Con cifras recientemente publicadas por INDEC, reflejando los movimientos de la balanza de pagos, es posible confirmar que durante 2025 se verificó un déficit de divisas cercano a los US$ 7.200 millones motivado por la cuenta de viajes, que casi triplicó el déficit del año anterior.
Cerca de la mitad de este déficit se produjo en el primer trimestre del año, con un verano que se había caracterizado por el boom de argentinos en el exterior, principalmente en Brasil.
Por su parte, los datos oficiales de viajeros internacionales de febrero permiten ir examinando tendencias del comienzo de 2026.
En el bimestre enero-febrero se verificó una reducción del 10% en la cantidad de viajeros argentinos vacacionando en el exterior, en comparación con el año previo. Al mismo tiempo, el turismo receptivo creció 4% en el bimestre, comparado con los mismos meses de 2025. Buena noticia para seguir con atención por la posibilidad retomar el dinamismo en el sector a través de la generación de divisas.
De esta forma, se mantiene un déficit persistente y marcado durante los meses más fuertes de turismo de verano, pero moderadamente menos deficitarios que los del verano anterior. En febrero la diferencia entre emisivo y receptivo, superó el millón de turistas.
El desbalance durante los primeros dos meses (-2,2 millones de turistas) resulta moderadamente menor que el año previo (-2,6 millones) y también menor que los años 2017/18, que habían sido récords históricos de turismo emisivo, aunque las diferencias no son de magnitud.
Un hecho que marca la relevancia del desbalance actual es el relativo entre turismo emisivo y receptivo, es decir la relación entre personas que viajan al exterior desde un país (turismo emisivo) y los extranjeros que llegan a ese país como turistas (turismo receptivo).
El cociente entre turismo emisivo y receptivo refleja que, por cada turista internacional arribado, 2,8 argentinos hicieron turismo en el exterior. Desde esa óptica, el desbalance es similar al de los años 2017 y 2018. En 2025, por su parte, ese cociente había sido un récord histórico (3,2 argentinos haciendo turismo en el exterior por cada turista internacional en el país).
Los años 2021 y 2022 estuvieron afectados por restricciones a la movilidad de turistas, por lo que requieren ser considerados como casos excepcionales.
En lo que hace a la demanda de divisas por motivos de turismo, pueden tenerse primeras proyecciones preliminares para el comienzo de 2026. Con estos indicadores, la salida de dólares por turismo emisivo en el primer trimestre de este año sería menor que el de igual periodo de 2025, pero se mantendría por encima de los US$ 4.000 millones. Los ingresos por turismo receptivo se ubicarían cerca de los US$ 1.500. De este modo, el déficit de la balanza turística seguiría siendo muy relevante.
¿Qué esperar para el Mundial 2026?
Uno de los factores que pueden explicar la ligera merma del turismo emisivo durante el verano es el hecho que en algunos casos los argentinos se reservaron la posibilidad de viajar al exterior durante el Mundial que se disputa este año.
Hay al menos cinco factores que hacen pensar que habrá un flujo importante de argentinos en el Mundial:
El tipo de cambio es más favorable en comparación con el último Mundial (en ese momento el tipo de cambio para hacer turismo era muy elevado, cercano al doble del actual en términos reales -sic -, con alta brecha cambiaria);
Se realiza en un destino mucho más conocido para los argentinos que viajan al exterior;
Se realiza en sedes mucho más cercanas, en distancia, tiempo de viaje y factores culturales;
La conectividad es mucho más económica que el último Mundial por mayor oferta de vuelos (y también por la distancia);
¡Muy posiblemente sea el último mundial de Messi!
Esto implica también otro factor de presión en el tipo de cambio y las reservas para lo que resta del año, por motivo del desbalance de la cuenta de viajes. De todas maneras, sería de impacto acotado en relación con otros flujos de divisas (turismo de verano, u otros).
Es importante dimensionar los movimientos de turismo en el contexto general de demanda de divisas, ya que, si bien es importante, también hay fuentes mucho más significativas. Por caso, en periodos electorales recientes la demanda de atesoramiento representó cerca de 5 veces el déficit de la cuenta de viajes. También el flujo habitual de importaciones de bienes durante un mes resulta comparable al déficit turístico. Finalmente, también la necesidad del tesoro de afrontar vencimientos de deuda puede ser más significativa que la demanda por viajes. En ese sentido, la demanda vinculada al turismo resulta un elemento más de presión, pero no es el más significativo.
