como continuador del sistema creado en 2015, pero con una diferencia clave: se deroga la resolución 586/2015 y se eliminan libros físicos históricos. Desde ahora, todos los registros tendrán carácter de declaración jurada y se realizarán exclusivamente en formato digital, con acceso mediante clave fiscal a través del portal de autogestión del Ministerio.
En paralelo, la resolución deroga un paquete normativo de más de 50 años, incluyendo resoluciones emblemáticas de la ex Junta Nacional de Carnes (1973, 1981 y 1983), disposiciones de la ex ONCCA y normas que regulaban la identificación, clasificación, tipificación y registros manuales en la faena bovina, porcina, ovina, caprina y equina. Según el texto oficial, muchas de esas reglas quedaron “total o parcialmente obsoletas” frente a los avances tecnológicos y las nuevas dinámicas de la industria cárnica.
Trazabilidad electrónica, control de faena y nuevas obligaciones
Uno de los cambios más relevantes es la integración de la identificación electrónica individual en la etapa de faena. En línea con la Resolución 71/2024, que estableció la trazabilidad electrónica obligatoria para bovinos, bubalinos y cérvidos desde el 1° de enero de 2026, la nueva norma obliga a los frigoríficos a leer el chip electrónico en la línea de faena y asociarlo de manera precisa al número de garrón de cada animal, registrando esa información en el “Resultado de Faena”.
La resolución mantiene y refuerza controles clave:
Prohibición de faenar sin Autorización de Faena emitida por el SIF.
Cierre obligatorio del Documento de Tránsito Electrónico (DT-e) al arribo de cada tropa.
Prohibición de mezclar tropas en corrales o en faena, aun cuando pertenezcan al mismo propietario.
Exigencia de corrales numerados e identificados.
Control estricto del funcionamiento de la balanza oficial de romaneo, con pesas de contraste mínimas de 180 kg.
Asimismo, se detallan nuevamente los procedimientos de identificación de reses y medias reses —sellos, etiquetas, lazos o sistemas autorizados—, los requisitos de clasificación, tipificación, dentición y pesaje, y las obligaciones documentales para la salida de carne, que en el caso de bovinos, bubalinos y porcinos deberá realizarse con Remito Electrónico Cárnico.
Impacto en la cadena cárnica
Desde el punto de vista institucional, la Resolución 40/2026 consolida un modelo de control más digitalizado y centralizado, con menor carga administrativa formal pero mayor exigencia de cumplimiento en tiempo real. Para el Estado, el nuevo esquema apunta a optimizar recursos, eliminar duplicaciones y mejorar la capacidad de fiscalización mediante datos electrónicos integrados.
Para los actores de la cadena cárnica —frigoríficos, matarifes, consignatarios, exportadores y operadores comerciales—, la medida implica adaptación tecnológica obligatoria, pero también mayor previsibilidad normativa. La eliminación de normas superpuestas y libros manuales reduce discrecionalidad y zonas grises, aunque incrementa la trazabilidad individual y la responsabilidad del operador, dado que toda la información cargada en el sistema tiene carácter de declaración jurada.
En términos de mercado, el fortalecimiento de la trazabilidad y del control de faena impacta tanto en el comercio interno, al mejorar la transparencia en peso, clasificación y tipificación, como en el perfil exportador, donde la trazabilidad individual es un requisito creciente para el acceso a mercados internacionales.
El mercado laboral argentino cerró el segundo semestre de 2025 con señales claras de recuperación en sectores estratégicos como logística, producción alimenticia, frigoríficos y tecnología, y proyecta para 2026 un escenario de mayor dinamismo, con fuerte demanda de perfiles técnicos, operativos y administrativos. Así lo revela el último informe de Ceta Capital Humano, que identifica tendencias clave, brechas de formación y desafíos estructurales para el empleo formal.
El relevamiento, elaborado a partir del monitoreo de avisos laborales, datos oficiales y estudios propios, confirma que la recuperación del empleo se concentra allí donde existe actividad productiva real, inversión en tecnología y expansión de la cadena de valor. Al mismo tiempo, expone los límites del proceso: alta informalidad, brechas de género persistentes y dificultades para cubrir puestos por falta de capacitación específica.
Sectores que traccionaron el empleo en el segundo semestre de 2025
Entre julio y diciembre de 2025, logística y correo concentraron el 22% de las búsquedas laborales, impulsadas por el crecimiento del e-commerce, la distribución y la reorganización de las cadenas de suministro. En segundo lugar se ubicaron los servicios, con el 17% de la demanda, especialmente en atención al cliente y soporte, mientras que la producción alimenticia explicó el 13% de las búsquedas, en línea con una mayor industrialización del sector.
