Boric cierra su mandato en Chile entre reformas parciales y una transición política hacia la derecha
El presidente chileno Gabriel Boric se prepara para entregar el poder esta semana tras cuatro años en el gobierno, en un contexto político marcado por un giro significativo en el electorado: el dirigente de derecha José Antonio Kast asumirá la presidencia luego de imponerse con 58% de los votos en el balotaje, más de 16 puntos por encima de la candidata oficialista Jeannette Jara.
El cambio de mando no solo marca el final del gobierno más joven de la historia de Chile —Boric llegó al poder con 35 años en marzo de 2022— sino también el cierre de un ciclo político que comenzó con expectativas de transformación estructural tras el estallido social de 2019 y la pandemia.
En su despedida pública en Santiago, el mandatario saliente afirmó que deja el cargo “con la frente en alto y las manos limpias”. La frase buscó condensar un balance que analistas describen como una mezcla de reformas parciales, objetivos frustrados y adaptación pragmática al sistema político.
El interrogante que queda abierto es si ese recorrido —de la agenda refundacional a una gestión más moderada— representa un fracaso político o, por el contrario, un proceso de maduración institucional que permitió estabilizar un país atravesado por crisis múltiples
Del programa refundacional al pragmatismo político
Boric llegó a La Moneda impulsado por una coalición de izquierda que proponía cambios estructurales. Entre sus prioridades figuraban una nueva Constitución, una reforma profunda del sistema de pensiones y una expansión significativa del Estado social.
El primer gran proyecto político de ese ciclo fue el intento de reemplazar la Constitución heredada del régimen militar de Augusto Pinochet (1973-1990).
La propuesta elaborada por una convención electa incluía un amplio conjunto de reformas institucionales y sociales, entre ellas la consagración de un “Estado social y democrático de derecho”. Sin embargo, el texto fue rechazado por el 62% de los votantes en el referéndum constitucional de 2022, en uno de los golpes políticos más fuertes para el gobierno.
Ese resultado alteró el equilibrio del mandato. Sin mayoría propia en el Congreso, la administración comenzó a buscar acuerdos con sectores más moderados y a rediseñar parte de su agenda.
Ese giro se reflejó especialmente en la reforma del sistema de pensiones, considerada por analistas como uno de los logros centrales del período.
El acuerdo finalmente aprobado eleva gradualmente los aportes previsionales desde el 10% al 16% del salario y reduce las comisiones de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), con el objetivo de mejorar los ingresos de jubilación.
La reforma implicó una concesión significativa respecto del plan original del gobierno, que proponía eliminar el sistema de AFP. En cambio, el nuevo esquema mantiene el ahorro individual pero introduce ajustes regulatorios.
El resultado ilustró el tipo de política que dominó el último tramo del mandato: cambios graduales negociados en un Congreso fragmentado.
Agenda social y estabilidad macroeconómica
En paralelo, el gobierno impulsó otras reformas sociales. Entre ellas destacan: Reducción de la jornada laboral de 45 a 40 horas semanales. Incremento del salario mínimo en más de 50%. Yampliación de la gratuidad del sistema público de salud hacia sectores medios
En el plano macroeconómico, el país experimentó una fuerte corrección inflacionaria durante el mandato.
La inflación anual pasó de 14,1% en agosto de 2022, el primer año del gobierno, a 2,4% en febrero, según datos oficiales. Especialistas atribuyen esa reducción tanto a decisiones del Ejecutivo como a la acción del Banco Central independiente.
El desempeño económico general, sin embargo, fue moderado. Durante el período presidencial el crecimiento se mantuvo por debajo del 2% anual en promedio, una tendencia que analistas vinculan a problemas estructurales de productividad que preceden al actual gobierno.
En el frente externo, Chile registró en 2025 un récord de exportaciones por US$107.000 millones, aunque ese dinamismo comercial no logró traducirse en una expansión económica más acelerada.
Seguridad, déficit fiscal y reformas inconclusas
El terreno más complejo para el gobierno fue la seguridad pública, tema que dominó el debate político en los últimos años del mandato.
La campaña presidencial de 2025 se desarrolló en gran medida alrededor del aumento de delitos violentos y del temor ciudadano frente al crimen organizado.
El gobierno impulsó algunas reformas institucionales, como la creación de un Ministerio de Seguridad Pública y el establecimiento de una fiscalía supraterritorial destinada a enfrentar fenómenos delictivos complejos.
Las cifras oficiales muestran que la tasa de homicidios bajó 11,5% el último año, alcanzando 5,4 asesinatos cada 100.000 habitantes, frente a 6,7 en 2022. Fue la tercera reducción anual consecutiva.
Aun así, el tema se mantuvo como una preocupación central para el electorado y condicionó el resultado electoral.
En el plano fiscal, el gobierno también enfrentó dificultades. El déficit estructural alcanzó 3,6% del PIB en 2025, por encima de la meta de 1,6%, un desvío que la oposición utilizó como argumento para cuestionar la gestión económica.
Otra reforma que no logró avanzar fue la propuesta tributaria que buscaba aumentar los impuestos a los sectores de mayores ingresos para financiar el programa social. El Congreso rechazó el proyecto, marcando uno de los límites políticos más claros del mandato.
Política exterior y redefinición de la izquierda regional
Uno de los rasgos distintivos del gobierno de Boric fue su posicionamiento internacional.
El mandatario adoptó una postura crítica frente a violaciones de derechos humanos en distintos países de la región, incluyendo gobiernos ideológicamente cercanos.
Un episodio significativo ocurrió tras las elecciones venezolanas de 2024, cuando Boric cuestionó el resultado oficial que daba como ganador a Nicolás Maduro, mientras otros gobiernos latinoamericanos mantenían posiciones más cautelosas.
Esa línea buscó proyectar una izquierda regional con énfasis en la defensa de la democracia y los derechos humanos, además de una agenda centrada en medio ambiente e igualdad de género.
Un capital político que trasciende el mandato
El resultado electoral de 2025 —con la victoria de Kast— evidenció el desgaste del oficialismo y el peso de la agenda de seguridad en el voto ciudadano.
Sin embargo, analistas coinciden en que Boric deja el poder con 40 años y un capital político considerable, tanto a nivel interno como internacional.
Su evolución desde líder estudiantil a presidente moderado también se convirtió en uno de los rasgos más comentados del ciclo político.
Para algunos especialistas, el punto de inflexión del gobierno ocurrió precisamente después del fracaso constitucional de 2022, cuando la administración comenzó a priorizar acuerdos y estabilidad institucional.
El escenario que abre la transición
El Chile que recibirá el nuevo gobierno es distinto al que Boric encontró en 2022.
La inflación está controlada, algunas reformas sociales avanzaron y el país recuperó cierta estabilidad institucional tras el estallido social. Pero persisten desafíos estructurales: crecimiento económico moderado, tensiones en seguridad pública y un sistema político fragmentado.
La llegada de Kast marca además un cambio ideológico significativo en el poder ejecutivo, lo que podría redefinir prioridades legislativas y alianzas políticas en el Congreso.
En ese contexto, el legado del gobierno saliente quedará inevitablemente sujeto a la reinterpretación de los próximos años. Algunas de sus reformas recién comenzarán a desplegar efectos; otras permanecerán como proyectos inconclusos.
El cierre de este ciclo político, más que una conclusión definitiva, parece abrir una nueva fase en la política chilena.