Maximiliano Gutiérrez, Responsable sección Monetaria-Cambiaria, Fundación Mediterránea. Enero no ha sido un mes más para el tablero de control monetario, puesto que ha marcado el ingreso formal de la economía argentina en una fase de re-monetización, estrictamente condicionado por la recuperación de la demanda de pesos.
En este nuevo ecosistema, las tasas de interés han vuelto a exhibir una marcada volatilidad, atravesando un proceso de reacomodamiento en busca de su punto de equilibrio. El desafío central radica en sostener rendimientos reales que incentiven la permanencia en activos en pesos, sin que ello asfixie la recuperación del crédito. Tras el repunte observado al cierre de 2025, el crédito en pesos al sector privado inició el 2026 con un crecimiento mensual desestacionalizado del +1,4%. Si bien este guarismo resulta positivo, aún se sitúa por debajo del promedio mensual registrado durante el primer semestre del año anterior.
La re-monetización 2026 a Examen: Los nuevos factores determinantes de la Base Monetaria
Como ilustra el gráfico, la Base Monetaria (BM) inició un sendero ascendente en diciembre pasado. Este incremento se produce en el marco de un aumento en la demanda de dinero (asociado al pago de aguinaldos, las festividades y el inicio del período vacacional, factores que históricamente exigen una mayor liquidez en el sistema).
Al analizar enero, mes que marca el lanzamiento formal de la “Fase de re-monetización”, la tendencia alcista se consolidó durante las primeras tres semanas hasta alcanzar su valor máximo hacia el día 20. A partir de ese punto, se inició una fase de contracción monetaria que podría pensarse como una gestión precautoria ante el agotamiento de la estacionalidad más alta de la demanda de pesos que comienza a darse a partir de febrero.
El análisis del primer mes de 2026 subraya por qué el promedio mensual es una métrica importante para evaluar la liquidez a lo largo del mes, frente a la “foto” de un día específico. Si se analiza exclusivamente la medición del último día de enero frente al último día de diciembre, la BM mostró una ligera contracción nominal del -0,3%, que en términos reales representó una caída del -2,7%. No obstante, estos guarismos no reflejan la realidad a lo largo de todo el mes: promedio mensual la BM registró una expansión nominal del 6,0%, lo que se tradujo en un crecimiento del 3,1% tras descontar el efecto de la inflación. Este indicador refleja que, a lo largo del mes, la economía operó efectivamente con niveles de re-monetización más elevados que en diciembre.
Esta divergencia demuestra que, si bien el dato “punta a punta” captura como cerró el mes, el dato mensual promedio permite visualizar con mayor precisión el proceso de re-monetización que se desarrolló durante la mayor parte del período.
Ante este nuevo escenario, surge un interrogante central: ¿qué factores explican la dinámica de la BM a lo largo de enero? El siguiente cuadro identifica los canales de inyección y absorción de pesos que operaron durante el primer mes del año.
Compra neta de divisas Sector Privado: Las compras de reservas se consolidaron como el principal motor de expansión monetaria durante el primer mes del año, aunque no el único. En enero, el Banco Central (BCRA) registró compras netas por USD 1.158 millones*. Como contrapartida de estas intervenciones, la autoridad monetaria inyectó $1,68 billones en la economía, cifra que equivale al 3,9% de la Base Monetaria previa al inicio del proceso.
Bajo el esquema vigente, el equipo económico había previsto originalmente que el BCRA intervendría adquiriendo hasta el 5% del volumen diario operado en el Mercado Libre de Cambios (MLC) para evitar presiones alcistas sobre la cotización. No obstante, apoyado en la suba estacional de la demanda de dinero (recordemos que el mercado monetario es la contracara del mercado cambiario), el ritmo de compras promedio alcanzó casi el 14% del total operado en enero
Esta dinámica de compras, sumada a la revaluación de las tenencias de oro (que, pese a correcciones marginales, muestra una tendencia alcista en lo que va de 2026), permitió que las reservas brutas alcanzaran los USD 46,2 millones a fines de enero**. Si bien se trata de un camino incipiente, el fortalecimiento de las reservas, especialmente si son propias (reservas netas), incrementa la capacidad del BCRA para enfrentar escenarios adversos.
Este proceso de acumulación de reservas por parte de la autoridad monetaria se desarrolló en un entorno de mayores tasas de interés las cuales, como se analizará en detalle más adelante, han retornado a terreno positivo en términos reales. Esta recuperación de los rendimientos reales permitió apuntalar la demanda de activos locales.