El informe también destaca el peso de los frigoríficos (12%) y de la tecnología (10%), lo que evidencia una creciente necesidad de talento técnico y digital transversal a múltiples actividades económicas. Más atrás se posicionaron la agroindustria (8%), minería y energía (6%), salud y asistencia (6%), construcción (4%) y administración y recursos humanos (2%).
En este contexto, los diez perfiles más solicitados durante el segundo semestre de 2025 fueron: operarios de depósito y logística; pickers y preparadores de pedidos; personal de carga y descarga; camareros, mucamas y cocineros en hotelería y gastronomía; representantes de atención al cliente; técnicos de mantenimiento y electromecánicos; operarios de producción y frigorífico; clarkistas; administrativos generales; y ejecutivos de cuentas y vendedores.
“Lo que vemos con claridad es que el empleo está creciendo donde hay operación real: movimiento de mercadería, producción y mantenimiento técnico. La logística, los frigoríficos y la industria alimenticia están traccionando fuerte y la tecnología aparece cada vez más integrada a procesos que antes no eran digitales”, explicó Soledad Curbelo, coordinadora de Reclutamiento y Selección en Ceta Capital Humano.
Indicadores laborales, salarios y brechas estructurales
El informe muestra una recuperación del empleo formal, aunque con desafíos persistentes. La tasa de actividad se ubicó en 48,6%, la tasa de empleo en 45,4% y el desempleo cerró en 6,6%. Sin embargo, el dato estructural que continúa condicionando el mercado laboral es la informalidad, que alcanza al 36,7% de los trabajadores.
En materia salarial, el salario promedio bruto del sector privado llegó a $1.798.332 en diciembre de 2025, con una variación interanual del 44,34%, reflejando tanto la recomposición nominal como la presión inflacionaria del período. Los rangos salariales confirman la centralidad de los perfiles técnicos y operativos: un técnico de mantenimiento percibió entre $1.450.000 y $1.800.000, un clarkista entre $1.100.000 y $1.350.000, los administrativos entre $1.000.000 y $1.400.000, y los operarios de depósito entre $820.000 y $990.000, según el relevamiento de la compañía del Grupo Ceta.
En términos de género, la participación femenina continúa rezagada: 38% frente al 61% de hombres, aunque se observa una mayor inserción de mujeres en atención al cliente, administración, hotelería y salud, sectores donde la demanda se mantuvo activa durante 2025.
El mapa federal del empleo y las tendencias que marcarán 2026
Desde el punto de vista geográfico, Buenos Aires concentró la mayor cantidad de avisos en logística, atención al cliente, administración y ventas farmacéuticas. Córdoba mostró una demanda diversificada en agroindustria, logística, producción y servicios técnicos. En Neuquén y Río Negro se destacó la actividad vinculada a Oil & Gas, hotelería y mantenimiento industrial, mientras que Santa Fe combinó búsquedas en minería, producción, logística y perfiles ejecutivos.
De cara a 2026, el informe de Ceta Capital Humano identifica cinco grandes tendencias que marcarán el mercado laboral argentino: la automatización y digitalización de procesos, con mayor demanda de técnicos especializados; el crecimiento de los empleos verdes vinculados a eficiencia energética y sostenibilidad; una mayor articulación entre empresas y centros educativos para reducir la brecha de habilidades; el avance de la digitalización en Recursos Humanos; y un foco creciente en la inclusión femenina en sectores productivos, logísticos y tecnológicos.
“Para este año esperamos una demanda todavía más marcada de perfiles técnicos y administrativos, por eso el gran desafío sigue siendo la formación. Hay puestos disponibles que no siempre se logran cubrir por falta de capacitación específica. Es clave el trabajo conjunto entre empresas, instituciones educativas y programas de inclusión laboral para fortalecer el talento”, analizó Curbelo.
Más oportunidades, pero con el desafío de la capacitación
El cierre de 2025 dejó una señal clara: el empleo crece donde hay inversión en tecnología, logística y producción, y ese patrón se profundizará en 2026. Sin embargo, la sostenibilidad de este proceso dependerá de la capacidad del sistema educativo, las políticas de empleo y el sector privado para cerrar la brecha de habilidades, reducir la informalidad y ampliar la inclusión laboral. En ese equilibrio se juega la calidad del crecimiento del mercado laboral argentino en el corto y mediano plazo.