¿De dónde salieron los dólares que el Central viene comprando? A lo largo de enero se dio una activa oferta de divisas impulsada por emisiones de deuda corporativa (ONs) y colocaciones provinciales, a lo que se adiciona un notable repunte de préstamos al sector privado en moneda extranjera, con un crecimiento del stock de USD 1,3 mil millones en el mes. Además, se registró un cambio de dinámica en la liquidación del agro, acelerando desde los USD 53 millones diarios registrados en diciembre hasta superar los USD 100 millones diarios en enero.
A pesar del rol protagónico del Banco Central como comprador neto, el dólar mayorista mantuvo una notable estabilidad, cerrando enero en torno a los $1.450 (un 7,4% por debajo del techo de la banda cambiaria). A esta calma local contribuyó el contexto global, caracterizado por un debilitamiento del dólar estadounidense que impulsó a las divisas emergentes al operar cerca de sus niveles mínimos en cuatro años.
Gobierno: Al consolidar las operaciones del Sector Público (impacto monetario de las compras de dólares por parte del sector público + operaciones corrientes del Gobierno), este resultó ser el principal factor contractivo del mes, con una absorción equivalente al 4,1% de la BM de fines de diciembre. Sin embargo, este balance neto oculta una marcada divergencia en sus componentes:
Expansión por Operaciones Corrientes: El flujo de operaciones habituales del Gobierno generaron una inyección de liquidez representativa del 5,3% de la BM.
Contracción por Compra de Divisas: El efecto anterior fue más que compensado por la adquisición de dólares al BCRA para el cumplimiento de obligaciones externas, lo que drenó pesos del sistema por un monto equivalente al 9,4% de la BM. Más allá de la operación puntual del 7 de enero para el pago de bonos, el Tesoro realizó otras dos compras por un total de USD 440 millones destinadas a cancelar vencimientos con organismos internacionales.
Es fundamental advertir que, dada la naturaleza esporádica de las compras de divisas por parte del Tesoro, no puede considerarse como un mecanismo que siempre estará presente para compensar el impacto monetario de las operaciones del Gobierno. Para que el aumento de la demanda de pesos se abastezca exclusivamente comprando reservas, se requiere no expandir la liquidez en términos netos por otros canales y por ello es imperativo que la emisión asociada a las operaciones corrientes del sector público se reduzca sensiblemente.
Para que esto último ocurra, es necesario que el Tesoro logre niveles de rollover elevados en sus vencimientos de deuda en pesos. De no alcanzarse dicho financiamiento en el mercado, los excedentes de caja derivados del superávit primario deberán utilizarse para cancelar los vencimientos de capital e intereses. Solo así se garantizará que la compra de reservas internacionales permanezca como la única fuente de expansión monetaria.
Mención aparte merece la última licitación de enero, donde el Tesoro alcanzó un rollover del 124%, lo que le permitió retirar $2 billones del sistema. El interrogante hacia adelante es determinar si este resultado fue una respuesta transitoria al agotamiento de la estacionalidad más alta de la demanda de pesos, o si representa un cambio de rol estructural: una configuración donde el Banco Central opera de forma expansiva mientras el Tesoro asume una función contractiva a través de sus colocaciones.
Ante esta última configuración es importante resaltar que la programación monetaria debería ser potestad exclusiva del Banco Central, dado que es una función inherente. A diferencia de la posibilidad del Central de poder efectuar intervenciones diarias para regular la liquidez (por caso, operaciones de mercado abierto), las licitaciones del Tesoro poseen una frecuencia quincenal. Esta periodicidad plantea interrogantes sobre su eficiencia para regular la liquidez con la sintonía fina que el escenario actual demanda.
Resto de los factores: Durante el primer mes de 2026, la gestión de la liquidez por parte del Banco Central estuvo marcada por una estrategia de esterilización activa en el mercado secundario. Las operaciones de compra/venta de títulos públicos y futuros se posicionaron como el segundo factor de absorción en importancia, registrando un impacto contractivo de $1,58 billones (principalmente venta de bonos dólar-linked en el mercado secundario a fin de otorgar cobertura cambiaria). Cabe destacar que este valor excluye la emisión extraordinaria que la autoridad monetaria debió realizar para compensar el retiro de depósitos de los bancos comerciales efectuado por el Gobierno a fin de financiar la adquisición de divisas destinadas al pago de bonistas a comienzos de mes. En términos relativos, este esfuerzo de absorción representó el 3,7% de la base monetaria registrada al cierre de diciembre, evidenciando la magnitud del retiro de pesos para neutralizar los factores monetarios expansivos.
En contraposición, los instrumentos de esterilización mostraron un comportamiento netamente expansivo. Mediante este canal, se inyectaron al sistema $1,52 billones, un guarismo equivalente al 3,5% de la base monetaria del mes previo. Este flujo ratificó la tendencia expansiva iniciada en diciembre y sugiere que las entidades financieras continuaron desarmando sus posiciones en “Otros pasivos remunerados” para responder a sus necesidades de liquidez estacionales.
Finalmente, el análisis del período permite concluir que, pese a la expansión por vía de la compra de divisas al sector privado y la reducción del stock de pasivo remunerado del Central, el sesgo contractivo del Sector Público y la venta de títulos en el mercado secundario lograron que la oferta de Base Monetaria cerrara enero con una contracción neta de $145 mil millones (-0,3% del BM de diciembre).
Análisis de la Demanda de Base: En enero de 2026, la Demanda de Base Monetaria exhibió un comportamiento dispar entre sus componentes, reflejando el inicio del ciclo de reversión estacional. El Circulante en poder del público registró una marcada caída por $1,32 billones, lo que representa una absorción equivalente al 3,1% de la base monetaria de diciembre.
Esta tendencia contractiva fue neutralizada casi en su totalidad por el desempeño de las Cuentas Corrientes en el BCRA (encajes). Este componente actuó como un factor expansivo de la demanda, registrando un incremento de $1,18 billones, lo que supone un aporte positivo del 2,7% respecto a la base monetaria de fines de diciembre.
Año nuevo, volatilidad vieja: Dinámica de las tasas de cortísimo plazo
Las tasas de interés en pesos juegan su partido y continúan manteniendo su protagonismo. Durante las primeras semanas de 2026, las tasas cortas volvieron a mostrar una marcada volatilidad, un rasgo distintivo del esquema monetario vigente desde julio de 2025.
Como refleja el gráfico, la tasa de caución a un día (promedio ponderado por volumen) escaló desde el 20% TNA a finales de diciembre hasta un máximo del 48,5% el 13 de enero, con picos intradiarios de tres dígitos en operaciones puntuales. El inicio de esta dinámica no es fortuito: responde a la presión de los bancos sobre las tasas cortas ante cambios en la composición de los depósitos dado el actual esquema de integración diaria de encajes y en ausencia de una ventanilla de liquidez.
Pasado este efecto estacional, más la expansión de liquidez derivada de la compra de reservas del BCRA (sumado al hecho que se empieza a salir del pico de la demanda transaccional de pesos), la tasa comprimió hacia el rango del 25/26% a finales de enero. Sin embargo, la reciente absorción de $2 billones por parte del Tesoro revirtió la tendencia. En las primeras ruedas de febrero, el rendimiento en el rango del 34/35%, aunque con un recorte marginal hacia el 28% anual promediando la primera semana del mes. Este descenso refuerza la hipótesis de que los niveles de inicio de mes actuarían más como un techo que como un nuevo punto de equilibrio. No obstante, en términos netos, la tasa consolida un alza de 8 puntos porcentuales respecto a su nivel inicial, lo que exige un monitoreo constante de su evolución en las próximas ruedas.
Resulta evidente que la elevada volatilidad de las tasas cortas, incluyendo marcadas fluctuaciones intradiarias, es disfuncional para el mercado puesto que la incertidumbre resultante obstaculiza la toma de decisiones y altera la operatividad financiera.
Una métrica clave para analizar la liquidez es la evolución del stock neto de “Otros pasivos remunerados”, cuenta que registra el excedente de pesos que los bancos colocan en el BCRA. Si bien este stock mostraba un descenso desde principios de diciembre (debido a la mayor demanda de liquidez por parte de los bancos ante el cambio en la composición de los depósitos), una vez diluido ese efecto transitorio, el saldo se recuperó hasta los $2,6 billones a comienzos de la última semana de enero, cifra aún distante de los $7,1 billones que se observaba a inicios de diciembre.
El agotamiento total de este excedente ocurrió el 30 de enero con la liquidación de la última licitación del Tesoro. Esta operación no solo drenó el remanente disponible ($1,34 billones), sino que forzó a los bancos a demandar asistencia al Central por $0,73 billones, la mayor asistencia de corto plazo desde que esta modalidad está operativa. En otras palabras, la liquidez del sistema financiero transitó de una relativa holgura a una marcada escasez en el cierre de mes.
Las primeras ruedas de febrero marcan una recuperación incipiente, con colocaciones bancarias en repos con el BCRA por aproximadamente $0,3 billones. Este movimiento resultaría un corolario del cambio en la integración de encajes, que comenzaría a liberar pesos durante este mes. Sin embargo, el stock continúa siendo relativamente bajo en términos de los valores recientemente observados.
El regreso de las tasas reales positivas: La arquitectura de la curva en pesos
La curva de instrumentos en pesos no fue la excepción y profundizó la tendencia alcista iniciada a finales de diciembre. Actualmente, las tasas efectivas anuales (TEA) de las LECAPs y BONCAPs se ubican en el 38% (2,7% mensual) para el tramo corto, mientras que el tramo medio y largo de la curva rinden en torno al 35% (2,5% mensual). Estos niveles contrastan con los observados a mediados de diciembre, cuando las tasas operaban en el 33% y 31,6%, respectivamente.
Esta dinámica impulsó la recuperación de las tasas de interés reales. Tras el optimismo post-electoral, que desplomó los rendimientos reales anuales hasta niveles negativos no vistos desde inicios del año pasado, la tasa real promedio ponderada de las LECAPs/BONCAPs volvió a ofrecer retornos por encima de la inflación desde fines de diciembre. A mediados de enero, este rendimiento alcanzó los dos dígitos (12% anual), lejos del rango del 30-40% observado entre agosto y octubre pasados. Luego de ese pico, la tasa real comprimió y se estabilizó en el rango del 7,5% al 9% anual durante las últimas ruedas.
¿A qué se deben los niveles actuales de las tasas? La respuesta reside en la paridad de tasas de interés. Para que un inversor opte por posicionarse en pesos, la tasa nominal local debe compensar el rendimiento esperado que obtendría al invertir en moneda extranjera, el cual se compone de tres pilares: la tasa de interés de USA, las expectativas de depreciación y la prima de riesgo país. A continuación, analizamos la evolución de cada uno de estos componentes.
El ciclo alcista de las tasas de interés, que se extendió desde finales de diciembre hasta su máximo a mediados de enero, fue impulsado primordialmente por un marcado ascenso en las expectativas de depreciación. Como ilustra el gráfico, la tasa implícita de los contratos de dólar futuro escalaron del 26% a niveles del 32/33% anual; este movimiento estuvo estrechamente vinculado al reacomodamiento de las expectativas ante el nuevo funcionamiento de la banda cambiaria superior, que pasó a ajustarse en línea con la inflación de dos meses atrás.
Este fenómeno coincidió con un sesgo alcista en el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años de USA, que se desplazó desde el 4,09% hacia niveles cercanos al 4,20%. Ambos factores neutralizaron el impacto positivo de la mejora en el riesgo país, que ya iniciaba su descenso desde los 650 puntos básicos registrados a comienzos de diciembre, elevando así el piso de retorno teórico exigido por el mercado.
No obstante, esta tendencia alcista comenzó a desinflarse a partir de la segunda quincena de enero. Si bien se registraron repuntes transitorios durante las primeras ruedas de febrero, en el margen la curva retomó su senda contractiva. Aun cuando el rendimiento del Tesoro estadounidense mantuvo su sesgo alcista hasta alcanzar el 4,29% anual, la descompresión de las tasas locales fue posible gracias a una moderación en las expectativas de depreciación (estabilizadas en torno al 29/30% anual desde fines de enero) y a la contracción sostenida del riesgo país, que logró alcanzar la barrera de los 500 puntos básicos.
Consideraciones finales
Tal como ha señalado el equipo económico, la remonetización de la economía permanece supeditada a la evolución de la demanda real de dinero. Para que el actual esquema monetario/cambiario resulte sostenible se requiere evitar sobresaltos en las expectativas de depreciación; esto resulta crítico para evitar procesos de dolarización de carteras que generen presiones adicionales en un mercado donde el BCRA actúa como demandante neto.
Hacia adelante, el foco del mercado estará puesto en la capacidad del Central para sostener el ritmo de acumulación de reservas. No obstante, dado que febrero y marzo presentan una caída estacional en la demanda de base monetaria, será imperativo mantener tasas reales positivas que incentiven el posicionamiento en moneda local.
* En el cuerpo del artículo se hace referencia a las compras de dólares correspondientes a enero, por ser el período para el que se cuenta con datos monetarios publicados. En las primeras cuatro ruedas de febrero el Central acumula compras por USD 266 millones, por lo que supera los USD 1.400 millones en el acumulado 2026. ** Al 4/2 las reservas brutas ascienden a USD 45,4 mil millones.
Gerardo Alonso Schwarz, economista jefe de la Fundación Mediterránea en Misiones y Corrientes, recibió a este medio para analizar el cierre del año y las perspectivas que deja un 2025 marcado por la incertidumbre política y económica. Entre balances institucionales, cambios en los hábitos de consumo, movimientos en el comercio fronterizo y dinámicas de inversión, su mirada combina datos concretos con la experiencia regional.
“Este fue un año muy activo, muy positivo”, resume al comenzar. La Fundación Mediterránea incorporó unos 40 nuevos socios a nivel nacional, un dato que, destaca, no es menor: en un contexto todavía difícil para varias empresas, “siguen apostando por la investigación en economía y por este tipo de ámbitos”. El año estuvo marcado por una intensa agenda: tres grandes seminarios PyME en Posadas, Corrientes y Puerto Rico; reuniones mensuales en distintos puntos de Misiones y Corrientes; y una creciente participación empresaria. “Estamos agotados, pero muy contentos”, admite.
Al analizar el país pos elecciones, Alonso Schwarz recuerda que ya se anticipaba que sería “un año raro”. Pero el resultado en Buenos Aires aceleró la volatilidad. “A partir de ahí, la incertidumbre económica creció, fue más movido de lo esperado, aunque no inesperado”.
Schwarz sostiene que la inversión es uno de los motores más activos del año, tanto por la importación de bienes de capital como por proyectos nuevos y por la inversión extranjera directa, concentrada principalmente en litio e hidrocarburos. “En la región no tenemos esos recursos, así que los anuncios son más modestos”.
El consumo, en cambio, mostró movimientos heterogéneos. Con la inflación todavía alta en el primer tramo del año, se mantuvo resentido. Al bajar los precios, llegó una recuperación, pero volvió a caer en agosto por la incertidumbre electoral, especialmente en supermercados. Sin embargo, los bienes durables tuvieron un comportamiento llamativo: “Todavía hay crecimiento, incluso comparándonos contra meses del año pasado donde el consumo se concentró en el segundo semestre. Este año, septiembre y octubre están dando valores positivos cercanos al 20% a nivel nacional, y eso es mucho”.
A esto se agregan cambios de hábitos: crecimiento de pequeñas cadenas de supermercados y almacenes; presión del comercio online local e internacional; y un desafío estructural para las grandes superficies. “Hoy los consumidores eligen otros canales”, señala.
En Misiones, el análisis del consumo suma un factor decisivo: el comercio fronterizo. Hasta mediados de año, los argentinos cruzaban masivamente a Paraguay y Brasil. Cuando el dólar subió, la tendencia se revirtió. “Hoy está relativamente equilibrado”, explica. Hay argentinos que siguen cruzando, pero también paraguayos y brasileños que llegan a Posadas, Bernardo de Irigoyen e Iguazú. La novedad es que el consumo más visible no está sólo en supermercados, sino en bares y restaurantes. Por eso, dice, aun cuando pueda haber discusión sobre el tipo de cambio, “no tiene la gravedad que tenía a principio de año”.
Exportaciones: Misiones crece al doble que el país
En materia externa, las noticias para Misiones fueron particularmente buenas: “Las exportaciones del país crecieron 10% y Misiones creció más del 20%”, destaca. Los motores: yerba mate y madera, especialmente madera aserrada. Pero también apareció un dato inesperado: “El maíz comienza a registrarse como producto exportable”, algo que la provincia prácticamente no tenía en sus estadísticas y que ahora muestra crecimientos significativos, aunque todavía no figura entre los principales rubros.
Sobre lo que viene, Alonso Schwarz anticipa que varias tendencias seguirán, aunque atravesadas por nuevos factores. Entre ellos, los anuncios de inversión del Banco Mundial y del BID, que destinarán recursos a las provincias. Misiones podría recibir impulso especialmente para proyectos turísticos.
También mencionó el avance de las discusiones sobre reforma laboral y tributaria, que podrían generar incentivos a la inversión, además del retorno del financiamiento para consumo -sobre todo bienes duraderos- y para proyectos productivos.
“Las tasas de interés todavía no son competitivas, pero retomaron una tendencia a la baja y eso va a continuar”, señala. Con la tormenta electoral ya pasada, observa un escenario más estable para planificar.
Sin euforia, pero tampoco con pesimismo, sintetiza la mirada de la Fundación Mediterránea: “Somos moderadamente optimistas para Misiones. Las noticias nos dan un panorama un poco más positivo que el que vivimos este 2025”.
Habrá que seguir de cerca la evolución del tipo de cambio y los márgenes de rentabilidad. Pero, al menos hoy, los datos permiten transitar la transición hacia 2026 con menos incertidumbre que la que marcó el año que termina.
Pymes en Acción reunió a más de 200 empresarios y analizó los desafíos de la economía en Misiones y Argentina. Un encuentro clave en Puerto Rico para debatir sobre coyuntura, dolarización, tasas y futuro productivo regional
Con más de 200 participantes entre empresarios, dirigentes, emprendedores, docentes, estudiantes, autoridades municipales y vecinos de Puerto Rico y localidades aledañas, la Cámara Libertador General San Martín (CLGSM) llevó adelante el encuentro “Pymes en Acción”, que se consolidó como uno de los foros de análisis económico más relevantes del año en Misiones.
El evento contó con la presencia de Fausto Spotorno (economista de la consultora Orlando J. Ferreres y Asociados) y Gerardo Alonso Schwarz (jefe de IERAL NEA – Fundación Mediterránea), quienes ofrecieron una mirada integral sobre la situación económica argentina y los desafíos específicos que enfrentan las pymes en la provincia.
Estabilización, dólar y perspectivas
En su exposición, Spotorno subrayó que el actual programa económico tiene un carácter de estabilización y no de crecimiento, por lo que las medidas en curso priorizan el ajuste fiscal y el orden macroeconómico antes que la expansión productiva.
“Hoy hay una necesidad enorme de ordenar la parte política. Esperamos que la segunda parte del año que viene la economía argentina volverá a mostrar un rebote. Mientras tanto, tenemos varios meses para reorganizarnos”, afirmó el economista, al analizar la dinámica cambiaria, las tasas de interés y su impacto sobre la actividad.
El especialista también remarcó que el dólar seguirá siendo el eje de expectativas y tensiones del mercado, en un contexto donde las reservas del Banco Central y la política monetaria serán determinantes para sostener la confianza.
Estancamiento, brechas y desafíos estructurales
La segunda parte del encuentro estuvo a cargo de Gerardo Alonso Schwarz, de la Fundación Mediterránea, quien centró su análisis en las pymes misioneras. El economista presentó datos de sus estudios: En los últimos años, la cantidad de pymes en Misiones creció apenas 4%, mientras que la población lo hizo en un 14%. Mientras Argentina incrementó sus exportaciones en 30%, Misiones registró una caída del 10% en el mismo período.
Alonso Schwarz alertó sobre las rigideces estructurales que frenan el desarrollo regional: “Hace más de 10 años que no registramos generación de empleo ni creación de industrias. Necesitamos trabajar en conectividad, infraestructura logística, disponibilidad energética y reducción de la presión fiscal. Todo esto depende también de marcos regulatorios nacionales”, enfatizó.
Asimismo, destacó la particularidad productiva de Misiones, donde sectores como la yerba mate marcan un ritmo estacional: “Cada primer semestre, la cosecha impulsa un crecimiento de la actividad. Pero se trata de un aumento estacional, lo que obliga a ser cautelosos en las comparaciones con la economía nacional”.
Rol empresarial y compromiso local
El encuentro contó con el respaldo de la Confederación Económica de Misiones (CEM), la Fundación Mediterránea, Net Finance, la Cámara Argentina de Comercio (CAC) y la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), lo que consolidó su alcance institucional.
En la apertura, el presidente de la CLGSM, Luis Steffen, remarcó: “Creemos que con trabajo, esfuerzo y responsabilidad se pueden realizar eventos de esta magnitud. Porque donde hay compromiso, hay futuro. Y el futuro de Puerto Rico y de Misiones se construye entre todos”.
El encuentro dejó planteados ejes estratégicos: la necesidad de estabilizar la macroeconomía nacional, avanzar en reformas que alivien la carga tributaria sobre las pymes, y fortalecer la infraestructura y logística provincial para mejorar la competitividad de Misiones en el contexto argentino.
Escenarios abiertos para 2025
Los especialistas coincidieron en que el 2025 estará marcado por la tensión entre el ajuste fiscal, la estabilización monetaria y la presión social. Para Misiones, el desafío será transformar su matriz productiva y apostar a sectores estratégicos como la agroindustria, el turismo y la economía del conocimiento.
El evento “Pymes en Acción” dejó un mensaje claro: la salida de la crisis requiere diálogo, consensos y políticas de largo plazo que articulen Estado, empresas y sociedad civil.
El economista jefe de la Fundación Mediterránea en la región NEA, Gerardo Alonso Schwarz, consideró que el acuerdo alcanzado con el Fondo Monetario Internacional y la decisión de levantar el cepo cambiario representan señales positivas para la economía argentina, pero advirtió que su efectividad dependerá de la consistencia fiscal del Gobierno. En diálogo con Economis, remarcó que el tipo de cambio más competitivo puede beneficiar a las economías regionales y a los sectores exportadores, aunque llamó a la cautela en las expectativas de corto plazo.
“Esto estaba bastante demorado. Estábamos expectantes de cuál era la letra chica de ese acuerdo con el Fondo. Ya se sabía hace algunos días que se había llegado a un preacuerdo con el staff, o a nivel técnico, pero faltaba la letra chica y ayer lo escuchamos. Así que, en primer lugar, una buena noticia que se haya logrado ese acuerdo con el Fondo que estaba demorando y generando incertidumbre, sobre todo en la economía argentina”, señaló Alonso Schwarz.
Además, subrayó que el escenario internacional también suma presión. “El contexto mundial claramente en las últimas dos semanas se enrareció bastante. Las medidas de Trump generaron un vuelo hacia activos de calidad por parte de los inversores, lo que hizo subir el riesgo país de Argentina hasta los 1000 puntos. Esta medida y este acuerdo con el Fondo despejan un poco las nubes y dan mayor previsibilidad, por lo menos por los próximos meses, a la economía argentina.”
Respecto al levantamiento del cepo, evaluó que “la primera reacción es: finalmente empezamos a salir de esto, más allá de que había sido una promesa de campaña del actual presidente. La verdad es que se estaba demorando. Este cepo comenzó en sus primeras versiones allá por 2011, cuando las personas tenían que empezar a pedir autorización a la AFIP. No sé si se acuerdan de esa autorización que se pedía por sistema, por internet, y la AFIP te decía cuánto podías comprar. Nunca quedó claro cuál fue la ecuación utilizada”.
El economista remarcó que las restricciones se endurecieron desde 2019 y que el cepo terminó afectando no solo a las empresas que necesitaban girar utilidades o pagar importaciones, sino también a quienes percibían beneficios sociales y no podían acceder al mercado de divisas.
“Todo esto comienza finalmente a desandarse y eso es una buena noticia porque comienza a normalizarse también la economía argentina. Aunque si la pregunta es si esto significa que el lunes a las 9 de la mañana, cuando estén todos los mercados abiertos, vamos a estar en Suiza… claramente no. Pero sí es un paso hacia esa normalización y hacia la solución de algunos de los problemas que veníamos acumulando ya por casi 15 años.”
Impacto en Misiones y tipo de cambio
Consultado por el efecto en las economías del NEA, Alonso Schwarz fue claro: “El dólar, la modificación del tipo de cambio, hace más competitiva a todas las economías que están integradas con competidores extranjeros. Y esto no solo es válido para el sector forestal o el tealero que exporta a Estados Unidos o Asia, sino también para el comercio de Posadas, de Iguazú, de Bernardo de Irigoyen, que compite con Encarnación, Foz de Iguazú o Dionisio Cerqueira”.
Por eso, opinó que el nuevo esquema podría beneficiar las ventas minoristas y el comercio fronterizo “por lo menos en el cortísimo plazo”. Pero enfatizó que “habrá que ver cómo sigue la evolución de ese tipo de cambio”.
Al ser consultado sobre cuánto puede valer el dólar tras la unificación, fue enfático: “Es imposible saberlo. Cualquiera que te diga tal número o tal otro simplemente está teniendo una corazonada, pero no tiene ningún tipo de análisis. Es muy difícil saber cómo van a actuar todos los agentes económicos: grandes bancos de inversión, multinacionales, pequeños ahorristas… Los exportadores van a comenzar a liquidar los granos de la zona núcleo, pero no se sabe cuándo. Puede pegar primero una pequeña subida, pero no creo que se estabilice muy lejos de un valor intermedio entre los dos extremos actuales.”
¿Por qué esta vez sería diferente?
Alonso Schwarz fue tajante al identificar la clave que sostiene el nuevo modelo económico impulsado por Javier Milei: “La gran diferencia, y creo que es la clave del Plan Económico Nacional, es el equilibrio fiscal o el superávit fiscal. Esa es la clave de estas políticas económicas”.
“Si se mantiene el equilibrio fiscal, esto le da confianza a todos los agentes económicos, y van a confiar también en el tipo de cambio. Si se llegase a erosionar eso, vuelven todos los temores acerca de devaluaciones cíclicas, competitivas, etcétera, y entramos nuevamente en ese ciclo vicioso”, advirtió.
Para concluir, señaló que “sí, hay algo distinto esta vez, y tiene que ver con ese superávit fiscal que se logró el año pasado y que se estaría también logrando este año. Más allá de que en las últimas dos semanas por ahí no hubo tan buenas noticias, porque creció un poquito más el gasto público, lo importante van a ser los valores de todo el año. Esperemos que se mantengan en esa línea, porque es la clave del modelo”.